Indulgencia Plenaria sacerdotal con el Maestro san Juan de Ávila Destacado

Con un marcado carácter extraordinario y de comunión eclesial, un nutrido grupo de sacerdotes diocesanos peregrinaron juntos a Montilla, la ciudad de san Juan de Ávila, que celebra su Año Jubilar en el 450 aniversario de la muerte del Maestro, que es patrón del clero español. Una jornada para festejar al patrón en la que, como es tradicional, se felicitaron también a los sacerdotes que celebran este año sus 25 y 50 años de Ordenación como presbíteros.

El Seminario Mayor fue el punto de encuentro en una jornada que comenzó a primera hora de la mañana. Allí estaba ubicado a las puertas del Seminario el autobús que trasladaría a una parte del clero granadino, junto con nuestro arzobispo D. Javier Martínez, hasta Montilla, donde se unieron a la convocatoria más sacerdotes llegados desde nuestra diócesis.

La jornada comenzó con aire festivo, fraterno y de comunión eclesial. Y no es para menos, pues los sacerdotes, una vez en Montilla, pudieron visitar la Casa de San Juan de Ávila, donde el Maestro vivía, oraba y entregaba su último aliento al Señor; y también pudieron obtener indulgencia plenaria participando en la Santa Misa que concelebraron con nuestro arzobispo en la Basílica y con las disposiciones que establece la Iglesia, de perdón de los pecados, comunión y oración por las intenciones del Santo Padre.


VIRGEN MARÍA

“Día de convivencia, de estar juntos y de disfrutar todo el día que el Señor nos regala”. Fue el deseo expresado por nuestro arzobispo al inicio de esta jornada, que arrancaba también de la mano de María, en su fiesta de Nuestra Señora de Fátima. Y de la mano de María –espejo de nuestra vida y cuya vocación es la vocación de la Iglesia, recordaba Mons. Martínez- fueron recorriéndose los kilómetros hasta llegar al lugar jubilar. “Celebramos la alegría del triunfo victorioso y final de Jesucristo sobre el pecado, el mal y la muerte; un triunfo que repercute en nuestra vida”, les decía Mons. Martínez a los sacerdotes mientras rezaban juntos la oración de la mañana.

Los presbíteros, que tienen en san Juan de Ávila un modelo y guía al que seguir para vivir su vocación sacerdotal, pudieron orar en la pequeña capilla ante el Santísimo Sacramento, así como recorrer las estancias –también la habitación en la que expiraba su vida- de esta pequeña y significativa casa del Maestro, para quien Cristo era centro de su vida, y la Eucaristía, la Virgen María y la Iglesia, lugares de su amor a Dios.

EUCARISTÍA JUBILAR
El centro de la celebración jubilar con la que el clero granadino festejaba san Juan de Ávila tuvo lugar en la Basílica Menor Pontificia, donde está enterrado el Doctor de la Iglesia. Allí, los sacerdotes concelebraron la Eucaristía presidida por Mons. Javier Martínez, que fue también de acción de gracias y petición de fidelidad a la vocación dada por Dios para el cuidado del pueblo cristiano.

Previo a la Santa Misa jubilar, la Basílica acogía también el sencillo y agradecido acto dedicado a quienes este año cumplen sus bodas de oro y plata sacerdotales. Cincuenta años de sacerdocio de D. Eduardo Martín Ramírez, D. Manuel Velázquez Martín, D. José Granados Puerto, D. José María Fernández de Haro, D. Amador García Molina y D. Serafín Castellano López. Y 25 años de sacerdocio de D. Francisco Javier Espigares Flores, D. José Luis Rodríguez Pulido, D. Francisco Manuel Sánchez Ramírez y el padre Héctor Andrés Luna. Un acto en cuya apertura el sacerdote D. Santiago Hoces quiso compartir con sus hermanos presbíteros un poema dedicada al Maestro Ávila. En este marco también se celebró el XXXIV aniversario que nuestro arzobispo D. Javier Martínez celebró el pasado 11 de mayo de Ordenación Episcopal.

Tras Montilla, la jornada sacerdotal continuó en Loja, donde los sacerdotes pudieron ver la restauración llevada a cabo en la iglesia de Santa Clara, explicada por su párroco D. Juan Carlos Hidalgo, y rezar juntos la oración vespertina de las vísperas.

Una oración que dio paso al silencio de agradecimiento a Dios por el día de convivencia, comunión y fraternidad vivida de la mano de san Juan de Ávila, para ser guiados por el Maestro en la misma vocación que él tenía de llevar a todos los hombres de este tiempo hasta Dios, administrando los sacramentos y acompañando en el camino de la vida iluminada desde la fe hacia el Destino de cada ser humano que es Dios mismo.

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Paqui Pallarés
Directora Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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