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La Diócesis de Huelva cuenta con dos nuevos diáconos

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La Diócesis de Huelva cuenta con dos nuevos diáconos

La Diócesis de Huelva cuenta con dos nuevos diáconos

La Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced acogió este sábado, 12 de septiembre, la celebración de las sagradas ordenaciones diaconales de los seminaristas Domingo Tejero Díaz y Yerso José Parra Altuve, en una celebración presidida por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, y acompañada por numerosos fieles, familiares y miembros de la comunidad diocesana.

Durante la homilía, el obispo centró su reflexión en la vocación al servicio que caracteriza el ministerio diaconal, a partir de las palabras de Jesús proclamadas en el Evangelio: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mt 20,26). Mons. Santiago Gómez Sierra recordó que el propio nombre del ministerio que recibían, diácono, significa servidor, y presentó a Jesucristo como el modelo de todo ministerio en la Iglesia: «Él, el Maestro y el Señor, no se limitó a enseñar el camino del servicio: lo recorrió hasta el extremo».

El obispo invitó a los nuevos diáconos a vivir su ministerio desde la disponibilidad, la humildad y la oración, tres actitudes que consideró inseparables para quien está llamado a servir a Cristo y a los hermanos. Asimismo, destacó las palabras de san Pablo: «Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios» (1 Cor 4,1), subrayando que «lo que se busca en los administradores es que sean fieles».

En este sentido, Mons. Santiago Gómez Sierra animó especialmente a Domingo y Yerso a convertirse en «servidores de la comunión». El obispo advirtió también sobre el daño que pueden provocar la murmuración, la calumnia y la división en la vida de la Iglesia, recordando que «la verdad no necesita la calumnia para defenderse» y que «la fidelidad a la Iglesia no necesita destruir la reputación de sus hijos».

En la parte final de su homilía, el obispo recordó a los nuevos diáconos que «para ser ministros fieles, tenéis que ser discípulos», invitándolos a mantener siempre una profunda amistad con Jesucristo: «No basta con hacer cosas por Él: hay que permanecer en Él. No basta con hablar de Cristo: hay que vivir de Cristo».

La celebración concluyó con la invocación de la intercesión de la Virgen María, «humilde Sierva del Señor», para que acompañe a los nuevos diáconos en su camino de servicio a Cristo y a la Iglesia. Mons. Santiago Gómez Sierra pidió que el Señor haga de ellos «servidores fieles de sus misterios, constructores de comunión y testigos de su amor».

Homilía íntegra del Obispo de Huelva

La Palabra de Dios que acabamos de proclamar nos sitúa ante una de las afirmaciones más sencillas y, al mismo tiempo, más revolucionarias del Evangelio: El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor (Mt 20,26).

Estas palabras de Jesús adquieren hoy una resonancia especial en nuestra Iglesia de Huelva, cuando Domingo y Yerso van a recibir el sacramento del Orden en el grado del diaconado. El mismo nombre de este ministerio contiene ya toda una misión: diácono significa servidor.

El servicio no es, por tanto, un aspecto secundario del diaconado, sino su misma razón de ser. El diácono recibe un ministerio que tiene en el servicio su centro y su medida. Y esto solo puede comprenderse desde Jesucristo, que es el verdadero modelo de todo ministerio en la Iglesia. Él, el Maestro y el Señor, no se limitó a enseñar el camino del servicio: lo recorrió hasta el extremo. Con su vida, sus palabras y sus obras, con su entrega en la cruz y con su victoria sobre la muerte, nos ha mostrado que la verdadera grandeza no consiste en ser servido, sino en entregar la propia vida por amor.

Por eso, en la oración colecta de esta celebración hemos pedido para quienes hoy reciben el diaconado tres dones particularmente necesarios: disponibilidad para la acción, humildad en el servicio y perseverancia en la oración.

La disponibilidad es necesaria porque el servidor no vive para sí mismo. Se pone a disposición de Dios y de los hermanos y aprende a reconocer, incluso en las necesidades concretas de quienes le rodean, la llamada del Señor.

La humildad es necesaria porque el ministerio no es una propiedad personal. No nos lo damos a nosotros mismos, sino que lo recibimos de Cristo a través de su Iglesia. El ministro no es dueño de aquello que se le confía; es su servidor y administrador.

