Málaga Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://www.odisur.es Fri, 19 Apr 2019 19:06:24 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Año Jubilar de los Hemanos de La Salle con motivo del III Centenario de la muerte de san Juan Bautista de la Salle http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49781-año-jubilar-de-los-hemanos-de-la-salle-con-motivo-del-iii-centenario-de-la-muerte-de-san-juan-bautista-de-la-salle.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49781-año-jubilar-de-los-hemanos-de-la-salle-con-motivo-del-iii-centenario-de-la-muerte-de-san-juan-bautista-de-la-salle.html Año Jubilar de los Hemanos de La Salle con motivo del III Centenario de la muerte de san Juan Bautista de la Salle

Homilía del obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá

(Parroquia de San Sebastián-Antequera, 7 abril 2019)

Lecturas: Is 43,16-21; Sal 125,1-6; Flp 3,8-14; Jn 8,1-11.

(Domingo Cuaresma V-C)


1.- Dios continúa hace maravillas por su pueblo

El Señor hizo maravillas con el antiguo pueblo de Israel: «abrió camino en el mar y una senda en las aguas impetuosas» (Is 43,16); venció a los egipcios, que iban bien equipados con carros y caballos, y los arrojó en el mar (cf. Is 43,17), permitiendo a su pueblo seguir el camino de la tierra prometida.

Dios concede hoy a su pueblo de la nueva alianza, formado por sus hijos adoptivos, renacer del agua y del Espíritu. También en esta época el Señor transforma el desierto en corrientes de agua «para dar de beber a mi pueblo elegido» (Is 43,20), que debe proclamar su alabanza (cf. Is 43,21).

En la historia de la Iglesia ha habido muchas corrientes de agua, promovidas por el Espíritu del Señor, que han fertilizado los desiertos de la vida de los fieles. Una de esas corrientes de agua, que fertilizan hoy el desierto de la sociedad es el carisma de san Juan Bautista de la Salle, encarnado en sus hijos, los Hermanos de la Salle.

2.- El carisma de san Juan Bautista de la Salle

San Juan Bautista de La Salle nació en Reims (Francia) el día 30 de abril de 1651. Era el primogénito de una numerosa prole de una familia bien estante; su padre era magistrado.

Destacó por su particular atención a la formación humana y cristiana de los niños y adolescentes, fundando para ello la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; por estas obras tuvo que sufrir muchas pruebas. La vida del cristiano no es fácil, porque dar testimonio de Cristo no resulta fácil ni cómodo.

Murió el día 7 de abril de 1719 en Rouen (Normandía-Francia). El papa León XIII lo declaró Beato en 1888 y en 1900 lo inscribió en el catálogo de los Santos. El 15 de mayo de 1950, el papa Pio XII lo declaró patrono de los educadores cristianos de los jóvenes.

Siguiendo con la imagen del desierto fecundado del profeta Isaías, desde la fundación de la Congregación el carisma lasaliano ha recorrido muchos desiertos de ignorancia, de analfabetismo, de incredulidad, de pobreza material y espiritual, de oscuridad, de ideas y concepciones sobre el hombre que van en contra del mismo hombre. En esos desiertos ha ido poniendo sabiduría donde había ignorancia, formación donde había analfabetismo, anuncio del Evangelio donde no había fe, riqueza material y espiritual ayudando a niños pobres, luz evangélica, claridad de ideas en momentos de confusión. El carisma lasaliano ha sido un regalo de Dios en estos trescientos años, que ha ido fecundando muchos tipos de desierto.

Animamos al conocimiento de la vida de este santo Fundador y a invocar su intercesión.

3.- Año Jubilar de los Hermanos de la Salle

Con motivo del tercer centenario de la muerte del fundador, el Superior General de la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Robert Schieler, dirigió una carta al papa Francisco pidiendo un Año Jubilar, que fue otorgado desde noviembre de 2018, aniversario de la dedicación del santuario de San Juan Bautista de La Salle en la Casa generalicia de Roma, hasta el 31 de diciembre de 2019. Estamos en pleno año jubilar, año de gracia, año de recuerdo agradecido, año que nos invita a convertirnos al Señor.

Queremos hoy dar gracias al Dios por la presencia en la Iglesia universal y de modo particular en Antequera de estos Hermanos nuestros, que siguen haciendo presente el carisma de san Juan Bautista de la Salle. Para ello celebramos el Año Jubilar con el lema: “Un corazón, un compromiso, una vida”.

Cada uno de los Hermanos ofrece su vida y su corazón para regar y hacer fecundo el mundo actual, que tan necesitado está. Su compromiso es transformar nuestra sociedad haciéndola pasar de desierto a jardín, de la aridez a la fecundidad.

Su dedicación es sobre todo a los niños y jóvenes en el campo de la enseñanza. Este campo es muy importante; por eso los que quieren dominar la sociedad siempre intentan controlar la enseñanza reglada y tienen la tentación de quitar ese derecho a los padres. Algunos gobiernos quieren quitar a los padres el derecho a educar a sus hijos según sus propias convicciones, sean religiosas, culturales o ideológicas. No le corresponde al Estado esta misión, sino que es un derecho de los padres. Los Hermanos de la Salle y otras instituciones de iniciativa social lo que hacen es facilitar a los padres su derecho, para que puedan elegir el tipo de educación quieren para sus hijos.

Deseo agradecer, pues, queridos Hermanos de la Salle, vuestra presencia y vuestro trabajo educativo y evangelizador en nuestra Diócesis. En Melilla celebramos en el año 2012 el centenario del colegio de La Salle.

4.- Algunas aportaciones de los Hermanos de La Salle a la pedagogía

Los Hermanos de la Salle, expertos en el campo de la educación y de la pedagogía, han realizado algunas aportaciones, como el ordenamiento de los alumnos por grupos de nivel, el horario definido para las clases.

Utilizaron desde el principio en la enseñanza la lengua vernácula, que hasta entonces solía utilizarse el latín.

Fueron pioneros en abrir la primera Escuela de formación para maestros. Hoy comparten con la Congregación de Franciscanas de los Sagrados Corazones de Madre Carmen y con la Diócesis de Málaga la tarea de la Escuela de Magisterio en Antequera.

Una obra suya, titulada “Conducta de las Escuelas” fue el manual pedagógico básico para los educadores católicos y muchos otros desde el siglo XVIII hasta principios del XX.

En su sistema educativo propusieron, como una gran novedad, la cortesía y la amabilidad como formas de caridad; y desarrollaron una teología de la educación.

Fueron precursores de la actual escuela Secundaria; y abrieron la primera casa correccional en Francia.

Todas esas iniciativas y muchas más provienen del carisma lasaliano, que ha fecundado el campo de la enseñanza hasta nuestros días; y deseamos que siga fecundando el desierto de nuestra sociedad. No os canséis, queridos Hermanos de la Salle, de trabajar en el desierto para convertirlo en jardín; no os canséis de ser manantiales de vida y de iluminar nuestra realidad social con la luz del Evangelio. Hoy damos gracias a Dios por esta larga fecundidad.

5.- Dios sigue haciendo maravillas en nosotros

El Señor sigue haciendo maravillas en nosotros y nos dice en palabras del profeta Isaías: «Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43,18). Cada uno de nosotros ha sido objeto de la benevolencia de Dios, objeto de su amor y de su elección; nos ha llamado a ser hijos suyos en el bautismo; nos ha cuidado para que creciéramos bien; nos ha elegido para ser sus testigos.

Damos gracias a Dios por las maravillas que hace cada día en nosotros, ofreciéndonos su Palabra, su Cuerpo sacramentado, su perdón y su misericordia como la mujer adúltera y a todos los pecadores. Dios está siempre abierto al perdón; y su Hijo Jesús, “rostro de la misericordia de Dios-Padre” es quien nos lo ha enseñado. Y perdona a la mujer pecadora y a cada uno de nosotros, para que nos convirtamos.

Damos, pues, gracias a Dios por las maravillas que obra en nosotros. Dios es capaz de obrar en nosotros algo grande, si se lo permitimos. La profecía de Isaías debe resonar en nuestro corazón: «Abriré un camino en el desierto, corrientes en el yermo» (Is 43,19). El Señor quiere transformarnos; y aunque nuestro corazón esté seco y estéril como el desierto, Dios es capaz de convertirlo en un gran manantial de aguas frescas y abundantes.

Como nos ha dicho san Pablo, aún no hemos conseguido ser perfectos; pero seguimos a Jesucristo, considerando todo lo que nuestra sociedad valora (riquezas, honores, poder) como pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, nuestro Señor (cf. Flp 3,8). Ojalá podamos decir como Pablo: «Todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo» (Ibid.).

