Huelva Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://www.odisur.es Wed, 17 Jul 2019 14:45:42 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Con motivo del Año Jubilar Mariano de Nuestra Señora del Rocío http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/50776-con-motivo-del-año-jubilar-mariano-de-nuestra-señora-del-rocío.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/50776-con-motivo-del-año-jubilar-mariano-de-nuestra-señora-del-rocío.html Con motivo del Año Jubilar Mariano de Nuestra Señora del Rocío

Mensaje a los rocieros y peregrinos del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

 

El Santo Padre, nuestro querido Papa Francisco, nos ha concedido un Año Jubilar con motivo del Centenario de la Coronación canónica de nuestra Madre, la Virgen del Rocío. Iniciamos, pues, un tiempo de gracia para crecer en nuestra vida cristiana. El lema de este año es “Reina del Rocío: caminar con María hacia Cristo”. Este lema es como un faro que nos ayudará a profundizar y dar sentido a todos los actos en los que participemos: romerías, peregrinaciones, visitas a la Virgen, sea en el Santuario o en la Parroquia de Almonte, donde podremos obtener las gracias del Jubileo.

En este sencillo mensaje que os ofrezco pretendo ayudaros a cumplir los requisitos para alcanzar la indulgencia plenaria –confesión, Credo, oración por la Iglesia y celebración de la Eucaristía– a la luz del lema de este Año. Contemplamos a María como Reina, coronada por Dios con la corona de gloria que no se marchita y coronada por el cariño de sus fieles que la acogen como Madre y como Reina de sus corazones. Con Ella queremos caminar hacia el encuentro con su Hijo, el Pastor divino, el único Salvador del mundo.

Caminar:

La vida siempre es un camino. O mejor, una encrucijada de caminos. Nos preguntamos constantemente por dónde ir, cómo acertar, dónde está el camino que nos lleva a la felicidad auténtica. Decía San Agustín: “Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que descanse en ti”. En este caminar hay avances y retrocesos, hay caídas y tropiezos; hay cansancios y desánimos… A veces hacemos el camino guiados por los mandatos de Dios y a veces en la oscuridad de nuestros egoísmos experimentando nuestra debilidad y la necesidad de purificar nuestras almas.

En este año jubilar la peregrinación al Rocío se convierte en una invitación a realizar un camino de purificación. Tomamos conciencia de nuestros errores y de nuestras miserias, pero también de la misericordia de Dios que nos perdona siempre y nos da la oportunidad de nacer de nuevo.

Recordemos al hijo pródigo que recapacitó y se dijo: me levantaré y me pondré en camino hacia mi Padre. Contemplemos el costado abierto del Señor como manantial que purifica todo lo que toca. Sus heridas nos han curado. Caminemos con esta confianza y dejémonos renovar por la gracia de Dios. Redescubramos la alegría de llamar Padre a Dios y reconozcamos que la sangre de Cristo, derramada por nosotros, nos da nueva vida.

Vivamos también la peregrinación jubilar como un camino de reconciliación con los hermanos. Muchas veces en el camino de la vida aparecen divisiones y conflictos, que nos separan de nuestros prójimos. Si estas divisiones se enquistan, anidan en nuestros corazones el odio y el rencor. En ocasiones, estos problemas entre nosotros proceden de injusticias y explotación de los hermanos más débiles, generando una sociedad tensa y deshumanizada. El año jubilar en la historia de la Salvación siempre es una llamada a reconstruir nuestras relaciones humanas de acuerdo con el plan de Dios sobre nosotros: hacer de la humanidad una auténtica familia reconciliada en el amor fraterno y en la paz, compartiendo los dones que Dios nos ha regalado a todos para que vivamos en las alegría.

Si caminamos con este deseo de purificación y reconciliación, podremos celebrar el Sacramento de la Penitencia, como abrazo del Padre que nos permite comenzar de nuevo una vida llena de alegría en Cristo. Así se vive auténticamente la gracia del jubileo y así se mostrarán los auténticos valores del Rocío: la alegría y la fraternidad.

Con María.

Este camino lo hacemos siempre con María, acompañados por su maternal protección y deseosos de llegar a su casa, nuestra casa, para disfrutar de su presencia para contarle nuestras cosas y para descansar en Ella nuestras preocupaciones, cumplirle nuestras promesas y sentir el consuelo de su mirada que nos acaricia.

Estando con Ella aprendemos de Ella. ¿Qué necesitamos hoy aprender del ejemplo de tan buena Madre? Necesitamos aprender a creer. Ella es la mujer creyente por excelencia. A Ella le dijo su prima Isabel: “Dichosa porque has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Caminemos con María conscientes de la crisis de fe que vive nuestro mundo y que nos afecta a todos. Necesitamos decir lo mismo que aquel hombre que tenía un hijo enfermo y le suplicó al Señor: “Creo Señor, pero aumenta mi fe”. Que la Virgen María nos acompañe en esta petición y podamos ser creyentes como Ella, que se mantuvo siempre fiel a Dios en medio de las pruebas: la pobreza, el destierro, la Cruz de su Hijo.

Caminar con María es caminar con la Madre de la Iglesia. Ella está siempre unida a su Hijo y a los discípulos de su Hijo, que nos la regaló como Madre. Estar con María es aprender a ser Iglesia, a ser comunidad. Ella abre nuestros oídos a lo que su Hijo nos dice: “que sean uno para que el mundo crea”. Vivimos una profunda crisis de individualismo, que nos lleva a la indiferencia hacia nuestros hermanos y a olvidarnos de la dimensión comunitaria de nuestra fe. María nos enseña que la Iglesia es nuestro hogar. Si no descubrimos este hogar vivimos en la intemperie y nos perdemos.

Para obtener la gracia jubilar la Iglesia nos pide que recitemos el Credo y oremos por las intenciones del Papa. Con María pronunciemos las palabras del Símbolo de nuestra fe y unámonos al Sucesor de Pedro, cuya misión es custodiar la fe y la unidad de la Iglesia.

Hacia Cristo.

Todo buen camino conduce a una buena meta. Mientras avanzamos por el camino le rezamos a la Virgen: “Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. Muéstranos a Jesús porque la meta del camino es Él: el Buen Pastor, que la Virgen nos muestra entre sus manos como un niño.

