Cádiz y Ceuta Oficina de Información de los Obispos del Sur de España https://www.odisur.es Sat, 08 May 2021 16:06:15 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es A los sacerdotes al iniciar la Cuaresma https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/61855-a-los-sacerdotes-al-iniciar-la-cuaresma.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/61855-a-los-sacerdotes-al-iniciar-la-cuaresma.html A los sacerdotes al iniciar la Cuaresma

Carta del obispo de Cádiz-Ceuta, Mons. Rafael Zorzona

Queridos sacerdotes:


He esperado el comienzo de la cuaresma para dirigirme de nuevo a vosotros. Quiero agradeceros una vez más vuestra solicitud por todos y la fidelidad en el ministerio, en este tiempo difícil de pandemia que nos obliga constantemente a improvisar, innovar, y a atender las necesidades de todos según se presentan. Me satisface igualmente comprobar el cuidado con que se cumplen las normas oficiales y se aplican las medidas de seguridad, que contribuye a que las iglesias sean tenidas por lugares seguros donde se puede acudir con tranquilidad.

Estoy al tanto de las dificultades particulares y en permanente comunicación con vosotros, además de bien informado por los arciprestes, y lamento mucho las penalidades de los que han enfermado que, gracias a Dios, están ya mucho mejor. Quedan en nuestra memoria y oración los compañeros fallecidos, con el deseo de que estén gozando de la presencia de Dios. Espero que acaben pronto los confinamientos y demás restricciones y que se normalice en lo posible la vida social y pastoral.

Al iniciar la cuaresma entramos en un tiempo intenso de renovación espiritual y de verdadera conversión. Nos adentraremos en el misterio del amor de Dios y en los acontecimientos centrales de nuestra fe. Aunque los vientos del mundo sean adversos, no podemos olvidar que la debilidad que experimenta la sociedad, tan vulnerable ante el sufrimiento y la muerte por el virus, ha puesto en cuestión el mito moderno de la omnipotencia del hombre y la utopía del paraíso en la tierra. Afrontar la realidad tal como se presenta, también nos abre a la esperanza. Hemos sido creados para Dios, y volver al amor primero para hacer nuestro el compromiso bautismal con coherencia puede ser la mejor respuesta a los heridos por la crisis interior que ha provocado en muchos la pandemia y el anhelado bálsamo en su aflicción. Dios nos muestra siempre el camino a seguir y tiende la mano para ayudarnos a caminar. Estamos comprobando también que el sufrimiento y temor acumulados en estos meses tan difíciles son una auténtica purificación y han movilizado a mucha gente a buscar de nuevo a Dios. La Cruz es camino para la luz. Os invito a meditar y transmitir el mensaje del Papa Francisco, que nos invita muy oportunamente a fortalecer la fe, esperanza y caridad. Esto sirve para los fieles, pero también para nosotros mismos.

Cuidemos especialmente la liturgia, procurando que llegue a todos, aunque sea por los medios informáticos acostumbrados, ayudados por los subsidios prácticos que se os han enviado; también los cultos y actos de piedad como el Via Crucis y meditaciones; igualmente las Conferencias Cuaresmales, tan apreciadas siempre, que hacen tanto bien. Compruebo además la buena disposición de las hermandades y cofradías para colaborar adaptándose a esta situación. Veo que en muchos casos son un gran apoyo en la actividad parroquial.

Espero que hagáis el esfuerzo necesario para aprovechar estos medios también para provecho personal, intensificando la oración personal y los caminos habituales de santificación. Nuestro propósito es mantener las actividades previstas en el calendario pastoral, incluido el próximo encuentro sacerdotal y la Misa Crismal. También los ejercicios espirituales, que necesariamente se han debido aplazar. En cualquier caso, seguiremos atentos para dar respuesta a las circunstancias nuevas que se presenten. El mundo espera de nosotros un testimonio gozoso y una palabra profética, es decir, romper el cerco de nuestro abatimiento, sin esperar un mundo ideal, una comunidad ideal, un discípulo ideal para vivir o para evangelizar, sino hacer posible en nuestra circunstancia que cada persona abatida pueda encontrarse con Jesús, empezando por nosotros mismos. Nada mejor para ello que sumergirnos en la Iglesia de todos los días y vivir una fuerte vida espiritual en el trato con Jesucristo, la escucha del Evangelio, la confesión sacramental y la celebración de la Eucaristía.

