Disponible el programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el domingo 19. Además del recorrido por la actualidad, hablamos de la parroquia de La Encarnación, en Huétor Santillán, tras la misa de acción de gracias por el fin de los trabajos de restauración. También hablamos de la Asociación granadina Moviendo Corazones, con el sacerdote D. Francisco Soto, a cuyos proyectos en Angola va destinada la obra de teatro benéfica “Los días de la noche”, que se celebra en el Colegio Nuestra Señora de la Consolación el día 24.
Y escuchamos al misionero granadino José María Cantal tras el paso del Papa León XIV en su reciente viaje apostólico a Argelia, en cuya basílica Nuestra Señora de África el misionero granadino fue rector.
Entre ellas, Editorial Mundo Negro de los Misioneros Combonianos y Librería Paulianas.
El día 23 se inaugura la Feria del libro, evento cultural que cada año se ofrece en la ciudad para el fomento de la lectura. Entre los numerosos sellos editoriales, estarán presentes algunos de ellos de contenidos religioso, como Librería Paulinas y Editorial Mundo Negro de los Misionero Combonianos.
Ambos ofrecerán sus novedades editoriales hasta el 3 de mayo, en la caseta número 41 de la Librería Paulinas y la número 92 de la Editorial Mundo Negro y Misioneros Combonianos.
La Librería Paulinas contará con 23 autores para la firma de libros e intercambio de impresiones sobre sus obras con el público. Entre ellos, estará el sacerdote y escritor Jesús Sánchez Adalid, el agustino Bruno D´Andrea, la religiosa Ianire Angulo o la influencer-misionera digital Paula Vega. También ha organizado dos visitas guiadas al a biblioteca de la Facultad de Teología y tres rutas literarias con los autores.
Por su parte, la Editorial Mundo Negro y los Misioneros Combonianos también presentarán sus novedades editoriales, entre otras “El secreto del mundo”, “Están allí. El día de las misioneras y los misioneros por todo el mundo” o “Samira y el camino de las estrellas”.
La Feria del Libro cumple este año su 44 edición y se ofrece en el recorrido que se extiende desde la Fuente de las Batallas hasta la Carrera de la Virgen. El horario es de 11 a 14 horas y de 17:30 a 21:30 horas; y los fines de semana, de 11 a 14:30 horas y de 17:30 a 22 horas.
Estas palabras pronunciadas por Jesús poco antes de ser arrestado dan noticia del gran regalo de la paz que puso en manos de sus discípulos. Previendo lo que iba a suceder, añadió también: “No os inquietéis ni temáis” (Jn 14, 27). A aquellos discípulos de primera hora les costaba asimilar que su Maestro no se defendiera al ser agredido, les desconcertaba su respuesta no violenta. El primero en mostrar su desacuerdo fue Pedro, por eso el Señor le tuvo que ordenar que envainara la espada con la que quería defenderlo. Como nos recuerda el Papa León XIV, la paz de Cristo es una paz “desarmada” y los cristianos tenemos el deber de hacernos testigos de esta novedad.
Mirando el panorama mundial, las relaciones entre países, el mundo familiar, incluso nuestro interior, descubrimos que, lamentablemente, no predomina la paz sino el conflicto. Estamos sufriendo guerras sangrientas como la de Rusia frente a Ucrania y la de Estados Unidos e Israel contra Irán. A nivel político, también entre nosotros, se está imponiendo un discurso polarizador, donde se demoniza al que piensa distinto convirtiéndolo en enemigo. El sufrimiento por las rupturas familiares es enorme y las enfermedades mentales y los desequilibrios personales van en aumento. Ante este panorama, nos preguntamos: ¿Qué ha sido del regalo de la paz que el Señor nos ha hecho?
El Papa León XIV denuncia también que la relación entre los pueblos, en vez de basarse en el derecho, la justicia y la confianza, se está apoyando en el miedo y en el dominio por la fuerza. A partir de ahí, se entiende perfectamente la llamada a incrementar el gasto militar. De hecho, en el año 2024, ese gasto a nivel mundial aumentó más de un nueve por ciento respecto al año anterior. Añade gravedad al asunto la aplicación de la Inteligencia Artificial en los conflictos armados, lo que contribuye a descargar las responsabilidades personales y a disminuir el peso de tantas y tan graves tragedias.
