Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.
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Este fin de semana, las parroquias de Pedro Martínez y Alamedilla han vivido unas celebraciones llenas de fe y emoción en torno a la Pascua del Enfermo y a la solemnidad de Pentecostés. En total, alrededor de 113 hombres y mujeres recibieron la Unción de los Enfermos, signo sacramental del consuelo, la fortaleza y la ternura de Dios para quienes más lo necesitan, al tiempo que celebraban la solemnidad de Pentecostés.
La celebración tuvo lugar el sábado 23 de mayo en Pedro Martínez y el domingo 24 en Alamedilla, en el marco de la Santa Misa de Pentecostés. En ambas comunidades, mayores, enfermos y familiares participaron con profundo recogimiento en unas celebraciones marcadas por la oración, pero también por la fe y al esperanza.
Durante estos días, las dos comunidades cristianas quisieron acompañar de manera especial a las personas mayores y enfermas, poniendo ante el Señor su fragilidad, su historia y su esperanza. La Unción de los Enfermos fue recibida por quienes deseaban acercarse a este sacramento, vivido como expresión del acompañamiento de la Iglesia y de la presencia sanadora de Cristo.
Las celebraciones recordaron que nadie camina solo y que el Espíritu Santo sigue obrando en medio del pueblo de Dios, sosteniendo, levantando y dando paz al corazón en los momentos de enfermedad y debilidad.
La solemnidad de Pentecostés permitió que estas celebraciones se vivieran con un significado especial, al unir la oración por los enfermos con la invocación al Espíritu Santo, dador de vida y fortaleza en la debilidad.
Entre los mayores que recibieron al Unción de Enfermos estaban muchos de los usuarios de la residencia de la Tercera Edad que hay en Pedro Martínez.
Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix
Desde el Seminario están preparando ya las Colonias Vocacionales, que tendrán lugar del 29 de junio al 4 de julio, una cita que cada año tienen niños y jóvenes de la Diócesis de 10 a 17 años. Cada verano se ofrece a los chicos la posibilidad de discernir su vocación en este campamento de verano en el que están acompañados por seminaristas y formadores del Seminario Conciliar San Pelagio. Piscina, actividades deportivas, catequesis o momentos de oración de encuentro con el Señor centran los días de las Colonias, que se llevan a cabo en el Seminario Menor. Uno de los días está prevista una peregrinación al Santuario de la Virgen del Rocío y una jornada de playa.
Aquellos chicos que quieran participar pueden hacer su inscripción a través del siguiente enlace. Las plazas son limitadas y el precio por niño es de 130 euros.
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El obispo ha administrado, el pasado viernes 22 de mayo, el sacramento de la Confirmación a cinco jóvenes en la parroquia de Jerez del Marquesado, en una celebración marcada por la cercanía de la fiesta de Pentecostés y la gran devoción mariana que hay en la localidad.
Los confirmandos fueron presentados previamente por el párroco, tras lo cual el prelado dirigió unas palabras centradas en el sentido de este sacramento, subrayando su vínculo con la próxima solemnidad de Pentecostés, que la Iglesia celebró el domingo día 24. En su homilía, animó a los jóvenes a vivir su fe con coherencia y a asumir su misión como “jóvenes apóstoles”, llamados a dar testimonio en medio del mundo.
Al término de la Eucaristía, el obispo presidió el tradicional rezo de las flores a la Virgen de la Tizna, una devoción muy arraigada en Jerez del Marquesado, que en mayo se expresa con especial intensidad, como ocurre en tantos pueblos y parroquias de la diócesis.
Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix
Programa emitido en COPE Granada el 22 de mayo de 2026.
Disponible el programa “El Espejo Granada en Mediodía COPE”, emitido el 22 de mayo de 2026. Hablamos de la Memoria 2025 de Cáritas Diocesana Granada, con las voces de su directora, Luisa María Maeso; el delegado episcopal, Alfonso Marín; y nuestro arzobispo, Mons. José María Gil Tamayo, durante la presentación en la Curia Metropolitana de la Memoria de esta organización de la Iglesia.
