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Lecturas del XXII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

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Lecturas del XXII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Lecturas del XXII Domingo  del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí.
Cuando hablo, tengo que gritar,
proclamar violencia y destrucción.
La palabra del Señor me ha servido
de oprobio y desprecio a diario.
Pensé en olvidarme del asunto y dije:
«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»;
pero había en mis entrañas como fuego,
algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

Salmo

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

  • Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
  • ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.
  • Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
  • Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R/.

Segunda lectura

Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Evangelio

Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma ¿O qué podrá dar para recobrarla

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Comentario de Álvaro Pereira

La primera lectura recoge una de las llamadas «confesiones» de Jeremías (cf. Jr 11,18-23; 15,10-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-9.14-18), lamentos personales que emparentan al profeta con los orantes de los salmos de súplica. «Me sedujiste», dice Jeremías a Dios, casi acusándolo de haberlo forzado a una vocación que solo le ha traído burla. Y, sin embargo, callar la palabra recibida se vuelve insostenible para él: «había en mi corazón como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos». No es heroísmo, sino la constatación de que la palabra de Dios, una vez acogida, no puede reprimirse sin consumir por dentro a quien la lleva.

El evangelio sigue a la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo (Mt 16,13-20) y ofrece el primero de los tres anuncios de la pasión que Mateo distribuye en su segunda parte (16,21; 17,22-23; 20,17-19). Mateo, más explícito que Marcos, subraya que ese camino de sufrimiento responde al designio de Dios, y añade ya el anuncio de la resurrección. Ante la posibilidad de la muerte, Pedro reacciona reprendiendo a Jesús, y este le devuelve, endurecidas, las mismas palabras que dirigió al diablo en el desierto: «Vete, Satanás» (cf. Mt 4,10), añadiendo «ponte detrás de mí», la misma expresión con que lo había invitado a seguirlo en su primer encuentro (Mt 4,19). La reprimenda de Jesús a Pedro es, en el fondo, una nueva llamada: el lugar de Pedro no es indicarle a Jesús el camino, sino ir detrás de él, aceptar que su destino mesiánico no es el triunfo, sino la entrega, para así cumplir la voluntad de su Padre. Jesús abunda en esta idea cuando le dice a Pedro y a los demás discípulos que hay que perder la vida para encontrarla. Esta es la paradoja evangélica.

La segunda lectura de san Pablo abre la parte final de la carta a los Romanos, dedicada a las consecuencias prácticas de la fe. El apóstol invita a sus lectores a un culto que ya no consiste en ofrecer víctimas, sino en ofrecer el propio cuerpo, y llama a no amoldarse a este mundo, sino a transformarse renovando la mente. Él usa el mismo verbo (metamorfóō) que en Mt 17,2 describirá la transfiguración de Jesús. Así pues, la vida entregada, lejos de apagarse, va transformando al creyente a imagen de Cristo y lo va convirtiendo en luz para los demás (cf. 2 Cor 3,18).

Preguntas

  1. Jeremías reconoce que no puede acallar la palabra recibida, aunque le cause sufrimiento. ¿Hay en tu vida una convicción de fe que sueles silenciar por miedo al ridículo o al conflicto?
  2. Pedro pasa, en pocos versículos, de la confesión correcta a la reprimenda de Jesús. ¿En qué momentos tus «pensamientos», por buena intención que tengan, se oponen en realidad al querer de Dios?
  3. Pablo pide no amoldarse a este mundo, sino transformar la mente. ¿Qué criterios del ambiente que te rodea has asumido sin someterlos al discernimiento de la fe?

 

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Comentario al evangelio de este domingo, por Pedro J. Marín

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Comentario al evangelio de este domingo, por Pedro J. Marín

Pedro J. Marín Galiano, OFS, profesor de la Escuela Teológica San Manuel González, ofrece el comentario al evangelio de este domingo, 30 de agosto de 2026.

Comentario al evangelio de este domingo, por Pedro J. Marín

Es Jesús quien nos salva

Hay pasajes del Evangelio que corren el peligro de volverse inofensivos a cuenta de las infinitas veces que los hemos escuchado: «El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga». Lo conocemos de memoria, pero no basta el conocimiento para llegar a la Verdad, sino el paso de la voluntad.

