La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, con motivo de la Jornada por la Vida Consagrada

Queridos hermanos y hermanas:

La Jornada mundial de la vida consagrada, que celebramos en toda la Iglesia el 2 de febrero, fiesta litúrgica de la presentación que María y José hicieron de Jesús en el templo, fiesta de la luz y de las candelas, nos invita a todos a mirar agradecidos al Señor por el don de la vida consagrada en la Iglesia y concretamente, en nuestra diócesis de Guadix. Como Simeón proclamara de Jesús, el consagrado del Padre, los consagrados han sido constituidos “luz para iluminar a las gentes” (Lc 2, 32), para ser profecía viva de la suprema entrega de Jesús al Padre y anticipo de su victoria final sobre la noche del pecado y del sufrimiento. Ellos son el “ya” de un mundo nuevo, el corazón de la nueva civilización del amor.

Fue nuestro querido San Juan Pablo II en 1977, quien instituyó para toda la Iglesia ésta celebración respondiendo, como indicaba en su mensaje con ocasión de la primera jornada, “a la íntima necesidad de alabar más solemnemente al Señor y darle gracias por el gran don de la vida consagrada que enriquece y alegra a la comunidad cristiana con la multiplicidad de sus carismas y con los edificantes frutos de tantas vidas consagradas totalmente a la causa del Reino.” Asimismo, “esta Jornada tiene como finalidad promover en todo el Pueblo de Dios el conocimiento y la estima de la vida consagrada”. “ El tercer motivo se refiere directamente a las personas consagradas, invitadas a celebrar juntas y solemnemente las maravillas que el Señor ha realizado en ellas, para descubrir con más límpida mirada de fe los rayos de la divina belleza derramados por el Espíritu en su género de vida y para hacer más viva la conciencia de su insustituible misión en la Iglesia y en el mundo.”

En nuestra diócesis han sido muchos los religiosos y religiosas que, a lo largo de nuestra rica historia de fe, han gastado su vida y todos los talentos recibidos, en los diferentes carismas de familias religiosas, en el servicio a Dios y a los hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados en todos los campos. Hoy damos gracias a Dios por todos los consagrados que supieron sembrar de ternura y de cercanía, de Evangelio, de presencia salvífica de Cristo, todos los rincones de nuestra Iglesia local. Y damos gracias por todos los que hoy siguen iluminando con la luz de sus antorchas nuestra diócesis, sirviendo a todos en los diferentes ámbitos en los que su presencia son un manantial de gracia y de frescura evangélica, un tesoro que nos acerca la verdad de un Padre que es nuestro y que cuida nuestros pasos.

El lema escogido para la jornada de este año, “Padre nuestro. La vida consagrada, presencia del Amor de Dios.”, quiere recordarnos que la vida consagrada nos lleva al corazón y a la cercanía de Dios. Como nos dice el Papa Francisco, “el Padrenuestro no es una de las muchas oraciones cristianas, sino que es la oración de los hijos de Dios: es la gran oración que nos enseñó Jesús.” Los consagrados nos anuncian con su vida, con su servicio y entrega, que Dios es Padre y que nos ama con entrañas de misericordia. Con el Padrenuestro, oración que el mismo Señor nos ha enseñado, vivimos la relación de hijos que Dios ha querido para nosotros. Somos hijos en el Hijo del único Padre. Es la relación de hijos amados por el Padre la que los consagrados nos expresan en su entrega. Los consagrados nos dicen con su vida lo importantes que somos para el Padre. En ellos, somos cuidados y queridos como hijos.

“¿Qué sería del mundo si no existieran los religiosos?”, se preguntaba Santa Teresa de Jesús (Libro de la vida, c.32, 11). Agradecemos a todos los consagrados la entrega de sus vidas al Señor, su servicio incansable, su testimonio alegre, aún en medio de muchas dificultades y contradicciones. Ciertamente, si nos faltaran las personas consagradas, la Iglesia perdería un referente y espejo privilegiado para caminar hacia la santidad, a la que todos hemos sido llamados desde el bautismo. Los consagrados van delante animando a todo el Pueblo de Dios a peregrinar, viviendo los valores evangélicos, que sólo la gracia de Dios puede sostener.

¡Que nunca falten los consagrados en nuestra diócesis! Que triste y agonizante es una Iglesia local sin consagrados. Su presencia es un signo inequívoco de la vitalidad de la Iglesia en todos nuestros ambientes. Es importante trabajar con los jóvenes y proponerles directamente la alegría de la vocación consagrada. Animo a las parroquias, a las familias cristianas, a los profesores y educadores cristianos, a los catequistas, a los grupos juveniles, a los miembros de Hermandades y Cofradías, a los propios religiosos y religiosas, a todos los que acompañáis a los jóvenes presentes en nuestra diócesis, para que animéis con una propuesta directa a quienes han de ser luz consagrada para las generaciones futuras. Aprovecho para felicitar a la Confer diocesana y al delegado episcopal para la vida consagrada que han sabido mantener viva esta llama de la promoción vocacional.

Con María y como Ella, los consagrados ofrecen al Padre a todos aquellos a los que sirven. Proclamemos con la Santísima Virgen las maravillas que el Señor realiza por medio de sus consagrados en la Iglesia, en nuestra diócesis de Guadix.

Recibid mi afecto y mi bendición.

+Francisco Jesús Orozco

Obispo de Guadix

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