Y es necesaria la oración porque nadie puede servir a Dios durante mucho tiempo si deja de vivir con Dios. El servicio cristiano no nace simplemente de nuestras capacidades, de nuestra generosidad o de nuestro esfuerzo. Nace de la unión con Cristo y se alimenta en la intimidad con Él.

San Pablo expresa de una manera particularmente hermosa qué significa ejercer un ministerio en la Iglesia: Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios(1 Cor 4,1).

Servidor y administrador. Dos palabras que contienen una concepción del ministerio radicalmente distinta de cualquier forma mundana de poder.

El administrador no es dueño de aquello que administra. Lo ha recibido, lo custodia, lo pone al servicio de los demás y sabe que, llegado el momento, tendrá que responder ante el verdadero Dueño. Por eso san Pablo añade: Lo que se busca en los administradores es que sean fieles (1 Cor 4,2).

No dice que se busque en ellos el éxito, la popularidad o el reconocimiento. Dice sencillamente que sean fieles.

La fidelidad es, en definitiva, la medida del ministerio cristiano.

Y esto nos lleva a una cuestión que san Pablo aborda en la comunidad de Corinto y que sigue teniendo plena actualidad: la relación con la opinión de los demás, con la crítica y con el juicio humano.

La comunidad de Corinto estaba marcada por divisiones. Unos se identificaban con Pablo; otros, con Apolo. Se comparaba a unos ministros con otros, se tomaba partido y se juzgaba. Frente a esta situación, Pablo manifiesta una libertad interior admirable: Para mí lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas… Mi juez es el Señor (1 Cor 4,3-4).

Pablo no desprecia a la comunidad ni rechaza la necesidad de examinar la propia conducta. Lo que afirma es algo mucho más profundo: el ministro de Cristo no puede vivir esclavo de la opinión de los hombres. Su criterio último no es el aplauso ni el rechazo, el éxito ni el fracaso, sino la fidelidad al Señor.

El aplauso de los hombres no garantiza la fidelidad, del mismo modo que la crítica de los hombres no demuestra necesariamente la infidelidad. El criterio último es el juicio de Dios.

Esto, sin embargo, no significa que debamos despreciar las críticas. Todo lo contrario. La humildad cristiana nos exige saber escuchar. Una crítica honesta puede ayudarnos a descubrir aquello que nosotros mismos no somos capaces de ver. Una corrección fraterna, aunque resulte dolorosa, puede convertirse en instrumento de la gracia. Quien recibe una responsabilidad en la Iglesia debe saber escuchar, examinarse, reconocer sus errores y corregirse cuando sea necesario.

Pero también es necesario aprender a distinguir entre la corrección y la destrucción, entre la crítica sincera y la murmuración, entre la denuncia del mal y el deseo de desacreditar al hermano.

No toda crítica es mala, pero tampoco toda crítica es caridad.

La vida de la Iglesia se resiente gravemente cuando la palabra deja de estar al servicio de la verdad y de la caridad. La murmuración, la calumnia, la difamación, el juicio temerario o la insinuación maliciosa pueden destruir la buena fama de una persona y herir profundamente la comunión eclesial.

El papa Francisco utilizó en diversas ocasiones una expresión deliberadamente fuerte para referirse al chisme y a la murmuración: “El que chismorrea es un terrorista”. La imagen pretendía poner de manifiesto que quien habla mal de su hermano puede hacerle un daño semejante al de quien arroja una bomba: hiere, destruye y después continúa su camino como si nada hubiera sucedido. (Cf. Discurso en Loppiano, Florencia, 10-V-2028)

Quizá necesitamos palabras fuertes cuando hemos llegado a considerar normales comportamientos que, en realidad, destruyen la comunión.

Porque podemos hacer mucho daño sin levantar la voz y sin tocar físicamente a nadie. Podemos herir la reputación de una persona con una palabra, destruir su confianza con una sospecha, desacreditarla con una acusación no comprobada o sembrar dudas mediante una insinuación. Una conversación aparentemente privada puede multiplicarse y terminar causando un daño que ya nadie sabe reparar.

Hay palabras que no dejan heridas visibles, pero que pueden dejar heridas profundas.

