Guadix Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://www.odisur.es Wed, 21 Aug 2019 22:47:23 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es “Cielos y Tierra, bendecid al Señor” http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/51168-“cielos-y-tierra-bendecid-al-señor”.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/51168-“cielos-y-tierra-bendecid-al-señor”.html “Cielos y Tierra, bendecid al Señor”

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco

Queridos hermanos y hermanas:

 

La celebración de la fiesta del Corpus Christi quiere ser como una prolongación de aquella procesión con el Santísimo Sacramento, que el Jueves Santo realizamos al terminar la Cena del Señor. Por tanto, es una ocasión preciosa para que todo el Pueblo de Dios alabe al Señor y le dé gracias por este admirable misterio de regalarnos su Cuerpo y su Sangre. Jesucristo vive en el cielo junto a su Padre con el Espíritu Santo, con María Santísima y todos los santos. Jesús, terminada su vida temporal en la Tierra, se resiste a marcharse. Así es el Amor, siempre Presencia. Y Dios, al fin y al cabo, tiene recursos únicos y divinos. Se despide en la última Cena, pero en realidad nos está diciendo: “Me voy, es mi hora; salí del Padre y a mi Padre vuelvo; os preparé un sitio para que estéis conmigo; pero no me voy…. Me quedo”. Con el pan y el vino, alimento cotidiano, seguirá con nosotros, nos deja su Cuerpo y Sangre como alimento del cielo, pan de ángeles, pero a su vez Presencia real, viva y resucitada. Se mete en nuestro corazón cada vez que comulgamos y además se queda en el Sagrario, a nuestra disposición de adoración y de coloquio íntimo. Qué gran compañía, qué buen amigo, y al mismo tiempo cómo no adorarlo postrándonos ante Él, porque Él es Dios.

Eucaristía y amor al prójimo: es la síntesis de la vida de la Iglesia. Se queda Él, su Cuerpo y su Sangre, su Alma. Toda su divinidad y su naturaleza humana presentes en un trozo de Pan. Día para dar gracias y adorarlo, para agradecer al Señor un Amor siempre presente. Día para expresar nuestro amor al prójimo; Caridad cristiana que quiere prolongarse todos los días, porque sin amor al pobre y al desvalido no hay amor cristiano posible… ni Eucaristía auténtica. Por eso hoy es el día de Cáritas. Cáritas es la organización diocesana del amor fraterno de los cristianos. Cáritas recoge de todos los que quieren ayudarla y reparte a todos los que le piden ayuda, sin distinción de credo ni ideología, es universal (católica). Cáritas es Cristo mismo cercano a todo ser humano necesitado y tiene su alimento fundamental en la Eucaristía, porque comiendo del Cuerpo y la Sangre del Señor, Él nos impulsa a amar a nuestros semejantes como verdaderos hermanos.

En esta solemnidad del Cuerpo y Sangre del Señor, Cristo nos llama a descubrirle y a encontrarnos con su imagen en todos los hombres y mujeres, sirviéndole en cada uno de ellos, de modo especial y con inmensa misericordia y compasión en los más pobres, frágiles y necesitados. Eucaristía sin caridad se convierte en culto vacío. Ésta es la tarea que realiza Cáritas y otras instituciones de la Iglesia al servicio de los heridos por la vida, cuya entrega generosa he podido percibir en las diferentes parroquias de nuestra diócesis de Guadix y que se muestran en la “Memoria” anual de Cáritas. Agradezco a Cáritas diocesana, prolongada en las Cáritas interparroquiales y parroquiales, su servicio eclesial a los más pobres y les animo a expresar con claridad al mismo Cristo en todas sus tareas y proyectos.

Con la Eucarística, damos gracias también por el don magnífico de la Creación: “Cielos y Tierra, bendecid al Señor”. Eucaristía y Creación están estrechamente ligadas, puesto que la Eucaristía une el cielo con la tierra, abarcando toda la Creación. La Eucaristía se nos da a través de los signos sacramentales, que son el pan y el vino comestibles. “Tomad y comed… tomad y bebed” (Mt. 26,26). Jesús nos invita al banquete para comer el mismo pan que nos hermana unos con otros. Detrás de las cifras hay nombres y rostros, más de 3.500 personas atendidas en los diversos proyectos ejecutados a lo largo de este año y en los más diversos puntos geográficos de nuestra diócesis. Esta importante cantidad de hermanos nuestros necesitados es siempre un verdadero escándalo para la fraternidad, una llamada de atención a los responsables públicos, pero también una interpelación a la Iglesia diocesana, a nuestras parroquias.

¿No deberíamos esforzarnos un poco más en incentivar nuestra comunicación cristiana de bienes? En la gran festividad del Corpus Christi, la Iglesia celebra como lo hacía antiguamente la Iglesia de Roma “la fiesta de las colectas”. Animo a todas las comunidades parroquiales, movimientos, hermandades y cofradías a seguir siendo sensibles para ayudar a los más pobres, signo de que nuestra fe es auténtica. Sí, queridos hermanos y hermanas, porque dar es una fiesta cuando se realiza con amor y con generosidad. Hagamos realidad en nuestras vidas las palabras de Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20,35)

En esta fiesta quisiéramos hablarle al Señor de todo nuestro amor y nuestra gratitud por esta condescendencia con nosotros. Niños, jóvenes y mayores iremos caminando y cantando al amor de los amores. Somos la humanidad entera que camina junto a Jesús, guiados por su luz y su fuerza que nos anima a mejorar nuestro mundo. ¿No vemos la necesidad? La creación tan hermosa, salida de las manos de Dios “está siendo maltratada, contaminada, expoliada…”, nos dice el Papa Francisco. Por tanto, hay un desafío urgente: “proteger nuestra casa común”. Es la tierra en la que nos puso el Señor, la tierra de nuestra diócesis que debemos sentir y cuidar como la casa de todos los que vivimos aquí. El agua y la tierra es patrimonio de todos. La hermosa naturaleza que nos envuelve debemos entregarla a las futuras generaciones, incluso mejor que la recibimos de nuestros mayores. Y la creación no será como quiso el Creador desde el principio, si los hermanos no ponen en común y viven compartiendo los dones que ella nos ofrece en igualdad de dignidad y para sustento universal.

Adoremos, comamos y sirvamos. Que nuestro corazón se dilate al adorar al Corazón que todo lo ha entregado para nuestra felicidad y en el que caben todos los hombres. Con la Virgen María, maestra de caridad en la Iglesia, adoremos con toda la creación al Señor: “Cielos y Tierra, bendecid al Señor”.


Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Mon, 24 Jun 2019 09:17:37 +0000
La vida contemplativa. Corazón orante y misionero http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/50998-la-vida-contemplativa-corazón-orante-y-misionero.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/50998-la-vida-contemplativa-corazón-orante-y-misionero.html La vida contemplativa. Corazón orante y misionero

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco

Queridos hermanos y hermanas, Paz y Bien:


