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El Obispado de Huelva coordina con los ayuntamientos el acceso a las ayudas para conservar el patrimonio religioso

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El Obispado de Huelva coordina con los ayuntamientos el acceso a las ayudas para conservar el patrimonio religioso

Desde la publicación de la convocatoria el pasado mes de junio, el Obispado de Huelva ha desarrollado un intenso trabajo de coordinación con los ayuntamientos de la provincia para tramitar las autorizaciones y convenios necesarios que permiten a las parroquias acceder a la nueva línea de subvenciones promovida por la Diputación Provincial de Huelva, destinada a la conservación y reparación de iglesias, ermitas y otros edificios religiosos en municipios de menos de 20.000 habitantes.

Gracias a este trabajo conjunto, ya se han formalizado las correspondientes autorizaciones o convenios con más del 65 % de los municipios incluidos en la convocatoria, una cifra que previsiblemente continuará creciendo conforme se completen los procedimientos con el resto de ayuntamientos.

Este martes, 14 de julio, se ha llevado a cabo la firma en el Ayuntamiento de Manzanilla donde el Vicario Episcopal para la Administración de los Bienes Diocesanos y Relaciones Institucionales, Jaime J. Cano Gamero, y el alcalde del municipio, Francisco Javier Serrano, que refleja y ejemplifica el convenio alcanzado con estos municipios.

Esta línea de ayudas responde a una necesidad ampliamente compartida en el territorio diocesano. En muchos pueblos de la provincia, la iglesia parroquial constituye el edificio de mayor relevancia histórica, artística y patrimonial de la localidad, además de seguir siendo un espacio de referencia para la vida litúrgica, social y cultural de sus vecinos.

A ello se suma que numerosos templos cuentan con algún grado de protección patrimonial, circunstancia que obliga a realizar las intervenciones conforme a criterios técnicos muy específicos y con unos costes que, en muchas ocasiones, superan la capacidad económica de las parroquias para afrontarlos por sí solas.

El vicario episcopal para la Administración de los Bienes Diocesanos y Relaciones Institucionales, Jaime J. Cano Gamero, ha expresado la satisfacción del Obispado por la puesta en marcha de esta convocatoria, «que supone un respaldo importante para la conservación del patrimonio religioso de nuestros pueblos». Asimismo, ha destacado el trabajo realizado durante las últimas semanas junto a los ayuntamientos para tramitar las autorizaciones y convenios necesarios, permitiendo que ya más del 65 % de los municipios de menos de 20.000 habitantes puedan acogerse a estas ayudas.

Cano Gamero ha recordado también el esfuerzo que realiza la Iglesia diocesana para conservar este patrimonio. «Nuestras parroquias mantienen unos edificios que, además de ser lugares de culto, forman parte de la historia, la cultura y la identidad de cada localidad. Entre el Obispado y las parroquias destinamos cada año más de tres millones de euros a su conservación, pero las necesidades son muy superiores, especialmente cuando se trata de inmuebles protegidos, cuyas intervenciones son especialmente complejas y costosas».

Finalmente, el vicario ha subrayado que esta iniciativa «refuerza una colaboración que siempre ha existido entre la Iglesia y los ayuntamientos y que ahora da un paso más hacia una cooperación estable en beneficio de un patrimonio que pertenece a todos y que queremos seguir cuidando para las generaciones futuras».

La Diócesis de Huelva mantiene un firme compromiso con la conservación de un patrimonio que trasciende el ámbito eclesial. Iglesias, ermitas y capillas forman parte de la historia, la cultura y la identidad de la provincia, constituyendo un legado común cuyo cuidado contribuye al desarrollo de los municipios y al mantenimiento de la memoria colectiva de las generaciones presentes y futuras.

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“Somos x amor, x amor somos”

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Lema de las Jornadas de verano del curso “Amor humano”, celebrado en la primera semana de julio.

40 participantes reflexionaron sobre el significado del amor desde una perspectiva cristiana en las distintas charlas y actividades organizadas por la Pastoral Familiar de Granada en las Jornadas de verano, del 3 al 5 de julio, en el Centro de Estudios Superiores La Inmaculada. Estos días estuvieron enmarcados dentro del curso “Amor humano, matrimonio y familia”.

El programa comenzó el viernes co la intervención de Óscar Álvarez Rosales, doctor en Teología Moral, quien abordó los diferentes significados que el concepto de amor adquiere en la sociedad contemporánea. Los asistentes enriquecieron el debate compartiendo sus experiencias personales.

El sábado por la mañana, Fernando Ruiz Retamar, miembro del Instituto de Estudios de la Familia de Andalucía, centró su ponencia en la donación como esencia del verdadero amor, y por la tarde ilustró esa reflexión con el análisis de distintas escenas cinematográficas.

