Junto al enfermo y en la enfermedad, sostenidos por la fe Destacado

Eucaristía en Granada con la Hospitalidad Granadina Nuestra Señora de Lourdes y la Pastoral de salud con la que se inició la Campaña del enfermo y en la que se administró el sacramento de la Unción de enfermos, con la posterior celebración de la procesión de la imagen de Lourdes y de las antorchas, y el rezo del Santo Rosario.

La iglesia de San Agustín acogió abundantemente en la tarde del domingo día 18 a los miembros –voluntarios, enfermos y familiares- de la Hospitalidad Granadina de Nuestra Señora de Lourdes y Pastoral diocesana de la salud, junto a fieles en general, para celebrar la apertura de la Campaña del enfermo, que comenzó el pasado día 11, en la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, y se llevará a cabo en el VI Domingo de Pascua.

Con la esperanza cristiana y confiados en que la prueba de la enfermedad está sostenida en roca firme, que es Cristo, que dio su vida por cada uno, y ante la imagen de Nuestra Señora de Lourdes, los enfermos, familiares, miembros de la Hospitalidad y fieles en general se congregaron en torno al altar para participar en la Eucaristía presidida por nuestro arzobispo D. Javier Martínez. Junto a él, concelebraron los sacerdotes vinculados a la Hospitalidad, entre ellos su consiliario y delegado diocesano de Pastoral de la salud, D. José Gabriel Martín Rodríguez, y el párroco de la iglesia que les acoge, D. Francisco Fernández Adarve.

UNCIÓN DE ENFERMOS
Además de la Consagración del pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, los fieles vivieron uno de los momentos más emotivos y llenos de verdad en la experiencia del amor de Dios a través de la prueba de la enfermedad durante la unción de enfermos, administrada en la frente y manos de quienes lo solicitaron por nuestro arzobispo y por los sacerdotes concelebrantes.

Asimismo, antes de la bendición final, se dio lectura al nombramiento de la Presidenta de la Hospitalidad Granadina, Adela García, reelegida por otros cuatro años, se anunció la formación del equipo de trabajo en las distintas comisiones y se entregaron las medallas a los nuevos miembros incorporados.

PROCESIÓN DE LAS ANTORCHAS
Posteriormente, los miembros de la Hospitalidad, enfermos y sus familiares, voluntarios y fieles en general vivieron en comunión con el santuario de Nuestra Señora de Lourdes uno de los momentos más destacados para quien peregrina a este santuario mariano: el rezo del Santo Rosario y la procesión de las antorchas. Y es que mientras la sagrada imagen de la Virgen recorría la nave central en la parroquia de San Agustín, se rezó el Santo Rosario, encomendando cada Misterio por una intención y petición, acompañados por las velas encendidas que se elevaban en la alabanza a María, al final de cada Misterio rezado.

“TU DOLOR ES MI DOLOR”
En sus palabras durante la Eucaristía, nuestro arzobispo D. Javier subrayó el lema de este año de la Hospitalidad: “Acompañar a la familia en la enfermedad”. En este sentido, D. Javier Martínez recordó que “no somos individuos, sino seres humanos conectados con otras personas”. “Mi enfermedad no es sólo mi enfermedad porque todos estamos unidos por un montón de lazos. Tu enfermedad es mi enfermedad, tu dolor es mi dolor. Tu anhelo de Dios es parte de mi anhelo de Dios”.

Con respecto a la liturgia del día en el I Domingo de Cuaresma (Marcos 1, 12-15), nuestro arzobispo recordó que en el combate entre el bien y el mal, “nunca la humanidad ha vencido”. Sin embargo, “Jesús ha abierto el Paraíso de nuevo. Con la llegada de Jesús llega el Reino de Dios. Y el Reino de Dios es el Cielo”. Esto cambia toda nuestra vida, empezando por la conciencia a la hora de celebrar y participar en la Eucaristía –la entrega de Cristo por nuestras vidas-, hasta el punto de que “vivir es otra cosa”, también como enfermo, porque “ni la enfermedad ni la muerte tienen la última palabra sobre nosotros. Ese es el misterio de Cristo”.

En la oración litúrgica del I Domingo de Cuaresma se oró para crecer en el misterio de Cristo y para que lo vivamos en su plenitud. Ese misterio de Cristo –recordó nuestro arzobispo- es: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo. No ha venido el Hijo de Dios a condenar al mundo, sino que el mundo se salve por Él”, siendo “el mundo” cada uno de nosotros, creados por el amor infinito de Dios, que ha entregado a su Hijo para sanar nuestras heridas y pecados. Heridas que el mundo contemporáneo sufre en forma de soledad y desamor, y que sanan sólo en el amor de Dios por cada persona, en un lugar concreto que es la Iglesia.

Paqui Pallarés