Cartagena Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://www.odisur.es Wed, 19 Jun 2019 21:12:07 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es El misterio trinitario está en el centro de la fe cristiana http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50999-el-misterio-trinitario-está-en-el-centro-de-la-fe-cristiana.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50999-el-misterio-trinitario-está-en-el-centro-de-la-fe-cristiana.html El misterio trinitario está en el centro de la fe cristiana

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Este domingo es tiempo de acción de gracias y de recuperar esperanzas, porque Dios se nos muestra cercano y con su rostro más resplandeciente. El Señor, que pensó con amor en nosotros y nos ha puesto en un paraíso, no está lejos; el Dios que nos ha dado todas las posibilidades de crecimiento, desarrollo y responsabilidad no está ausente, ni se ha desentendido de su obra maestra. El Padre Dios ha montado, por pura misericordia, una Historia de Salvación. La belleza de la Historia de la Salvación se percibe en el amor derrochado, le hemos costado muy caro a Dios, que ha permitido la muerte de su Hijo Jesús, que acampó en medio de nosotros, haciéndose uno de tantos y enseñándonos a amar de verdad.

El texto de la Sagrada Escritura que puede resumir mejor el misterio de la Santísima Trinidad es bastante sencillo: “Dios es amor” (1Jn 4, 8.16). El Nuevo Testamento, siguiendo el rastro de toda la experiencia de fe desde los libros del Antiguo Testamento nos muestra el designio salvífico de Dios Padre, realizado mediante el Hijo en el Espíritu Santo, y la Iglesia, a partir de los acontecimientos de presencia y acción de Dios en nuestra historia, ha llegado a la formulación de su fe en un solo Dios en tres Personas, aunque sabe que las diversas imágenes de la Trinidad que podemos descubrir en la realidad creada y en particular en el hombre no pueden interpretarse como explicaciones exhaustivas que agoten el misterio. El misterio trinitario está en el centro de la fe cristiana.

Muchos, para comprender mejor el misterio de la Santísima Trinidad acuden a lo que se suele llamar la teología económica, la acción de cada una de las Personas divinas en la Historia de la Salvación, la creación, redención y santificación. Hay que ir un poco más al fundamento y preguntarse, ¿qué es Dios en sí mismo? Lo que Dios ha hecho, nos invita a pensar en lo que Dios es. Dios es amor, no sólo porque sale de sí para crear, sino porque es amor en sí mismo. Contemplar la Historia de la Salvación es la mejor vía para que nuestros sentidos se acerquen a la grandeza de este misterio de amor.

En este día muchas órdenes religiosas renuevan su consagración total y definitiva a Dios, le vuelven a decir al Señor que les siga dando la fuerza necesaria para no decaer en su voluntad de ofrecerse, de entregarse para siempre. Una mención especial para las órdenes contemplativas, para las religiosas de vida monástica que nos enseñáis que el amor sí es posible, que el verdadero amor de entrega mantiene abiertas las puertas de la esperanza y del futuro, que el amor verdadero genera alegría y paz, que el amor une a las personas y las hace libres en el mutuo respeto.

A vosotras, hermanas de los conventos de clausura de nuestra Diócesis: gracias. Os queremos y os necesitamos, vuestra vida es la seguridad de que nos encomendáis a Nuestro Señor, tened por seguro que hoy seremos nosotros los que rezaremos por todas vosotras y pediremos que abra los ojos a cuantas chicas mejor para que descubran la fuente del verdadero amor, que descubran a Dios y no tengan miedo de decirle un “sí” muy grande. Feliz domingo.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 14 Jun 2019 11:40:58 +0000
El Espíritu Santo da la fortaleza para vencer los miedos y temores http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50866-el-espíritu-santo-da-la-fortaleza-para-vencer-los-miedos-y-temores.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50866-el-espíritu-santo-da-la-fortaleza-para-vencer-los-miedos-y-temores.html El Espíritu Santo da la fortaleza para vencer los miedos y temores

En esta solemnidad de Pentecostés vemos cómo ha sido el Espíritu Santo el que da coraje a los discípulos del Señor para ser apóstoles, el que les da fortaleza para vencer los miedos y temores.