Por su parte, el Papa s. Juan XXIII nos recordaba la necesidad de un desarme integral que debe comenzar por la conversión personal del corazón y de la inteligencia. El Santo Padre hacía una invitación a “eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra”. Invitaba también a “la confianza recíproca”. Como hijos del mismo Dios, estamos llamados al cultivo de la dimensión espiritual y a la oración. La paz es un regalo de Cristo resucitado, un don que tenemos que preservar y hacer crecer desde la misma raíz del corazón superando la desconfianza, el odio y la violencia.
Debemos apostar también por la educación. Nos recordaba el Papa Francisco que “invertir en cultura ayuda a que disminuya el odio y aumente la civilización y la prosperidad”. A los jóvenes hay que ayudarles a entender que no deben rendirse a las seducciones del materialismo, del odio y de los prejuicios, que deben reaccionar ante la injusticia y “defender los derechos de los demás con el mismo vigor con el que defienden sus derechos…”. El mismo Papa nos recordaba que “la paz muere cuando se divorcia de la justicia, pero la justicia es falsa si no es universal”. Por lo tanto, es necesario trabajar por implantarla en todos los ámbitos. Finalmente, hacemos un llamamiento al mundo de la política para que eche mano del diálogo y la diplomacia, para que defienda el derecho internacional y que no vuelva la mirada a otro lado cuando en un determinado país se violan de forma sistemática los derechos humanos.
Organizado por el Movimiento Cultural Cristiano, tuvo lugar el sábado, 18 de abril, en los alrededores de la parroquia de la Consolación
El Movimiento Cultural Cristiano organizó el fin de semana pasado un Vía Lucis contra la esclavitud infantil. El rezo de las 14 estaciones, que celebra la Resurrección de Jesús desde la Pascua hasta Pentecostés, tuvo lugar por los alrededores de la parroquia Ntra. Sra. de la Consolación. Comenzaron en la escultura de Iqbal Masih, ubicada en la Barriada de la Paz, hasta la parroquia Ntra. Sra. de la Consolación, donde se celebró la eucaristía.
Una de las militantes del Movimiento Cultural Cristiano, Consolación, ha reconocido que el Vía Lucis fue “precioso”. En cada estación escucharon el testimonio de distintos niños esclavos en diversos sectores, minería o textil, entre otros. Asimismo, profundizaron en la labor que está llevando a cabo la Iglesia y qué respuestas da ante estas situaciones.
Iqbal Masih fue un niño pakistaní esclavizado en una fábrica de alfombras que murió el 16 de abril de 1995, a los 12 años de edad, por luchar contra la esclavitud infantil.
El Secretariado de Migraciones de la Diócesis de Cádiz y Ceuta ha puesto en marcha esta semana una serie de sesiones informativas dirigidas a personas extranjeras residentes en España, con el objetivo de orientarles sobre el proceso de regularización extraordinario impulsado por el Gobierno.
Las jornadas, que están registrando una notable participación, buscan resolver dudas y facilitar el acceso a la información sobre este procedimiento, que afecta a numerosos ciudadanos migrantes en el territorio diocesano. Para ello, se cuenta con la intervención de la abogada especializada en extranjería Macarena Fatuarte, integrante de la Red de Atención a Personas Migrantes, encargada de impartir las charlas.
La primera sesión se celebró ayer en la sede de la Asociación Cardijn, seguida de una segunda convocatoria ese mismo día en la Fundación Centro Tierra de Todos. Esta mañana ha tenido lugar la tercera sesión en Algeciras, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen. El ciclo concluirá el próximo viernes 24 de abril, a las 12:00 horas, en el Centro San Antonio de Ceuta.
Durante los encuentros, la letrada está abordando los aspectos clave del proceso y atendiendo de forma individualizada las consultas de los asistentes. El objetivo es acompañar a las personas migrantes en este procedimiento administrativo y facilitar su comprensión.
Desde el Secretariado Diocesano de Migraciones subrayan la importancia de esta medida, que consideran “vital” para que quienes ya residen y trabajan en España puedan salir de la economía sumergida y acceder a un empleo regulado. “Es una petición que las entidades sociales y la Iglesia venían reclamando desde hace tiempo”, destacan.
