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Homilía en la Misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario

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Majestades,

hermanos Obispos, sacerdotes y diáconos,

familias de los fallecidos y heridos,

autoridades civiles nacionales, autonómicas, provinciales y locales, militares, judiciales y académicas,

hermanos y hermanas, amados por el Señor:

Hoy nos reunimos con el corazón abatido. La tragedia del accidente ferroviario enAdamuz ha irrumpido en nuestras vidascomo un golpe inesperado, dejándonossumidos en el duelo por las víctimas mortales y con la preocupación por los heridos y los familiares. A vosotros, sus seres queridos, deseamos abrazaros con respeto y expresaros nuestra cercanía y nuestro pésame. Y queremos rezar por los que han muerto, para que Dios les conceda el descanso eterno y los abrace en su infinito amor.

Majestades, en vuestra presencia reconocemos un gesto de cercanía y solidaridad con las familias de las víctimas y con toda la sociedad onubense. También a las demás autoridades y a quienes prestan su servicio a la comunidad agradecemos su presencia en estos días de dolor compartido.

Estamos aquí porque el sufrimiento humano necesita ser acompañado, y porque creemos que, incluso en la noche más oscura, levantando los ojos a Dios podemos vislumbrar un rayo de luz y de esperanza.Dios nos habla en muchas ocasiones y de muchas maneras, como lo hizo con su pueblo elegido y, ahora, nos dirige su palabra por su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, la Palabra hecha carne.

La Palabra de Dios no ignora el sufrimiento de su pueblo. El libro de las Lamentaciones, que hemos escuchado en la primera lectura, nace de la experiencia de un pueblo devastado, desconcertado: He perdido la paz, me he olvidado de la dicha…Recordar mi aflicción es ajenjo y veneno; no dejo de pensar en ello, estoy desolado, dice el profeta. Estas palabras podrían ser hoy las nuestras. Son las lágrimas de quienes han perdido a un ser querido; el sentimiento de muchas comunidades cristianas y de la propia sociedad española, que no encuentra explicaciones fáciles ni respuestas rápidas.

Pero en medio de ese lamento, la Sagrada Escritura nos brinda un mensaje: el dolor no es falta de fe. La pregunta, la queja, incluso el silencio, caben en el corazón creyente. Dios no se escandaliza de nuestro llanto ni de nuestras preguntas; al contrario, las acoge. El dolor de las víctimas y de sus familias no es un dolor anónimo: ha sido visto, escuchado y recogido por el Señor. Dios no es indiferente al sufrimiento; camina con nosotros cuando atravesamos cañadas oscuras. Por eso, como sigue diciendo la Palabra escuchada, hay algo que traigo a la memoria, por eso esperaré: Que no se agota la bondad del Señor, no se acaba su misericordia.

También el Evangelio según san Marcos nos lleva hoy al Calvario. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblashasta la hora nona. El Evangelio no disimula la oscuridad, no abrevia el final, no suaviza el drama. Hay tinieblas, hay un grito, hay muerte. La exclamación de Jesús,Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? es la voz de todo ser humano que experimenta la pérdida inesperada y el vacío que deja la muerte. Dios mismo, en su Hijo, ha pronunciado ese grito.

Y es precisamente allí, al pie de la cruz, cuando un centurión, un hombre pagano, al ver morir a Jesús, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Esta confesión defe no nace de la contemplación del éxito ni de la gloria del Nazareno, sino de vislumbrar en el Crucificado el amor llevado hasta el extremo, descubriéndolo incluso cuando todo parecía perdido.

Pero el Evangelio no termina con la muerte de Jesús. Hemos escuchado también el anuncio que cambia la historia: No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. El Resucitado es el mismo Crucificado. No es otro. Lleva consigo las heridas, el dolor atravesado, la vida entregada. Y esto nos atañe a todos nosotros, pues como nos dice el apóstol san Pablo: Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él (Rm 6, 8). Por eso creemos que las personas por las que hoy oramos no se han perdido, atrapadas en el sinsentido de una muerte inesperada. Sus vidas, sus nombres y sus historias están ahora y para siempreen las manos del Dios de la Vida, que se nos ha dado a conocer en la muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Señor.