El domingo 16 de junio se celebra en la Iglesia universal la solemnidad de la Santísima Trinidad: el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero. Se trata del misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en Sí mismo; y se trata del dogma fundamental que profesa la fe de la Iglesia desde los comienzos del cristianismo.
Dios es el creador de todo cuanto existe y su huella ha quedado marcada en cada una de las criaturas. Dios es Amor, que se ha revelado a la humanidad a través de su Palabra y especialmente en el Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. El Creador, que es Amor, ha dado vida y ha sembrado su bondad en todas las cosas, “Y vio Dios que era bueno” (Gn 1,12.18.21.25). De entre todas las criaturas Dios creó con esmero al hombre y a la mujer, e insufló en ellos su Espíritu. Por eso surgirá una relación de amor entre la Humanidad con su Creador. Una relación que se romperá y que se volverá a atar con la misericordia infinita de un Dios que se revela como Padre. Y de un Dios que se deja contemplar desde el corazón orante de los creyentes. Contemplar a Dios y amar a Dios sobre todas las cosas es una llamada para todos los cristianos de todas las épocas y lugares, que se convierte en un don y en una vocación especial para aquellos hombres y mujeres que, dejándolo todo, se recogen en el desierto espiritual de la oración y en el desierto físico de los monasterios y conventos, siendo sus vidas la alabanza de toda la Iglesia a ese Dios que es Padre e Hijo y Espíritu Santo.
Por eso, en este Día de la Santísima Trinidad, los cristianos celebramos la jornada Pro Orantibus, mediante la cual estamos invitados por la Iglesia a recordar y orar por esos nuestros hermanos contemplativos y hermanas contemplativas. Se trata de rezar en este día del calendario por las vocaciones contemplativas en solidaridad con los monjes y monjas, eremitas o ermitaños que todos los días del año nos hacen presentes, a nosotros y a nuestras necesidades, en sus oraciones. Si la vida consagrada es una gracia divina para la Iglesia, lo es de gran importancia y de gran necesidad la vida consagrada contemplativa. Se trata de una vocación, de un carisma y de una misión que no siempre se entiende en la sociedad y en la cultura de nuestro tiempo; e incluso me atrevería a decir que tampoco es entendida por algunos cristianos. Hay quienes la consideran una vida “desperdiciada” o “desaprovechada” al no saber valorar suficientemente sus frutos ni los frutos de la oración. Por eso hoy todos los cristianos de nuestra Diócesis de Guadix estamos invitados a dar a conocer esta vocación tan específica de la Iglesia y a ponerla en valor ante quienes la cuestionan.
El lema de la jornada Pro Orantibus de este año que los obispos españoles proponemos es “La vida contemplativa. Corazón orante y misionero”, a partir de la constitución apostólica Vultum Dei quaerere del Papa Francisco y la consecuente instrucción aplicativa Cor orans.
Desde el origen de la Iglesia han sido innumerables los hombres y las mujeres que se han dedicado a buscar y contemplar el rostro de Dios, viviendo la santidad en el silencio y muchas veces en el anonimato con el que tantos de ellos viven en la clausura, apartados de ese mundo que se pierde buscando la felicidad por caminos distintos a los que Dios nos ofrece.
Los religiosos y las religiosas de vida contemplativa son unos enamorados de Dios que se convierten en profecía y signo, comunidades situadas como ciudad sobre el monte y lámpara en el candelero (Mt 5,14-15). Ellos, siguiendo a Cristo, el primer contemplativo, han convertido a Dios en el centro de su corazón y le siguen en la misión de mostrar el rostro de Dios y el Evangelio en los lugares en los que las comunidades de consagrados contemplativos se hacen presentes, mostrando a quien es el corazón del mundo, Cristo.
En mi reciente llegada a la Diócesis de Guadix me encontré con los procesos abiertos de supresión de dos de los monasterios que durante varios siglos han acogido comunidades de religiosas contemplativas: el Monasterio de Santa Clara de Guadix, de la Orden de las Clarisas Franciscanas, y el Monasterio de la Madre de Dios de Huéscar, de la Orden de Predicadores (Madres Dominicas). Creedme cuando os digo que las supresiones de ambos monasterios, llevadas a cabo en los últimos meses, han sido para mí una experiencia dolorosa como pastor, pero que vivo con la esperanza puesta en el Señor, que no deja a su Iglesia sin los tesoros de la vida consagrada. A estas dos supresiones hay que añadir la anterior del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Guadix, de la Orden de las Concepcionista Franciscanas. En poco más de un año se han cerrado tres de los cuatro monasterios con presencia de comunidades de religiosas contemplativas. En la actualidad contamos con un único monasterio, el de la Santísima Trinidad de Baza, de la Orden de Predicadores (Madres Dominicas). Se trata de una comunidad compuesta por dieciséis mujeres, entre profesas solemnes, profesas simples y postulantes. Ellas son muy queridas y apreciadas, famosas en la localidad y en otros lugares por los dulces que elaboran. Pero ellas, ante todo, aportan con su oración el oxígeno espiritual que nuestra Diócesis necesita.
Es cierto que esta sequía de vocaciones a la vida consagrada contemplativa que se vive especialmente en Europa, y que nosotros también estamos padeciendo (España tiene un tercio de los monasterios y de los contemplativos de todo el mundo, y se cierra una media de un monasterio cada mes), viene motivada por muchos factores. Pero la falta de vocaciones se ha convertido en la principal de las causas del cierre incesante de monasterios y de conventos que estamos sufriendo y viendo con nuestros ojos. Esta realidad no tiene que hacernos perder la esperanza, pero no debe dejar de preocuparnos. Por eso hoy hago una llamada para que no nos cansemos de pedir al Señor todos los días por las vocaciones, especialmente a la vida consagrada, y en particular a la vida consagrada contemplativa. Pidamos por las que ya hay, para que perseveren y vivan en santidad. Y pidamos para que pronto en nuestra Diócesis podamos contar con nuevas comunidades y nuevas presencias. Trabajemos todos en los ambientes en los que vivimos y nos movemos (parroquias, familias, colegios, etc.) para dar a conocer esta vocación y forma de vida. Pero procuremos nosotros intentar conocer mejor a estos hombres y mujeres que han hecho de su vida una oración y un canto de alabanza para nuestro Dios, porque ellos también nos pueden ayudar a todos los bautizados a ser más contemplativos, pues, como dice San Agustín en sus Confesiones: «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti».
Recibid mi afecto y mi bendición.


+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Fri, 14 Jun 2019 11:39:17 +0000
En la Jornada del Apostolado Seglar http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/50833-en-la-jornada-del-apostolado-seglar.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/50833-en-la-jornada-del-apostolado-seglar.html En la Jornada del Apostolado Seglar

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, a las parroquias, movimientos, asociaciones, grupos y realidades eclesiales de la diócesis de Guadix

Queridos/as hermanos/as:

Una vez más nos acercamos a la celebración de la Pascua de Pentecostés, donde la Iglesia conmemora la Jornada de Apostolado Seglar y de la Acción Católica. Con alegría renovada, volveremos a experimentar un nuevo soplo del Espíritu sobre la Iglesia, que nos dará la fortaleza y la audacia para ser testigos de la Resurrección en medio del mundo.

El lema que nos propone la Jornada de este año es “Somos misión”, con el que se quiere impulsar el compromiso misionero del laicado en este año de preparación del gran Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en salida” que se celebrará en Madrid del 14 al 16 de febrero de 2020 para toda la Iglesia de España.
Y en nuestra Diócesis, este año la víspera de Pentecostés lo celebraremos con el sacramento de la Confirmación de todos aquellos que lo han solicitado. Será el día 8 de junio a las 19 horas, en la S.A.I. Catedral de Guadix. Un momento precioso donde invocaremos al Espíritu y vendrá de una manera sensible sobre los confirmandos.
Todos estamos invitados a participar y vivir intensamente esta celebración que queremos sea diocesana. Será un encuentro de apertura a la acción del Espíritu y una renovación de su presencia para aquellos que lo hayamos recibido. Al día siguiente celebraremos Pentecostés en la S.A.I. Catedral, a las 12,30 horas, con la presencia de los movimientos y realidades eclesiales con presencia en nuestra Diócesis.
A María, Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles, encomendamos los frutos de esta presencia del Espíritu.


Recibid mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Fri, 07 Jun 2019 08:27:24 +0000
“Jerusalén: abrazo de paz” http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/49896-“jerusalén-abrazo-de-paz”.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/49896-“jerusalén-abrazo-de-paz”.html “Jerusalén: abrazo de paz”

Carta del obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, para la Colecta de los Santos Lugares, en el Viernes Santo.

