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San Isidro Labrador

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San Isidro Labrador

san_isidro_labradorLe pusieron ese nombre en honor de San Isidoro, un santo muy apreciado en España. Sus padres eran unos campesinos sumamente pobres que ni siquiera pudieron enviar a su hijo a la escuela. Pero en casa le enseñaron a tener temor a ofender a Dios y gran amor de caridad hacia el prójimo y un enorme aprecio por la oración y por la Santa Misa y la Comunión.

Huérfano y solo en el mundo cuando llegó a la edad de diez años Isidro se empleó como peón de campo, ayudando en la agricultura a Don Juan de Vargas un dueño de una finca, cerca de Madrid. Allí pasó muchos años de su existencia labrando las tierras, cultivando y cosechando.

Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa y ahora se llama Santa María de la Cabeza (no porque ese fuera su apellido, sino porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover).

Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su día de trabajo sin haber asistido antes a la Santa Misa. Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón por «ausentismo» y abandono del trabajo. El señor Vargas se fue a observar el campo y notó que sí era cierto que Isidro llegaba una hora más tarde que los otros (en aquel tiempo se trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde) pero que mientras Isidro oía misa, un personaje invisible (quizá un ángel) le guaba sus bueyes y estos araban juiciosamente como si el propio campesino los estuviera dirigiendo.

Los mahometanos se apoderaron de Madrid y de sus alrededores y los buenos católicos tuvieron que salir huyendo. Isidro fue uno de los inmigrantes y sufrió por un buen tiempo lo que es irse a vivir donde nadie lo conoce a uno y donde es muy difícil conseguir empleo y confianza de las gentes. Pero sabía aquello que Dios ha prometido varias veces en la Biblia: «Yo nunca te abandonaré», y confió en Dios y fue ayudado por Dios.

Lo que ganaba como jornalero, Isidro lo distribuía en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y otra para su familia (él, su esposa y su hijito). Y hasta para las avecillas tenía sus apartados. En pleno invierno cuando el suelo se cubría de nieve, Isidro esparcía granos de trigo por el camino para que las avecillas tuvieran con que alimentarse. Un día lo invitaron a un gran almuerzo. El se llevó a varios mendigos a que almorzaran también. El invitador le dijo disgustado que solamente le podía dar almuerzo a él y no para los otros. Isidro repartió su almuerzo entre los mendigos y alcanzó para todos y sobró. Los domingos los distribuía así: un buen rato en el templo rezando, asistiendo a misa y escuchando la Palabra de Dios. Otro buen rato visitando pobres y enfermos y por la tarde saliendo a pasear por los campos con su esposa y su hijito. Pero un día mientras ellos corrían por el campo, dejaron al niñito junto a un profundo pozo de sacar agua y en un movimiento brusco del chiquitín, la canasta donde estaba dio vuelta y cayó dentro del hoyo. Alcanzaron a ver esto los dos esposos y corrieron junto al pozo, pero este era muy profundo y no había cómo rescatar al hijo. Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo y apareció la canasta con el niño y a este no le había sucedido ningún mal. No se cansaron nunca de dar gracias a Dios por tan admirable prodigio.

Volvió después a Madrid y se alquiló como obrero en una finca, pero los otros peones, llenos de envidia lo acusaron ante el dueño de que trabajaba menos que los demás por dedicarse a rezar y a ir al templo. El dueño le puso entonces como tarea a cada obrero cultivar una parcela de tierra. Y la de Isidro produjo el doble que las de los demás, porque Nuestro Señor le recompensaba su piedad y su generosidad.

En el año 1130 sintiendo que se iba a morir hizo humilde confesión de sus pecados y recomendando a sus familiares y amigos que tuvieran mucho amor a Dios y mucha caridad con el prójimo, murió santamente. A los 43 años de haber sido sepultado en 1163 sacaron del sepulcro su cadáver y estaba incorrupto, como si estuviera recién muerto. Las gentes consideraron esto como un milagro.

