El profesor José Francisco del Corral, nuevo doctor en Teología

El profesor de Filosofía de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, José Francisco Del Corral, ha defendido su tesis doctoral en Teología en la Facultad de Teología de Granada el 14 de marzo. Su trabajo sobre San Ireneo, que lleva como título "El Padre, único Dios y creador, autor y fin de la economía", ha obtenido la calificación de sobresaliente.

«¿Qué me ha aportado la teología? Sintetizo la respuesta con esta frase: disfrutar y fortalecer la fe, coronando mi labor como profesor de filosofía»

¿Cual es el tema central de su investigación?

El tema de la tesis, resumiéndolo, es Dios Padre Creador y Dios Padre Salvador en uno de los primeros Padres de la Iglesia, San Ireneo de Lyon (s. II), con él que comienza verdaderamente la teología cristiana. Esto me ha llevado a hablar en la tesis de muchas cosas, pues Ireneo desarrolla su teología del Padre como respuesta a los gnósticos y a Marción, que negaban la identidad entre Dios Padre y el Creador de este universo. Por otra parte, he tenido que mostrar que la salvación parte de la voluntad del Padre, que no es una salvación elitista, sino para toda la humanidad y de que Dios Padre salva al hombre entero, con su carne-cuerpo incluido, pues la salvación de Dios no es espiritualista ni desencarnada. Por ello, se encarnó su Hijo.

¿Qué ha aprendido con esta investigación, y qué le ha aportado estudiar Teología?

He aprendido muchas cosas. He aprendido a investigar, a profundizar en el conocimiento de Dios Padre, que en Ireneo es inseparable de su Verbo-Hijo y de su Sabiduría-Espíritu Santo. Pero, sobre todo, he aprendido que todavía estoy lejos de ser agradecido y amar a Dios como él se merece. Una de las frases de San Ireneo, que han quedado fijadas en mi corazón, es aquella en la que nos pide crecer en el amor a Dios, el Padre, «que tanto ha hecho y hace por nosotros» (Adv. haer. II, 28,1). Somos hijos de Dios, creemos y decimos, pero ¿realmente vivimos como si Dios fuera nuestro Padre? Un Padre que ha creado —nos dice Ireneo— por amor y benevolencia. Un Padre que, compadecido de nuestra situación de esclavos del pecado y de la muerte, inició una historia de salvación (una economía) que culminó enviándonos su Hijo, para que nos reconciliáramos con él y llegáramos a ser sus hijos. Cristo nos ha entregado a Dios como Padre y nos conduce a la amistad y comunión eternas con él, a fin de que podamos gozar de todos los bienes que están junto a Dios. ¿Y qué me ha aportado la teología? Sintetizo la respuesta con esta frase: disfrutar y fortalecer la fe, coronando mi labor como profesor de filosofía.

¿Tiene su investigación una aplicación práctica?

A mi juicio la tesis, es decir, la enseñanza de San Ireneo sobre el Padre, tiene total aplicación práctica en la sociedad actual. Eso sí, en perspectiva de evangelización y al modo como lo hace la Gaudium et spes: dialogando con los hombres e interpelándolos, atendiendo a las necesidades de estos, presentándoles la oferta cristiana de salvación. Todos necesitamos un fundamento último de nuestra vida y una salvación, de un Padre. ¡Cuántas personas manifiestan la necesidad de un padre, porque que no lo han conocido o lo han tenido pero ha sido para ellas un ausente, o murieron pronto! Y eso mismo lleva también a idolatrar las riquezas, el poder, el placer, las ideologías, elevándolas a la categoría de “padre”. Y, lo peor, se hace del propio yo un “padre absoluto”: soy dueño de mi vida y hago con ella lo que quiero. Pero ¿acaso estos “padres” permiten encontrar un asidero absoluto y permanente a nuestra vida? ¿Son capaces de salvarnos del odio, la envidia, la revancha, el mal, la muerte? Ante el nihilismo y las ideologías totalitarias (muy vivas), Ireneo presenta un Padre amor gratuito y liberador, dándose y respetando, como nadie, nuestra libertad.

¿Cómo ha resultado compaginar estos estudios con su familia y la docencia?

Pues lo he vivido muy bien, de modo armonioso y muy gratificante. Si me hubiera dedicado solo a la investigación, aunque es apasionante, yo me hubiera cansado de ella, pues necesito enseñar. La docencia me permitía, por un lado, salir del campo limitado de la investigación, por otro, me permitía establecer puentes de comunicación entre la investigación y la enseñanza. Y con respecto a la familia, ningún problema, sino todo lo contrario, porque, en primer lugar, mi mujer ha estado siempre apoyándome, y el resto de la familia, como los amigos, han sido imprescindibles para descansar y vivir entre estudio y estudio. Yo no sería capaz de vivir solo con libros, me volvería loco, como Alonso Quijano.

¿Cómo animaría a otros laicos a formarse en Teología?

Les diría que a mí me ha ayudado de varios modos: robusteciendo la fe que vivo en mi comunidad parroquial, gustando de los tesoros de la Iglesia y conociendo y profundizando en la sabiduría cristiana, etc.

Ana María Medina