El curso concluyó el domingo con la conferencia de Ildefonso Fernández-Figares Vicioso, doctor en Teología Sagrada, quien profundizó en la comprensión del amor desde el relato de la Creación recogido en el libro del Génesis. En su intervención destacó la singularidad del ser humano frente al resto de seres vivos y reflexionó sobre algunos desafíos culturales actuales, entre ellos la progresiva sustitución de los hijos por las mascotas en determinados ámbitos de la sociedad.

Con esta nueva edición de las Jornadas de Verano, la Pastoral Familiar continúa ofreciendo un espacio de formación y reflexión para profundizar en la comprensión crisitiana del amor, el matrimonio y la familia.

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“Todos estamos llamados a dar fruto”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Domingo XV del Tiempo Ordinario, celebrada en la Catedral el 12 de julio de 2026.

Queridos sacerdotes concelebrantes,

Queridos diáconos,

Queridos hermanos y hermanas,

Estamos en este domingo del mes de julio. En este domingo caluroso, como es propio del tiempo, y la Palabra de Dios nos habla en este domingo, dándonos unas claves para que las vivamos siempre, pero especialmente esta semana. Para que la palabra de Dios, que como hemos escuchado, la profecía de Isaías del libro de Isaías, pues realmente cale en nosotros. No vuelva al Señor de vacío.

La Palabra de Dios que hemos escuchado también, esa parábola que nos ha explicado el propio Señor, con lo cual ha dado la mejor homilía. Porque es la de Jesús cuando le preguntan los discípulos “Señor, explícanos la parábola”. Jesús habla con mucha frecuencia como maestro de Israel. Utiliza el género de las parábolas, de los ejemplos, de los cuentos, para exponer su enseñanza.

Y esta parábola al mismo tiempo se refiere a la escucha, se refiere al fruto que, por otra parte, es un tema muy constante en la enseñanza de Jesús. Él maldice a la higuera estéril a la que va a buscar fruto y no lo haya. Él nos habla de que el pueblo de Israel, también la Iglesia, es como una viña a la que manda a sus viñadores para buscar el fruto.

Y si no lo encuentra, pues ¿qué hará con aquellos malos viñadores? Les dice Jesús a los discípulos. Y les quitará la viña y se la dará a otro. Bueno, pues, el Señor busca frutos en nosotros. No podemos ser unos cristianos estériles. Obras son amores y no buenas razones. Nuestra vida tiene que ser reflejo de lo que creemos. Los primeros cristianos convencen, sobre todo, por sus obras.

“Mirad como se aman”. Apenas hablan de predicación, apenas hablan de evangelización, pero la viven. Es más, muchas de sus cosas, por ejemplo, las celebraciones de la Eucaristía, eran casi secretas. Por miedo a las persecuciones, ciertamente, o a ser delatados. Pero también, por la filosofía del arcano de guardar lo que es propio de familia solo para la familia.

Pero, queridos hermanos y hermanas. Ellos mostraban con su vida, con su testimonio, con su paciencia, con su “habitus”, dicen los latinos. Manifestaban su comportamiento que cambiaba. Y eran muchos los que se iban uniendo a los primeros cristianos, porque veían un estilo de vida distinto, atrayente. Un estilo de vida donde primaba el sentido religioso, el sentido sobrenatural, el sentido de Dios. Donde primaba Cristo, en definitiva. Y con él el engrandecimiento de la persona, del ser humano, de la compasión, del perdón, de la ayuda, de la caridad.

Ahora tendríamos que preguntarnos, ¿nosotros damos frutos o somos cristianos estériles? Si nos aplicamos la parábola del sembrador, ¿en qué estadio estamos nosotros? ¿Somos los del camino o de la cuneta, o del borde del camino donde cae la semilla? Sí, nos resbala. Ya lo sabemos; predíqueme usted, padre; por un oído me entra, por otro me sale.

Y estamos igual que hace años, cumpliendo. Pero, ¿hemos cambiado radicalmente? ¿Hemos quitado lo que nos aparta de Dios y nos aparta de los demás? ¿Se ha producido en nosotros una conversión que dé frutos convincentes de vida cristiana? Eso tenemos que preguntarnos todos, también el obispo. O somos de ese grupo que, sí, recibimos con alegría la Palabra de Dios, como nos ha dicho el Señor, pero es como el terreno pedregoso, no hay raíces. No hay tierra, no hay profundidad. Y es la superficialidad de nuestro mundo. Vivimos en un mundo superficial, en un mundo donde profundizar, pues cuesta. Donde la reflexión, volverse sobre uno, flexionarse sobre uno, en el interior. Pararse a pensar sobre uno mismo cuesta. Sobre la propia vida, sobre el sentido de la existencia…

¿De dónde venimos, a dónde vamos? Si merece la pena lo que hacemos. ¿Cuál es el sentido de la vida, de la muerte, del amor, de la familia? Tenemos que ganar en profundidad. Lo que nuestro filósofo Unamuno llamaba “el adentramiento”. Mucha gente está en lo superficial, está en cosas pasajeras. ¿Estamos nosotros en esa categoría o nos dejamos contagiar por ese ambiente superficial? Solo en el espectáculo, en las fiestas, en lo material. O por el contrario, ¿hay raíces profundas, hay convicciones, hay sentido de la vida, hay valores por los que merece la pena la vida ser vivida? O simplemente vamos según la moda, según el sol que más calienta. Pues claro, ahí no da fruto la Palabra de Dios. Ahí se cambia según la conveniencia. Lo que ya ayer era blanco, hoy es negro. Ese chaqueteo, también espiritual. También, de falta de exigencia, de flojera. ¿O somos como los espinos, los cardos, en nuestra vida? ¿Queremos hacer compatible a Dios con la visión de este mundo?