La misión de toda la Iglesia, conducida por el Espíritu Santo, es ser portadora del Evangelio de Jesucristo, portadora de esperanza y testigo de la Resurrección. Consagrados y laicos, viviendo la fe en Jesucristo Salvador, muerto y resucitado, iluminan la vida personal y social de los que nos rodean; los laicos han recibido también una especial vocación de apostolado fecundo (AA,1). La unidad es la esencia de la Iglesia, porque del mismo modo que el sarmiento no puede dar fruto si no permanece unido a la vid, tampoco el cristiano podrá ser testigo de Jesucristo y dar frutos de santidad si no mantiene la plena comunión con Él, mediante la oración confiada, la participación frecuente en los sacramentos y la preocupación por su formación cristiana: “El que permanece en mí como yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Todos nos debemos sentir invitados por el Señor a trabajar por el Reino de Dios, como continuadores de la misión de Jesucristo como una fuerza de renovación que ofrece a todos los hombres una elevación a las fuentes de la Vida. Nadie es espectador, todos somos actores de un programa de salvación trazado por Dios desde el mismo momento de la creación. El Padre nos llama a trabajar en su viña (Mt 20, 1-16), es decir, en el mundo entero, porque debe ser renovado y transformado, según los designios de Dios.

La fe de un cristiano es un compromiso, no es un caminar por las nubes y desentenderse de la realidad, sino que es entrega, donación por amor hasta morir, porque esto es lo que hemos aprendido en la escuela de Jesús y la tarea que nos ocupa cada día es pisar tierra y mejorar la creación que nos ha sido regalada, en especial, la de defensa de la dignidad de las personas, el reconocimiento y el respeto a la grandeza de los hombres y mujeres de este mundo, porque son hijos de Dios. La vida de la persona merece nuestra atención. No sólo se trata de la defensa de la vida, sino que es urgente potenciar una educación que la defienda, desde la concepción del ser humano hasta el último suspiro, rehusando todas las soluciones que promuevan la muerte, estas son nuestras razones.

La Iglesia ha dedicado la solemnidad de Pentecostés para valorar la importancia del Apostolado Seglar, el trabajo evangelizador de los laicos con un alma disponible para llevar los valores del Evangelio a todos. A nadie se le oculta que son muchos los que están trabajando en la viña del Señor como discípulos, como hijos de la Iglesia; a todos nos llegan las inquietudes y la sensibilidad espiritual, tanto si los laicos trabajáis en silencio, como cuando estáis en la brecha sirviendo a los más necesitados. Esta es una oportunidad más para seguir adelante sin que os pueda el desánimo, fuertemente agarrados al Espíritu. Promoved la dignidad de la persona, el respeto inviolable al derecho a la vida, la libertad para invocar el nombre del Señor, la defensa de la familia, la caridad como el alma de toda solidaridad, la defensa del hombre en el centro de la vida económica y social, la evangelización de la cultura…

Que el Señor os bendiga a los que estáis activos en la Iglesia gastando la vida en la nueva evangelización.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 07 Jun 2019 12:28:02 +0000
Dios es fiel y permanece con nosotros http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50699-dios-es-fiel-y-permanece-con-nosotros.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50699-dios-es-fiel-y-permanece-con-nosotros.html Dios es fiel y permanece con nosotros

Carta del Mons. José Manuel Lorca, obispo de Cartagena

VII Domingo Pascua. Solemnidad de la Ascensión. C. 2019

En la solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor no celebramos una despedida, sino la fiesta de la presencia, porque Jesús nos dice que permanece con nosotros, que es fiel. A esto mismo nos urge san Agustín cuando dice: “Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con Él (…). No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta el cielo”. En la Ascensión del Señor a los cielos nos ha quedado claro a todos los fieles la importancia del testimonio, de la necesidad de la misión, de anunciarle siempre. El ejemplo de san Pablo nos viene bien, su testimonio es realista ya que nos advierte de los problemas y de las seducciones que nos rodean. San Pablo es el ejemplo de un cristiano que ha optado radicalmente por la entrega a la misión con todas las consecuencias y nos dice que prefiere ser antes prisionero del Espíritu, que de sus enemigos. Aprendamos esta lección, escuchemos el testimonio de los testigos y revitalicemos el ánimo para dar a conocer a nuestro Señor y Salvador. Para los que se estén preguntando por dónde empezar, pueden mirar a su alrededor y ver en este domingo a tantos niños acercarse a la Mesa del Señor en su Primera Comunión y recordar la gran responsabilidad de la formación en la fe de sus hijos y cuidar su estilo de creyentes, porque también los niños pueden hablar de Dios y ser misioneros con espíritu en su ambiente. En consecuencia, aprovecho para recordar la necesidad de que asistan a la clase de Religión para adquirir una cultura cristiana.

