Huelva, en la senda de Murillo con una exposición sobre Tovar y la Divina Pastora

La Sala de la Provincia de la Diputación de Huelva acogerá entre los días 22 de enero y 9 de febrero la exposición “En la senda de Murillo: Tovar y la Divina Pastora”.

A propósito de la restauración de la pintura de la Divina Pastora atribuida a Alonso Miguel de Tovar (1678-1752) y conservada en la Parroquia de San Sebastián de Higuera de la Sierra, así como por la celebración del Año Murillo, la Diputación de Huelva organiza esta muestra, con la que pretende dar a conocer aún más la figura de este pintor higuereño, uno de los mejores discípulos del maestro hispalense que por la excelencia de su técnica y la fidelidad al estilo imperante fue reclamado por Felipe V e Isabel de Farnesio, pasando largos años de su vida en la Corte de Madrid.

Tovar ha sido siempre conocido por su vinculación con la devoción de la Divina Pastora, advocación mariana que ideó el capuchino fray Isidoro de Sevilla en 1703 y que en el citado pintor encontró a su más célebre representante artístico, de tal modo que, análogamente, lo que es Murillo para la Inmaculada, lo es Tovar para la Pastora. Ciertamente, la iconografía pastoreña es una metáfora singular de latencia murillesca que persuade con la paradoja de la Virgen ataviada de Pastora, apacentando tiernamente a la grey, figura eclesial de honda raíz bíblica. Los ángeles en ademán de coronarla acentúan el contraste de la visión de la mediación de la Virgen -con pellica, sombrero y cayado- a modo de pastorado y la realeza de la misma simbolizada en la presea celestial. Esta se halla relacionada con las rosas que le ofrecen las ovejas, alegoría de las avemarías que rezan en el ejercicio del rosario o de la corona los miembros de la hermandad y con cuya recitación coronan las sienes de la Divina Pastora. Igualmente, el arcángel san Miguel, mayoral del rebaño, al oír la invocación del avemaría sale en defensa de la oveja acechada por la fiera demoníaca.

En este sentido, la muestra adquiere el carácter antológico sobre el pintor y la advocación mariana en concreto, por lo que todas las obras se hallan en relación a ambos. La organización de las mismas se divide en tres secciones que responden tanto al modelo pictórico propio de Tovar como a su influencia a lo largo de los siglos y a otros modelos diversos de pintores contemporáneos al artista.

El modelo pictórico de Tovar

El hecho de que se le atribuyan numerosas pinturas sobre el trasunto llevó a considerársele como el “pintor de la Pastora”, apodo que, ciertamente, comparte con otro pintor contemporáneo suyo, Bernardo Lorente Germán. Procurando seguir la evolución artística del pintor, se han escogido varias obras que representan su etapa de juventud, los años cortesanos y la senectud. De la primera destacan las versiones del Thyssen de Málaga, la de Higuera y las de las colecciones particulares de Cantillana y Sevilla. De la etapa cortesana se halla la pintura -paradigma de las demás- del simpecado de Osuna, dos cobres, una acuarela y el lienzo de una colección particular de Cantillana, muy fiel al modelo citado y próximo al del Museo del Prado. Finalmente, la pintura de Cortelazor, la única firmada por el artista, es el colofón de su trayectoria vital, si bien más modesta que las anteriores.

La influencia del modelo de Tovar

La impronta murillesca de la imagen construida por Tovar supuso el éxito de su aceptación y la latencia de su imitación por otros artistas, no solo en pintura, sino también en escultura, cerámica y calcografía. Su discípulo, Ruiz Soriano, es buen ejemplo de ello, hallándose en la sala varias obras relacionas con él, especialmente el retrato del mentor de la devoción con un cuadro que sigue el modelo de Tovar. Dos obras de un seguidor muy aventajado emulan el trasunto pero con los ángeles volanderos a punto de coronar a la Divina Pastora. La preciosa terracota de Cristóbal Ramos de El Coronil es un excelente ejemplo de la traslación del modelo tovareño a la escultura. Del inicio del siglo XIX destaca el simpecado de la Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana que acompaña a los otros dos de Higuera del siglo XVIII. De este mismo siglo sobresalen las versiones de Las Granadillas, la de una colección privada de Sevilla y la del historicista Eduardo Cano. En el siglo XX, el capuchino Juan B. de Ardales reanimó la producción artística pastoreña teniendo como referente una versión de Tovar conservada en el Convento de Capuchinos de Sevilla, fuente de inspiración para artistas como Sebastián Santos, Juan Antonio Rodríguez y Enrique Orce. Este último hizo la bella composición de la Divina Pastora con el Niño, reproducido en litografía y cerámica.

Otros modelo de pintores contemporáneos a Tovar

La enorme popularidad de la devoción pastoreña desde sus inicios hizo que estuviera presente en la obra de los máximos representantes de la pintura sevillana del siglo XVIII: Lorente Germán, Domingo Martínez, Juan de Espinal y Andrés Rubira. Del primero hay pinturas tan interesantes iconográficamente como la de la Parroquia de Brenes, con triple corona; la del simpecado de la hermandad primitiva, una de las mejores del autor; una de sus últimas obras, de Cantillana; y otra de la misma localidad sevillana en la que la Pastora aparece con el Niño, alteración compositiva de la que fue contrario fray Isidoro, puesto que la figuración cristológica se daba en la oveja de la diestra de la Virgen, siendo el Cordero del Apocalipsis, “amansado” por la mediación materna de la Divina Pastora.

De Domingo Martínez podemos observar a la Virgen mirando fijamente al espectador, mientras los ángeles juegan entre las ovejas o revolotean subiéndose por los árboles. A veces, como en la de Algodonales, la representa con una guirnalda de flores, evocación de la corona o el rosario. Por su parte, Rubira sigue el modelo del maestro Martínez conservado en los Capuchinos de Sevilla. En la obra inédita que aquí se expone, de Cantillana, se observa el detalle simpático del ángel que reposa sobre la oveja con una rosa en la mano y un lazo en el pelo.

La muestra acoge varios libros significativos para la devoción pastoreña: los dos con los que Soriano retrató a fray Isidoro, La Pastora Coronada y La Mejor Pastora Assumpta, obras con las que el capuchino misionero fundamentó teológicamente su feliz “ocurrencia”. También la célebre obra de Ardales, publicada en 1949, acicate titánico para el conocimiento histórico de la devoción. Finalmente, se podrá ver la partida de bautismo de Tovar, en cuyo margen izquierdo se hace alusión a los dos aspectos que lo lanzaron a la fama: pintor de Corte y la Divina Pastora.

Álvaro Román Villalón
Comisario de la exposición