Podemos cantar con el Salmo: el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (cf. Sal 125,1-6). El Señor ha estado grande al regalar el carisma lasaliano a la Iglesia; ha estado grande y misericordioso al transformar nuestro corazón. No nos cansemos de dar gracias a Dios.

Y pedimos a la Santísima Virgen María que nos siga acompañando en nuestra tarea y que, a vosotros queridos Hermanos de La Salle, os acompañe de modo especial en la misión que Dios confió a vuestro fundador y os confía a vosotros como portadores de ese carisma. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Fri, 12 Apr 2019 08:30:03 +0000
Saludo en la inauguración de la exposición "Pedro de Mena. Granatensis Malacae" http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49471-saludo-en-la-inauguración-de-la-exposición-pedro-de-mena-granatensis-malacae.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49471-saludo-en-la-inauguración-de-la-exposición-pedro-de-mena-granatensis-malacae.html Saludo en la inauguración de la exposición

Saludo de Mons. Jesús Catalá, obispo de Málaga, en el acto de inauguración de la exposición "Pedro de Mena. Granatensis Malacae"

EXPOSICIÓN SOBRE PEDRO DE MENA

Saludo de Mons. Jesús Catalá

en el Acto de la Inauguración

(Málaga, 16 marzo 2019)

El Palacio Episcopal de Málaga ha sido durante varias décadas un ámbito cultural de referencia en nuestra Ciudad. Como espacio cultural-expositivo fue re-abierto en marzo de 2014 por iniciativa y gestión de la propia Diócesis de Málaga.

En estos primeros cinco años de su nueva andadura ha albergado más de quince exposiciones sobre diversos temas y ha desarrollado un amplio programa de conciertos, presentaciones de diverso tipo y programas educativos.

Para celebrar este intenso lustro de actividades, ofrecemos ahora una gran exposición sobre Pedro de Mena y Medrano, uno de los grandes escultores del siglo XVII, que, oriundo de Granada, trabajó en nuestra ciudad. Por ello la exposición se titula: “Pedro de Mena. Granatensis malacae”, es decir, un granadino en Málaga, como él mismo firma alguna de sus obras. Podremos contemplar una amplia producción de este gran autor de arte sacro.

La Iglesia católica ha apostado siempre por el arte y por la cultura como expresión de la fe y manifestación de la bondad y hermosura de la creación, salida hermosa de las manos de Dios.

San Gregorio Nisseno decía: “Quien ha purificado el ojo de su alma y es capaz de ver las cosas bellas, se sirve de lo visible como de un trampolín para alzarse hacia contemplación de lo espiritual” (La verginità, en Patrología Griega, 46, 364).

Las obras de Pedro de Mena, aquí expuestas, no están hechas para una exposición, sino para iglesias y oratorios con el fin de ayudar a la piedad cristiana a elevar la mente a Dios y glorificarle por el don de la fe, por la salvación eterna y por el ejemplo de los santos. Se ofrecen aquí imágenes de Cristo, de la Inmaculada y de diversos santos.

Si la hermosura de estas imágenes puede dejarnos extasiados, cuán grande será la belleza divina que estas obras reflejan. Os invito a recorrer la exposición con ánimo abierto a la transcendencia y el corazón dispuesto para elevar una oración al Señor.

Deseo hacer mención de las imágenes de Cristo y de la Inmaculada. La imagen restaurada del Cristo, perteneciente a la Catedral de Málaga, podemos llamarla desde ahora “El Cristo de Mena”, cuya textura y facciones presentan un alto grado de realismo, y, al decir de santa Teresa de Ávila, expresan el “Cristo muy humanado y llagado”. Esta talla es reproducción exacta del pequeño crucifijo que la Magdalena sostiene en sus manos.

Y las imágenes de la Inmaculada, expuestas en una misma sala, muestran una finura, una delicadeza y una profunda espiritualidad, que nos ayuda a percibir mejor la grandeza de la Madre de Dios y madre nuestra.

Solo me resta agradecer a todas las personas e instituciones que han colaborado para hacer posible esta hermosa y significativa exposición de la obra de Pedro de Mena.

Os deseo un recorrido espiritual fecundo, que nos ayude a vivir la Cuaresma, ya iniciada, y celebrar con gran alegría la Pascua de resurrección.

Como signo de que la exposición quiere ayudar a un encuentro personal con la Divina Belleza, rezamos juntos el Padrenuestro. Y os imparto mi bendición.


+ Jesús Catalá

Obispo de Málaga

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 28 Mar 2019 15:04:18 +0000
Anunciación del Señor http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49455-anunciación-del-señor.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49455-anunciación-del-señor.html Anunciación del Señor

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, en la Catedral de Málaga, el 25 de marzo de 2019.

ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 25 marzo 2019)

Lecturas: Is 7, 10-14; 8, 10; Sal 39, 7-11; Hb 10, 4-10; Lc 1, 26-38.

1.- Los signos amorosos y salvadores de Dios

El Señor le dijo al rey Ajaz que pidiera un signo (cf. Is 7, 11), pero no quiso (cf. Is 7, 12). Entonces Isaías profetizó: «El Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel» (Is 7, 14).

Dios ama a su pueblo y quiere que se salve y que viva; por ello realiza signos amorosos que traen la salvación a sus fieles. Dios se acerca a los hombres y se interesa por ellos. «Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios» (1 Jn 4,16); los cristianos estamos llamados a manifestar ese amor, porque «hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (Ibid.).

Nosotros, queridos hermanos, pedimos a veces signos al Señor, para que él realice nuestra voluntad y nuestros deseos. Pero Dios no suele hacer lo que le pedimos, y por eso nos enfadamos con él; sin embargo, él nos muestra su amor de manera diferente al modo con que nosotros desearíamos. Dios nos envía a su Hijo, nacido de mujer, que se ofrece por nosotros en oblación al Padre. Dios actúa de modo distinto a lo que nosotros deseamos.

Hoy contemplamos el momento de la Anunciación del ángel a la Virgen, en el que se opera la Encarnación del Hijo de Dios. Ese momento ha sido de silencio, de intimidad, de sencillez, sin expectacularidad, desconocido por los hombres. Solo estaban como protagonistas María y el ángel. Hoy celebramos este gran acontecimiento de la venida del Hijo de Dios al mundo, que ha cambiado radicalmente la historia de la humanidad; este evento marca un hito en la humanidad. Hoy estamos un pequeño grupito de personas en la Catedral celebrando esta maravillosa obra de Dios; y también puede marcar un hito importante en nuestra vida, en nuestra historia personal y de relación con el Señor. Podemos contemplar a María aceptando la voluntad de Dios y abandonando sus propios planes.

2.- Hacer la voluntad de Dios

La carta a los Hebreos afirma que los sacrificios de la antigua alianza, ofrecidos según la ley mosaica, no quitan los pecados (cf. Hb 10, 4); mientras que la Encarnación de Jesús, que viene a hacer la voluntad del Padre (cf. Hb 10,7.9), y su oblación es fuente de santificación y salvación (Hb 10,10).

Cristo, al venir al mundo para realizar su misión, asume el dolor y la debilidad humana; se encarna, asumiendo todo lo humano. Conocer esta verdad nos obliga a reconocer que: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia (…). La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo” (Papa Francisco, Misericordiae vultus, 10).

Creer en el amor de Cristo nos lleva a una «lógica nueva», como dice el papa Francisco, que cambia nuestro modo de relacionarnos con Dios y entre nosotros y de ver el mundo (cf. Lumen fidei, 27). ¡Ojalá entremos en la lógica de Dios, en la que la Virgen entró y a nosotros nos cuesta!

“La universalidad de la experiencia del amor requiere un aprendizaje. En esto observamos grandes carencias en nuestra cultura actual, que inunda a las personas de reclamos emotivos, pero no las acompaña en ese camino de crecimiento en el amor verdadero” (Obispos de la Sub-Comisión episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, Nota para la Jornada por la vida, 2019). Nuestra sociedad valora mucho el sentimiento, la emoción y los afectos; pero eso no se puede confundir con el amor verdadero; si se confunde, tiene consecuencias negativas, porque no se sostiene una relación basada en sentimientos. Una relación humana, matrimonial o de otra forma, no se sostiene con el puro afecto.

3.- La vida humana es un don de Dios, que hay que cuidar

En el pasaje bíblico de la anunciación el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen de Nazaret llamada María (cf. Lc 1,27), para comunicarle que iba a ser la Madre del Salvador. Éste es el misterio que hoy contemplamos: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús» (Lc 1, 31). Todo esto es obra del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 35), «porque para Dios nada hay imposible» (Lc 1,37).

La vida ha nacido del amor de Dios y exige ser acogida y reconocida como digna de ser amada. No hay vidas humanas desechables o indignas, que puedan ser eliminadas sin más. Dios es el garante de la vida, porque es el creador de la misma. Reconocer la dignidad de la vida humana implica empeñarse en conducirla a su plenitud, para vivir una alianza de amor con Dios.