“Jerusalén: abrazo de Paz”

Colecta para los Santos Lugares en el Viernes santo de 2019

8 de abril de 2019

El Viernes Santo celebramos la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. La campaña de la Colecta Pontificia por los Santos Lugares nos invita este año a vivir este misterio contemplando en Jerusalén el amor de Dios manifestado en nuestro mundo, “Jerusalén: abrazo de paz”. La participación en la liturgia de este día nos ofrece una ocasión propicia para la escucha del relato de la Pasión, la adoración de la Santa Cruz y la oración de intercesión por toda la humanidad.

Este día recordamos también a los cristianos que son testigos y continuadores de la presencia de Jesús en Tierra Santa que, en palabras de S. Pablo VI, se ha convertido “en patria espiritual de los cristianos del mundo”. La Colecta Pontificia por los Santos Lugares que hacemos dentro de la liturgia es fundamental para apoyar los proyectos pastorales, caritativos y sociales de las comunidades cristianas que viven allí. De este modo reconocemos y agradecemos su testimonio y contribuimos para que permanezcan allí, conservando y testimoniando la fe en difíciles circunstancias, y les ayudamos para que sigan custodiando tantos lugares donde sucedieron los hechos históricos de nuestra redención y que constituyen nuestras raíces cristianas.

Para reflejar mejor la aportación de toda la Diócesis, dado que esta colecta Pontificia es imperada, las colectas deben ingresarse, como suele hacerse habitualmente, indicando la parroquia o institución y localidad, en la cuenta de colectas del Obispado, desde donde se remitirá lo recaudado inmediatamente a sus destinatarios.

Con ocasión de esta celebración, animo a todos a peregrinar a los Santos Lugares de nuestra salvación para apoyar a nuestros hermanos cristianos que todavía viven allí y recibir de ellos el precioso testimonio de quienes viven allí donde Cristo nos amó y se entregó por nosotros.

            Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Guadix Fri, 19 Apr 2019 06:51:25 +0000
El seminario, misión de todos http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/49235-el-seminario-misión-de-todos.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/49235-el-seminario-misión-de-todos.html El seminario, misión de todos

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco

Queridos hermanos y hermanas:


Con el lema “El seminario, misión de todos”, el próximo 19 de marzo, solemnidad de S. José, custodio de los seminarios, somos invitados a dar gracias al Señor por nuestros seminaristas y sacerdotes; a pedir al Señor que nunca nos falten; y a tomar conciencia de la presencia y tarea necesarias de los sacerdotes en la Iglesia y para el mundo. El seminario es una realidad que verifica la vitalidad de una iglesia local.

Sacerdotes, parroquias, familias, movimientos eclesiales, consagrados, profesores de religión, hermandades y cofradías, cristianos laicos, hemos de unir nuestra oración y trabajo por las vocaciones al ministerio sacerdotal. El sacerdote es de todos porque ha sido llamado por Dios para servir a todos los hombres. Somos, igualmente, todos los que hemos de acoger y ayudar a la Gracia del Señor para que su llamada no se ahogue entre las piedras de una sociedad que olvida la necesidad de “relicarios de Dios”, como llamaba S. Juan de Ávila al ministerio sacerdotal.

Sin duda alguna, son tiempos duros y difíciles para las semillas de vocación, no cabe duda. Los valores “de moda” en nuestra sociedad no acompañan ni promocionan la transmisión de la fe que nuestros padres nos legaron. Cada vez resulta más complicado presentar a los más jóvenes una oferta atractiva y motivadora del evangelio, hablarles de compromiso célibe para toda la vida y de entrega por el reino de Dios al servicio de la Iglesia. Recogiendo el testigo de los santos y mirando a una santa de altura, Santa Teresa de Ávila, recordamos aquellas palabras que invitaban al optimismo y a no escatimar el esfuerzo realizado: «en tiempos recios, amigos fuertes de Dios». Tiempos difíciles que nos tienen que animar a no desistir en la tarea de anunciar el evangelio en esta tierra diocesana. Tiempos difíciles, que como nos dice la santa abulense, nos tienen que acercar más a Dios y fortalecernos en la Esperanza que nunca defrauda.

Por ello, quiero centrar mi interés en la oración que hemos de realizar por las presentes y futuras vocaciones al sacerdocio. La oración cumple una misión importante en la vocación. Jesús nos invita a orar sin desfallecer, «pedid al dueño de la mies que mande obreros a su mies.» ( Mt 9,38). Y si el Señor nos manda que lo hagamos, no hará que la súplica vuelva a nosotros vacía. Por tanto, confianza en el Señor y constancia en nuestra petición, como nos dice el Papa Francisco: «Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y sólo en la oración pueden perseverar y dar fruto» (Regina Coeli del IV Domingo de Pascua).

Hay iniciativas verdaderamente gozosas en la diócesis que muestran esta vitalidad al rezar por las vocaciones: jueves sacerdotales, adoración ante el Señor Sacramentado, peticiones concretas por cada uno de nuestros seminaristas, peticiones por las vocaciones en laudes y vísperas. Felicito la tarea del equipo de pastoral vocacional de nuestra diócesis. Son pequeños gestos que nos hacen grandes y nos motivan para seguir insistiendo en nuestra oración. No desfallezcamos y pidamos con la confianza de quien se sabe escuchado. El Señor, sin lugar a dudas, sabrá corresponder a nuestras peticiones.

Es notable el esfuerzo realizado por el cuidado y preparación de los seminaristas. Recemos agradecidos, especialmente, por aquellos que están trabajando de una manera más directa con los muchachos que se sienten llamados al sacerdocio, ya sea en el seminario mayor como en el menor: formadores, profesores, sacerdotes, padres, comunidades de origen, etc.

Junto a la oración y otras formas de suscitar, acompañar y fortalecer las vocaciones, os pido también mucha generosidad en la colecta del seminario, que nos permite hacer posible que nadie se quede sin ser sacerdote por falta de recursos y que, nítidamente, expresa que el seminario y la formación de los candidatos al sacerdocio es misión de todos.

En este año avilista, con varias fechas importantes para quienes tenemos a San Juan de Ávila como patrono del clero diocesano secular: 450 aniversario de su muerte, 125 aniversario de la beatificación y 50 años de su canonización, recordemos sus palabras cuando hablaba del ministerio ordenado: «los sacerdotes son abogados por el Pueblo de Dios, ofreciendo al Unigénito Hijo delante del alto tribunal del Padre. Maestros y edificadores de ánimas» (Tratado Primero de Reforma). Un santo de altura que refleja lo que un sacerdote tiene que ser en el mundo: contemplativo de Dios y contemplativo de los hombres.

Que San José, protector y patrón de las vocaciones, nos bendiga, acompañe y suscite corazones dispuestos a entregar su vida en fidelidad al servicio de esta porción de la Iglesia que peregrina en Guadix. Que María, Madre de las vocaciones, nos alcance del único y Eterno Sacerdote muchas y santas vocaciones al sacerdocio.


Recibid mi afecto y mi bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Fri, 15 Mar 2019 14:01:22 +0000
Cuaresma: “cristificarnos”, camino hacia la Pascua http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/49044-cuaresma-“cristificarnos”-camino-hacia-la-pascua.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/49044-cuaresma-“cristificarnos”-camino-hacia-la-pascua.html Cuaresma: “cristificarnos”, camino hacia la Pascua

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco

Queridos hermanos y hermanas:


La Cuaresma nos invita a la preparación inmediata de nuestras tareas y vivencias cofrades, que son siempre, o deben ser, un testimonio público de nuestra fe, vivida en la profundidad de la intimidad con Cristo. El miércoles de ceniza iniciamos la Cuaresma y el camino hacia la Pascua, tiempo fuerte para nuestras hermandades y cofradías, momento de vestir nuestra diócesis de Guadix con las preciosas galas de fe que son las imágenes titulares de nuestras cofradías, con las que tantas generaciones han expresado y vivido su amor al Señor, a la Santísima Virgen y su ser Iglesia. La semana santa y las estaciones de penitencia son un referente claro para la expresión de nuestro ser e identidad cristiana y eclesial.

