Ante un Estadio Olímpico abarrotado, en su primera aparición multitudinaria en la segunda etapa de su Viaje Apostólico, el Pontífice ha expresado cómo “a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentido de la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces”. Ante esta experiencia León XIV ha animado a los presentes a no asustarse porque las noches pueden ser “un espacio para renacer”, que “nos devuelve a lo esencial”.
Una velada con presencia del legado de Gaudí
Desde la apertura de puertas a las 16:00h, el goteo de fieles e invitados ha sido una constante. El preacto comenzó a las 18:00 h conducido por una dinámica de alabanza a cargo de worship.cat y las potentes voces de Gospel Sense Fronteres. La tarde avanzó entre la alegría festiva y la confidencia; el grupo Sabor de Gràcia encendió el estadio con su “Nit de rumba d’esperança” antes de rendir homenaje a los clásicos populares con “Qualsevol nit pot sortir el sol” y “Boig per tu”.
La herencia de la ciudad ha tenido un protagonismo especial con la proyección de un vídeo sobre Antoni Gaudí y una posterior conversación con Mosén Bruno Bérchez y Maite Gaudí, descendiente del genial arquitecto. Las actuaciones musicales se sucedieron con la sensibilidad de Conchita, la fuerza de Beret junto a un coro infantil, y un momento de gran complicidad pop a cargo de Alfred García y Álvaro Soler. Antes del inicio del acto central, el catedrático de la Universitat Ramon Llull, Francesc Torralba, ha ofrecido una breve ponencia en la que ha invitado a los presentes a tender puentes entre la ciencia, la ética y el humanismo en el mundo contemporáneo, dando paso a la banda Siloé, que cerró el bloque previo con su tema “Súbeme al Cielo”.
La nueva llama olímpica
Pasadas las 19:50h, el Estadio Olímpico ha contenido el aliento con la llegada del Papa León XIV, momento en el que ha comenzado a sonar con fuerza el himno oficial de la Visita, “Alzo la mirada”. El Santo Padre ha recorrido el estadio con el papamóvil, bendiciendo a una decena de bebés y niños, con un público visiblemente emocionado. La bienvenida se ha convertido en una estampa de honda raigambre: la coronación de los castellers en perfecta sincronía con la orquesta y el sonido de las grallas.
El Cardenal Omella, arzobispo de Barcelona, dio emocionado la bienvenida al Santo Padre: “estamos realmente felices y agradecidos”. El cardenal hizo referencia a los Juegos Olímpicos que marcaron el relanzamiento internacional de Barcelona: “hace 34 años en este estadio se encendió la llama olímpica, queremos que su presencia encienda la llama de una nueva etapa capaz de transformar nuestras almas y nuestras vidas, que Barcelona sea también ‘ciudad de Dios’ como quería Gaudí.”
En uno de los bloques más emotivos del encuentro, el Santo Padre respondió de manera directa a las inquietudes y dolor desgarrador planteadas por los jóvenes. Se escucharon testimonios complejos y actuales, como las realidades de un catecúmeno, los problemas de salud mental y la infancia dura de una joven. Las respuestas del Santo Padre, se alternaron con piezas musicales como “Jo tinc set de tu”, “Nada te turbe” y el “Anima Christi”.
Un diálogo a corazón abierto con el Santo Padre
Ha sido entonces cuando León XIV ha respondido a cada uno de ellos. Se ha hecho el silencio en el Estadio Olímpico para escuchar la voz de un pastor universal, ante las lágrimas emocionadas entre muchos asistentes. Ante el testimonio del joven que acababa de recibir el Bautismo en la Pascua, el Santo Padre agradeció hacerle partícipe de esa alegría, subrayando que numerosos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana, tras etapas de lejanía de la fe. El Papa le animó a hacer el camino junto con otros y dedicar tiempo a la lectura del Evangelio.
