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Merece la pena ser cura hoy

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Queridos seminaristas, jóvenes que os estáis planteando entrar en el Seminario, sacerdotes y familias:

Sí, también en este momento concreto de la historia, merece la pena ser sacerdote. Tal vez no sea tan sencillo como en otros tiempos, pero sin duda es apasionante. Así lo he experimentado a lo largo de más de treinta años de ministerio.

Los sacerdotes somos testigos privilegiados del paso de Dios por la vida de las personas, cuando nos acercamos a ellas con delicadeza y disponibilidad para acompañarlas y escucharlas. Entonces, descubrimos en sus corazones el poder salvador de los sacramentos que presidimos; y reconocemos, con asombro, cómo Dios se sirve de nuestras pobres palabras y de nuestra frágil humanidad para iluminar y fortalecer a muchos hijos suyos. Por eso, nuestra mayor alegría no es tanto que nos quieran cuanto que nuestros feligreses se encuentren con Dios y se dejen transformar por Él.

Además, nuestro trabajo es valorado por una multitud de personas que trabajan generosamente en nuestras parroquias, en todo tipo de celebraciones, actividades formativas, caritativas y solidarias. Son mujeres y hombres, niños, jóvenes y mayores que agradecen lo que hacemos y lo que representamos, incluso con nuestras limitaciones. Nos quieren, nos perdonan y nos sostienen, a poco que seamos humildes, cercanos, sinceros y entregados a la misión recibida.

Es cierto que hoy el sacerdote ya no recibe los honores ni los privilegios de antaño. Pero lejos de ser un inconveniente, esta circunstancia es una oportunidad. Cuanto menos reconocimiento externo tenemos, más libres somos para vivir con autenticidad nuestra fe y nuestra vocación; más fácilmente podremos configurarnos con Cristo Siervo y Pastor, que da la vida por su rebaño. Nuestro mayor privilegio es acercarnos a los privilegiados del Señor: los que tienen hambre de pan y de esperanza; los enfermos, los jóvenes y las familias que necesitan nuestro tiempo y dedicación para sentirse acompañados en sus crisis, búsquedas y proyectos.

Incluso en esta Iglesia herida por el terrible escándalo de los abusos, merece la pena ser sacerdote. Unos pocos han causado un sufrimiento inmenso a las víctimas. Ahora es el momento de que todos ofrezcamos lo mejor de nosotros para que las heridas puedan cicatrizar, para desterrar de la Iglesia relaciones de dependencia enfermizas que nos dañan a todos, y para promover vínculos verdaderamente fraternos, como Dios quiere para sus hijos e hijas.

El Señor sigue llamando a ser buenos pastores como Él y con Él. Es un regalo precioso estar con Él y compartir su misión con confianza y generosidad. A su lado, hasta cuando la cruz se hace más pesada, crece una alegría profunda en nuestro corazón que nadie puede arrebatarnos. Además, Él nos promete el ciento por uno y la vida eterna.

Oremos con san Manuel González para que el Señor nos dé –y haga de todos los sacerdotes– «buenos pastores, dispuestos a dar la vida por las ovejas».

Recibid un saludo muy cordial en el Señor

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

Carta Pastoral en el Día del Seminario

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«Deja tus Redes y Sígueme»

Día del Seminario 2026

 La campaña del Seminario es un momento de gracia para renovar nuestra fe en la acción del Espíritu Santo, que continúa suscitando vocaciones al ministerio ordenado en medio de su pueblo. El lema, “Deja tus redes y sígueme”, nos recuerda que el Señor sigue pasando por nuestras vidas, por nuestras parroquias y comunidades, por nuestras familias, por los grupos de catequesis y entre los jóvenes. Sigue llamándonos al corazón por nuestro nombre, invitándonos a dejar las redes, nuestras seguridades y comodidades personales, para abrazar una vida entregada al servicio del Reino. Esta llamada es actual, concreta y exigente.

La primera y más importante tarea vocacional es la oración. La pastoral vocacional comienza de rodillas. La vocación sacerdotal es un don que nace del corazón de Dios; y es acogida, sostenida y fecundada en un clima de oración perseverante y confiada. Allí donde una comunidad ora, el terreno se vuelve fértil. Allí donde se suplica con fe, el Señor concede el don de nuevas vocaciones. La oración educa el corazón de la Iglesia para reconocer la voz del Buen Pastor y preparar el camino a quienes están llamados a configurarse con Él. Jesús mismo nos lo recordó con claridad: «Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,38). Invito a todas las parroquias, comunidades religiosas, movimientos y asociaciones a intensificar la oración por las vocaciones sacerdotales y por nuestro Seminario, acompañando a quienes escucharán o han escuchado su voz. Que no falte en nuestras Eucaristías una intención explícita por quienes el Señor llama. Que se promuevan momentos de adoración eucarística, rosarios, vigilias vocacionales y espacios de silencio ante el Señor.