Asimismo, recuerdan que procesos de regularización anteriores han tenido un impacto positivo, al permitir que estas personas se incorporen plenamente al sistema productivo, contribuyan mediante el pago de impuestos y coticen a la Seguridad Social. “Se trata de una buena noticia para toda la sociedad, ya que favorece la integración a través de un trabajo estable”, añaden.
Requisitos para acceder a la regularización
Para acogerse a este proceso extraordinario, los solicitantes deben cumplir varios requisitos. Entre ellos, acreditar su presencia en España antes del 1 de enero de 2026 y demostrar una permanencia continuada de al menos cinco meses. Además, es imprescindible no contar con antecedentes penales ni en España ni en el país de origen, así como no representar una amenaza para el orden público.
Las sesiones continuarán ofreciendo información práctica en los próximos días, con el fin de que el mayor número posible de personas pueda beneficiarse de esta medida.
Hay fechas que, más allá de su repetición anual, conservan la pujanza de interpelarnos con una fuerza renovada. El 22 de abril, Día Internacional de la Tierra, es una de ellas. No se trata solo de una efeméride más en el calendario de las Naciones Unidas, sino de una invitación a detenernos, a mirar con hondura la realidad que nos rodea y a preguntarnos, con honestidad, qué relación estamos manteniendo con esa casa común que hemos recibido como don y tarea.
El lema de este año, “Nuestro poder, nuestro planeta”, introduce una clave peculiarmente sugerente. Nos recuerda que el destino de la Tierra no es algo completamente ajeno a nuestras decisiones, ni una realidad que dependa exclusivamente de factores lejanos o incontrolables. Hay, en efecto, un margen de acción, de discernimiento compartido, una capacidad —limitada pero real— de orientar el rumbo de nuestra relación con el planeta. No somos omnipotentes, pero tampoco somos irrelevantes. Entre la resignación y la soberbia, se abre el espacio de la responsabilidad.
En este contexto resuenan con especial fuerza las palabras del Papa Francisco en la encíclica Laudato si’: «Todo está conectado» (n. 91). Esta afirmación, aparentemente sencilla, encierra una luminosa verdad antropológica, moral y espiritual. Nos sitúa ante una evidencia que a menudo preferimos ignorar: nuestras decisiones, incluso las más cotidianas, tienen consecuencias que van más allá de nosotros mismos; afectan a otros, a la sociedad en su conjunto y al equilibrio de la creación.
Durante demasiado tiempo hemos pensado y actuado como si la Tierra fuera una realidad inagotable, como si los recursos estuvieran siempre disponibles, como si el impacto de nuestras acciones pudiera diluirse sin dejar huella. Hemos desarrollado una cultura del uso inmediato, del descarte y de la sustitución constante, que ha ido erosionando silenciosamente los fundamentos de la vida. Pero la realidad termina por imponerse. La degradación ambiental, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua y del aire, no son fenómenos abstractos. Tienen rostro, tienen consecuencias concretas, afectan de manera directa a la vida de millones de personas.
La reflexión sobre el cuidado de la Tierra conduce, además, de manera muy directa, al reconocimiento del derecho humano a la alimentación. No se trata solo de producir alimentos en cantidad suficiente, sino de garantizar que toda persona pueda acceder de manera regular, digna y sostenible a una alimentación adecuada, saludable y nutritiva. Cuando la degradación de los suelos, la escasez de agua, la contaminación, los fenómenos climáticos extremos o la pérdida de biodiversidad comprometen la capacidad de producir, de distribuir o de adquirir alimentos, no estamos únicamente ante un problema ambiental o económico: estamos también ante una amenaza concreta a un derecho humano fundamental. Cuidar la casa común es, por eso mismo, proteger una de las condiciones esenciales para que ese derecho pueda hacerse real, preferentemente para los más débiles y menesterosos, que son siempre quienes primero sufren cuando la Tierra deja de ser fecunda o habitable.
Y, como tantas veces ha subrayado el magisterio de la Iglesia, estas consecuencias no se distribuyen de manera equitativa. Son los más pobres quienes soportan con mayor intensidad los efectos de la degradación ambiental. Comunidades enteras ven comprometido su acceso al agua, a los alimentos o a un entorno saludable. Familias que apenas han contribuido al deterioro del planeta cargan con el peso desproporcionado de sus efectos. La cuestión ecológica, en este sentido, es también una cuestión de justicia.