Hoy, en este funeral diocesano, no venimos a negar la herida que habéis sufrido, queridas familias de las víctimas, ni a cubrirla con hermosas palabras. Venimos a incorporar el nombre de los que han perdido su vida temporal y vuestro propio dolor al sacrificio de Cristo. Para que, aun desde el sufrimiento, como dice la carta a los Hebreos: cobremos ánimos y fuerza los que buscamos refugio en él, aferrándonos a la esperanza … la cual es para nosotros como ancla del alma, segura y firme, que penetra más allá de la cortina (Heb 6, 18-19), de la muerte temporal.

En este momento de dolor, queremos también detenernos para dar gracias. Gracias a quienes acudieron los primeros, a los vecinos de Adamuz, a los equipos de emergencia, sanitarios, fuerzas de seguridad, voluntarios y personal de apoyo. Gracias a quienes han acompañado con una presencia discreta y cercana: a los sacerdotes y tantas personas que han ofrecido tiempo, escucha, recursos y oración. En cada gesto de ayuda hemos podido percibir un reflejo de la compasión de Dios.

Y junto a la gratitud nace también un compromiso. Porque el sufrimiento de estas familias no va termina cuando se apaguen los focos o se acallen las noticias de este luctuoso suceso. Acompañarlas en su dueloy reparar las consecuencias del daño que han recibido será una tarea larga y exigente. Compromete a la sociedad entera y también a quienes tienen responsabilidades públicas. Es necesario esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia, para que su sacrificio no sea olvidado y para que, en la medida de lo posible, se eviten tragedias semejantes en el futuro.

Antes de concluir, ponemos todo lo que somos y todo lo que hoy nos duele bajo la mirada maternal de María, la Virgen de la Cinta, nuestra Madre y Patrona, a quien Huelva ha acudido siempre en los momentos de gozo y de aflicción.

Santa María, Virgen de la Cinta,
Madre del Crucificado y Resucitado,
acoge bajo tu amparo a quienes han perdido la vida
y preséntalos a tu Hijo.

Consuela a las familias que lloran,
sostén a quienes se sienten abatidos,
y danos un corazón atento y compasivo
para acompañar con respeto y cercanía.

Virgen fiel, que permaneciste al pie de la cruz,
enséñanos a confiar, incluso en la noche del dolor,
en la promesa de Dios.

Santa María de la Cinta,
ruega por nosotros.
Amén.

Carta Pastoral para la Misión mariana diocesana: «María, Madre en salida»

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Preparándonos para el Año Jubilar Diocesano por el VIII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza (1227–2027)

Queridos diocesanos:

Nuestra Diócesis de Jaén se dispone a vivir un tiempo de gracia singular. Ya se vislumbra en el horizonte una gran efeméride: el VIII Centenario de la Aparición de la Santísima Virgen de la Cabeza, nuestra Patrona diocesana, al humilde pastor Juan de Rivas, en 1227. Este acontecimiento ha modelado el alma de nuestra tierra y ha dejado una huella profunda en la historia espiritual del Santo Reino.

Por eso, con alegría y responsabilidad, queremos prepararnos bien. Y esta preparación necesita, como bien sabemos, dos dimensiones inseparables: una preparación exterior, necesaria y valiosa (programación pastoral, coordinación, celebraciones, acogida, signos visibles…), y una preparación interior, que es el verdadero cimiento. Sin ella, corremos el riesgo de celebrar mucho y convertirnos poco; organizar actos sin dejar que el Señor nos transforme.

En este contexto, la Iglesia nos ofrece un camino concreto: la Misión Mariana diocesana, que vive y expresa nuestro lema: «María, Madre en salida». Es la Madre que no se queda lejos, sino que se pone en camino; la Madre que sale al encuentro y visita a sus hijos, para conducirlos a Jesucristo.