Los Obispos de la Sub-Comisión episcopal para la Familia y la Defensa de la vida en su mensaje para la Jornada por la Vida, nos dicen: “Hemos de esmerarnos especialmente con «los pequeños», es decir, los más necesitados por tener una vida más vulnerable, débil o marginada. Aquellos que están por nacer y necesitan todo de la madre gestante, aquellos que nacen en situaciones de máxima debilidad, ya sea por enfermedad o por abandono, aquellos que tienen condiciones de vida indignas y miserables, aquellos aquejados de amarga soledad, que es una auténtica enfermedad de nuestra sociedad, los ancianos a los que se les desprecia como inútiles, a los enfermos desahuciados o en estado de demencia o inconsciencia, a los que experimentan un dolor que parece insufrible, a los angustiados y sin futuro aparente. La Iglesia está llamada a acompañarlos en su situación, para que llegue hasta ellos el cuidado debido que brota de la llamada a amar de Cristo: «haz tú lo mismo» (Lc 10, 37)”, tal como dijo Jesús al maestro de la ley al narrarle la parábola del buen samaritano. ¡Cuida a tu hermano! ¡Cuida a tu prójimo, sobre todo al más necesitado!

Los cristianos debemos empeñarnos en construir una sociedad, que proteja la vida humana en todas sus manifestaciones y en todas sus etapas desde la concepción hasta la muerte natural; que valore y ame de verdad la vida, que proclame el evangelio de la vida, que celebre su nacimiento, que cuide de su crecimiento. El amor a la vida es la respuesta al don que todos hemos recibido en nuestra existencia.

Y también hemos de denunciar todo aquello que la desprotege, la abandona y la considera sin valor. Como nos han invitado los últimos papas, hemos de luchar contra la «cultura de la muerte» (Juan Pablo II, Evangelium vitae, 12) y de romper con una «cultura del descarte», tan perniciosa para la vida de los hombres (Francisco, Evangelii gaudium, 53).

María, la Virgen de Nazaret, respondió al ángel que aceptaba la voluntad de Dios y acogía la nueva vida que se iniciaba en su seno: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Estas pueden ser también nuestras palabras y nuestra oración en esta solemnidad de la Anunciación del Señor, que es el título de nuestra Catedral.

Quiero agradecer al Cabildo catedralicio el cuidado de nuestro primer templo, así como a todas las personas que colaboráis aquí. Es un templo precioso que necesita cuidados y que requiere ser rehabilitado porque está enfermo de algunas patologías arquitectónicas. Hemos de mantener nuestro empeño de cuidarlo. ¡Gracias, pues, querido Cabildo y quienes colaboráis aquí!

¡Que la fiesta litúrgica de la Encarnación cambie también nuestra vida, como cambió la historia de la humanidad!

Le pedimos a ella que nos ayude a defender la vida humana en todas sus etapas y a protegerla en todas las condiciones, sobre todo en las más difíciles. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 26 Mar 2019 13:08:19 +0000
Profesión solemne de Sor Lucía Koki Mutinda (Monasterio de Clarisas-Antequera) http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49057-profesión-solemne-de-sor-lucía-koki-mutinda-monasterio-de-clarisas-antequera.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/49057-profesión-solemne-de-sor-lucía-koki-mutinda-monasterio-de-clarisas-antequera.html Profesión solemne de Sor Lucía Koki Mutinda (Monasterio de Clarisas-Antequera)

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la profesión solemne de Sor Lucía Koki Mutinda celebrada en el Monasterio de Clarisas, de Antequera, el 2 de marzo de 2019.

PROFESIÓN SOLEMNE DE SOR LUCÍA KOKI MUTINDA

(Monasterio de Clarisas-Antequera, 2 marzo 2019)

Lecturas: Os 2,14.19-20; Sal 125,1-6; Flp 3,8-14; Mt 11,25-30.

1.- Proceso vocacional

Celebramos la profesión solemne de Sor Lucía. El Señor te ha llamado desde el bautismo y te ha invitado a su seguimiento en la vida consagrada monástica. Él desea ser tu Maestro y te ha invitado a entrar en la escuela del discipulado, en su seguimiento.

Has hecho vida tuya el mensaje de san Pablo, que hemos escuchado: «Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo» (Flp 3,8). Estas palabras expresan la entrega total de tu vida, que hoy quieres hacer de manera solemne y definitiva al Señor. Todo lo demás no tiene valor para ti, comparado con el amor de Cristo. Y eso es lo que ha cautivado tu corazón, porque Él te llena el corazón más que nada ni nadie.

Hoy damos gracias a Dios por la llamada que ha dirigido a Sor Lucía; y le pedimos que la ayude en el camino de su vida consagrada.

2.- Camino de perfección

Estamos en camino de perfección, como diría santa Teresa de Ávila. Jesús, el Señor, espera tu respuesta personal a la llamada que te ha hecho. Estás en camino de perfección. Hoy no es el final de tu vida, ni el final gozoso de haber alcanzado una meta definitiva; hoy es el inicio de una nueva etapa, porque ya has realizado otras etapas anteriores en tu respuesta al Señor. La profesión perpetua y solemne es una etapa definitiva en tu vida, tal como has manifestado en tu consagración. Quieres entregarte al Señor para toda tu vida, para siempre. Y hoy comienzas la etapa de tu entrega definitiva al Señor; Él te desposa para siempre.

San Pablo nos recuerda que estamos en camino: «No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo» (Flp 3,12). Querida Lucía, estás en camino; no lo has conseguido definitivamente, ni eres “perfecta”, pero el Señor te quiere como eres. Y lo importante es responder a la llamada del Señor: «Corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús» (Flp 3,14). Corremos hacia la meta definitiva de nuestra vida. Corres hacia el encuentro definitivo con el Señor, tu Esposo. Correr implica tener deseos de estar con Él, de vivir con Él, de compenetrarse, de llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo y de vivir a su estilo, como dice san Pablo: «Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20); es Cristo quien piensa, siente, habla, actúa y viene en mí. Esa es la meta.

En ese camino, damos gracias a Dios por las maravillas que obra en nosotros, como hemos rezado en el Salmo 125: «Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares» (Sal 125,1-2). «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (Sal 125,3). El Señor ha estado grande contigo, Lucía, y estás muy alegre; pero no una alegría superficial, sino profunda que toca hasta el fondo del corazón.

«Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas» (Sal 125,5-6). Es una imagen preciosa de lo que es la siembra de la vida: se siembra con dolor echando la simiente en la tierra con la esperanza de que germinará; pero hay que ser generosos para echar la simiente, que tiene que pudrirse y desaparecer, para que nazca fruto abundante. Sin esperanza y sin fe no se echa simiente; sin esperanza y sin fe no se entrega la vida propia, sin saber si valdrá la pena o si se podrá recuperar. Cuando entrego mi vida al Señor, me la devuelve enriquecida, divinizada, iluminada. Vas a salir ganando, querida Lucia, al entregar tu vida al Señor.

3.- Profesión de los votos evangélicos

Sor Lucía hace hoy Profesión solemne de los votos de castidad, pobreza y obediencia en este Monasterio según la regla de las Hermanas Pobres de Santa Clara, confirmada por el papa Inocencio IV y por las Constituciones de esta Orden, aprobadas por la Sede Apostólica. Tu entrega al Señor se realiza dentro de la familia de clarisas con un carisma propio. Es importante la pertenencia a la comunidad de referencia; porque no se vive la entrega al Señor de manera individual y desarraigada. Los miembros de la propia comunidad son ayuda para el camino de perfección. Cuentan que un obispo fue a visitar a una comunidad de religiosos; al presentarse el superior dijo que los otros dos hermanos, que componían la comunidad eran su “máxima penitencia”. La vida de comunidad no es fácil.

Mediante la castidad te entregas a Dios con corazón indiviso (cf. 1 Co 7, 32-34), reflejo del amor infinito que une a las tres Personas divinas en la misteriosa vida trinitaria; amor testimoniado por el Verbo encarnado hasta la entrega total de su vida; amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo» (Rm 5, 5), que anima a una respuesta de amor total hacia Dios y hacia los hermanos (cf. Juan Pablo II, Vita consecrata, 21). Cristo te desposa, te adorna con sus gracias, te cuida y te alimenta. ¡Déjate querer por tan dulce y amado Esposo! ¡Déjate querer y ámalo! Es tu Esposo y nadie más debe llenar tu corazón.