La Cuaresma es siempre una llamada a la conversión de nuestra vida, acogiendo los medios que la Iglesia nos ofrece: la oración, el ayuno y la limosna, que nos pondrán en la sintonía del Espíritu Santo. El Papa Francisco nos ha regalado un mensaje para la Cuaresma 2019 en el que, ya en el mismo título, “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8,19), está invitándonos a una conversión integral de toda nuestra existencia. Nos dice el Papa, recogiendo el prefacio I de Cuaresma, que, por medio de la Iglesia, nuestra Madre, “Dios concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios”.
La Cuaresma, como camino hacia la Pascua, es para el cristiano un tiempo litúrgico valioso e interpelante, tiempo fuerte de especial compromiso para la fe cristiana; por eso todos estamos invitados a renovar nuestros compromisos bautismales, a vivir nuestra personal conversión, siendo sepultados con Cristo, resucitar con Él. Toda la vida cristiana es un camino para conformarnos a Cristo, para “cristificarnos”, muriendo a todo lo que en nuestra vida intenta esclavizar este camino de libertad. Es el tiempo para dejar que la Gracia del Señor transforme nuestro corazón. La vida cristiana nunca es una carrera de obstáculos en la que prima nuestro esfuerzo. Ciertamente la Cuaresma nos ofrece un conjunto de prácticas que hacen más austera nuestra vida y nos permiten adelgazar en el alma y en el cuerpo, pero no es nuestro esfuerzo ni nuestro “yo” quienes tienen el protagonismo. La Cuaresma es principalmente encuentro con Cristo que, como nosotros, es tentado y vence la tentación. La Cuaresma es Cristo mismo que nos invita a subir con Él a Jerusalén para participar de su Pascua, de su muerte y de su resurrección. Nos dice el Papa que “si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.” Así, el pecado, “lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás”.
La Cuaresma es ante todo un tiempo de Gracia y de salvación: tiempo de misericordia, para alcanzarla y repartirla; tiempo para ejercitarse en el amor al prójimo, practicando las obras de misericordia. Desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Renovar el bautismo en la noche de Pascua, nos invita a no vivirlo como algo del pasado sino a vivir la llamada a dejarnos actualizar siempre por Dios para vivir la novedad de la vida cristiana hoy. La Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: vivir realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda la existencia.
La Palabra de Dios y los textos evangélicos han de ser durante los cinco domingos de Cuaresma y cada día, para todo cristiano, para cada cofrade, una guía preciosa para vivir un encuentro especialmente intenso con el Señor que tendrá como culmen la celebración del triduo pascual. Palabra que nos fortalecerá para salir victoriosos de la batalla que hemos de entablar contra las tentaciones, y que siempre nos hace tomar conciencia de la propia fragilidad, ayudándonos para acoger la Gracia que libera e infunde nueva fuerza en Cristo. Es la constante lucha del cristiano contra los dominadores de este mundo tenebroso, en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor. En su mensaje, el Papa Francisco nos recuerda que “cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas – y también hacia nosotros mismos-, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca … La causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo”.

La Cuaresma es la invitación cristiana de llevar a la práctica lo que creemos. Nuestras tareas y vivencias cofrades son siempre, o deben ser, un testimonio público de una fe que le antecede como experiencia primera y vivida en la intimidad con Cristo en las entrañas de la vida. Es el gran misterio base de la vida cristiana de la que emanan todas sus expresiones: la adhesión de la propia vida a la voluntad del Señor. La Cuaresma nos invita a construir la vida sobre Dios, como proclama el salmo 31: “Tu eres Señor nuestra roca, nuestro refugio”. Todos los cofrades somos, una vez más, invitados a vivir una relación personal con Cristo, tan íntima que de ella nace nuestra vida, nuestras obras y nuestro testimonio.

La vida personal, nuestras relaciones humanas y sociales, e incluso la relación con Dios en la Iglesia puede ser vivida básicamente de dos formas diversas: desde lo exterior (entonces construimos sobre arena) o desde el interior (cuando Cristo es nuestra roca).

A veces podemos correr el riesgo de entender la religión y nuestras expresiones religiosas desde parámetros puramente externos: aún hoy los judíos ortodoxos llevan en las muñecas y en la frente las filacterias con la ley del Señor, acumulando cumplimiento externo de leyes. A nosotros el Señor nos pide ir más adentro, escuchar el corazón de la fe, su Palabra, es decir, alejarnos de una relación aparente, en la que no nos dejamos modelar por Dios mismo. No se trata de cumplir, sino de amar y buscar la voluntad del Señor.

El peligro de esta forma de vivir nuestra relación con Dios, es denunciado por el mismo Jesús en diversas ocasiones en el evangelio: es la hipocresía y la falsedad de una relación externa y ritualista, cultual que no transforma la vida y el corazón. En numerosas ocasiones llama a los fariseos “sepulcros blanqueados” o los acusa de no hacer lo que dicen. Es un peligro que ha rondado a la Iglesia desde siempre y que nosotros, cofrades fuertes en la fe, hemos de ayudar a depurar, haciendo lo que hasta ahora hacéis bellamente en nuestra diócesis: que el fenómeno religioso no se reduzca a sentimentalismo o a formas folklóricas y estéticas, con proliferación de ritos y cultos, vacíos de contenido religioso, de relación personal con Dios, que es construir la fe sobre arena. La vida personal siempre ha de estar implicada en todo el proceso de fe. Gracias a Dios, nuestras cofradías andan por el buen camino y llevan siglos siendo estandarte del encuentro con el Señor y con la Santísima Virgen, aunque seguramente siempre habrá que seguir trabajando para depurar lo que intente adulterar este camino de fe.

El Señor nos pide construir desde dentro, fundamentar sobre los firmes pilares de nuestra vida interior, poner la Palabra de Dios en el corazón, buscar la justificación y el perdón desde una fe que se traduce en buenas obras, vivir la voluntad de Dios llevando a la práctica, en las dificultades de cada día, lo que Dios dice y quiere del hombre. Una fe que no tiene miedo, aunque lo haga con la caridad propia del evangelio, de complicarse la vida en la esfera pública, pues sabe que ella es salvoconducto de auténtica verdad y dignidad del ser humano. Es una fe que no se deja amordazar por la presión social contra la Iglesia o contra lo religioso, ni por la comodidad personal. Es, en síntesis, una fe que no se reduce al ámbito de la piedad privada. Solo así estaremos construyendo sobre roca.

Viene a la mente aquel fariseo cumplidor, Nicodemo, que sentía una gran atracción por Jesucristo, pero que evitaba ser identificado con Él para evitar críticas e iba a verlo de noche. Las cofradías han sido y han de seguir siendo expresión pública fuerte de nuestra fe, que llevan a la luz de las calles lo hermoso de una vida vivida desde la fe en Cristo Jesús.

