Desde el pasado lunes y hasta este miércoles, el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, el Consejo Episcopal y algunos arciprestes, han participado en Granada de un encuentro de vicarios y arciprestes dirigidos a los e la Provincia Eclesiástica de Granada, a la que pertenece nuestra Diócesis.
Con espíritu de fraternidad y comunión sacerdotal se congregado desde esta mañana y hasta el día 4 los vicarios y arciprestes de la Provincia Eclesiástica de Granada, en el Seminario Diocesano “San Cecilio”-Casa de espiritualidad Papa Francisco.
Procedentes de las diócesis de Jaén, Guadix, Málaga, Almería y Cartagena-Murcia, así como los vicarios y arciprestes de nuestra Archidiócesis de Granada, los presbíteros están acompañados por algunos de sus obispos, como el obispo de Jaén, de Guadix y nuestro arzobispo Mons. Gil Tamayo, que ha inaugurado dichas Jornadas, tras el rezo de la Hora Intermedia.
Bienvenida de Mons. Gil Tamayo En sus palabras de bienvenida a los asistentes, D. José María ha expresado sus condolencias y cercanía con la diócesis malagueña ante el fallecimiento la semana pasada en accidente de tráfico del sacerdote en activo D. José Amalio González.
Las Jornadas tienen como tema central “El cuidado del sacerdote”, en el que se incluye “la preocupación del cansancio sacerdotal”, para la que es necesaria “una mirada interdisciplinar”, explicó nuestro arzobispo, teniendo en cuenta el cambio social y cultural que vivimos actualmente.
Las Jornadas se proponen como un espacio de reflexión, diálogo, oración y discernimiento desde la fraternidad sacerdotal y con espíritu de comunión.
En este sentido, nuestro arzobispo ha invitado a los vicarios y arciprestes a seguir trabajando en los aspectos que en estas Jornadas se aborden y hacerlo en grupos en sus respectivas diócesis. Y esto con una invitación a “intervenir todos” los sacerdotes, al mismo tiempo que ha recordado la experiencia fructífera de la Asamblea “Convivium”, celebrada recientemente en Madrid que congregó a 1.500 sacerdotes de esta Archidiócesis para tratar la situación actual y caminar juntos en el acompañamiento pastoral entre presbíteros y en medio del pueblo de Dios. “Un tiempo para detenernos, escucharnos y dejar que el Espíritu renueve nuestra vocación, y sentirnos un único presbiterio”, informó la Archidiócesis de Madrid.
En sus palabras al inicio de las Jornadas, Mons. Gil Tamayo aportó algunos aspectos que constituyen un punto de partida en la radiografía social que vivimos y que “afecta a la tarea pastoral, a su significación…, lo que provoca un cansancio”: la sociedad compleja y cambio social profundo, polarización, brecha generacional, el ambiente de sospecha que se ha pergeñado contra el clero a raíz de algunos asuntos graves y problemas surgidos en estas últimas décadas. Asimismo, también ha recordado las palabras del Papa León XIV frente a la ideologización y el riesgo de instrumentalizar la fe con rasgos ideológicos. Y todo ello -explico D. José María- “no para buscar culpables, sino para animar a buscar las causas y poner remedio”.
“Madurez afectiva y vivencia de la fe” La primera de las intervenciones en las Jornadas ha estado a cargo de Ignacio Morón, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, que ha hablado sobre la “madurez afectiva y vivencia de la fe”, en cuya intervención también ha aludido al síndrome del “burnt out”, que, como otros ámbitos de la vida que afecta a las personas en sus lugares profesionales, también puede alcanzar a los presbíteros en su ministerio pastoral. Un escenario en el que puede suceder, dado que “cada vez somos menos y más mayores, lo que conlleva el cansancio”, indicó D. José María.
Tras un diálogo entre los vicarios y arciprestes asistentes y la comida fraterna, las Jornadas continúan esta tarde, para abordar “la vivencia del malestar en la vida sacerdotal, riesgos y recursos de agotamiento”, a cargo de D. Miguel Ruiz Prada, psicoterapeuta en el Equipo de Vida Religiosa y Sacerdotal de UNINPSI de la Universidad Pontificia de Comillas.
Visita a la Cartuja En el marco de estas Jornadas, los participantes también podrán conocer mañana martes la nueva iniciativa de visita cultural en el monasterio de La Cartuja llamada “Silentia”, en la que participa la Archidiócesis de Granada, junto a otras 7 diócesis españolas, dentro del Proyecto “Expedición al Medievo 4.0”, y que se oferta en Granada los fines de semana (https://www.ticketsgranadacristiana.com/)
La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe que lleva por título Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, en referencia al lema cardenalicio del «recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman». En él se encierra el tema central de la nota doctrinal, que la vida espiritual y el encuentro con Dios «afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva». Esta nota fue aprobada por la Comisión Permanente en su última reunión, celebrada los días 24 y 25 de febrero en Madrid.
Esta reflexión está motivada por los diversos signos de un «renacer de la fe cristiana» en la sociedad, así como el surgimiento de «diversas iniciativas de primer anuncio» suscitadas por el Espíritu Santo y que facilitan el encuentro con Cristo. La Iglesia valora su «creatividad» y reconoce «una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana». De esta forma, los obispos de esta Comisión ofrecen esta nota doctrinal para «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia».
Texto completo
Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón) – nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe
1. Cor ad cor loquitur fue el lema cardenalicio escogido por el recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman, inspirándose en san Francisco de Sales, quien definía la vida espiritual como un encuentro con Dios “de corazón a corazón”[1], un movimiento del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva[2]. El mismo Jesús, cuando le preguntan por el mandamiento principal de la Ley, dice: «Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Mt 22,37). La fe implica a toda la existencia humana, pues es la entrega del hombre “entero” a Dios como respuesta obediente y libre a la revelación (Rom 1,5; 16,26)[3]. Es Dios el que toma la iniciativa de salir al encuentro del hombre, y adelanta su gracia para que, con el auxilio interior del Espíritu Santo, el corazón del ser humano se oriente y se dirija hacia Dios, permitiéndole entrar en comunión íntima con él[4]. Junto a los aspectos fiduciales (confianza en Dios) se dan en la fe elementos cognoscitivos (adhesión a Dios, confesión de fe) y también emociones y sentimientos (gozo espiritual, amor o paz, entre otros).