Pedro acaba de confesar que Jesús es «el Mesías, el Hijo del Dios vivo», pero pretende decidir cómo debe ser Jesús. Acepta al Mesías glorioso, pero rechaza al Mesías entregado. ¿A quién nos recuerda esta actitud?… No le den más vueltas: a nosotros mismos. Profesamos la fe en Cristo, pero quisiéramos que confirmara nuestros planes −mundanos y religiosos−, protegiera nuestras seguridades y bendijera nuestras preferencias. Nos gusta que Jesús nos acompañe, pero nos incomoda que nos preceda. Negarse a sí mismo no significa anularse, sino renunciar al egoísmo interior que exige tener siempre razón, recibir reconocimiento y proteger a cualquier precio la propia imagen. Es aquí donde adquiere una luz especial aquella expresión de la tradición franciscana: «olvidando, se encuentra». La vida retenida se encoge; la vida entregada se ensancha. Pedro quiso salvar a Jesús de la cruz, pero tuvo que aprender que es Jesús quien, desde la cruz, nos salva de una vida encerrada en nosotros mismos.

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«Una fidelidad que genera futuro». Y TERCERA PARTE

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En el 90 aniversario del martirio de los obispos D. Manuel Medina Olmos y D. Diego Ventaja

(Lee la primera parte aquí y la segunda parte aquí)

 

  1. La Providencia que los había unido en vida en todos sus ministerios pastorales los iba a unir definitivamente a la hora del testimonio final. La prisión de las Adoratrices y después el barco Astoy Mendi se convirtieron en una Iglesia: el grupo de cristianos con una sola alma, obispos, presbíteros y laicos, formaron la asamblea reunida del Pueblo de Dios.
  2. Diego y D. Manuel – entrañables amigos en la tierra, como dos almas gemelas, dos vidas paralelas unidas en afanes e ideales, hasta su inmolación juntos en el martirio –

, fueron beatificados por San Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993. Con ellos y como ellos, una multitud de sacerdotes y laicos, constelando el firmamento, se hallan ante el Trono del Cordero, Rey de los Mártires, proclamando las alabanzas de la Trinidad.

El nonagésimo aniversario del martirio de los dos Obispos nos ofrece la ocasión de contemplar nuevamente el don de esta fidelidad fecunda. Es necesario hacer memoria porque iluminan y hacen vida la teología del martirio. El martirio y el sacerdocio están íntimamente vinculados. Llamados a identificarse con Cristo Sacerdote, los candidatos al sacerdocio deben acostumbrarse a unirse a Él, compartiendo una vida íntima y plena. El recuerdo vivo de los sacerdotes y obispos santos y mártires – asesinados por haber sido sorprendidos en el ejercicio de su ministerio, por no haber querido abandonar al rebaño confiado – muestra que esta imitación de Cristo, esta fidelidad es posible y es además fecunda para todo el Pueblo de Dios.

No termines la lectura de estas líneas sin querer conocer más de cerca a D. Diego y a D. Manuel, Amigos de Dios; la lectura de sus biografías y escritos será un estímulo en tu vida sacerdotal o laical como consagrado, casado o soltero. Así como no quisieron en los días de la gran tribulación abandonar a su rebaño de Almería y de Guadix, tampoco hoy lo abandonan. Ellos siguen acompañándonos y guiándonos para dar testimonio de Cristo, cada uno según nuestra propia condición; salen a nuestro encuentro en las dificultades de la vida, en las necesidades cotidianas grandes o pequeñas. Encomendémonos, pues, a ellos con ánimo firme y confiado, con la certeza de que así como pasaron por esta tierra haciendo el bien, interceden ahora por nosotros ante Dios; los milagros lloverán y llegará el día glorioso en que podamos aclamarlos como santos.

(Puedes leer el texto completo aquí)

María Victoria Hernández Rodríguez,

Postuladora de la Causa de canonización

«Una fidelidad que genera futuro». SEGUNDA PARTE

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En el 90 aniversario del martirio de los obispos D. Manuel Medina Olmos y D. Diego Ventaja

(Lee la primera parte aquí)

 

  1. Desde el inicio de su episcopado el 16 de julio de 1935, el beato Diego Ventaja mostró una preocupación particular por su clero, por cada uno de sus sacerdotes. Muchos vivían en condiciones precarias, de absoluta pobreza material, agravada por la amenaza constante de la persecución religiosa, que marcó con dureza su vida pastoral. En su breve episcopado, como buen teólogo supo apreciar y aplicar el valor de un presbiterio santo y bien formado para la vida de la Iglesia local. Buscó los medios adecuados: visitas pastorales, ayudas, contactos personales, ejercicios y retiros espirituales. No obstante la amenaza constante de los acontecimientos, puso a estudiar a todos sus sacerdotes proponiéndoles un concurso de parroquias los días 3 y 4 de julio de 1936; y ello. Fue para todos un momento de gracia en vísperas de la gran prueba; días después, numerosos miembros del presbiterio serían llamados a dar el supremo testimonio de fe con el martirio.