Queremos hacer compatible a Dios, muchas veces, con nuestros placeres, con el dinero, con el poder. Y Jesús nos dice en el Evangelio “el que no está conmigo está contra mí. El que no recoge conmigo, desparrama”. Es más, dice “no se puede amar a Dios y al dinero a la vez”. Bueno, pues, eso tenemos que aplicárnoslo los cristianos. Porque Jesús nos dice, con esa parábola, incluso explicándola, que tenemos que aplicarnos el cuento, nunca mejor dicho.

Y por último, el Señor nos habla de quienes dan fruto. Unos 100, otros 60, otros 30. A todos no se nos pide igual. Depende de nuestras circunstancias, de nuestro estado de vida. Pero todos estamos llamados a dar fruto. No puede irse Dios vacío de nuestra vida. Porque un día nos vamos a presentar al final de nuestra existencia de manera personal, desarmado ante el Señor y ¿qué le vamos a llevar?

¿Los títulos, las tierras, los honores, el poder? No. ¿Qué le vamos a llevar? El amor, que es de lo que nos va a examinar. “No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos”, dice Jesús, “sino el que hace la voluntad de mi Padre”. Ese entrará.

Bueno, pues, vamos a examinarnos. Esta parábola es para examinarnos, y cuando vivamos esto… Y estamos llamados a esa plenitud de la filiación que hoy san Pablo nos reclama en la Carta a los Romanos.

Incluso nos habla de ese sentido ecológico, también. Las criaturas están esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios. Estamos llamados a una plenitud, a una felicidad, pero hemos de labrárnosla aquí abajo, siguiendo a Jesús. Que es el modelo, es el que les dice al hombre lo que debe ser el hombre. Él es la vocación suprema del hombre.

Vamos a pedirle a la Virgen que nos ayude a hacer producir la semilla que Dios ha puesto en nuestro corazón. Ayudemos también a los demás a que crezcan en valores cristianos. Ayudemos a nuestra sociedad a que se parezca más a como la quiso Dios.

Pidámoselo así, con confianza. Y pidamos por Venezuela. Sigamos pidiendo. Pidamos también por las víctimas del incendio de Almería, por sus familias. Para que el Señor les dé el consuelo y a todos nos ayude a prevenir para que nuestra tierra sea cuidada como merece.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
12 de julio de 2026

Homilía en la ordenación sacerdotal de Jesús López Huéscar

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OBISPO DE CARTAGENA
ORDENACIÓN SACERDOTAL
Jesús López Huéscar
Parroquia Santa María Magdalena
Ceutí
5 de julio de 2026

Vicario general, vicarios episcopales, arciprestes; rector del Seminario Mayor San Fulgencio y formadores; rector del Seminario Redemptoris Mater y formadores; director del Centro de Estudios Teológicos San Fulgencio; queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas mayores y menores de San José; párroco y fieles de Santa María Magdalena; un saludo a toda la familia del ordenando; amigos, invitados… aquí presentes;
Hermanos.

Querido Jesús:

Es para mí un motivo de profunda alegría venir de nuevo a Ceutí y disfrutar de esta preciosa parroquia y del trabajo tan excepcional que habéis ido haciendo para dejar este templo tan precioso. Es evidente que ha sido una ilusión de todos, ilusión que se iba viendo en el rostro de vuestro párroco, don Diego, que hábilmente la ha puesto «patas arriba», por fases y con la prudencia del huertano, con eso de «olívica comía, huesecico al suelo», con la filosofía del poquico a poco, pero este milagro es para felicitaros sinceramente. Enhorabuena.

En este momento tan especial para ti, Jesús, y para tu pueblo como testigo de tu ordenación sacerdotal, hago memoria de las palabras del Santo Padre, el papa León, que nos dirigió durante la vigilia en Madrid, unas palabras que yo califico como un tesoro: «La voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente», dijo. ¿Has escuchado bien, hermano? Pues que no te preocupes más: si en tu intención está no apartarte nunca del Señor, de ponerlo en el centro de tu vida, porque Él se va a encargar de renovarte cada día, de darte todas las razones para que no te canses de servir, de cuidar a los que la Iglesia te encomiende y de hacerlo con firmeza, fidelidad y misericordia, porque Él caminará a tu paso e iluminará tu camino. El Santo Padre dijo a continuación algo que me gustó mucho, por su importancia y que es especialmente aplicable a tu persona, ya que comienzas a ponerte a servir como pastor. Sus palabras fueron: «Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. ¡Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios! Pues ahí está la presencia del Señor, y la presencia cercana de Jesucristo se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Él no nos abandona». ¿No te parece un buen plan de vida sacerdotal: rezar con amor y arder en la fe y en la caridad?