2. Los Obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ofrecemos estas reflexiones acerca de la integralidad de la experiencia de fe, que es fruto del encuentro con el auténtico rostro de Jesucristo encarnado: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre» (Credo niceno-constantinopolitano).
Motivación pastoral de esta reflexión
3. En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000. La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe. Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a «ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[5].
La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe.
4. En todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer “impacto” en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo. A ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo. Sin embargo, no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo “emotivista” de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual. El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida: que «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas.
5. En determinados momentos de la historia de la Iglesia la balanza se ha inclinado hacia el asentimiento intelectual a unas verdades reveladas o al compromiso y a la acción, con incidencia en la vida espiritual de los fieles, la reflexión teológica, la catequesis o el apostolado. En nuestros días, en cambio, la experiencia de fe se centra en el universo emocional y sentimental de la persona, lo que podría interpretarse como uno de los “signos de los tiempos” o una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana. Al mismo tiempo, advertimos la necesidad de regular y discernir las emociones porque pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual.
6. Valorando positivamente todo lo que de bueno están aportando estos métodos de primer anuncio en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada, los obispos de esta Comisión, como pastores del pueblo de Dios, ofrecemos esta Nota con el fin de ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia —como la mujer samaritana— buscando «un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).
Creer con el corazón
a) La absolutización de lo emotivo en la postmodernidad
7. Expertos y analistas de nuestro tiempo vienen advirtiendo que en la llamada cultura postmoderna se ha producido una absolutización de la afectividad, reduciéndola a los sentimientos y a las emociones, e incluso se ha llegado a sostener su irracionalidad, lo que ha sido denominado como “emotivismo”[6], es decir, la reducción de la afectividad a la emoción. El hombre postmoderno rechaza el objetivismo racionalista para convertirse en un sujeto emotivo, que pasa del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, del “logos” a la “emoción”. Pero los sentimientos y las emociones, si bien son parte del mundo afectivo, no son capaces de abarcarlo en su totalidad.
8. El hombre “emotivista” se experimenta fragmentado, porque las emociones por sí mismas son inconexas y no le pueden ofrecer una visión holística de la realidad. Se percibe desorientado, porque se deja arrastrar por las emociones a cada momento sin ningún horizonte y se identifica con ellas[7]; y vive en la inmediatez y la inconstancia absolutizando el instante (en tanto que perdura la emoción). Aplicado a la vida espiritual, el “emotivista religioso” hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento[8] y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas. Es importante no confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada. Ya en el año 2003 la Conferencia Episcopal Española advertía en el Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España de que «esta concepción (meramente “emotivista”) debilita profundamente la capacidad del hombre para construir su propia existencia, porque otorga la dirección de su vida al estado de ánimo del momento, y se vuelve incapaz de dar razón del mismo. Este primado operativo del impulso emocional en el interior del hombre, sin otra dirección que su misma intensidad, trae consigo un profundo temor al futuro y a todo compromiso perdurable»[9].
Resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien.
9. Conviene tener presente que las emociones y los sentimientos tienen un papel importante en la vida humana y espiritual. El cuerpo humano y las emociones son partes integrales de la vida psíquica y espiritual del ser humano. Las emociones no pueden ignorarse ni trivializarse porque son intrínsecas a nuestra existencia. Ahora bien, resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien. A este respecto, el papa Francisco afirmaba en la encíclica Lumen fidei (2013):
La fe sin verdad no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida[10].
10. Por otra parte, el “emotivista” resulta más fácilmente manipulable. Muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones. También en la vida espiritual existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un “bombardeo emocional”, lo cual podría considerarse una forma de “abuso espiritual”. Tal abuso puede manifestarse en forma “presión emocional del grupo”, que hace que los individuos se vean obligados a “sentir” lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia. E incluso a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas (“falso misticismo”[11]), que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral[12].
b) La importancia de los sentimientos en la vida espiritual
11. Los sentimientos juegan un papel importante en la vida humana y espiritual, y son fundamentales en la vida interior de toda persona humana. La fe cristiana, arraigada en la encarnación, no los puede ni dejar de lado ni ignorar. Dios nos alcanza también en nuestro sentir, en nuestra subjetividad, en nuestra intimidad, en nuestra emocionalidad. Lo afectivo constituye un campo fundamental en la vida espiritual, en la relación con Dios y con los demás, en la maduración creyente de la persona. Sin embargo, los sentimientos no pueden determinar toda o casi toda la vida cristiana, pues, en ocasiones, la misma ausencia de sentimientos es parte del itinerario espiritual.
12. Los métodos de evangelización, a los que nos hemos referido, ayudan a descubrir la importancia del aspecto emotivo de la vida cristiana. Por influjo de la modernidad ilustrada, se dio una tendencia a subrayar los aspectos intelectuales o éticos de la fe, considerando los sentimientos como algo marginal en la experiencia de fe. La piedad popular y algunas prácticas espirituales alimentaron una espiritualidad más vinculada a los sentimientos, a la imaginación y al corazón.
13. El reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas. Sería contradecir la misma Palabra de Dios, que tiene muy en cuenta la dimensión afectiva de la relación entre Dios y el ser humano.
14. El Antiguo Testamento describe el amor de Dios hacia su pueblo en múltiples pasajes, como el de una madre que se apiada del hijo de sus entrañas (cf. Is 49,14-15), como el de un padre que toma entre sus brazos a su hijo pequeño y cuida de él (cf. Os 11,1.3-4) o como el de un amado que graba a la amada como un sello en su corazón (cf. Cant 2,2; 6,2; 8,6). Este amor exige por parte del hombre la respuesta de un corazón nuevo, de un corazón de carne (cf. Ez 36,26).
