“Cielos y Tierra, bendecid al Señor”

Carta del obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco

Queridos hermanos y hermanas:

 

La celebración de la fiesta del Corpus Christi quiere ser como una prolongación de aquella procesión con el Santísimo Sacramento, que el Jueves Santo realizamos al terminar la Cena del Señor. Por tanto, es una ocasión preciosa para que todo el Pueblo de Dios alabe al Señor y le dé gracias por este admirable misterio de regalarnos su Cuerpo y su Sangre. Jesucristo vive en el cielo junto a su Padre con el Espíritu Santo, con María Santísima y todos los santos. Jesús, terminada su vida temporal en la Tierra, se resiste a marcharse. Así es el Amor, siempre Presencia. Y Dios, al fin y al cabo, tiene recursos únicos y divinos. Se despide en la última Cena, pero en realidad nos está diciendo: “Me voy, es mi hora; salí del Padre y a mi Padre vuelvo; os preparé un sitio para que estéis conmigo; pero no me voy…. Me quedo”. Con el pan y el vino, alimento cotidiano, seguirá con nosotros, nos deja su Cuerpo y Sangre como alimento del cielo, pan de ángeles, pero a su vez Presencia real, viva y resucitada. Se mete en nuestro corazón cada vez que comulgamos y además se queda en el Sagrario, a nuestra disposición de adoración y de coloquio íntimo. Qué gran compañía, qué buen amigo, y al mismo tiempo cómo no adorarlo postrándonos ante Él, porque Él es Dios.

Eucaristía y amor al prójimo: es la síntesis de la vida de la Iglesia. Se queda Él, su Cuerpo y su Sangre, su Alma. Toda su divinidad y su naturaleza humana presentes en un trozo de Pan. Día para dar gracias y adorarlo, para agradecer al Señor un Amor siempre presente. Día para expresar nuestro amor al prójimo; Caridad cristiana que quiere prolongarse todos los días, porque sin amor al pobre y al desvalido no hay amor cristiano posible… ni Eucaristía auténtica. Por eso hoy es el día de Cáritas. Cáritas es la organización diocesana del amor fraterno de los cristianos. Cáritas recoge de todos los que quieren ayudarla y reparte a todos los que le piden ayuda, sin distinción de credo ni ideología, es universal (católica). Cáritas es Cristo mismo cercano a todo ser humano necesitado y tiene su alimento fundamental en la Eucaristía, porque comiendo del Cuerpo y la Sangre del Señor, Él nos impulsa a amar a nuestros semejantes como verdaderos hermanos.

En esta solemnidad del Cuerpo y Sangre del Señor, Cristo nos llama a descubrirle y a encontrarnos con su imagen en todos los hombres y mujeres, sirviéndole en cada uno de ellos, de modo especial y con inmensa misericordia y compasión en los más pobres, frágiles y necesitados. Eucaristía sin caridad se convierte en culto vacío. Ésta es la tarea que realiza Cáritas y otras instituciones de la Iglesia al servicio de los heridos por la vida, cuya entrega generosa he podido percibir en las diferentes parroquias de nuestra diócesis de Guadix y que se muestran en la “Memoria” anual de Cáritas. Agradezco a Cáritas diocesana, prolongada en las Cáritas interparroquiales y parroquiales, su servicio eclesial a los más pobres y les animo a expresar con claridad al mismo Cristo en todas sus tareas y proyectos.

Con la Eucarística, damos gracias también por el don magnífico de la Creación: “Cielos y Tierra, bendecid al Señor”. Eucaristía y Creación están estrechamente ligadas, puesto que la Eucaristía une el cielo con la tierra, abarcando toda la Creación. La Eucaristía se nos da a través de los signos sacramentales, que son el pan y el vino comestibles. “Tomad y comed… tomad y bebed” (Mt. 26,26). Jesús nos invita al banquete para comer el mismo pan que nos hermana unos con otros. Detrás de las cifras hay nombres y rostros, más de 3.500 personas atendidas en los diversos proyectos ejecutados a lo largo de este año y en los más diversos puntos geográficos de nuestra diócesis. Esta importante cantidad de hermanos nuestros necesitados es siempre un verdadero escándalo para la fraternidad, una llamada de atención a los responsables públicos, pero también una interpelación a la Iglesia diocesana, a nuestras parroquias.

¿No deberíamos esforzarnos un poco más en incentivar nuestra comunicación cristiana de bienes? En la gran festividad del Corpus Christi, la Iglesia celebra como lo hacía antiguamente la Iglesia de Roma “la fiesta de las colectas”. Animo a todas las comunidades parroquiales, movimientos, hermandades y cofradías a seguir siendo sensibles para ayudar a los más pobres, signo de que nuestra fe es auténtica. Sí, queridos hermanos y hermanas, porque dar es una fiesta cuando se realiza con amor y con generosidad. Hagamos realidad en nuestras vidas las palabras de Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20,35)

En esta fiesta quisiéramos hablarle al Señor de todo nuestro amor y nuestra gratitud por esta condescendencia con nosotros. Niños, jóvenes y mayores iremos caminando y cantando al amor de los amores. Somos la humanidad entera que camina junto a Jesús, guiados por su luz y su fuerza que nos anima a mejorar nuestro mundo. ¿No vemos la necesidad? La creación tan hermosa, salida de las manos de Dios “está siendo maltratada, contaminada, expoliada…”, nos dice el Papa Francisco. Por tanto, hay un desafío urgente: “proteger nuestra casa común”. Es la tierra en la que nos puso el Señor, la tierra de nuestra diócesis que debemos sentir y cuidar como la casa de todos los que vivimos aquí. El agua y la tierra es patrimonio de todos. La hermosa naturaleza que nos envuelve debemos entregarla a las futuras generaciones, incluso mejor que la recibimos de nuestros mayores. Y la creación no será como quiso el Creador desde el principio, si los hermanos no ponen en común y viven compartiendo los dones que ella nos ofrece en igualdad de dignidad y para sustento universal.

Adoremos, comamos y sirvamos. Que nuestro corazón se dilate al adorar al Corazón que todo lo ha entregado para nuestra felicidad y en el que caben todos los hombres. Con la Virgen María, maestra de caridad en la Iglesia, adoremos con toda la creación al Señor: “Cielos y Tierra, bendecid al Señor”.


Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix