Año Jubilar de los Hemanos de La Salle con motivo del III Centenario de la muerte de san Juan Bautista de la Salle

Homilía del obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá

(Parroquia de San Sebastián-Antequera, 7 abril 2019)

Lecturas: Is 43,16-21; Sal 125,1-6; Flp 3,8-14; Jn 8,1-11.

(Domingo Cuaresma V-C)


1.- Dios continúa hace maravillas por su pueblo

El Señor hizo maravillas con el antiguo pueblo de Israel: «abrió camino en el mar y una senda en las aguas impetuosas» (Is 43,16); venció a los egipcios, que iban bien equipados con carros y caballos, y los arrojó en el mar (cf. Is 43,17), permitiendo a su pueblo seguir el camino de la tierra prometida.

Dios concede hoy a su pueblo de la nueva alianza, formado por sus hijos adoptivos, renacer del agua y del Espíritu. También en esta época el Señor transforma el desierto en corrientes de agua «para dar de beber a mi pueblo elegido» (Is 43,20), que debe proclamar su alabanza (cf. Is 43,21).

En la historia de la Iglesia ha habido muchas corrientes de agua, promovidas por el Espíritu del Señor, que han fertilizado los desiertos de la vida de los fieles. Una de esas corrientes de agua, que fertilizan hoy el desierto de la sociedad es el carisma de san Juan Bautista de la Salle, encarnado en sus hijos, los Hermanos de la Salle.

2.- El carisma de san Juan Bautista de la Salle

San Juan Bautista de La Salle nació en Reims (Francia) el día 30 de abril de 1651. Era el primogénito de una numerosa prole de una familia bien estante; su padre era magistrado.

Destacó por su particular atención a la formación humana y cristiana de los niños y adolescentes, fundando para ello la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; por estas obras tuvo que sufrir muchas pruebas. La vida del cristiano no es fácil, porque dar testimonio de Cristo no resulta fácil ni cómodo.

Murió el día 7 de abril de 1719 en Rouen (Normandía-Francia). El papa León XIII lo declaró Beato en 1888 y en 1900 lo inscribió en el catálogo de los Santos. El 15 de mayo de 1950, el papa Pio XII lo declaró patrono de los educadores cristianos de los jóvenes.

Siguiendo con la imagen del desierto fecundado del profeta Isaías, desde la fundación de la Congregación el carisma lasaliano ha recorrido muchos desiertos de ignorancia, de analfabetismo, de incredulidad, de pobreza material y espiritual, de oscuridad, de ideas y concepciones sobre el hombre que van en contra del mismo hombre. En esos desiertos ha ido poniendo sabiduría donde había ignorancia, formación donde había analfabetismo, anuncio del Evangelio donde no había fe, riqueza material y espiritual ayudando a niños pobres, luz evangélica, claridad de ideas en momentos de confusión. El carisma lasaliano ha sido un regalo de Dios en estos trescientos años, que ha ido fecundando muchos tipos de desierto.

Animamos al conocimiento de la vida de este santo Fundador y a invocar su intercesión.

3.- Año Jubilar de los Hermanos de la Salle

Con motivo del tercer centenario de la muerte del fundador, el Superior General de la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Robert Schieler, dirigió una carta al papa Francisco pidiendo un Año Jubilar, que fue otorgado desde noviembre de 2018, aniversario de la dedicación del santuario de San Juan Bautista de La Salle en la Casa generalicia de Roma, hasta el 31 de diciembre de 2019. Estamos en pleno año jubilar, año de gracia, año de recuerdo agradecido, año que nos invita a convertirnos al Señor.

Queremos hoy dar gracias al Dios por la presencia en la Iglesia universal y de modo particular en Antequera de estos Hermanos nuestros, que siguen haciendo presente el carisma de san Juan Bautista de la Salle. Para ello celebramos el Año Jubilar con el lema: “Un corazón, un compromiso, una vida”.

Cada uno de los Hermanos ofrece su vida y su corazón para regar y hacer fecundo el mundo actual, que tan necesitado está. Su compromiso es transformar nuestra sociedad haciéndola pasar de desierto a jardín, de la aridez a la fecundidad.