15. En el Nuevo Testamento, el Verbo encarnado asume también los sentimientos de la condición humana. En muchos pasajes vemos cómo Jesús se compadeció de aquellos que andaban como ovejas sin pastor (cf. Mt 9,36), experimentó la angustia y la tristeza en el Huerto de los Olivos (cf. Lc 22,39-44; Mt 26,37), lloró por Jerusalén (cf. Lc 19,41-44) y por la pérdida de su amigo Lázaro (cf. Jn 11,35), amó a los discípulos y los llamó amigos (cf. Jn 13,23; 15,15), miró con ira y se sintió dolido ante la dureza del corazón de los demás (cf. Mc 3,5) o por ver el Templo transformado en un mercado (cf. Mt 21,12-13; Mc 11,15-18; Jn 2,13-22), etc[13]. Como dirá san Agustín, él asumió también los sentimientos humanos para redimirlos: «tomó estos afectos de la humana flaqueza, lo mismo que la carne de la debilidad humana (…), de suerte que, si a alguno le aconteciere contristarse y dolerse en las tentaciones humanas, no se juzgase por esto ajeno a su gracia»[14]. Como recuerda el Concilio Vaticano II, «realmente, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (…), él manifiesta plenamente el hombre al propio hombre (…), pues en él la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida, (…) ha sido elevada a una dignidad sin igual»[15]. No es de extrañar que san Pablo recomendase a los filipenses: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Flp 2,5). Negar, por tanto, las emociones en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado, el Hombre perfecto (cf. Ef 4,13), el mismo que «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre»[16], y por eso puede sanar de su desorden a la afectividad humana, iluminarla y elevarla. Como dirá la encíclica Dilexit nos (2024), «el Hijo eterno de Dios, que me trasciende sin límites, quiso amarme con un corazón humano. Sus sentimientos se vuelven sacramento de un amor infinito y definitivo»[17].
Negar, por tanto, las emociones en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado, el Hombre perfecto (cf. Ef 4,13), el mismo que «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre».
c) Recuperar el corazón
16. La afectividad, dimensión esencial del ser humano, junto con la razón y la voluntad, integra las emociones y los sentimientos en la verdad del ser humano, creado «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26), profundamente amado en la realidad de su existencia. Por ser una dimensión fundamental de la persona, no puede quedar excluida del acto de fe, ya que Dios sale al encuentro de cada hombre y de cada mujer en la integridad de su ser, y les habla de corazón a corazón. Pues el corazón es el centro de la persona, el lugar de las decisiones, de la verdad, del encuentro y de la Alianza, que solo puede ser sondeado y conocido por el Espíritu de Dios[18].
17. El magisterio de los pontífices más recientes está impregnado de una llamada a la recuperación del corazón en la vida cristiana. Ya Pío XII en la encíclica Haurietis aquas (1956), sobre la devoción al Corazón de Cristo,alertaba del peligro del naturalismo y del sentimentalismo, y presentaba el Corazón del Verbo encarnado como signo y símbolo del triple amor con que ama Cristo: el amor divino (como Dios), el amor espiritual humano (la caridad de su voluntad humana) y el amor sensible (afectos y emociones)[19]. De esta forma, se invitaba a los fieles a alcanzar la armonía del amor en Cristo. Posteriormente, son significativas las encíclicas de Juan Pablo II Redemptor hominis (1979) al volver sobre la dimensión humana del misterio de la Redención y, especialmente, Dives in misericordia (1980) dedicada al amor misericordioso de Dios. Por su parte, Benedicto XVI hizo referencia en varias de sus encíclicas a esta cuestión, de manera peculiar en Deus caritas est (2005), pero también en Spe salvi (2007) y Lumen fidei (2013), escrita entre Benedicto XVI y Francisco, a la que ya se ha hecho referencia. Más recientemente el papa Francisco, en su encíclica Dilexit nos (2024) nos propuso recuperar la importancia del corazón en la vida cristiana, pues —como dice san Pablo— «si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rom 10,9). En el corazón es «donde cada persona hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas las demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones»[20]. Todo se unifica en el corazón, que es «el núcleo de cada ser humano, su centro más íntimo; no solo el núcleo del alma, sino de toda la persona en su identidad única que es anímica y corpórea (…) Es la sede del amor con la totalidad de sus componentes espirituales, anímicos y también físicos»[21].
18. Desde el corazón, en el que se integran las dimensiones afectiva y corporal, la racional e intelectual, así como la volitiva y el compromiso[22], la experiencia de fe se convierte en un acontecimiento totalizante, que permite afirmar al creyente: «Encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo solté» (Cant 3,4). Se trata de un hecho que siempre desborda y trasciende, y hace gustar de antemano el gozo y la luz de la vida eterna.
19. La afectividad, como dimensión humana fundamental en armonía con la razón y la voluntad, supera al mero sentimentalismo y libera a la fe de las redes del subjetivismo y del emotivismo. El amor auténtico siempre conduce a la verdad. Como afirmaba el papa Benedicto XVI:
Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente (…), es presa de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos (…). La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el Dios bíblico, que es a la vez “Agapé” y “Lógos”: Caridad y Verdad, Amor y Palabra[23].
20. Creer con el corazón es el mejor antídoto contra los dos grandes enemigos de la vida espiritual apuntados por el papa Francisco: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo. El primero concibe la salvación como algo puramente interior, cerrando al sujeto en la inmanencia de su propia razón o sentimientos. El pelagianismo, por su parte, acentúa el carácter radicalmente autónomo del individuo, que pretende alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. Esto se traduce, entre otras cosas, en una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia[24].
Criterios teológico-pastorales para el discernimiento
21. A la luz de lo expuesto, ofrecemos unos criterios que pueden ayudar a enriquecer la experiencia de fe de las nuevas iniciativas de evangelización surgidas recientemente en el ámbito del primer anuncio:
a) Por Cristo, al Padre, en el Espíritu
22. La vida cristiana comienza «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19), tal y como sucede en el sacramento del bautismo. Es la fe trinitaria que la Iglesia transmite la que ha de ser profesada no solo con los labios, sino pasándola por el corazón y por la razón.
23. Toda la vida de fe está impregnada por la Santísima Trinidad: la oración está dirigida al Padre, por el Hijo, en el Espíritu; la liturgia es eminentemente trinitaria, «por Cristo, con él y en él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos»; la comunidad eclesial está llamada a reflejar la comunión de las Personas divinas; y el destino del cristiano es trinitario, la plena unidad con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con todo el género humano. Por ello es importante que la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria[25], y que el primer anuncio, así como los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre. Solo de esta manera se puede experimentar la plenitud del amor de Dios: «porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5,5).
b) Dimensión personal
24. Como decía el papa Benedicto XVI, «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[26]. La fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo. También el Catecismo de la Iglesia Católica recordaba que «no creemos en fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite “tocar”»[27].
La fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo.
25. Puesto que Dios sale al encuentro del hombre en su totalidad, en este encuentro intervienen también los sentimientos, propios de la dimensión afectiva del ser humano. Invitamos, por ello, a aprender a discernir los sentimientos en la vida espiritual a partir de los grandes maestros de espiritualidad. El mismo san Ignacio de Loyola animaba a discernir entre estados de consolación y desolación del alma, o a situarse en la santa indiferencia ante una elección de vida, con el deseo de servir a Dios como fin primero y principal al que todo se subordina[28]. Otros, como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, vivirán la purificación de los sentidos en las “noches del espíritu” o tendrán que enfrentarse, como santa Teresa de Lisieux o santa Teresa de Calcuta, a largos periodos de oscuridad espiritual.
26. De todo ello, se deduce que se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto. Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo. A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1,24).
c) Dimensión objetiva de la fe
27. El encuentro con Cristo conlleva la aceptación de la verdad de su persona y su mensaje. En el diálogo con Marta, tras la muerte de Lázaro, Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» (Jn 11,26). Y Marta le contesta: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11,27). No hay encuentro con Cristo sin profesión de fe, si solo se tiene en cuenta el aspecto subjetivo, pero no se profundiza en el contenido de la fe y en la doctrina. La formación es el medio primordial que permite integrar la verdad en el amor. Si el acto de fe como adhesión personal a Cristo pierde su profunda unidad con la verdad salvadora que nos ha traído, se transforma en un acto vacío y ciego.
28. La vivencia emocional de la fe se ha de asentar en la verdad objetiva del kerygma, cuyo contenido se encuentra en la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia. Todo ello invita a apostar con determinación por una formación integral y continua, que incluya todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual)[29]. Resulta particularmente oportuno iniciar itinerarios catecumenales y procesos formativos de discipulado y acompañamiento en la maduración de la fe con aquellos que han realizado una primera conversión al Señor.
d) Dimensión eclesial
29. Por la misma lógica de la encarnación, el encuentro con Dios es siempre mediado. Jesucristo, el mediador de la salvación, sigue saliendo al encuentro del ser humano a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el servicio a los hermanos en la Iglesia. No es posible una experiencia ni un conocimiento de Dios de manera directa e individualista. Nadie se ha hecho cristiano a sí mismo, ni es creyente por sí solo. Creemos gracias a que alguien nos habló del Señor y nos transmitió la fe de la Iglesia en el ámbito de la familia, de una parroquia, de un grupo o un movimiento eclesial. La misma profesión de fe es un acto personal y eclesial simultáneo, de forma que cuando el cristiano dice “creo”, al mismo tiempo, dice “creemos”, como atestigua el símbolo de Nicea en su versión griega, resaltando así la dimensión eclesial del acto de fe.
30. Este “creemos” no significa uniformidad. La imagen paulina del cuerpo de Cristo es muy elocuente para expresar la unidad en la necesaria diversidad. Todos, aunque distintos, somos miembros del único cuerpo, cuya cabeza es Cristo (cf. 1 Cor 12,12; Ef 1,18); de tal manera que la diversidad no es contraria a la unidad del cuerpo, sino que la enriquece: «hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor» (1 Cor 12,4-5). Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros.
31. Es importante valorar la capacidad que tienen estas nuevas iniciativas evangelizadoras para integrar en la vida comunitaria. Como afirma el Concilio Vaticano II, «estos carismas, tantos los extraordinarios como los ordinarios y comunes, hay que recibirlos con agradecimiento y alegría, pues son muy útiles y apropiados a las necesidades de la Iglesia». Ahora bien, «el juicio de su autenticidad y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con los buenos (cf. 1 Tes 5,12.19-21)»[30]. Será, por tanto, un signo de eclesialidad que estos nuevos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes.
32. Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”). Es decir, por su capacidad de generar y acompañar las diversas vocaciones que el Espíritu ha suscitado en el cuerpo de la Iglesia (cf. 1 Cor 12,11).
Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”).
e) Dimensión ética y caritativa
33. El verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y el mundo. La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no somos capaces de “tocar la carne de los últimos”, no estamos siendo fieles al Evangelio[31]. El corazón cristiano es un “corazón que ve” dónde hay necesidad de amor y actúa en consecuencia[32].
34. Son numerosos los textos de la Palabra de Dios que iluminan esta dimensión de la fe. Entre ellos, estos de los apóstoles Juan y Santiago: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4,20-21). «Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro» (Sant 2,17). Por eso, el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales.
f) Dimensión celebrativa
35. El creyente, además, ha de cuidar la dimensión celebrativa del acto de fe con una liturgia viva en la que festeje comunitariamente la gratuidad del encuentro con Cristo, que hace que la vida del creyente, alentada por la oración, se convierta, por la misericordia de Dios, en un «sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rom 12,1).
36. Las iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración “espiritualista” desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas. Se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero “devocionalismo” que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental[33]. En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística, sea de forma privada o pública, prolonga e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica, pues adoramos a aquel que hemos recibido[34]. Esta relación intrínseca invita a cuidar la dimensión comunitaria de la adoración eucarística, ya que la relación personal con Jesús sacramentado pone al fiel en comunión con toda la Iglesia, al hacerle tomar conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo[35]. El sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas[36], que evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual. Todo ello plantea el reto de garantizar, tanto a los fieles como a los ministros ordenados, una buena formación litúrgica que ayude a situar la celebración de la Eucaristía, especialmente la dominical, en el centro de la vida personal, comunitaria y eclesial[37].
37. La belleza de la liturgia no es meramente formal, sino la belleza profunda que procede del encuentro sacramental con el misterio de Dios. Por eso, la liturgia ha de ser mistagógica, ayudándonos, a través de palabras y gestos, a conducirnos a Dios, a maravillarnos ante él y a adentrarnos en su belleza.
Exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.
Con corazón de pastores
38. Con auténtico corazón de pastores, los obispos de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.
39. Invitamos a contemplar a la Virgen María, en quien se realiza de manera perfecta el acto de fe. Ella acogió el anuncio del ángel Gabriel y le dio su asentimiento diciendo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Y, porque ha creído, todas las generaciones hasta nuestros días la proclaman bienaventurada (cf. Lc 1,45.)