El lema «Deja tu red y sígueme» nos recuerda que la llamada de Jesús es personal, pero se sirve de mediaciones humanas. Alguien anuncia, alguien propone, alguien acompaña. La promoción vocacional no puede reducirse al Seminario ni a un momento puntual del año. Es una dimensión esencial de la vida eclesial y diocesana.

El lema de este año interpela de manera especial a los jóvenes que puedan sentir la llamada del Señor. “Dejar las redes” significa revisar nuestras prioridades, renovar nuestra disponibilidad y fortalecer nuestra confianza en Dios. A los jóvenes os digo que no tengáis miedo de escuchar la voz de Cristo. Si Él llama, da también la gracia para responder. Seguirle es el camino de la verdadera libertad, de la alegría y felicidad plena.

Queridos sacerdotes, vuestra fidelidad diaria en la celebración de la Eucaristía, vuestra oración silenciosa ante el Sagrario y el testimonio de vida entregada son ya una siembra vocacional. Cuando un joven contempla a un sacerdote que ora, que celebra con recogimiento y que vive con coherencia, descubre que el sacerdocio no es simplemente una función, sino una forma de vida feliz profundamente unida a Cristo. Cuidemos la predicación que puede suscitar inquietudes profundas. Del mismo modo, la catequesis, los encuentros con jóvenes, la dirección espiritual y las actividades pastorales son ocasiones privilegiadas para sembrar la semilla vocacional. Os agradezco, queridos sacerdotes, la acogida que brindáis a los seminaristas y al rector del Seminario cuando visitan vuestras parroquias. Son momentos de encuentro que fortalecen la comunión diocesana y permiten que los fieles conozcan de cerca la realidad del Seminario. Este proceso requiere el compromiso de la Diócesis. Cuando un seminarista realiza experiencias pastorales en una parroquia, necesita encontrar comunidades acogedoras, sacerdotes disponibles y fieles que comprendan la importancia de su camino formativo. El acompañamiento no es solo tarea de los formadores del Seminario; es responsabilidad de todo el presbiterio y de toda la Iglesia particular. Es importante que en nuestras parroquias existan grupos de monaguillos, espacios de servicio en la liturgia y propuestas formativas que ayuden a los adolescentes y jóvenes a descubrir la centralidad de la Eucaristía y el sentido del ministerio ordenado. Allí donde se ama la liturgia y se cuida la celebración, donde se vive la caridad, el Señor encuentra terreno propicio para llamar.

A las familias cristianas les pido que acompañen con fe y apertura la posible vocación de sus hijos. El sacerdocio no empobrece a la familia; la enriquece espiritualmente y la convierte en instrumento de bendición para muchos. Asimismo, a los profesores católicos los animo en esta tarea. Promover las vocaciones significa hablar con esperanza del sacerdocio, mostrar su belleza, dar testimonio de su fecundidad apostólica y ofrecer a los jóvenes experiencias significativas de fe y servicio.

Demos gracias por nuestro Seminario de San Torcuato, por el seminario en familia, por el rector y el equipo formativo, por el equipo diocesano de pastoral vocacional, por nuestros seminaristas. El Seminario es el ámbito propio donde la Iglesia acoge y forma a quienes sienten la llamada al sacerdocio. Allí se cuida su crecimiento humano, espiritual, intelectual, comunitario y pastoral. Esta formación integral es esencial para tener sacerdotes santos y bien preparados.

Junto a la oración y al compromiso pastoral, es necesaria también la colaboración económica para sostener y colaborar en la formación integral de los seminaristas, que implica recursos materiales: mantenimiento de las instalaciones, formación académica, acompañamiento espiritual, atención pastoral y tantas otras necesidades cotidianas. Nuestra Diócesis realiza un esfuerzo considerable para garantizar una formación de calidad, pero necesita la colaboración generosa de todos.

Invito a promover con responsabilidad la colecta de la Campaña del Seminario, explicando a los fieles el sentido y la importancia de su aportación. Cada ayuda económica, por pequeña que sea, es una participación concreta en la misión de formar a los futuros sacerdotes. Sostener el Seminario es invertir en el futuro espiritual de nuestra Iglesia diocesana. Es contribuir a que mañana haya sacerdotes que celebren la Eucaristía, anuncien la Palabra, acompañen a las familias, consuelen a los enfermos y guíen a nuestras comunidades con fidelidad y entrega.