Lo exterior no vale si está vacío y lo interior tampoco es real si no tiene una adecuada expresión pública. Nuestra vida cristiana y cofrade debe seguir sustentándose en el encuentro personal con Cristo, encuentro que se hace real en la oración, en la celebración asidua de los sacramentos, en el respeto a la dignidad del hombre querida por Dios, en el servicio desinteresado a los más débiles. El jueves santo nos ofrecerá este ideal cristiano en la imagen de Cristo lavando los pies a Pedro y en él a todo hombre. Desde aquí toda nuestra vida cofrade seguirá colaborando con el bien común que todos buscamos, transformando la realidad de tantos oasis de arena, testimoniando “Qué y Quién” es la Roca de nuestra vida, lo que le da sentido y consistencia, lo que nos mantiene de pie en medio de las tormentas y dificultades. Es la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón, de la que nos habla el Papa en nuestra Cuaresma 2019, al recordarnos que “el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual”.

Aprovecho esta ocasión para felicitaros a todos los cofrades por vuestra ardua tarea de ser centinelas de la fe en medio de un mundo que intenta apagar el valor de Dios y del evangelio en la vida pública. ¡Que agradecida está la Iglesia a sus hijos cofrades, en este difícil momento histórico en que sois realmente atalaya de la fe, muralla que guarda y expresa el castillo de la interioridad cristiana!

Pidamos a la Santísima Virgen, que en estos días vamos a venerar bajo tantas bellas advocaciones penitenciales, que Ella fortalezca nuestra fe y al igual que Ella, nos haga cofrades decididos a construir nuestra existencia sobre la roca de la salvación: Jesucristo.

Con mi deseo, para todos, de una Cuaresma y Semana Santa vividas en la profundidad de la amistad con Cristo, expresada en la vida de la Iglesia, en las estaciones penitenciales y en la participación en los santos días del triduo pascual, recibid mi afecto y mi bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Wed, 06 Mar 2019 14:05:03 +0000
Carta del obispo de Guadix a las parroquias http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/48920-carta-del-obispo-de-guadix-a-las-parroquias.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/48920-carta-del-obispo-de-guadix-a-las-parroquias.html Carta del obispo de Guadix a las parroquias

Carta de Mons. Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix, a las parroquias con motivo de la concesión de la Medalla de Andalucía a Cáritas Regional

Con alegría os anuncio la noticia que seguramente conocéis ya por los medios de comunicación, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha otorgado la medalla de Andalucía a Cáritas Regional. Es un reconocimiento a todo un trabajo colectivo de las diez Cáritas Diocesanas, a sus más de 13.500 voluntarios, trabajadores y colaboradores, que llevan más de 50 años trabajando por las personas y colectivos más desfavorecidos de la sociedad.

El acto de la concesión será el 28 de febrero en el teatro de la Maestranza de Sevilla.

Aunque no necesitamos premios que motiven nuestro compromiso con los más pobres, porque son ellos, el rostro de Jesús, quienes nos alientan en la tarea de un servicio que está más allá del aplauso o de las cifras, es bueno que esta concesión nos ayude a mantener y mejorar nuestra relación con la sociedad andaluza ofreciéndole la luz del evangelio a través de la acción de Cáritas.

Siempre recordamos aquellas palabras del Papa San Pablo VI en su exhortación apostólica Evagelii Nuntiandi: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio.” Con esta elocuencia de la acción caritativa nuestra Iglesia Diocesana con sus medios limitados, pero con la implicación de un grupo importante de personas ilusionadas, volcadas en el servicio a los más pobres, viene desarrollando proyectos dirigidos a familias, mayores, mujeres en su integración social y laboral, personas de la comunidad gitana, empleo, infancia, jóvenes, transeúntes, discapacitados …Os invito a motivar a nuestras comunidades parroquiales a participar en estas tareas mediante una promoción del voluntariado y una mayor comunicación cristiana de bienes, tan esencial en nuestra vivencia eclesial desde tiempo de los apóstoles: “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: Lo poseían todo en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.” (Hch 4,32).

La concesión de este reconocimiento por la Junta de Andalucía nos alegra, pero también nos compromete con nuestra tierra, -este norte de la Provincia de Granada-, no siempre entre las prioridades de los responsables políticos, económicos y sociales en general. El declive demográfico con el envejecimiento de la población y la emigración de nuestros jóvenes sin un futuro laboral a la vista , nos anima como Iglesia en Andalucía a demandar una mayor implicación de todos, también de los ciudadanos y particularmente de los creyentes a trabajar más y mejor por el bien común, sobre todo de los más débiles y vulnerables.

Tenemos siempre como ejemplo a Jesús que, siendo rico se hizo pobre, para que por medio de su pobreza llegáramos a ser ricos. Con la mirada puesta en El os pido que procuremos entre todos una mayor implicación de nuestra Iglesia diocesana en la promoción humana integral de las personas, para conseguir una sociedad más justa, y sin buscar otro premio que el que nos aguarda: ``Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. ``Porque tuve hambre, y me disteis de comer…”

                                                     Os bendigo con todo afecto en el Señor Jesús.

+ Francisco Jesús Orozco

   Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Guadix Thu, 28 Feb 2019 06:37:02 +0000
La vida consagrada, presencia del amor de Dios http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/48352-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/48352-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, con motivo de la Jornada por la Vida Consagrada

Queridos hermanos y hermanas:

La Jornada mundial de la vida consagrada, que celebramos en toda la Iglesia el 2 de febrero, fiesta litúrgica de la presentación que María y José hicieron de Jesús en el templo, fiesta de la luz y de las candelas, nos invita a todos a mirar agradecidos al Señor por el don de la vida consagrada en la Iglesia y concretamente, en nuestra diócesis de Guadix. Como Simeón proclamara de Jesús, el consagrado del Padre, los consagrados han sido constituidos “luz para iluminar a las gentes” (Lc 2, 32), para ser profecía viva de la suprema entrega de Jesús al Padre y anticipo de su victoria final sobre la noche del pecado y del sufrimiento. Ellos son el “ya” de un mundo nuevo, el corazón de la nueva civilización del amor.

Fue nuestro querido San Juan Pablo II en 1977, quien instituyó para toda la Iglesia ésta celebración respondiendo, como indicaba en su mensaje con ocasión de la primera jornada, “a la íntima necesidad de alabar más solemnemente al Señor y darle gracias por el gran don de la vida consagrada que enriquece y alegra a la comunidad cristiana con la multiplicidad de sus carismas y con los edificantes frutos de tantas vidas consagradas totalmente a la causa del Reino.” Asimismo, “esta Jornada tiene como finalidad promover en todo el Pueblo de Dios el conocimiento y la estima de la vida consagrada”. “ El tercer motivo se refiere directamente a las personas consagradas, invitadas a celebrar juntas y solemnemente las maravillas que el Señor ha realizado en ellas, para descubrir con más límpida mirada de fe los rayos de la divina belleza derramados por el Espíritu en su género de vida y para hacer más viva la conciencia de su insustituible misión en la Iglesia y en el mundo.”

En nuestra diócesis han sido muchos los religiosos y religiosas que, a lo largo de nuestra rica historia de fe, han gastado su vida y todos los talentos recibidos, en los diferentes carismas de familias religiosas, en el servicio a Dios y a los hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados en todos los campos. Hoy damos gracias a Dios por todos los consagrados que supieron sembrar de ternura y de cercanía, de Evangelio, de presencia salvífica de Cristo, todos los rincones de nuestra Iglesia local. Y damos gracias por todos los que hoy siguen iluminando con la luz de sus antorchas nuestra diócesis, sirviendo a todos en los diferentes ámbitos en los que su presencia son un manantial de gracia y de frescura evangélica, un tesoro que nos acerca la verdad de un Padre que es nuestro y que cuida nuestros pasos.

