“Merece la pena abandonarse completamente en el Señor”

Testimonio vocacional de Pablo Moreno Gómez, seminarista del Seminario menor San José.

Me llamo Pablo Moreno Gómez y tengo 17 años. Nací en el pueblo de Cieza, en el seno de una familia católica, por lo que fui bautizado a los pocos meses de nacer en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Durante mi niñez iba a misa con mis padres y me llamaba muchísimo la atención aquel hombre de blanco, al que todo el mundo miraba y hacía unas cosas raras, pero también me llamaban la atención aquellos niños que le ayudaban en lo que estaba haciendo y sentía ese deseo de querer ayudarle. Así que, cuando fui un poco mayor, le pedí al párroco que me dejara ser monaguillo y así estar más cerca del sacerdote y sobre todo de Jesús.

Un día, unos años más tarde, en una convivencia con un grupo de chavales de mi pueblo, un viejo amigo mío, que por aquel entonces estaba haciendo una experiencia con el seminario, me invitó a conocerlo, ya que yo ya había dicho, desde que comencé como monaguillo, incluso antes, que quería ser sacerdote. Mi madre se puso en contacto con el seminario a través de mi párroco y finalmente hice esa primera experiencia el día 7 de mayo de 2011, coincidiendo con la fiesta de la Reina de los Corazones, patrona del Seminario mayor San Fulgencio.

Cuando se acabó el curso en junio, a pesar de que yo aun sentía esa llamada al sacerdocio, me alejé no sólo del seminario sino también de la Iglesia, por varias circunstancias familiares adversas. Además, comencé a salir con amigos alejados de la práctica religiosa salvo por su participación en la Semana Santa como miembros de una cofradía, al igual que yo.

Pasados un par de años, más o menos, mi madre y yo comenzamos a formar parte de un grupo de la Renovación Carismática, en la parroquia de San Joaquín, que hizo que ambos volviéramos a la Iglesia y que yo comenzara las catequesis para la Confirmación. Durante ese período, aunque a veces no lo notaba o me hacía el loco, volví a sentir esa llamada al sacerdocio, continuaba sintiendo ese “run-run”, ese ronroneo en mi corazón. Muchas veces intentaba responder, pero había familiares muy cercanos que me decían que era muy pequeño y que no sabía lo que quería, o yo mismo era el que me quitaba la idea de la cabeza convencido de que debía de formar una familia y hacer una carrera que me diera “un buen futuro”.

En mayo del año 2016, empujado por la necesidad de aclarar mis dudas, le dije a mi madre que quería ir al seminario. Ella, aunque con miedo, aceptó y nos reunimos en Murcia, en el seminario mayor, con el rector Sebastián Chico y el formador del seminario menor Jesús Sánchez. Ellos me invitaron al campamento de verano y a un viaje a Fátima donde confirmé mi vocación y mi deseo de entrar en el seminario.

Desde el curso 2016/17 formo parte de la comunidad del Seminario menor San José y ha sido un tiempo de crecimiento personal y espiritual grandísimo, aprendiendo y adquiriendo valores fundamentales, dándome cuenta de que el Señor es quien me acompaña y protege por los caminos por los que Él mismo me guía. Aunque a veces me cueste, me doy cuenta de que merece la pena abandonarse completamente en el Señor y que sea Él quien maneje y sustente las riendas de mi vida, participando de la experiencia de gracia que narra San Pablo cuando dice: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí.” (Gal 2, 20).

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