En este contexto adquiere también especial fuerza la imagen evangélica de la cizaña, a la que el papa Francisco recurrió en distintas ocasiones para hablar de aquellos comportamientos que introducen división en la comunidad cristiana.

Sembrar cizaña significa introducir división allí donde debería existir comunión; alimentar sospechas; enfrentar a unos contra otros; convertir las diferencias en enemistades; presentar al hermano como adversario.

Y Francisco llegó a advertir que sembrar cizaña destruye la Iglesia. (Cf. Discurso a la Curia romana, 22-XII-2014).

Debemos tomar en serio estas palabras. La Iglesia puede vivir con legítimas diferencias de sensibilidad, de opinión, de perspectiva e incluso de criterios pastorales. Puede vivir con debates intensos, con correcciones firmes y con discrepancias. La unidad de la Iglesia no exige que todos pensemos exactamente lo mismo en aquellas cuestiones que admiten legítima diversidad.

Lo que la Iglesia no puede hacer sin herirse profundamente es convertir al hermano en enemigo.

Existe, además, un peligro particularmente sutil: esconder detrás de buenas intenciones aquello que termina provocando división. Podemos decir que hablamos “por el bien de la Iglesia”; podemos afirmar que nos mueve la preocupación por la verdad, por la doctrina, por la liturgia, por la moral, por la disciplina o por la fidelidad al Evangelio. Y, sin embargo, necesitamos preguntarnos siempre desde qué espíritu actuamos y qué estamos construyendo con nuestras palabras.

Porque la verdad no necesita la calumnia para defenderse.

La fidelidad a la Iglesia no necesita destruir la reputación de sus hijos.

La defensa de la doctrina y de la moral no nos autoriza a despreciar al hermano.

Podemos y debemos decir la verdad. Podemos y debemos corregir el error. Podemos y debemos defender aquello que hemos recibido de Cristo y de su Iglesia. Pero hemos de hacerlo siempre desde la caridad y buscando la comunión.

Esta enseñanza tiene una particular importancia para quienes hoy reciben el diaconado. El ministerio que van a recibir no los convierte en hombres de bandos ni los llama a alimentar enfrentamientos. No han sido ordenados para erigirse en jueces de sus hermanos, sino para servir.

El diácono está llamado a ser, de manera particular, servidor de la comunión.

Por eso tendrá que aprender a distinguir entre la valentía de decir la verdad y la soberbia de querer imponerla; entre la corrección fraterna y la humillación; entre la denuncia del mal y el deseo de destruir a quien consideramos equivocado.

Tendrá que aprender también a custodiar algo que es muy frágil y, al mismo tiempo, esencial para la vida de una comunidad cristiana: la buena fama, la dignidad y la confianza del hermano.

Servir significa también cuidar. Cuidar a las personas, cuidar la comunión, cuidar la verdad y cuidar aquello que la Iglesia confía a nuestras manos.

Por eso, queridos Domingo y Yerso, recordad siempre las palabras de san Pablo: servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.

No sois dueños de los misterios de Dios. No sois dueños de la Iglesia. No sois dueños de las personas a las que vais a servir. Todo lo habéis recibido. Y todo lo tendréis que poner un día delante del Señor.

Por eso resulta tan importante la última afirmación de san Pablo: Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá de Dios lo que merece (1 Cor 4,5).

Al final, no serán nuestras apariencias las que hablen por nosotros. No será el aplauso de los hombres. No será nuestra popularidad. No serán siquiera los juicios que otros hayan hecho sobre nosotros.

Será la verdad de nuestro corazón delante de Dios.

Esta perspectiva libera y, al mismo tiempo, compromete. Libera de la necesidad de vivir pendientes del reconocimiento ajeno y compromete a vivir con una conciencia recta ante el Señor. El ministro de Cristo no está llamado a agradar a todos, sino a ser fiel. Y la fidelidad exige tanto humildad para aceptar una corrección justa como fortaleza para permanecer en la verdad cuando esta no resulte popular.

Queridos Domingo y Yerso:

La Iglesia necesita hoy hombres que sepan servir de verdad. Hombres que amen a la Iglesia incluso cuando tengan que sufrir por ella; que no busquen el aplauso, sino la fidelidad; que estén preocupados, ante todo, por la salvación de las almas.

Necesitamos santos. Necesitamos servidores.