Que esta Campaña del Seminario 2026 renueve en toda nuestra Diócesis y en todos nosotros, el compromiso por la oración, la promoción vocacional, el acompañamiento cercano y la colaboración generosa. El Señor sigue llamando. Nuestra tarea es preparar el terreno, sostener la respuesta y confiar en que su gracia no falta nunca. Ponemos estos deseos en manos de San José, patrón de los seminaristas, custodio y primer formador de Jesús. A la Virgen María, Madre de las vocaciones, le pedimos que no nos falten sacerdotes. Y a San Torcuato, patrón de la Diócesis, le pedimos la respuesta generosa de nuestros jóvenes.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Carta Pastoral en el Día del Seminario

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«Deja tus Redes y Sígueme»

Día del Seminario 2026

 La campaña del Seminario es un momento de gracia para renovar nuestra fe en la acción del Espíritu Santo, que continúa suscitando vocaciones al ministerio ordenado en medio de su pueblo. El lema, “Deja tus redes y sígueme”, nos recuerda que el Señor sigue pasando por nuestras vidas, por nuestras parroquias y comunidades, por nuestras familias, por los grupos de catequesis y entre los jóvenes. Sigue llamándonos al corazón por nuestro nombre, invitándonos a dejar las redes, nuestras seguridades y comodidades personales, para abrazar una vida entregada al servicio del Reino. Esta llamada es actual, concreta y exigente.

La primera y más importante tarea vocacional es la oración. La pastoral vocacional comienza de rodillas. La vocación sacerdotal es un don que nace del corazón de Dios; y es acogida, sostenida y fecundada en un clima de oración perseverante y confiada. Allí donde una comunidad ora, el terreno se vuelve fértil. Allí donde se suplica con fe, el Señor concede el don de nuevas vocaciones. La oración educa el corazón de la Iglesia para reconocer la voz del Buen Pastor y preparar el camino a quienes están llamados a configurarse con Él. Jesús mismo nos lo recordó con claridad: «Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,38). Invito a todas las parroquias, comunidades religiosas, movimientos y asociaciones a intensificar la oración por las vocaciones sacerdotales y por nuestro Seminario, acompañando a quienes escucharán o han escuchado su voz. Que no falte en nuestras Eucaristías una intención explícita por quienes el Señor llama. Que se promuevan momentos de adoración eucarística, rosarios, vigilias vocacionales y espacios de silencio ante el Señor.

El lema «Deja tu red y sígueme» nos recuerda que la llamada de Jesús es personal, pero se sirve de mediaciones humanas. Alguien anuncia, alguien propone, alguien acompaña. La promoción vocacional no puede reducirse al Seminario ni a un momento puntual del año. Es una dimensión esencial de la vida eclesial y diocesana.

El lema de este año interpela de manera especial a los jóvenes que puedan sentir la llamada del Señor. “Dejar las redes” significa revisar nuestras prioridades, renovar nuestra disponibilidad y fortalecer nuestra confianza en Dios. A los jóvenes os digo que no tengáis miedo de escuchar la voz de Cristo. Si Él llama, da también la gracia para responder. Seguirle es el camino de la verdadera libertad, de la alegría y felicidad plena.

Queridos sacerdotes, vuestra fidelidad diaria en la celebración de la Eucaristía, vuestra oración silenciosa ante el Sagrario y el testimonio de vida entregada son ya una siembra vocacional. Cuando un joven contempla a un sacerdote que ora, que celebra con recogimiento y que vive con coherencia, descubre que el sacerdocio no es simplemente una función, sino una forma de vida feliz profundamente unida a Cristo. Cuidemos la predicación que puede suscitar inquietudes profundas. Del mismo modo, la catequesis, los encuentros con jóvenes, la dirección espiritual y las actividades pastorales son ocasiones privilegiadas para sembrar la semilla vocacional. Os agradezco, queridos sacerdotes, la acogida que brindáis a los seminaristas y al rector del Seminario cuando visitan vuestras parroquias. Son momentos de encuentro que fortalecen la comunión diocesana y permiten que los fieles conozcan de cerca la realidad del Seminario. Este proceso requiere el compromiso de la Diócesis. Cuando un seminarista realiza experiencias pastorales en una parroquia, necesita encontrar comunidades acogedoras, sacerdotes disponibles y fieles que comprendan la importancia de su camino formativo. El acompañamiento no es solo tarea de los formadores del Seminario; es responsabilidad de todo el presbiterio y de toda la Iglesia particular. Es importante que en nuestras parroquias existan grupos de monaguillos, espacios de servicio en la liturgia y propuestas formativas que ayuden a los adolescentes y jóvenes a descubrir la centralidad de la Eucaristía y el sentido del ministerio ordenado. Allí donde se ama la liturgia y se cuida la celebración, donde se vive la caridad, el Señor encuentra terreno propicio para llamar.