También hablamos de la Exposición “Los Tesoros de la Abadía del Sacromonte”, que muestra los trabajos realizados por los alumnos de ESO y Bachillerato del Colegio Regina Mundi, dentro de un proyecto educativo innovador que acerca el patrimonio religioso a los más jóvenes.



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La parroquia de San Isidro Labrador, en el barrio de Regiones de la capital almeriense, acogió el pasado sábado 23 de mayo la Vigilia Diocesana de Pentecostés, una celebración que reunió a numerosos fieles, movimientos y realidades eclesiales de toda la diócesis en una noche marcada por la oración, la fraternidad y la acción del Espíritu Santo.
La celebración estuvo presidida por nuestro obispo D. Antonio Gómez Cantero, junto al vicario general, Ignacio López Román, y el párroco Óscar Trujillo. La iglesia presentó un gran ambiente de participación, en una vigilia que puso de manifiesto la comunión y la sinodalidad de la Iglesia diocesana.
Durante la celebración participaron distintos coros, entre ellos el del Camino Neocatecumenal y el coro de la propia parroquia de San Isidro. Uno de los momentos más significativos tuvo lugar durante el ofertorio, cuando se presentaron siete grandes velas representando los dones del Espíritu Santo junto al pan y el vino. También se proclamó de forma cantada el salmo y se realizó la tradicional secuencia de invocación al Espíritu Santo.
Al finalizar la Eucaristía se ofrecieron dos testimonios de fe y conversión que emocionaron a los asistentes. Un miembro del Camino Neocatecumenal compartió cómo Dios transformó su vida a través de la experiencia familiar y comunitaria, mientras que una joven vinculada a Acción Católica relató su proceso de regreso a la fe tras un tiempo alejada de la Iglesia.
La jornada concluyó con un ágape fraterno en el que muchos participantes destacaron el ambiente de cercanía, unidad y alegría vivido durante toda la noche. Una vigilia que volvió a mostrar el rostro vivo y esperanzador de la Iglesia de Almería, reunida para pedir juntos una nueva efusión del Espíritu Santo sobre toda la diócesis.

La parroquia del Espíritu Santo de Almería acogió el pasado 22 de mayo la celebración del sacramento de la Confirmación para 103 fieles, entre jóvenes y adultos, procedentes de las parroquias del Espíritu Santo, Los Llanos de La Cañada y Costacabana. La Eucaristía reunió a las distintas comunidades parroquiales, acompañadas por familiares y catequistas que han participado en el proceso de formación de los confirmandos.
En la celebración asistió también el diácono permanente Emilio, llegado desde Sevilla, que además tenía un vínculo familiar con uno de los confirmandos, al ser su abuelo.
La jornada se vivió en un ambiente de alegría y acción de gracias por este importante paso en la vida cristiana de quienes recibieron el sacramento del Espíritu Santo.

El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha presidido la tarde de este domingo, 24 de mayo, la eucaristía solemne en honor a María Auxiliadora en el patio del colegio Salesianos de Córdoba, que nuevamente se ha quedado pequeño para albergar a los alumnos, profesores y devotos. Cada año la familia salesiana celebra el día de la Virgen con fervor, pero este año de manera especial porque conmemoran el 125 aniversario de su presencia en Córdoba.
El año pasado el prelado presidió por primera vez esta solemne eucaristía la tarde del día de su toma de posesión como obispo de Córdoba horas antes en la Santa Iglesia Catedral. Monseñor Jesús Fernández tiene especial cariño a la familia Salesiana ya que él fue docente en un colegio Salesiano en León.
Terminada la eucaristía la imagen de María Auxiliadora, San Juan Bosco y Santo Domingo Savio han procesionado por las calles aledañas al colegio.