Su dedicación es sobre todo a los niños y jóvenes en el campo de la enseñanza. Este campo es muy importante; por eso los que quieren dominar la sociedad siempre intentan controlar la enseñanza reglada y tienen la tentación de quitar ese derecho a los padres. Algunos gobiernos quieren quitar a los padres el derecho a educar a sus hijos según sus propias convicciones, sean religiosas, culturales o ideológicas. No le corresponde al Estado esta misión, sino que es un derecho de los padres. Los Hermanos de la Salle y otras instituciones de iniciativa social lo que hacen es facilitar a los padres su derecho, para que puedan elegir el tipo de educación quieren para sus hijos.

Deseo agradecer, pues, queridos Hermanos de la Salle, vuestra presencia y vuestro trabajo educativo y evangelizador en nuestra Diócesis. En Melilla celebramos en el año 2012 el centenario del colegio de La Salle.

4.- Algunas aportaciones de los Hermanos de La Salle a la pedagogía

Los Hermanos de la Salle, expertos en el campo de la educación y de la pedagogía, han realizado algunas aportaciones, como el ordenamiento de los alumnos por grupos de nivel, el horario definido para las clases.

Utilizaron desde el principio en la enseñanza la lengua vernácula, que hasta entonces solía utilizarse el latín.

Fueron pioneros en abrir la primera Escuela de formación para maestros. Hoy comparten con la Congregación de Franciscanas de los Sagrados Corazones de Madre Carmen y con la Diócesis de Málaga la tarea de la Escuela de Magisterio en Antequera.

Una obra suya, titulada “Conducta de las Escuelas” fue el manual pedagógico básico para los educadores católicos y muchos otros desde el siglo XVIII hasta principios del XX.

En su sistema educativo propusieron, como una gran novedad, la cortesía y la amabilidad como formas de caridad; y desarrollaron una teología de la educación.

Fueron precursores de la actual escuela Secundaria; y abrieron la primera casa correccional en Francia.

Todas esas iniciativas y muchas más provienen del carisma lasaliano, que ha fecundado el campo de la enseñanza hasta nuestros días; y deseamos que siga fecundando el desierto de nuestra sociedad. No os canséis, queridos Hermanos de la Salle, de trabajar en el desierto para convertirlo en jardín; no os canséis de ser manantiales de vida y de iluminar nuestra realidad social con la luz del Evangelio. Hoy damos gracias a Dios por esta larga fecundidad.

5.- Dios sigue haciendo maravillas en nosotros

El Señor sigue haciendo maravillas en nosotros y nos dice en palabras del profeta Isaías: «Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43,18). Cada uno de nosotros ha sido objeto de la benevolencia de Dios, objeto de su amor y de su elección; nos ha llamado a ser hijos suyos en el bautismo; nos ha cuidado para que creciéramos bien; nos ha elegido para ser sus testigos.

Damos gracias a Dios por las maravillas que hace cada día en nosotros, ofreciéndonos su Palabra, su Cuerpo sacramentado, su perdón y su misericordia como la mujer adúltera y a todos los pecadores. Dios está siempre abierto al perdón; y su Hijo Jesús, “rostro de la misericordia de Dios-Padre” es quien nos lo ha enseñado. Y perdona a la mujer pecadora y a cada uno de nosotros, para que nos convirtamos.

Damos, pues, gracias a Dios por las maravillas que obra en nosotros. Dios es capaz de obrar en nosotros algo grande, si se lo permitimos. La profecía de Isaías debe resonar en nuestro corazón: «Abriré un camino en el desierto, corrientes en el yermo» (Is 43,19). El Señor quiere transformarnos; y aunque nuestro corazón esté seco y estéril como el desierto, Dios es capaz de convertirlo en un gran manantial de aguas frescas y abundantes.

Como nos ha dicho san Pablo, aún no hemos conseguido ser perfectos; pero seguimos a Jesucristo, considerando todo lo que nuestra sociedad valora (riquezas, honores, poder) como pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, nuestro Señor (cf. Flp 3,8). Ojalá podamos decir como Pablo: «Todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo» (Ibid.).

Podemos cantar con el Salmo: el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (cf. Sal 125,1-6). El Señor ha estado grande al regalar el carisma lasaliano a la Iglesia; ha estado grande y misericordioso al transformar nuestro corazón. No nos cansemos de dar gracias a Dios.

Y pedimos a la Santísima Virgen María que nos siga acompañando en nuestra tarea y que, a vosotros queridos Hermanos de La Salle, os acompañe de modo especial en la misión que Dios confió a vuestro fundador y os confía a vosotros como portadores de ese carisma. Amén.

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