Poco después el rey Felipe III se hallaba gravísimamente enfermo y los médicos dijeron que se moriría de aquella enfermedad. Entonces sacaron los restos de San Isidro del templo a donde los habían llevado cuando los trasladaron del cementerio. Y tan pronto como los restos salieron del templo, al rey se le fue la fiebre y al llegar junto a él los restos del santo se le fue por completo la enfermedad. A causa de esto el rey intecedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador, y por este y otros muchos milagros, el Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa TeresaSan IgnacioSan Francisco Javier y San Felipe Neri.

Es patrono de los agricultores españoles, declarado así por Juan XXIII por Bula del año 1960. También es patrono de Madrid y su festividad es celebrada en gran número de pueblos españoles y de Hispanoamérica con solemnidad. En España llevan su nombre multitud de Cooperativas del campo, Hermandades de Agricultores y Ganaderos, iglesias y hasta poblaciones (por ejemplo: San Isidro, en la República Argentina).

Fuente: http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Isidro_labrador5_15.htm

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“Habéis sido elegidos por Dios”

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Un total de veinticuatro seminaristas dan un paso más en su camino al sacerdocio con el Rito de Admisión y la institución de Lectores y Acólitos

La Catedral de Córdoba ha acogido este viernes, 14 de mayo, el Rito de Admisión a las Sagradas Órdenes de catorce seminaristas, la institución del Lectorado de cuatro y del Acolitado de seis seminaristas. Con esta celebración, cada uno de ellos da un paso cualitativo a su compromiso con el Señor, el mismo que los ha llamado para hacer visible en el mundo la presencia y la salvación de Dios.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha presidido el Rito de Admisión e institución de los Ministerios de Lector y Acólito manifestando que “es una ocasión para dar gracias a Dios por cada uno de estos jóvenes, fruto de una familia cristiana, una comunidad parroquial y fruto de la Iglesia”.

El prelado se ha dirigido a los seminaristas recordando que cada uno es llamado a una vocación y una misión en la vida: “Vosotros habéis sido elegidos por Dios por vuestro nombre y apellido para ser incorporados al ministerio sacerdotal”. En este sentido, ha querido felicitar al Seminario y los formadores por la labor de discernimiento que realizan junto a los seminaristas para ayudarles a descubrir la llamada de Dios y a no tener miedo a seguirle. “Conozco bien cada una de vuestra historia personal y aunque todos nos hemos sentido alguna vez indignos e incapaces de desempeñar el ministerio sacerdotal, hoy tenemos que dar gracias a Dios por ayudarnos en esos miedos, dudas o temores. Vosotros habéis experimentado la fortaleza que viene de Dios, por lo que no tengáis miedo que el Señor está con vosotros”, ha dicho el pastor de la Diócesis. Asimismo, el Obispo ha resaltado la alegría que siente al ver todas estas vocaciones, “una gracia de Dios que compartimos todos los sacerdotes”.

Monseñor Demetrio Fernández ha exhortado a los seminaristas a continuar su camino con plena libertad, pues “la vocación es el encuentro de dos libertades: la libertad de Dios que llama a quien quiere y la del hombre que siente esa llamada y puede responder sí o no”. Igualmente, ha recordado que “la amistad de Jesucristo es duradera y para siempre”.

Los seminaristas que han recibido el Rito de Admisión han sido: Francisco Solano Aguilar, Francisco Javier Castilla, Carlos Andrés Crespo, Gonzalo de Loma-Ossorio, José Joaquín Deseña, Álvaro Fernández-Martos, Francisco Salvador Flores, Javier González, Jesús Martínez, Javier Montes, Francisco Moreno, Javier Rodríguez, Jesús Romera y Antonio Tello de la Rosa.