Adjuntamos una galería fotográfica





























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El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha presidido la misa solemne de acción de gracias con motivo del 200 aniversario de la consagración de la parroquia de San Pedro Apóstol de Nueva Carteya este domingo, 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés. El prelado ha comenzado su homilía recordando que Pentecostés es “la fiesta del Espíritu Santo”, que ha sido el que ha mantenido viva y en pie esta parroquia. La Palabra de Dios utiliza tres formas para explicar el Espíritu Santo. En primer lugar, habla de él como “luz”, porque sin luz no podemos conocer a Dios, la luz es importante para conocer al Dios padre, misericordioso, generoso, providente y justo. También describe al Espíritu como una especie de “viento”, que nos mueve, y, por último, como “fuego”, símbolo del amor.
El Espíritu Santo es “el alma de la Iglesia”, ha continuado el pastor de la Diócesis, sin él la Iglesia sería una ONG, le faltaría el misterio que la mueve, la luz que le da a conocer la verdad de Dios y de Jesucristo. Sin esa luz esta parroquia no habría tenido un sacerdote que transmitiera la fe; sin el viento la cobardía sería una nota predominante y nos faltaría coraje para decir que Jesús es el Señor; y sin el fuego del amor la parroquia no sería solidaria, no saldría al encuentro con enfermos, pobres o necesitados. Por eso, en este día de Pentecostés recordamos al Espíritu Santo y lo celebramos como “Dios vivo entre nosotros”.
Monseñor Jesús Fernández ha terminado su alocución dando gracias a Dios por todos los que han edificado físicamente, pero sobre todo espiritualmente, este templo en estos 200 años. Ha dado las gracias, especialmente, a las instituciones y personas que han colaborado y siguen haciéndolo para que la parroquia siga viva.
Los actos de celebración del 200 aniversario terminarán con una novena, del 3 al 11 de junio y el viernes, 12 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, tendrá lugar la consagración al Corazón de Jesús del pueblo, de los grupos parroquiales y de aquellas personas que de manera individual quieran hacerlo.
El Obispo anuncia la próxima Misión Diocesana en Doña Mencía y Zuheros
Monseñor Jesús Fernández en su visita este domingo a Nueva Carteya ha anunciado la próxima Misión Diocesana, que tendrá lugar en Doña Mencía y Zuheros el próximo mes de septiembre. El párroco de las parroquias de Ntra. Sra. de la Consolación de Doña Mencía y Ntra. Sra. de los Remedios de Zuheros, José Antonio Tejero ha expresado la “alegría” con la que han recibido la noticia de que la próxima Misión Diocesana tenga lugar en ambas localidades. El párroco considera que vivirán “un momento de gozo”, que coincide, además, con el inicio de un Año Jubilar concedido a la parroquia de Doña Mencía con motivo de su 50 aniversario.
La Misión Diocesana es un momento importante de evangelización para poder hacer presente al Señor en todas las realidades de la parroquia. José Antonio considera que es importante la Misión para llegar no sólo a los que están cerca, también a los que están alejados, y hacer presente a Jesús resucitado. Es un momento de gracia que ya están preparando con mucha “esperanza”.
La parroquia de San Pedro Apóstol, ubicada en el centro de Nueva Carteya, es un bello edificio de Cruz Latina, de estilo neoclásico popular-modernista, con bello retablo, adaptado de la Iglesia de la Fuensanta de Córdoba con bellísimas imágenes de Pasión y Gloria. La construcción de la misma fue promovida por el obispo Pedro Antonio de Trevilla y dirigida por el clérigo Diego Carro. Comenzó su construcción en octubre de 1823 y la primera capilla se consagró el 24 de mayo de 1826, abriéndose al día siguiente al culto cuando se trasladaron el Santísimo, la pila bautismal y los ornamentos sagrados desde la Ermita de San Pedro. Según la documentación que se conserva en la parroquia y a la que hemos tenido acceso gracias a la labor de Antonio Jiménez. El lugar elegido para su ubicación fue “la plaza central” de la localidad y el deseo era construir un edifico sencillo, de líneas rectas con una nave central y dos laterales con el campanario más elevado en el centro de la nave principal.