A veces el camino se hace difícil y necesitamos un guía. Cristo, como Buen Pastor, va con nosotros, por eso podemos decir: “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan”. Cristo es camino y meta porque siguiendo sus pasos encontramos el camino de la vida. “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

La Virgen María nos acompaña al encuentro con Cristo, la perla preciosa y el tesoro por el que vale la pena dejarlo todo. San Pablo en el camino de Damasco, cuando perseguía a los cristianos, se encontró con Cristo resucitado. Después de este encuentro, decía: “Todo lo considero pérdida comparado con el conocimiento de Cristo, mi Señor”.

Avancemos siempre hacia Cristo, crezcamos como discípulos suyos, alimentándonos con la Eucaristía. Cristo se hace alimento por nosotros y nos ofrece su Cuerpo como Pan de Vida. El que come su carne habita en Él, nunca está solo. Redescubramos a Cristo como compañero de camino. Él nos ayudará a superar otra crisis que afecta a nuestra sociedad: la soledad y la falta de sentido. Con Él todo se ilumina porque Él es la luz del mundo. Y Él nos abrirá los ojos para que sepamos ser compañeros — que significa los que comparten el pan– de los pobres y necesitados que encontremos en las cunetas de la vida o al margen del camino.

Para obtener la gracia jubilar hemos de celebrar y participar de la Eucaristía, encuentro y comunión con Cristo. Quiera Dios que no sólo la celebremos con motivo de la peregrinación, sino que pongamos la Eucaristía en el centro de nuestra vida cotidiana. Con afecto os bendigo.

 

✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 05 Jun 2019 13:41:36 +0000
“No sin el domingo” http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/49039-“no-sin-el-domingo”.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/49039-“no-sin-el-domingo”.html “No sin el domingo”

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Mis queridos hermanos y hermanas:


La celebración de la Pascua del Señor requiere un tiempo de preparación intensa: la Cuaresma. Necesitamos abrir el corazón y purificarlo para acoger en nuestra vida el gran don del amor de Dios manifestado, sobre todo, en la Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo. Como dice el Concilio Vaticano II: “La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana, en el día que llamó «del Señor», conmemora su Resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa Pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua” (Sacrosanctum Concilium, 102).

El tiempo de Cuaresma nos invita a centrarnos en lo fundamental de la vida cristiana, tantas veces difuminada y dispersa en una sociedad que la oculta tras lo superficial y secundario. La Cuaresma nos sitúa ante el “mandamiento principal”: Amarás al Señor con todo el corazón y al prójimo como a ti mismo (Cf. Mt 22, 37-39). ¿Cómo amamos a Dios? ¿Cómo amamos al prójimo? Hemos de pasar de las palabras a la vida. No amemos de palabra, sino con obras y verdad (Cf. I Jn 3, 18). La pedagogía cuaresmal nos enseña a traducir en gestos y comportamientos concretos el mandato del amor. Pongámonos en camino y entremos en este proceso de conversión, con honestidad y realismo.

Para poder avanzar, es crucial reconocer que Dios nos ha amado primero –nos primerea, como dice nuestro querido papa Francisco– . La Pascua nos hace presente el amor de Dios que nos ha devuelto la vida en la Muerte y Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. Y, si Él nos ha amado así, estamos llamados a corresponder a su amor. Todos podemos mostrar el amor al Señor de muchas maneras. Pero, si hay un día en el que, juntos como Iglesia, mostramos nuestra gratitud al Resucitado, es el domingo, el Día del Señor. Un día para la comunidad cristiana, la familia y el descanso.

El Concilio Vaticano II recuerda que: “La Iglesia, por una tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón “día del Señor” o domingo (…). Por esto el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles (…), el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico” (Sacrosanctum Concilium, 106).

Durante una de las persecuciones de Diocleciano (304 d.C.), un sacerdote acusado de haber celebrado la Eucaristía, afirmó: “sine dominico non possumus vivere”, esto es, sin el domingo no podemos vivir. Y en la misma persecución, una cristiana dijo: “Si he ido a la asamblea y he celebrado la cena del Señor con mis hermanos, es porque soy cristiana”. Estos mártires prefirieron morir antes que privarse del alimento eucarístico en el Día del Señor. El mismo testimonio siguen dando hoy muchos cristianos, a los que acudir a misa el domingo puede costarles la vida por el odio de los fundamentalistas, como oímos con frecuencia en las noticias.

Mostremos nuestro amor a Dios dedicándole con alegría este día en que los cristianos testimoniamos ante el mundo que Cristo ha resucitado. El corazón del domingo es la Eucaristía, que ha de ser vivida como un encuentro gozoso con el Señor; no como una obligación. En ella somos iluminados con su Palabra y alimentados con su Cuerpo, verdadero Pan de vida. Es la reunión de los hermanos que compartimos alegría y esperanza en medio de nuestras dificultades; es el momento en el que nos reconocemos Iglesia y encontramos la posibilidad de participar en las campañas de solidaridad con todos nuestros hermanos. Redescubramos el domingo como la fiesta central de los cristianos, como seña de nuestra identidad.

En nuestra sociedad secularizada, la congregación de la comunidad cristiana en el domingo es también un signo que anuncia a Cristo resucitado en medio del mundo. Es el día en que mostramos nuestro amor a Dios, alabándolo y dándole gracias.

El Papa en su mensaje para la Cuaresma de este año, nos invita a cuidar la Creación. El domingo nos ofrece la posibilidad de disfrutar de las maravillas que Dios ha creado y de tomar conciencia del cuidado que requiere la “Casa Común”.

Nos preguntamos también cómo amamos al prójimo. Las prácticas cuaresmales: oración, limosna y ayuno, son medios que educan nuestra sensibilidad, para vivir más libres de nuestros caprichos, para mejor servir y compartir. Además de lo que cada uno hace con quienes le rodean, es importante seguir trabajando como Iglesia diocesana en favor de aquellas personas más vulnerables que se encuentran entre nosotros.