Asimismo, han recibido el Ministerio de Lector Angelo Bruno, Pedro Jesús del Pino, Álvaro Fernández-Martos y Blas Sánchez. Mientras que el del Acolito lo ha recibido Pablo Fernández de la Puebla, Abraham Luque, Manuel Millán y los anteriormente mencionados Angelo Bruno, Pedro Jesús del Pino y Blas Sánchez.



























































































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Arciprestazgo de Vegueta: Vigilia de Pentecostés – jueves, 20 de mayo de 2021

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Vigilia de Pentecostes 21

 

ARCIPRESTAZGO DE VEGUETA

VIGILIA DE PENTECOSTÉS 2021

Vigilia de Pentecostes 21

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Memoria de actividades de la Iglesia 2019

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Memoria de actividades de la Iglesia 2019

Esta semana, en el semanario Fiesta digital, les ofrecemos la Memoria de actividades de la Iglesia 2019 recientemente publicada por la Conferencia Episcopal Española.

Entre otros contenidos de la actualidad de las Iglesias de Granada y de Guadix, les hacemos llegar en la sección de “Voz del Papa” el Mensaje en la 55º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en la que Francisco se dirige a todos los comunicadores, así como el Mensaje de los obispos españoles en esa misma jornada que pueden encontrar en la sección de “Textos”.

Como “Testimonio”, les hablamos del centenario del nacimiento del Beato Manuel Lozano Garrido, conocido como “Lolo” en su Jaén natal, beatificado en 2010 y ejemplo de amor a Dios y de servicio a la Iglesia a través del periodismo más allá de la enfermedad.

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Jornada de las comunicaciones sociales en el día de la Ascensión del Señor

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«La comunicación es imprescindible para el desarrollo de las personas y de las sociedades libres». Con estas palabras, los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales, envían un mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que celebramos cada año en el día de la Ascensión del Señor.

«Como apunta el Evangelio, pensamos que sin verdad no es posible la libertad, y sin libertad no es posible la convivencia digna», expresan los obispos. Por eso, la comunicación nos ayuda a «conocer la realidad y el entorno en el que vivimos, a formar criterio sobre las corrientes sociales y culturales, a desarrollar las dimensiones lúdicas y solidarias de la persona». Todo ello, advierten, «es necesario para el desarrollo vital de un pueblo».

Un servicio para contribuir al bien común

Los prelados también se dirigen a todas las personas que trabajan para hacer posible este servicio. «Comunicadores, reporteros, locutores, técnicos, periodistas, y tantos otros profesionales de la comunicación, entregan buena parte de su tiempo con profesionalidad y rigor para servir en la sociedad». Un servicio que, a veces, «tiene su origen en una vocación personal, una llamada recibida para contribuir al bien común».

Los obispos de la comisión «ven con tristeza» que la búsqueda de intereses personales «ajenos al bien común» ha atacado «esta libertad con violencia verbal o incluso física». Algunos periodistas, también recientemente, «han entregado sus vidas al cumplir con su misión. Vaya ahora para ellos nuestro reconocimiento, agradecimiento y oración. Dieron su vida por nuestra libertad».

Por último, hacen referencia al de el Papa Francisco para esta Jornada, y que hizo público el día del patrón de los periodistas, san Francisco de Sales, y en el que anima a los periodistas «a renovar su empeño e ilusión por esta profesión». Con el lema «Ven y lo verás. Comunicar encontrando a las personas donde están y como son», el Papa invita «a ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto».

