Envío de los profesores cristianos

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Eucaristía de Envío de los Profesores Cristianos, celebrada en la Catedral de Málaga el 29 de septiembre de 2018.

ENVÍO DE LOS PROFESORES CRISTIANOS
(Catedral-Málaga, 29 septiembre 2018)

Lecturas: Num 11, 25-29; Sal 18, 8.10-14; Sant 5, 1-6; Mc 9, 38-48.
(Domingo Ordinario XXVI-B)

1.- ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!


Hemos escuchado el texto del libro de los Números, en el que se nos narra que en el antiguo pueblo de Israel Dios concedió a Moisés su espíritu para profetizar y guiar al pueblo; repartiendo también este don a los setenta ancianos, que se pusieron a profetizar (cf. Num 11, 25).

Dos de estos ancianos, que no habían acudido a la cita, también recibieron el mismo don y se pusieron a profetizar fuera del grupo. Josué, el ayudante de Moisés, quiso prohibírselo; pero Moisés respondió: «¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!» (Num 11, 29).

A veces, queridos fieles, nos cuesta aceptar que otros realicen ciertas actividades eclesiales, que consideramos como propias. La tarea de evangelizar y anunciar a Cristo no es exclusiva de ningún grupo eclesial.

En la monición de entrada se nos ha dicho que en esta celebración al inicio del curso escolar se hace el “Envío de los Profesores de Religión”, que necesitan la venia del Obispo que les faculta para impartir las clases en los colegios. Desde hace algunos años hemos ampliado este “Envío” no solo para los Profesores de Religión, sino para todos los Profesores cristianos.

En la tarea de evangelización nadie tiene la exclusiva: ni los catequistas, ni los profesores de religión, ni los padres, ni los sacerdotes; ni los colegios de religiosos, ni los colegios de la Fundación Victoria, ni las escuelas concertadas, ni las privadas.

En esta celebración de inicio de curso pastoral el Señor os envía a todos los cristianos, sobre todo los que trabajáis en el campo educativo, a llevar adelante la misión evangelizadora, para que Jesucristo pueda ser conocido y amado como Hijo de Dios y como Salvador de la humanidad.

Os animo a todos a ser consecuentes con vuestro compromiso bautismal y a dar testimonio cristiano en los ambientes donde vivís y trabajáis. Deseo que todos los profesores cristianos, impartan la materia que impartan, deis testimonio valiente de vuestra fe en el campo educativo. Desde la matemática, la literatura, la música, la historia, las lenguas, desde cualquier asignatura se puede ser un verdadero testigo de la fe.

El Concilio Vaticano II nos lo ha recordado: “Los fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan destinados por el carácter al culto de la religión cristiana y, regenerados como hijos de Dios, tienen el deber de confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia” (Lumen gentium, 11). Ningún cristiano está excluido de esta tarea y de este compromiso.

Todos los bautizados participamos de la función profética de Cristo, igual que de su función sacerdotal y real. Ser profeta no es una excepción, ni una suerte, o casualidad que se reproduce cada varios siglos. Todos estamos llamados a escuchar en nosotros mismos las exigencias de la Palabra de Dios ante los hechos, ante la realidad; y todos estamos llamados a hacerlas presentes en la comunidad.


2.- El Espíritu del Señor trasciende las fronteras


Entre los discípulos del Señor también estaban preocupados porque algunos que no eran del grupo hacían milagros: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros» (Mc 9, 38).

Pero Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí» (Mc 9, 39).

Dos mil años después también sucede lo mismo. Algunos no aceptan que otros, que no son del grupo, puedan realizar cosas que suele realizar el propio grupo.

Sorprende la generosidad de Dios, que derrama su Espíritu en una medida amplia, que supera nuestras fronteras religiosas, grupales, ideológicas y nuestros nominalismos.

No hace falta ir declarando pertenencias. Dios conoce el corazón y sabe que hay muchas otras ovejas que las tiene que atraer; que tiene que traerlas a su rebaño, para que haya «un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10,16). Algunas personas, sin saberlo, se comportan con los criterios de la misericordia y de la compasión, que son distintivos de los discípulos de Cristo. El perdón, el amor, la misericordia es lo que más atrae a la persona; mientras que el odio y el rechazo alejan.

Debemos ampliar la mirada y, como tantas veces dice el papa Francisco, salir de la autorreferencialiadad (cf. Evangelii gaudium, 8; 94-95), poniendo a Dios y al hermano como centro y evitando quedar encerrados en el propio grupo. El Espíritu actúa más allá de nuestras fronteras pobres y limitadas.

Dice el Señor: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro» (Mc 9, 40). Hay muchas personas honradas, buenas, espirituales, generosas, que prestan ayuda a los más necesitados, sin pertenecer explícitamente a ninguna institución eclesial; y lo hacen de forma anónima, callada y sencilla.

Jesús abre fronteras, acoge a los hombres de buena voluntad, aprecia todos los valores y se deja guiar por una actitud integradora. Todos los valores son aprovechables y se pueden integrar en el proyecto del reino de Dios. Pero esto no anula el hecho también fundamental de que Jesús es único salvador y el único revelador del Padre. El sólo es el Camino y la Verdad y la Vida (cf. Jn 14,6). Solo Jesús es el único salvador universal.

La actitud integradora de Jesús revela a su vez que en las diversas culturas hay una presencia de la única revelación de Dios, que se manifiesta en la creación y en la historia, y llega a su plenitud en el mismo Jesús. Es lo que el Concilio Vaticano II llamó las “semillas del Verbo” (cf. Ad gentes, 11). Hay semillas de la revelación en otras culturas no cristianas; y son como una preparación para aceptar la revelación plena que ha manifestado Cristo Jesús. Debemos saber descubrir esas semillas e integrarlas en nuestro diálogo con los demás.


3.- Acoger al hermano como al mismo Cristo


Queridos padres, educadores, profesores, en la tarea que tenéis como docentes recordad que lo que hagáis al educando lo hacéis al mismo Cristo: «El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa» (Mc 9, 41). Lo que hacéis a otro lo hacéis a mí.

Procurad sacar de los educandos lo mejor de ellos mismos, para que se revele la imagen de hijos de Dios que llevan dentro. Eso significa “educar” (e-ducere). No emborronéis la imagen; no la estropeéis; sacadla a la luz lo más limpiamente posible.

¡Pero tened cuidado de no escandalizar, manipular o educar mal a vuestros alumnos o a vuestros hijos! El Señor Jesús es muy claro y parece duro en este sentido: «El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar» (Mc 9, 42).

Os envío a todos: en primer lugar a los profesores de Religión, porque necesitáis la “venia” del Obispo; y a todos los profesores cristianos de cualquier materia; y a todos los padres y educadores os envío también a evangelizar en el hermoso campo de la educación.

Pedimos a Santa María de la Victoria que nos acompañe en la hermosa y a la vez difícil tarea de ser educadores. Y que Ella nos enseñe a educar como lo hizo con su Hijo Jesús. Amén.