Vamos a celebrar el VIII Centenario de la Aparición de nuestra Patrona Diocesana

En el año 1227, en nuestras sierras jiennenses, la Virgen quiso fijar su mirada y su morada en esta tierra del Santo Reino. Ocho siglos contemplan este misterio de cercanía maternal: ocho siglos de fe sencilla y perseverante, de promesas y lágrimas confiadas, de esperanza transmitida en familia, de peregrinaciones, de oraciones pronunciadas con el corazón.

Celebrar este Centenario no es sólo recordar un hecho histórico. Es revivir la presencia de María en nuestra historia concreta, y dejar que esa presencia nos eduque y nos transforme hoy. Porque María, como Madre, no nos invita a quedarnos en lo emotivo o en lo exterior, sino a abrirle espacio a Dios en la vida real.

Aquí viene muy a propósito lo que subraya el documento María, estrella de la evangelización«la piedad popular, bien acompañada, muestra cómo la fe se encarna en una cultura y se sigue transmitiendo; es un patrimonio vivo que acompaña al pueblo en el ritmo del año litúrgico y en la vida cotidiana» (Carta pastoral de los Obispos del Sur de España al cumplirse el 30º aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II a Sevilla y Huelva)

Y, al mismo tiempo, pide ser cuidada con cariño y responsabilidad, para que resplandezca “la belleza del Evangelio” en plena comunión con la Iglesia.

Por eso, este Centenario es también una llamada a purificar, iluminar y fortalecer nuestra devoción, para que sea una devoción con raíz evangélica, eclesial, sacramental; una devoción que lleve a una vida cristiana más coherente y más misionera.

Un Año Jubilar diocesano con las gracias jubilares

Como fruto de esta efeméride, nuestra Diócesis celebrará un Año Jubilar diocesano, con la concesión del Papa León XIV de las gracias jubilares, en particular la indulgencia plenaria. El Jubileo es, ante todo, un tiempo de misericordia ofrecida y acogida: Dios abre una puerta para que nosotros abramos nuestro corazón.

La indulgencia jubilar, vivida con las disposiciones y condiciones que la Iglesia establece: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y las demás condiciones concretas,  quiere ayudarnos a comprender que la vida cristiana no se sostiene sólo con buenos deseos, sino con gracia, con sacramentos y con conversión personal real.

Y esto, en el contexto actual, marcado por secularismo y descristianización, no caben ni resignación ni desánimo; al contrario, hemos de sacar de nuestras raíces: nuestra fe en Jesucristo y nuestra devoción a su Madre, energías para una nueva evangelización.

Por tanto, el Año Jubilar no será fecundo sólo por lo que organicemos, sino por lo que el Señor haga en nosotros, si le dejamos: reconciliación, vida sacramental renovada, caridad concreta, comunión diocesana más fuerte y ardor misionero más humilde y valiente.

La “Virgen Peregrina” enviada a todas las parroquias: una visita de Madre que prepara el corazón

Al inicio de la Misión Mariana, que dará comienzo el día 1 de febrero con la Eucaristía de envío en el Santuario,  el Obispo diocesano enviará la imagen de la “Virgen Peregrina” a visitar todas las parroquias y realidades eclesiales de nuestra diócesis jiennense, para que, como “embajadora” de nuestra Patrona, nos prepare al gran acontecimiento jubilar. Este gesto tiene una fuerza pastoral enorme: María entra en nuestros pueblos y comunidades como entró en la casa de Isabel, llevando a Cristo. Por eso, el lema «María, Madre en salida» se entiende con el Evangelio abierto: “María se levantó y se puso en camino de prisa” (Lc 1,39). No es sólo una imagen que “pasa”; es una Madre que visita, y su visita es una oportunidad para despertar lo mejor de nuestras comunidades. Para acompañar este itinerario, se han creado una serie de catequesis y materiales específicos que guiarán este paso de la Virgen de la Cabeza por cada parroquia y por cada comunidad.

Esa es la actitud con la que queremos vivir la Misión: con afecto entrañable, sin durezas, sin sospechas, acompañando la fe del pueblo, cuidando lo auténtico y ayudando a purificar lo que lo necesite, “del polvo del camino”.  “En la piedad popular… subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar”.

