“No creamos que con la confirmación hemos alcanzado la plenitud de nuestro ser cristiano, porque no es así” Destacado

Parece que hace falta una nueva comprensión de qué significa la iniciación cristiana.

Pues sí. Desde hace unos años, la Iglesia viene subrayando la necesidad de entender que la iniciación cristiana no termina con el sacramento de la comunión y que, al menos sacramentalmente, llega hasta la confirmación, porque la vida de fe no termina ahí. No caigamos en la tentación de creer que con la confirmación hemos alcanzado la plenitud de nuestro ser cristiano, porque evidentemente no es así. Es necesario, por tanto, un cambio de mentalidad que no es fácil. Tal vez, el hecho de haber acercado el sacramento de la confirmación al de la comunión haya sido un primer paso, aunque algunos discrepan de este cambio pedagógico, pero yo creo que es una oportunidad para que se aprecie la iniciación cristiana como un conjunto.

¿Qué niños se están acercando a nuestras parroquias?

En líneas generales, nos estamos encontrando a niños con dos circunstancias particulares: la primera de ellas es la de la escasa formación religiosa que han recibido en el ambiente familiar. Muchos niños no saben persignarse porque nadie se lo ha enseñado. Eso ocurre también con oraciones como el Padre Nuestro o el Ave María, por no hablar del Credo o el Gloria. Éste es el sentido de incorporar a las parroquias el Despertar de la Fe. Por otro lado, tal y como revela una encuesta que hemos hecho a nivel diocesano, cada vez hay más niños que están en el proceso de la iniciación cristiana y que no están bautizados, por lo que tenemos que incluir también esa formación. El escenario ha cambiado y estos dos perfiles que acabo de describir ponen de manifiesto que los niños que nos encontramos hoy no tienen nada que ver con los de hace 10 o 20 años.

El niño va a catequesis de la mano de su padre y de su madre. Nuestro Obispo habla en su carta pastoral para este curso de acoger a la familia en su conjunto.

Podemos tener dos miradas: una más recelosa, en forma de exigencia, es decir, “el niño tiene que…; tú, como padre, tienes que…”. Yo creo que ésta hay que mantenerla en el sentido del compromiso que ambos, especialmente los padres, tienen que asumir. Pero también nuestro Obispo nos invita a tener una mirada en la que observemos la oportunidad, sobre todo, para presentar la buena noticia de Jesús. Es acoger con caridad evangélica y contemplar en ello un escenario de primera evangelización. Combinar esos dos elementos no es fácil, pero hay que tenerlos en cuenta.

Otros dos objetivos para este nuevo curso son el de los nuevos agentes de pastoral y la formación.

Nosotros en la delegación estamos muy ilusionados con estos objetivos y queremos aportar nuestro granito de arena en el sentido de la renovación de los agentes en la catequesis, que es una necesidad y casi me atrevería a decir que una obligación. Desde ahí también hay que proponer un nuevo modelo pedagógico en la catequesis, no tan atado a lo doctrinal y al libro, sino procurando experiencias de encuentro con Jesús, con el Misterio, con la Eucaristía, la iniciación a la oración y a la caridad. Todo eso hay que incorporarlo, pero para eso necesitamos catequistas con otra mentalidad, claro que eso no significa que haya catequistas ya consagrados que puedan ir cambiando y poniendo en práctica un modelo de catequesis más equilibrado. Pero para generar esos nuevos agentes es necesaria la formación y, desde la delegación, queremos poner en marcha este año unos cursos de formación básica que tendrán una duración de dos años para favorecer así que los catequistas de toda la diócesis se puedan incorporar. Huelva, Trigueros y Corteconcepción son los tres centros escogidos para impartirlos y facilitar así que quien esté interesado pueda acudir. Sin duda, esto ayudará a los catequistas a prepararse y a renovarse.