Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía celebrada en el domingo XXV del Tiempo Ordinario, el 20 de septiembre de 2026, en la S.A.I Catedral.
Queridos sacerdotes concelebrantes y diácono,
Queridos seminaristas,
Queridos hermanos y hermanas en el Señor,
¿Qué nos trae la Palabra de Dios en este domingo XXV del Tiempo Ordinario? ¿Qué nos trae? El libro de Isaía, nos ha invitado a buscar al Señor mientras se deja encontrar. A invocarlo mientras está cerca. Y el Señor está siempre cerca de nosotros. Vamos a invocarlo, pidiéndole desde el fondo de nuestro corazón que nos dé luces para comprender esta palabra que nos pone como manjar en esta mesa de la Palabra. En esta primera parte, en la Liturgia de la Palabra.
El Señor nos invita a que adquiramos su lógica. Ciertamente, el Evangelio tiene muchas cosas que no entran en la lógica humana. Nos presenta un Dios que se ha hecho esclavo de todos. Nos presenta un Dios que no es el que viene con la fuerza para dominar, sino que viene para servir.
Nos presenta un Dios que habla de amor, de perdón, de generosidad, de comprensión. Nos presenta a un Dios que dice que los últimos son los primeros y los primeros son los últimos. Nos presenta un Dios que, en su enseñanza, andando por nuestros caminos en Palestina, nos invita a estar desprendidos, a ser pacíficos, a vivir con limpieza de corazón, a buscar la justicia.
Nos presenta a un Dios que trae otra lógica, otra manera de entender la vida. Jesucristo, el Hijo de Dios, hecho hombre, la palabra que se ha encarnado. Nos muestra el rostro de Dios, que es un Padre de misericordia. Que es el Padre que sale a buscar al hijo pródigo.
Esta es la lógica de Dios, la de los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. Esta enseñanza de la parábola que acabamos de escuchar. Ahora nos toca, queridos amigos, contrastar nuestra vida y nuestra lógica con la lógica de Dios, con la lógica de Jesús, que es la lógica de la cruz.
Ya san Pablo, en el comienzo de la primera Corintios habla de que es locura, de que es necedad, pero es la sabiduría de Dios, de un Dios que se ha hecho niño. Un Dios que ha pasado por el destierro. Un Dios que ha vivido vida oculta en el trabajo sencillo de Nazaret. Un Dios que sale a predicar por nuestros caminos y sabe de nuestros cansancios. Un Dios que ha asumido nuestra humanidad menos en el pecado. Un Dios que se ha dejado coser en una cruz, llevando sobre sí, siendo él puro y el inocente, los pecados del mundo. Que como el grano de trigo que cae en tierra y muere, da fruto.
Un Dios que se ha encarnado. Un Dios que ha pasado por la Cruz. Ese es el Dios cristiano. Y esa es la lógica cristiana, que no es la del poder del dinero, la de las grandes manifestaciones, la del espectáculo, sino que es un Dios de los sencillos, de los pobres. Precisamente Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, alaba al Padre porque se ha revelado a los pequeños y a los sencillos, y no a los sabios y entendidos.
Luego, queridos amigos, ¿en qué lógica estamos nosotros? Como dirían desde el punto de vista informático, ¿qué sistema operativo tenemos nosotros en nuestro corazón? En es la lógica del mundo, que el Papa Francisco llamaba la mundanidad o la lógica de Dios, que es la del perdón, la de la misericordia, la de la generosidad. Esa es la pregunta que tenemos que hacernos. Porque nuestra vida, que ha sido conformada con Cristo, por los sacramentos, por el bautismo, nuestro ser… Hemos sido cristificados. Exige que haya en consecuencia, una vida que responda precisamente a lo que somos.
