
Esta fue la frase del sencillo Todos estamos bailando la misma canción con el que la Oreja de Van Gogh estrenaba su nueva etapa. Amaia Montero ha vuelto a ponerse sobre el escenario tras haber pasado un tiempo alejada de los focos. Ella misma ha atravesado una época difícil al enfrentarse a problemas de salud, lo que ha significado también una cierta búsqueda de espiritualidad por parte de la vocalista. “Allí donde muere el orgullo, hoy nace la fe. Yo creo en Dios, a mi manera” es parte de la letra que quiere invitar a la reflexión.
Desde que me conozco, que dice la gente, llevo escuchando esta misma cantinela. Es una manera más de decir que “yo creo en Jesús, pero no en los curas”, “yo me confieso con Dios”, “mis hijos no van a misa, pero son muy buenas personas”. En el fondo está la idea que también nosotros hemos transmitido desde hace décadas: “lo importante es ser buena persona”. Pero ¿realmente se puede vivir la fe al margen de la Iglesia?
Resumidamente: no. Pero como esto no basta intentaré argumentar un poco. Uno de los rasgos más característicos de la fe católica es que no puede vivirse de manera aislada ni se interpreta de forma individual. Por ello, junto a la Sagrada Escritura, nuestra vida cristiana se sostiene sobre dos pilares que son la Tradición y el Magisterio que evitan las interpretaciones sesgadas y subjetivas.
Cuando oímos hablar de Tradición nos vienen a la mente ceremonias ancestrales y costumbres anticuadas. Tradición es la transmisión de viva de aquello que los apóstoles recibieron de Cristo, que incluso es previa al evangelio. La fe, antes de que existiera el Nuevo Testamento, ya se transmitía en la Iglesia por medio de la predicación, la liturgia, la vida de las comunidades y la enseñanza de los apóstoles.
Lo mismo sucede con el Magisterio. Su función no es crear doctrinas sino servir a la Palabra de Dios, custodiarla y explicarla. Durante la Historia esto ha significado aclarar verdades discutidas, corregir interpretaciones erróneas o definir con precisión doctrinal lo que la siempre ha sido creído. Gracias a esta labor la fe se mantiene y continúa iluminando la vida de los fieles.
Es necesario afirmar que la fe cristiana es eclesial pues el creyente la recibe de la Iglesia y separar el Evangelio de este núcleo es atender a interpretaciones contradictorias. Pertenecemos a la Iglesia y en ello reconocemos que no caminamos solos, sino en una comunidad guiada por el Espíritu Santo que generación tras generación ha preservado el tesoro de la fe.
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera


