En esas vísperas de la gran prueba, acentuó su solicitud pastoral, sosteniendo a sacerdotes y religiosos y religiosas. A todos. A todos exhortó a orar y a todos animó a sufrir por amor de Jesús cualquier tribulación, cualquier prueba. La correspondencia epistolar de D. Manuel – cuyo episcopado lo caracterizaron las visitas pastorales, la preocupación por la precaria situación económica de la zona y la atención al seminario – refleja su serenidad ante la gran prueba y su disponibilidad a aceptar el don del martirio. Así escribía a Antonio Navas en 1931: « […] hemos de agradecerle a Dios que la ha permitido para bien de su Iglesia. Estas pruebas son como arneros que criban el trigo. […]». A su sobrina sor Rosario la anima con estas palabras en julio de 1931: «Es necesario tener menos miedo. Donde hay amor, no hay temor. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia… pero no lo son los que huyen de la persecución». Y en 1933 reafirma su confianza en Dios: «Ya véis cómo han caído Azaña y Ríos, y Dios sigue siendo el mismo. Nadie lo derriba. Pero tenemos poca confianza en Él y le servimos mal».

El 21 de julio de 1936 se consumó el llamado martirio de las cosas en Almería: todos los templos de la ciudad fueron saqueados y quemados; al día siguiente fue el turno de la residencia episcopal, incautada. El 24, se invita a D. Diego a marcharse a Granada, pero no acepta: no abandona el pastor a sus ovejas cuando ve venir al lobo. Por ese mismo motivo, D. Manuel tampoco aceptó quedarse en Granada: no podía abandonar a sus ovejas.

El 25 de julio D. Diego fue obligado a dejar la residencia episcopal y se trasladó a la casa del vicario general; de nuevo el día 26 fue invitado insistentemente por unos súbditos ingleses a embarcarse rumbo a Gibraltar, pero el no de D. Diego seguía vigente: el pastor no abandona a sus ovejas. De este modo, al día siguiente acogió a D. Manuel Medina junto con otros dos sacerdotes: llegaban desde Guadix tras un traslado vejatorio, custodiados en un vagón de ganado, por las estaciones del trayecto habían recibido insultos y amenazas de darles el paseo, intentado hacerles blasfemar y como no lo consiguieron les arrancaron la barba con trozos de piel sangrante. La disponibilidad al martirio es un don especial del Espíritu Santo, concedido a quien lo acoge con docilidad y alegrándose «por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24). A partir del 12 de agosto, fueron encarcelados en las Adoratrices, una de las muchas prisiones improvisadas, antes de transladarles de pie y maniatados en una camioneta, el 28 de ese mismo mes, al barco Astoy Mendi.

El Concilio Vaticano II prescribe para la formación de los candidatos al sacerdocio el deber de «comprender claramente que no están destinados al mando o a los honores, sino a entregarse totalmente al servicio de Dios y al ministerio pastoral […] y a identificarse con Cristo crucificado» (Optatam totius 9), un texto que conserva en el tiempo actualidad y frescura. D. Diego Ventaja lo había hecho vida años atrás y por eso a quienes le decían, mientras lo arrestaban, que se arrepentiría de ser obispo, respondió que poco le importaba el episcopado, sin embargo nunca ni tampoco en ese momento el sacerdocio era un peso para él .

Como enseñaba J. Ratzinger, «en la Iglesia antigua, el martirio era considerado una verdadera celebración eucarística: realización extrema de la contemporaneidad con Cristo, del ser una cosa sola con Él» (Introduzione allo spirito della liturgia, 55). En los días previos al martirio, los dos Beatos vivieron «un camino de familiaridad con el Señor que involucra a toda la persona: el corazón, la inteligencia, la libertad, y la moldea a imagen del Buen Pastor»: «una auténtica clave para comprender el ministerio sacerdotal. El sacerdote, de hecho, es un amigo del Señor, llamado a vivir con Él una relación personal y confidencial, alimentada por la Palabra, la celebración de los sacramentos y la oración diaria. Esta amistad con Cristo es el fundamento espiritual del ministerio ordenado, el sentido de nuestro celibato y la energía del servicio eclesial al que dedicamos nuestra vida; nos sostiene en los momentos de prueba y nos permite renovar cada día el “sí” pronunciado al inicio de la vocación»[1]. En la celebración eucarística unieron sus propios sufrimientos al sacrificio eucarístico, celebrado en condiciones peligrosas y en el secreto de las prisiones.