Editorial ECCLESIA: Los profesionales de la comunicación, llamados a pisar las calles

El pasado 9 de mayo terminaba el estado de alarma en España mientras el proceso de vacunación de la población seguía su proceso: más de seis millones de personas han recibido la primera dosis de la vacuna anticovid y, según datos del Ministerio de Sanidad, se han suministrado más de 20 millones. Durante este tiempo extraño, oportunidad para que la ciudadanía se enfrentase cara a cara con sus necesidades más básicas, los profesionales de la comunicación han entregado a la sociedad lo que llevan en la sangre: una vocación profunda por la búsqueda de la verdad. Algunos en la calle, y la gran mayoría a golpe de teléfono y ordenador, han desarrollado su profesión con la responsabilidad que merece un servicio tan esencial. Sin embargo, nunca antes, el grado de infoxicación fue tan grande como en estos momentos de la historia: la confusión y las fake news invaden las redes, de manera que se necesitan urgentemente profesionales que devuelvan el sentido a la profesión y la confianza a la información contrastada y contrastable. La situación generada desde las primeras noticias sobre el coronavirus ha provocado en la sociedad un grave riesgo de desinformación que pone en peligro las vidas de las personas.

Ante esta situación, cuando se vaciaron las agendas políticas y económicas, muchos profesionales de la comunicación volvieron a sus raíces más vocacionales, buscando las historias que más construyen humanidad y que mejor provocan esperanza. Muchos de ellos han perdido la vida contagiados por la covid. En 2020, según datos del grupo Press Emblem Campaign, más de 600 periodistas fallecieron de covid en 59 países durante 10 meses. Como servicio esencial de nuestra sociedad, unos y otros han trabajado día y noche para mostrar al mundo imágenes de lo que estaba ocurriendo, para escribir las páginas más tristes de la historia reciente y para dar voz a quienes sufrían de primera mano los efectos de la pandemia.

La Iglesia, que celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2021 el próximo 16 de mayo, día de la Ascensión del Señor, recuerda este año que es tiempo de salir a la calle, de desgastar las suelas de los zapatos, de contemplar y escuchar cara a cara las historias que nuestros contemporáneos necesitan contar. Es tiempo de volver al género de investigación y del reportaje, de ir a donde otros no van y demostrar así que los verdaderos profesionales son aquellos que con formación adecuada, sentido común, una buena dosis de ética y de búsqueda del bien común, salen de sí mismos con valentía para relatar lo que ven con sus propios ojos y lo que escuchan de primera mano.

En España, y en cualquier parte del mundo, existe el riesgo de querer contar lo que ocurre desde el ordenador, con los ojos de otros, sin palpar y encontrarse con las personas. Es el pecado de una profesión llamada a encontrar el equilibrio entre el enfrentamiento y el bien común, el equilibrio entre la crítica y la propuesta, el equilibrio entre la información y la opinión.

El Papa recuerda en su mensaje que «existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, solo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”». La red ayuda a multiplicar la capacidad de contar y de compartir, pero se necesita autodominio y responsabilidad para hacerse cargo de las informaciones que se dan. Es necesario desenmascarar las noticias falsas. Todos estamos llamados a eso, todos.

La buena noticia del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Por eso, los periodistas, contadores de historias, saben que el bien común tiene mucho que ver con el corazón y con la Palabra.

Fuente Ecclesia.

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Vigilia diocesana de Pentecostés el día 22 de mayo

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El día de Pentecostés, al recibir el Espíritu, los discípulos orando todos juntos, son un signo de la Iglesia de todos los tiempos, que comparte la vida y la oración, que vive en fraternidad y en comunión. Durante los meses en que estuvimos confinados en nuestras casas a causa de la pandemia añorábamos el encuentro comunitario, la asamblea litúrgica. Y ahora, que tenemos menos restricciones, echamos en falta igualmente más presencia física y más encuentros cercanos. Y es que el encuentro y la cercanía no son cosas accidentales: son indispensables para vivir humanamente y para crecer como creyentes. Celebramos el día 23 de mayo la fiesta del Espíritu Santo, que nos impulsa a soñar que otro mundo es posible.