Eso significa que la visita de la Virgen Peregrina, las acogidas, los rosarios, las vigilias, las procesiones y los encuentros… no son un adorno: pueden ser, si se viven con hondura espiritual, un auténtico camino de evangelización, una puerta abierta para que muchos vuelvan a Cristo.

 Una Misión mariana diocesana

Una Misión Mariana diocesana es un tiempo de gracia en el que la Iglesia jienense, de la mano de María, busca avivar la fe, promover la conversión, fortalecer la comunión y reimpulsar la misión. No es un “paréntesis devocional”, sino una verdadera misión popular con rostro maternal y que podemos expresarlo con cuatro acentos:

a) Un itinerario del alma

No es sólo un recorrido geográfico. Es un recorrido espiritual: María viene a tocar el corazón, a despertar la fe dormida, a llamar a la puerta de lo que está cerrado, a suscitar el deseo de Dios.

b) Un camino que conduce a Cristo y a la vida sacramental

María no sustituye a Cristo: nos conduce directamente a Él. En la Misión, su voz vuelve a ser la de Caná: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5). Por eso, el fruto esperado no es sólo emoción, sino retorno a lo esencial: Eucaristía, confesión, Palabra de Dios, oración, caridad. La piedad auténtica nace de la oración y conduce a la oración, y la oración cristiana no es aislamiento ni simple relajación, sino vivencia de comunión con Dios.

c) Un estilo sinodal: caminar juntos

La Misión nos convoca como diócesis. Nos ayuda a sanar divisiones y a reconocernos familia, a fortalecer el valor humano y eclesial de caminar juntos: las procesiones y los itinerarios han de expresar comunión y conducir hacia la liturgia, cuidando oración y sentido eclesial.

d) Una fe que se hace servicio

La devoción verdadera no se queda en los labios: pasa por las manos y llega a las obras. Nuestra devoción, cuando es auténtica, fortalece la coherencia entre lo que se cree y lo que se vive, y no olvida las implicaciones morales de la fe.

Una llamada maternal

Durante este tiempo, la Virgen de la Cabeza, Madre y patrona, nos llama con ternura, pero con claridad. Nos consuela, sí; pero también nos despierta. Nos saca de una fe de costumbre para llevarnos a una fe viva.

a) A ser una Iglesia “en salida”, con corazón de Madre

El lema «María, Madre en salida» no es un eslogan: es un programa espiritual. María sale a buscar al que está lejos, al cansado, al herido, al que perdió la fe, al que se siente solo. Y nosotros, con Ella, aprendemos a salir: a acercarnos, a escuchar, a acompañar.

En este punto nos ayuda una enseñanza muy iluminadora del Papa León XIV en su homilía del Jubileo de la Espiritualidad Mariana (12 de octubre de 2025): al hablar de la espiritualidad mariana, el Papa recordó cómo el Magníficat nos mete en la historia real, donde Dios derriba soberbios, enaltece humildes, colma hambrientos y recuerda su misericordia; una espiritualidad que, por tanto, nos compromete con la vida concreta, con los pequeños y con la misericordia. María, Madre en salida, no nos encierra: nos abre; no nos acomoda: nos pone en camino.

b) A volver a la oración y a reavivar la fe en familia

El paso de la Virgen Peregrina puede convertirse en una oportunidad para recuperar la oración sencilla: un rosario en casa, un misterio rezado en familia, una oración ante la Virgen, una lectura del Evangelio. Nuestra piedad, cuando se vive bien, genera actitudes interiores valiosas: paciencia, sentido de la cruz en lo cotidiano, apertura a los demás, devoción…

c) A reconciliarnos: confesión, perdón, comunión

Si queremos un Jubileo fecundo, necesitamos corazones dispuestos. Que la Virgen nos encuentre disponibles para pedir perdón y perdonar; para sanar relaciones rotas; para restaurar la comunión en nuestras parroquias y hermandades; para reconciliarnos con Dios.

d) A cuidar la Eucaristía dominical y el ritmo de la Iglesia

Los ejercicios piadosos, que viviremos durante este tiempo de preparación jubilar, han de organizarse de modo que deriven de la liturgia y conduzcan a ella, porque la liturgia está por encima de ellos; y recuerda también la importancia de renovar el sentido cristiano del domingo, evitando reducirlo a “fin de semana”.