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Esta nota doctrinal fue aprobada por los obispos miembros de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe en su reunión CCLXV del 20 de febrero de 2026.
Vicepresidente: Mons. D. Ramón Valdivia Giménez, obispo auxiliar de Sevilla y Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta
Miembros:
Mons. D. Ernesto Brotóns Tena, obispo de Plasencia
Mons. D. Daniel Palau Valero, obispo de Lérida
Mons. D. Eloy Alberto Santiago Santiago, obispo de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)
Mons. D. José María Yanguas Sanz, obispo de Cuenca
Mons. D. Francisco Javier Martínez, arzobispo emérito de Granada
Mons. D. Jesús E. Catalá Ibáñez, obispo emérito de Málaga
Mons. D. Demetrio Fernández González, obispo emérito de Córdoba
Mons. D. Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería
Mons. D. Luis Quinteiro Fiuza, obispo emérito de Tui-Vigo
Mons. D. Javier Salinas Viñals, obispo auxiliar emérito de Valencia
Secretario: Rvdo. D. Rafael Vázquez Jiménez
La Comisión Permanente de la CEE autorizó su publicación en la CCLXXII reunión celebrada en los días 24 y 25 de febrero de 2026.
[1] Cf. Francisco de Sales, Tratado del Amor de Dios, libro X, 3 y 9.
[2] Cf. Juan Enrique Newman, Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento (Madrid: Encuentro 2010).
[3] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 142-143.
[4] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 5.
[5] Benedicto XVI, Carta Porta fidei (2011), n. 2.
[6] Cf. Alasdair MacIntyre, «Emotivismo: contenido social y contexto social», en Id. Tras la virtud (Barcelona: Austral 2013) 40-55.
[7] Cf. Zygmunt Bauman, Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (Madrid: Fondo de Cultura Económica de España 2005).
[8] Cf. Juan José Pérez-Soba, «Conversación junto al pozo. Cómo hablar de fidelidad al emotivista postmoderno», Scripta Theologica 52 (2020) 170-173.
[9] Conferencia Episcopal Española, Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España (Madrid: Edice 2003), n. 19.
[10] Francisco, Encíclica Lumen fidei (2013), n. 24.
[11] Cf. Cf. Pío XII, Encíclica Haurietis aquas (1956), n. 28; Francisco, Dilexit nos (2024), n. 86.
[12] Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (2024), art. 16; Folio para la Audiencia con el Santo Padre: “Falso misticismo y abuso espiritual” (2024).
[13] Completan estos textos el capítulo II de la encíclica del papa Francisco Dilexit nos (2024), en el que se hace referencia a los gestos y palabras de amor de Jesús en los Evangelios, reflejos del Corazón de Cristo (cf. nn. 32-47).
[22] El magisterio de Juan Pablo II ha sido muy rico en el campo de la afectividad. Desarrolla con profundidad la comprensión del amor humano revalorizando el cuerpo desde el trasfondo de una antropología teológica inspirada en la Palabra de Dios (pueden verse las 129 catequesis centradas en la teología del cuerpo impartidas por Juan Pablo II en las audiencias de los miércoles entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984).
[23] Benedicto XVI, Encíclica Caritas in veritate (2009), n. 3.
[24] Cf. Francisco, Exhortación apostólica Gaudete et exsultate (2018), nn. 36, 57; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo (2018), nn. 3-4.
[25] Cf. Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 42,3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana (2019), nn. 21-38.
[26] Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 1
[28] Cf. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, n. 169.
[29] Cf. XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos, Documento final (2024), n. 143.
[30] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumgen gentium, n. 12.
[31] Cf. León XIV, Exhortación apostólica Dilexi te (2025), n. 48.
[32] Cf. Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 31.
[33] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), n. 28.
[34] Cf. Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia (2003) n. 25; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004), n. 134; Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 66.
[35] Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 68.
[36] Cf. Sagrada Congregación para el Culto Divino, Ritual Romano.Ritual de la sagrada Comunión y del culto al Misterio eucarístico fuera de la Misa (1973), nn. 82-100.
[37] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), nn. 34-47.
Torredelcampo vivió los días 28 de febrero y 1 de marzo un intenso fin de semana de gracia con la celebración de la Misión Mariana “María, Madre en salida”, marcada por la llegada de la imagen de la Virgen de la Cabeza Peregrina, que congregó a numerosos fieles en torno a la oración y la Eucaristía.
El sábado, a las 11:45 horas, la imagen era recibida en la puerta de la parroquia de San Bartolomé, para a continuación y ya en el interior del templo, tener una oración de bienvenida.
Desde ese momento, la parroquia se convirtió en un verdadero cenáculo de oración, sucediéndose a lo largo de la jornada el rezo del Santo Rosario, una oración por los difuntos y un entrañable encuentro con los niños de catequesis, que pudieron acercarse de manera especial a nuestra Madre y patrona de la Diócesis de Jaén.
Ya por la tarde, tras la celebración de la Santa Misa, la imagen Peregrina recorrió las calles del municipio en procesión, acompañada por numerosos fieles y representantes de las diversas cofradías de la localidad. La jornada culminó con la Vigilia Mariana de la Luz, a las 22:00 horas, en un clima de profundo recogimiento.
El domingo continuaron los actos con la celebración de la Eucaristía desde primera hora de la mañana, el rezo del Rosario y una Misa especialmente dedicada a los niños.
Misa de acción de gracias
El momento central de la jornada dominical tuvo lugar a las 18:00 horas con la solemne Eucaristía, presidida por el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, y concelebrada por el Vicario Episcopal de zona, D. Ildefonso Rueda Jándula; el Rector del Santuario de la Virgen de la Cabeza, Padre Luis Miguel Alaminos Montealegre; el párroco de Torredelcampo, D. Pedro José Martínez Robles; así como por otros sacerdotes de la Vicaría V, que se unieron a esta acción de gracias por la visita de la imagen Peregrina, que desde el pasado 1 de febrero ha estado visitando todos y cada uno de los municipios que comprenden la Vicaría V.