(Continúa… pero puedes leer el artículo completo aquí)

María Victoria Hernández Rodríguez,

Postuladora de la Causa de canonización

 

[1] Discurso del Santo Padre León XIV a los participantes en el encuentro internacional sacerdotes felices – «yo los llamo amigos» (Jn 15,15), promovido por el Dicasterio para el clero, Roma 26 de junio de 2025.

«Una fidelidad que genera futuro». PRIMERA PARTE

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En el 90 aniversario del martirio de los obispos D. Manuel Medina Olmos y D. Diego Ventaja

1.- El año 2026 se presenta para la Iglesia en España como un verdadero año sacerdotal. Lo es por una doble conmemoración que, providencialmente, converge: el centenario de la ordenación sacerdotal del Venerable José María García Lahiguera y el centenario de la ordenación sacerdotal del Venerable Ángel Riesco Carbajo.

Ambos hicieron del sacerdocio la forma y la razón de sus vidas, configurando su existencia en torno a Cristo, el Señor, y dejando que la gracia recibida en la ordenación se convirtiera en principio de unidad, de servicio y de misión. Ambos fueron obispos; ambos fundaron institutos de vida consagrada que prolongan hoy su carisma; ambos, en fin, fueron preservados por Dios durante la persecución religiosa del siglo XX en España, cuya trágica efeméride – el 90.º aniversario – también recordamos este año como parte de nuestra memoria eclesial. Los dos participaron en el Concilio Vaticano II, donde se reconocen sus voces convergentes en torno a una misma preocupación: el sacerdocio ministerial. Allí subrayaron la necesidad de una justa distribución del clero, la urgencia de una formación integral y permanente, y la importancia de que esta formación constituya un dinamismo continuo de renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral. Su aportación, discreta y firme, se inscribe en la gran corriente conciliar que quiso fortalecer la identidad sacerdotal y asegurar su fecundidad en la vida de la Iglesia.

Muchos otros, como ellos, salvaron sus vidas de un modo u otro. La Providencia tenía para ellos otros planes. Sin su fidelidad, no existirían hoy muchas instituciones eclesiales.

2.- A otros, sin embargo, el Señor les pidió la entrega de la propia vida en el martirio cruento. Una vida que habían ido entregando en la existencia cotidiana, día tras día, en ese otro martirio que es el cumplimiento fiel de los propios deberes, del afán de cada día como sacerdotes y obispos. Hagamos memoria de ellos, porque su memoria no hace daño a nadie: ¡fueron esos presbíteros y obispos que se empeñaron en ser creíbles y ejemplares! El martirio selló definitivamente esa ejemplaridad y esa credibilidad.

Efectivamente, la Iglesia en Almería fue, en este sentido, “premiada” con la entrega martirial de su obispo, D. Diego Ventaja Milán (1880-1936). El premio fue compartido también por la Iglesia en Guadix con el martirio de su padre y pastor, D. Manuel Medina Olmos (1869-1936), asesinado junto a D. Diego en la madrugada del 30 de agosto de 1936, en el barranco del Chisme (Vícar, Almería). Desde el 27 de julio les habían precedido atletas en la fe: sacerdotes de Almería murieron alabando y confesando a Jesucristo, y perdonando a sus verdugos.

El beato mártir Diego Ventaja es recordado por su comprometida labor con la enseñanza y el apostolado tanto en Almería como en su pueblo Ohanes. El beato, también mártir, Manuel Medina, considerado como el más admirable catequista español de la época, colaboró estrechamente en la abadía del Sacromonte en Granada con el Venerable P. Andrés Manjón, del que fue su confesor y sucesor como director de las Escuelas del Ave María. Una gran parte de los 23 años que D. Manuel estuvo en el Sacromonte la pasaron juntos, Diego Ventaja y él; ambos compartieron afanes, ideales y amistad espiritual.