En este momento no penséis que ya estamos solos, no, que el Señor se ha cuidado de alimentar nuestra esperanza diciéndonos que estará cerca. Recordad que Jesucristo prometió el Espíritu Santo a todos los que crean en Él (Jn 7,39; 20,22; Ac 2,33), es lo que leemos en el Evangelio de san Juan, que Cristo mismo envía el Espíritu para que permanezca en los discípulos y así den testimonio (Jn 14,16-17). En los textos de la Palabra se destacan dos notas de Jesús: su fidelidad y el mantener la palabra dada, pero el Señor nos conoce y sabe de nuestras debilidades, por eso, en la Ascensión insiste en decirnos que no nos dejará solos, que su compromiso es fiel y nos promete al Paráclito, al Espíritu Santo, porque sabe que los tiempos no son fáciles y le necesitaremos para que nos fortalezca a la hora del testimonio (Ac 1,8). Esta promesa se ha hecho realidad.

Cantad con fe y decid: ¡Dios está aquí!, con nosotros. No es bueno quedarse mirando arriba, que hay que caminar, por eso, la exhortación imperativa de Jesucristo a ponernos en marcha. Comienza otra etapa, otra prueba para la fe, pero con más signos, con más confianza. Los apóstoles conocían las maneras de actuar del Señor, las enseñanzas y la Palabra que predicó; les era notorio lo vivido cerca del Maestro, la exquisita obediencia al Padre, su auténtica y constante oración; también sabían de persecuciones, de su admirable humildad; habían sido testigos de los acontecimientos de dolor y muerte en cruz y, sobre todo, podían certificar que lo habían visto Resucitado. Comienzan tiempos nuevos y nos toca a nosotros ahora seguir abriendo nuevos surcos, esparcir la semilla de la Palabra de Dios a todas las gentes. ¡Despertemos del sueño, que somos portadores, nos da seguridad, garantía y confianza de que estamos en la verdad!

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Cartagena Fri, 31 May 2019 12:54:21 +0000
Jesús no nos deja solos http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50577-jesús-no-nos-deja-solos.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50577-jesús-no-nos-deja-solos.html Jesús no nos deja solos

Carta del Mons. José Manuel Lorca, obispo de Cartagena

El Evangelio de san Juan, que leemos en este domingo sexto de Pascua, nos ayuda a entender mejor cómo Dios se vuelca con nosotros, está con nosotros en lo más profundo de nuestro ser, nos ha regalado la fuerza del Espíritu Santo y el don de la paz. Todo lo hace el Señor por amor a sus hijos, su interés es máximo y no nos deja solos. Es lógico que, en esta dinámica del amor que dialoga y se acerca, debe haber respuestas. Cómo reaccionamos nosotros ante tanto bien como recibimos de Dios. Por si alguien se despista, hay que decir que el amor es la respuesta y esto implica guardar su Palabra y aceptar que Jesús y el Padre hagan morada en ti. Ahora, con serenidad, piensa que si Dios habita en ti, tus obras no deberían ser malas, porque al entregarte a él, ya no te perteneces, le has abierto las puertas de tu casa a Dios, que es Amor y ya le perteneces; porque ha inundado tu corazón y le ha dado su color; te impulsa a amar, en consecuencia, a perdonar, a ser valiente, misericordioso, a seguir con ímpetu y valentía tu condición de testigo.

Dios no anula nunca a la persona, respeta lo que somos y quienes somos. Es la fuerza suave y el aire fresco del amor que aceptamos sin ser coaccionados. Ahora, desde la libertad, desde la riqueza del tesoro de gracia del que somos portadores, le devolvemos amor por amor, cuando amamos a los hermanos, ya que el amor a Dios nos lleva a la caridad. Pero como nuestro Señor nos conoce y sabe de nuestra debilidad y lentitud para tomar decisiones, a causa de nuestros miedos o intereses personales, nos ha enviado al Defensor, al Espíritu Santo, que será “quien nos lo enseñe todo y nos lo vaya recordando”.