Ya san Juan Pablo II advertía, con notable anticipación, que no se puede separar la ecología ambiental de la ecología humana. Cuando se rompe la armonía con la naturaleza, se resiente también la vida social y moral. Y, en la misma línea, Benedicto XVI recordaba que «el libro de la naturaleza es uno e indivisible» (Caritas in veritate, n. 51), subrayando la unidad profunda entre el respeto debido a la creación y el respeto debido a la persona.
Estas intuiciones, lejos de haber perdido vigencia, se muestran hoy con una claridad aún mayor. Vivimos en un mundo altamente interdependiente, donde lo que ocurre en un lugar repercute, de una forma u otra, en otros muchos. La contaminación no conoce fronteras. Las decisiones económicas tomadas en determinados contextos tienen efectos que se dejan sentir a miles de kilómetros de distancia. En este escenario, la afirmación «todo está conectado» deja de ser una reflexión teórica para convertirse en una constatación cotidiana.
Sin embargo, reconocer esta interconexión no basta. Es necesario traducirla en criterios de acción, en planteamientos existenciales, en atinadas decisiones personales y colectivas. El lema de esta jornada internacional para el presente año nos alienta precisamente a dar ese paso. Hablar de “nuestro poder” no significa reivindicar el dominio sin fisuras, sino asumir una estrategia concreta en el cuidado del planeta. El poder, entendido desde una óptica cristiana, no es apropiación ni imposición, sino servicio. Es la capacidad de custodiar, de tutelar, de promover condiciones de vida dignas para todos.
En este sentido, cuidar la Tierra no es un cometido secundario ni opcional. Forma parte de nuestra vocación como seres humanos y, de manera particular, de nuestra madurez como creyentes. La tradición bíblica presenta la creación como un don confiado al ser humano, llamado a “labrarla y cuidarla” (cfr. Gen 2,15). No se trata de una licencia para la ávida explotación, sino de una misión de fiel custodia. El ser humano no es dueño absoluto, sino administrador y garante de la obra que salió de las manos de Dios.
Este cambio de mentalidad es primordial. Mientras sigamos mirando la Tierra únicamente como un conjunto de recursos disponibles, será difícil avanzar hacia un modelo verdaderamente sostenible. Es urgente redescubrir el valor intrínseco de la creación, su dignidad propia, su potencia para remitirnos al Creador. Solo desde este horizonte es posible desarrollar con ella una relación más ponderada, más respetuosa, más consciente de los límites.
Pero esta metamorfosis no se produce de manera automática. Requiere un proceso, una toma de conciencia, una verdadera conversión. San Juan Pablo II hablaba ya de la necesidad de una “conversión ecológica”, entendida como un cambio categórico en la forma de pensar, de sentir y de actuar (cfr. Audiencia General, 17 de enero de 2001). No basta con adoptar algunas medidas puntuales o con adherirse a determinadas campañas. Se trata de revisar el conjunto de nuestra relación con el mundo que habitamos.
Esa conversión comienza en lo cotidiano. En la forma en que consumimos, en el uso que hacemos de la energía, en nuestra relación con el agua, con los alimentos, con los bienes que utilizamos a diario. Pero no puede quedarse en el ámbito individual. Necesita proyectarse también en lo social, en lo económico y en lo político. Las estructuras en las que vivimos influyen decisivamente en nuestras posibilidades de actuar. Por eso, el cuidado de la Tierra exige también políticas públicas coherentes, modelos económicos más justos, formas de producción y de consumo más responsables.
En este punto resulta especialmente significativa la insistencia del Papa Francisco en que no existen dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental (cfr. Laudato si’, n. 139). Esta afirmación nos obliga a superar visiones fragmentadas y a adoptar enfoques integrales. No se puede abordar la cuestión ecológica ignorando sus implicaciones sociales, ni se pueden afrontar los problemas sociales sin tener en cuenta su dimensión ambiental.