Oremos por todos, fortaleciéndonos entre nosotros. Vivamos unidos, con coherencia y solidaridad, siendo signo de fraternidad, siempre en camino, avanzando. Nuestra sociedad necesita más que nunca el testimonio de la caridad, de una Iglesia hogar, una familia solícita por cuidar a todos, especialmente a los que sufren, enfermos, desvalidos o empobrecidos. La atención a los pobres ilumina la práctica del ayuno y la bondad de la limosna que no puede faltar, pues, desprendiéndonos voluntariamente de los bienes, nos dispone a compartir lo nuestro con los necesitados, nos educa en la austeridad y predispone para las obras de misericordia.

A todos deseo una cuaresma que fortalezca y ensanche nuestra fe. Os encomiendo a todos en mi oración.


Un fraternal abrazo y mi bendición


+ Rafael

Obispo de Cádiz y Ceuta

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 19 Feb 2021 13:21:37 +0000
Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/61672-mensaje-para-la-jornada-mundial-del-enfermo.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/61672-mensaje-para-la-jornada-mundial-del-enfermo.html Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo

Mensaje de D. Rafael Zornoza, Obispo de Cádixz yCeuta.

MENSAJE DEL OBISPO DE CÁDIZ Y CEUTA
Jornada Mundial del Enfermo
11 de febrero de 2021, Nuestra Señora de Lourdes

El próximo día 11 de febrero, memoria de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Es un momento privilegiado para encomendar a cuantos sufren en todo el mundo la pandemia del coronavirus. “Cuidémonos mutuamente”, nos dice el lema de este año, urgiéndonos a atender a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los hospitales como en sus domicilios.

Aunque la enfermedad forma parte de la experiencia humana, no logramos habituarnos a ella, porque a veces resulta verdaderamente pesada y grave, pero también porque hemos sido creados para la vida, para la vida plena. Cuando somos probados por el mal surge en nosotros la duda y nos preguntamos angustiados: ¿cuál es la voluntad de Dios?

El sufrimiento humano encuentra su significado más profundo en la muerte y la resurrección de Jesús. De la paradoja de la cruz brota la respuesta a nuestros interrogantes más angustiosos ante la enfermedad y el sufrimiento. Cristo sufre por nosotros, para salvarnos y redimirnos a todos. Cristo sufre con nosotros, dándonos la posibilidad de compartir con él nuestros sufrimientos. Así el sufrimiento humano, unido al de Cristo, se transforma en medio de salvación. Este es el mensaje esperanzador que la Iglesia ofrece a todas las personas que sufren. El dolor, si es acogido con fe, se convierte en puerta para entrar en el misterio del sufrimiento redentor del Señor. Constantemente hemos de pedir a Dios esa mirada de fe, a la luz de la resurrección, y un corazón nuevo para transmitir esperanza en medio del dolor.

Sin embargo, la enfermedad es siempre una prueba, que puede llegar a ser larga y difícil. Cuando se prolonga el sufrimiento podemos quedar abatidos y desanimados ¡Qué momento tan importante para recordar las palabras de Jesús: “¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”! (Mt 11, 28). En el Evangelio leemos que «Jesús curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios» (Mc 1, 34); y que Jesús enseñaba y proclamaba la buena nueva del Reino, curaba toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23). Quiere dejar claro que es el Dios de la vida, que nos libra de todo mal, que estas curaciones son signos que nos guían hacia el mensaje de Cristo, nos orientan hacia Dios y nos dan a entender que la verdadera y más profunda enfermedad del hombre es la ausencia de Dios, que es la fuente de verdad y del amor. Para vencer la prueba de la enfermedad hemos de tener nuestro corazón inmerso en el amor de Dios. Jesús nos da su fuerza en los sacramentos porque sanan nuestro corazón y nos dan la verdadera vida, porque una vida sin amor y sin verdad no sería vida. Todos conocemos personas que han soportado tremendos sufrimientos, porque Dios les daba una profunda serenidad.