Agradezco de corazón la generosidad que habéis mostrado siempre con el “gesto de Cuaresma”, que este 2019 cumple diez años. Especialmente, la generosidad mostrada el curso pasado hacia el Hogar Santa María de los Milagros. Tanto las Hermandades, como las Parroquias, con la coordinación de Cáritas, habéis hecho posible que, quienes carecen de hogar, encuentren un lugar de acogida en los momentos críticos de la enfermedad. Queridos hermanos y hermanas, es necesario que sigamos apoyando este servicio diocesano como expresión de nuestro amor a los más necesitados. No nos cansemos de hacer el bien (Cf. II Tes. 3, 13).

Si vivimos la Cuaresma como tiempo de conversión, dejándonos trabajar interiormente por el Señor, desembocaremos en la Semana Santa con el corazón bien dispuesto para un encuentro vivo con Jesucristo. Las celebraciones litúrgicas vividas en el interior de nuestras parroquias y las manifestaciones de fe por nuestras calles nos darán la oportunidad de unirnos más a Cristo y de testimoniarlo a todo el mundo. Serán momentos intensos de una Pascua solemne que encontrará eco durante todo el año en la pascua semanal cada domingo. No vivamos solo el flash intenso de unos días extraordinarios y mantengamos la lámpara encendida todos los días del año.

Rezo con vosotros y por vosotros. Gracias porque rezáis por mí.
Con afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 06 Mar 2019 14:00:07 +0000
60 años contra el Hambre http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/48536-60-años-contra-el-hambre.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/48536-60-años-contra-el-hambre.html 60 años contra el Hambre

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:


El año 1959 marcó el inicio de un proyecto de las Mujeres de Acción Católica que, comprometidas con su fe e impulsadas por la caridad, a instancias de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, comenzaron a trabajar para responder a un llamamiento de la FAO con el fin de erradicar el Hambre del mundo. Si fueron las mujeres las primeras en ser testigos de la Resurrección del Señor (Cfr. Lc 24, 1 y ss.), también lo fueron a la hora de responder, – como testigos del Señor en la Iglesia– , al desafío y escándalo de la muerte de tantas personas por el Hambre.

Desde entonces, febrero nos trae una cita con los hermanos que sufren esta lacra. Como dice el Santo Padre: “Es un escándalo que todavía haya hambre y malnutrición en el mundo. No se trata sólo de responder a las emergencias inmediatas, sino de afrontar juntos, en todos los ámbitos, un problema que interpela nuestra conciencia personal y social, para lograr una solución justa y duradera” (Carta del Papa Francisco al Presidente de la FAO, 2013). Es la cita de la Campaña de Manos Unidas, que en realidad nos da la oportunidad de hacer algo concreto para contribuir a erradicar el Hambre. Lo concreto es muy importante, como ya el Papa apuntaba en torno a qué podemos hacer: “Sólo cuando se es solidario de una manera concreta, superando visiones egoístas e intereses de parte, también se podrá lograr finalmente el objetivo de eliminar las formas de indigencia determinadas por la carencia de alimentos” (Ibídem).

Manos Unidas nos da argumentos para acciones concretas, con proyectos concretos, que se encargan de hacernos conocer, para concienciarnos y animarnos a colaborar con ellos. La peor respuesta es la que no existe y cualquier rasgo de generosidad que tengamos con Manos Unidas está significando ya una respuesta a una llamada que, para nosotros, tiene el eco de las palabras de Jesús: “Tuve hambre y me disteis de comer” (Mt 25, 35).

En estos sesenta años de campaña de Manos Unidas, la de esta edición se dedica especialmente a los proyectos que van encaminados a la promoción de la mujer, por su papel en la realidad socio-económica de los lugares donde el Hambre tiene singular presencia. Es una manera de trabajar por el Reino de Dios y su justicia. Que vuestros corazones se abran generosos a la llamada de Manos Unidas. Con mi afecto y bendición.


✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 08 Feb 2019 13:49:20 +0000
Somos una gran familia contigo http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/46977-somos-una-gran-familia-contigo.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/46977-somos-una-gran-familia-contigo.html Somos una gran familia contigo

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Mis queridos hermanos y hermanas:

Cada año, el Día de la Iglesia Diocesana se ofrece como ocasión para vigorizar nuestro sentimiento de pertenencia al Pueblo de Dios que peregrina en Huelva y en este momento concreto. En una comunidad concreta como nuestra Diócesis de Huelva nacimos a una nueva vida por el bautismo y fuimos insertados en Cristo. En ella somos acogidos y crecemos alimentados por la Palabra que se nos anuncia y por la participación en los sacramentos que celebramos, de un modo especial la Eucaristía de cada domingo. También en nuestra Iglesia seguimos a Jesucristo a quien, contando con nuestra pobreza, testimoniamos en esta sociedad onubense.

De un modo especial, esta experiencia de la vida creyente la vivimos en la parroquia donde nos reconocemos como una gran Familia de familias, como os decía en la Carta Pastoral de comienzo del curso pastoral. Quisiera que este curso pastoral pongamos la mirada en las familias que se acercan a nuestras parroquias, especialmente en las que lo hacen por primera vez, para que descubran en ellas el lugar donde “las familias nacen, se encuentran y se confrontan juntas, caminando en la fe y compartiendo caminos de crecimiento y de intercambio mutuo” (Instrumentum Laboris de la XIV Asamblea General Ordinaria, 53). Porque la familia es un don para la parroquia, como, en esa reciprocidad, la parroquia también es un bien para la familia.

Estoy convencido de que la presencia de estas familias nutre la propia vida de la Iglesia y de que, a su vez, deben encontrar en ella un ámbito donde compartir el don que son para la Iglesia. De este modo, la Iglesia les entrega el alimento y la compañía adecuados para seguir creciendo en medio de una sociedad en la que con frecuencia se sienten solas y amenazadas.