Te invitamos a participar en la Vigilia Diocesana de Pentecostés, que tendrá lugar la víspera. En ella sumamos fuerzas: Acción Católica General de Jaén, que celebra su día, junto con el Secretariado para la coordinación de movimientos y grupos de apostolado seglar de la Diócesis, porque este día es también el día del Apostolado Seglar. Y la Delegación de Pastoral Juvenil y Vocacional…

La fiesta de Pentecostés es, de algún modo, la fiesta de la Iglesia, que se sabe habitada, en todos los tiempos por el Espíritu del Resucitado, y la fiesta de los laicos, que cada vez más, están tomando la conciencia de su misión y las riendas del anuncio del Evangelio y del testimonio en el mundo.

La Vigilia tendrá lugar presencialmente en la parroquia de Cristo Rey de Jaén, de 21.00 a 22.00 horas, el día 22 de mayo. Pero también puedes participar en ella a través de los canales de Youtube o Facebook de la Diócesis.

«Los sueños se construyen juntos» es el lema que la Conferencia Episcopal Española eligió este año para la Jornada. Con él se quiere expresar cómo el laicado se pone en movimiento, porque, como recordábamos en el Encuentro de Laicos, somos Pueblo de Dios en salida.

Caminamos juntos, nos tenemos en cuenta los unos a los otros, descartamos el individualismo y la competición entre nosotros. Descubrimos en la fraternidad el horizonte al que estamos llamados por Dios.

Estará con nosotros en la Vigilia José Ibáñez. Él, con su buen hacer, nos ayudará a renovar nuestra fe y nuestra confianza en el Espíritu que nos pone en camino y restaura nuestras fuerzas para que podamos seguir haciendo realidad el sueño de Dios. Y también a sentirnos unidos en esta tarea que es una tarea de familia.

Esperamos verte en la iglesia o en la pantalla. ¡Anímate!

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Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

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El próximo 16 de mayo, Solemnidad de la Ascensión del Señor, se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, este año bajo el lema, «Comunicar encontrando a las personas donde están y como son».

¿Cuál es el mensaje de los obispos?

Los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones sociales, agradecen a todos los comunicadores su servicio, ya que, la comunicación es imprescindible para el desarrollo de las personas y de las sociedades libres.

Además, animan en su mensaje les animan en estos momentos de dificultad a que ejerzan su labor de una manera imprescindible.  Al mismo tiempo, invitan a las empresas informativas a poner el acceso a la verdad por encima de otros intereses legítimos, pues su primera y gran responsabilidad es con la verdad y con la sociedad.

Subsidio litúrgico

Moción de entrada, lecturas y sugerencias para la homilía.

Cartel en castellano

 

¿Cuál es el mensaje del Papa?

En su Mensaje para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Francisco advierte del riesgo de una información siempre igual, exhortando a ir «donde nadie va». En su discurso tiene un gran peso la dinámica de ponerse en marcha con pasión y curiosidad, de salir «de la cómoda presunción de lo ‘ya conocido».

El horizonte de la pandemia, que se extiende por el mundo desde principios de 2020, marca de forma decisiva este Mensaje. El Papa advierte que se corre el riesgo de contarla, al igual que todas las crisis, «sólo con los ojos del mundo más rico», de llevar una «doble contabilidad».

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Jóvenes de la diócesis participaron en el Encuentro de la Juventud CON#ALEGRÍA

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Nuestro obispo, Santiago Gómez, profundizó, en una catequesis que se vio interrumpida momentáneamente por un corte de luz, sobre el sentido de la alegría cristiana y la necesidad de contagiarla.

Un encuentro vivido en modalidad de semipresencialidad, la mañana del pasado sábado 8 de mayo. Rocío Fernández, joven de Trigueros, nos cuenta cómo transcurrió la jornada.

Después de tanto tiempo “conectándonos” como parroquias y grupos a través de internet debido a las restricciones, poder tener un encuentro semipresencial fue todo un regalo. Terminamos “contagiados”, sí, pero de todo aquello que necesitábamos y echábamos de menos, de pilas recargadas en la fe, de amor al otro y de sentirnos cerca de Él.