Pon tu corazón en la sabiduría de la Madre Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, que busca siempre los medios más adecuados para la formación de los ministros ordenados, según las necesidades de los lugares. En este compromiso, ¿cuál será su tarea? Tendrá que ser la de no rebajar nunca las exigencias, la de no conformarte contemplando atardeceres, ni ser un mero receptor pasivo, sino un apasionado por la vida sacerdotal, viviendo el presente y mirando al futuro con corazón profético, fraterno y filial.

Querido diácono, Jesús, profundiza en el diálogo personal con el Señor, en el que se te pide asimilar cada vez más los sentimientos de Cristo, los sentimientos de su Corazón; del Corazón de Jesús que palpita de amor por todos y por toda la humanidad. Y ya sabes cómo es el Corazón de Cristo: el Corazón de Cristo está animado por una inmensa compasión, es el corazón del buen samaritano de la humanidad, que nos dice: «Ve y haz tú lo mismo» (Lc 10, 37). Esta compasión impulsó a Cristo a partir del pan de la Palabra y al compartir, a multiplicarlo para las multitudes (cf. Mc 6, 30-44). Este gesto nos enseña a entender el signo del Cenáculo y de la Cruz, cuando Cristo se entregó para sí mismo para ser comido, hoy te está diciendo a ti también: «Dadle vosotros de comer» (Mc 6, 37), es decir, que imites a Cristo, que hagas de su vida un don de amor, una entrega total, sin cálculos, sin condiciones…

Jesús López Huéscar, «si cuidas tu corazón, en el silencio, en la meditación y oración, podrás aprender el arte del discernimiento». También esto «es un trabajo importante: aprender a discernir», dice el papa León. Pero, mucha atención, que también es posible que las influencias de este mundo intenten centrarte en tus deseos, en tus sueños y ambiciones, y puedes estar seguro de que hasta intenten llegar a confundirte sobre el sentido de tu vida. ¡Nunca caigas en esa tentación! Presta atención a lo que nos propone la Iglesia, que es bien sencillo: que sigas el modelo de la Virgen María, potencia tu interioridad para ser capaz de custodiar y meditar en la dirección que quiere Dios para ti y para su Iglesia. Elige, como la Virgen, hacer siempre la voluntad de Dios.

Tu misión está clara: llevar las almas a Dios desde la humildad y el amor, desde la misericordia, compasión y caridad. El sacerdote es un hombre cuya vida está llamada a ser un cauce por el que Dios alcanza a los demás. La eficacia del ministerio no dependerá del prestigio o de tu talento, sino de la acción de la gracia a través de tu vida sencilla y humilde; la altivez, la prepotencia, el orgullo, la soberbia… están desaconsejadas. Tú te puedes sentir inútil, pero la gracia nunca lo es. Ya conoces la parroquia y has podido comprobar que es una especie de universo pequeño, posiblemente complejo; que la gente es como es, pero es necesario que sigas aprendiendo a amar a todas y cada una de las personas que se te confían, una por una. Esta es la dimensión esencial del ministerio: no se te pide amar a una masa anónima, sino a personas concretas, con su historia, con sus heridas y sus esperanzas. Como buen pastor debes conocer, acompañar y cargar sobre ti el peso de tu pueblo, a imagen de Cristo. Esto no es fácil; te advierto que es duro, porque ser sacerdote te exige mucho. Lo primero que se te pide es olvidarte de tus intereses, de lo que te gustaría y, en muchas ocasiones, algo más que el olvido, porque se te pedirá hasta que renuncies a todo lo tuyo, porque otros te necesitan. Esto son cosas de Dios, no son nuestras; repasa los testimonios de los apóstoles y de san Pablo en 2 Corintios 11, 16-33.

Pero, por todo lo anterior, ¿quiere decir que vas a dejar de ser feliz? No, nunca, no lo dudes: nunca dejarás de ser feliz, si has elegido hacer la voluntad de Dios, porque tu felicidad y tu descanso será siempre ver que las almas que el Señor te ha entregado viven en la paz y en la unidad. El Papa lo resumió a los jóvenes de forma sencilla: «Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo; sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (cf. Ga 5,6)».

Termino resumiendo lo que significa ser sacerdote. Ser sacerdote significa ser:

  • Un hombre de oración antes que hombre de acción.
  • Un testigo de la gracia antes que un organizador.
  • Un padre que lleva el sufrimiento de su pueblo.
  • Y un servidor cuya autoridad nace de la santidad, del servicio y de la caridad, y no del poder.