Participaron igualmente representantes de la Cofradía Matriz de la Virgen de la Cabeza, junto a cofradías filiales tanto de Torredelcampo como de otras localidades de la zona, además de miembros de distintas hermandades y corporaciones de la localidad, que quisieron hacerse presentes en esta celebración.
Durante su homilía, el Prelado jienense, en el segundo domingo de Cuaresma, evocó el paso del desierto al Tabor como imagen del camino cristiano. “Nos encontramos en el segundo domingo de Cuaresma. El domingo pasado, la liturgia nos llevó con Jesús al desierto: al silencio, al combate interior, a la tentación. Hoy, el Señor nos regala un ‘oasis’ en el camino: subimos con Él al monte y contemplamos su rostro transfigurado. No es una huida de la realidad; es una luz que fortalece el corazón para seguir adelante hasta la Cruz y la Pascua”.
Asimismo, Don Sebastián quiso relacionar esa luz con la visita de la imagen Peregrina en esta Vicaría, afirmando: “hoy esa luz tiene, además, un rostro entrañable para nuestra tierra: la visita de la imagen Peregrina de la Virgen de la Cabeza a nuestros pueblos. Venimos a dar gracias por lo vivido: por la fe reavivada, por la oración compartida, por el consuelo recibido, por el pueblo que se ha vuelto a sentir acompañado por su Madre”.
Y en este sentido y a partir de la llamada de Dios a Abrahán, subrayó que la auténtica fe implica ponerse en camino. “Esto es Cuaresma: creer no es solo ‘pensar’ en Dios; es fiarse, obedecer, caminar. La fe auténtica siempre nos mueve: nos saca de lo cómodo, de lo repetido, de lo que nos encierra”. Para continuar: “La Virgen no viene para ‘decorar’ nuestra religiosidad: viene para ponernos en camino hacia Cristo, como Abrahán: con confianza, con decisión, con esperanza.”“El Tabor no es para quedarnos arriba: es para bajar con una luz nueva”, afirmó el Pastor diocesano, explicando que la visita de María ha sido un momento de gracia que impulsa ahora a vivir como verdaderos discípulos en la vida cotidiana.
El Obispo insistió, además, en que la acción de gracias no clausura una experiencia, sino que abre un compromiso renovado. “Esta acción de gracias no es el final de algo; es el comienzo de una etapa: que lo vivido no se quede solo en emoción, sino que se transforme en conversión, en comunión, en misión”. Para finalizar: “Por eso, cuando decimos ‘María, Madre en salida’, no estamos usando un eslogan bonito. Estamos confesando una verdad profunda”. “La mejor acción de gracias es esta: bajar del monte con Jesús, con el corazón más firme, escuchándolo de nuevo, y caminando hacia la Pascua”.
Despedida
Tras la Eucaristía se celebró la procesión de despedida, y la Virgen de la Cabeza Peregrina partió hacia Noalejo, donde comenzará la segunda fase de esta Misión Mariana, que recorrerá ahora la Vicaría I, que comprende los Arciprestazgos de Jaén y Mágina.
Diálogo organizado por la Pastoral Universitaria en la UGR con el presidente del Canal EWTN.
“¿Hay razones sólidas para creer en Dios?”. A esta pregunta intentará aportar algunas reflexiones el presidente nacional del Canal EWTN y divulgador José Carlos González-Hurtado, en Granada.
El máximo responsable de este canal audiovisual también es autor de los libros “Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios”” y “Las evidencias de que Jesús es Dios”. Precisamente, en torno a la fe y la ciencia, y cómo no son incompatibles entre sí, será el tema sobre el que se profundizará en este diálogo que organiza la Delegación diocesana de Pastoral Universitaria en la Universidad de Granada (UGR), con la participación de González-Hurtado.
El diálogo se celebrará el 11 de marzo, a las 18:30 horas, en el salón de actos de la Escuela Técnica Superior Industrial (ETSI) de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la UGR. Será presentado por el delegado diocesano de Pastoral Universitaria, D. Israel Castillo Vidal.
El pasado domingo, 1 de marzo, el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, presidió la tradicional oración misionera mensual en el Monasterio del Corpus Christi y San José, donde los miembros del Secretariado Diocesano de Misiones se reunieron para rezar por los misioneros y misioneras de la diócesis.
Como cada primer domingo de mes, fieles y miembros del Secretariado acudieron al monasterio para encomendar la labor evangelizadora, acompañados por las Hermanas Carmelitas Descalzas. En esta ocasión, la celebración contó con una presencia especial del administrador apostólico, quien se sumó a la oración y la presidió, generando una grata sorpresa entre los asistentes.
La oración se desarrolló según el esquema habitual, coordinada por el consiliario del Secretariado de Misiones, el padre Pedro Pablo Vicente. Tras la exposición del Santísimo, se proclamó el salmo 94 y, al término, se invitó a los presentes a compartir un eco orante. Un canto interpretado por el propio padre Pedro Pablo que dio paso a la proclamación del Evangelio.
En su meditación, Mons. Valdivia invitó a los asistentes a “salir” y convertirse en personas escuchantes del amor de Dios. Recordó que, por amor, el Hijo de Dios salió al encuentro del hombre, profundizando después en el pasaje evangélico de Jn 4, 43-54. Subrayó que no se trata de poner ante Jesús únicamente los problemas, sino de presentarle la propia vida, evocando las palabras del conocido canto: «Amar es darlo todo y darse uno mismo…». El encuentro personal con Cristo, afirmó, conduce a la fe desde lo más profundo del corazón. En este sentido, explicó que la misión no consiste solo en atender necesidades particulares, sino en propiciar la conversión del corazón por el Amor de Dios, el único que ama plenamente.
Posteriormente, los asistentes entonaron el canto «Lo que agrada a Dios…», que dio paso a la lectura de un breve texto de santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, comentado por las Hermanas Carmelitas Descalzas. La celebración culminó con la Reserva del Santísimo y el rezo de la oración atribuida a san Bernardo de Claraval: “Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!”.