La Misión Mariana ha de empujarnos a amar más la Eucaristía, a vivirla con fe y a hacer de la Eucaristía el corazón de la comunidad.

e) A evangelizar con la belleza de la piedad popular, purificada y eclesial

«El caminar juntos hacia los santuarios… llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador» ( Carta pastoral de los Obispos del Sur de España al cumplirse el 30º aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II a Sevilla y Huelva) ¡Qué bien describe esto nuestra tierra! La Virgen Peregrina, al recorrer la diócesis, puede reavivar esa dimensión evangelizadora: invitar a otros, llevar a los jóvenes, acercar a los alejados, abrir puertas.

f) A vivir la esperanza y a trabajar por la paz

También, en su homilía de María, Madre de Dios (1 de enero de 2026), el Papa León XIV situó a María como Madre que acompaña el camino del pueblo y orienta hacia la paz y la esperanza en el inicio del año. En tiempos recios, como los que vivimos, María nos enseña a sostener la esperanza sin ingenuidad y a sembrar paz con obras pequeñas y constantes: reconciliar, escuchar, servir, unir.

Conclusión

Hermanos, la Misión Mariana Diocesana, «María, Madre en salida»,  es un don para nuestra Iglesia de Jaén: un verdadero pórtico hacia el Año Jubilar del VIII Centenario. Acojamos a la Virgen Peregrina no sólo con actos externos, sino con el corazón abierto: dejando que su visita nos lleve a Jesucristo, nos renueve por dentro, fortalezca nuestra comunión y nos haga más misioneros.

Que, en cada parroquia, en cada familia, en cada persona, se cumpla lo más hermoso: que donde entra María, entre Cristo; y donde entra Cristo, la vida se ordena, renace la fe, se enciende la caridad y brota la esperanza contagiosa.

¡Virgen de la Cabeza, Madre en salida, ¡llévanos a Jesús y haznos Iglesia en camino!

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Esta semana en «Al Trasluz» el «Año Jubilar Sanjuanista»

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El sacerdote y periodista Antonio Gil ofrece un nuevo artículo centrado en San Juan de la Cruz

 

Hemos comenzado a “vivir” el Año Jubilar de San Juan de la Cruz, cuya apertura tuvo lugar en el Convento de los carmelitas descalzos, sepulcro del santo, en Segovia, el pasado 13 de diciembre de 2025, con el lema tomado de un poema suyo: “La esperanza tanto alcanza cuanto espera”. Poeta y escritor mayor del Siglo de Oro, místico y doctor de la Iglesia, el “frailecito menudo” o “medio fraile”, como lo llamaba Teresa de Jesús, nos propone en esta hora los destellos de su “espiritualidad”: “Un camino de libertad interior y de amor que integra al ser humano en su totalidad: cabeza, corazón y voluntad”.

Contemplar la silueta de San Juan de la Cruz, en su Año Jubilar, nos lleva también a dedicarle un tiempo para leer despacio y con calma algunos de los 15 poemas que nos dejó, en los que nos describe su “experiencia de Dios”, expresada en imágenes que condensan toda su doctrina espiritual: “Dios nos quiere inflamar de amor y nuestra tarea es dejarnos llevar y colaborar”.

Este sábado, en la Santa Iglesia Catedral, a las seis de la tarde, la celebración de la Misa funeral en sufragio por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, presidido por nuestro obispo, don Jesús, quien dejó una corona de flores junto a las vías donde se produjo la catástrofe y este hermoso mensaje: “Necesitamos fe y esperanza para seguir caminando”.

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Fallece D. Francisco Pérez Hidalgo, sacerdote emérito en Lanjarón

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Recibirá sepultura el sábado 31 en el cementerio de este pueblo de la Alpujarra.

