La mujer migrante protagonista del Círculo de Silencio de marzo

Este martes recreamos el viaje de las mujeres migrantes desde su lugar de nacimiento hacia aquellos lugares donde creen que puedan tener una oportunidad para ellas mismas y sus familias.


Simulamos el itinerario desde África hasta la frontera sur pero podría ser el camino de las mujeres de Centroamérica que van hacia la frontera de México con EEUU o aquella de Haití con Dominicana, tres de las fronteras más duras del mundo donde tantas personas pierden la vida buscando un futuro mejor.
En todo el proceso migratorio la mujer requiere un capítulo especial. La instrumentalización de la mujer en las rutas migratorias constituye una de las mayores conculcaciones de los derechos humanos que existen.
De algunos países como Nigeria, la mujer sale dentro de una red de trata de personas de la que es muy difícil salir incluso cuando se llega al país de destino. La deuda contraída con las mafias junto con amenazas con rituales de magia negra se convierten en armas de control que ejercen un inmenso poder sobre la mujer migrante. La mujer se convierte en víctima de violaciones sistemáticas en el camino, siendo violadas tanto por las fuerzas de seguridad como por bandidos en el desierto, siendo escogidas también como compañeras sexuales a cambio de protección en la ruta.
Seguimos la ruta desde la salida con la mochila llena de duelo por dejar la familia pero también con la ilusión de un sueño de una oportunidad, continuamos con el paso terrible del desierto, la espera en el bosque buscando la oportunidad de pasar la frontera y el paso de ésta lleva al país elegido donde se produce el encuentro con personas que acogen y acompañan.
Ante las voces que excluyen y proclaman el miedo al diferente tenemos esperanza en las pequeñas iniciativas de acogimiento a personas, de espacios seguros donde compartir con hermanos y hermanas que vienen cansados para buscar un futuro mejor, como es la Casa Ítaca en Sevilla, como es Elin en Ceuta, como es la casa de Poblado Mundo, como son los pisos de Jaén Acoge, como es el proyecto Rajab, como es la casa de Acogida Nuestra Buena Madre, como es el Hogar de Santa Clara de Cáritas.
Tanta gente pequeña en lugares pequeños construyendo puentes, puentes de comunicación y diálogo, puentes de solidaridad.
Somos una familia unida a muchas otras personas y grupos, entre otros, todos los que estamos aquí. Todos y todas somos acogida, puente, diálogo, abrazo, que unidos y unidas formamos una gran familia.
Esta es nuestra fuerza.
Red Jaén ciudad abierta
Fotos: Fernando Mármol