Antes de concluir, D. Ramón y el padre Pedro Pablo dirigieron unas palabras finales a los presentes. Asimismo, se informó de que la oración prevista para el domingo 5 de abril queda suspendida por coincidir con el Domingo de Resurrección. El próximo encuentro tendrá lugar el 3 de mayo, convocado por el director del Secretariado de Misiones y Obras Misionales Pontificias, José Sánchez, quien cerró el acto con palabras de agradecimiento hacia Mons. Valdivia, el padre Pedro Pablo, las Hermanas Carmelitas Descalzas y todos los fieles por su compromiso con la oración en favor de los misioneros diocesanos.
Este fin de semana del 27, 28 de febrero y 1 de marzo, un grupo de 13 acompañantes Kairos se reunieron bajo la protección de nuestra Madre la Virgen de la Cabeza para trabajar algunos aspectos de los grupos Kairós y Rise Up de la Comunidad de Mengíbar.
Nos sirvió para caminar por el desierto de nuestro corazón junto al Señor que nos dice: “Crea en mí un corazón puro”. Un corazón lleno de heridas, tentaciones y cosas que nos alejan de Dios y siempre nos recuerda que ÉL no mira las apariencias, mira tu interior. ¿Qué debe morir en mí? ¿Qué necesito transformar?
¿Qué debe nacer en esta Pascua? ¿Qué versión debe nacer en mí? Son preguntas que nos ha hecho el Señor para llegar al Monte Tabor y recordarnos que somos hijos Amados de Dios.
Por la tarde, el arte y la pintura se apoderó de nuestras manos en forma de lienzos que reflejaron un sueño, un miedo o una carga de nuestra vida. Después una puesta en común hizo conocernos un poco más y ver que los pequeños detalles marcan la fe y la esperanza de cada uno de nosotros. Viendo cómo podemos repercutir en la mejora de nuestros grupos Kairós y a qué desafíos nos enfrentamos en el último trimestre del curso.
Mientras el sonido de la fiesta sonaba en el cerro, nos reunimos juntos en oración bajo la atenta mirada de nuestra madre la Virgen de la Cabeza donde le entregamos el amor y el trabajo de todo el retiro.
No hubo tiempo libre para descansar porque siempre había un bingo, un pueblo duerme o unas cartas a la que jugar donde las anécdotas se podrían contar en múltiples libros.
Ya en la jornada dominical, tuvimos el honor de celebrar la Eucaristía y el segundo domingo de Cuaresma junto a nuestra Madre. Don Antonio Blanca, nuestro párroco y nuestro guía durante todo el retiro, presidió la ceremonia con la participación de nuestro coro de la Iglesia en Mengíbar. Ya llenos de fe y amor, bajamos del Monte Tabor a la realidad de nuestro día a día con la pilas cargadas y llenas de fe con la mirada puesta en nuestros Adolescentes y Jóvenes de nuestro pueblo que necesitan más que nunca el amor de Dios y podamos ayudarles a construir en ellos un corazón puro.
“En la cárcel y vinisteis a verme… ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” (Mateo 25, 31-46)
El pasado sábado, 14 de febrero, alrededor de las 9:30 horas nuestra comunidad parroquial ha recibido la visita de la Pastoral Penitenciaria, formada por el capellán, Pepe González, varios voluntarios y un grupo de personas internas del Centro Penitenciario Jaén II. Ha sido una jornada de encuentro y hermandad en el Señor en la que nos hemos encontrado unos con otros y hemos convivido durante varias horas. Todos nos han ofrecido el testimonio de sus vidas, de las dificultades vencidas y de los retos que están por llegar.
La jornada comenzó con la presentación y un desayuno, tras el cual nos dispusimos a realizar una visita a los lugares más emblemáticos del pueblo en un ambiente distendido y cordial. Posteriormente, compartimos un almuerzo en el salón parroquial y, después del café, un rato de tertulia que nos adentró en un diálogo sincero sumido en un tiempo de escucha, reflexión y calidez humana.
Destacamos la necesidad de romper los prejuicios que nos atenazan con las personas privadas de libertad y que, en ocasiones, nos impiden conectar con los corazones de quienes en algún momento de su vida han errado y han tenido que pagar seriamente por ello.
El amor de Dios no excluye a nadie y mucho menos a quienes necesitan de nuestra comprensión y apoyo para iniciarse en una segunda oportunidad.
El día concluyó sobre las 18:30 horas con una invocación compartida a Ntra. Señora de la Merced y con la que, además, hemos dado gracias a Dios por habernos permitido conocer y acercarnos a estas personas para entender que más allá de las circunstancias, siempre brilla la esperanza de creer en un futuro mejor.
[…] Madre de la espera confiada Ante nuestras tardanzas, desasosiegos e impaciencias, Mantén nuestra esperanza, Pues tras los barrotes de nuestra ceguera, Llega amanecida la Vida que nos habita.
Comunidad Parroquial de Ntra. Sra. de la Encarnación de Cambil
Retrasmitida el 1 de marzo, alcanzó una cuota de pantalla del 17,3%, que es muchísimo, en la mañana del domingo
El domingo 1 de marzo, Canal Sur retransmitió la Misa desde la parroquia de Cortes de Baza, en el norte de la provincia de Granada. Fue una celebración que se enmarcaba en la conmemoración del 425 aniversario del patronazgo de los Santos Médicos Cosme y Damián en la localidad y en la que recibieron el nombramiento de alcaldes perpetuos. Una jornada de fiesta en Cortes de Baza que fue compartida por más de 100. 000 personas en Andalucía y en otros lugares de España y del mundo a través de la televisión.
La de Cortes de Baza ha sido una de las retransmisiones con más audiencia de la Santa Misa en Canal Sur en lo que va de temporada. Siempre, las retransmisiones de la Misa en esta emisora alcanzan niveles muy altos, de los más latos de la mañana del domingo en la tele, con porcentajes de share de dos dígitos, rozando a veces el 20%. Y este ha sido el caso de la retransmisión de la Misa del pasado domingo desde Cortes de Baza, que fue seguida por 110.000 espectadores de media, que son un 17´3% de la cuota de pantalla. Se trata de una cifra muy elevada, que pocos programas alcanzan y que la Santa Misa en Canal Sur ofrece -si no tanto, casi- semana tras semana.