A las familias cristianas les pido que acompañen con fe y apertura la posible vocación de sus hijos. El sacerdocio no empobrece a la familia; la enriquece espiritualmente y la convierte en instrumento de bendición para muchos. Asimismo, a los profesores católicos los animo en esta tarea. Promover las vocaciones significa hablar con esperanza del sacerdocio, mostrar su belleza, dar testimonio de su fecundidad apostólica y ofrecer a los jóvenes experiencias significativas de fe y servicio.

Demos gracias por nuestro Seminario de San Torcuato, por el seminario en familia, por el rector y el equipo formativo, por el equipo diocesano de pastoral vocacional, por nuestros seminaristas. El Seminario es el ámbito propio donde la Iglesia acoge y forma a quienes sienten la llamada al sacerdocio. Allí se cuida su crecimiento humano, espiritual, intelectual, comunitario y pastoral. Esta formación integral es esencial para tener sacerdotes santos y bien preparados.

Junto a la oración y al compromiso pastoral, es necesaria también la colaboración económica para sostener y colaborar en la formación integral de los seminaristas, que implica recursos materiales: mantenimiento de las instalaciones, formación académica, acompañamiento espiritual, atención pastoral y tantas otras necesidades cotidianas. Nuestra Diócesis realiza un esfuerzo considerable para garantizar una formación de calidad, pero necesita la colaboración generosa de todos.

Invito a promover con responsabilidad la colecta de la Campaña del Seminario, explicando a los fieles el sentido y la importancia de su aportación. Cada ayuda económica, por pequeña que sea, es una participación concreta en la misión de formar a los futuros sacerdotes. Sostener el Seminario es invertir en el futuro espiritual de nuestra Iglesia diocesana. Es contribuir a que mañana haya sacerdotes que celebren la Eucaristía, anuncien la Palabra, acompañen a las familias, consuelen a los enfermos y guíen a nuestras comunidades con fidelidad y entrega.

Que esta Campaña del Seminario 2026 renueve en toda nuestra Diócesis y en todos nosotros, el compromiso por la oración, la promoción vocacional, el acompañamiento cercano y la colaboración generosa. El Señor sigue llamando. Nuestra tarea es preparar el terreno, sostener la respuesta y confiar en que su gracia no falta nunca. Ponemos estos deseos en manos de San José, patrón de los seminaristas, custodio y primer formador de Jesús. A la Virgen María, Madre de las vocaciones, le pedimos que no nos falten sacerdotes. Y a San Torcuato, patrón de la Diócesis, le pedimos la respuesta generosa de nuestros jóvenes.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Carta pastoral por el Día del Seminario 2026

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<<DEJA TUS REDES Y SÍGUEME>>

Día del Seminario 2026

Un día, Jesús de Nazaret pidió a un grupo de pescadores en el lago de Galilea que dejaran las redes y lo siguieran. Y así lo hicieron. Su gesto estuvo lleno de valentía y desprendimiento. Desarrollaban un trabajo duro, pero les ofrecía lo suficiente para vivir. Tenían también una familia que los arropaba y les daba cariño y unos amigos que les hacían más llevadero los momentos grises y rutinarios. Dejar las redes, pues, suponía para ellos un gesto de confianza en la persona que les hacía la propuesta. Llevaba consigo también obedecer a alguien del que, más que certezas, albergaban suposiciones, más que seguridades, sospechaban riesgos.

En el entorno de la solemnidad de s. José, el próximo domingo día 22, la Iglesia celebra el Día del Seminario. En esta ocasión, lo hace bajo el lema <<Deja tus redes y sígueme>> inspirado en el texto de Lucas: “Y dejándolo todo, lo siguieron” (Lc 5, 11). Al igual que los primeros discípulos, también José es para nosotros modelo de confianza y obediencia a la voz de Dios. Cuando dijo sí a la propuesta divina de hacer las veces de padre de Jesús, hubo de renunciar a su propio proyecto de vida, hubo de abandonarse en las manos de Dios y responsabilizarse de dos vidas necesitadas de una atención especial, dos vidas que tampoco eran suyas y que debían ser cuidadas con ternura y dedicación.

<<Deja tus redes y sígueme>>. Con estas palabras, el Señor se sigue dirigiendo hoy a muchos llamados, especialmente a los jóvenes. La llamada es contundente y exige un giro radical a la propia vida. En primer lugar, requiere un discernimiento capaz de diferenciarla de tantos reclamos como se presentan hoy y que, lamentablemente, son sucedáneos de plenitud y de felicidad. Requiere también confianza en el Señor, una confianza que nace de la experiencia de su amor incondicional. Supone renuncia a los propios proyectos para adoptar los de Jesucristo, así como dejar a un lado la satisfacción inmediata para volcarse en hacer felices a los demás.