(Continúa… pero puedes leer el artículo completo aquí)

María Victoria Hernández Rodríguez,

Postuladora de la Causa de canonización

 

Más de 400 jóvenes participan en el Intermies juvenil

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Más de 400 jóvenes participan en el Intermies juvenil

El mes de agosto marca una fecha importante para los jóvenes Misioneros de la Esperanza: el Intermies juvenil, «un encuentro anual en el que jóvenes de 12 años en adelante, de los grupos Misioneros de la Esperanza, se reúnen durante tres días para convivir, orar y reforzar su vocación de seguir a Cristo», explica Miguel Jiménez, responsable de comunicación de MIES.

Más de 400 jóvenes participan en el Intermies juvenil

Gonzalo Ruiz

Este año ha tenido lugar del 21 al 23 de agosto en el Colegio Diocesano Cardenal Herrera Oria, bajo el lema “Una misma luz”, que «nace del deseo de recordar a cada joven la misión que Jesús nos confía en el Evangelio: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 14) y que no caminamos solos en la fe sino que todos somos una misma Iglesia guiada por Jesucristo». En esto días, han realizado diversas actividades como juegos, la puesta en escena de la magia del mago Torres, una velada con fiesta, un mercadillo solidario a beneficio de Casa Betania, catequesis, vigilia de oración y la celebración de la Eucaristía», añade Miguel.  


Gonzalo Ruiz

También se ha contado con la participación del dibujante Patxi Velasco Fano, y los testimonios de Miguel Ángel Bustillo, responsable de Casa Betania, al que acompañó un joven acogido que dio su testimonio; José Miguel Zapata, sacerdote venezolano; Isabel Sánchez, voluntaria desde su participación en el Campo de Trabajo Lázaro; y Carlos y Paula, miembros de las Obras Misionales Pontificias.

«Durante este encuentro hemos sentido que somos un mismo equipo, una misma familia y que, unidos, buscamos que la luz de Cristo ilumine nuestra vida. Ha sido un regalo ver tantos jóvenes que han sentido la llamada que Jesús nos hace, invitándonos a iluminar el mundo con su amor y esperanza», destacaba Cristina Maqueda, responsable general de juveniles y jóvenes.

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Eucaristía por el Cuidado de la Creación

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Eucaristía por el Cuidado de la Creación

Del 1 de septiembre al 4 de octubre, la Iglesia universal celebra el Tiempo de la Creación que tiene este año como lema «Agua viva». Se trata de un período ecuménico de oración y acción para renovar la relación con Dios, con los demás y con la creación al que, desde la Plataforma Laudato si de Málaga, se invita a participar de forma especial, comenzando con la celebración de la Eucaristía del viernes 4 de septiembre.

Eucaristía por el Cuidado de la Creación

Dom Gould. Pexels

La parroquia de San Fernando (en la barriada de El Consúl) acogerá la Eucaristía por el Cuidado de la Creación que se celebrará el viernes 4 de septiembre, a las 20.00 horas. Desde la Plataforma Laudato si invitan a participar para «celebrar el Tiempo de la Creación, agradecer los dones de la Tierra y renovar nuestro compromiso con la Casa Común». 

El papa León XIV, en su Mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026, que pueden leer íntegro en este enlace, explica que «en esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita una vez más a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador. Actualmente, estamos siendo testigos de múltiples crisis y de un gran sufrimiento humano. Al mismo tiempo, pareciera que la alteración del equilibrio armónico de la creación se está acelerando. Estos fenómenos no están disociados; son una única apelación por la sanación y la paz que brota de un mundo herido». 

Y hace una invitación a imaginar «un mundo en el que los esfuerzos que actualmente se invierten en la guerra fueran dirigidos al desarrollo humano integral, al combate de la pobreza, a la protección de la dignidad humana y a la reconciliación de la gente que está dividida. Un panorama así refleja la fe en la venida del Reino de Dios. Los auténticos instrumentos para la construcción de la paz no son las armas destructivas, al contrario, lo son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo».

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Monseñor José Rico Pavés presidirá hoy la festividad de San Agustín de Hipona junto a las Hermanas Agustinas de Jerez

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Monseñor José Rico Pavés presidirá hoy la festividad de San Agustín de Hipona junto a las Hermanas Agustinas de Jerez

Monseñor José Rico Pavés presidirá hoy la festividad de San Agustín de Hipona junto a las Hermanas Agustinas de Jerez

Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, estará presente hoy en la casa de las Hermanas Agustinas de Jerez de la Frontera con motivo de la festividad de San Agustín de Hipona, fundador de la orden.