A través de la pobreza se manifiesta que Dios es la única riqueza verdadera del hombre. Por Él lo has perdido todo, para tenerlo a Él, como decía san Pablo. La pobreza es vivida según el ejemplo de Cristo, quien «siendo rico, se hizo pobre» (2 Co 8, 9); es expresión de la entrega total de sí que las tres Personas divinas se hacen recíprocamente. Es reflejo de la vida trinitaria; es don que brota en la creación y se manifiesta plenamente en la Encarnación del Verbo y en su muerte redentora. Vuestros santos fundadores, Francisco de Asís y Clara, hicieron de la hermana pobreza el emblema de su vida.

Y “la obediencia, practicada a imitación de Cristo, cuyo alimento era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4, 34), manifiesta la belleza liberadora de una dependencia filial y no servil, rica de sentido de responsabilidad y animada por la confianza recíproca, que es reflejo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las tres Personas divinas” (Ibid.). La obediencia no es una losa. “Obedecer” a Dios significa escucharle y llevarlo a la práctica (“ob-audiencia”). La obediencia no es una esclavitud, sino un camino de libertad.

La vida fraterna en la comunidad monástica se propone como elocuente manifestación de la vida trinitaria. La Trinidad es modelo de vida para todas las familias y comunidades.

4.- Los pequeños son los preferidos del Señor

En el evangelio, que ha sido proclamado, el Señor Jesús da gracias al Padre por haber revelado las cosas divinas a los pequeños (cf. Mt 11,26-27), escondiéndolas a los sabios y entendidos.

Pedimos a Dios que ilumine a Sor Lucía con la luz de la fe, del amor y de la esperanza cristianas. ¡Que la Palabra de Dios y el Pan de la Eucaristía sean su alimento cotidiano!

El Señor quiere que descarguemos nuestras cargas en su hombro: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28).

El yugo del Señor es suave y ligero: «Mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (Mt 11,30). «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29). ¡Vividlo así, queridos hermanos! Cristo es nuestro descanso; siendo “Señor” es nuestra vida.

Pedimos a la Santísima Virgen María que proteja a esta comunidad monástica de clarisas y que acompañe a Sor Lucía en la fidelidad a la profesión solemne de los votos evangélicos. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 07 Mar 2019 12:51:49 +0000
Congreso andaluz de Cofradías de la Pollinica http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48776-congreso-andaluz-de-cofradías-de-la-pollinica.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48776-congreso-andaluz-de-cofradías-de-la-pollinica.html Congreso andaluz de Cofradías de la Pollinica

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración del Congreso Andaluz de Cofradías de la Pollinica, en la parroquia de la Encarnación (Marbella), el 9 de febrereo de 2019.

CONGRESO ANDALUZ DE COFRADÍAS DE LA POLLINICA

(Parroquia de la Encarnación-Marbella, 9 febrero 2019)

Lecturas: Is 6,1-8; Sal 137,1-8; 1 Co 15,1-11; Lc 5,1-11.

(Domingo Ordinario V-C)

1.- Las lecturas de este domingo nos presentan la actitud de algunos personajes ante la llamada de Dios en sus vidas. Veamos cómo responden estos personajes bíblicos y pongámonos nosotros a la escucha de la llamada de Dios en nuestras vidas.

En primer lugar, el profeta Isaías, al contemplar la visión del trono de Dios teme una desgracia y exclama: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!» (Is 6,5).

Pero el poder del Señor supera toda debilidad humana. El ángel con una brasa de fuego en la mano purifica al profeta y le asegura el perdón: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado» (Is 6,7).

Cuando el profeta escucha la voz del Señor, que pregunta a quién enviará de su parte, responde: «Heme aquí: envíame» (Is 6,8). Una purificado el profeta es capaz de proclamar después la buena nueva de parte de Dios.

Los cristianos, y por ende los cofrades, reconocemos que somos pecadores y que no somos capaces de dar testimonio con nuestras propias fuerzas; pero el Señor, como al profeta, nos purifica y nos capacita para anunciar su Reino de amor y de paz. Si un cristiano, un cofrade o un sacerdote tuviéramos que ser primero santos para poder proclamar la Palabra de Dios, no lo haríamos nunca, porque la Palabra nos sobrepasa; y al predicar a los demás, nos lo aplicamos también a nosotros, porque todos necesitamos conversión.

2.- Queridos cofrades, celebramos el XVIII Congreso Andaluz de Cofradías de la Entrada de Jesús en Jerusalén, llamadas cariñosamente “de la Pollinica”. Vuestro titular es un Rey, aclamado por el pueblo como Mesías o Ungido de Dios. Pero es un Rey divino que se humilla y que elige un pollino para hacer su Entrada triunfal en Jerusalén como Rey (cf. Mt 21, 5); un Rey que se rebaja de su dignidad para vivir entre los más pobres. Este es un gran ejemplo.

Su actitud humilde nos invita a servir al necesitado, a estar a favor de los más pobres. ¡Cuidad siempre la dimensión socio-caritativa de vuestras cofradías! Forma parte de vuestro ser cofrade; y me consta que las cofradías potenciáis esta dimensión caritativa. Ya se ha dicho en la monición de entrada que hoy es la Jornada de “Manos Unidas” y que nuestra colecta irá destinada a esta institución eclesial, que pretende paliar el hambre en el mundo.

Los que aclamaban a Jesús en su entrada en Jerusalén extendían sus mantos por el camino y cortaban ramas de los árboles para tenderlas a su paso (cf. Mt 21, 8). Vosotros, en cambio, no habéis puesto mantos, ni habéis cortado ramas de árboles; pero vosotros habéis tendido vuestros corazones ante este Rey divino, que paseáis las calles de nuestras ciudades. Él es nuestro Rey y lo aclamamos como tal, aunque tenga la apariencia de un hombre cualquiera.

La celebración del Domingo de Ramos, que solemnizáis con vuestras procesiones, es el “Pórtico” de la Semana Santa. Es una celebración festiva y alegre, que tiene el sabor agridulce de la pasión inmediata de Nuestro Señor.

Celebrar la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén implica estar dispuestos a acompañarlo hasta la cruz y esperar su resurrección. No podemos quedarnos en el Domingo de Ramos, ni en el Viernes Santo; hemos de llegar hasta el Domingo de Pascua.

3.- En el evangelio del presente domingo aparece Simón Pedro, quien, después de haber estado pescando toda la noche sin coger nada, se fía del Maestro y echa de nuevo las redes (cf. Lc 5,5). Su gesto de confianza trae un buen fruto, pescando «gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse» (Lc 5,6).

Ante este hecho Pedro queda sobrecogido, lleno de asombro y de estupor y cae de rodillas ante Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8).

Pedro confiesa su falta de fe y su debilidad, como confesará su pecado de haber renegado de Cristo, su Maestro, en la noche de la pasión, cuando el gallo cantó por segunda vez (cf. Mc 14,72).

4.- Dios construye su Iglesia, contando con la vulnerabilidad de personas débiles. La Iglesia es “santa” y “pecadora” a la vez, por estar formada por personas santas que viven ya en la eternidad y por personas pecadoras que aún vivimos en este mundo.

Los cristianos y los cofrades somos tan pecadores como cualquier otro. Si Jesús nos preguntara: “El que esté libre de pecado, que lance el primer insulto”. ¿Cuántos podríamos hacerlo? Nadie; empezando por mí.

No debemos escandalizarnos de los pecados, porque el Señor ha entregado su vida para perdonarnos y salvarnos. Los cristianos, los cofrades, los religiosos, los sacerdotes, todos somos personas pecadoras, pero redimidas y salvadas por Cristo, como dice el Papa. ¡Que nadie se rasgue las vestiduras a causa de nuestros pecados!

Desde hace tiempo aparecen en los medios de comunicación noticias sobre sacerdotes o religiosos, acusados de actos graves. Eso nos apena y condenamos enérgicamente toda conducta reprobable. Pero también hemos de ser objetivos y verificar que esas conductas impropias se dan en otros muchos ámbitos de nuestra sociedad: familia, educación, deportes, actividad

cultural. El ámbito eclesial es el menos contaminado y donde menos casos se dan, aunque no aparezca así en los medios. Según los datos publicados, los casos ya juzgados en España son más de 45 mil; y los casos de sacerdotes y religiosos unos cuarenta. Y con esto no se quiere justificar ni siquiera un solo caso. Pero los católicos, ante el ataque de los medios de comunicación, tenemos que decir al menos una palabra al respecto.

Al igual que el apóstol Pedro podemos exclamar ante Jesús: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). A pesar de nuestros pecados y traiciones al Señor, él nos llama para ser testigos de su amor y de su Evangelio; nos llama para hacernos “pescadores de hombres” (cf. Lc 5,10), evangelizadores, que compartimos la fe y la alegría de sentirse salvados y perdonados por Jesús, quien, entrando solemnemente en Jerusalén entrega su vida en la cruz el Viernes Santo por toda la humanidad y resucita el Domingo de Pascua.