Recordemos también que en la enfermedad todos necesitamos calor humano: para consolar a una persona enferma, más que las palabras, hace falta la cercanía serena y sincera. Pero recordemos también que las personas enfermas son un camino privilegiado para encontrar a Cristo, acogerlo y servirlo. “Curar a un enfermo, acogerlo, servirlo, es servir a Cristo: el enfermo es la carne de Cristo” (Francisco). Cada uno de nosotros debería llevar la luz de la Palabra de Dios y la fuerza de la gracia a quienes sufren y a sus familiares, médicos y enfermeros, para que el enfermo esté atendido con más humanidad, con entrega generosa, con amor evangélico y con ternura. La Iglesia madre, mediante nuestras manos, acaricia nuestros sufrimientos y cura nuestras heridas, y lo hace con ternura de madre, partiendo del amor profundo a toda persona. Cada uno sabrá cómo encontrar el modo de realizar este servicio con la sabiduría del corazón para aliviar el sufrimiento, pidiendo siempre a Dios: “Danos, Señor, un corazón misericordioso como el tuyo”.

Oremos por todos los enfermos, por cuantos sufren, especialmente los más graves, los que no pueden valerse por sí mismos, cuantos dependen de los cuidados de otros: que cada uno de ellos experimente la fuerza del amor de Dios y la riqueza de su gracia, que nos salva, en la solicitud de quienes están a su lado. Que bendiga a todos los enfermos, a los profesionales de la salud y a los voluntarios en todas las partes del mundo. Invoquemos la intercesión de Nuestra Señora, la Virgen María, Salud de los enfermos, para que pase esta pandemia.

+ Rafael

Obispo de Cádiz y Ceuta

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 12 Feb 2021 14:06:06 +0000
«Desde el silencio y el anonimato, vuestra presencia cerca de los más desasistidos es una hermosa realidad» https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/61532-desde-el-silencio-y-el-anonimato-vuestra-presencia-cerca-de-los-más-desasistidos-es-una-hermosa-realidad.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/61532-desde-el-silencio-y-el-anonimato-vuestra-presencia-cerca-de-los-más-desasistidos-es-una-hermosa-realidad.html «Desde el silencio y el anonimato, vuestra presencia cerca de los más desasistidos es una hermosa realidad»

Carta del Obispo de Cádiz y Ceuta, D. Rafael Zornoza, con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada


Queridos consagrados y consagradas.
El próximo día 2 de Febrero, martes, celebramos la XXV Jornada de la Vida Consagrada bajo el lema “Parábola de la fraternidad en un mundo herido”. Son muchos años de esta jornada donde cada vez ponemos la mirada en el misterio de la consagración: consagración de Cristo, consagración de María, consagración de todos los que siguen a Jesús por amor al Reino de Dios.
Si denominar a la Vida Consagrada como “Parábola de la Fraternidad” es ya motivo de meditación y de celebración, el ser conscientes de que caminamos en un “ mundo realmente herido”, especialmente en estas circunstancias, centra nuestra atención en la llamada incesante que Dios nos hace para ser testigos de su amor y de su entrega en los distintos ambientes en que vivimos, trabajamos y servimos a los hermanos.
Nuestra diócesis de Cádiz y Ceuta está sembrada de la presencia viva de los muchos carismas que enriquecen y vitalizan la labor evangelizadora y caritativa que en ellas se llevan a cabo. Esta realidad nos habla de Eclesialidad y de la Comunión necesarias siempre para que la Misión cada día sea más intensa y fecunda en nuestra Iglesia Particular.
En la situación de pandemia en que nos situamos, la Iglesia diocesana, de la que formáis parte está totalmente presente en las situaciones que más afectan a nuestros hermanos –como la presencia espiritual, el ministerio de la Palabra y la asistencia de la Caridad—, elementos esenciales que dan sentido a toda Pastoral, pero que se están viviendo con pasión y entrega especiales en las circunstancias del momento presente.
Quiero que sepáis que os tengo muy presentes. Doy gracias a Dios por todos vosotros. Sé, además que, desde el silencio y el anonimato, vuestra presencia cerca de los más desasistidos es una hermosa realidad que se une al trabajo y al ministerio de Vicarías, Arciprestazgos y Parroquias. La mies nos es común, así como el estar y el sentir con los más débiles.
Que la vivencia y la celebración de este Día de la Vida Consagrada os proporcione, queridas Religiosas y queridos Religiosos, una vivencia vocacional más profunda y una alegría más abierta y sentida en la entrega de la misión que lleváis a cabo en esta parcela del Señor que es nuestra diócesis de Cádiz y Ceuta para seguir tejiendo lazos samaritanos hacia dentro y hacia fuera de la Iglesia.
Con mi gratitud, afecto y bendición.

+Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 05 Feb 2021 15:37:08 +0000
Jornada Mundial del Migrante y Refugiado https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/59039-jornada-mundial-del-migrante-y-refugiado.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/59039-jornada-mundial-del-migrante-y-refugiado.html Jornada Mundial del Migrante y Refugiado

Mensaje del obispo de Cádiz-Ceuta, Mons. Rafael Zornoza

El domingo 27 de septiembre celebramos la JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO. Como sabéis, nuestra diócesis es muy sensible a sus personas, su situación, sus necesidades. En el año 2020 se han atendido 1.233 migrantes de 53 nacionalidades; y durante el confinamiento hemos tenido 44 agentes disponibles - entre técnicos y voluntarios - en varias localidades, hemos atendido a 536 migrantes, y se han distribuido cuatro toneladas de alimentos y productos de higiene además de unos 18.000€ para ayudas de las viviendas y otras necesidades.

El lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado este año es “Como Jesucristo, obligados a huir”, y pone la mirada en los llamados desplazados internos. Dentro de esta denominación se incluye a los millones de hombres, mujeres y niños obligados a migrar dentro de sus propios países por diversas causas: emergencias humanitarias, conflictos armados, perturbaciones del clima, violencia generalizada, etc. Como señala el papa Francisco en el Mensaje para esta Jornada, a menudo el drama de estas personas queda invisibilizado, puesto que ocurre dentro de las propias fronteras, a lo que se suma que en este último tiempo su situación se ha visto doblemente agravada por la crisis mundial causada por la pandemia de la COVID-19.

También en nuestro propio territorio hay personas inmigrantes que en cierto sentido se ven «obligadas a huir». Huir del sometimiento y la violencia, como las víctimas de trata con fines de explotación sexual; huir de la precariedad laboral, como el colectivo de empleadas del hogar o los temporeros agrícolas; huir de la intemperie, del olvido, como los menores migrantes, los jóvenes ex tutelados o los solicitantes de asilo. Lo importante para nosotros, en definitiva, es que Jesús está presente en cada uno de ellos, obligados a huir para salvarse, para recuperar la dignidad que les ha sido arrebatada.

El papa Francisco nos exhorta en el Mensaje de la Jornada de este año a «conocer para comprender», porque el desplazado, el emigrante, la víctima de la trata, no son números, no son estadísticas, son personas; y si nos encontramos de igual a igual podríamos reconocernos en sus historias. Podemos comprender, por ejemplo, que la precariedad que hemos experimentado con sufrimiento a causa de la pandemia es un elemento constante en la vida de los desplazados; podemos entender también que en el viaje del migrante y desplazado, en los momentos de despojo y de desierto, hay un verdadero itinerario espiritual, donde muchos de ellos encuentran el rostro de ese Dios que camina a su lado, compartiendo sus dolores y alegrías, hasta alcanzar la tierra prometida. Igualmente los que acogen, deben abajarse, hasta reconocerse ellos mismos como migrantes, compañeros y hermanos del que llega, y despojarse de prejuicios para ver su rostro en el rostro del diferente. Así́, juntos, podremos recorrer un camino mutuamente enriquecedor, y así́ es como llegaremos a experimentarnos hijos en el Hijo, Jesús.

El santo padre en su Mensaje invita a «Hacerse prójimo para servir». En la parábola del buen samaritano, éste tuvo que arriesgarse, quitar prejuicios, acercarse y abajarse (Lc 10, 33-34). El mismo Jesús en la última cena, de modo similar, lavó los pies a los discípulos, se agachó, haciendo un oficio de esclavo, ensuciándose las manos (Jn 13, 1-15), como tantos sanitarios que se arriesgan en este tiempo de pandemia, como recuerda el papa Francisco.