Conviene detenerse un poco para darnos cuenta de la importancia que tiene el don de la paz, la que ha prometido Jesús a los discípulos. El significado de esa paz es también fruto del amor, que nos hace rebosar de alegría, todo un regalo de Dios. La paz de Cristo es la que pone serenidad a nuestra vida, estos son los motivos más importantes para nuestra alegría y para ocuparnos con tranquilidad de las tareas de un apóstol, de un testigo, de dar a conocer a los demás la salvación que nos da Dios. Aunque la paz era un saludo tradicional entre los primeros cristianos, sin embargo, el sentido religioso va más allá, lo podemos ver en lo que dice san Pablo a los colosenses: “La paz de Cristo reine en vuestros corazones” (Col 3,15), que es como desear la alegría de Jesús Resucitado.

La persona que ha cerrado su corazón a Dios se ha separado de la fuente de la vida y de la alegría, ha cerrado los oídos y ya no podrá escuchar la Palabra que le ayudará a encontrar el camino de la salvación; ha cerrado sus ojos con lo que supone eso de aislamiento e indiferencia. Un cristiano no vive aislado, está en comunicación con Dios y con los hermanos y mantiene los ojos abiertos “para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad”, dice el Papa, “y se siente provocado a escuchar su grito de auxilio”. El Papa propone a continuación que seamos nosotros los que demos el primer paso: para que “sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad”.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 27 May 2019 12:46:29 +0000
Jesús sostiene la fe de sus discípulos http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50139-jesús-sostiene-la-fe-de-sus-discípulos.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50139-jesús-sostiene-la-fe-de-sus-discípulos.html Jesús sostiene la fe de sus discípulos

Escrito del Obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, para el III Domingo de Pascua.

III Domingo de Pascua. C. 2019

Las palabras del evangelio son de esperanza y vida, son la lección que el Maestro da a sus discípulos para sostenerles en la fe en esos momentos tan delicados por los que pasaron como testigos de la pasión y muerte del Señor. Ahora Dios les está preparando para que descubran el feliz acontecimiento de la resurrección, van a ser protagonistas de la victoria sobre la muerte, están viendo a Cristo vivo, victorioso, que se acerca a ellos y no es un sueño, sino realidad, porque ha salido de pesca con los testigos, les ha señalado a los que trabajaron sin éxito durante toda la noche dónde están los peces y, para colmo, les ha preparado la comida. Por otra parte, el evangelio señala que estos acontecimientos sucedieron al amanecer. ¿No será esta otra lección que han de saber bien? Seguro que tendrán oportunidad de grabarse en su memoria que Cristo les está diciendo que está amaneciendo una realidad nueva, que estén preparados, porque les va a necesitar con la fortaleza de su condición de testigos en primera línea para otro tipo de pesca. Efectivamente, los discípulos están adquiriendo certezas, reconociendo a Jesús y comprobando que la Palabra se está cumpliendo, que la victoria sobre la muerte es ya un hecho y que ellos son testigos de todo esto que están viendo y oyendo.

Jesús los está preparando para la misión, para el anuncio de la seguridad de la fe, porque le han reconocido resucitado y presente en medio de ellos, en su vida ordinaria, los está confirmando en la fe y abriendo su corazón para que le conozcan bien. La elección de Pedro fue especial y su intencionalidad evidente: Jesús rehabilita a Pedro delante de sus discípulos y, como le negó tres veces, le pide que se afirme en la fidelidad otras tres. El servicio de Pedro será confirmar a los hermanos en la fe y ayudarles a desarrollarla, para cuando vengan las pruebas. A Pedro se le encarga apacentar a los hermanos (Lc 22, 32). Jesús es muy consciente de las dificultades de la fase histórica de la Iglesia, llamada a seguir el mismo camino de la cruz, que Él recorrió. El cometido de Pedro, como cabeza de los Apóstoles, consistirá en sostener en la fe a sus hermanos y a toda la Iglesia. Y, dado que la fe no se puede conservar sin lucha, Pedro deberá ayudar a los fieles en la lucha por vencer todo lo que haga perder o debilitar su fe. Esta es, pues, la finalidad a la que Pedro debe orientar su misión de confirmar y sostener en la fe: la comunión fraterna en virtud de la fe.