El lema escogido para la jornada de este año, “Padre nuestro. La vida consagrada, presencia del Amor de Dios.”, quiere recordarnos que la vida consagrada nos lleva al corazón y a la cercanía de Dios. Como nos dice el Papa Francisco, “el Padrenuestro no es una de las muchas oraciones cristianas, sino que es la oración de los hijos de Dios: es la gran oración que nos enseñó Jesús.” Los consagrados nos anuncian con su vida, con su servicio y entrega, que Dios es Padre y que nos ama con entrañas de misericordia. Con el Padrenuestro, oración que el mismo Señor nos ha enseñado, vivimos la relación de hijos que Dios ha querido para nosotros. Somos hijos en el Hijo del único Padre. Es la relación de hijos amados por el Padre la que los consagrados nos expresan en su entrega. Los consagrados nos dicen con su vida lo importantes que somos para el Padre. En ellos, somos cuidados y queridos como hijos.

“¿Qué sería del mundo si no existieran los religiosos?”, se preguntaba Santa Teresa de Jesús (Libro de la vida, c.32, 11). Agradecemos a todos los consagrados la entrega de sus vidas al Señor, su servicio incansable, su testimonio alegre, aún en medio de muchas dificultades y contradicciones. Ciertamente, si nos faltaran las personas consagradas, la Iglesia perdería un referente y espejo privilegiado para caminar hacia la santidad, a la que todos hemos sido llamados desde el bautismo. Los consagrados van delante animando a todo el Pueblo de Dios a peregrinar, viviendo los valores evangélicos, que sólo la gracia de Dios puede sostener.

¡Que nunca falten los consagrados en nuestra diócesis! Que triste y agonizante es una Iglesia local sin consagrados. Su presencia es un signo inequívoco de la vitalidad de la Iglesia en todos nuestros ambientes. Es importante trabajar con los jóvenes y proponerles directamente la alegría de la vocación consagrada. Animo a las parroquias, a las familias cristianas, a los profesores y educadores cristianos, a los catequistas, a los grupos juveniles, a los miembros de Hermandades y Cofradías, a los propios religiosos y religiosas, a todos los que acompañáis a los jóvenes presentes en nuestra diócesis, para que animéis con una propuesta directa a quienes han de ser luz consagrada para las generaciones futuras. Aprovecho para felicitar a la Confer diocesana y al delegado episcopal para la vida consagrada que han sabido mantener viva esta llama de la promoción vocacional.

Con María y como Ella, los consagrados ofrecen al Padre a todos aquellos a los que sirven. Proclamemos con la Santísima Virgen las maravillas que el Señor realiza por medio de sus consagrados en la Iglesia, en nuestra diócesis de Guadix.

Recibid mi afecto y mi bendición.

+Francisco Jesús Orozco

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Thu, 31 Jan 2019 12:52:33 +0000
Ordenación Episcopal http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/47799-ordenación-episcopal.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/47799-ordenación-episcopal.html Ordenación Episcopal

Alocución del nuevo obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco

“He aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Hb 10, 9). El autor de la carta a los Hebreos nos ha situado en la atmósfera propicia para poder vivir en la obediencia de Cristo nuestra propia vocación cristiana. Hoy, este es el mejor contexto para rumiar, en el corazón de la liturgia cristiana, mi envío como sucesor de los Apóstoles a servir a la Iglesia: ¡aquí estoy para hacer tu voluntad!
El Santo Papa Juan Pablo II, describía la misión de los obispos: “ser obreros en la mies de la historia del mundo con la tarea de curar abriendo las puertas del mundo al señorío de Dios, a fin de que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Y nuestro ministerio se describe como cooperación a la misión de Jesucristo, como participación en el don del Espíritu Santo, que se le dio a él en cuanto Mesías, el Hijo ungido de Dios.” El ministerio episcopal solo se comprende a partir de Cristo, la fuente del único y supremo sacerdocio, del que el obispo es partícipe. Por tanto, el obispo, decía el Santo Pastor, «se esforzará en adoptar un estilo de vida que imite la kénosis de Cristo siervo, pobre y humilde, de manera que el ejercicio de su ministerio pastoral sea un reflejo coherente de Jesús, Siervo de Dios, y lo lleve a ser, como él, cercano a todos, desde el más grande al más pequeño» (Juan Pablo II, Pastores gregis, 11).
Lo decía también San Juan de Ávila, maestro de santos y doctor de la Iglesia: “no son llamados a obispos para su provecho, no para riquezas, no para regalos, sino para trabajar en lo exterior y cuidados en lo interior; y no de cualquier cosa, sino de la más importante, cual es la gloria de Dios.”
El Papa Francisco, al inicio de su pontificado, en un encuentro con los nuncios y delegados pontificios, les ofrecía el papel de un obispo de hoy en cuatro notas bien concretas que pido al Señor poder vivir en mi ministerio:
1.- Que los obispos sean pastores cercanos a la gente, padres y hermanos, que sean amables, pacientes y misericordiosos.
2.- Que amen la pobreza, tanto la interior, que hace libres para el Señor, como la exterior, que es sencillez y austeridad de vida.
3.- Que no tengan una psicología de príncipes.
4.- Que sean pastores con olor a oveja, que se alejen del “carrerismo fácil” y sean “humildes, mansos y estén al servicio del pueblo, para que “no se conviertan en lobos rapaces”.
Nos invitan a andar este camino, las lecturas del cuarto domingo de adviento, que nos traen la Navidad, que es Jesucristo, de las manos de María, siempre Virgen y modelo de servicio en la caridad a todos los hombres, en el misterio de la visitación a su pariente. Isabel ha experimentado la indignidad ante tan magno acontecimiento. Ella, débil, anciana y pobre, se desconcierta ante la visita de su Señor en el sagrario virginal e inmaculado de su prima María. Es la pequeñez del barro ante la grandeza de la Luz: “¿quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?” Es la indignidad de Pedro al encontrar de nuevo a su Señor, después de las negaciones y el Amor misericordioso de Cristo, que siempre salva: “apacienta mis ovejas”. Es la pequeñez del hombre que ha experimentado su ser creatural ante la Presencia de su Hacedor. Es la indignidad que hoy experimento ante la llamada del Señor que me ha elegido para ser sucesor de los Apóstoles. El Señor convierte la debilidad de mis piedras y límites en el pan de su cercanía ministerial.