Si para los discípulos de primera hora la respuesta supuso dejar las redes de hilo con que capturaban peces en el lago, para los de hoy supondrá dejar otro tipo de redes, todo aquello que los ata y esclaviza: la autosuficiencia, la avaricia, el hedonismo, la superficialidad… Es lo que han hecho muchos jóvenes valientes como aquél cuyos padres tenían un buen negocio y deseaban que fuera continuado por su hijo, aquél cuya mayor motivación estaba asociada al disfrute del “finde”, aquel que se había montado un mundo virtual y navegaba por las redes digitales sin pisar tierra…

Fueron valientes y generosos, descubrieron la voz de Dios, se fueron con Él para conocerlo, le siguieron y siguen a su lado. Son los sacerdotes que han descubierto que, como dice el texto bíblico, “hay más dicha en dar que en recibir” (Act 20, 35). Los encontramos en las parroquias, en fundaciones benéficas, en residencias de mayores y discapacitados, en colegios, en hospitales… Allí están día a día dándolo todo por servir la Palabra de Dios, celebrar los misterios de la salvación, reunir a la comunidad y cuidar de los enfermos y de los pobres. Y, haciéndolo, son felices.

Nuestra Diócesis ha sido y sigue siendo bendecida con muchas vocaciones sacerdotales. Aun así, tiene razón el Señor cuando afirma: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 37-38). Junto a la oración, queridos diocesanos, os invito a seguir creando las condiciones necesarias para que resuene la llamada divina y sea acogida por corazones confiados, dóciles y valientes. Seguid cuidando la iniciación cristiana, la pastoral familiar y juvenil. Y no dejéis de sentir un sano orgullo de alimentar el Seminario con nuevos candidatos. Que el Señor nos siga bendiciendo. Se lo pedimos por medio de nuestro patrono s. José.

 

+ Jesús, Obispo de Córdoba

«Deja tus redes y sígueme»

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Queridos hermanos y hermanas:

Con alegría y esperanza, volvemos a celebrar un año más el Día del Seminario, ocasión privilegiada para tomar conciencia del don que Dios sigue haciendo a su Iglesia al suscitar vocaciones al sacerdocio. Este año, la campaña del Seminario tiene como lema Deja tus redes y sígueme. Se hace eco de la llamada que Jesús dirige a los primeros discípulos a orillas del lago de Genesaret (cf. Mt 4,19).

Aquellas palabras que el Señor dirigió a Pedro, Andrés, Santiago y Juan no pertenecen solo al pasado. Siguen resonando hoy con la misma fuerza. Jesús resucitado continúa pasando por nuestras orillas cotidianas para entrar e n nuestras vidas concretas y llamarnos por nuestro nombre. Sigue invitándonos a dejar nuestras seguridades, proyectos propios y «redes» que a veces nos atan para seguirle con libertad y confianza.

El Seminario es el lugar donde esta llamada se discierne y se cultiva. Es el corazón de la diócesis, lugar donde se forman los futuros pastores según el Corazón de Cristo. Por ello, el Día del Seminario no es solo una jornada dedicada a quienes están en proceso de formación, sino una invitación a toda la comunidad diocesana a sentirse responsable de las vocaciones.

Necesitamos sacerdotes, hombres de Dios, maestros de oración, pastores capaces de guiar, escuchar, acompañar y de anunciar el Evangelio con alegría. Necesitamos sacerdotes que celebren los sacramentos, acontecimientos salvíficos en los que somos alcanzados por Cristo vivo y resucitado. Necesitamos sacerdotes porque «el sacerdocio, junto con la Palabra de Dios y los signos sacramentales, a cuyo servicio está, pertenece a los elementos constitutivos de la Iglesia» (cf. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 16).

La escasez general de vocaciones no ha llevarnos al desaliento. Debe llevarnos a intensificar nuestra oración y nuestro compromiso en favor de las vocaciones sacerdotales. Esta situación encierra una apremiante llamada a la conversión, a «dejar las redes» que nos impiden seguir al señor para ponerlo a Él en el centro de nuestras vidas. Y «exige que todos revisemos la capacidad generativa de las prácticas pastorales de la Iglesia […] tener siempre presente la perspectiva vocacional en todos los ámbitos pastorales, en particular en los juveniles y familiares» (León XVI, Una fidelidad que genera futuro, 28).

A vosotros, jóvenes, quisiera dirigiros una palabra especial. No tengáis miedo de escuchar la voz del Señor. No tengáis miedo de plantearos seriamente si Él os está llamando al sacerdocio. Seguir a Cristo no empobrece, sino que enriquece la vida, la llena de sentido y de una alegría profunda que nada ni nadie puede dar. Si percibís la llamada del Señor en vuestro corazón, poneos a la escucha sincera de su voz. Rezad, preguntad buscad acompañamiento. El Señor os dará su gracia para todo ello.