Las obras se demoraron más de lo esperado porque, como se recoge en documentos legados de Diego Carro, en marzo de 1828 éste se vio obligado a parar las obras por la “precariedad, tanto en dinero como en materiales”. En marzo de ese año murió Diego Carro, quedando al frente de las obras el maestro Fernando de Tienda. Finalmente, el templo fue abierto al culto el 26 de abril de 1836, siendo obispo de Córdoba D. Juan Bonel y Orbe. El Vicario de Baena, Francisco de Obero y García, fue el encargado de bendecir la iglesia, que tenía como cura ecónomo titular a Francisco Roldán.
Jesús Ángel Doblas lleva más de cuatro años siendo el párroco de San Pedro y he reconocido que están viviendo este aniversario “con mucha alegría” y al adentrarse en sus orígenes les ha llamado la atención que el pueblo se formó alrededor de la parroquia lo que demuestra que ya los primeros carteyanos quisieron tener a Dios “en el centro de su vida”. Este aniversario es un motivo para dar gracias a Dios “por tanto amor como ha derramado entre todos los habitantes de Nueva Carteya” en estos dos siglos.
De su paso por la parroquia Jesús Ángel destaca muchos acontecimientos importantes que han tenido lugar, como la primera Misión Diocesana, que tuvo lugar en septiembre de 2024, o la celebración de distintos aniversarios de las cofradías de la Nueva Carteya, pero, sobre todo, se queda con “la sed que tiene el pueblo de Dios” y cómo poco a poco los vecinos se van acercando al Señor. La intención del párroco es que todo el que se acerque se encuentre una “parroquia abierta” y un lugar donde todo el mundo pueda “encontrarse con el Señor”. Los carteyanos poco a poco están descubriendo que la parroquia “es su casa” y un lugar en el que “encontrar paz”.
José Antonio Jiménez, moderador del grupo sinodal y miembro del consejo económico y pastoral de la parroquia, ha destacado de la misma que ha sido “el centro espiritual y humano de generaciones de carteyanos”, a los que ha acompañado en los momentos más importantes de sus vidas, “manteniendo viva la fe y las tradiciones”. Dos siglos después, la parroquia de San Pedro sigue siendo “un referente vivo”, no sólo por su pasado, sino por su capacidad de seguir caminando junto al pueblo y formando parte de su día a día.
La vida de José Antonio está ligada a la parroquia desde que fuera bautizado en 1975. Sus primeros recuerdos los tiene vinculados a las cofradías y la Semana Santa y reconoce que con familiares y amigos ha vivido en la parroquia “momentos muy importantes”. No obstante, su implicación “más activa” es de unos años para acá, gracias a las iniciativas puestas en marcha por el actual párroco. De Jesús Ángel destaca José Antonio su labor constante para promover nuevas actividades y proyectos que ayudan a las personas a acercarse más a la parroquia y a vivir la fe de una manera más activa y comprometida. La dedicación del párroco y su deseo de hacer crecer la comunidad están ayudando a que los carteyanos sientan su iglesia de siempre más cercana, “como un verdadero hogar”.
En los últimos años se está viviendo “una transformación en torno a la parroquia”, así lo asegura Antonio Álvarez, un joven carteyano vinculado a las cofradías. Reconoce, que más allá de la dimensión tradicional o cultural que históricamente han tenido en nuestra región como fenómeno cultural-religioso, actualmente se aprecia una evolución que refleja una implicación “más consciente, más formada y con un mayor sentido de fe”, entendiéndose las hermandades como un medio para acercar el Evangelio al pueblo. Antonio percibe que en la actualidad se presta una mayor atención a la organización de los cultos y hay un interés creciente por dotar de sentido la estación de penitencia. Las hermandades cada vez se sienten más partícipes de la Iglesia y comprenden mejor su labor como instrumento a su servicio, ha destacado.