Y para ser servidores necesitáis permanecer siempre como discípulos.

No olvidéis nunca esta verdad fundamental: para ser ministros fieles, tenéis que ser discípulos.

Vuestro ministerio solo dará fruto si nace de una amistad profunda con Jesucristo. No basta con hacer cosas por Él: hay que permanecer en Él. No basta con hablar de Cristo: hay que vivir de Cristo. No basta con servir en nombre de Cristo: hay que dejar que Cristo forme en nosotros su mismo corazón de servidor.

El Evangelio de hoy nos muestra ese corazón:

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos (Mt 20,26-28).

Y todo esto solo será posible si permanecéis cerca de Cristo.

Por eso, junto a la disponibilidad y a la humildad, hemos pedido para vosotros perseverancia en la oración.

No abandonéis nunca la oración diaria. Habrá momentos de alegría y momentos de cansancio; días en los que experimentéis el fruto de vuestro servicio y otros en los que quizá no veáis sus resultados; personas que agradezcan vuestra entrega y otras que tal vez no la comprendan. En todos esos momentos, volved a Cristo.

Antes de ser servidores de los demás, necesitamos reconocer que nosotros mismos somos ovejas del único Pastor. Él nos conduce, nos sostiene, nos alimenta y nos busca cuando nos perdemos.

Solo quien se deja cuidar por Cristo puede aprender verdaderamente a cuidar de los demás.

Por eso, entrad hoy en vuestro ministerio con un corazón humilde, disponible y orante.

Pidamos hoy la intercesión de la Virgen María, humilde Sierva del Señor. Ella supo ponerse enteramente a disposición de Dios y responder con toda su vida: Hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38).

Que María os enseñe a pronunciar cada día vuestro propio fiat.

Y que ella os acompañe siempre para que vuestro ministerio sea verdaderamente un servicio a Cristo y a su Iglesia.

Que así sea.

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‘Educar personas capaces de salir al encuentro’, carta dominical del arzobispo de Sevilla (13-09-2026)

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‘Educar personas capaces de salir al encuentro’, carta dominical del arzobispo de Sevilla (13-09-2026)

‘Educar personas capaces de salir al encuentro’, carta dominical del arzobispo de Sevilla (13-09-2026)

Monseñor José Ángel Saiz Meneses dedica su carta dominical a la educación, con motivo del inicio del curso escolar. “No se trata solamente de transmitir conocimientos, adquirir competencias o preparar buenos profesionales”, explica el prelado, sino que educar significa “ayudar a cada persona a descubrir quién es, para qué vive y cómo puede poner los dones recibidos al servicio de los demás”.

Al respecto, el arzobispo recuerda que fe y razón “no pueden presentarse como mundos enfrentados”, más bien, la educación cristiana implica “enseñar a pensar sin miedo, a preguntar sin prejuicios y a reconocer que la verdad es mayor que nosotros”.

Además, don José Ángel ensalza la figura del profesorado, figura principal que lleva a cabo la misión de enseñar.

Finalmente, en su carta, monseñor Saiz pide que las escuelas y universidades sean “lugares de encuentro entre saberes, culturas y personas; espacios donde la verdad sea buscada con libertad y donde cada uno pueda descubrir su vocación”.

Puede leer la carta completa aquí.

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Antequera celebra a su patrona Santa Eufemia con triduo, procesión y la Misa más antigua de la diócesis

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Antequera celebra a su patrona Santa Eufemia con triduo, procesión y la Misa más antigua de la diócesis

Este sábado concluye el Triduo en honor a Santa Eufemia con Exposición del Santísimo a las 19,30 horas y celebración de la Eucaristía a las 20 horas en su templo conventual.
La procesión de las candelas tendrá lugar el domingo 13 por la tarde.

Antequera celebra a su patrona Santa Eufemia con triduo, procesión y la Misa más antigua de la diócesis
Santa Eufemia, patrona de Antequera

La tarde dominical saldrá la procesión a las 18.00 horas desde su templo, para empezar por calle San Pedro a cuya plaza llegará sobre las 18,45 horas. Allí habrá oración ante el pórtico de la parroquia que vive unida a la de Santiago, a la que pertenece Santa Eufemia. Se tiene previsto que se le ofrezca la primera de las candelas a la imagen patronal.