El segundo testimonio, una joven le contó al Santo Padre sobre “la depresión, una enfermedad silenciosa que afecta a muchas personas, que conlleva una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable. A veces ese dolor es tan abrumador que la idea de desaparecer parece la única salida”.
El Papa visiblemente emocionado subrayó que “algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad, el dolor deben ser eliminados”. El Papa se refirió también al sufrimiento de Jesús en Getsemaní: “¡Dios no nos abandona!” Al mismo tiempo que ha alertado del riesgo de “reconducir superficialmente ‘la voluntad de Dios’, con el riesgo de minimizar” el sufrimiento de estas enfermedades. Al terminar le dio un gran abrazo al Santo Padre.
El tercer testimonio ha sido uno de los más desgarradores. Una joven contó como su padre intentó matar a su madre, quien para refugiarse se metió en el mundo de las drogas, haciendo que ella a los 10 años fuese llevada a un centro de menores. La pregunta fue sobre cómo podía perdonar a su padre. El Papa respondió que esa misma pregunta era ya “un signo de la gracia de Dios, tras un pasado tan marcado por el sufrimiento”.
“No podemos atribuir a Dios lo que es nuestra responsabilidad. No podemos imaginar que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda”, ha expresado el Santo Padre.
A la vez, sobre el perdón León XIV ha dicho que debemos mirar el perdón “como una poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso (…) Pedir al Señor que amplié en nosotros el espacio del amor allí donde hemos sido heridos (…) Es un camino largo, es un proceso que requiere mucha paciencia (…) en el perdón de avanza en pequeños pasos.”
Una reflexión del Evangelio y la sorpresa con la Escolanía de Montserrat
La Liturgia de la Palabra tuvo su momento central con la solemne procesión y lectura del Evangelio. Frente a los miles de peregrinos reunidos en el recinto Lluís Companys, León XIV comentó este pasaje del Evangelio en el que el protagonista es Nicodemo, un judío influyente, que va de noche a ver a Jesús para preguntarle sobre sus inquietudes.
“También nosotros somos como Nicodemo, peregrinos en la noche”, afirmó el Papa. Este personaje evangélico ofrece “un mensaje ante todo sobre el camino de la vida. Nuestro caminar en las alegrías y en las derrotas, en las aspiraciones y en los proyectos, es la expresión de nuestra búsqueda continua: buscamos un significado pleno que nos sostenga. Mientras avanzamos lentamente, con pequeños pasos, estamos llamados a dialogar con la penumbra de nuestra misma condición humana.”
Estas noches pueden ser oportunidades a pesar de presentarse en forma de “sufrimiento o de la insatisfacción, de la desilusión o de la incredulidad”. No abrumarse, ni juzgar las noches personales, pero tampoco “las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea”. La actitud deber ser siempre la de Nicodemo: “seguir interpelando al Señor, abrirnos al viento del Espíritu.”
A la vez el Papa León animóha animado a preguntarse: ¿cuáles son las noches que atravesamos? ¿Qué nos sugieren? (…) ¿qué estamos llamados a cambiar?, ¿dónde debemos renovarnos, en qué dirección queremos ir, qué sociedad queremos construir?”, también acerca de las nuevas pobrezas de su sociedad y de su cultura.
La recta final del encuentro reservaba una de las sorpresas musicales de la noche. La Escolanía de Montserrat hizo su aparición sobre el escenario para interpretar el Virolai dedicado a Montserrat, “Rosa d’abril, Morena de la serra”. Por último la escolanía, de manera conjunta con el reconocido cantante sabadellense Sergio Dalma, cantaron la pieza “Em dones força” (Me das fuerza). Entre los acordes del himno oficial de la Visita, el Papa León XIV descendió las escaleras para recorrer el estadio, saludar de cerca a los fieles.
León XIV se despidió entonces de un estadio que lo acogió con emoción y que logró igualmente emocionar al Santo Padre. Con este encuentro, Barcelona hoy se ha convertido en un faro de fe y esperanza compartida.
Fotografía: Pep Daude.
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