En este momento histórico, los cristianos católicos estamos viendo cómo son las persecuciones y los caminos que recorren, cuando se pretende poner en el punto de mira al Santo Padre. Que sepa todo el mundo que nosotros reconocemos hoy, en la persona del Papa Francisco, al elegido por el Señor para pastorear a la Iglesia y cuando lo miramos decimos: ¡ahí está Pedro!, fortalecido con la oración de Jesús, que lo libra de sus enemigos. Reconocemos que le queremos y que su Magisterio nos ayuda a crecer en la fe y nos anima a consolidar la comunión entre todos los hermanos. Hoy es un momento especial para orar al Señor Resucitado por el Papa, hombre de Dios, hombre de paz, para que sienta en su ministerio petrino cómo le necesitamos. El Papa nos lo pide muchas veces, “rezad por mí”, pues, Santo Padre, cuente con ello, hoy y siempre, porque somos hijos de la Iglesia y agradecemos que esté gastando y desgastando su vida por todos.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Cartagena Mon, 06 May 2019 17:43:49 +0000
La victoria de la misericordia http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50005-la-victoria-de-la-misericordia.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/50005-la-victoria-de-la-misericordia.html La victoria de la misericordia

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Todavía suenan en nuestros oídos los cánticos de alabanza y los “¡aleluyas!” por la Resurrección del Señor; repican las campanas en sus campanarios y cantan a gloria con sus aleteos las palomas huyendo de la tierra al cielo, estremecidas por el sonido de los bombos y tambores, estimulados por el estruendo de tracas y cohetes…; aún tengo grabadas en mis pupilas las sonrisas de los niños y me pregunto: ¿por qué los adultos no ríen como los niños?

Hoy, una semana después, me vuelvo a preguntar lo mismo. Perdonen la insistencia, pero no se entiende cómo sabiendo que Dios ha vencido nuestras muertes y tristezas demos la imagen de derrotados; que habiendo roto las cadenas del pecado que nos tenían esclavos, no estemos alegres; que sabiendo que si Él resucitó y nos ha hecho partícipes de su victoria nos mantengamos en caminos de oscuridad y muerte; que al Señor lo sepultaron, pero no le vencieron; es verdad que tiene las marcas de la pasión en sus manos y en su costado, pero ¡vive! y en todos los rincones de la tierra se está cantando y proclamando el triunfo de Jesús: “¿Dónde está, muerte, tu victoria?”. ¡Ha Resucitado el Señor! Espabilad, hermanos, llenaos de alegría, que hay esperanza, que tendremos un mañana y millones de razones para confiar.

Por si alguien necesita otro punto de apoyo para la confianza en el Señor, en este domingo segundo de Pascua celebramos la Divina Misericordia, ya sabéis que se trata de “una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros”, había dicho el Papa, Juan Pablo II, en el año 2000, con motivo de la canonización de Sor Faustina Kowalska. Yo creo que también es un motivo para la alegría, porque nuestras vidas se sostienen en el Señor, en su misericordia.

Tenemos suerte, estamos viviendo una época maravillosa donde se nos está poniendo a prueba la fe, podemos comunicar a muchos la gran noticia del triunfo de Nuestro Señor sobre la muerte; podemos ser señales de luz para los que viven en la oscuridad. ¿Te sientes con fuerzas para esta aventura de hablar de Cristo? ¿Serás capaz de decirle a tu familia, a tus vecinos y compañeros que verdaderamente crees que Jesús ha resucitado y que Él es la causa de tu paz interior? Pues si lo crees, venga, comienza ya por vivir alegre, porque esta es la experiencia de todos los que han visto con sus ojos al Señor. Veréis cómo en estos domingos siguientes la tónica general de los discípulos, testigos de la Resurrección, es la alegría, no puede ser de otra manera. En la Carta a los Filipenses, les dice Pablo, que “como cristianos que sois, estad alegres, os lo repito, estad alegres”. Jesús resucitó y estamos llamados a gozar de su misma vida, no hay miedo ni temor que pueda con nosotros, ¡somos del Resucitado, somos de la alegría!

Ahora debemos seguir construyendo este mundo según el plan de Dios, hay que trabajar, sí; sacrificarse por los demás, sí; construir una sociedad nueva, sí; porque la cultura de la muerte no nos conduce a nada. Que se note que estamos en Pascua y vivamos como hijos de Dios. Id a vuestras parroquias, presentaos al sacerdote y decidle que cuente con vosotros, que estáis dispuestos a dar razón de vuestra fe.

Que Dios os bendiga. ¡Feliz Pascua de Resurrección!