Hay que escuchar el gemido de los más vulnerables, de los desplazados, del planeta gravemente enfermo. Dios mismo escuchó el grito de súplica de la humanidad a través de los oídos de su Hijo. Hoy son nuestros oídos, los que están llamados a escuchar para poder reconciliarnos con el prójimo, con los descartados, con nosotros mismos y con Dios. Debemos ser hogar fraterno para tantas personas desplazadas obligadas a huir de situaciones de injusticia, violencia o riesgo para sus vidas. Y pedir a los gobernantes que sepan promover leyes que protejan las vidas y la dignidad de las personas más vulnerables de la sociedad. Pero, sobre todo, debemos cuidar a las personas migrantes. Lo ideal sería que sus familias y comunidades de origen pudiesen ejercer su derecho a permanecer en su propio país, gracias a un desarrollo económico, político y social adecuado.

Para todo ello hace falta orar y comprometerse, ser sensibles a sus necesidades y derechos, aportar cada uno lo que esté en su mano para transformar esta acuciante realidad.

El Secretariado de nuestra diócesis para el cuidado de los migrantes no descansa en este esfuerzo de sensibilización, pero, sobre todo, de atención a cuantos llegan a nuestras costas, que son muchos. No olvidemos que seguimos siendo frontera. Son innumerables los que desembarcan en ellas, generalmente en condiciones desesperadas, necesitados de socorro y atención. Colaboremos con ellos, seamos acogedores, que sientan cerca nuestra caridad. Consigamos entre todos seguir presentes y activos ayudando a cuantos llegan en esta migración de la desesperación para que encuentren la esperanza a través de nuestra caridad.

+ Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 25 Sep 2020 12:56:37 +0000
Jornada Pro Orantibus https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/57436-jornada-pro-orantibus.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/57436-jornada-pro-orantibus.html Jornada Pro Orantibus

Mensaje de Mons. D. Rafael Zornoza Boy emitido en El Espejo de la Iglesia de Cádiz y Ceuta el 5 junio 2020.

La Iglesia española reza este domingo por los monjes y monjas contemplativos, que fielmente han orado y trabajado durante la pandemia por el bien de todos. Es lo que han hecho siempre y lo seguirán haciendo, según su vocación, calladamente, en silencio. La solemnidad de la Santísima Trinidad el domingo 7 de junio es la festividad escogida para orar por quienes oran continuamente por nosotros. Es la Jornada por la vida contemplativa, la Jornada Pro orantibus donde recordamos que los monjes, las monjas y la vida eremítica ofrecen su vida en alabanza continua a la Santa Trinidad y su oración de intercesión por la comunidad cristiana y el mundo entero. En España hay 751 monasterios con 8.731 contemplativos. Los monasterios femeninos son 716 y 35 los masculinos.
Hemos de gradecer a Dios esta forma de consagración que necesita la Iglesia. Igualmente, reiteramos nuestra estima y nuestro compromiso para conocer mejor la vocación contemplativa que nos acompaña y a la que queremos acompañar en el corazón de la Iglesia y de cada persona bautizada. Muchos han llamado la atención haciendo mascarillas durante la epidemia o colaborando con trabajos por los demás desde su silencio. Pero todo eso no es más que un pequeño gesto de su gran generosidad y entrega constante.


«Con María en el corazón de la Iglesia» custodian una dimensión imprescindible. La Virgen María y la Iglesia constituyen el marco para la vida consagrada. María es modelo de esperanza para todos los consagrados. La Virgen es un signo para la vida consagrada contemplativa, porque está llamada, como ella, a habitar el corazón del cuerpo místico de Cristo, de la Iglesia y, con amor materno, acompañar a sus hijos e hijas en todo momento, sobre todo en la desgracia.


La vida contemplativa –como María en medio de la comunidad de los discípulos, como el corazón en el centro del cuerpo humano– permanece «escondida» de todo y de todos, pero presente en todo y en todos. No constituye un miembro entre otros, sino que representa aquello que vivifica y sostiene a todos los miembros: el amor. María es memoria primerísima del amor de Dios en Jesús; la vida contemplativa es memoria singularísima del amor de Jesús en la Iglesia. Por eso, el lugar de la vida consagrada contemplativa coincide con el lugar de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia: cada una a su modo, ambas constituyen el corazón del cuerpo místico de Cristo, ese motor en el que se recoge y se expande la sangre que vivifica a todos los hombres con la fuerza del amor divino.