Los apóstoles «llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron» (Lc 5,11). Hagamos como ellos y sigamos a Cristo. Hagamos como ellos y sigamos a Cristo.

5. Queridos cofrades, no dejéis de proclamar que Jesús es el Señor de la vida y vencedor de la muerte, dando siempre testimonio de esta fe de la Iglesia. Cantad, como los hebreos al paso de Jesús: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» (Mt 21, 9).

Anunciad la Buena Noticia a todo el mundo, como nos enseña san Pablo: «Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras. Que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras» (1 Co 15,3-4). No dejéis de anunciar esta noticia de salvación y apropiaros de ella. Al celebrar en el Domingo de Ramos la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, recordad que al domingo siguiente celebramos la Pascua de Resurrección. ¡Que Cristo llene siempre vuestro corazón!

La vida y la muerte del hombre están asociadas al misterio pascual de Cristo. El vivir o el morir no debe marcar nuestro rumbo, ni nuestra preocupación; no es importante vivir o morir, sino, como dice san Pablo, vivir en Cristo y morir en Cristo; tener los mismos sentimientos de Cristo (cf. Flp 2,5). Muchos de nuestros contemporáneos están muy preocupados por vivir a toda costa en este mundo y no querer morir, porque no creen en la resurrección, ni esperan en la otra vida. Pero nosotros, queridos fieles y cofrades, debemos ser testigos de esta fe en la resurrección.

Pedimos a la Santísima Virgen María que nos acompañe, nos proteja y nos cuide, para que no desfallezcamos en la misión que Cristo nos ha confiado de ser testigos valientes de su Evangelio y de vivir como buenos cofrades el misterio pascual. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 19 Feb 2019 14:53:54 +0000
Clausura del Año Jubilar Mercedario http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48608-clausura-del-año-jubilar-mercedario.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48608-clausura-del-año-jubilar-mercedario.html Clausura del Año Jubilar Mercedario

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la Eucaristía de Clausura del Año Jubilar Mercedario, en el Monasterio de la Merced de Málaga, el 10 de febrero de 2019.

CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR MERCEDARIO

(Monasterio de la Merced-Málaga, 10 febrero 2019)

Lecturas: Is 6,1-8; Sal 137,1-8; 1 Co 15,1-11; Lc 5,1-11.

(Domingo Ordinario V-C)


1.- Clausuramos hoy el Año Jubilar de la Orden Mercedaria con motivo del octavo Centenario de la fundación de la misma por parte del Papa Gregorio IX.

Damos gracias a Dios por este año de misericordia y de amor, derramado sobre todas las instituciones eclesiales mercedarias y por los buenos frutos espirituales de la presencia de este carisma en la Iglesia; y de modo particular de la presencia en nuestra Diócesis de este Monasterio de la Orden. Queridas hermanas, muchas gracias por vuestra oración y por el carisma que encarnáis.

San Pedro Nolasco, fundador de la Orden, fue un regalo de Dios para la Iglesia. Él descubrió a Cristo a través de las personas esclavas y de la pérdida de la fe que muchos cristianos sufrían a causa de los musulmanes.

Hoy seguís haciendo presente su carisma, queridas hermanas, en el claustro monástico, donde ejercéis la redención de tantos cautivos de cuerpo y de alma, atrapados entre las cadenas del mal. Por vuestra oración el Señor libera a tantas personas necesitadas del perdón y de la misericordia de Dios; todos lo necesitamos.

2.- Las lecturas de este domingo nos ofrecen la actitud de algunos personajes bíblicos ante la llamada de Dios en sus vidas.

En primer lugar, el profeta Isaías, quien al contemplar la visión del trono de Dios teme una desgracia y exclama: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!» (Is 6,5).

Pero el poder del Señor supera toda debilidad humana. El ángel purificador con una brasa en la mano asegura al profeta el perdón: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado» (Is 6,7). El Señor también nos purifica del pecado, a través del sacramento de la penitencia y de la eucaristía.

El profeta, tocado por el Señor, descubre en la realidad la urgencia de la Palabra transformadora de Dios y se siente invitado a ser testigo de esa Palabra. Cuando el profeta escucha la voz del Señor, al preguntar a quién enviará de su parte, responde: «Heme aquí: envíame» (Is 6,8).

Los cristianos reconocemos que somos pecadores y que no somos capaces de dar testimonio con nuestras propias fuerzas; pero el Señor nos purifica y nos capacita para anunciar su Reino de amor y de paz.

3.- En el evangelio de hoy aparece Simón Pedro, quien, después de haber estado pescando toda la noche sin coger nada, se fía del Maestro y echa de nuevo las redes (cf. Lc 5,5). Su gesto de confianza trae un buen fruto, pescando «gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse» (Lc 5,6). Pedro es capaz de fiarse más del Maestro que de su pericia como pescador. Podría haberle respondido a Jesús que el pescador avezado era él; sin embargo, humildemente se fía del Maestro. ¡Cuántas veces nos fiamos más de nuestros conocimientos técnicos, de nuestros saberes, de nuestros medios!

Ante este hecho Pedro queda sorprendido, sobrecogido, lleno de asombro y de estupor y cae de rodillas ante Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8).

San Pedro confiesa su falta de fe y su debilidad, como confesará su pecado de haber renegado de Cristo, su Maestro, en la noche de la pasión, cuando el gallo cantó por segunda vez (cf. Mc 14,72).

4.- Todos somos pecadores, pero redimidos y salvados por Cristo. Al igual que el apóstol Pedro podemos exclamar ante Jesús: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). A pesar de nuestros pecados y traiciones al Señor, él nos llama para ser testigos de su amor y de su Evangelio; nos llama para hacernos “pescadores de hombres” (cf. Lc 5,10). Los apóstoles «llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron» (Lc 5,11).

Hagamos como ellos y sigamos a Cristo. ¡Dejemos nuestras barcas y redes y fiémonos más del Señor! Él nos llama a ser testigos y discípulos suyos, aunque sea difícil serlo en nuestra sociedad, que rechaza a Dios.

Lo característico de la vocación no es lo que se deja, sino el encuentro con el Señor que permite relativizar todo lo demás. A eso mismo estamos llamados cada uno de nosotros. Hoy podríamos escribir nuestro relato vocacional: cómo nos llama él y cómo le respondemos; recordar nuestra experiencia con el Señor resucitado y dar un nuevo empuje a nuestra misión como discípulos.

5.- Hoy recorre la Jornada de “Manos Unidas”, institución eclesial sin ánimo de lucro que trabaja desde hace sesenta años para paliar y erradicar el hambre en el mundo. Nació de la iniciativa de unas mujeres de Acción Católica. Es una llamada más a unas necesidades que tiene nuestro mundo y que los políticos no resuelven. Cada vez hay más diferencia entre ricos y pobres: los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Cada vez hay más gente sin cubrir sus necesidades básicas: comida, ropa, techo, salud. Esto no debe doler el alma. San Pedro Nolasco, hace ochocientos años, respondió a la necesidad concreta de la liberación de cautivos. Nosotros tenemos hoy el gran reto del hambre en el mundo. Parecería que la política y la técnica iban a resolver estos problemas, pero no los resuelven.

Pedimos a la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Merced, que, terminado el Año Jubilar, siga protegiendo con solicitud maternal a la Orden Mercedaria y a las realidades eclesiales que se amparan bajo esta advocación. Están presentes en esta celebración las hermanas “Mercedarias de la Caridad”, que son de vida activa. Y suplicamos de modo especial por esta comunidad monástica, para que se mantenga gozosa y fiel al carisma recibido. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 13 Feb 2019 14:40:34 +0000
La vida consagrada, presencia del amor de Dios http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48440-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48440-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía celebrada en la Catedral de Málaga el 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor, Jornada de la Vida Consagrada.

(Catedral-Málaga, 2 febrero 2019)

Lecturas: Ml 3,1-4; Sal 23,7-10; Hb 2,14-18; Lc 2,22-40.


La vida consagrada, presencia del amor de Dios


1.- El lema de la presente Jornada de la Vida Consagrada, titulado “Padre nuestro. La vida consagrada presencia del amor de Dios”, tiene como motivo el recuerdo de hace veinte años cuando el papa Juan Pablo II propuso a la Iglesia un año dedicado a Dios Padre (1999) con el fin de preparar a la Iglesia a la acogida del tercer milenio.

Cada consagrado, con su vida y testimonio, nos anuncia que Dios es Padre; Dios ama con entrañas de misericordia. Su Hijo Jesucristo nos enseñó la oración del “Padrenuestro”, que expresa la relación que Dios tiene con cada uno de nosotros, sus hijos.