El Día de la Tierra se convierte así en una oportunidad para ensanchar la mirada, para integrar perspectivas y para reconocer la complejidad de los desafíos que enfrentamos. Pero también y, sobre todo, para renovar la esperanza. Porque, a pesar de la gravedad de la situación, no todo está determinado. Hay un margen real de transformación. Existen experiencias, iniciativas, comunidades que muestran que es posible otro estilo de relacionarse con la Tierra.
La sensibilización juega aquí un papel decisivo. Sensibilizar no es simplemente informar, ni provocar una emoción pasajera. Es ayudar a ver, a comprender y a percibir la realidad con mayor hondura. Es despertar una conciencia que permita reconocer las conexiones, orientar la acción e identificar las metas. Una conciencia sensibilizada ya no puede permanecer indiferente. Y, sin embargo, esta sensibilización necesita ir acompañada de una motivación de mayor calado. La tradición cristiana ofrece en este sentido un fundamento sólido: la creación es don. No es fruto del azar ni simple materia disponible. Es expresión de un amor que precede a nuestra existencia y que nos invita a una respuesta. Cuidar la Tierra es, en última instancia, un modo de agradecer ese don, de reconocer su valor y de asumir la responsabilidad que conlleva.
Desde esta atalaya, el cuidado del planeta adquiere también una dimensión espiritual. No se trata solo de preservar un equilibrio ecológico, sino de vivir de manera coherente con una visión del mundo que reconoce la interdependencia, la gratuidad, la dignidad de toda forma de vida. La relación con la creación se convierte así en un ámbito privilegiado para vivir la fe, para encarnar valores como la humildad, la sobriedad, la clarividencia y la solidaridad.
En un contexto marcado por la rapidez, el consumo y la fragmentación, esta propuesta puede parecer exigente. Y lo es. Pero también es radicalmente liberadora. Porque anima a salir de un dinamismo que, a la postre, genera insatisfacción y deterioro, para abrirse a una lógica vital más austera, más consciente y más plena.
El lema de este año, leído a la luz de estas consideraciones, se revela como una llamada a la cordura. “Nuestro poder, nuestro planeta” no es una consigna vacía, sino un acicate para asumir que nuestras decisiones importan, que nuestras acciones cuentan, que tenemos un compromiso real con el cuidado de la casa común. No se trata de cargar con un peso insoportable, sino de reconocer una capacidad que puede y debe orientarse al bien común.
Tal vez, en el fondo, el Día de la Tierra nos plantea una pregunta sencilla y decisiva: ¿cómo queremos habitar este mundo? La respuesta no se juega solo en grandes declaraciones, sino en la coherencia de la vida ordinaria, en la orientación de nuestras prioridades, en la manera en que entendemos el progreso y el bienestar.
Volver, una vez más, a la afirmación «todo está conectado» puede ayudarnos a situarnos ante esta pregunta con mayor claridad. Si todo está conectado, también lo están nuestras elecciones y sus consecuencias, nuestro estilo de vida y la salud del planeta, nuestra fe y nuestra responsabilidad con la creación.
No tenemos un planeta de repuesto. Pero sí tenemos la posibilidad —todavía abierta— de cuidar este con esmero y sensatez. El Día de la Tierra es una oportunidad para recordarlo, para renovar nuestra conducta y para avanzar, con convicción y diligencia, hacia una relación más justa, inteligente y solícita con la casa común que Dios nos ha confiado.
Mons.Fernando Chica Arellano Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA
El Centro Diocesano de Orientación Familiar del Aljarafe organiza el primer Encuentro de Crecimiento Familiar bajo el título ‘Familias que construyen’, una formación puesta en marcha de la mano de la Asociación para la familia Nova XXI.
La primera cita versará sobre cómo afecta la tecnología a la familia y se desarrollará el próximo martes 28 de abril a las ocho de la tarde en la Parroquia del Espíritu Santo de Mairena de Aljarafe.
Según explican los organizadores este encuentro está dirigido a familias “que deseen crecer, fortalecer sus vínculos y compartir experiencias en un ambiente cercano y enriquecedor”. Para ello, durante el coloquio se tratarán temas prácticos para la vida familiar, ofreciendo herramientas y espacios de diálogo que ayuden a mejorar la comunicación, la convivencia y el acompañamiento mutuo.
Por su parte, el Centro Diocesano de Orientación Familiar San Sebastián ha organizado un Ciclo sobre duelo, bajo el título ‘El duelo duele, porque es humano, pero la herida sana cuando se abraza’.