El sacerdote diocesano D. Francisco Pérez Hidalgo ha fallecido hoy viernes. Natural de Granada, era párroco emérito de la parroquia de la Encarnación en Lanjarón, desde el 1 de septiembre de 2014. A este templo llegó primero como adjutor en 1960, donde estuvo siete años, para regresar como párroco en 1981, y después in solidum en 1995, fecha a partir de la cual y hasta ahora ha sido emérito.

Su labor pastoral desde su ordenación el 6 de marzo de 1960 ha estado muy vinculada a las parroquias de la Alpujarra. Además de la parroquia de la Encarnación en Lanjarón, estuvo como párroco de San Juan Bautista en Nigüelas durante diez años, entre 1967 y 1977.

En este último año, fue profesor de Religión y, entre 1977 y 1981, fue encargado de la parroquia de San Sebastián de Bayacas, que compaginó también como encargado en otros destinos pastorales en esos mismos años: parroquia de Santa María la Mayor de Soportújar, parroquia de Santa María de la Cabeza en Capileira, y y parroquia de Santa Ana en Cáñar.

Asimismo, mientras fue párroco in solidum en 1995 en la parroquia de la Encarnación en Lanjarón, también fue capellán de la residencia de ancianos y de la residencia de la Escuela Hogar ambas de las Hijas de la Caridad en Granada. En estos lugares continuó su labor y vinculación hasta el final de sus días.

El velatorio está instalado en una capilla de la iglesia parroquial de la Encarnación, en Lanjarón, y la Eucaristía funeral se celebrará mañana 31 de enero, a las 10 horas, en esta misma parroquia. Descanse en paz, D. Francisco Pérez Hidalgo. Desde la Diócesis, se ruega al Señor por su alma.

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La Diócesis celebra el “Mes de la Familia” con numerosas actividades

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La Diócesis celebra el “Mes de la Familia” con numerosas actividades

“Iglesia en Córdoba” recoge en su nuevo número las distintas iniciativas que se llevarán a cabo durante estos días para fomentar la familia cristiana de la mano de la Delegación diocesana de Familia y Vida. El “Mes de la Familia” alberga desde jornadas para novios hasta para abuelos o viudos, entre otros

La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios (n. 2205 CEC). La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad (n. 2207 CEC).

El mes de febrero es el Mes de la Familia en la diócesis de Córdoba. Cada año la Delegación de Familia y Vida organiza actividades vinculadas a la familia, que albergan desde parejas de novios, hasta abuelos o viudos. En “Iglesia en Córdoba” recogemos todo lo que hay previsto, así como la actualidad diocesana.

Adjuntamos la revista íntegra: iec960

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Institución de acólito del seminarista José Gregorio Rodríguez González

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En la tarde del jueves, en el marco de los ejercicios espirituales que está realizando el clero diocesano en la Casa de Espiritualidad de Aguadulce, fue instituido acólito el seminarista José Gregorio Rodríguez González.

De origen venezolano, el joven seminarista ha cursado los estudios de Teología en el Seminario Internacional de Bidasoa. A lo largo de los últimos años ha realizado diversas experiencias pastorales durante los períodos de verano y Semana Santa, quedando finalmente adscrito a nuestra diócesis, donde desarrolla su labor pastoral en la parroquia de Vera.

Durante la homilía, el Señor Obispo subrayó el carácter profundamente vocacional de este ministerio, que dispone al candidato para la recepción del diaconado y del presbiterado, mediante los cuales quedará definitivamente incardinado en nuestra diócesis.

Al término de la celebración, el Obispo agradeció a José Gregorio su disponibilidad y entrega al servicio de la Iglesia universal, así como su decisión de vivir su vocación ministerial entre nosotros.

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La Iglesia de Jaén se une en oración contra la trata en la festividad de Santa Josefina Bakhita

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Como cada año, en la festividad de Santa Josefina Bakhita, la Iglesia en todo el mundo está convocada a unirse en oración y reflexión contra la trata de personas. Este año 2026 lo hace con el lema «La paz comienza con la dignidad» y con un llamamiento mundial para poner fin a esta grave vulneración de los derechos humanos.