El “Padrenuestro” no es una oración más entre otras, sino que es la oración por excelencia, base y culmen de toda oración. No es una de las muchas oraciones cristianas, sino que es la oración de los hijos de Dios: es la gran oración que enseñó Jesús a sus discípulos.

Como dice el papa Francisco: “El «Padrenuestro» hace resonar en nosotros esos mismos sentimientos que estaban en Cristo Jesús. Cuando nosotros rezamos el «Padrenuestro», rezamos como rezaba Jesús (…). Formados en su divina enseñanza, osamos dirigirnos a Dios llamándolo «Padre», porque hemos renacido como sus hijos a través del agua y el Espíritu Santo (cf. Ef 1,5)” (Papa Francisco, Audiencia general, 14.03.2018). En el bautismo, por el que hemos sido hechos hijos de Dios, se nos ha regalado, el don de la fe, de la esperanza y del amor. Y todos los bautizados somos, por esa consagración, “presencia del amor de Dios”; y las personas de especial consagración son, si cabe, expresión particular de dicha presencia.

2.- La vida consagrada es presencia del amor de Dios, porque es signo y memoria viva de Jesucristo que, siendo Hijo Unigénito, “hace del Padre su único Amor –he aquí su virginidad–, que encuentra en Él su exclusiva riqueza –he aquí su pobreza– y tiene en la voluntad del Padre el “alimento” del cual se nutre (cf. Jn 4, 34) –he aquí su obediencia–” (Juan Pablo II, Mensaje para la primera Jornada de la Vida Consagrada [2 de febrero], 3. Vaticano, 6.01.1997).

Los consagrados hacen “presente continuamente en la Iglesia, por impulso del Espíritu Santo, la forma de vida que Jesús, supremo consagrado y misionero del Padre para su Reino, abrazó y propuso a los discípulos que lo seguían” (Vita consecrata, 22).

Todo bautizado está llamado a seguir a Cristo. Hemos escuchado en la lectura de Jeremías, que fue llamado a ser profeta: «Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de que salieras del seno materno te consagré: te constituí profeta de las naciones» (Jr 1,5).

Pero las personas de especial consagración estáis al servicio de la consagración bautismal, siendo signo y recuerdo de que Dios es absoluto y fundante. En palabras de santa Teresa de Ávila: “Solo Dios basta”. Quizás vamos detrás de muchas cosas, pero solo Dios basta; solo Dios llena el corazón del hombre; solo Dios es capaz de hacer feliz al ser humano. Los consagrados dais testimonio con alegría a los hombres de nuestro tiempo, en las diversas situaciones, de que Dios es el Amor capaz de colmar el corazón de toda persona humana.

La vocación de la Iglesia es pertenecer solo a su Señor, deseosa de ser a sus ojos «sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada» (Ef 5, 27). Esa es la vocación de toda persona de especial consagración.

3.- Pertenecemos a una sociedad que vive con frecuencia a ritmo acelerado y agitado. Por ello necesitamos dedicar tiempo para reflexionar, rezar y ponernos delante de Dios de manera agradecida. Nuestro mundo vive distraído y alejado del Señor, perdido en su búsqueda loca de felicidad, que no encuentra; y es necesario dirigir nuestra mirada hacia Dios, para centrar nuestra vida en lo que es importante y hallar el verdadero manantial de alegría y gozo interior.

Las personas de especial consagración estáis muchas veces comprometidas en trabajos apremiantes, sometidas a ritmo frenético, casi sin tiempo para reposar el ánimo. Esta Jornada debe ayudaros a retomar el respiro sereno, a volver a sentiros amados por el Señor, a renovar vuestro amor por él, a resituar vuestra vida centrándola en Cristo, a volver a las raíces de vuestra vocación, a responder al amor primero, a hacer un balance de vuestra vida y a renovar el compromiso de vuestra consagración.

4.- Existe gran necesidad de que la vida consagrada sea presencia del amor de Dios. Hemos escuchado el himno a la caridad que san Pablo dirige a los corintios: «El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1Co 13,4-7). Este himno a la caridad debe marcar nuestra.

Es deseable que la vida consagrada se muestre cada vez más llena de alegría y de Espíritu Santo, se lance con brío por los caminos de la misión, se acredite por la fuerza del testimonio vivido, ya que, como decía el papa Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio” (Evangelii nuntiandi, 41).

La vida consagrada es presencia del amor de Dios, antes de ser compromiso del hombre, porque es regalo que viene por iniciativa de Dios Padre, cuya mirada de predilección llega al fondo del corazón de la persona llamada. El carisma recibido del Espíritu Santo le impulsa a seguir como discípulo amado las huellas de Cristo, acogiendo y asumiendo los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.

5.- La existencia de la vida consagrada en la Iglesia es necesaria y esencial, porque así lo que querido Jesucristo, su Fundador. Es manifestación y rasgo de la Esposa de Cristo, amada por Él hasta el extremo.

Demos gracias a Dios por el regalo de la vida consagrada; por los dones y carismas con que el Espíritu enriquece a la Iglesia, para seguir animándola y sosteniéndola en su misión en el mundo.

Y agradecemos a las personas de especial consagración su aceptación a la llamada del Señor y su fidelidad al carisma recibido. Gracias por vuestra presencia en la Iglesia, y de modo especial en la Diócesis de Málaga.

Como el anciano Simeón de la escena evangélica acojamos al Señor, dándole gracias por haber visto al Salvador (cf. Lc 2,30), que nos ha mostrado el rostro misericordioso del Padre y con su luz alumbra a todas las naciones (cf. Lc 2,32).

Pedimos a la Santísima Virgen María que sostenga el compromiso de todos los consagrados, para que vivan la alegría de ser presencia del amor de Dios entre los hombres. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 05 Feb 2019 12:30:30 +0000
Homilía del Obispo de Málaga en el Funeral del Cardenal Sebastián Aguilar http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48324-homilía-del-obispo-de-málaga-en-el-funeral-del-cardenal-sebastián-aguilar.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48324-homilía-del-obispo-de-málaga-en-el-funeral-del-cardenal-sebastián-aguilar.html Homilía del Obispo de Málaga en el Funeral del Cardenal Sebastián Aguilar

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa de exequias del Cardenal Fernando Sebastián celebrada en la Catedral de Málaga el 26 de enero de 2019.

También en vídeo.

FUNERAL DEL CARDENAL FERNANDO SEBASTIÁN AGUILAR

(Catedral-Málaga, 26 enero 2019)

Lecturas: 2 Tim 1,1-8; Sal 95,1-3.7-8.10; Lc 10,1-9.


1.- Celebramos las exequias de nuestro querido hermano Fernando, obispo. El Señor ha querido llevárselo en la víspera de la fiesta de la conversión de san Pablo, a quien él tenía como gran maestro y evangelizador. Y esta celebración se enmarca en la fiesta litúrgica de los santos Timoteo y Tito, obispos, discípulos e hijos queridos de san Pablo (cf. 2 Tim 1,2), como también lo fue D. Fernando. Por eso han sido proclamadas las lecturas de este día.

El Apóstol de las gentes se presenta como «apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús» (2 Tim 1,1). Ésta es la verdad que estamos celebrando: la vida recibida en Cristo, que dura toda la eternidad; y ésta ha sido la tarea que nuestro hermano Fernando ha asumido en su ministerio, llamado a evangelizar desde el carisma claretiano.

Pablo pide a sus colaboradores, y nos lo pide a todos los pastores, que reavivemos el don de Dios que hay en nosotros por la imposición de manos (cf. 2 Tim 1,6).

2.- Los últimos papas, y de modo especial el papa Francisco, nos han invitado a evangelizar, a dar testimonio de Cristo Jesús, a tomar parte en los padecimientos por el Evangelio (cf. 2 Tim 1,8). Nuestro mundo necesita testigos auténticos y valientes de la Verdad; cristianos que transformen el mundo a la luz del Evangelio; creyentes que profesen la resurrección del Señor y la vida eterna; laicos, religiosos y pastores que sean capaces de vivir lo sobrenatural, asumiendo y elevando al ser humano en su totalidad; evangelizadores que proclamen el Evangelio con audacia e incluso contracorriente, como dice el papa Francisco (cf. Evangelii gaudium, 259).

Agradecemos hoy a Dios el regalo de la persona y del ministerio de nuestro hermano Fernando, que dedicó su vida a vivir como un creyente audaz y a contracorriente, como un gran misionero.

3.- El Evangelio proclamado hoy nos ha recordado las palabras de Jesús: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Lc 10,2).

