
Francisco Javier Ojeda es responsable de la Pastoral de Exequias en la Archidiócesis de Sevilla. Coordina un sector relevante de la atención pastoral en un momento sin duda especial para las familias que despiden a un ser querido. En esos momentos está la Iglesia, con un mensaje de esperanza, para “estar” y acompañar en medio del dolor.
La muerte de un ser querido, sin duda, es uno de los momentos de mayor fragilidad para una familia ¿Qué significa para la Iglesia acompañar a quienes atraviesan esta experiencia y qué papel desempeña la pastoral de exequias en ese primer momento, sin duda, de dolor?
Evidentemente, es un momento de crisis. Como dirían los psicólogos, de crisis en el sentido de parón en la persona. Se plantean muchas cosas, es una ocasión para plantearse el sentido de la vida, si esta vida es justa o no. Son muchas cosas las que pueden venirse al corazón y a la mente de los familiares. Entonces es muy importante que la Iglesia esté ahí en ese momento. Muy importante.
¿Y qué se le dice a una persona que acaba de perder a un ser querido y no sabe afrontar ese momento? ¿O qué puede encontrar en la Iglesia incluso cuando el dolor dificulta encontrar las palabras o las respuestas adecuadas?
Claro, es que hay momentos en los que lo más importante es estar. No es tanto lo que se dice, como estar y expresar lo que queremos, ¿qué queremos como Iglesia Queremos acompañar, estar, abrazar. Queremos, en definitiva, dar razones de nuestra esperanza con los hechos, no con las palabras solo.
En cualquier caso, la atención pastoral en torno a la muerte va mucho más allá de la celebración de un responso o una misa funeral ¿Qué ofrece la Iglesia a las familias para ayudarles a vivir ese duelo desde la fe, la esperanza y el consuelo cristiano?
Los grupos de Pastoral de la Salud son muy importantes, porque a través de ellos llegamos muchas veces los sacerdotes a los fieles que están viviendo el momento previo, el momento después del fallecimiento y el momento del duelo. Pues la iglesia tiene que estar ahí y tiene que explicar con razonamientos entendibles que no estamos en una mentalidad panteísta. Si se muere el abuelo, el abuelo no está en el árbol, no está en las estrellas, está esperando el día de la resurrección, está sin dolor, sin sufrimiento, y esa es nuestra esperanza. Entonces, tenemos que purificar de alguna manera el sentido de la muerte cristiana.
Los tanatorios se han convertido en espacios fundamentales para la despedida de los seres queridos ¿Cómo está presente la Iglesia en estos lugares?
Está presente a través de unos convenios que se hacen con los distintos tanatorios, donde se ve la posibilidad de ese acompañamiento pastoral. Se visita la sala, se visita la familia, se les atiende en el responso, pero, sobre todo, se les invita a celebrar, aunque sea con posterioridad, ese misterio cristiano en la comunidad parroquial, que es a fin de cuentas donde se vive la fe y se comparte.
¿Cómo se acerca la Iglesia a quienes, en medio del dolor, necesitan una palabra de consuelo, pero no siempre mantienen una relación cercana con la comunidad cristiana
Con cariño, con prudencia, con cercanía. No se trata de hablar de muchas cosas, sino de que nos sientan. De que no sientan junto a ellos.
Estamos en una sociedad en la que la muerte tiende a ocultarse. Parece que todo lo desagradable, mejor no verlo, mejor no sentirlo ni estar. La muerte, en definitiva, se vive de forma cada vez más individualizada. ¿Qué aporta la celebración cristiana de las exequias?
Aporta poder seguir amando y queriendo de una forma efectiva al ser querido que ya que se ha ido. Estamos en una sociedad muy materialista, ciertamente, donde la muerte se ve desde lejos…, hasta que nos llega. Y cuando nos llega, en la sociedad, para que seamos productivos y eficientes, nos ayuda de una forma a veces casi excesiva para que no sintamos ningún dolor. Y el dolor no es malo, nos ayuda a afrontar esa realidad. Entonces es importante que vivamos ese momento con esperanza. Cada vez que recuerdes a tu padre o a tu madre, a ese ser querido, no te dediques solo a darle un beso a la foto que tienes en casa o a tener un recuerdo. Reza, por ejemplo, un Ave María. La oración se convierte en la manera que tenemos nosotros de poderle hacer llegar a nuestro ser querido nuestro afecto y nuestro cariño. Podemos seguir queriéndole, y esa es la esperanza cristiana, saber que están cuidados, amados por Dios, esperando el día de la resurrección.
Todo no se acaba en el responso o en el funeral ¿Cómo se atiende a la familia durante el proceso posterior del duelo?
Es muy importante la Pastoral de la Salud, que no debe quedarse solo en el acompañamiento previo, sino que tiene que haber una presencia posterior. Muchas veces la familia no tiene la capacidad para afrontar estas situaciones de una forma plenamente consciente desde la fe. Entonces, el acercamiento del párroco, el acercamiento de la Pastoral a la Salud, es muy importante porque te lleva a la parroquia para encontrar en la Eucaristía y en la oración comunitaria ese cauce para expresar tus sentimientos y seguir queriendo al ser querido.
No olvidemos un problema sobrevenido: la soledad del que queda.
Exactamente. Cuando celebramos las exequias, siempre les planteo a la familia dos retos o tareas por delante. Digo que aquí no se ha acabado nada, y que tienen dos tareas: Una, seguir queriendo al ser querido ¿Cómo? A través de la oración; y segunda, que nadie se quede solo ni sola ¿Por qué? Porque es curioso que cuando se nos muere un ser querido nos volvemos un poco también egoístas. A veces pensamos en nuestro dolor, pero tienes que dar consuelo, tienes que dar esperanza, tienes que dar cariño para que esa persona se vaya bien. Un bien morir, no un mal morir, porque me puede más mi dolor que el amor. Y eso hay que ayudar a encauzarlo.
Próximamente se va a aprobar un nuevo directorio de pastoral de exequias en la diócesis de Sevilla. ¿Podemos adelantar algo?
No me atrevería a adelantar nada. Será dirigido por don Teodoro, nuestro obispo auxiliar, y va a ser el marco en el que poder desarrollar esta Pastoral de Exequias tan importante y tan puntera, en el sentido de que es una misión. Lo mismo que la realidad del enfermo está muchas veces en los hospitales, pues también la realidad del difunto está en los tanatorios. Es una pastoral de frontera. Nuestro arzobispo tiene mucho interés en esta pastoral, porque es consciente, y nos lo transmite, de la importancia que tiene como pastoral de fronteras. Nos encontramos con personas que a lo mejor no son frecuentes en la iglesia, y en ese momento de dolor, en ese momento sensible y de crisis, están ahí delante tuya. Es una oportunidad única para transmitir esperanza cristiana.
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