En palabras del papa León XIV, la verdadera paz es amable y humilde: nace del amor y se mantiene donde se defiende la dignidad humana. La trata niega la dignidad de la persona, que es cosificada y utilizada como un objeto con un fin. Esta negación destruye la paz de las comunidades. Sin embargo, creemos que merece la pena seguir trabajando por la dignidad y la paz, porque miramos y reconocemos al otro como un hermano, una hermana, hijos de Dios, creados a su imagen.

La paz es posible cuando se defiende y se promueve la dignidad. Sabemos que el amor y el reconocimiento del otro dignifican.

Desde la Delegación de Migraciones de Jaén animamos a las comunidades parroquiales de nuestra diócesis a unirse en oración contra la trata de personas y a organizar la Vigilia de Oración.

Asimismo, invitamos a participar en las vigilias ya programadas: en Cambil, el día 31 de enero, en la Ermita del Santo Cristo del Mármol, a las 20:30 h; y en Cabra del Santo Cristo, en la parroquia de Nuestra Señora de la Expectación, el día 6 de febrero, a las 19:00 h.

Delegación de Migraciones

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DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO, por Manuel Pozo Oller

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El evangelio de san Mateo sitúa la predicación de las Bienaventuranzas en una pequeña colina cercana a Cafarnaúm. Jesús sube al monte, toma asiento, como era costumbre en los maestros de su época para enseñar con autoridad, y se dirige a los presentes con el discurso que se conoce como el sermón del monte (cap. 5 al 7). La escena evoca a Moisés y los acontecimientos del Sinaí con la novedad de que la predicación de Jesús es anuncio de la nueva alianza que supera a la ley del Sinaí.

En este domingo IV del tiempo ordinario nos detenemos en la contemplación del pórtico de este conjunto de enseñanzas (5,1-12a) que, en palabras del Papa Francisco, «son los “nuevos mandamientos”, que superan las normas y señalan el camino nuevo para hallar la felicidad» (Catequesis 20 enero 2020). Estas enseñanzas son consideradas como la “carta magna” y el “corazón del Evangelio”.

El dominico P. Garrigou-Lagrange, teólogo y filósofo francés, en su precioso tratado de Las tres edades de la vida interior, nos explica el significado de las enseñanzas de Jesús del modo siguiente: «Las ocho bienaventuranzas del sermón de la montaña condensan de modo admirable los principios que constituyen el ideal de la vida cristiana y revela toda su sublimidad». Más adelante, prosigue el autor citando a san Agustín y santo Tomás de Aquino, proponiendo un itinerario de vida espiritual que lleva a la felicidad plena: «Las ocho bienaventuranzas van en orden ascendente: las tres primeras, que harían más referencia a la vía purificativa de la vida espiritual, miran a la felicidad que se encuentra en la huida y liberación del pecado, en la pobreza sobrellevada por amor de Dios, en la mansedumbre y en las lágrimas de la contrición. Las dos bienaventuranzas siguientes, que harían referencia a la vía iluminativa de la vida espiritual, pertenecen a la vida activa del cristiano: se refieren a la sed de justicia y a la misericordia con el prójimo. Y vienen luego las tres bienaventuranzas últimas, que harían referencia a la contemplación de los misterios divinos: la limpieza de corazón que dispone a ver a Dios, y la paz que acompaña a la verdadera sabiduría. En fin, la última y más perfecta de las bienaventuranzas, es la que concentra o reúne las anteriores en el centro mismo de la persecución sufrida por la justicia; son las últimas pruebas, condición indispensable de la santidad» [Tomo I (Madrid 1975) 160 y 185].

Las Bienaventuranzas son el programa de vida del seguidor de Jesús. La felicidad, remitiéndome a la traducción del profesor Juan Mateos, la encontramos en aquellos que «no tienen el corazón apegado ni al dinero ni a las cosas, porque tienen a Dios por rey».