Un excelente trabajador de la viña ha sido hoy llamado a la eternidad, después de haber realizado su misión en la tierra. Animamos a los jóvenes a relevar en el puesto de trabajo el sitio vacío que ha dejado nuestro hermano Fernando. La Iglesia necesita trabajadores incansables, obreros fieles que cultiven la viña del Señor, a quien pedimos que nos regale pastores buenos y santos, como era el deseo del obispo san Manuel González.

4.- Nuestra celebración es una profesión de fe en la resurrección de Cristo, a la que somos incorporados en nuestro bautismo. Como reza el Catecismo de la Iglesia Católica: “Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús, que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y «vivir una vida nueva» (Rm 6, 4)” (n. 537). Ésta es la realidad que estamos celebrando.

Desde nuestro bautismo iniciamos el camino hacia la eternidad; comenzamos un proceso de transformación. En Cristo transfigurado se revela la transformación que acontece en el curso de toda la vida humana. Creemos en la transformación que supone pasar de la muerte temporal a la vida eterna.

D. Fernando comentaba en una homilía: “Lo más importante de la vida es preparar con tiempo, con humildad y confianza, el encuentro definitivo con el Señor. Llegamos cuando morimos; Dios es el mar inmenso, en que se ensanchan y perduran para siempre nuestras vidas. El cuerpo resucitado de Cristo es el mundo nuevo, en el que arraigan y crecen nuestras almas con una vida perpetua y feliz. La fe nos anima a desear esta consumación, compartiendo ya desde ahora la muerte y la resurrección del Señor” (Homilía, Málaga, 21.VIII.2016).

5.- Vivir significa morir, es decir, caminar hacia la muerte; pero morir significa resucitar. El evangelista Juan define la cruz como glorificación, fundiendo la transfiguración y la cruz (cf. Jn 12,23; 13,31).

Las últimas palabras del Señor resucitado a Pedro, después de haberle constituido pastor de su rebaño, fueron: «Cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras» (Jn 21, 18); era una alusión a la cruz que esperaba a Pedro al final de su camino.

Nuestro hermano Fernando ha sido purificado por la enfermedad y el dolor, sobre todo en las últimas semanas. Pero su vida ha estado iluminada por las palabras de san Pablo: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor» (Rm 14, 7-8).

Hagamos nuestra la oración de san Gregorio Nacianceno: “Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados con él” (Oraciones, 40, 9).

6.- Con la partida de D. Fernando unos han perdido a un padre, otros un familiar o amigo, otros un hermano. Pero todos hemos perdido a un gran maestro, que ha sabido interiorizar las enseñanzas del único y divino Maestro, Jesucristo, y nos las ha enseñado de manera magistral.

Recuerdo el primer encuentro con el papa Francisco, acompañando a D. Fernando en la Misa matutina en Santa Marta en Roma. En el momento del saludo D. Fernando le ofreció unos libros, que había publicado, y el Papa, cogiendo los libros y mirándole a los ojos, le dijo: “Ha sido Vd. un maestro para mí”; y no en balde lo nombraba Cardenal algunos meses después.

Pocos días antes de su muerte, acompañado del Arzobispo de Pamplona lo visitamos y D. Francisco le pidió que nos bendijera; D. Fernando, sin poder hablar, pero con una gran unción nos bendijo al estilo episcopal, ejerciendo de ese modo su ministerio hasta el final. Hasta el final ha estado dando clases; hasta el final ha estado escribiendo: un libro en imprenta y otro comenzado; hasta el final ha estado acompañando a la Iglesia con su oración y fortaleciendo a los cristianos con su testimonio. ¡Demos gracias a Dios por todo ello!

Termino con unas palabras del mismo D. Fernando sobre la muerte y la resurrección: “Todos morimos, pero Dios permanece, y este Dios que permanece es un Dios de vida, un Dios que nos ama para siempre, un Dios generoso que quiere tenernos siempre en su presencia. El amor y la fidelidad de Dios son fuente y garantía de nuestra propia inmortalidad (…) la muerte está vencida” (Homilía, Málaga, 21.VIII.2016).

Pedimos a la Santísima Virgen María, de la que nuestro hermano Fernando era un gran devoto, como buen “Hijo del Corazón Inmaculado de María”, que lo acompañe ante la presencia de Dios y lo conduzca hasta las moradas eternas, concediéndole el gozo pleno y la paz perpetua, tras haber sido un fiel servidor del Evangelio, un gran maestro y un abnegado pastor. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 30 Jan 2019 14:50:48 +0000
Epifanía del Señor http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47990-epifanía-del-señor.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47990-epifanía-del-señor.html Epifanía del Señor

Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la solemnidad de la Epifanía del Señor, el 6 de enero de 2019, en la Catedral de Málaga.

EPIFANÍA DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 6 enero 2019)

Lecturas: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-6; Mt 2, 1-12.


En busca de Dios

1.- Acabamos de escuchar el anuncio de las fiestas litúrgicas más importantes del nuevo año. En mis encuentros con los niños en las visitas pastorales a las parroquias suelo preguntarles qué fiesta litúrgica es la más importante; y suelen responder que la Navidad. Entonces les explico la Navidad está dirigida hacia la Pascua y que la fiesta más importante del año litúrgico es la Pascua. Otra cosa es que nos guste más la Navidad por el ambiente familiar y por los regalos de Reyes. Pero la gran fiesta del cristiano es la Pascua hacia donde nos encaminamos desde el principio del año litúrgico.

En esta solemnidad de la Epifanía el texto del profeta Isaías es un oráculo sobre el futuro escatológico de Jerusalén, que se convertirá en centro espiritual del mundo, a donde acudirán todos los gentiles buscando la salvación: «Caminarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada» (Is 60,3).

La luz y la gloria del Señor amanecen en Jerusalén (cf. Is 60,1-2), una vez disipadas las tinieblas que cubren la tierra. Todos los pueblos se reúnen ante el Salvador del mundo, que ha venido a vivir entre los hombres.

Los Magos que vienen de Oriente a adorar al Niño nacido en Belén son los primeros, de una gran muchedumbre de todas las épocas, que reconocen la estrella y encuentran al Niño, que es expresión de la ternura y del amor de Dios. La luz de la estrella sigue hoy iluminando a gentes de toda raza, lengua y color, que van en busca de Dios.

El Niño de Belén, nacido de la Virgen María, ha venido al mundo no sólo para el pueblo de Israel, representado por los pastores, sino también para toda la humanidad, representada por los Magos de Oriente. El texto de la carta a Efesios explica bien que los gentiles también están llamados a conocer y participar en el misterio revelado: «Que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio» (Ef 3,6). Si los gentiles no hubieran estado llamados a participar de esta promesa y salvación, tampoco nosotros, como gentiles respecto a la religión judaica, hubiéramos conocido al Señor. Hoy celebramos la manifestación del Salvador a todas las gentes, incluidos nosotros. ¡Demos gracias a Dios-Padre porque hemos podido conocerle a través de su Hijo Jesucristo!

Todo el mundo está llamado a conocer la salvación y a ser iluminado por la luz de Jesucristo; toda la humanidad está llamada a reconocer en el Niño de Belén al Hijo de Dios y Redentor de los hombres. Desde los cuatro puntos cardinales en todo el orbe terráqueo se adora Jesucristo como Rey de reyes y se le ofrece incienso como Dios.

2.- Los Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén, preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» (Mt 2,2).

Hay un gran contraste entre los que buscan sinceramente a Dios, como los Magos y los pastores, y quienes simulan que les interesa, como el Rey Herodes, pero tienen otros planes y temen perder su poder temporal. Herodes, al oír esta noticia se sobresalta y pide mayor información sobre ese Niño, que podía hacer peligrar su buena posición (cf. Mt 2,4). Falsamente dice que también él desea adorarle (cf. Mt 2,8); en realidad el rey Herodes y sus secuaces no son verdaderos buscadores de Dios ni adoradores sinceros. ¡Que no nos suceda a nosotros como a Herodes! ¡Nuestra búsqueda de Dios debe ser sincera y verdadera! Dios trasciende todo; a Él no se le compra, ni se le adora para que me conceda lo que le pido. Dios te regala tu vida, es misericordioso contigo, es infinita bondad y hay que disfrutar sus dones.

Los Magos, en cambio, eran hombres sabios y estudiosos de los astros, que escrutaban el firmamento desde la creencia que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vidas humanas. Ellos representan a todas las personas que van sinceramente en busca de Dios desde diversas religiones, filosofías y estilos de vida. Hay mucha gente que busca a Dios, pero no lo busca donde se le puede encontrar, sino buscándose a sí mismo; o lo buscan en caminos equivocados o entre los bienes materiales, riquezas y honores. Pero Jesús no está ahí, sino en la sencillez, en la humildad, en el servicio.