El pastor diocesano presidirá la Santa Misa junto a la comunidad religiosa, acompañándola en una jornada especialmente significativa para su vida y su carisma.

La celebración permitirá dar gracias por la figura de San Agustín y por la presencia de las Hermanas Agustinas en la Diócesis de Asidonia-Jerez, donde desarrollan su vocación desde la oración y la vida comunitaria.

La festividad de San Agustín será así una nueva ocasión para compartir la fe y poner en valor la riqueza que la vida religiosa aporta a la Iglesia diocesana.

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Mensaje del papa León XIV para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026

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Mensaje del papa León XIV para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026
Mensaje del papa León XIV para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026

Yavuz Solgun

MENSAJE DE SU SANTIDAD PAPA LEÓN XIV

PARA LA XI JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN 2026

[1 de septiembre de 2026]

«Con sus espadas forjarán arados
y podaderas con sus lanzas» (Is 2,4)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Nuestro Señor Jesucristo vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). Este regalo de vida yace justo en el corazón de nuestra misión como discípulos y de nuestro llamado común a construir una civilización del amor. Como podemos observar, en esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita una vez más a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador.

Actualmente, estamos siendo testigos de múltiples crisis y de un gran sufrimiento humano. Al mismo tiempo, pareciera que la alteración del equilibrio armónico de la creación se está acelerando. Estos fenómenos no están disociados; son una única apelación por la sanación y la paz que brota de un mundo herido.

El Dios de la vida, revelado en Jesucristo, ofrece una paz que el mundo no puede dar: «La paz les dejo, mi paz les doy» (Jn 14,27). Esta paz no es ni superficial ni perecedera, mana desde el perpetuo amor de Cristo y de su interés por cada persona humana.

Sin embargo, esta promesa de paz contrasta notablemente con las realidades que vemos en muchas partes del mundo. El profeta Isaías habló de una época en la que las naciones «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4), transformando lo que destruye la vida en aquello que la sostiene. Pero hoy, frecuentemente somos testigos de lo contrario, mientras los esfuerzos se siguen centrando en la violencia y la guerra.

La guerra deja heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla. Cobra vidas, desintegra a las familias y fuerza a millones de personas a abandonar sus hogares, aumentando el miedo, la injusticia y la división (cf. Gaudium et spes, 77-82). La guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones. Más aún, la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.

Aparte de esto, la guerra crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida, dañando no sólo a individuos y comunidades, sino a su amplia red de relaciones con la entera familia humana, así como su armonía con la creación. Esto pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la tierra que se nos ha confiado. No es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. La guerra, arraigada en deseos distorsionados y en el mal uso de la libertad y el poder humanos, constituye un antitestimonio del Evangelio de la paz.

Las crisis mencionadas anteriormente no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la creación. De hecho, las discordias que presenciamos en el mundo, como la violencia, la injusticia y el daño ecológico, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el “síntoma de una profunda dicotomía arraigada en la misma humanidad” (Gaudium et spes, 10). En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída. No es sólo la sede de las emociones, sino el centro de la persona —donde convergen la razón, los deseos, la voluntad, y la conciencia—. Es aquí donde luchamos con nuestros deseos contradictorios entre el amor y la indiferencia, la verdad y la ilusión, la justicia y la injusticia (St 1,14-15). Los daños de la guerra y el deterioro de la tierra están entonces profundamente vinculados con la condición del corazón humano. Los conflictos que atormentan a la humanidad, de diversos modos, son la expresión exterior de la discordia y división interiores. Cuando el corazón está distorsionado, las relaciones sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese desorden.

El Papa Benedicto XVI nos recordó que «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores» (Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24 abril 2005). Esto nos llama a reconocer que lo que está arruinado en nuestro entorno, de alguna manera también lo está dentro de nosotros. Para construir una sociedad pacífica, debemos entonces no sólo reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones. Las causas subyacentes del conflicto y la explotación de la creación provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana.

El adagio profético «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4) no es entonces sólo una visión que atañe a las naciones, sino una llamada a cada persona. Nos invita a transformar la herida en vida. Sin embargo, esta transformación no puede ser llevada a cabo por medio de un simple cambio externo, sino que requiere, a través de nuestra cooperación con la gracia de Dios, de una conversión personal y colectiva más profunda —un regreso a Dios, que reordene nuestros deseos, sane nuestras heridas y nos ayude a crecer en la virtud—.