Como dijera nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI, “me consuela que el Señor sepa trabajar con instrumentos insuficientes y me entrego a vuestras oraciones”. Rezad por mí y conmigo, con la oración colecta de esta Eucaristía: oh Dios, que, por pura generosidad de tu gracia, has querido ponerme hoy al frente de tu Iglesia de Guadix. Concédeme ejercer dignamente el ministerio episcopal y guiar con la palabra y el ejemplo, bajo tu amparo, la grey que me has confiado.”
La Virgen María supo vivir esa disposición oblativa hasta el extremo: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra.” En un sermón de Navidad, predicando en el día de San Esteban, en un convento de monjas, decía San Juan de Ávila: “para dártelo a ti, lo pone María en el pesebre”. La Virgen María nos da a Jesucristo mismo, el Buen Samaritano, que se acerca a todo hombre y “cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza” (Prefacio común, VIII) y lo lleva a la posada, que es la Iglesia, donde hace que lo cuiden, confiándolo a sus ministros y pagando personalmente de antemano lo necesario para su curación. Y nos invita: “anda, haz tu lo mismo”.
Ante la realidad de ser elegido y llamado, corresponde la confianza: “el Señor que ha iniciado esta obra buena, Él la llevará a término”. Con la oración sobre las ofrendas, rezad por mí y conmigo, para que el Señor aumente en mí el espíritu de servicio y lleve a término lo que me ha entregado sin mérito propio. En palabras de Santa Teresita me dice hoy: “confianza, es la mano de Jesús que dirige todo”.
Inicio, con alegría, la misión que acabo de recibir del mismo Cristo, por manos de los Apóstoles, en la Iglesia, habiendo sido agregado al Colegio episcopal por la plenitud del sacramento del Orden. Colegio Apostólico que sucede a los Doce, presididos por uno que preside, guía y confirma, el Santo Padre Francisco, que ocupa el lugar de Pedro.
Me dirijo con afecto al Sr. Nuncio de su santidad en España. Agradezco su presencia en esta celebración y su buen servicio en la Iglesia de España. Le pido que haga llegar al Papa mi afecto filial y mi gratitud por la confianza que me ha dispensado, al nombrarme sucesor de los Apóstoles y enviarme a presidir la Iglesia que camina en Guadix.
Pido al Señor que mi ministerio sirva siempre para que el Pueblo de Dios, que camina en esta Iglesia particular, siga siempre fiel al magisterio del Papa y de los Obispos en comunión con él.
Saludo a los señores Cardenales, Arzobispos y Obispos que hoy nos honran con su presencia en ésta celebración, expresando nuestra comunión afectiva y efectiva en el Colegio episcopal. La acogida fraterna que me habéis manifestado desde el momento en que se hizo público mi nombramiento ha sido, sin duda, uno de los consuelos con los que el Señor ha querido acercarme, por medio de vosotros, su presencia y la verdad de la comunión eclesial.
Queridos sacerdotes, amigos y fieles de mi diócesis de origen, Córdoba; a los de San Francisco Solano de Montilla, Santo Domingo de Guzmán y San Mateo de Lucena; a los de San Miguel y Ntra. Sra. de la Merced, en Córdoba; parroquias donde he ejercido mi ministerio sacerdotal como párroco: con vosotros he aprendido que servir a los hombres es la tarea y el gozo del pastor y, a la vez, es, en este servicio y en la comunidad orante donde encuentra su verdadero sustento. ¡Qué bella es la caridad pastoral! Como decía el Santo Obispo de Hipona: “lo más temible en este cargo es el peligro de complacernos más en su aspecto honorífico que en la utilidad que reporta a vuestra salvación. Mas, si por un lado me aterroriza lo que soy para vosotros, por otro me consuela lo que soy con vosotros. Soy obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros”. Los distintos destinos pastorales han configurado mi vida personal y sacerdotal. Habéis sido el regalo más preciado que Cristo me ha donado en mi sacerdocio. ¡Cuántos testigos verdaderos y silenciosos del evangelio! ¡Cuántos buenos cristianos y almas grandes me he encontrado y me han ayudado a alimentar mi propia vida cristiana y mi vida sacerdotal! Gracias por haberme regalado a Cristo en vuestras vidas, en vuestras historias personales, en vuestros gozos y cruces.
Mi gratitud a quienes han sido mis Obispos consagrantes, que acompañaron mi sacerdocio en Córdoba: D. Javier, D. Juan José y D. Demetrio. Hasta el momento de mi nombramiento episcopal, he colaborado con D. Demetrio muy cercanamente como vicario general. Quiero agradecerle que siempre, pero más intensamente en estos dos meses, ha sido un verdadero padre y ángel custodio de mis primeros pasos en esta nueva etapa episcopal. ¡Gracias D. Demetrio, por todo el cariño e interés que ha puesto en ayudarme en mi incorporación a este ministerio y a mi querida Iglesia de Guadix! Y Felicidades. Hoy hace 44 años que el Señor lo hacía sacerdote para toda la eternidad.
Y qué alegría poder compartir este ministerio apostólico con hermanos a los que estuve unido en el presbiterio diocesano de Córdoba: D. Santiago, obispo auxiliar de Sevilla y D. Mario, Obispo de Bilbao.
Cuando miro mi vida a la luz de la Providencia divina y de todos sus regalos, mi pensamiento se dirige agradecido, en primer lugar, a vosotros, mis queridísimos padres, que siempre habéis sabido darlo todo en grandes sacrificios por mi bien. Os agradezco haber sido para mí el verdadero libro para entender el valor del trabajo y el servicio sencillo en la vida cotidiana. Papá, mamá: gracias por haber sido el mejor ejemplo para leer en las dificultades y en las contrariedades la sabiduría de la cruz, que conduce siempre a la Vida.
Querida hermana, cuñado, sobrinos, familia y paisanos de Villafranca, mi pueblo natal. Compartimos raíces que fortalecen nuestra vida y nuestra fe. Os agradezco a todos vuestra presencia numerosa aquí esta mañana, vuestras oraciones y tanta alegría cristiana como en estos meses habéis expresado, porque el Señor ha llamado a un villafranqueño para ser obispo. Ponedme en el corazón de la Virgen de los Remedios.
Y hoy, sobre todo, quiero saludaros y agradeceros vuestra oración, a vosotros, hermanos y hermanas de la Iglesia de Guadix. Saludo y felicito a D. José Francisco, administrador diocesano, que, en estos meses, desde que se fuera a Getafe nuestro querido D. Ginés, has sabido conducir y orientar todas las tareas diocesanas desde el corazón de Cristo. El Señor pague tu generosidad y buen servicio a la Iglesia. Os saludo a todos, queridos sacerdotes, diácono, seminaristas mayores y menores, religiosos y religiosas, contemplativas, movimientos y asociaciones, hermandades y cofradías, familias cristianas, jóvenes y ancianos, niños. Un saludo lleno de cercanía para los que pasáis por momentos de dificultad, sufrimiento o soledad. A todos os llevo en mi oración y en el corazón, desde el día en que el Señor Nuncio me señalaba Guadix, de parte del Papa, como el lugar de la Providencia para mí.
Os muestro mi plena disponibilidad. Como dijera Santa Teresa mirando a Jesucristo, os digo yo a vosotros: “vuestro soy, para vosotros nací ¿qué mandáis hacer de mí?”. Vengo a unirme a vuestra rica historia de fe que tantos frutos ha dado desde su fundación, allá por el año 47 de nuestra era, por nuestro Patrón y primero de los siete Varones apostólicos, San Torcuato. A él, Obispo mártir santo, me encomiendo y pongo bajo su intercesión todas nuestras tareas diocesanas. Su sangre, unida a la de todos los mártires con cuna en Guadix (Beato Manuel Medina Olmos, San Pedro Poveda y otros muchos) y a la de toda la Iglesia, es semilla de cristianos y de una historia rica de fe, que nos hace gritar con esperanza, mirando a Cristo: “tus heridas nos han curado”.
Con el apóstol Pedro os digo: “no tengo plata ni oro, pero os doy lo que tengo” ( Hch 3,6), a Jesucristo. Deseo que me permitáis caminar con vosotros, como un hermano enviado por el Señor que viene a unirse a los trabajos duros que lleváis adelante por el Evangelio y que quiere serviros y estar cerca especialmente de los más pobres y quienes peor lo pasan.
Permitidme un saludo especial y mi agradecimiento para todos los que os habéis esmerado en la preparación de ésta solemne celebración. Antes de ayer, pude saludar a los voluntarios, en gran parte procedentes de las diferentes Hermandades y Cofradías, a los que quiero mostrar mi respeto y agradecimiento por su servicio eclesial hoy. Mi agradecimiento al Cabildo catedralicio, Sacerdotes coordinadores, diáconos, seminaristas, voluntarios, protección civil, fuerzas de seguridad, equipos sanitarios y de emergencias, medios de comunicación, federación de Hermandades y Cofradías, coros Acyda, Accichorus, Antiguos escolanos, Pueri cantores “María Briz” y a D. Rafael Pascual, organista.
Saludo, también, con respeto a las autoridades civiles, militares, judiciales y educativas de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de la provincia de Granada y de la Diócesis de Guadix, así como a los venidos desde Córdoba, Lucena y Villafranca. Gracias por vuestra presencia, que pone de manifiesto la llamada a trabajar juntos por el bien común y la dignidad del hombre, que nunca puede ser encarcelada en una existencia ajena a lo trascendente, donde termina esclavo de sí mismo. Contad siempre con mi oración en vuestra delicada y difícil función civil. Quiera el Señor que siempre podamos trabajar en la construcción de un tejido social donde todo creyente se encuentre respetado en sus expresiones religiosas.
Guadix es tierra de María. Así lo expresan tantas advocaciones entrañables que recogen el amor a la Virgen: Angustias, Piedad, Gracia, Cabeza, Purificación y otras muchas tan arraigadas en el corazón mariano de nuestra diócesis. A la Madre de Cristo y Madre nuestra encomiendo mi servicio episcopal. Que Ella me haga siempre, con la mirada puesta en el cielo, testigo alegre, cercano y misericordioso del Corazón resucitado del Buen Pastor en la tierra, aquí en Guadix. Miremos juntos al que María pone en el pesebre y digamos con nuestra vida: “Tus heridas nos han curado”.
Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Wed, 26 Dec 2018 13:44:29 +0000
A la diócesis de Guadix http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/46761-a-la-diócesis-de-guadix.html http://www.odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/46761-a-la-diócesis-de-guadix.html A la diócesis de Guadix