Y a todos los fieles de la diócesis os invito a sostener el Seminario con vuestra oración y vuestra colaboración. Rezad por nuestros quince seminaristas, por sus formadores y por las vocaciones sacerdotales. En la medida de las posibilidades de cada uno, sed generosos con la ayuda material, necesaria también para que el Seminario pueda cumplir su misión.

Que la Virgen Inmaculada y san José, patronos de nuestro Seminario Diocesano, acompañen el camino de nuestros seminaristas y e intercedan ante el Señor para que nos envíe santas y numerosas vocaciones a la vida sacerdotal.

Con mi afecto y bendición.

+ Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva

La Casa de la Iglesia celebra la Solemnidad de San José

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La Casa de la Iglesia celebra la Solemnidad de San José

La Casa de la Iglesia de Asidonia-Jerez ha celebrado la Solemnidad de San José, patrón de la Iglesia universal, en una jornada marcada por la fraternidad y la acción de gracias, que ha reunido a quienes desarrollan su servicio en el Obispado.

Esta celebración tiene también un carácter especial al coincidir con la onomástica de Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien ha compartido este momento con todos los presentes.

El encuentro comenzó en el Salón Magno, donde el Vicario General, D. Roberto Romero, dirigió unas palabras de felicitación al Sr. Obispo en nombre de toda la Casa, expresando el afecto y cercanía de quienes forman parte de la curia diocesana.

A continuación, Mons. Rico Pavés tomó la palabra para invitar a los presentes a fijar la mirada en San José, destacando su ejemplo de fidelidad y confianza en Dios. El prelado subrayó cómo el santo patriarca, descansando en el Señor y siguiendo su voluntad, supo cumplir con entrega la misión que le fue confiada.

La jornada concluyó con un pequeño aperitivo compartido, que permitió a todos los asistentes vivir un tiempo de convivencia y celebración en un ambiente de cercanía, en torno a esta solemnidad tan significativa para la Iglesia y para la vida diocesana.

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21 seminaristas celebran al Redemptoris Custos en su solemnidad

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18 jiennenses y 4 tanzanos, un día dejaron sus redes, esto es, su formación como filósofo, o como abogado, o químico, o historiador del Arte… , y decidieron seguir las huellas de Jesucristo. Son los hombres que se forman como futuros sacerdotes en el Seminario diocesano de Jaén y que hoy están celebrando a su patrón, San José.

El Obispo de la Diócesis, Monseñor Chico Martínez, ha querido conmemorar, en la Capilla mayor del Seminario y junto a los seminaristas, formadores y profesores, este día de solemnidad para la Iglesia, que recuerda la figura de San José, “el hombre del silencio”, como padre en la tierra de Jesús. Este año han querido sumarse a la celebración los sacerdotes que desarrollan su labor pastoral en Linares, ya que ha sido en ese Arciprestazgo donde han dado su testimonio vocacional los seminaristas a lo largo de la semana.

En su homilía, Don Sebastián ha comenzado recordando que “No puede haber un lugar más adecuado para mirar su figura que esta capilla mayor de nuestro Seminario Diocesano. Porque San José habla al corazón de un seminario: habla de vocación, de obediencia, de vida interior, de servicio callado, de paternidad espiritual, de trabajo humilde y de amor fiel a Cristo”.

Después se ha centrado en la figura de José para recordar su presencia en los textos evangélicos que es inversamente proporcional a la influencia en la vida de Jesús: “Como bien sabéis, San José no ocupa mucho espacio en el Evangelio, pero ocupa un lugar inmenso en el plan de Dios. No pronuncia palabras, pero toda su vida habla. No busca protagonismo, pero fue decisivo en la historia de la salvación. Fue el hombre elegido para custodiar a Jesús y acompañar a María en el misterio de la Encarnación”. A la vez que ha expresado que San José debe ser, en su camino vocacional inspiración y modelo: “José no está para hacerse dueño del plan de Dios, sino para servirlo. Y ahí hay una enseñanza grande para todos nosotros. También la vocación sacerdotal no consiste en ponerse uno en el centro, sino en dejar que Cristo lo esté. No consiste en construir una obra propia, sino en servir la obra del Señor”. Para añadir, “Eso vale para todos, pero de modo especial para vosotros, seminaristas. La vocación no es una carrera personal ni un proyecto de autorrealización. Es una llamada que se recibe con humildad, con gratitud y con disponibilidad”.

En sus palabras, además de dirigirse a los seminaristas, el Prelado jiennense se ha querido dirigir a los formadores y al resto de los sacerdotes con estas palabras: “Queridos seminaristas: pensad en San José. Dejaos interpelar por él. Preguntaos si vuestra respuesta al Señor es verdadera, si vuestra vida interior crece, si estáis aprendiendo a obedecer, a servir, a renunciar, a vivir con humildad y a amar a Cristo por encima de todo”. Y ha seguido, “Queridos formadores: seguid acompañando con paciencia y con esperanza. Sois servidores de una obra que no es vuestra, pero que el Señor os confía. Qué importante es formar con verdad, con caridad y con mirada sobrenatural”, para concluir dirigiéndose a los presbíteros congregados: Queridos sacerdotes: no dejemos de sembrar vocaciones. No dejemos de proponer con claridad la belleza del sacerdocio. Los jóvenes necesitan encontrar pastores que crean de verdad en la llamada del Señor y que sepan invitar sin miedo”.