Por otro lado, el joven carteyano ha reseñado el “fenómeno” más amplio que se está observando a nivel nacional y que recogen distintos estudios sociológicos: un resurgir de la fe católica entre la población joven. En un contexto como el de las hermandades y cofradías, donde la religiosidad popular desempeña un papel especialmente relevante, las hermandades y la parroquia deben servir “como cauce para canalizar ese sentir”. En los últimos años se han impulsado distintos movimientos y grupos jóvenes con el propósito de dar respuesta a las inquietudes de jóvenes y adolescentes que muestran interés por participar activamente e integrarse.
Si alguien conoce bien la parroquia de San Pedro es Julio Herencia, ministro extraordinario de la comunión, catequista y delegado de misiones. De los más de 20 años que Julio lleva vinculado a la parroquia destaca que en este momento la parroquia “está viva”, cada vez son más las actividades que se llevan a cabo, tanto con niños como con mayores y ancianos. Para Julio la Misión Diocesana ha marcado un antes y un después en la parroquia, desde aquel momento cada vez se celebran más sacramentos, muchos enfermos han vuelto a pedir recibir la comunión en sus casas y no es normal que alguien fallezca en el pueblo sin haber recibido la unción de los enfermos, sacramento que se había perdido en Nueva Carteya. Julio destaca que la parroquia es cada vez más “cercana a los fieles y acogedora” y hace hincapié en la labor de Jesús Ángel Doblas para que esto sea posible.
La implicación cada vez mayor de los feligreses hace necesaria más formación, porque así la reclaman. Los niños de catequesis, por ejemplo, que ya han hecho la primera comunión quieren seguir su formación y se han puesto en marcha grupos de postcomunión.
Fraternidad Reparadora
Hace algo más de dos años llegaron a la parroquia las Hermanas de la Fraternidad Reparadora. Como ha explicado el párroco las Hermanas visitan a enfermos y personas mayores en sus casas, ofrecen formación a los catequistas y se encargan del Apostolado de la Oración, exponiendo al Santísimo de lunes a sábado. José Antonio Jiménez considera que la labor de las monjas es “incansable” y su cercanía, dedicación e implicación están ayudando a la comunidad parroquial a descubrir poco a poco a Cristo “en la vida cotidiana”. Julio Herencia las considera “un regalo” para la parroquia y ha notado los frutos de su oración por el pueblo y sus necesidades.
Visita del Obispo
Monseñor Jesús Fernández comenzó el pasado mes de enero su primera Visita pastoral al arciprestazgo de Baena-Castro del Río y la parroquia de San Pedro Apóstol de Nueva Carteya fue la primera en recibirlo. El prelado mostró su gratitud al haber encontrado “un pueblo y una parroquia con muchas inquietudes y personas dinámicas con el deseo de ayudar en la marcha de la comunidad, personas de fe que se reconocen hijos de Dios y miembros de la Iglesia”. Durante la visita el Obispo tuvo también la oportunidad de conocer, entre otras cosas, la Ermita de San Pedro.
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Miles de peregrinos y miembros de hermandades llegadas desde distintos puntos de España participaron en la mañana de este domingo, 24 de mayo, en la celebración de la Solemnidad de Pentecostés en el Paseo Marismeño de la aldea del Rocío. La Eucaristía estuvo presidida por el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, quien centró su homilía en la necesidad de fortalecer la unidad y la convivencia social desde la acción renovadora del Espíritu Santo.
Tomando como punto de partida el relato bíblico de Pentecostés, el prelado recordó que “allí donde Babel había dividido, el Espíritu Santo une”, destacando cómo la presencia de Dios es capaz de derribar barreras y generar comunión entre personas y pueblos diversos.


Durante su predicación, Mons. Gómez Sierra señaló que la sociedad actual vive una paradoja: a pesar de encontrarse cada vez más conectada tecnológicamente, experimenta con frecuencia situaciones de soledad, incomunicación y dificultad para el entendimiento mutuo. Ante esta realidad, subrayó que España y Europa necesitan hoy espacios de encuentro que favorezcan el diálogo, el respeto y la búsqueda del bien común.