El obrar sigue al ser. Y aquí, queridos hermanos, la distancia entre los buenos propósitos y las acciones es mucho trecho. Aquí es una cosa lo que decimos y otra es la que hacemos. Aquí la coherencia… Quizás el peor pecado, muchas veces, de los cristianos, está presente. Incluso nos hemos inventado hasta un tipo de cristiano, creyente, pero no practicante.
En el cristianismo no hay discípulos online o discípulos teóricos. O se sigue a Jesús o no se sigue. Quien me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Es una fe que se tiene que mostrar en las obras, no en las buenas intenciones. No podemos ser cristianos solo de cabeza, como si el resto de nuestra existencia estuviera al margen.
El cristianismo no es una ideología, es seguir a Jesucristo. Y es lo que nos muestra San Pablo en la segunda lectura. Hasta el punto de que Cristo es lo central en su vida, prefiere estar incluso con Cristo. Dice que es lo más bueno. Su vida es Cristo, como tiene que ser la nuestra. Opta por permanecer de manera necesaria para los cristianos, pero su deseo es estar con Cristo para siempre.
¿Y eso por qué? Porque piensa según Cristo y no según el criterio humano de “comamos y bebamos”. No el de que todo se acaba. No el del dinero, no el del poder. Pensemos esto y saquemos las consecuencias para nuestra vida. Dejémonos iluminar y el Señor a todos ha salido a buscarnos. El Señor no quiere nadie ocioso en su viña.
La viña es una imagen bíblica del pueblo de Dios, es una imagen bíblica de la Iglesia. Los ejemplos tomados del mundo de la agricultura suelen estar presente en la predicación de Jesús. Acordaros la del sembrador. Pero siempre busca que demos fruto. Incluso maldice aquella higuera a la que va a buscar fruto y no lo encuentra, a pesar de la frondosidad que tiene.
El Señor viene a buscar fruto en nosotros, como viene a buscar a su viña. Jesús no quiere cristianos ociosos, cristianos de brazos cruzados. En el cristianismo no hay clases pasivas. Lo que tenemos que buscar y tenemos que responder en la hora en la que el Señor nos viene a buscar y llamar. Y nos dará a todos lo que nace de su generosidad y de su misericordia.
Porque la justicia de Dios es muy distinta a la nuestra. Es una justicia de perdón, de misericordia. Queridos amigos, ¿cómo está nuestra viña O, mejor dicho, ¿somos de la clase pasiva, estamos en paro en la Iglesia Todos estamos llamados a responder y a ser llamados por el Señor, a trabajar. El Papa Benedicto XVI, cuando salió al balcón de la Logia de San Pedro el día de su elección, dijo precisamente esto: “Soy un humilde servidor en la viña del Señor”.
Nosotros somos, realmente, ¿trabajadores en la viña del Señor? Todas estas preguntas, que me las hago a mí también, os las hago a vosotros. Vivamos con la lógica de Dios. Respondamos con generosidad, demos fruto. No seamos de la cofradía de creyentes y no practicantes, porque esa no está en el Evangelio. Y de una vez, pongámonos, aunque nos cueste, aunque es difícil, aunque parece que es imposible, a seguir a Jesús en serio. Lo hemos hecho muchas veces, seguro que sí. Retomémoslo y veréis cómo cambiamos y cambia nuestro mundo.
Vamos a mirar a la Virgen. La Virgen también en una lógica muy especial. Cuando en el Magníficat dice Dios derriba el trono de los poderosos y a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Luego, esa lógica del Evangelio es nuestra lógica. También, en términos informáticos, habrá que resetear el disco y volver al original cristiano, que es lo que nace de nuestro bautismo. Que se llama santidad. Vamos a trabajar en la viña del Señor y veréis como daremos fruto con su ayuda.
Que la Virgen nos ayude y adelante en el comienzo de este curso, con el amparo de la Santísima Virgen de las Angustias, que seguro nos está ayudando, nos ha ayudado, nos ayudará.
Así sea.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
20 de septiembre de 2026
S.A.I Catedral
Ver este artículo en la web de la diócesis