Recordemos y oremos, pues, por tantos hombres y mujeres consagrados a la vida de contemplación, que es al mismo tiempo una vida oculta y fecunda para el mundo y nos muestra la luz de Dios, sobre todo cuando la oscuridad se cierne sobre la humanidad. Recordamos que la vida consagrada contemplativa custodia fervorosamente la realidad central de la fe, que es el amor de Cristo, que mantienen viva la confianza en ese Dios que, por puro amor nuestro se encarna para salvación de todos. Hemos de agradecer también a las personas consagradas contemplativas que despiertan a su alrededor la paciencia y la perseverancia de quien se sabe acogido por las entrañas compasivas de Dios Padre en toda circunstancia, aun en medio de grandes sufrimientos, como los presentes. Irradian al mundo la alegría de vivir según el Evangelio, según la gracia del Espíritu.


Os invito conocer nuestros siete monasterios diocesanos en Cádiz, San Fernando, Chiclana y Medina; y conocer a las monjas, su vida y su compromiso y fidelidad. En esta Jornada Pro Orantibus pidamos a Dios que los guarde. Bendigamos al Señor por la vocación consagrada contemplativa, y pidamos hoy por tantos hermanos y hermanas nuestras que viven, oran y misionan en tantos monasterios esparcidos por nuestra geografía y por todo el mundo.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 05 Jun 2020 14:33:28 +0000
La Pascua del Enfermo https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/56956-la-pascua-del-enfermo.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/56956-la-pascua-del-enfermo.html La Pascua del Enfermo

Mensaje del obispo de Cádiz-Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy

Queridos amigos:

 

Este domingo VI de Pascua la Iglesia en España celebra la “Pascua del Enfermo”. Lo recordaremos en las misas dominicales y yo especialmente en la Catedral, aunque este año, a causa del Covid-19, no se hará con la solemnidad de otros años, por las muchas limitaciones que nos impone la fase de desconfinamiento.


Precisamente por la pandemia que sufre el mundo nuestra oración será más intensa, si cabe, para poner en las manos de Dios a todos los enfermos del coronavirus y a cuantos sufren en este tiempo las enfermedades o la soledad –como sucede a tantos ancianos—, y a quienes les cuidan y luchan por su curación, a los hermanos que han fallecido y a las familias de todos ellos. También en este momento debemos dar gracias a Dios por tantas personas que está poniendo en nuestro camino que nos cuidan, y a las que cuidamos y acompañamos de distintas maneras. Recordaremos también los ejemplos heroicos de muchos profesionales expuestos y agotados en su servicio y atención a los demás.


Que oportuno recordar las palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Nadie se libra en nuestra sociedad, antes o después, del “agobio” de la vida. El “cansancio” que, como estamos viendo, puede ser de muchas clases y que no se repara por descansar en casa o tener más vacaciones. Hay un agotamiento que es abatimiento, desesperanza, dolor o soledad. Precisamente la soledad es hoy otra epidemia por el número desmesurado de personas viven solas –muchos con problemas de movilidad— a los que hay que añadir los ingresados en hospitales, o con cualquier enfermedad. Ciertamente ahora somos más sensibles para reconocerlos.


El dolor es un lugar de aprendizaje, uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto modo "destinado" a superarse a sí mismo, y de una manera misteriosa está llamado a hacerlo (Salvifici Doloris, 2) pues no puede evitar el mal, físico o moral. Ya el miedo a sufrir es sufrimiento. La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre, pero la sociedad difícilmente aceptará los que sufren si cada uno no somos capaces de hacerlo. Es decir, para aceptar el sufrimiento del otro hemos de encontrar personalmente un sentido en el propio sufrimiento, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza (Spe Salvi, 38).


El cristiano sabe que puede descubrir sentido al sufrimiento participando en el misterio de la cruz de Jesucristo. Aunque a nivel puramente humano le cueste entender, sabe que no le cura la huida del dolor, y comprueba que cuando lo vive unido a Cristo encuentra la paz y la alegría espiritual (cf. SD26). El hombre que sufre con amor y con abandono a la voluntad divina, unido misteriosamente a Cristo, se transforma en ofrenda viva para la salvación del mundo. Por eso dice San Pablo: “Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así́ completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1,24). Jesucristo redimió al mundo con su sufrimiento, con su muerte y resurrección y suscita en sus discípulos una nueva actitud y una solicitud amorosa en favor de los que sufren y los enfermos, en los que la comunidad cristiana reconoce el rostro de su Señor.


