

El Obispo publica una carta con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que comienza el 1 de septiembre y termina el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, patrón de la ecología

Cada 1 de septiembre la Iglesia Universal celebra la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Fue instituida por el Papa Francisco en 2015 y nos invita a contemplar el mundo creado como un don de Dios, a dar gracias por su belleza y a comprometernos en su custodia, en comunión con todas las criaturas. El lema de la Jornada es: “Semillas de paz y esperanza”, relacionado con el tema de “Paz con la Creación”, elegido por el papa Francisco para el Año Jubilar y el décimo aniversario de la encíclica Laudato Si’.
Esta Jornada da comienzo a un periodo ecuménico que se extiende hasta el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. Durante este tiempo la familia cristiana se une a esta celebración global de oración y acción para proteger nuestra casa común.
Monseñor Jesús Fernández, obispo de Córdoba y miembro de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social ha hecho pública una carta con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, en ella recuerda que “desgraciadamente, nuestro planeta sufre males como la deforestación, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la acumulación de basuras, la escasez de agua” y añade que “ser coherentes con esta responsabilidad no es sólo cuestión de justicia social, económica y antropológica, sino también una exigencia teológica, ya que todo ha sido creado y redimido en Jesucristo”.
Puede leer el texto íntegro a continuación.
SEMILLAS DE PAZ Y ESPERANZA
Bajo el lema propuesto por el Papa Francisco “Semillas de paz y esperanza”, se celebra el 1 de septiembre la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. La celebración tiene lugar en el décimo aniversario de la publicación de la encíclica Laudato si´y de la institución de esta Jornada. Coincide además con el Jubileo de la esperanza, una esperanza herida a causa del profundo dolor causado por las trágicas consecuencias de los incendios sufridos recientemente en nuestro país.
Como nos recuerda el Papa León en el Mensaje escrito con este motivo, la víspera de la Pasión, Jesús se comparó con una semilla, concretamente con el grano de trigo que debe morir para dar fruto (cf. Jn 12, 24). En este mismo sentido, el profeta Isaías afirma que el Espíritu de Dios es capaz de convertir el desierto, árido y seco, en un jardín, lugar de descanso y de paz (cf. Is 32, 15-18). En último término, será la justicia, don de Dios, la única capaz de arreglar la dura naturaleza del desierto.
Desgraciadamente, nuestro planeta sufre males como la deforestación, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la acumulación de basuras, la escasez de agua. El cambio climático, manifiesto en la subida de las temperaturas, trae también penosas consecuencias, una de ellas, el aumento y la agresividad de los incendios. ¿Cuál es la raíz de todos estos males? Sin duda la raíz está en la injusticia, las desigualdades, la codicia… Como dice el Papa actual, “estas diversas heridas son consecuencia del pecado” que, por otra parte, afectan sobre todo a los más pobres, a los marginados, a los excluidos.
Este no es el mundo soñado por Dios cuando nos creó a su imagen. La Biblia no promueve el dominio despótico de lo creado, sino el labrado y el cuidado del jardín del mundo (cf. Gn 2, 15). Ser coherentes con esta responsabilidad no es sólo cuestión de justicia social, económica y antropológica, sino también una exigencia teológica, ya que todo ha sido creado y redimido en Jesucristo. En definitiva, el cuidado de la creación se convierte en una cuestión de fe y de humanidad, responde al designio de Dios y favorece la salud individual, la armonía y el bienestar social.
Por su parte, el Mensaje de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social apunta a la deuda ecológica como una de las manifestaciones de la ruptura de la armonía en las relaciones del hombre con la naturaleza y con Dios. Es urgente reconocer que “los países más industrializados han sido responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación y la pérdida de biodiversidad. Han construido su prosperidad explotando los recursos naturales de los países en desarrollo”. Por otra parte, esta deuda ecológica está ligada a la deuda financiera, lo que hace que muchos países africanos tengan que gastar más en el pago de la deuda externa que en salud o educación. Es injusto que los países que menos han contribuido a la crisis climática sufran las mayores consecuencias y los mayores costos.
El Año Jubilar nos ofrece la ocasión de responder a esta injusticia, en línea con la tradición jubilar de la remisión de las deudas. En este sentido, el Papa Francisco reclamaba a los países más ricos la condonación de la deuda como una cuestión de justicia. En el camino hacia la paz, los obispos españoles invitamos a sembrar semillas poniendo fin a la violencia y a la guerra, adoptando una nueva solidaridad, optando por la sobriedad, restaurando la solidaridad y caminando juntos, en sinodalidad.
Queridos hermanos, hasta el 4 de octubre, acompañaremos la iniciativa ecuménica “Tiempo de la Creación”. Junto a la oración, pongamos en marcha iniciativas concretas que hagan perceptible la caricia de Dios sobre el mundo (cf. LSi´ 84). Unidos, pues, a nuestro Señor, sembremos semillas de justicia para que florezca la paz. Contamos con su ayuda y con la intercesión de S. Francisco de Asís, nuestro Patrono. Que así sea.
+ Jesús, Obispo de Córdoba
Mensaje del Papa León XIV
Mensaje de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social de la CEE
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