Jornada sacerdotal de inicio del curso

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Jornada Sacerdotal de inicio del curso celebrada en el Seminario Diocesano de Málaga el 20 de septiembre.

JORNADA SACERDOTAL DE INICIO DEL CURSO

(Seminario-Málaga, 20 septiembre 2018)

Lecturas: 1 Co 12, 4-11; Papa Francisco, Gaudete et exsultate, 3-5.

1.- El ejemplo de los santos que nos alientan y acompañan

El texto bíblico de la lectura breve de la “Hora Tertia” nos ha hablado de que hay diversidad de carismas y ministerios, pero un mismo Señor (1 Co 12, 4-5). El Señor es uno y único. Y esto nos anima a pedir al Señor la unidad de la Iglesia y también la unidad en el presbiterio. Este encuentro es un signo de unidad y de comunión, que debe fortalecer y expresar la unidad y comunión presbiteral.

He tomado un texto de la exhortación Gaudete et exsultate [GE] (nn. 3-5) del papa Francisco, que habla de los santos y que deseo aplicar al presbiterio.

La carta a Hebreos dice que: «teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca» (12,1). Ellos nos alientan a no detenernos y nos estimulan a seguir caminando hacia la meta.

Es cierto que los santos nos estimulan en el camino hacia la santidad. Pero también es cierto que hay hermanos nuestros sacerdotes, que nos estimulan en la carrera que nos toca.

El papa Francisco se refiere a los santos de la puerta de al lado: “Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5)” (GE, 3). Nosotros podríamos referirnos al cura cercano a mí, al párroco de mi comunidad, al arcipreste, a mi antecesor, a mi sucesor, a mi compañero de curso y de trabajo.

Añade el Papa un comentario, aplicado a los santos, que un servidor aplica a los sacerdotes: “quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor” (GE, 3).

Cuántos curas, de los que estáis hoy aquí y de otros que no están, han vivido con imperfecciones, con caídas y con limitaciones, pero seguís adelante intentando agradar al Señor. Tal vez un día la Iglesia beatifique a algunos de los que estáis sentados en estos bancos, donde también se sentaron san Manuel González, el que fue rector del Seminario, Enrique Vidaurreta, y el diácono Juan Duarte.

Hace años (25.10.1987) asistí en Roma a la beatificación de un italiano, en la que estaban presentes su esposa y una hija. Podemos imaginar lo que significaba para esa mujer asistir a tal acto. Los periodistas le preguntaron: ¿Cómo veía Vd. a su esposo? ¿Percibía que él era un santo? Su respuesta fue que ella no pensaba que su marido fuese un santo. Reconocía que se amaban mutuamente y que vivían en paz; su marido era una “buena persona”, pero jamás pensó que llegaría a los altares.

Eso nos puede ocurrir también a nosotros respecto a los demás sacerdotes. Podemos pensar que el sacerdote que está a nuestro lado o cercano a nosotros es una “buena persona”; tal vez esta apreciación esté indicando mucho. Por tanto, ¡ánimo! Tenemos el ejemplo de los santos que nos alientan y nos acompañan.


2.- La comunión de los santos y su intercesión

Lo que hace un miembro de la Iglesia, sea bueno o malo, repercute en todos los demás; así lo expresa la comunión de los santos. Como dice el papa Francisco: “los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión” (GE, 4).

Pedimos la intercesión de los santos, sobre todo los más vinculados y cercanos a nuestra Diócesis.

Tenemos bastantes beatos y santos nacidos en la Diócesis o que vivieron aquí. Unos fueron pastores, otros mártires de la fe, otros fundadores de congregaciones religiosas. Todos ellos son nuestros intercesores.

Podemos decir que «estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios […] No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce» (Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino. Vaticano, 24.04.2005).


3.- La entrega de la propia vida a imitación de Cristo

Y, finalmente, estamos llamados a entregar la propia vida a imitación de Cristo.

“En los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte” (GE, 5).

Se valora mucho el testimonio que han dado de Jesucristo y la imitación que han hecho de él en su vida. Se trata de una tarea y un reto muy fuertes, porque se busca imitar a Jesucristo. Y para nosotros, los sacerdotes, se trata de imitar a Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. A esto nos estimula y anima la celebración de hoy.

Pedimos al Señor que nos conceda su gracia, para que podamos contar con la comunión e intercesión de los santos. Y también con el testimonio, la caridad, la comunión y la fraternidad del sacerdote de al lado. Amén.