Siguen las fiestas en este tiempo de Pascua

Terminó la Semana Santa, algo pasada por agua en nuestra tierra, aunque no tanto como en otros lugares. Ha comenzado el tiempo de Pascua, tiempo de resurrección, de alegría, de fiesta… Y así es como se presenta esta semana que ha comenzado, marcada por las fiestas. San Marcos, con sus roscos y bendiciones de campos, y la Virgen de la Cabeza, llaman a la puerta y nos invitan a seguir de celebración durante una semana más.

Es tiempo de Pascua. La Iglesia nos anima a celebrar que Cristo resucitó y sigue vivo entre nosotros. Tenemos por delante 50 días para vivir esa alegría y ojalá que sea así. Aunque estemos marcados por los atentados que han sufrido otros cristianos, como nosotros, en Sri Lanka, cuando celebraban su fe, como nosotros hemos hecho en estos días en nuestras parroquias. Nos duelen como propias, aunque esas heridas se hayan producido lejos de aquí. Pero confiamos en Cristo resucitado, que será vida para todos esos fallecidos y que es esperanza para todos nosotros.
Y en plena Pascua, volveremos a celebrar, un año más, a San Marcos y a bendecir los roscos y los campos. Son muchos, muchísimos, los pueblos de nuestra diócesis que celebran a San Marcos para pedir buenas cosechas y protección para los animales. Y habrá procesiones y, en Lugros, el potaje, que volverá a alegrar el paladar de cientos de personas de toda la comarca.
Y para el fin de semana, celebraremos la Virgen de la Cabeza, que también tiene un peso importante en la vida de muchas de nuestras parroquias: Zújar, Cúllar, Benamaurel, Exfiliana, Jérez del Marquesado, Cogollos,…. la lista es interminable. Cuando la Iglesia se prepara 'para celebrar el mes de mayo como mes de la Virgen, en el último domingo de abril nos adelantamos, con esta fiesta en torno a la Virgen de la Cabeza, honrando a nuestra Madre.
La Iglesia, con la Pascua y con estas fiestas, y otras que vendrán, nos invita siempre a dejarnos llevar por la alegría de la fe. Creer no es estar serio y mucho menos triste. Al contrario, creer significa dejarse llevar por la alegría del Resucitado, por la esperanza de la victoria sobre la muerte, por la confianza del encuentro con Cristo vivo. Es lo que experimentaron aquellos primeros discípulos tras la resurrección del Señor y es lo que la Iglesia sigue viviendo, dos mil años después. Disfrutemos de la fiesta.
Antonio Gómez

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