Con la ausencia de esta transformación interior, la paz permanecerá frágil y será efímera. Pero donde los corazones se renuevan, comienzan a abrirse nuevas posibilidades. Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación. Este es el camino de la auténtica conversión ecológica, donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en nuestra relación con el mundo que nos rodea (cf. Francisco, Laudato si’, 217). La paz entonces comienza en nuestro corazón y se proyecta hacia nuestras relaciones, nuestras comunidades y al mundo en su conjunto.

A pesar de que los desafíos que tenemos por delante son enormes, Dios no nos deja sin los medios para sanar y transformar. En vez de las armas bélicas, el Dios de la paz nos colma de fuerza para sanar, para reconciliar y construir una civilización del amor. En este sentido, estamos llamados al cuidado de los múltiples “ecosistemas” que nos han sido confiados: los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano.   

Imaginémonos un mundo en el que los esfuerzos que actualmente se invierten en la guerra fueran dirigidos al desarrollo humano integral, al combate de la pobreza, a la protección de la dignidad humana y a la reconciliación de la gente que está dividida. Un panorama así refleja la fe en la venida del Reino de Dios.

Los auténticos instrumentos para la construcción de la paz no son las armas destructivas, al contrario, lo son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo.

Queridos hermanos y hermanas, es claro el camino que tenemos por delante, aunque no sea fácil. Estamos llamados a dejar que nuestros corazones sean renovados, de tal manera que favorezcamos la paz y el cuidado de la creación. La Sagrada Escritura nos dice que vigilemos nuestro corazón, porque todo lo que hacemos brota de él (cf. Pr 4,23).

Si asumimos esta tarea con humildad y fe, nos volveremos colaboradores en la obra renovadora de Dios. Avanzaremos despacio pero firmes, desde el desierto hacia el jardín, de la división a la comunión y de la violencia a la paz.

Que el Señor nos conceda la valentía para recorrer esta senda, para que en nuestro tiempo, con las espadas realmente se forjen arados, que la promesa del Evangelio se arraigue en nuestro mundo y que la paz de Cristo reine sobre toda la creación.

Vaticano, 15 de agosto de 2026, Asunción de la Santísima Virgen María.

LEÓN PP. XIV

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Una veintena de jóvenes viven una experiencia ecuménica en Taizé este verano de la mano de la Pastoral Universitaria

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Una veintena de jóvenes viven una experiencia ecuménica en Taizé este verano de la mano de la Pastoral Universitaria

Una veintena de jóvenes viven una experiencia ecuménica en Taizé este verano de la mano de la Pastoral Universitaria

La Pastoral Universitaria de Sevilla ha organizado durante este verano numerosas actividades y encuentros. El último de ellos ha sido una peregrinación a Taizé, en Francia, una comunidad de fe en la participan tanto fieles de distintas confesiones cristianas como personas en búsqueda de Dios.

Los sacerdotes Pablo Guija, delegado diocesano de esta Pastoral, y Cristian Rodríguez, ordenador el pasado mes de junio, han acompañado a veinte jóvenes de Sevilla a vivir esta experiencia.

De la semana que han compartido los universitarios en esta comunidad destacan los momentos de silencio, que tenían lugar especialmente tras la lectura del Evangelio. Por su parte, Guija señala cómo la combinación de la música, la lectura bíblica y el silencio “ha propiciado un ambiente de oración muy bonito y muy intenso”.

Durante el encuentro, los universitarios de Sevilla se han sumado al ritmo de oración de la comunidad de Taizé. La jornada comenzaba con la celebración de la Eucaristía, a la que seguía un rato de oración. Tras el desayuno, se reunían por grupos en los diálogos bíblicos, en los que se reflexiona sobre un pasaje del Evangelio. A mediodía había nuevamente un momento de oración antes del almuerzo. Por las tardes había previstas conferencias o encuentros, antes de la cena y la oración de la noche. El día concluía con un encuentro del grupo sevillano en el que podían compartir sus impresiones de la jornada. Además, todos los jóvenes se han implicado durante la semana n distintas tareas en la comunidad, como limpieza, cuidado de menores o cocina.

Finalmente, el delegado de Pastoral Universitaria asegura que esta experiencia ayuda a los jóvenes a conocer otras confesiones cristianas, a trabajar por el ecumenismo y a descubrir la espiritualidad de Taizé a través de la música.

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