Este abarcará las distintas formas de dolor, despedida y pérdida, porque según explican los organizadores “no solo es duelo lo que parece; cualquier daño sufrido provoca dolor”. Por ello, este ciclo formativo aborda el duelo en diversas situaciones, analizando sus dimensiones psicológicas y espirituales mediante procesos de acompañamiento prácticos y rigurosos.
Las sesiones comenzarán el miércoles 29 de abril a modo de presentación, en la que el orientador y psicólogo Manuel García explicará qué es el duelo. La segunda cita consistirá en una mesa redonda moderará por el psiquiatra experto en adicciones Damián Martín y en el que participarán Ignacio Guajardo-Gajardo, Jaime Boceta y Erika Rodríguez. Durante la misma, prevista para el 6 de mayo, se profundizará en cómo acompañar el duelo. El ciclo llegará a su fin el día 20 del próximo mes con una ponencia sobre ‘El duelo según la fe’ a cargo del religioso camilo experto internacional en Pastoral de la Salud Arnaldo Pangrazzi.
Todas las sesiones se celebrarán en el Salón San Pablo de la Parroquia de San Sebastián a las nueve menos veinte de la noche.
Este ciclo, que cuenta con la colaboración de la Hermandad de la Paz de Sevilla, pretende poner sobre la mesa que “el dolor es inseparable a la condición humana, no un error que corregir”. Por eso, con estas charlas se propone “aceptar que el duelo duele, dejar de pelear contra nuestra historia y entender que ese vacío es el mapa de lo que amamos”. El duelo -insisten sus organizadores- forma parte también de la Historia de la Salvación: “La Biblia muestra el desconsuelo de Jacob, el llanto de Jesús ante la muerte de Lázaro y la esperanza de Job al aceptar la voluntad del Señor”.
Familia y Vida viajará a Madrid y llevará a cabo iniciativas de oración y formación previas al encuentro con el Santo Padre
La diócesis de Córdoba ya se encuentra inmersa en los preparativos para la próxima visita del Papa León XIV, una cita que ha despertado gran expectación entre las familias. La Subcomisión de Familia y Vida, en colaboración con las Delegaciones Diocesanas, ha diseñado un programa que combina actividades logísticas y propuestas de preparación espiritual.
Entre las iniciativas previstas destaca la organización de un viaje a Madrid el domingo 7 de junio. El desplazamiento, en autobús de ida y vuelta, permitirá a los participantes asistir a la Eucaristía que se celebrará en la capital, una convocatoria ya anunciada el pasado 31 de marzo, por la Delegación diocesana de Familia y Vida.
Preparación espiritual
Además del viaje, se ha puesto en marcha un amplio programa de actividades centradas en la preparación espiritual ante la visita papal. La Comisión de Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, en coordinación con las diócesis anfitrionas, ha estructurado esta preparación en cuatro bloques temáticos: la Cruz, la Eucaristía como vínculo de unidad y paz, y la acogida a los migrantes.
Uno de los ejes principales será una cadena de oración por los frutos de la visita. Cada diócesis tendrá asignado un día específico para rezar. El de Córdoba será el próximo 3 de mayo, jornada que compartirá con Barbastro-Monzón. Como símbolo de esta iniciativa, la web oficial “Con el Papa” mostrará un mapa de España que se irá iluminando progresivamente con velas conforme las diócesis participen en la oración.
Asimismo, se promoverá la oración en familia mediante la difusión de materiales específicos, junto con la celebración de eucaristías y vigilias tanto en la Catedral como en parroquias y grupos. Estas iniciativas buscan fomentar la participación conjunta y el sentido de comunión entre los fieles.
Propuestas formativas y lúdicas
El programa incluye también propuestas de carácter formativo y lúdico, como la elaboración de cuestionarios interactivos tipo Kahoot basados en los temas preparatorios, que podrán realizarse tanto en familia como en comunidades parroquiales. A ello se suman emisiones en directo a través de YouTube durante los fines de semana previos a la visita, centradas en los distintos bloques temáticos.
Por otro lado, se invita a las familias a participar activamente mediante el envío de vídeos en los que niños, jóvenes, matrimonios y mayores respondan a cuestiones relacionadas con los contenidos propuestos. El objetivo es dar voz a todos los grupos y reforzar la implicación comunitaria en este acontecimiento.