Pero la Iglesia, la parroquia, como la familia, está formada por miembros que están invitados a dar una respuesta personal, desde lo que cada uno es. Una respuesta en comunidad, pero que parte de una opción personal, consciente y animada por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Con esa fuerza contribuimos todos los miembros de la diócesis, a través de nuestras parroquias, nuestras asociaciones y movimientos diocesanos, a través de tantas realidades pastorales de la Iglesia onubense, que quieren dar respuesta a la transmisión, celebración y testimonio de la fe. Somos una gran familia que se construye con el «Sí» de cada uno. Contigo acompañamos en el aprendizaje del amor de Dios a nuestros hermanos, en la iniciación cristiana de los más pequeños y en la formación permanente de los adultos. Contigo, celebramos la presencia de Cristo en nuestras vidas. Contigo, servimos a las personas, especialmente a los más pobres, para lograr prosperidad en educación, salud y trabajo, de acuerdo con la dignidad de toda persona humana. Por eso quiero dar gracias a Dios por ti, por cada miembro de esta Gran Familia que es nuestra Iglesia Diocesana, porque, a través de vuestra colaboración y, con la gracia del Señor, hacéis presente a Cristo, vida nuestra, en la Huelva de hoy.

Con afecto os bendigo.

+ José Vilaplana
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 09 Nov 2018 15:04:30 +0000
La parroquia, familia de familias http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/46184-la-parroquia-familia-de-familias.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/46184-la-parroquia-familia-de-familias.html La parroquia, familia de familias

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo cordialmente en el Señor al comenzar este nuevo curso pastoral. Iniciamos el cuarto año del Plan Diocesano de Evangelización animados por las palabras del Papa Francisco en su última exhortación Gaudete et exsultate. En ella, el Santo Padre nos invita a descubrir nuestra vocación a la santidad “viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (GE, 14).

Acogiendo con alegría y esperanza este mensaje del Santo Padre, nos disponemos a poner en marcha la cotidianidad de nuestra vida con ánimo renovado y atendiendo a los retos que el momento actual nos plantea. En este sentido, y después de escuchar a los Consejos de Pastoral y Presbiteral, vemos la necesidad de una verdadera renovación de las parroquias y de una comprometida dinamización de sus miembros. Ambos retos vienen de la mano, pues sin esa “savia nueva” que rejuvenezca el rostro de las parroquias tampoco aflorarán nuevas iniciativas y nuevas maneras de afrontar la tarea pastoral y evangelizadora, siempre necesaria.

Por otro lado, venimos hablando en los últimos años de la oportunidad que, en este sentido, ofrece el acercamiento de muchas familias a las parroquias con ocasión de la Iniciación Cristiana de sus hijos y la posibilidad de ofrecerles una buena acogida y un camino que les ayude a valorar su identidad cristiana, su pertenencia a la Familia de familias que es la Iglesia y su participación activa en Ella, para así “consolidar la reciprocidad entre familia e Iglesia: la Iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia” (Amoris Laetitia, 87). Estoy convencido de que la presencia de estas familias nutre la propia vida de la Iglesia y de que, en contrapartida, deben encontrar en ella un ámbito donde compartir el don que son para la Iglesia. De este modo, la Iglesia les entrega el alimento y la compañía adecuados para seguir creciendo en medio de una sociedad en la que con frecuencia se sienten solas y amenazadas.

Por todo ello, quisiera que este curso pastoral pongamos la mirada en las familias que se acercan a nuestras parroquias, especialmente en las que lo hacen por primera vez, para que descubran en ellas el lugar donde “las familias nacen, se encuentran y se confrontan juntas, caminando en la fe y compartiendo caminos de crecimiento y de intercambio mutuo” (Instrumentum Laboris de la XIV Asamblea General Ordinaria, 53).

1. La familia, un don para la parroquia.

Es encomiable la generosidad que, durante años, vienen mostrando a través de una presencia las más de las veces desapercibida o silenciosa quienes han sostenido la actividad en nuestras parroquias desde la catequesis, en los grupos de Cáritas, con los enfermos u otras tareas pastorales. Nunca será suficiente el agradecimiento por el bien que han hecho.Sin embargo, a menudo nos encontramos con la dificultad de poder “pasar el testigo” a nuevas generaciones de cristianos adultos que continúen esta necesaria labor. Incluso, en algunos casos, comienza a experimentarse un vacío, una falta de obreros, mientras que no disminuye la demanda de estos servicios pastorales. Esta exigencia no siempre viene acompañada de un sentimiento de familia y disponibilidad que mueva a integrarse y a participar de un modo más activo. Todo ello implica una respuesta generosa y de confianza: generosidad por parte de estos nuevos adultos, padres y madres de familias, capaces de asumir un papel más protagonista en la vida de la comunidad y a los que hay que saber acoger e invitar explícitamente a esta incorporación; por otro lado, la necesaria confianza por parte de quienes han venido desarrollando esta labor para que estos nuevos agentes puedan continuar la tarea aportando también su propio estilo, creatividad y experiencia.

Es verdad que muchos de estos adultos no tienen el bagaje o la experiencia propias de personas con un itinerario de fe que les haya llevado a madurar las propias opciones. Muchos necesitan una adecuada formación no sólo para asumir estas tareas sino, fundamentalmente, “para dar razón de nuestra esperanza a todos los que nos la pidan” (1Pe 3,15-16). En un mundo tan plural como el nuestro es especialmente urgente la formación no sólo para desarrollar algunas actividades dentro de la parroquia, sino principalmente para ser discípulos y testigos en medio de la sociedad. En este sentido, el Centro Diocesano de Teología, Pastoral y Espiritualidad pone en marcha este curso un trienio de formación para capacitar a estos nuevos agentes con una adecuada preparación teológica y pastoral. Además, la puesta en marcha de la nueva Acción Católica General en nuestra diócesis ofrece un itinerario de maduración de la vida creyente. Son medios que se ponen a nuestro alcance y que debemos aprovechar.

No podemos caer en el error de pensar que, porque encontremos en estos posibles agentes algunas carencias, no puedan aportar su conocimiento del mundo actual y su experiencia vital en medio del contexto social en el que se desenvuelven. Debemos convencernos de que necesitamos esta mirada y este diálogo para encontrar nuevos lenguajes y formas de seguir anunciando hoy el mensaje del Evangelio.