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 26 Apr 2019 10:53:05 +0000
Semana de Pasión, la hora de Jesús http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49802-semana-de-pasión-la-hora-de-jesús.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49802-semana-de-pasión-la-hora-de-jesús.html Semana de Pasión, la hora de Jesús

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Estoy seguro de que no se ha hecho largo el tiempo de Cuaresma, intenso, vivo, grande, que nos ha permitido entrar hasta en los pliegues más hondos de nuestro ser para revisar criterios, estilos de vida, rutinas y ponerles el foco de la Palabra de Dios para cambiar de ruta, desde la experiencia de la cruz. En el Domingo de Ramos nos ha llegado la hora de seguir los pasos de Jesús, de acercarnos a Él hasta sentir su aliento y el ritmo de su corazón, pegados a su pecho como san Juan, porque vamos a entrar pronto en la Semana Santa. En este día leeremos la Pasión del Señor, este año corresponde al Evangelio de san Lucas. Oiremos la más grande historia de amor, que contiene dolor y sangre, pero es la historia del que nos ha traído la salvación, del que nos ha abierto las puertas de la vida y la luz. Atónitos volveremos a escuchar cómo el Señor, ante la muerte que le venía, callaba, guardaba silencio, “como cordero llevado al matadero”, según anunciaba Isaías. Es la historia de la humanidad rescatada por Jesús desde lo hondo del Sheol, desde la oscuridad y la lejanía, para que volvamos a la luz del amor misericordioso de Dios. Lo que más destaca en la pasión y muerte de Cristo es su perfecta conformidad con la voluntad del Padre, su perfecta obediencia. Así hay que entender la muerte del Señor, como el acto supremo de obediencia: “Padre en tus manos pongo mi espíritu” (Lc 23, 46).

El Evangelio comienza la narración con el relato de la Santa Cena y nos da el Señor la primera lección, se arrodilla y se pone a lavarles los pies a los discípulos. El Papa Francisco ha resaltado este ejemplo para que lo aprendamos de Jesús: «Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva… Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: “Seréis felices si hacéis esto”» (Jn 13,17) (cf. Evangelii Gaudium, 24). El Señor nos pide que continuemos la historia desde la caridad, desde el coraje de ponernos a disposición de los demás. En la Semana Santa seguirán las lecciones del amor y de la misericordia entrañable.

En Getsemaní veremos a Jesús entregado completamente al Padre hasta sudar sangre y cómo nos llama la atención allí, metido en la oración, el precio de la obediencia al Padre, el valor de querer hacer la voluntad de Dios. Este es el preludio de la Pasión. La tercera sección que resalta la lectura del evangelio de san Lucas es todo el proceso por el que pasa Nuestro Señor, su sufrimiento, bofetadas e insultos y que no abrirá la boca, experimentado en dolores, podrá consolar y confortar este “varón de dolores”. Entró en el camino la cruz y escogió como suyos los sufrimientos, no solo físicos, sino morales que le acompañaron hasta la muerte; todo por amor nuestro, para dar a todos la prueba decisiva de su amor, para reparar el pecado de los hombres. A continuación, el relato se detiene en la crucifixión, rodeado de malhechores, su soledad, la dramática y cruda escena de clavar sus brazos en el madero, para terminar con el diálogo con el buen ladrón, que supo arrebatarle el cielo a Cristo, porque llegó a tiempo de la conversión.

Preparaos bien para vivir este Misterio de amor durante la Semana Santa, especialmente participando en los oficios del Jueves, Viernes y Sábado Santo de vuestras parroquias.


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 12 Apr 2019 08:49:25 +0000
El perdón de Dios revitaliza a la persona http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49682-el-perdón-de-dios-revitaliza-a-la-persona.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49682-el-perdón-de-dios-revitaliza-a-la-persona.html El perdón de Dios revitaliza a la persona

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

En esta semana terminará la Cuaresma, el ciclo de preparación para los días grandes del año, dando paso a la Semana Santa, que viviremos con intensidad, después de haber practicado el ayuno, la oración y la limosna, las mediaciones que en este tiempo nos han acercado al corazón misericordioso de Dios. Es de esperar que cada uno haya aprovechado el tiempo para escuchar a Dios en el silencio de la oración, porque es un regalo poder oír su Palabra para entender el estilo de vida que quiere Nuestro Señor. Sin ir más lejos, el domingo pasado se nos hablaba de la misericordia del Padre en la parábola del hijo pródigo, junto con las de la oveja extraviada y la dracma perdida, que se encarga san Lucas de resaltar. En estos textos se nos ayuda a abrir el horizonte a la comprensión, a la confianza en la conversión cotidiana, como respuesta a la llamada de Jesús, a nuestra identidad, a contemplar aquello que somos y a trabajar en lo que debemos llegar a ser. Pero la Palabra de este domingo va más allá y concreta cómo debe ser nuestra capacidad de ser misericordiosos y de perdonar.