Todas estas actividades serán difundidas a través de los canales oficiales de la Delegación de Familia y Vida, así como en redes sociales y medios diocesanos.
Desde la organización se anima a las familias a vivir este acontecimiento como una oportunidad de renovación espiritual y comunitaria ante la visita del Santo Padre.
Las personas que deseen más información, pueden acceder al siguiente QR:
El próximo domingo, 26 de abril, la Iglesia conmemora la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, una cita que coincide con el IV domingo de Pascua, conocido como el “domingo del Buen Pastor”. Ambas jornadas, aunque comparten fecha y un enfoque común en la vocación y la oración, mantienen objetivos específicos dentro de la pastoral vocacional.
El lema de este año, “Oramos todos por todos”, continúa la línea marcada por el Congreso de Vocaciones celebrado en España en febrero de 2025, que reunió a más de tres mil participantes de diversas realidades eclesiales —diócesis, congregaciones religiosas, movimientos apostólicos y asociaciones laicales— bajo el lema “una asamblea de llamados para la misión”.
Durante 2026, considerado el año de la etapa posterior a dicho congreso, el Servicio de Pastoral de la Vocación de la Conferencia Episcopal Española ha intensificado su labor para fomentar una cultura vocacional. El objetivo es promover la comprensión de la vida como vocación, impulsar todas las formas de llamada dentro de la Iglesia e invitar a la comunidad cristiana a acompañar y sostener, especialmente mediante la oración, las vocaciones que demanda el mundo actual.
En este contexto, el mensaje del Papa León XIV para la 63ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones lleva por título “El descubrimiento interior del don de Dios”. El Pontífice subraya la importancia de la contemplación y la interioridad como vías para escuchar la llamada vocacional en la vida cotidiana. Según explica, este proceso implica un camino de conocimiento mutuo con Dios, basado en la confianza y orientado hacia una respuesta madura y plena.
Asimismo, el Papa destaca que esta jornada constituye “un momento de gracia” para reflexionar sobre la dimensión interior de la vocación, en un contexto en el que también prepara su próximo viaje apostólico a España, previsto para el mes de junio.
En nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta se han organizado diversas actividades con motivo de estas jornadas. El Secretariado de Misiones y el Seminario Conciliar San Bartolomé celebrarán un Rosario de Antorchas el viernes 24 de abril a las 20:45 horas, así como la Oración de Natanael el domingo 26 a las 20:00 horas. Ambos actos tendrán lugar en la Iglesia de Santiago (Cádiz).
Con estas iniciativas, la Iglesia invita a los fieles a renovar su compromiso con la oración y a reflexionar sobre la vocación como una llamada universal al servicio y a la misión.
La Santa Iglesia Catedral de Asidonia-Jerez ha acogido en la jornada del pasado sábado 18 de abril la celebración de la Eucaristía que ha puesto el broche final a la XI edición de la Copa ACI, reuniendo a todos los participantes de este encuentro educativo y deportivo promovido por los colegios de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.
Este momento, vivido en el primer templo de la Diócesis, ha sido el centro de toda la experiencia, en el que alumnado y profesorado han podido dar gracias a Dios por los días compartidos, poniendo ante el Señor todo lo vivido en esta convivencia marcada por el deporte, la fraternidad y los valores cristianos.
Tras varias jornadas celebradas en Cádiz y El Puerto de Santa María, donde se desarrollaron las actividades de acogida y las competiciones deportivas, los participantes se trasladaron a Jerez para vivir este momento culminante. La celebración eucarística ha permitido así cerrar el encuentro desde la fe, recordando que es Cristo quien da pleno sentido a todas las dimensiones de la vida, también al ámbito educativo y deportivo.
La imagen conjunta de todos los participantes en la Catedral refleja la unidad de esta gran familia educativa, así como el espíritu que impulsa esta iniciativa, en la que el deporte se convierte en un medio para educar en el compañerismo, el respeto y la entrega.
De este modo, la XI Copa ACI concluye dejando una huella significativa en todos los participantes, consolidándose como una propuesta educativa que integra formación, convivencia y vida cristiana desde el carisma de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.