Muchas felicidades, Jesús, que seas muy feliz en este itinerario para el que te ha elegido el Señor; y piensa siempre que la fecundidad de tu ministerio brotará de la unión con Cristo más que de la eficacia humana. Dios te bendiga. Amén.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

 

Homilía en la ordenación sacerdotal de José Martínez Marín

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OBISPO DE CARTAGENA
ORDENACIÓN SACERDOTAL
José Martínez Marín
Parroquia San Francisco de Asís
Caravaca de la Cruz
4 de julio de 2026

Vicario general, vicarios de Caravaca y vicarios episcopales, arciprestes; rector del Seminario Mayor San Fulgencio y formadores; rector del Seminario Redemptoris Mater y formadores; director del Centro de Estudios Teológicos San Fulgencio; queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas mayores y menores de San José; párroco y fieles de San Francisco de Asís; un saludo a toda la familia del ordenando; amigos, invitados… aquí presentes.
Hermanos.

Querido diácono, José:

Hoy la Iglesia pone en tus manos un misterio que nunca llegarás a poseer del todo. Como estamos viendo en la Palabra de Dios en estos últimos domingos, ha sido Cristo el que ha salido a tu encuentro y ha puesto su confianza en ti, en tus manos y en tu corazón para seguir ayudando a crecer a su pueblo, porque es pueblo de Dios. Ante esta invitación determinante, no tengas miedo, confía, aunque creas que eres pequeño, frágil y débil. El mundo admira a quienes brillan, convencen, acumulan seguidores o parecen tener éxito. Pero ya sabes cuál es el criterio del Señor: no tuvo problema en nacer pequeño, en la humildad de un pesebre, de una familia humilde y desde el silencio de la cruz. Aquí, en Caravaca, entendéis bien lo que significa la cruz de Cristo, porque está en vuestro ADN. Pero, insisto, José, nunca olvides que la fecundidad de tu ministerio no dependerá de tu capacidad para impresionar, ni de tus grandezas o valores personales, sino de tu capacidad para permanecer unido a Cristo. Este es el camino, el verdadero camino, hermano.

La seducción de los criterios de este mundo siempre está al acecho, pero ya conoces las advertencias que nos hace el Señor en la parábola de las vírgenes prudentes y necias, son tan esenciales, que san Pedro advertía con rigor: «resistid firmes en la fe», ya que el mundo va por otros derroteros, a veces por la indiferencia, por la desconfianza en las cosas de la Iglesia, y otros te juzgarán antes de conocerte… tranquilidad. Nunca respondas con amargura, no caigas en la trampa de ser maleducado o despreciar a los que no piensan como tú. Ya sabes que llevas un tesoro muy grande en la vasija de barro de tu corazón; ese tesoro es el amor de Dios, que nos ha amado, incluso siendo nosotros culpables, dando la vida… El Señor te hace sacerdote para que sepas ofrecer a la gente que se te confía un estilo de vida muy diferente a lo que ofrece el mundo; para que descubran el amor de Dios, el perdón, la grandeza de la filiación divina y un amor sin medida. Todo esto con una vida humilde, sencilla, escuchando más de lo que hablas, aprendiendo a comprender y, antes de corregir, dejando que las personas descubran que han sido acogidas. Hay cosas que solo entran dentro de una persona cuando ven el testimonio del que le habla con los signos de la bondad.

Tú vas enviado por Cristo, lo sabes, pues cuida el trato con el Señor por medio de la oración como se cuida el fuego en una noche fría. Habrá días en que no veas frutos, en que te parezca que nadie cambia y en que incluso tú mismo te sientas vacío. No abandones entonces el sagrario. El pueblo necesita un sacerdote que conozca a Dios antes que un sacerdote que solo sepa hablar de Él. No permitas que la actividad devore tu alma. Tendrás reuniones, proyectos, urgencias y responsabilidades. Todo ello es necesario, pero recuerda que nadie puede dar a Cristo si deja de vivir con Cristo. Tu primera tarea no será hacer muchas cosas; será dejar que Él viva en ti. Tienes que descubrir la grandeza de ser un cura diocesano, un pobre cura que ha sido llamado para amar a los pobres, a los ancianos, a los enfermos, a quienes nadie visita y a quienes ya no esperan nada de la Iglesia o de la vida… Muchas veces descubrirás que ellos te están evangelizando a ti mucho más de lo que tú crees. El sacerdote diocesano vive su espiritualidad y santidad en la entrega día a día a la gente, por eso tiene que saber estar con la gente a la que sirve; no es como un visitante ni un extraño en esa comunidad de hermanos. No es un viajero que hace paradas y luego se marcha, sino uno que sabe permanecer, estar, acompañar y compartir, comprar el pan en la misma tienda que ellos y estar siempre disponible.

No te escandalices de tu propia fragilidad; en el decurso de tu vida entregada cometerás errores, habrá momentos de cansancio, dudas o noches oscuras. No ocultes esas heridas detrás de una apariencia de perfección. Déjalas en manos del Señor, sé sincero y transparente para con Dios y Él te ofrecerá su gracia precisamente cuando más lo necesites, porque Dios es fiel.