Manuel Pozo Oller

Párroco de Montserrat

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Concluyen los Ejercicios Espirituales del clero en Guadix

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Concluyen los Ejercicios Espirituales del clero en Guadix

 Hoy terminan los Ejercicios Espirituales para sacerdotes en la diócesis de Guadix. Un grupo de 18 sacerdotes, entre ellos el obispo accitano, han vivido unos días de oración, recogimiento, revisión interior y fortalecimiento de la fe; dimensiones todas ellas propias de los Ejercicios Espirituales. Comenzaron el domingo 25 por la tarde, en el Centro Diocesano de Espiritualidad, y finalizan este viernes, para facilitar que los sacerdotes puedan regresar a sus parroquias de cara al fin de semana.

El director de los Ejercicios ha sido el sacerdote almeriense Francisco Escámez Mañas. Escámez es canónigo archivero, delegado episcopal para las Comunidades de Vida Contemplativa, rector del Santuario del Sagrado Corazón de Jesús y capellán de la Comunidad de Religiosas Esclavas del Santísimo y de la Inmaculada.

Durante estas jornadas ha habido momentos de formación, con charlas tanto por la mañana como por la tarde. Pero también se ha reservado tiempo para la oración personal y para la celebración de los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. Y, sobre todo, ha reinado el silencio para facilitar la reflexión y el encuentro con Dios.

Este año han sido muchos los sacerdotes diocesanos que han realizado los ejercicios en Guadix. Monseñor Francisco Jesús Orozco ha sido uno más entre ellos. El obispo participó el primer día de los ejercicios en la Asamblea de Obispos del Sur, en Córdoba, pero inmediatamente después se incorporó al grupo.

Sin duda, para todos, y especialmente para los presbíteros, los Ejercicios Espirituales son una oportunidad privilegiada para crecer en la fe, en el compromiso pastoral y en la vida interior.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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La tragedia del Tarajal, en el centro de una jornada conmemorativa

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La Fundación Spínola Solidaria y la Fundación La Merced Migraciones, junto a la asociación Biznegra, convocan una jornada de conmemoración este sábado 31 de enero en torno a lo acontecido en el Tarajal en 2014, donde murieron 14 jóvenes pretendiendo llegar a las costas de Ceuta.

Con esta iniciativa se unen a la XIII Marcha por la Dignidad que, desde entonces, se viene desarrollando cada año en su recuerdo en la ciudad de Ceuta. Este se cumple el 12 aniversario de esta tragedia, y han elegido el lema «Tarajal, nunca más. El racismo mata. La memoria resiste». 

La jornada se celebra en el Colegio de las Esclavas de calle Liborio García, da comienzo a las 10.00 horas con la acogida y tendrá espacio para talleres, teatro, comida-taller africana y acto en la Plaza de la Constitucioón, a las 18.00 horas.

Esta jornada pretende conmemorar el dramático acontecimiento. Como expresan en la convocatoria: «El objetivo es mantener viva la memoria de lo que ocurrió, seguir exigiendo vías legales y seguras para que sea respetado el derecho a migrar frente a las políticas migratorias racistas que niegan y rechazan este derecho generando miles de muertes cada año. Para todo ello, hemos desarrollado una jornada que contará con la presencia de Youssef M. Ouled, periodista colaborador en diferentes medios de comunicación e investigador experto en racismo y discriminación racial, que analizará el racismo en toda su dimensión, exponiendo el impacto en nuestra sociedad y el rol que juega ésta en combatir el mismo. Con el deseo de seguir dando pasos y trasportarnos a otra dimensión más emocional se representará la obra de teatro “Soy Frontera” de la mano de Lorena Avilés, actriz y graduada en Educación Social. Y terminaremos la jornada con una concentración en la Plaza de la Constitución donde se dará lectura al manifiesto con el que exigimos justicia tras 12 años de impunidad. Una jornada para hablar de fronteras que matan y que persigue, de manera pública, hacer memoria, pedir justicia mostrando indignación y exigiendo la no repetición».

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