2. La parroquia, un bien para la familia.

Dice el Papa que “la Iglesia desempeña un rol precioso de apoyo a las familias, partiendo de la iniciación cristiana, a través de comunidades acogedoras” (AL, 85). Y es precisamente en este campo donde deseo ofrecer una propuesta concreta: crear pequeños grupos de familias que se comprometan a crecer juntas y apoyarse en la educación cristiana de sus hijos.

La familia se siente sola muchas veces sin saber cómo afrontar algunos desafíos actuales en la educación de sus hijos o cómo sobrevivir en un mundo de prisas, exigencias y competición. El testimonio de la familia cristiana en las obras del día a día ofrece una luz, y es un revulsivo para esta sociedad de lo efímero. Por eso, es bueno que algunas familias se reúnan habitualmente para compartir preocupaciones y soluciones, para encontrar en el Evangelio el alimento que perdura, reconforta y les hace vivir y crecer en comunidad.

Los padres que se acercan a la parroquia con ocasión de la Iniciación Cristiana de sus hijos a menudo equiparan la catequesis a la formación que los niños reciben en la escuela, como un tiempo necesario que les habilita para un objetivo final, que en este caso no es aprobar el curso sino recibir el Sacramento. De este modo, una vez celebrado no encuentran razones para continuar vinculados a la comunidad parroquial. Incluso la participación en la Misa Dominical es percibida por estos padres como un requisito más que como una celebración de toda la familia. Hay que ayudarles a ver que la parroquia es un espacio en el que la familia inculca, testimonia y celebra su fe y en el que cada miembro encuentra respuesta a su proceso creyente.

Es por eso que propongo que en las parroquias se creen grupos de familias que, a modo de “escuela de padres”, se ayuden en la educación de los hijos; se comprometan a participar en la misa dominical y desarrollen juntos alguna actividad sencilla para celebrar el domingo como Día del Señor (objetivo de la Conferencia Episcopal Española para el próximo año), algún día especial de la familia en la parroquia u otra actividad para fomentar la relación entre los padres, pero también entre hijos en los que encuentren iguales con los que compartir y disfrutar. Además, en algunos lugares se pueden trazar puentes también con la escuela, proponiendo experiencias de colaboración y crecimiento conjunto.

Os invito a dar un primer paso en aquellas parroquias donde aún no hemos estrenado ninguna iniciativa de este tipo aunque, en general, sé que no partimos de cero. Algunas parroquias ya tienen experiencias positivas en el campo de la mayor participación de los padres en la iniciación cristiana de sus hijos, por lo que también os animo a consolidarlas y a compartirlas con otras parroquias vecinas.

Finalmente, no quiero dejar pasar de largo la celebración del próximo Sínodo que pondrá su mirada en la juventud, pues dentro de la familia hay que atender especialmente a los jóvenes. Este acontecimiento eclesial nos estimula a escucharlos y a acompañarlos en su fe y en su vocación. En este sentido, un grupo animoso de jóvenes de nuestra Diócesis está participando en una experiencia que llamamos “Iglesia a la escucha”, de la que esperamos propuestas concretas. Estemos atentos y apoyemos sus iniciativas.

Que la Sagrada Familia de Nazaret –Jesús, María y José– sea nuestro ejemplo, nos estimule en nuestra vida cristiana y nos proteja.

Con afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 26 Sep 2018 13:37:20 +0000
Memoria viva de la visita de un Papa santo http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/44873-memoria-viva-de-la-visita-de-un-papa-santo.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/44873-memoria-viva-de-la-visita-de-un-papa-santo.html Memoria viva de la visita de un Papa santo

Carta pastoral del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana con motivo del XXV Aniversario de la Visita Apostólica de San Juan Pablo II a la Diócesis de Huelva)

Queridos hermanos y hermanas:

Hace veinticinco años San Juan Pablo II visitó la Diócesis de Huelva. El Papa celebró la Eucaristía en la ciudad y visitó los lugares colombinos de Moguer, Palos de la Frontera y La Rábida, donde coronó a la Virgen de los Milagros. Culminó su visita en El Rocío, donde tuvo un encuentro con las hermandades rocieras y devotos de la Virgen. Todo ello, constituye, sin duda, uno de los hitos históricos de nuestra Iglesia particular.

El 14 de junio de 1993 ya ha quedado marcado con letras de oro en la historia de Huelva. Ahora, pasados estos veinticinco años, es el momento del recuerdo agradecido y de la memoria de sus enseñanzas en aquel día inolvidable para nuestra diócesis, porque su mensaje sigue tan vivo como entonces. Esta carta quiere resaltar la importancia que tuvo aquella Visita Apostólica, por cuanto el Sucesor de Pedro en aquel momento confirmó en la fe a esta joven Iglesia diocesana y le mostró unas pautas que sirvieron en su día para programar el trabajo pastoral y su implantación en adelante. El recuerdo de aquellas palabras se nos ofrece como un eco lleno de actualidad y estímulo para nuestra Iglesia de hoy:

1. Huelva, sé tú misma. Identidad y misión.

En la importante homilía de la celebración eucarística en la Avenida de Andalucía, -en la que tuve la dicha de participar junto a vuestros pastores de entonces, D. Rafael y D. Ignacio-, el Papa hizo un llamamiento al mantenimiento de la identidad cristiana de Huelva y a ser coherentes con ella. Con mucha actualidad resuenan sus palabras: “El alejamiento de Dios, el eclipse de los valores morales ha favorecido también el deterioro de la vida familiar…” (Homilía en Huelva, 6). Así como aquellas otras en la que decía a la comunidad cristiana de Huelva: “Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces” (Ibídem, 7).

Nuestra sociedad sigue sufriendo la misma preocupación descrita por San Juan Pablo II, quien nos llamaba a la coherencia de vida frente a los signos de descristianización que no pueden llevarnos “a una resignación conformista o a un desaliento paralizador” (Ibídem, 8), sino a una nueva evangelización necesitada de un laicado adulto y responsable.

En este sentido, conocéis los esfuerzos pastorales que se han venido haciendo en la diócesis. Los sucesivos pastores no nos hemos cansado de hacer una constante llamada a la formación y a la profundización en los fundamentos de nuestra fe para poder dar razón de nuestra esperanza. No hay, pues, motivo para el desánimo, como decía el Papa santo: “por muchas que sean las sombras que oscurecen el panorama, son más los motivos de esperanza”, citando las raíces cristianas de Huelva, la fe en Jesucristo y la devoción mariana de nuestro pueblo (Cfr. Ibídem, 7).