No busques ser reconocido en todo lo que hagas. No es necesario alardear, ni presumir de maravilloso; busca, mejor, que las personas recuerden a Cristo después de haberte encontrado. El mejor sacerdote es aquel cuya presencia termina siendo transparente, de modo que quien te mire a ti acabe encontrándose con el Otro, que es más grande que tú.

Y cuando un día, quizá dentro de muchos años, te preguntes si tu vida ha valido la pena, no cuentes únicamente los templos llenos, las obras realizadas o los proyectos terminados. Pregúntate más bien: ¿He amado? ¿He permanecido fiel? ¿He llevado esperanza a quien la había perdido? ¿He acercado a alguien a Jesucristo? Si puedes responder humildemente que sí, aunque sea entre lágrimas, habrás sido un buen sacerdote. Ser sacerdote diocesano es una gracia, una bendición del cielo, un regalo. Tu familia son también tus hermanos del presbiterio diocesano, tu obispo… recuerda lo que decía el papa Francisco sobre las cuatro cercanías y guarda esto en tu corazón siempre.

Entonces comprenderás, con la serenidad de los santos y con la verdad del Evangelio, que el ministerio nunca fue obra tuya. Siempre fue de Dios y podrás repetir, no como una frase hermosa, sino como la confesión de toda una vida, como dice el sacerdote de la obra de Bernanos, en Diario de un cura rural: «Todo es gracia».

Querido hermano José, te deseo que pienses que el testimonio más profético que se pueda esperar de ti sea el de un sacerdote que vive con paz, que escucha con paciencia, que ama sin cálculos y que deja que Cristo sea el verdadero protagonista y compañero de camino.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

Gáldar celebra un encuentro para compartir las vivencias de la visita del Papa

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La comunidad parroquial de Gáldar celebró un emotivo encuentro para volver a poner en común la experiencia vivida durante la histórica visita del papa León XIV a la diócesis de Canarias. Bajo el lema «Alza la mirada: Lo que el Papa encendió en nuestros corazones», decenas de personas se reunieron para recordar aquellos días que marcaron profundamente la vida de la Iglesia canaria.

El encuentro nació con un objetivo muy claro: no dejar que la intensidad de aquellos momentos quede solo en el recuerdo, sino convertirla en un impulso para seguir caminando con renovada ilusión. A través de testimonios, vivencias y momentos de diálogo, los asistentes compartieron cómo la presencia del Santo Padre ha fortalecido su fe y les ha animado a vivir con mayor compromiso el Evangelio.

Durante la convocatoria se puso de manifiesto que la visita papal supuso un antes y un después para muchas personas. La invitación a «alzar la mirada», uno de los mensajes que más caló durante aquellos días, continúa siendo una llamada a mirar el futuro con esperanza, a fortalecer la vida de las comunidades y a seguir construyendo una Iglesia cercana, misionera y comprometida.

La reunión, a la que se sumó Mons. Cristóbal Déniz, fue también una oportunidad para reencontrarse con quienes compartieron aquella experiencia histórica, revivir recuerdos, agradecer el camino recorrido y renovar el deseo de mantener vivo el fuego que León XIV encendió en el corazón de tantos fieles durante su paso por Canarias.

Con iniciativas como esta, las parroquias de la diócesis continúan haciendo memoria agradecida de una visita que ha dejado una profunda huella espiritual y que sigue dando frutos en la vida de las comunidades.

Tres matrimonios de Medalla en Santa María la Mayor de Ronda

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Tres matrimonios de la parroquia de Santa María la Mayor, en Ronda, recibieron el 21 de junio la Medalla Pro-Ecclesia Malacitana. Ellos son Juan Gamero y Dolores Mesa, José María Rojas y Teresa Díaz, y Diego José Albarracín e Inmaculada Mateos.

Al entregarles la Medalla, el párroco Francisco Sánchez destacaba la labor que todos habían realizado en la Pastoral Familiar, preparando a las parejas de novios de cara a recibir el sacramento del matrimonio. La comunidad parroquial se volcó con la celebración, en la que estuvieron acompañados por sus familiares.

Juan Manuel y Loli

Juan Manuel Gamero Vergara y Loli Mesa Peña se casaron el 13 de junio de 1974, en la parroquia de Ntro. Padre Jesús de Ronda, siendo testigo de su unión el sacerdote José Melgar. Tuvieron dos hijos: Isabel María y Juan Manuel, y dos nietas, su mayor alegría”, Laura y Ángela.

Celebraron sus bodas de plata en la parroquia de San Cristóbal en el año 1999, junto al sacerdote Alonso Ros Carrasco, y sus bodas de oro en la iglesia de San Juan de Letrán, en el Santuario de la Virgen de la Paz, en el año 2024, junto al sacerdote Francisco Antonio Sánchez, actual párroco.

Juan fue creciendo desde su juventud con la espiritualidad del sacerdote Antonio Gamboa López en el Centro Obrero Católico de Ronda, experiencia que marcó toda su vida como cristiano comprometido.

