En la actualidad, la Diócesis, con 472.446 habitantes, está dividida en 5 zonas pastorales, 9 arciprestazgos y 170 parroquias. Su clero está formado por 117 sacerdotes seculares, 1 diácono, 8 diáconos permanentes y 34 sacerdotes religiosos. Las religiosas son 380 en 62 comunidades muy integradas en la vida parroquial. Su nombre canónico, que en principio fue el de "Diócesis Huelvense" es, por Decreto de la Sagrada Congregación de Obispos de 2-7-1971, el de "Diócesis Onubense". Son sus patronos la Inmaculada Concepción de María y San Leandro, ratificados por Breve Pontificio de 14-6-1954.

La Diócesis de Huelva, segregada canónicamente de la Sevilla en 1953, es heredera de una milenaria tradición de fe. Parte notable de la Bética romana, era terreno abonado para la evangelización en los primeros siglos de nuestra era.

Los primeros datos fidedignos de cristianización en Huelva se remontan al obispo de Niebla Vincomalos, fallecido en el año 509 a la edad de 85 años. Del año 495, es la lápida de la niña Domigratia de Almonte. Otras inscripciones de aquellos años se han hallado en puntos tan distantes como Almonaster, Corteconcepción e Hinojales. Extensión territorial que denota una antigua y profunda labor de evangelización.

Época floreciente es sin duda la de la Iglesia hispanovisigótica, en la que ya se encuentra establecido un episcopado en la sede de Elepla (Niebla) al menos desde el año 466. No se ha podido reconstruir cuales fueron sus límites geográficos, pero puede pensarse que ocupara la mayor parte de lo que luego sería la Diócesis de Huelva.

Su primer obispo conocido es Vincomalos, (424-509), que ocupó la sed de Niebla en el 466. Basilio (obispo hacia 585-590), firmó las actas del III Concilio de Toledo y del Sínodo de la Bética en 590. Juan (c. 620-646) "santo obispo de venerable vida", que asistió en su última enfermedad a San Isidoro de Sevilla, suscribió las actas de los Concilios IV y V de Toledo, siendo representado por el diácono Clemente en el VII Concilio, de 646. Le sucede Servando (c. 647-656), asistente al Concilio VIII de Toledo. Geta (c. 670-688) es el cuarto obispo conocido en Niebla, que figura en los Concilios toledanos XII y XV. El último nombre de la sede eleplense que nos ha llegado es el de Pápulo (c. 689-?), por su firma en el Concilio XVI de Toledo, del año 693.

Comunidad mozárabe

Tras la invasión musulmana, el cristianismo pasa a ser una religión tolerada, si bien con libertades muy restringidas. La sede de Niebla permanece en un obligado silencio. Un chispazo de entereza, de los muchos que hubieron de producirse, lo protagoniza el noble iliplense que, por casar con una musulmana, se vio obligado a emigrar lejos con sus hijos Walabonso y María, hasta establecerse en Froniano, en la Sierra de Córdoba. Ambos jóvenes dieron su sangre por Cristo en una breve pero cruenta represalia de Abderramán II, en 851.

De la vida de los mozárabes en estos siglos poco o nada se sabe. Al-Himyari testimonia el culto cristiano en Huelva, recogiendo el dicho de que en una iglesia se veneran los restos de un apóstol. Del siglo X es una campana mozárabe hallada entre Aljaraque y Gibraleón.

La sede de Niebla queda definitivamente vacante hacia 1154 cuando su último obispo se ve forzado a huir a Toledo, junto con los prelados de Sevilla, Asidona y Marchena, ante la feroz intransigencia de los almohades. Fanáticos e iluminados, tuvieron tiempo durante un siglo para borrar los escasos restos de civilización cristiana que hubieran quedado en tierras onubenses.

Reconquista. Sede Hispalense

Tras la reconquista de Niebla en 1262 por Alfonso X, el obispado de Niebla no es reconstituido, a pesar de las intenciones de Fernando III, expresadas en el privilegio de 1252. Es sacrificado, con otras antiguas sedes, para engrandecer la mitra hispalense, en un intento de emular la sede toledana. Niebla pasa al recuerdo como un Arcedianato, Dignidad del Cabildo metropolitano que perduró hasta el Concordato de 1851. El territorio ilipense es, para todos los efectos, parte de Sevilla.