2. La aportación de Huelva a la evangelización de América y nuestros retos.

El motivo final de la Visita de San Juan Pablo II a nuestra diócesis vino marcado por la celebración del V Centenario de la Evangelización de América, gesta que convirtió “en realidad geográfica y humana la vocación universal -católica- del cristianismo” (Ibídem, 2). Ese recuerdo del pasado, decía el Papa, ha de ser “estímulo y acicate para afrontar con decisión y coraje apostólico los desafíos del presente” (Ibídem, 3).

El Señor nos sigue llamando a evangelizar porque, como nos recuerda el Papa Francisco, “la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (Evangelii Gaudium, 1). ¿Cómo no darlo, pues, a conocer? Si los onubenses del siglo XV fueron capaces de cumplir una misión histórica, también los del siglo XXI han de tener esa audacia, conscientes además de que la evangelización, como decía San Juan Pablo, no se limita al anuncio de un mensaje, sino que pretende “alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la Palabra de Dios y con su designio de salvación” (Evangelii nuntinadi, 19).

3. La valoración de la piedad popular.

Según el Papa Francisco, la piedad popular es “verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal” (Evangelii Gaudium, 122). El Pueblo de Dios que camina en Huelva exultó de gozo con el Papa polaco ante las imágenes sagradas que identifican su piedad. San Juan Pablo II resaltó sus valores y avisó sobre los riesgos de su banalización: “desligar la manifestación de religiosidad popular de las raíces evangélicas de la fe, reduciéndola a mera expresión folklórica o costumbrista sería traicionar su verdadera esencia”. (Discurso en El Rocío, 3). Aún hoy tenemos que cuidarla, purificarla y convertirla en verdadera escuela de vida cristiana (Ibídem).

Después de mucho trabajo, vemos con humildad y gratitud cómo las instituciones que encauzan la piedad popular de nuestra tierra van creciendo en su eclesialidad, en la valoración de la liturgia, de la evangelización y de la caridad. Sigamos así y mantengamos estos esfuerzos para que nuestras hermandades y cofradías, como pide el Papa Francisco, sean más evangélicas, eclesiales y misioneras (Cfr. Homilía Jornada de las Cofradías y de la piedad popular, 5-V-2013).

4. La sensibilidad del Papa ante los problemas sociales.

San Juan Pablo II vino también a animar la fe de nuestro pueblo, una fe que ha de ser traducida en obras. Por eso, nos dejó el legado de sus palabras sobre la situación social del momento, describiéndola y buscando en la exclusión de Dios una explicación a esta realidad. El Sucesor de Pedro decía que esta omisión “tiene gravísimas consecuencias” (Homilía en Huelva, 5), como “la ausencia de los valores morales”, que está en “la raíz de sistemas económicos que olvidan la dignidad de la persona y de la norma moral, poniendo el lucro como objetivo prioritario y único criterio inspirador de programas” (Ibídem), refiriéndose al paro laboral y a las consecuentes lacras de la marginación social.

En la actualidad, la exclusión de Dios ha llevado a la “sociedad del descarte” de la que habla el Papa Francisco. Nuestros jóvenes buscan un mejor futuro fuera de nuestras tierras, mientras que éstas son pisadas por inmigrantes que malviven en los asentamientos de nuestra provincia, entre otras situaciones de injusticia. Tenemos que seguir denunciando las causas de estas realidades, apelando a la responsabilidad compartida y a la creatividad de todos para erradicarlas y para evitar sus nefastas consecuencias, tal y como se viene realizando desde Cáritas Diocesana, junto a otras organizaciones.

5. Bajo la mirada de María.

La impronta mariana caracterizó la Visita Apostólica de San Juan Pablo II a nuestra diócesis. En todos los lugares visitados veneró las benditas imágenes de María a las que el pueblo invoca desde hace siglos.

Ante la nombrada como “Santa María, Estrella de la Evangelización, Madre de España y de América”, rezó y pidió renovar “la memoria, cinco veces centenaria, del anuncio de Cristo a los pueblos del Nuevo Mundo” (Oración a la Virgen de los Milagros en La Rábida, 4). También yo, como Obispo vuestro, presento a la Madre Inmaculada, Estrella de la Evangelización, los actos conmemorativos del XXV Aniversario de la Visita Apostólica de San Juan Pablo II a nuestra diócesis, que celebraremos con un triduo los días 13, 14 y 15 de junio, así como una solemne misa el 16 de junio, en la Parroquia de San Sebastián de Huelva, donde están su imagen y su reliquia, y donde se proclamó como Patrón de la Juventud de la Diócesis.

Que al recordar sus palabras, nos estimule el ejemplo de su vida y que la intercesión de aquel Papa santo que nos confirmó en la fe y nos alentó a seguir a Jesús, el Hijo de María, nos ayude a avivar las raíces cristianas de Huelva, con coherencia de vida, con renovado ímpetu evangelizador y con verdadero espíritu de servicio a todos los hermanos, especialmente a los más desfavorecidos y vulnerables.

Con afecto os saludo y bendigo.

✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 08 Jun 2018 11:27:31 +0000
Amarás a Dios y amarás al prójimo http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42844-amarás-a-dios-y-amarás-al-prójimo.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42844-amarás-a-dios-y-amarás-al-prójimo.html Amarás a Dios y amarás al prójimo

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

Dios es amor y amarle a Él y amar al hermano, inseparablemente, es el signo de una vida cristiana auténtica. Cada Cuaresma, la Iglesia nos invita a renovar y revitalizar este amor que está permanentemente expuesto a enfriarse. Así nos lo ha recordado el Papa Francisco, en su mensaje para esta Cuaresma, al ponernos en guardia frente a los falsos profetas que nos invitan a una vida fácil y nos seducen con falsas promesas de una vida egoísta que “enfrían nuestro amor”.