«Juan destaca por su simpatía, implicación, responsabilidad y un gran espíritu de sacrificio. Loli brilla en la paciencia, empatía con los demás y capacidad de escucha sin juzgar», destacaban desde la parroquia.

José María y Teresa

José María Rojas Cuéllar fue bautizado en la parroquia de Ntra. Sra. del Reposo en Campillos en el año 1945 y Teresa Díaz Ramos, en la parroquia de San Francisco en Jimena de la Frontera en Cádiz, en el mismo año. José María estudió en Campillos y en Ronda, en el Colegio del Castillo, con los padres Salesianos. Teresa estudió desde los 3 años en el Colegio la Inmaculada de Ronda, con las Madres de los Desamparados y San José de la Montaña.

La boda de ambos tuvo lugar el 25 de marzo de 1969, en la parroquia de Santa Cecilia. Teresa dedicó muchos años a la catequesis, en la parroquia de Santa, «tiene un don especial para los niños, es divertida narrando los evangelios y les enseña bonitas canciones», explica su párroco, Francisco Sánchez.

El 25 de marzo de 2019 renovaron sus promesas matrimoniales, después de 50 años, en la iglesia parroquial de Ntro. Padre Jesús.

El legado más importante que tienen es su familia, sus tres hijos: Ana Belén, José María y Pedro, y sus nietos José Miguel, Alberto, María, Perico, Cayetano, Rodrigo y Virginia.

Los dos cursan la Escuela de Teología en Ronda y los dos colaboran posteriormente como monitores en los grupos. José María también acompaña diversos grupos de adultos en la preparación al sacramento de la confirmación.

Inmaculada y Diego José

Inmaculada Mateos Pérez-Luna nace en Jerez de la Frontera y Diego José Albarracín Giménez en Ronda. Se conocieron en la celebración de una boda y el 9 de enero de 1982 contrajeron matrimonio. Sus hijos son Alejandro, Inmaculada, Carolina y Diego José, y los nietos, Diego José, Carolina, Alejandro, Juan y Rafael.

Inma destaca «por ser generosa, servicial y atenta. Diego es prudente, sensato y paciente. Podemos decir que son el alma del grupo de la Pastoral Familiar, siempre dispuestos para todo lo que haya que hacer».

Diego es miembro del equipo de ministros extraordinarios de la comunión y también el director de la Escuela de Teología de Ronda. Diego e Inma también dinamizan las catequesis pre-bautismales, e Inmaculada es miembro activo del grupo de Cáritas parroquial.

Todas las conferencias del Curso de Verano de la parroquia de Santa Ana sobre la Encíclica Magnifica Humanitas ya están disponibles en YouTube

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Todas las conferencias del Curso de Verano de la parroquia de Santa Ana sobre la Encíclica Magnifica Humanitas ya están disponibles en YouTube

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El Curso de Verano 2026, dedicado a la Doctrina Social de la Iglesia y a la Encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, ha concluido tras la celebración de sus distintas sesiones y ya puede volver a disfrutarse íntegramente a través de YouTube.

La iniciativa, organizada por el Consejo Pastoral de la Parroquia de Santa Ana y Cáritas Parroquial, ha permitido profundizar durante varias jornadas en la primera Encíclica del Santo Padre, centrada en la dignidad de la persona humana y en los desafíos que plantea el tiempo presente, especialmente en relación con el desarrollo de la inteligencia artificial.

A lo largo de las sesiones, celebradas los días 23 de junio, 7, 14 y 21 de julio, los participantes pudieron acercarse al contenido de Magnifica Humanitas, conocer sus principales claves y reflexionar sobre su aplicación concreta en la vida de la Iglesia y de la sociedad.

Ahora, una vez finalizado el curso, todas las conferencias quedan a disposición de quienes no pudieron asistir presencialmente o desean volver a escuchar las distintas intervenciones. Los vídeos pueden verse en YouTube, ofreciendo así la posibilidad de continuar profundizando, también durante el verano, en una Encíclica que invita a redescubrir el valor de la persona y a afrontar con criterio cristiano los grandes retos de nuestro tiempo.

De este modo, el Curso de Verano prolonga su alcance más allá de las sesiones presenciales y permite que sus contenidos sigan llegando a nuevos públicos, convirtiéndose también en una oportunidad para acercarse con calma a una de las principales enseñanzas del pontificado de León XIV.

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La vida y el legado de la Madre Antonia de Jesús, en un nuevo libro del padre Rafael Romero Pavón

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Titulado “Un Faro de Luz en Andalucía” está escrito por el padre Rafael Romero Pavón

Siempre estamos en enhorabuena cuando nace un libro y  mucho más cuando se trata de la Venerable Madre Antonia de Jesús, Agustina Recoleta, fundadora del convento Jesús Nazareno en Chiclana y del convento de Jesús, María y José en Medina Sidonia. Y cuyo proceso de beatificación está en marcha desde hace varios años.