La Agrupación Musical La Estrella de Jaén será quien ponga sentimiento a las oraciones hechas mecidas de los hermanacos de la Santa de Calcedonia. De ahí, saldrá a la Cruz Blanca para bajar por calle Lucena y entrar en la peatonal y cofrade Duranes en torno a las 19,30 horas. Seguirá por Plazuela Puri Campos, Acera Alta y entrada a la Plaza de San Francisco en torno a las 20 horas. Se llegará a la puerta del templo de San Francisco donde este año se celebran los 800 años de su muerte. Allí se encenderá la segunda de las candelas. Entrada por Juana Jugán, Cristo de los Avisos, Carrera de Madre Carmen y a las 21 horas regresará a su Plaza de Santiago donde se le ofrecerá la tercera y última de las candelas previstas, culminando la procesión.

Oración y función votiva

Tras la procesión, el martes 15 de septiembre a las 23,30 horas, la devota Teresa Molina rezará a la Santa en la víspera de su festividad, así como habrá candela en la plaza de Santiago. Y el miércoles 16 de septiembre, festividad de Santa Eufemia, el templo permanecerá abierto de 11 a 13,30 horas y de 17 hasta la función votiva que tendrá lugar a las 20 horas. Será presidida por el párroco Francisco de Paula Aurioles y se trata de la misa más antigua que se celebra en toda la Diócesis de Málaga. Se le ofrece desde 1410 cuando el Infante don Fernando, conocido desde entonces como «el de Antequera», reconquistó la ciudad y le dio a la tierra: su patrona, escudo de armas y primer alcaide.

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COPE ESPEJO ALMERIA: Entrevistamos a Jose Gregrorio Rodríguez en la Víspera de su ordenación sacerdotal

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COPE ESPEJO ALMERIA: Entrevistamos a Jose Gregrorio Rodríguez en la Víspera de su ordenación sacerdotal

La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería y el Palacio Episcopal. San Indalecio, Varón apostólico y mártir según la tradición, es el Obispo fundador de la Iglesia de Almería, que comenzó siendo la Iglesia hispanorromana de Urci.

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Constitución de la Comisión Histórica y Archivística de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa Fontenla

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Constitución de la Comisión Histórica y Archivística de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa Fontenla

Constitución de la Comisión Histórica y Archivística de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa Fontenla

En la jornada de este viernes, 11 de septiembre, los miembros de la comisión se han reunido con el Sr. Obispo, acompañados por el director del Secretariado Diocesano para la Causa de los Santos, D. Rubén Sánchez Arancibia y el párroco de Nerva, D. Juan José Travé.

Por Decreto Episcopal de fecha 2 de septiembre, el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, ha nombrado a los miembros de la Comisión Histórica y Archivística de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa Fontenla, que estará integrada por los siguientes miembros:

María Cinta Reglado Ortega

Aquilino Delgado Domínguez

Encarnación María Domínguez Durán

Julio Andrés Gutiérrez García

Hna. Inmaculada Florencio Pérez

Durante el encuentro, Mons. Gómez Sierra ha animado a los miembros de la comisión a ejercer con responsabilidad y fidelidad las funciones que les han sido encomendadas, conforme a las normas canónicas que regulan el desarrollo de las causas de beatificación.

Los miembros de la Comisión Histórica y Archivística se han presentado personalmente ante el Obispo y han expresado su deseo de cumplir fielmente con la misión que les ha sido confiada, poniendo su trabajo al servicio de la Iglesia y del adecuado desarrollo de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa Fontenla.

Posteriormente, el acto ha continuado en la capilla del Obispado, donde los miembros de la comisión han prestado juramento de sus respectivos cargos ante el Sr. Obispo. El Canciller de la Diócesis ha dado fe de este acto.

La jornada ha concluido con el rezo del Ángelus. A continuación, Mons. Santiago Gómez Sierra ha impartido su bendición a los miembros de la comisión, encomendando al Señor los trabajos que ahora comienzan en el marco de esta causa de beatificación.

Con la constitución de esta comisión se da un nuevo paso en el camino de la causa de beatificación de la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa Fontenla, confiando estos trabajos a la guía del Señor y al servicio de la Iglesia.