En esta sencilla carta, al inicio de este tiempo de conversión, os exhorto a preguntaros en serio cómo está nuestro amor a Dios, a volver a Él y, alimentados por su Palabra y la celebración de los sacramentos, reavivar vuestro corazón. Así se encenderá de nuevo, como experimentaron los discípulos de Emaús (Cf. Lc 24, 13-25).

El amor a Dios y al prójimo ha de actualizarse y vivirse en cada momento de la historia para traducirlo en acciones concretas y adecuadas, de manera que no amemos de palabra sino con obras y verdad (Cf. I Jn 3, 18). Amar es tomarse en serio al otro en este doble sentido: tomarse en serio las cosas de Dios y tomarse en serio la situación del hermano. Amar significa preguntarse qué espera el otro de mí. Deseo centrarme en esta breve carta en el amor y servicio a los más necesitados que se encuentran entre nosotros.

Cada uno personalmente, de hecho, ayudamos y acompañamos a muchas personas. Esto no puede faltar en la vida cristiana. Pero hay otro modo, complementario y necesario, de ayudar de forma comunitaria y organizada. Porque hay situaciones y necesidades que sólo podremos afrontar debidamente uniendo nuestros esfuerzos. Esta forma de acercarnos a los demás expresa la solicitud de la madre Iglesia por sus hijos más débiles. Este servicio de la Iglesia a los últimos, organizado y comunitario, lo llevamos a cabo por medio de Cáritas.

¿Qué es Cáritas? Es la mano generosa de la Iglesia que sirve a los últimos de la sociedad. En su nivel parroquial, diocesano, nacional e internacional, desea acercarse a los más vulnerables; reconociendo la dignidad de toda persona humana y procurando su promoción y desarrollo integral.

Nuestra Diócesis de Huelva está atenta a las situaciones que demandan de todos nosotros una mayor atención. Además de las personas sin hogar, hay entre nosotros un gran número de inmigrantes que vive en situaciones indignas de cualquier ser humano. Pero, además, dentro de ellos, hay un grupo que sufre a causa de la enfermedad o el accidente. Se convierten así en los últimos de los últimos.
Los cristianos no podemos ser indiferentes ante estas situaciones. El Papa Francisco, en su mensaje cuaresmal de este año, recuerda unas palabras del Papa Pío XII, y nos dice que: “cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos. Y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?”.

El tiempo de cuaresma es tiempo de oración, ayuno y limosna: tiempo de saber renunciar a nuestros caprichos, para poder compartir con más generosidad.

Nuestras Cáritas están necesitadas de recursos para prestar mejor ayuda. Algunas instituciones están retirando su ayuda a Cáritas y esto requiere que nosotros aumentemos nuestros recursos propios para seguir acompañando a los más necesitados. ¿Qué podemos hacer? Tomemos en serio lo que venimos haciendo: la colecta del primer domingo de mes; el Gesto de Cuaresma; la renovación de nuestros equipos de Cáritas, con más voluntarios; la información de lo que la Diócesis está haciendo y la formación para realizar una Caridad más promocional; la reflexión sobre lo que cada uno, o cada familia, puede compartir.

Queridos hermanos y hermanas, no olvidemos que el Señor nos preguntará al final de nuestros días: ¿Qué has hecho por mí en el hermano? Quiera Dios que nuestra respuesta sea: ten piedad de mí, he intentado amarte con todo mi corazón, sirviendo y ayudando a mis hermanos.

Con todo afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 14 Feb 2018 13:52:55 +0000
Poner en común nuestra vida y nuestros bienes http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42721-poner-en-común-nuestra-vida-y-nuestros-bienes.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42721-poner-en-común-nuestra-vida-y-nuestros-bienes.html Poner en común nuestra vida y nuestros bienes

Carta del obispo de huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando estamos a las puertas de la Cuaresma, como en otros años, celebramos la Campaña contra el Hambre, la número 59 que organiza Manos Unidas, una organización nacida de la Acción Católica y que busca el desarrollo de los pueblos como una concreción de la siembra de las semillas del Reino. A veces puede parecernos estéril lo que podemos hacer ante un problema de características tan complejas como es el del hambre en el mundo, pero debemos recordar que lo nuestro es sembrar, y quien siembra recoge. Mejor dicho, nuestra siembra la recogerán otros, y, por lo tanto no debemos desfallecer en la tarea que nos propone con su campaña anual Manos Unidas.

Nuestra vida transcurre en un espacio concreto, y está llena de preocupaciones concretas, que a veces pueden distraernos de la universalidad que exige nuestra vocación cristiana. La Campaña contra el Hambre es una oportunidad para ensanchar nuestro corazón, para abrirnos a los problemas del prójimo, también de los prójimos que no conocemos pero son protagonistas, como nosotros, del cuidado de nuestra casa común, que“clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra”(Laudato Sí, 2).

El lema de este año es“Comparte lo que importa”. Y lo que importa es esta casa común que hemos recibido de Dios, que la creó y vio lo bueno de su creación (Cf. Gen 1, 31). Como nos recuerda el papa Francisco, los peores impactos del cambio climático“probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo. Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales”(Laudato Sí, 25). Por eso, en esta ocasión, Manos Unidas de Huelva es responsable de un proyecto en Padek (Camboya), en un lugar marcado por la sequía, en gran parte provocada por el cambio climático. Es una zona arrocera, de pequeños agricultores, en la que hay elevadas tasas de pobreza. Este proyecto concreto de Manos Unidas onubense pretende potenciar la productividad agrícola. Su ejecución hará frente a los gastos de reparación y construcción de infraestructuras de riego y saneamiento, así como a la adquisición de equipos y materiales, etc. De este citado proyecto 2.167 personas serán las beneficiadas directamente y 19.000 personas de forma indirecta.

¿Nos importa la Creación? ¿Nos importan los habitantes de esta casa común? ¿Nos importan nuestros hermanos? La Campaña de Manos Unidas nos da la posibilidad de poner en común nuestra vida y nuestros bienes. Contribuyamos con nuestra preocupación por los hermanos lejanos, puesto que, como nos recuerda el Papa:“necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia”(Laudato Sí,52). Y contribuyamos, en la medida de nuestras posibilidades, con nuestros bienes, que harán posible concretar nuestro amor a Dios en nuestros hermanos.