Carta del nuevo obispo electo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco

En estos momentos en que La Santa Sede acaba de hacer público que nuestro Santo Padre Francisco, a fin de proveer el gobierno pastoral de la diócesis de Guadix, se ha dignado nombrarme Obispo de esa sede, mis primeras palabras y mi corazón se elevan al Señor en acción de gracias. Quiero renovar mi confianza en Cristo que sigue pronunciando hoy, fijando sus ojos en mí, aquel “Sígueme” que hizo nacer a la Iglesia y que la sigue llenando de su presencia cercana y salvífica.

Agradezco al Santo Padre la confianza que me ha dispensado al elegirme para este ministerio y quiero expresarle públicamente mi más firme adhesión a su persona y a su doctrina como Vicario de Cristo. Que mi novel ministerio episcopal, unido al del primero de los Apóstoles y al colegio apostólico sea expresión de la comunión querida por Cristo y en la que podamos seguir profesando juntos nuestra fe.

En esta primera intervención como Obispo electo de Guadix quiero saludar especialmente a mi ya, desde hace unas semanas, querida y rezada Diócesis accitana. Ya me siento un accitano más. Os saludo a todos: a mi inmediato predecesor, actualmente Obispo de Getafe, Monseñor Ginés, a Monseñor Javier, arzobispo metropolitano de Granada y a los Obispos de la provincia eclesiástica. Saludo a los señores Obispos de Andalucía agradeciéndoles, por anticipado, su oración y, sin duda, la acogida de un novato al que tienen que enseñar a ser obispo. Saludo al administrador diocesano de Guadix; un saludo para todos los hermanos sacerdotes, diácono, seminaristas, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa, parroquias, instituciones diocesanas y canónicas, especialmente miembros de movimientos y asociaciones, hermandades y Cofradías, jóvenes, niños, familias, enfermos. A todos me ofrezco como hermano y amigo para trabajar juntos y vivir la alegría de ser de la misma familia, la Iglesia. Os pido un “huequecito” en vuestra vida, en vuestra casa, en vuestra historia y en vuestro corazón.

Mi respeto y saludo para las autoridades civiles, militares, judiciales, culturales y educativas de nuestra comunidad Autónoma de Andalucía, de la Diócesis de Guadix y de la provincia de Granada, a quienes me ofrezco para colaborar en la construcción de una sociedad cada día más justa y fraterna, siempre necesitada de la aportación de todos los ciudadanos que aman el bien común.

Me consta que esta buena tierra de nieves y de bellísimos paisajes naturales al pie de Sierra Nevada está llena de gente aún más maravillosa, cuyo patrimonio humano y espiritual son ya un verdadero regalo para mi vida cristiana. ¡Qué suerte que el Señor haya querido que pueda aprender de vosotros y con vosotros a quererlo más y a seguir construyendo la Iglesia!

Decía S. Agustín en uno de sus sermones: “Soy Obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros.” Qué ganas tengo de estar con vosotros y para vosotros compartiendo físicamente la fe que nos une, nuestra mirada en el Señor y en los regalos que nos hará. Cuando hace unos meses, Monseñor Ginés se despedía de la Diócesis decía públicamente que después de serviros era más religioso, se encontraba más cerca del Señor. Y ahora me toca a mí ese regalo, vivir esa cercanía del Señor en vosotros.

Guadix tiene una rica e intensa historia de fe: un verdadero patrimonio espiritual que arranca en los albores del cristianismo, en el siglo I. Considerada la Diócesis más antigua de España, tiene en su Patrón, primer evangelizador de Acci y primer Obispo del rico episcopologio, San Torcuato, un verdadero espejo para que un sucesor de los apóstoles encuentre en su martirio la verdadera medida de la entrega que el Señor hoy nos sigue pidiendo. El varón apostólico que con el Apóstol Santiago hizo florecer el Evangelio en España, encienda y proteja nuestros deseos de seguir evangelizando. Pronto podré venerar su santo brazo y ante sus reliquias pedir para que los accitanos encontréis en mí lo que el Buen Pastor quiere para vosotros: proseguir la tarea evangelizadora, santificadora y de gobierno, continuando la larga serie de pastores que han servido a esta venerable Iglesia de Guadix.

En la rica historia de los santos y mártires accitanos, S, Torcuato, San Francisco Serrano -dominico y natural de esta diócesis-, San Pedro Poveda, el Beato Manuel Medina y los mártires de todos los tiempos, quiero poner mi ministerio episcopal y mi vida entre vosotros.

Rezad para que pueda ser el Obispo que merecéis y que el Señor quiere para vosotros. Como habéis pedido en una oración durante estos meses de sede vacante, que sea un Pastor según el corazón de Dios, que agrade al Señor por su santidad y por su vigilante dedicación pastoral, un Pastor amigo de los pobres, sencillos y más pequeños, que con la Palabra del Señor y la Eucaristía conduzca a las fuentes de la gracia, de la verdad y de la vida, con espíritu misionero, dispuesto a escribir, con vosotros, un tramo más de la historia gloriosa de esa Iglesia particular accitana, ilustre por su historia de fe y por la santidad de tantos accitanos, los mejores hijos de esa Iglesia que de todas las épocas supieron mostrar en sus vidas la belleza más bella de la Iglesia.

Guadix tiene Madre: la Virgen de las Angustias, o de la Piedad en Baza, o la Virgen de Gracia, Patrona de las Cuevas, o tantas bellas advocaciones marianas que son un grito diocesano mariano de amor a la Madre Inmaculada y Virgen. En sus brazos, en los que sostiene a Cristo, quiero ponerme y poneros desde este momento. Ya he volado con el corazón hasta la Virgen de las Angustias y con todos vosotros he rezado por vuestras familias, por vuestros hijos, por los jóvenes, por los ancianos e impedidos, por los sacerdotes, por los enfermos, por los que más sufren en nuestra Diócesis de Guadix, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, por nuestros misioneros, por los que no tiene trabajo.

Ella, Buena Madre y Señora de los accitanos, acoja este deseo de vivir unidos en Cristo, en la unidad de su Iglesia. Os pido a todos que recéis por mí en este tiempo de preparación para recibir la ordenación episcopal, que se celebrará (D.m.) el sábado 22 de diciembre en la Santa Iglesia Catedral de Guadix.

Córdoba, 30 de octubre de 2018
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Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo electo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Tue, 30 Oct 2018 12:48:38 +0000