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El lunes comenzarán las primeras perforaciones e inyecciones para mejorar el terreno de la iglesia del Sagrario 

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El lunes comenzarán las primeras perforaciones e inyecciones para mejorar el terreno de la iglesia del Sagrario 

El pasado miércoles, 9 de septiembre, comenzaron los trabajos preparatorios para la ejecución de la intervención de mejora y consolidación del terreno bajo la iglesia del Sagrario de Málaga, mediante un sistema de inyecciones armadas. Está previsto que, si los trabajos preparatorios se desarrollan conforme a lo programado, las primeras perforaciones e inyecciones comiencen el próximo lunes, 14 de septiembre. 

El lunes comenzarán las primeras perforaciones e inyecciones para mejorar el terreno de la iglesia del Sagrario 
Espacio ya acotado para los trabajos en Calle Santa María, junto a la Puerta del Perdón

Esta actuación constituye una nueva fase dentro del proceso de intervención iniciado en 2016, a raíz de la aparición de una importante grieta en el edificio. Los distintos estudios realizados desde entonces han permitido determinar la necesidad de actuar sobre el terreno de cimentación con el objetivo de mejorar sus características geomecánicas, aumentar su capacidad portante, homogeneizar su comportamiento y reducir los posibles asientos que pudieran afectar al monumento.

La solución adoptada consiste en la realización de inyecciones armadas de lechada de cemento, ejecutadas mediante perforaciones de pequeño diámetro en las que se introducen tubos de acero provistos de válvulas. A través de ellos se inyecta de manera controlada la lechada de cemento a diferentes profundidades, consiguiendo impregnar y consolidar progresivamente el terreno. 

La intervención supondrá la ejecución de numerosas perforaciones e inyecciones, en torno a 150 operaciones de tratamiento, distribuidas tanto en el exterior como en el interior del edificio. Las perforaciones podrán alcanzar cotas próximas a los 19 metros de profundidad y presentan diferentes inclinaciones, determinadas específicamente en proyecto para adaptarse tanto a las necesidades estructurales como a las condiciones del subsuelo.

Uno de los principales condicionantes de la actuación ha sido la presencia de restos arqueológicos bajo la iglesia del Sagrario y en su entorno inmediato. Durante los últimos años se han llevado a cabo distintas intervenciones y trabajos arqueológicos destinados a conocer con mayor precisión estos restos y su relación con las zonas en las que estaba previsto actuar.

Para ello se han estudiado individualmente las diferentes perforaciones, elaborándose secciones específicas que han permitido comprobar sus trayectorias y modificar su posición allí donde se ha detectado una posible interferencia con restos arqueológicos.

La disposición finalmente adoptada es, por tanto, el resultado de un trabajo coordinado entre la dirección arqueológica, la ingeniería responsable de la intervención, los técnicos de la Delegación de Cultura y los arquitectos redactores y directores del proyecto, buscando compatibilizar la eficacia de la consolidación del terreno con la mínima afección posible a los restos arqueológicos existentes.

Con carácter general, las inyecciones propiamente dichas comenzarán a partir de la cota aproximada de –8,40 metros, reduciendo de este modo la incidencia del tratamiento sobre los niveles arqueológicos más superficiales. Además, durante toda la ejecución se llevará a cabo un seguimiento arqueológico específico, que permitirá controlar el desarrollo de las perforaciones y adoptar las medidas necesarias ante cualquier circunstancia no prevista.

FASES DE EJECUCIÓN DE LOS TRABAJOS

La ejecución se desarrollará por fases, comenzando por las inyecciones exteriores y realizando posteriormente las situadas en el interior del edificio.

Los primeros trabajos se efectuarán en la fachada de la iglesia del Sagrario a calle Santa María, comenzando en la zona situada frente a la Puerta del Perdón. Durante estas operaciones, la portada será convenientemente protegida mediante lonas para evitar posibles manchas o salpicaduras derivadas de los trabajos.

Desde este punto, los trabajos avanzarán progresivamente de oeste a este a lo largo de la fachada de calle Santa María, en dirección hacia la Puerta de las Cadenas. Una vez completada esta zona, la intervención continuará en el Patio de las Cadenas. Finalmente, se ejecutarán las perforaciones previstas en el interior, correspondientes a la zona de la cripta de la iglesia del Sagrario.