Al finalizar la Eucaristía, seminaristas, formadores, profesores y el Obispo han compartido el almuerzo en las instalaciones de la Casa de la Iglesia.

Galería fotográfica: “Solemnidad de San José en el Seminario Diocesano”

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La Parroquia de Nueva Jarilla bendice la nueva imagen de Nuestro Señor del Buen Fin

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La Parroquia de Nueva Jarilla bendice la nueva imagen de Nuestro Señor del Buen Fin

Redacción: Parroquia de Nueva Jarilla bendice la nueva imagen de Nuestro Señor del Buen Fin

La Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Jarilla ha vivido en la mañana de hoy una jornada histórica con la bendición de la nueva imagen de Nuestro Señor del Buen Fin, una obra del imaginero jerezano Manuel Alejandro Olivera de Perea que pasa a formar parte del patrimonio devocional de esta comunidad parroquial.

La bendición fue realizada por el párroco, el presbítero D. Sergio Moreno Ruiz, quien además interpretó la pieza “La Oración en el Huerto”, perteneciente a su composición original La Pasión, creada para piano, voz y orquesta sinfónica.

El acto, que comenzó pasadas las 12:00 horas, estuvo presidido por el propio párroco, quien asperjó con agua bendita la imagen ante la presencia de numerosos fieles. Entre los asistentes se encontraban el alcalde de la localidad, representantes de la Hermandad de la Clemencia de Jerez y diversas autoridades civiles. Durante la celebración, el sacerdote destacó en su homilía el valor de esta imagen como “expresión de fe y encuentro con la misericordia divina”.

La nueva talla representa a un Señor Orante, realizada en madera policromada y de talla completa, con anatomía detallada, paño de pureza y brazos articulados. La imagen presenta un estilo marcadamente naturalista, sin elementos postizos, siendo el sudario la única pieza añadida, elaborada en tela encolada y policromada. La escena evoca el momento en el que Jesús entra con sus discípulos en el huerto tras cruzar el torrente del Cedrón.

Al término de la Eucaristía, los fieles pudieron venerar la imagen, que ya ha sido entronizada en una de las capillas laterales del templo, convirtiéndose desde ahora en un nuevo foco de devoción para la comunidad parroquial de Nueva Jarilla.

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Con el “Buscón”, Quevedo siguen dándonos sus sonadas bofetadas

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Este año celebramos el 400 aniversario de la publicación del Buscón de Francisco de Quevedo, cuyo título completo es Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos, ejemplo de Vagamundos y espejo de Tacaños. La primera edición impresa de El Buscón sale a la luz en Zaragoza, en el taller de Pedro Verges, en 1626, y bajo la edición del librero Roberto Duport; seguramente sin el consentimiento del autor que nunca quiso darla a la imprenta por miedo a la Inquisición. La tenía guardada desde que la escribió, entre 1603 y 1605.

 Relato, personajes y estilo. La novela narra la historia de Pablos, un joven que se convierte en buscón, o buscavidas, en una sociedad marcada por la hipocresía, la corrupción y las desigualdades sociales. A través de sus peripecias, Quevedo realiza una crítica mordaz a las costumbres y valores de su tiempo, exponiendo la falsedad de una sociedad que premia la apariencia y el engaño por encima de la honestidad y el mérito. A través de sus encuentros con una serie de personajes pintorescos, Quevedo crea un microcosmos de la sociedad española de su época, donde las relaciones humanas se muestran en su forma más cruda y, a menudo, patética. Estas figuras suponen una deformación física o moral que provoca la risa y el desprecio, por su tono burlesco, donde la metáfora y la hipérbole producen comparaciones que implican asociaciones sorprendentes y animalizaciones asombrosas. Esto se puede ver claramente en la descripción de uno de los personajes más famosos de la novela, perteneciente a una de esas figuras de las que hablábamos en el párrafo anterior. Hablamos del Dómine Cabra, que Quevedo describe con diferentes comparaciones hiperbólicas: clérigo cerbatana, gaznate largo como avestruz, manos como un manojo de sarmiento. La prosa de Quevedo es rica en matices y cargada de ironía, lo que permite al lector disfrutar no solo de una narración cautivadora, sino también de una reflexión profunda sobre la condición humana. La obra está impregnada de un humor negro característico del autor, así como de una aguda observación sobre los vicios de la sociedad, evidenciando sus elementos grotescos y absurdos.