La providencia otorgó a un pequeño cenobio de la desembocadura del Tinto un protagonismo histórico en la más grande oportunidad de difundir el Evangelio de Cristo: La Rábida de la ruta oceánica. Onubenses las oraciones que hincharon sus velas y guiaron sus timones. Onubenses la primera fe que se asentó en las nuevas tierras.

Creación de la Diócesis de Huelva. Episcopologio

Entre los profundos cambios producidos en el siglo XIX cabe destacar la nueva organización territorial, una vez consumada la desaparición de los señoríos jurisdiccionales. Huelva pasa a ser provincia definitivamente en 1833. Y la Iglesia, tan quebrantada materialmente por la exclaustración primero y la desamortización después, se dispone a hacer frente a la nueva situación elaborando un Concordato. En él se plantea la necesidad de adecuar la división eclesiástica de diócesis a las nuevas provincias. Sin embargo, se llegó a la firma en 1851 sin que cuajara la idea de una Diócesis en la nueva provincia de Huelva.

No por ello se abandonó el tema. En 1937 se hallaba prácticamente ultimada la creación de la Diócesis onubense, cuando el sucesor del cardenal Ilundain, el también cardenal don Pedro Segura y Sáenz, opta por un aplazamiento indefinido. Pero nada más concluirse el nuevo Concordato entre la Santa Sede y el Estado Español, la Secretaría de Estado comunica al cardenal de Sevilla la creación de la nueva diócesis.

La Bula Pontificia "Laetamur Vehementer" es fechada el 22 de octubre de 1953. Es designado como primer obispo de la sede Mons. Pedro Cantero Cuadrado (* 1902 † 1978), que toma posesión el 15 de marzo de 1954, con cuyo acto comienza a regir la vida de la Iglesia en Huelva. Tenía entonces la nueva diócesis 6 arciprestazgos, 88 parroquias y 101 sacerdotes para 379.147 almas. Las comunidades religiosas eran 4 con 35 religiosos y 34 de mujeres con 273 religiosas.

Sucedió al primer obispo de Huelva Mons. José María García Lahiguera (nacido en 1903 y fallecido en 1989 con fama de santidad), quien tomó posesión el 23 de agosto de 1964, mediado ya el Concilio Vaticano II. Trasladado en 1969 a la Archidiócesis de Valencia, ocupa en 1969 el cargo de Vicario Capitular, Sede Vacante entre septiembre y diciembre, D. Bernardo Pascual Real (* 1927 † 2001).

El 18 de diciembre de 1969 tomaba posesión de la sede Mons. Rafael González Moralejo (* 1918 † 2004), a quien tocó conducir y pastorear el pueblo de Dios en Huelva en los difíciles pero esperanzadores años de postconcilio.

Desde el 16 de noviembre de 1990, contó con la ayuda del Excmo. y Rvdmo. Mons. Ignacio Noguer Carmona, que fue nombrado Obispo Coadjutor el 21 de octubre de 1990 y tomó posesión el 16 de noviembre del mismo año. El día 27 de octubre de 1993, tras la aceptación de la renuncia presentada ante la Santa Sede por Mons. González Moralejo, pasó a ocupar la sede onubense Mons. Noguer Carmona.

Con fecha, 8 de julio de 2006, Tras la aceptación, el 17 de julio de 2006, fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI, Mons. José Vilaplana Blasco, que ocupaba la Sede de Santander, como nuevo Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006.

Santoral

La Diócesis venera como santos propios al diácono San Walabonso y su hermana Santa María, oriundos de Niebla y martirizados en Córdoba el 7-6-851 y el 24-11-851 respectivamente. Igualmente venera al Beato Vicente de San José Ramírez, lego franciscano de Ayamonte, martirizado en Japón el 10-9-1622, y beatificado por Pío IX el 7-7-1867, con un grupo de 205 testigos de Cristo.

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