La Madre Antonia, después de fundar dos conventos en Granada, vino a Chiclana el 25 de Diciembre de 1.666 para fundar el convento de Jesús Nazareno, donde permaneció 23 años de su vida.

Hoy vivimos inmersos entre nieblas y oscuridades, como casi en todas las épocas, que no nos hacen ver claro el camino hacia aquellos valores que nos hacen ser más humanos y más cristianos. La Madre Antonia, desde su vida de clausura no le fue un impedimento para ser Faro de Luz a cuantos se acercaban a su locutorio: Gente sencilla, amas de casa, labriegos, caballeros y comerciantes.

Este libro trata de relatar con un lenguaje sencillo, las vicisitudes que logró superar la Madre Antonia. Vicisitudes superadas gracias a su enamoramiento de Dios.

Siempre las almas de los santos iluminan nuestra senda y de ellos aprendemos humildemente.

Señalaré algunos de los motivos por los que soy un admirador y devoto de esta mujer de vida austera y de vocación convencida.

En primer lugar, su convicción. Cuando uno está convencido de lo que Dios te pide, seguro que habrá que sortear inconvenientes, dudas, trabajos y sacrificios, pero ahí está la grandeza de nuestra respuesta fiel. La Madre Antonia era capaz de dar su vida antes que no ser fiel a la llamada de Dios. Estaba convencida de que era llamada a fundar conventos para que en ellos se glorificara Dios.

En segundo lugar, su tenacidad. A la convicción le sigue la tenacidad, nunca la Madre Antonia dio un paso atrás. Ante un serio problema, se paraba, oraba, esperaba, consultaba y siempre Dios le daba la respuesta adecuada. “Con paciencia todo se alcanza”, decía ella. La Madre Antonia es un estímulo para superar, a veces, nuestras dudas y fragilidades. Nunca un paso atrás.

En tercer lugar, su espiritualidad eucarística. No era común recibir la eucaristía diariamente, tras alguna negativa por parte de algunos clérigos,  luchó y consiguió recibir al Señor en la comunión diaria. Cuando fundaba un convento y lo tenía todo preparado, solicitaba a la autoridad eclesiástica permiso para tener permanentemente a Jesús en el sagrario. La Eucaristía era el surtidor de su fortaleza. Duro es a veces nuestro camino y necesitamos alimentarnos con el Pan Eucarístico y así recobrar fuerzas.

El libro se puede encontrar en la librería diocesana junto a la sede del Obispado de Cádiz y Ceuta.

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La Obra Social del II Congreso de Hermandades ultima el Centro de Noche «Saiz Meneses» para personas sin hogar

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La Obra Social del II Congreso de Hermandades ultima el Centro de Noche «Saiz Meneses» para personas sin hogar

La Obra Social del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular avanza hacia su culminación con la finalización de las obras del futuro Centro de Noche «Saiz Meneses», principal legado caritativo del Congreso. El nuevo recurso, promovido por la Archidiócesis de Sevilla, ofrecerá acogida nocturna y acompañamiento integral a personas en situación de sinhogarismo.

Con motivo de la conclusión de los trabajos, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha visitado esta mañana las instalaciones, ubicadas en la calle Don Remondo. Durante el recorrido ha estado acompañado por el vicario episcopal para la Pastoral Social, Salvador Diánez; el director de Cáritas Diocesana de Sevilla, Miguel Ángel Carbajo; el arquitecto responsable del proyecto, José María Rincón; y varios responsables de las distintas áreas de la Obra Social del Congreso.

La apertura del centro tendrá lugar una vez concluya el equipamiento de las instalaciones y se obtengan las correspondientes licencias administrativas, pasos necesarios antes de iniciar su actividad. La inauguración está prevista para los próximos meses.

Un legado permanente del Congreso

El Centro de Noche «Saiz Meneses» constituye el principal fruto social del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular y responde al compromiso adquirido por la Archidiócesis de que este acontecimiento eclesial dejara una huella permanente en favor de las personas más vulnerables. El nuevo recurso permitirá ampliar la atención que la Iglesia de Sevilla presta a las personas sin hogar, complementando el trabajo que Cáritas Diocesana desarrolla desde hace años mediante proyectos de acogida, acompañamiento e inclusión social.

Más que ofrecer un lugar donde pasar la noche, el centro aspira a convertirse en un espacio de referencia para favorecer procesos de recuperación personal y de integración social, poniendo en el centro la dignidad de cada persona y el acompañamiento cercano.

En sintonía con las prioridades pastorales

Este proyecto se integra en la acción social de la Archidiócesis y responde a las prioridades pastorales impulsadas por monseñor Saiz Meneses, que sitúan a las personas más vulnerables en el centro de la misión evangelizadora de la Iglesia.

La puesta en marcha del Centro de Noche «Saiz Meneses» reforzará la red de recursos de atención al sinhogarismo existente en Sevilla y permitirá seguir ofreciendo una respuesta coordinada, integral y cercana a quienes atraviesan situaciones de mayor exclusión.

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