Las perforaciones e inyecciones se realizarán de manera secuencial y controlada, evitando trabajar simultáneamente sobre puntos excesivamente próximos y registrando durante el proceso parámetros como la presión, el caudal y el volumen de lechada introducido.

El ritmo previsto de ejecución será de aproximadamente una o dos inyecciones diarias, aunque dependerá de las condiciones que se vayan encontrando durante los trabajos y de la respuesta del terreno en cada punto de intervención.

De acuerdo con esta previsión, la duración estimada de esta fase de la obra es de unos nueve meses. No obstante, se trata de una actuación especialmente minuciosa, en la que cada perforación debe ejecutarse y controlarse de forma individualizada, por lo que los plazos podrán ajustarse en función del desarrollo real de los trabajos.

El comienzo de esta fase supone un hito significativo dentro de un proceso iniciado hace ya una década, en el que el conocimiento progresivo del edificio, de su cimentación y de las condiciones de su subsuelo ha permitido definir con precisión la intervención. El objetivo final es mejorar la estabilidad de la iglesia del Sagrario mediante una actuación compatible con la conservación del monumento y con la presencia de los restos arqueológicos existentes en el subsuelo.

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Lecturas del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

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Lecturas del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Lecturas del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30 – 28, 7

Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Rencor e ira también son detestables, el pecador los posee.

El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor? Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados? Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados?

Piensa en tu final y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y sé fiel a los mandamientos.

Acuérdate de los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ofensa.

 

Salmo

Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12

R/. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

– Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

– Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura.

– No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

– Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre los que lo temen; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor.

Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Comentario de Miguel Ángel Garzón

Las lecturas nos hablan del perdón y la reconciliación fraterna. El sabio Sirácida señala cómo hay que desterrar la ira, el rencor, el odio y la venganza. Se trata de pasiones que corrompen la convivencia. Además, el que así se comporta no puede hipócritamente pedir a Dios el perdón, al contrario, cierra la puerta de su misericordia, especialmente para la hora de la muerte. En cambio, el que perdona la ofensa recibida experimentará a su vez el perdón de Dios. La razón y la fuente de la misericordia reside en la alianza con Dios, que perdona y colma de gracia y ternura, como proclama el salmo, y es lo que hay que recordar e imitar.

Así lo enseña Jesús en el pasaje del evangelio que continúa con el discurso sobre la comunidad (Mt 18). Pedro pregunta a Jesús por la cantidad de veces que ha de perdonar al hermano que le ofende: ¿siete? Jesús responde jugando con el valor teológico de ese número que indica plenitud y perfección: “setenta veces siete”, es decir, siempre. Hay una referencia velada al canto de Lamec (Gn 4,24) que clama venganza ilimitada para la familia de Caín. Jesús la cambia por el perdón ilimitado. Y pide no imitar al criado despiadado de la parábola que alcanzando la compasión del rey que le perdona sus deudas desorbitadas (10000 talentos; 1 talento = 16 años de salario), lo olvida rápidamente, y no es capaz de perdonar la pequeña deuda de su compañero (100 denarios; 1 denario= salario de un día). Jesús nos reclama el perdón dado de corazón, pues tiene poder de sanar toda relación dañada o rota por el pecado.

Dios es este rey de amor infinito, que no lleva “cuentas” del mal, y nos ha enviado a su Hijo para que recibamos el reino de la misericordia y participemos de él perdonando. El breve texto del apóstol Pablo es un excelente sello para esta enseñanza: “en la vida y en la muerte somos del Señor”, por eso hemos de vivir dejando que Jesucristo, que se compadece del pecador y entrega su vida por él, sea señor de toda nuestra vida, también de nuestros sentimientos y comportamientos para con los hermanos.

 

  1. ¿Reconoces en ti sentimientos de rencor, ira, odio o venganza ¿Cómo los enfrentas? ¿Consigues anularlos?
  2. ¿Te sientes identificado con el criado de la parábola ¿Sigues contando “deudas” que no consigues perdonar?
  3. ¿Estás viviendo algún conflicto fraterno? Recuerda con el salmo el perdón que Dios te ha dado y pídele luz y fuerza para alcanzar la reconciliación.