En este sentido, afirmó que la verdadera unidad no consiste en eliminar las diferencias, sino en armonizarlas, reconociendo la riqueza que aportan a la convivencia. Frente a las dinámicas de confrontación que afectan a la vida social, invitó a cultivar actitudes de escucha, comprensión y perdón, recordando que “el demonio divide; el Espíritu Santo une”.
La celebración rociera fue presentada como una expresión concreta de esa fraternidad que nace de la fe. Personas de distintas edades, procedencias y condiciones comparten durante estos días el camino, la oración y la convivencia en torno a la Virgen del Rocío. “Aquí percibimos la unidad feliz que anhelamos para nuestro caminar por este mundo”, señaló el Obispo durante la homilía.


Asimismo, destacó la importante labor que desempeñan los fieles laicos y las hermandades como agentes de cohesión social y de esperanza, especialmente en un contexto que, en ocasiones, se ve afectado por el enfrentamiento y la falta de entendimiento. Su compromiso cotidiano, indicó, contribuye a construir comunidades más fraternas y abiertas al servicio de los demás.
La homilía concluyó con una invitación a llevar el espíritu vivido en El Rocío a la vida ordinaria, haciéndolo presente en las familias, los pueblos, los lugares de trabajo y las comunidades cristianas. Un llamamiento a promover una auténtica cultura del encuentro, basada en la reconciliación, la solidaridad y el compromiso con el bien común.
La Solemnidad de Pentecostés coincidió además con la celebración del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, que este año se desarrolla bajo el lema “Pueblo de Dios que sale al encuentro”, recordando la vocación misionera de todos los bautizados y su responsabilidad en la transformación evangélica de la sociedad.
Desde la fuerza del Espíritu Santo y bajo la mirada de Nuestra Señora del Rocío, la Iglesia invita a seguir construyendo caminos de fraternidad, diálogo y esperanza allí donde cada cristiano desarrolla su vida y su misión.
«¡Qué hermoso es contemplar esta mañana nuestra asamblea a las puertas del Santuario Nacional de Nuestra Señora del Rocío! La marisma se abre ante nosotros como un inmenso santuario de luz, y este presbiterio rodeado por los Simpecados de la Hermandad Matriz y de las hermandades filiales parece ya una imagen visible de Pentecostés.
Cada Simpecado trae un camino, una historia, hombres y mujeres detrás, haciendo caminos diferentes. Sí, distintos colores, distintos pueblos, distintas voces; pero una sola fe, y un solo corazón reunido en torno a nuestra Madre, para recibir el don del Espíritu Santo.
Hoy la Iglesia celebra Pentecostés. Y no es casualidad que el Rocío alcance su plenitud precisamente hoy. Porque Pentecostés es la fiesta de la unidad, que sólo Dios puede realizar.
La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta una escena extraordinaria: hombres y mujeres de pueblos diferentes, lenguas distintas, culturas diversas, escuchando hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua (Hch 2, 11). Allí donde Babel había dividido, el Espíritu Santo une. Allí donde el pecado había dispersado, Dios vuelve a congregar.
Y esto responde a una necesidad apremiante para nuestro tiempo.
Porque vivimos en una cultura que habla de solidaridad y unidad, pero que a menudo produce fragmentación. Se nos dice que estaremos unidos por la tecnología, por los mercados, por las ideologías, por las emociones compartidas, por las redes sociales, por el entretenimiento global. Y, sin embargo, con frecuencia estamos marcados por la soledad, por la división y por la incapacidad de escucharnos.
Por eso nuestro mundo tiene necesidad de una unidad que no destruya las diferencias que nos dignifican, sino que las armonice. Es la aspiración por una comunión que no sea uniformidad.
Y precisamente eso es Pentecostés. Esa es la obra del Espíritu Santo. Ese es el testimonio y el servicio que puede ofrecer la Iglesia a la sociedad.