Sentir que hay más jóvenes como nosotros a través de sus propios testimonios de vida nos dio la fuerza necesaria para recoger todos los dones del Espíritu Santo y poder salir afuera, a seguir moviéndonos a contracorriente, a evangelizar y seguir contagiando esa alegría tan característica de los jóvenes cristianos. 

Todos hemos salido contentos, llenos, y con valoraciones muy positivas del Encuentro. A pesar de los pequeños contratiempos (las pausas por el corte de luz o las pausas para estar todos listos) todo salió redondo y pasó el tiempo volando. Parecía que estuviéramos más cerca de lo que nos encontrábamos. El juego del Escape Room fue genial, ideas nuevas e innovadoras, una forma muy guay de relacionarnos y de crecimiento personal. Los testimonios fueron claves, cada uno supo trasladar una idea muy fuerte y que calase en nosotros, creemos que escuchar una vivencia propia hace sentirnos más cerca los unos de los otros. Se nota el esfuerzo que hay detrás, las ganas, y el trabajo constante por sentirnos una Pastoral Joven unida. Ojalá pronto nos contagiemos cara a cara.

Uno de los momentos más especiales del encuentro fueron los testimonios de algunos jóvenes, todos igualmente interesantes. Compartimos el testimonio de José María García, un joven de La Palma del Condado que compartió su experiencia de enfermedad vivida en clave de fe:

Me dispongo a contaros mi testimonio, que se ha convertido para mí en una experiencia personal, sobre todo en convicción y seguridad de que Dios existe, está presente en mí y en todos mis hermanos.

Recuerdo no hace más de dos años, en el mes de agosto, como llegó a mi vida una de las noticias más temidas, la detección de un Cáncer de tipo linfático que afecta al sistema de defensa del cuerpo humano.

Ante esta desagradable noticia, recuerdo como reaccioné con amor y misericordia. Desde el minuto uno supe que esa era mi nueva cruz, me agarré a Dios y le supliqué que se hiciese su voluntad, provocando en mí una sonrisa. Sentía paz, tranquilidad, seguridad, optimismo y sobre todo mucha fe. Sabía que Dios estaba a mi lado y sentía orgullo de afrontar de aquella manera la noticia, sobre todo cuando miras a tus padres y ves como lloran, parecían faltos de fe y esperanza.

Entre tanto alboroto tuve que ser fuerte para comunicar la noticia a familiares y amigos, de los cuales no dejé de recibir apoyo en ningún momento, se involucraron tanto conmigo que hicieron que mi lucha fuera diferente. Un día, mi mejor amiga me ofreció algo que cambiaría mi vida, el participar en un grupo de oración al Santísimo Sacramento que se lleva a cabo en mi parroquia, ofrecimiento que acogí con gratitud y agradecimiento puesto que era lo que necesitaba en ese momento.

En el sagrario sentía calor, fuerza, motivación, apoyo, alegría y amor, tanto es así, que me enganché de tal manera que fue mi “droga” semanal para hacer frente a la lucha que seguía estando presente. Era un momento de diálogo personal y profundo con Dios, donde le hablaba y me contestaba, lloraba y me abrazaba, pedía para que me diese fuera y el me daba la vida. Me enamoré aún más de Dios y desde aquel momento mi carga era ligera porque yo estaba en sus manos, solo tenía que entregarme a él. La fuerza que me daba Dios y las muchas oraciones, hicieron que un día, como otro cualquiera de rutina hospitalaria, se convirtiera en el mejor día de mi vida. Justo me daban la noticia más esperada y deseada por todos, la curación absoluta de ese cáncer, que más que enfermedad fue un escalón en mi vida que no me paró, sino me relanzó en lo más importante que puedo tener conmigo, mi relación estrecha con Dios.

Recuerdo ese día con mi madre como me invadían un sentimiento de paz y tranquilidad que ni ella podía entender, pero yo sabía que esa sensación no era algo propio, puesto que la noticia que iba a escucha era inquietante, esa tranquilidad que sentía venia de Dios, sabía que estaba conmigo. Así lo sentía, lo acogía y transmitía a mi entorno, sin que mi madre, con cara de sorprendida, entendiese y cuestionase.