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La Basílica de las Angustias y la parroquia de Corpus Christi, en “El Espejo”

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La Basílica de las Angustias y la parroquia de Corpus Christi, en “El Espejo”

Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 11 de septiembre de 2026, dedicada a conocer la situación de dos templos tras los terremotos.

Disponible el programa “El Espejo de la Iglesia de Granada”, emitido hoy viernes 11 de septiembre. Hemos querido conocer cuál es la situación actual de dos templos destacados en nuestra diócesis, cerrados con motivo de los terremotos del pasado mes de agosto: la basílica de Nuestra Señora de las Angustias y la parroquia de Corpus Christi, en el barrio del Zaidín, que ha anunciado su reapertura para mañana sábado 12 de septiembre.

Hemos hablado con sus párrocos que han compartido con nosotros cómo vivieron los momentos en que tuvieron que anunciar el cierre del templo y cómo ha estado presente la Iglesia entre sus fieles, acompañando y sosteniendo en la esperanza ante el miedo y la incertidumbre. Una actividad pastoral que no ha cesado pese al cierre temporal.

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Celebrada la Eucaristía de inicio de curso con la UGR

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Celebrada la Eucaristía de inicio de curso con la UGR

En la parroquia de los Santos Mártires Justo y Pastor, con la asistencia del Rector de la Universidad de Granada y otras autoridades académicas, así como profesores, alumnos, personal laboral y cuantos fieles quisieron sumarse.

La Universidad de Granada ha inaugurado hoy viernes oficialmente el nuevo curso académico 2026-27, con la Eucaristía de inicio de curso en la parroquia de los Santos Mártires Justo y Pastor y, posteriormente, su acto académico.

La Eucaristía fue oficiada por nuestro arzobispo D. José María Gil Tamayo, que agradecía a la comunidad universitaria y directivos académicos de a UGR, entre ellos su rector, Pedro Mercado, por la tarea educativa que desarrollan a lo largo del curso.

Entre los asistentes de la comunidad educativa, también se encontraban los responsables académicos y profesores de la Escuela de Magisterio “La Inmaculada”.

Concelebraron el Delegado y subdelegado de la Pastoral Universitaria, D. Luis Miguel Muñoz e Israel Castillo, designados para estas responsabilidades en los últimos nombramientos realizados este verano por el arzobispo; el delegado episcopal de Educación Católica y Enseñanza Religiosa, D. Ildefonso Fernández-Fígares, así como el párroco de los Santos Mártires Justo y Pastor, D. Miguel Ángel Con.

RETO DEL SIGLO XXI
En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo reconoció el reto que afrontan los profesores con alumnos cuyos lenguajes han cambiado por ser habitual en ellos el uso de pantallas como medio de conocimiento. No obstante, nuestro arzobispo apelaba a la recuperación de la humanidad en el ámbito universitario y a un conocimiento que trasciende la acumulación de saberes porque es sabiduría de Dios, que ayuda a comprender el sentido último de lo que somos y hacemos.

En este sentido, recordó las palabras del Papa Francisco que hablaba de un “cambio de época y no de una época de cambios” e invitaba a los asistentes a leer la encíclica de León XIV sobre inteligencia artificial “Magnifica humanitas”.

“Nuestra universidad tiene una responsabilidad única. Una universidad que es de las mejores del mundo en la investigación, en el trabajo de esta realidad humana que nos sale al paso en la civilización de las nuevas tecnologías. Esto va a conformar nuestra vida, porque en ella se juegan el resto de los haberes y, sobre todo, el ser humano”, señaló nuestro arzobispo en sus palabras durante la homilía, que puede escucharse EN ESTE ENLACE.

“Nuestra universidad tiene un papel importantísimo. Vosotros profesores, también en un sentido profundo, profesáis aquello que enseñáis. Y, sobre todo, profesáis con una coherencia que debe ser un estilo de vida en un profesor, pero, sobre todo, en un maestro”, concluyó nuestro arzobispo.

Tras la Santa Misa, las autoridades académicas, profesores y alumnos se dirigieron hacia el Hospital Real de la Universidad de Granada para celebrar el acto institucional civil.  

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ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 11-09-2026

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ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 11-09-2026

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Un resumen de la actualidad en la Archidiócesis de Sevilla.

Edición del viernes 11 de septiembre de 2026.

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