El evangelio de san Lucas de este domingo se detiene en diferentes respuestas que se dan a Dios; una de ellas es la de los fariseos y letrados, cuyo objetivo era demostrar que Jesús es un falso maestro, que no observa la ley. A ellos no les importaban las personas, ni sus vidas, ni sus circunstancias, ni siquiera les importaba la voluntad de Dios; se quedaron anclados en el cumplimiento de la ley y tan deshumanizados, que eran incapaces de sentir compasión por nadie, ni siquiera tenían sensibilidad para tender la mano y ayudar, porque solo les importaban sus intereses y sus cosas; el puritanismo de esta gente les llevaba a una falsa justicia, basada en el orgullo y en el desprecio a los demás, para ellos no existía la piedad, ni la compasión.

La respuesta del corazón que nos enseña Jesús es otra cosa muy distinta, porque sus formas son más dulces y esperanzadoras, bastará con fijarse en el trato del Señor con la mujer pecadora, ahí se da un diálogo de misericordia. Ha sido Jesús quien lleva la iniciativa, se ha puesto en pie, muestra interés por la persona y le hacer ver que ya nadie la acusa. El momento termina con una nota de esperanza, capaz de reavivar de nuevo a esta mujer y devolverle su dignidad: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más». La mirada de Jesús es de compasión y de misericordia, no abruma, no condena, no humilla, solo le pide la conversión, que comience de nuevo a descubrir un amor mayor. La imagen que mejor le identifica a Jesús es la del pastor que va en busca de la oveja perdida, que cuando la encuentra, lleno de alegría, la carga sobre sus hombros.

Nuestra atención se centra en la misericordia dinámica y efectiva de Dios, que no acusa y sí perdona; que enseña a dejar atrás lo antiguo y nos da el coraje para emprender una vida nueva, fruto de su amor misericordioso. Con su predicación, Jesús, nos abre todos los poros de nuestro ser para sentir la belleza del corazón de Dios y nos acerca, con la serenidad del Maestro, a sentir la caricia de Dios.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 05 Apr 2019 12:24:07 +0000
La misericordia entrañable de Dios http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49543-la-misericordia-entrañable-de-dios.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49543-la-misericordia-entrañable-de-dios.html La misericordia entrañable de Dios

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

El evangelista san Lucas recoge la delicadeza con la que Jesús nos llama la atención sobre la necesidad del proceso de conversión y lo ilustra con el ejemplo del padre de la parábola del hijo pródigo, que es la figura que define la grandeza de Dios, el Padre misericordioso (Lc 15,11-24). En este texto se nos pone en guardia acerca de la fascinación de la búsqueda de una libertad ilusoria, del abandono de la casa paterna y de la miseria extrema en la que el hijo menor se encuentra tras haber dilapidado su fortuna… Solo el corazón de Cristo, que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de humildad y de belleza. No podemos negar que se trata de una escena llena de ternura cuando se ve al padre de estos dos hijos de la parábola, que necesitan reflexionar sobre su conducta.

A los dos hijos les ha faltado el encanto de la fidelidad, confianza y amor, porque ninguno de los dos ha sido ejemplar: el menor ha huido para “solucionar” sus carencias refugiándose en la distancia, mientras que el mayor se queda en casa, sumiso, pero sin amor. Los dos se van a encontrar con los brazos abiertos de un padre que les quiere, les perdona y les cura las heridas de sus vidas rotas. Pero lo más hermoso de esta lección es la fiesta que les organiza su progenitor, para hacerles saltar las barreras de las tristezas, para ayudarles a dejar atrás sus historias pasadas, porque la alegría del encuentro propicia la conversión del corazón. El Padre va cosiendo poco a poco los desgarrones que les ha producido el pecado de desamor, para que luzcan como criaturas nuevas. Dios es así, Dios actúa así, como se transparenta en el mensaje de Jesús hacia los "pecadores"; Dios no lleva cuentas del mal, sino que su empeño es buscar y salvar lo que estaba perdido.