Desde ese momento solo puedo dar gracias a Dios y a todas las personas que me apoyaron, pues en ellas veía la gracia de Dios, en especial a mi amiga y a toda su familia que me ayudaron, animaron y abrieron las puertas a conocer las maravillas del señor.

Esta experiencia me ha enseñado que si pones a Dios en tu vida no existen los problemas, aceptando la cruz y acogiendo su voluntad con amor, conseguiremos la plena felicidad y alegría del Señor.

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«A todos los hombres», comentario al Evangelio de la Solemnidad de la Ascensión del Señor– B

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Foto: La Ascensión del Señor. Pietro Perugino (1495 – 1498) Museo de Bellas Artes, Lyon (Francia)

En el último domingo de la Pascua -el que precede a Pentecostés- se nos presenta el envío misionero de Jesús. Antes de desaparecer, encarga a los suyos recorrer el mundo y hacer discípulos de todos los pueblos. No dice Jesús que formen un solo pueblo, bajo un solo poder, con una sola cultura y regido por las mismas leyes, sino que hagan discípulos sin que importe el pueblo al que pertenezcan. El evangelio encierra dentro de sí una dimensión de universalidad más allá de razas, culturas, lenguas, filosofías… más allá de todo lo que los hombres utilizamos para establecer diferencias entre nosotros.

En estos tiempos en que soplan fuerte los vientos nacionalistas y en que las minorías reclaman -no digo que sin derecho- el respeto a sus características propias, el Evangelio aparece como una propuesta de unidad desde la diversidad. Los hombres de mente y corazón estrecho temen todo lo que es diferente y entienden la unidad como uniformidad, por eso excluyen todo lo que no es conforme a sus criterios y luchan contra todo lo que no encaja en su visión de la realidad. Cuando logran seducir a los pueblos, los conducen hacia un abismo de soledad, aislamiento  y empobrecimiento.

El pensamiento cristiano -aunque haya cristianos que no tengan este pensamiento- construye la unidad de los hombres sobre la diversidad de los mismos y, por ello, valora, potencia y asume los elementos que caracterizan a un individuo, a pueblo o a una cultura. Aparece en la Biblia un pasaje que puede ser considerado -al menos a mí así me lo parece- como una de las más antiguas y duras críticas del totalitarismo subyacente en el discurso de aquellos que, so pretexto de defender lo propio, no dudan en excluir lo diferente. Me refiero al relato de la construcción de la torre de Babel que está recogido en el libro del Génesis. El autor sagrado se refiere a Babilonia -el ideal de cuyo rey era un sólo pueblo, una sola lengua-cultura,  un solo poder para gloria de sus dirigentes, autoerigidos en dioses-. Frente a este modo de entender el mundo, el Evangelio de Jesucristo predica la igualdad de todos los seres humanos en su esencia -imágenes de Dios por nacimiento e hijos suyos por adopción-, la diversidad en su existencia concreta y su universal vocación a la unidad. Por ser iguales y diferentes estamos llamados a vivir unidos. La unidad no implica la anulación de lo específico ni la defensa de la propio conlleva  la ruptura y el enfrentamiento porque la unidad consiste en la integración de lo diferente no en la anulación de las diferencias.

Jesús, antes de subir al cielo, encargó a los suyos ir por el mundo a anunciar a todos  los pueblos la buena noticia. En escucharla está la salvación y los signos de la misma serán la erradicación del origen del mal, el entendimiento entre los hombres y la liberación del sufrimiento. No es voluntad del cielo que todos los hombres formen un solo pueblo bajo un único poder, sino que todos los corazones sean uno.

Francisco Echevarría Serrano,
sacerdote y licenciado en Sagradas Escrituras

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