Con mi afecto y bendición.

✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 09 Feb 2018 13:08:18 +0000
Contagia la alegría de Jesús http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42515-contagia-la-alegría-de-jesús.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42515-contagia-la-alegría-de-jesús.html Contagia la alegría de Jesús

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana, con motivo de la próxima celebración del Encuentro Diocesano de Catequistas

Queridos hermanos y hermanas:

El Encuentro Diocesano de Catequistas, que se celebra en Huelva el 27 de enero de 2018, es
una ocasión, un momento de gracia, al servicio de la comunión, pues sin duda estrechará los lazos
eclesiales, y será expresión de una Iglesia en salida, de una comunidad diocesana que intenta dar
respuesta a una pregunta del Señor que se ha convertido en vocación: “¿A quién enviaré?” (Is 6, 8).
Y la respuesta es sencilla: mujeres y hombres de todas nuestras parroquias que un día recibieron
la invitación a ser catequistas para contagiar la alegría de Jesús. La catequesis es ese conjunto de
esfuerzos, como decía San Juan Pablo II “realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar
a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en
su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo” (Catechesi
tradendae, 1).

Es grande y esencial esta tarea, tal como recuerda el Santo Padre Francisco: “Cuando la Iglesia
convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de
la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y
madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión». Por
consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y
acrecentemos el fervor, «la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar
entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza—
pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o
ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido,
ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo»” (Evangelii gaudium, 10). De la alegría del encuentro con
Jesús nace la necesidad de pregonarlo, de anunciar el amor de Dios. Esta es la misión de todas las
personas que se dedican a la catequesis.

Por tanto, quiero felicitaros por vuestra misión. Es más, quiero agradeceros en nombre de la
Iglesia este servicio sencillo, hermoso, esperanzador, a veces lleno de dificultades pero también de
satisfacciones.

También deseo recordaros la importancia de la formación permanente, como hacía en mi carta
La alegría de ser y vivir como cristianos hoy en Huelva, en la que presentaba el Plan Diocesano de
Evangelización 2015-2019, porque la formación “nos ayuda a afrontar y responder a los desafíos de
nuestra sociedad cambiante a la luz del Evangelio (...); formarse como cristianos es siempre conformarse,
hacerse semejante a Cristo en nuestro modo de pensar y de vivir”.

Esa es la misión de la Iglesia, esa es la misión de los catequistas, que de todos nosotros se pueda
decir, como del Señor Jesús: “pasó haciendo el bien” (Hch 10. 38). A ello nos ayude la intercesión de
María, la Estrella de la Evangelización, para que podamos imitar a Jesucristo.

Con afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 26 Jan 2018 10:49:42 +0000
“Buscar a Dios en lo pequeño” http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42068-“buscar-a-dios-en-lo-pequeño”.html http://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42068-“buscar-a-dios-en-lo-pequeño”.html “Buscar a Dios en lo pequeño”

Mensaje de Navidad del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

 

Los pastores, en Belén, encontraron la alegría al ver al Salvador, envuelto en pañales y recostado en un pesebre1. Con el deseo de que experimentéis y compartáis esta alegría, recibid un fraternal abrazo en esta Navidad y siempre.

 

Los pastores

Con estas palabras quiero felicitar a todos en esta Navidad. Os invito a fijaros en los pastores. Ellos recibieron la Buena Noticia del nacimiento del Señor, alegría para todo el pueblo. Al escuchar este mensaje no se quedaron inmóviles o indiferentes, sino que fueron corriendo y encontraron al Mesías, tan esperado, recostado en el pobre pesebre donde lo había colocado su santa Madre. Experimentaron la verdad del mensaje que habían recibido, y contaron y compartieron con otros lo que habían visto y oído y regresaron dando gloria y alabanza a Dios2. Así se celebró la primera Navidad. Esta es la esencia de toda auténtica Navidad.

Dios en lo pequeño

Esta es la Navidad que os deseo. Que sepamos buscar a Dios en lo pequeño, en lo sencillo, donde Él ha querido manifestarse. Que encontréis la alegría de contemplar al Dios hecho hombre, escondido en el humilde y blanco pan de la Eucaristía. Que “veáis” a Dios en el pobre y en el desvalido en los que Él ha querido esconderse. Que gustéis la presencia del Dios con nosotros, en el calor de la fraternidad y la unidad. Pedid la mirada de la fe para descubrir, adorar y servir esta sorprendente presencia. Así encontraremos la alegría que anhelamos.

La vida sencilla

La Navidad cristiana es una llamada a la vida sencilla y austera. Sólo así encontraremos tiempo para Dios, disponibilidad para los hermanos y cuidaremos de la “casa común”, la creación. La seducción del consumo compulsivo y caprichoso no nos permite gustar las cosas, bloquea el compartir y nos aboca al derroche. Aprendamos a disfrutar de lo sencillo, a saborear la compañía de las personas, y reconozcamos agradecidos “tanto bien recibido”3. Así nos lo ha recordado el Papa Francisco: “La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres”4. Hagamos un esfuerzo en nuestras familias para construir este sano estilo de vida. También el beato Pablo VI nos invitaba a mirar a la familia de Nazaret, "su sencilla y austera belleza”5.

Los abuelos

En este mensaje navideño quiero tener un recuerdo especial para las personas mayores. Nuestros abuelos son para nosotros testimonio de vida austera y sacrificada; hombres y mujeres que han trabajado mucho por nosotros y nos han dejado la herencia preciosa de la fe cristiana, con toda la riqueza de tradiciones entrañables que vivimos en estos días. Deseo expresar mi sincera gratitud a todos ellos, mostrando especialmente mi afecto a todos los que se encuentran solos o enfermos y a todos los que los cuidan y atienden con dedicación y entrega. Seamos agradecidos y generosos para acompañarles en estos días y todos los días. Con el Papa Francisco quiero decir: “¡Cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos!”.

Que el Niño-Dios nos llene a todos de su luz y de su paz.

¡Feliz Navidad!

✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Thu, 21 Dec 2017 13:24:33 +0000