Está claro que Dios conoce hasta lo más íntimo de nuestra intimidad y no está dormido, como dice un himno de la Liturgia de las Horas, el que piense que está dormido, “que salga a la luz y vea, si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto”, porque a Nuestro Señor le vemos curando y sanando. Dios nunca se ha apartado de ninguno, no ha estado lejos de ninguno, sino que ha estado trabajando el corazón de cada uno para que, incluso estando en la esclavitud del pecado, podamos abrirle la puerta al arrepentimiento. El bálsamo que ha utilizado Dios ha sido el del amor y la misericordia entrañable, que cura y purifica.

En este domingo podríamos recordar la Bula de convocación del Jubileo de la Misericordia, que puso en marcha el Papa Francisco, para escuchar de nuevo lo que se nos dice de la misericordia, a la que estamos llamados a vivir todos: “es fuente de alegría, serenidad y paz… es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro;… es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida;… es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”. Y en el número 6 de este documento encontramos la razón para nuestra alegría y para seguir caminando: “Dios será siempre para la humanidad como Aquel que está presente, cercano, providente, santo y misericordioso”.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 01 Apr 2019 10:04:28 +0000
Nuestra fortaleza está en Cristo http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49274-nuestra-fortaleza-está-en-cristo.html http://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/49274-nuestra-fortaleza-está-en-cristo.html Nuestra fortaleza está en Cristo

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Me parece interesante comenzar nuestra reflexión sobre la Palabra de Dios de esta semana deteniéndonos en la lectura de San Pablo a los Filipenses, porque nos aporta mucha luz a los cristianos del siglo XXI. El apóstol advierte a los creyentes de los enemigos de la Cruz de Cristo, porque sus aspiraciones e intereses no son los de Dios, están muy lejos de Él, lo cual ya es determinante para no seguirles, pero las seducciones son muchas y fácilmente te pueden embaucar con una vida de despropósitos, de tinieblas y de mentiras. La seducción es tanta, que muchos se dejan llevar, porque temen perder sus comodidades y sus placeres, vamos, que no están dispuestos a “complicarse la vida” por nadie y por nada. Los que así piensan han cerrado la persiana y no dejan entrar en su interior a nadie, practican la flojera, la vida egoísta y el vacío. El Papa Francisco comenta este fenómeno y dice que se trata “de una actitud autodestructiva porque el hombre no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se volvería insoportable” (EG, 275).

San Pablo quiere que los cristianos no caigan en esa trampa de vivir lejos de Dios y decide ayudarles para que descubran cercano al Señor del universo y de la vida, al que ha vencido al pecado y a la muerte. Por esta razón, se entregó san Pablo a la evangelización, para que todos tengan la seguridad de que en él no hay otra razón más grande para encontrar el sentido a la vida y del propio ser, que la de Cristo, y este crucificado y por esto, él lo vivió como estilo y motor de su actividad, a él le apremiaba el amor de Cristo (cf. 2 Co 5,14). “Cristo resucitado y glorioso”, dice el Papa Francisco, “es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda" (EG, 275).

Ya vimos el domingo pasado el estilo de Jesús, dirigirse al Padre en la profundidad de la oración, pues esta es la lección, orar sin desanimarse. ¿No crees que sería bueno replantearte cómo vives tu vida cristiana de una vez, cómo es tu oración, o si te detienes a escuchar la Palabra de Dios? Es importante aprender a cuidar el estilo fervoroso y el coraje evangelizador. Así nos lo recuerda el Papa Francisco: “cuando un evangelizador sale de la oración, el corazón se le ha vuelto más generoso, se ha liberado de la conciencia aislada y está deseoso de hacer el bien y de compartir la vida con los demás (EG,282). En la Cuaresma, vestidos de saco y con la ceniza sobre nuestras cabezas, debemos gritar a todos, para ser oídos, para que todo el mundo se acerque a Dios, sí, al Señor de la vida, porque solo Él tiene en abundancia lo que el hombre ha perdido y busca desesperadamente: la seguridad, la confianza… Nos llena de profunda serenidad cuando leemos los textos sagrados y observamos que cuando Dios se ha acercado al hombre, siempre le invita a la confianza, “no temas”; la tormenta en el mar de Galilea llevó a los discípulos a recurrir angustiados al Señor y pedirle que les salvara, que iban a perecer… y Jesús les contestó: “¿de qué teméis, hombres de poca fe?”. Otra ocasión más para comprobar que si están con Jesús no deben temer nada.

El Señor es nuestra luz y nuestra salvación, no podemos dejar de acudir a Él. Que Dios os bendiga.


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 15 Mar 2019 14:41:23 +0000