El seminario, misión de todos

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:


Os saludo con mucho afecto en el corazón de la Cuaresma, que a todos os deseo muy santa y fecunda. Os escribo con ocasión del Día del Seminario, que tradicionalmente se ha celebrado en la solemnidad de san José y que desde hace unos años se celebra en el domingo más próximo, en este año el domingo 17. El Día del Seminario nos ofrece la ocasión de detener la mirada sobre nuestros Seminarios Diocesanos para caer en la cuenta del bien y la esperanza que significan para nuestra Iglesia en Sevilla las vocaciones sacerdotales que en ellos se forman. Sí, debemos dar gracias a Dios por cada uno de nuestros seminaristas, por los adolescentes que se forman en el Seminario Menor, por el grupo numeroso que se preparan para ser sacerdotes en el Seminario Metropolitano, y por el grupito de candidatos del Seminario Redemptoris Mater.

La vocación sacerdotal es siempre un don inmerecido que Dios concede a aquellos jóvenes a los que llama para que estén con Él, para que gocen de su intimidad y de su amistad y para que compartan con Él su misión y su tarea salvadora. La vocación sacerdotal es un don para ellos y para toda la Iglesia. A todos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos invito a que vivan con alegría este Día del Seminario, y a dar gracias a Dios por la hermosa realidad de nuestros Seminarios, en los que se forman setenta y cuatro jóvenes, con en el vivo deseo de ser algún día pastores según el corazón de Jesucristo, Buen Pastor, para bien de nuestra Iglesia diocesana y de la Iglesia universal. Al mismo tiempo que damos gracias a Dios, quiero invitaros a que acompañéis con vuestra oración cotidiana a nuestros seminaristas, para que perseveren y sean fieles a la hermosísima vocación que el Señor les ha regalado.

El lema de este año es bien explicito, El Seminario, misión de todos. Nos quiere decir que la promoción y el cuidado de las vocaciones al ministerio sacerdotal es tarea y compromiso de todos: de los padres de familia, que deben acompañar la vocación de sus hijos y considerar como un privilegio muy grande que el Señor toque el corazón y mire a los ojos a alguno de ellos regalándoles el don de la vocación. Es tarea también del sacerdote y de la parroquia, de la escuela católica, de los educadores, sobre todo de los catequistas y profesores de religión, que deben considerarse mediadores entre Dios que sigue llamando y nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Todos debemos sentirnos invitados a participar en la pastoral vocacional, especialmente a través de la oración al Dueño de la mies (Lc 10,2). Es una urgencia que compromete a toda la comunidad diocesana y es una dimensión permanente de la pastoral ordinaria y que yo encomiendo especialmente a las madres de los seminaristas, a las monjas contemplativas, a los ancianos y enfermos, a los que invito a ofrecer al Señor sus dolores por el Seminario, los seminaristas y las vocaciones.

La promoción de las vocaciones sacerdotales es un campo a cultivar por toda la comunidad cristiana. El mundo de hoy, dolorido e inseguro en la coyuntura difícil que estamos viviendo, necesita palabras verdaderas que iluminen su caminar. Necesitamos jóvenes entregados totalmente a Jesucristo y a su obra de salvación, que afirmen con el testimonio de sus vidas entregadas que entre las sombras del mundo emerge la esperanza que nace del Evangelio, que es capaz de trasformar la vida dándole sentido y belleza. Necesitamos sacerdotes de cuerpo entero, sacerdotes santos y generosos. El trabajo apostólico no admite titubeos ni demoras. El Evangelio no entiende de tibiezas, ni mediocridades en la entrega. Trabajar para que sean cada vez más los hombres y mujeres que puedan experimentar la alegría y la esperanza que brotan del encuentro con el Señor, es la vida propia de la Iglesia, su principal tarea y casi la única misión que ha recibido de su Señor. De esta manera, con la renuncia a lo que el mundo considera ganancia, el sacerdote bueno y generoso alcanza la verdadera dicha evangélica: el ciento por uno con la medida de la generosidad del corazón de Dios.

Finalmente, quisiera encareceros la gran responsabilidad que tiene toda la Iglesia diocesana de auxiliar, también económicamente, al Seminario para poder garantizar una adecuada formación de los que serán los pastores del mañana. Por ello, pido a todos que seáis generosos en la colecta de este domingo.

Pongo en las manos maternales de la Santísima Virgen del Buen Aire y de los Santos diocesanos la sacrosanta intención de las vocaciones sacerdotales para el bien del Pueblo de Dios. Encomiendo esta intención especialmente a los grandes modelos sacerdotales de nuestra Archidiócesis, san Leandro y san Isidoro, san Manuel González García, el beato cardenal Spínola, y singularmente de San Juan de Ávila, patrono del clero español.


Para todos, mi afecto fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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