La unidad cristiana brota de unas fuentes específicas:
La primera fuente es el Espíritu Santo. Él es el alma de la Iglesia. Él crea comunión donde humanamente sólo habría distancia. Por eso San Pablo dice: todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (1Cor 12, 13).
La segunda es la Eucaristía. El mismo Apóstol lo dice con claridad: El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan (1Cor 10, 17). Cada vez que nos acercamos al altar, aquí y ahora, participando con fruto de este sacramento, Cristo derriba fronteras invisibles: las del orgullo, las de la indiferencia, las de las heridas acumuladas.
La tercera fuente de la unidad es la misma fe recibida de los Apóstoles. El Credo compartido, esa historia de salvación en curso, une más profundamente que cualquier identidad política, social o nacional.
Y la cuarta es la caridad. Porque la Iglesia no permanece unida por estrategias, sino por los santos tantas veces anónimos y silenciosos. La verdadera unidad se construye cuando alguien perdona, cuando alguien sirve, cuando alguien escucha, cuando alguien renuncia a imponerse, cuando alguien se sabe amado inmerecidamente por Dios y responde amando y buscando el bien del otro.
Bebiendo de estas fuentes, la Iglesia puede mostrar al mundo que la reconciliación y la unidad entre las personas y los pueblos es posible.
Queridos rocieros:
La Blanca Paloma nos permite experimentar esta verdad. Qué impresionante es ver en torno a Ella cómo personas tan distintas caminan juntas, rezan juntas, cantan juntas, comparten agua, comida, cansancio, incomodidades y alegría.
Y quizá por eso el Rocío toca tan profundamente el corazón de la gente. Porque aquí percibimos —aunque sea de manera imperfecta y pasajera— la unidad feliz que anhelamos para nuestro caminar por este mundo y, entonces ya sin esfuerzo, para la vida sin fin en las marismas eternas.
Aquí muchos descubren algo que con frecuencia el mundo olvida: que hay más alegría en dar que en recibir (Hch 20, 35).
Qué providencial es este encuentro multitudinario en Pentecostés, porque la Virgen María emerge siempre allí donde el Espíritu recrea una humanidad nueva y reconciliada.
Ella estaba en el Cenáculo con los Apóstoles cuando descendió el fuego del Espíritu Santo. Y hoy sigue reuniendo a sus hijos en un renovado Pentecostés.
María nos lleva hacia el Pastorcito Divino, Cristo, para unirnos. Ante la Virgen desaparecen muchas barreras: el rico y el pobre; el anciano y el joven; el que está instruido y el que apenas puede rezar; el que llega lleno de fervor y el que acude con más indiferencia. Todos son acogidos por la dulce mirada de nuestra Madre, basta que te acerques y la mires a Ella.
Y por eso hoy, que también celebramos el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar con el lema: Pueblo de Dios que sale al encuentro, quisiera pediros tres compromisos o promesas, que podemos poner a los pies de la santísima Virgen del Rocío:
Primero: custodiar la unidad que Dios nos regala. No alimentar divisiones inútiles, enfrentamientos permanentes ni sospechas constantes. El demonio divide; el Espíritu Santo une.
Segundo: volver a la fuente de la unidad que es Dios. Más oración. Más Eucaristía. Más confesión. Más escucha de la Palabra de Dios. Ninguna estrategia humana, que pretenda la unidad y la solidaridad en el mundo, sustituye la conversión personal del corazón bajo la acción del Espíritu Santo.
Y tercero: llevar el espíritu del Rocío a la vida cotidiana. Que esta peregrinación no se reduzca a la hermosa emoción de unos días. Nuestra sociedad necesita cristianos capaces de crear comunión en las familias, en los pueblos, en los trabajos, en las parroquias, en una convivencia tantas veces deteriorada.
Queridos hermanos: que el Espíritu Santo nos transforme.
Que la Virgen del Rocío nos enseñe a caminar por la vida juntos.
Unidos a toda la Iglesia, con María, la Virgen del Rocío, elevemos nuestra súplica al Espíritu Santo, con las palabras de la Secuencia:
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. (Secuencia).
Amén
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