Un clásico por lo poliédrico y actual de lo tratado. En cuanto a la intención de la obra, si bien es cierto que no hay un sentido puramente didáctico, alberga tantas dimensiones, que es complicado quedarse con una sola. Lo que ha provocado estas diferencias de pareceres, atiende al punto de vista en que la leamos. Si tomamos el punto de vista social, Quevedo caricaturiza todo un movimiento de aspiración con el fin de exponer lo que para él era su fealdad moral. Mucho de la sociedad de su época era desagradable para él, en especial que la riqueza fuese más fuerte que el mérito y que los plebeyos pudieran mezclarse con las clases superiores. Quevedo ataca, además de al poder del dinero, a las estafas del linaje y de la clase, a la corrupción del sistema de justicia o a las falsas apariencias. Sin embargo, si atendemos a lo puramente estético, El Buscón es una obra que trasciende su contexto histórico y cultural, ofreciendo al lector moderno una rica experiencia literaria. La agudeza de la crítica social, el ingenio verbal y la profundidad psicológica de los personajes hacen de esta obra una lectura indispensable para aquellos que deseen adentrarse en los aspectos más oscuros y cómicos de la naturaleza humana. La novela invita a reflexionar sobre nuestras propias sociedades y las dinámicas de poder que continúan presentes, lo que la convierte en un texto eternamente relevante. Y por eso es un clásico.

Las bofetadas de Quevedo siguen sonando cuatro siglos después. Quevedo entra en la novela picaresca española precisamente cuando ésta se empezó a considerar como género propio; y lo hizo a la manera que lo hacia siempre, marcando la diferencia y levantando polvareda. Cuando en 1626 se publicó la novela, la gente que la leía o la escuchaban en las plazas, veía que el Buscón no era un pícaro más, como Lazarillo de Tormes, Guzmán de Aznalfarache, Justina o Marcos de Obregón. Esos era pícaros de los que decía Cervantes en El dialogo de los perros, de una de sus Novelas Ejemplares, pícaros alegres, decididos y ambiciosos, pero “con ambición generosa, la de aquellos que pretenden mejorar sus vidas sin prejuicio del tercero”. Y Quevedo llega para hablar, no de esos pícaros y para car la risa a la gente con ellos y sus peripecias; sino de los otros que eran muchos más. En una España hambrienta, arruinada y pobre, con su Buscón, Quevedo señala a los otros pícaros. Los que escalan pisoteando, robando, medrando y violando las leyes, incluso las del mismo Dios. Pablos solo vive para la codicia, la avaricia y la deshonesta exhibición de la riqueza. Y en esta nuestra querida España, con la misma ruina, miseria y pobreza, aunque con otros nombres, sigue habiendo unos pocos Lazarillos, Guzmanes, Marcos y Justinas; y muchos, pero que muchos, Buscones.

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El Obispado de Asidonia-Jerez acoge una conferencia sobre Carlo Acutis y la nueva generación de santos

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El Obispado de Asidonia-Jerez acoge una conferencia sobre Carlo Acutis y la nueva generación de santos

Este jueves 19 de marzo, a las 20:00 horas, el Promotor de la Fe en el Dicasterio para las Causas de los Santos ofrecerá en el Obispado de Jerez una conferencia sobre la figura de Carlo Acutis.

El Centro de Jerez de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) organiza la conferencia Carlo Acutis y la nueva generación de santos, que tendrá lugar el próximo jueves 19 de marzo a las 20:00 horas en el Auditorio San Juan Pablo II del Obispado de Asidonia-Jerez.

El acto contará con la intervención del sacerdote Alberto Royo Mejía, doctor en Derecho Canónico y experto en Historia de la Iglesia, quien fue nombrado en 2023 Promotor de la Fe en el Dicasterio para las Causas de los Santos, organismo de la Santa Sede encargado de instruir los procesos de beatificación y canonización. Royo Mejía es uno de los principales expertos vaticanos en el discernimiento de las causas de santidad.

La conferencia abordará la figura de Carlo Acutis, canonizado el pasado 7 de septiembre de 2025 por el papa León XIV. Este joven italiano, fallecido a los 15 años a causa de una leucemia, es conocido como el “influencerde Dios”por haber utilizado internet como herramienta de evangelización, acercando la fe a sus contemporáneos. Su testimonio lo ha convertido en un referente espiritual para las nuevas generaciones, al mostrar la posibilidad de vivir una fe profunda y auténtica en la era digital.

Esta cita se enmarca en el ciclo de conferencias que la AcdP organiza en Jerez y tiene como objetivo presentar la santidad no como ideal reservado a unos pocos, sino como una llamada dirigida a todos los creyentes.

La entrada es libre hasta completar el aforo.

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