Los Magos buscaban la Luz verdadera desde una pequeña luz, una pequeña estrella. Como dice un Himno litúrgico de la Epifanía: Siguiendo una luz ellos buscan la Luz. Iban en busca de Dios. Al ver el signo de la estrella se pusieron en camino e hicieron un largo viaje (cf. Papa Francisco, Homilía en la Epifanía del Señor, Vaticano, 6.01.2015). La Luz de Dios no ciega al hombre y se puede descubrir en pequeños signos, en pequeñas luces y en pequeñas presencias de Dios.

3.- La humanidad sigue buscando a Dios; y los Magos nos indican el camino que debemos recorrer en nuestra vida.

La Iglesia nos invita hoy a reflexionar sobre la búsqueda de Dios. ¿Buscamos realmente al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo? ¿O tal vez buscamos un dios que se acomode a nuestros deseos y necesidades?

Los Magos, siguiendo la estrella, llegaron hasta donde estaba el Niño (cf. Mt 2,9); y «al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). El Señor nos ofrece signos, luces, estrellas, acontecimientos, testigos, que nos ayudan a descubrir su presencia. Hemos de saber apreciar estos signos y captar a través de ellos una realidad más profunda.

Hemos de saber descubrir los pequeños signos que nos pueden llevar a Dios. Como dice el Concilio Vaticano II, hemos de escrutar “los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas” (Gaudium et spes, 4).

La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Escrutando los signos de los tiempos podremos descubrir mejor a Cristo, el Enmanuel, y acercarnos a él, que vive entre los hombres.

Una tarea más difícil y compleja es cómo ayudar a quienes no creen y rechazan los signos que Dios nos ofrece. ¿Cómo evangelizar a un pueblo, a unos paisanos nuestros, que ya no creen en Dios? ¿Cómo provocar el encuentro con Jesucristo y la adhesión a su persona? ¿Cómo ser mejores testigos de la presencia de Dios? Acerquémonos al recién Nacido y dejémonos iluminar por su luz; tal vez así podremos ayudar a otros a descubrir la gran Luz desde una pequeña luz.

La ayuda puede venir del testimonio de los santos y de manera especial de Santa María, la Madre del Mesías, que siempre nos acompaña en el camino de la fe, del amor y de la esperanza cristiana.

¡Acudamos a Ella para descubrir y aceptar en nuestra vida la presencia salvífica de Dios-Amor y para dar testimonio auténtico de nuestra fe! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 10 Jan 2019 12:50:30 +0000
Misa de Navidad http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47816-misa-de-navidad.html http://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47816-misa-de-navidad.html Misa de Navidad

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Eucaristía de Navidad en la Catedral de Málaga el 25 de diciembre de 2018.

NAVIDAD
(Catedral-Málaga, 25 diciembre 2018)

Lecturas: Is 52, 7-10; Sal 97, 1-6; Hb 1, 1-6; Jn 1, 1-18.

El maravilloso intercambio

1.- Cantar un cántico nuevo
La liturgia de este hermoso día de Navidad nos invita a cantar un canto nuevo: «Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas» (Sal 97,1). Toda la tierra ha visto la salvación de Dios: «Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios» (Sal 97,3).
Ciertamente el Señor ha hecho maravillas en favor de la humanidad. Dios, en su Hijo Jesucristo ha querido acercarse a los hombres y tomar nuestra carne mortal, asumiendo nuestra naturaleza para sanarla de sus heridas y elevarla a dignidad más alta.
Dice el profeta: «Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén» (Is 52,9). Dios ha consolado, en verdad, a su pueblo, rescatándolo del pecado y de la muerte eterna; y no solo a su pueblo Israel, sino a toda la humanidad; ahí estamos incluidos todos nosotros. El Hijo de Dios ha querido venir al mundo, sin desdeñar nuestra pobreza y nuestra miseria, para traernos la salvación (cf. Is 52,10).
¡Cantemos un cántico nuevo al conocer esta hermosa noticia! Seamos mensajeros de la Buena Nueva, como dice Isaías: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia!» (Is 52,7).
Unámonos al canto de toda la tierra, como nos anima el salmo: «Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad» (Sal 97,4). ¡Queridos hermanos, vivid la alegría de la Navidad! ¡Que nada ni nadie nos la arrebate!

2.- El maravilloso intercambio
La Navidad es un intercambio maravilloso entre Dios y el hombre. Dios todopoderoso y transcendente se acerca al hombre, creatura limitada y pobre. Puede ayudarnos a entenderlo mejor el escritor ruso León Tolstoi en su breve relato de un rey que pidió a sus sacerdotes y sabios que le mostraran cómo era Dios. Los sabios no fueron capaces; y un pobre pastor se ofreció para ello y le dijo al rey que sus ojos no eran capaces de ver a Dios; porque podemos ver a Dios solo con los ojos de la fe.
Pero el rey quiso saber al menos qué es lo que hacía Dios. El pastor respondió que para ello era necesario intercambiarse sus vestidos. La curiosidad del rey pudo más que su recelo y prevención; y accedió a la petición del pastor, entregéndole sus vestiduras reales mientras él se vestía con la ropa sencilla de ese pobre hombre. En el momento en que se hubo puesto las ropas raídas y viejas del pastor encontró la respuesta, cayendo en la cuenta de que eso es lo que hace Dios con los hombres (cf. Benedicto XVI, Homilía en la Misa crismal. Vaticano, 5 abril 2007).
El evangelista Juan nos ha dicho en su Prólogo: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios» (Jn 1,1). En la Navidad celebramos el maravilloso intercambio: el Hijo de Dios «se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos» (Flp 2,6).
Al confesar que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (cf. Jn 1,14), proclamamos su divinidad y su encarnación como hombre. Dios realizó el admirable y sagrado intercambio: asumió nuestra pobreza. Cristo se ha puesto nuestros vestidos; es decir, la fragilidad, el dolor y la alegría de ser hombre, el hambre, la sed, el cansancio, las esperanzas y las desilusiones, todas nuestras angustias incluso el miedo a la muerte. Ese es el traje que se puesto Cristo para estar con nosotros.
El Hijo de Dios ha querido rebajarse al nivel humano. Y Él nos ha regalado sus “vestidos” reales y divinos, para que nosotros pudiéramos recibir su riqueza y ser hijos adoptivos de Dios. Así lo dice el evangelista Juan en su Prólogo: «a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Jn 1,12).
Eso es precisamente lo que sucede en el bautismo: somos revestidos de Cristo; él nos da sus vestidos y nos transforma. San Pablo usa la imagen del vestido hablando del bautismo: «Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo» (Gal 3,27).
Revestirse es ponerse otro ropaje por encima del vestido propio, como los sacerdotes cuando celebramos la liturgia. Nuestro vestido es la naturaleza humana dañada por el pecado; pero Cristo nos reviste sanando nuestra naturaleza; pero no nos quita el vestido que llevamos como seres humanos; no dejamos de ser personas humanas. Sino que enriquece y diviniza (reviste) la naturaleza humana (vestido).
Significa que entramos en una comunión existencial con él, en la que su ser y el nuestro confluyen y se compenetran, hasta poder exclamar como san Pablo: «Ya no soy yo quien vivo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). ¡Ojalá pudiéramos decir nosotros eso mismo!
A quienes reciben en su corazón al Niño-Dios se les concede ser hijos de Dios (cf. Jn 1,12).

3.- Compartir con los más necesitados
¡Alegrémonos, hermanos, por este maravilloso intercambio entre Dios y el hombre! Esta es la mejor lotería de Navidad que nos pueda tocar. Cristo nos ha enriquecido con sus dones y con su divinidad; nos ha elevado al rango de hijos de Dios.
La Navidad nos invita a actuar como Cristo: acercarnos al necesitado, atender al pobre, cuidar al enfermo, visitar al que vive solo; y cubrirlos a todos ellos con nuestro amor, con nuestro afecto; revestirlos con el ropaje con que hemos sido revestidos nosotros por Cristo; abrazarlos y darles calor de fraternidad, de amor, del que tan necesitada está nuestra humanidad.
En este tiempo navideño no podemos olvidar a tanta gente que sufre, que pasa necesidad, a los pobres sin familia y sin techo. Jesucristo, con su ejemplo, nos invita a compartir generosamente con los más necesitados los bienes que su providencia nos regala cada día.
Agradecemos la colaboración de tantos cristianos, de instituciones y de personas de buena voluntad, de diversos credos e incluso no creyentes, que se acercan al necesitado para cambiar sus vestidos de pobreza en vestidos de alegría y de fiesta. El Niño nacido en Belén, con su ejemplo, nos invita a ello.
Pedimos la intercesión de la Santísima Virgen María, la Madre del Niño-Dios, que nos fue entregada como madre nuestra, para que nos ayude a vivir con alegría estas entrañables fiestas. ¡Feliz Navidad a todos! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 26 Dec 2018 14:13:34 +0000