La verdad es que, digan lo que digan, la Misa es seguida por muchos fieles cada domingo desde casa, en las emisoras que la ofrecen. En todas, tanto en Trece Tv, como el La2 de RTVEo en Canal Sur. Es un servicio público que se ofrece y que está más que justificado, pues son muchos los mayores y los enfermos que no pueden asistir a su parroquia para celebrar la Eucaristía y lo hacen desde casa, a través de la televisión. Un servicio público, en este caso, para personas vulnerables, marcadas por la enfermedad o por el peso de los años. Un servicio necesario y, como muestran las audiencias de las retransmisiones de la Misa, un servicio público correspondido.
Los obispos del Sur de España han agradecido públicamente, en varias ocasiones, el servicio que presta Canal Sur retransmitiendo la Misa cada domingo y no solo en momentos especiales. Ya son cinco años, camino de seis, los que se lleva emitiendo la Santa Misa en Canal Sur, una apuesta de la emisora que ha recibido la acogida de los andaluces, como muestran los datos de audiencias, y, sobre todo, un servicio a la sociedad.
La Misa en Cortes de Baza estuvo presidida por el obispo de la diócesis de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, que visitó a los técnicos de la retransmisión antes de comenzar la celebración. Monseñor Orozco es el obispo delegado para los Medios de Comunicación en la Asamblea de Obispos del Sur de España.
En la diócesis de Guadix hay prevista otra retransmisión de la Misa próximamente, también en canal Sur. Será el domingo 19 de abril, desde la parroquia de Benamaurel, cuando esta localidad y toda Andalucía se disponga a celebrar la devoción a la Virgen de la Cabeza, que en Benamaurel es la Patrona.
La Pastoral Penitenciaria y la Hermandad Sacramental de la Merced llevarán a cabo el programa durante el mes de marzo
La Pastoral Penitenciaria y la Hermandad Sacramental de la Merced celebrarán en marzo los tradicionales actos de Cuaresma en el Centro Penitenciario de Córdoba con el objetivo de acercar la vivencia cofrade y espiritual de este tiempo litúrgico al ámbito penitenciario. El primer acto tendrá lugar la tarde del sábado 7 de marzo, con la conferencia del vicario parroquial de San Andrés, José Luis Moreno, “La veneración a las imágenes como reflejo de lo divino”.
Otra de las actividades del programa de Cuaresma es la final del I Concurso de saetas del Centro Penitenciario, con el que se pone en valor esta manifestación musical tan vinculada a la Semana Santa andaluza. Está previsto que tenga lugar el jueves 19 de marzo, solemnidad de San José. Dos días después, la mañana del sábado día 21 está previsto el Vía Crucis presidido por el Cristo de la Luz en el salón de actos del Centro, un momento de recogimiento y oración propio de la Cuaresma. El pregón de Semana Santa 2026 será la última actividad del programa, que está previsto para el 26 de marzo, Jueves de Pasión, a cargo de NHD José Fernández.
Con la puesta en marcha de este programa de actos de Cuaresma la Hermandad de la Meced vuelve a poner de manifiesto su compromiso pastoral y social de llevar el mensaje de este tiempo a quienes viven dentro del centro penitenciario, fomentando la reflexión, la fe y la esperanza.
Una semana después y viéndolo con la perspectiva de ir hacia delante, echo la vista atrás y veo como los dones del Espíritu Santo, florecen en cada uno de los responsables que con muchas ganas e ilusión fuimos llamados a participar en el IX Encuentro Nacional de responsables de Escuela del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Junto con el presidente de nuestra Diócesis de Jaén a la cabeza, Ceferino Toril Rayo, un total de 11 cursillistas acudimos al encuentro que tuvo lugar en la Casa de ejercicios San José, en El Escorial (Madrid), en el fin de semana del 30 de enero al 1 de febrero.
¡Mirad cómo se aman!
Bajo ese lema fuimos acogidos cursillistas de todas las diócesis de España, y tuvimos nuestro primer encuentro con Dios, orando juntos, para ponernos en sus manos y poder discernir en las múltiples Conversaciones en el Espíritu que tuvimos durante el fin de semana.
Durante la jornada del sábado asistimos nada más despertarnos a la Eucaristía donde nos preparamos junto al Señor para lo que aconteciera ese día. La eucaristía fue presidida por Mons. D. Antonio Prieto Lucena, Consiliario Nacional del MCC España.
Después de desayunar tuvimos la presentación como diócesis bajo el “grito de guerra”:
¡Jaén se levanta! ¡Jaén no se rinde! Con cristo en el centro, ¡Jaén siempre firme!
Seguidamente nos dividimos en grupos para tener nuestro 1er espacio para la Conversación en el Espíritu bajo el título de “La comunidad en el origen de la llamada” ¿Quiénes somos? Escuela de elegidos y llamados. El don de la diversidad. Lc 6, 12-16. Jesús elige a sus discípulos.
Después de comer, tuvimos el 2º espacio para la Conversación en el Espíritu bajo el título de
“Tejiendo un entramado de relaciones nuevas” ¿Cómo somos? ¿Cómo nos reconocerán? Un entramado de relaciones nuevas. Jn 13, 1-15; 34-35. El lavatorio de los pies.
Ya en la noche, disfrutamos de un concierto inolvidable del gran MIGUELI, que nos deleitó con algunos de sus grandes éxitos, como “ No puedo vivir sin ti”,”Titulitis”,”Somos misioneros”, “El amor lo arregla todo”…
En el día del Señor tuvimos el 3er espacio para la Conversación en el Espíritu bajo el título de “Las comunidades en el Espíritu que necesita el mundo de hoy” ¿A quién?¿Para quién somos? Misión. Un nuevo Pentecostés para evangelizar con Espíritu. Hchs 2, 1-14. Pentecostés.
Para clausurar intervino la presidenta nacional del MCC de España, Rosa Murillo y el Presidente mundial del MCC, Álvaro Mártinez.
Y para finalizar este gran encuentro con el Señor, participamos de la Eucaristía de envío a la misión y la ofrecimos por nuestra hermana cursillista onubense Nati fallecida en el trágico accidente de Adamuz que ya está viviendo su 5º día. En la homilía se nos preguntó ¿Qué podemos nosotros como cursillistas hacer? y la respuesta es:“quitarnos el manto de nuestro ego y ponernos la toalla del servicio”.
¡Qué grandiosidad cuando 400 cursillistas del Movimiento de Cursillos en España venidos de todas partes del país cantamos juntos con un mismo corazón nuestro himno!