La fatiga de la vida crece en la “cultura del descarte” –como lo llama el Papa Francisco— que prima la fortaleza física y la productividad, y considera inútiles a cuantos frenan sus proyectos, cuando se propicia la selección de los más capaces de sobrevivir con menos coste social. Cuando alguien llega a pensar que la propia vida no tiene sentido se vive un fracaso existencial.


La Iglesia defiende siempre, con voz profética, la vida humana y el valor de la solidaridad, y se esfuerza por asistir a los enfermos con cariño y gratitud, sin discriminación. Además del afecto y solicitud los enfermos, ancianos o débiles necesitan el reconocimiento de su valor personal y esperanza. La vivencia de nuestra fe enriquece la sensibilidad para captar el valor de la persona, nos ayuda a comprender que somos valiosos porque Dios nos ama, y nos ha de llevar siempre a amar a Dios sin ignorar a los más necesitados de sus hijos. La familia, si es sana, afronta con afecto toda la atención posible a los más débiles, sin caer en frivolidad o insolidaridad; si, además, es cristiana, transmite esperanza, la sabiduría de la vida y la compasión de Dios misericordioso.

Unidos a Cristo resucitado vivamos, pues, la Pascua del Enfermo. Decía el Papa Francisco que ciertas realidades de la vida se ven solo con los ojos que han limpiado las lágrimas. Y señalaba: “Hemos de preguntarnos: ¿He aprendido a llorar?” Ojalá nos eduque esta “teología de las lágrimas”. Que nos preocupen y nos ocupen los necesitados con espíritu cristiano haciendo nuestra la palabra del Señor: "Hay más felicidad en dar que en recibir" (Hch 20,35).

Muchas gracias. Os recuerdo siempre en mi oración. Rezad también vosotros por mi.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 15 May 2020 13:32:37 +0000
Carta Pastoral ante la Semana Santa https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/55970-carta-pastoral-ante-la-semana-santa.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/55970-carta-pastoral-ante-la-semana-santa.html Carta Pastoral ante la Semana Santa

Carta del obispo de Cádiz-Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy

Queridos diocesanos:


Ante una de las crisis más duras de cuantas ha padecido España, a causa de la pandemia del Covid-19, os escribo para compartir con vosotros el sentir de la Iglesia y el mío propio, unido a los sentimientos de los sacerdotes con los que estoy en comunicación en todo momento, y fortalecernos en la fe.


Quisiéramos estar más cerca que nunca de quienes peor lo están pasando —que, sin duda, son aquellas familias que sufren estos días la pérdida de un ser querido, acrecentado aún más si no han podido despedirse de ellos— y acompañarlas en su sufrimiento. Deseo expresar de igual modo mi comunión, y la de toda la diócesis, con nuestro abrazo y la oración constante por aquellos que más han sufrido, donde quiera que estén: desde los que han muerto o están en grave peligro de fallecer, a los familiares y amigos que les acompañan con cariño y profunda compasión.


Deseo expresar de igual modo mi comunión, y la de toda la diócesis, con nuestro abrazo y la oración constante por aquellos que más han sufrido, donde quiera que estén


Rezamos también por los profesionales sanitarios, médicos, investigadores, enfermeros y personal de servicios auxiliares, administrativos y de limpieza. Igualmente a los agentes del orden público, militares, trabajadores en los suministros y alimentación, transporte, empresarios que contribuyen poniendo sus bienes y empresas grandes y pequeñas al servicio solidario del bien común, voluntarios, etc. Sin olvidar a los que ayudan a los pobres en las parroquias o están disponibles para servir a los demás en sus domicilios. La pandemia estrecha nuestra unión y nos hace más agradecidos. Cualquier aplauso es poco para agradecer a cuantos nos sirven y se desviven por nosotros haciendo que pueda superarse esta crisis, asistiendo con desvelo a las personas, dando lo mejor de si mismos, aún con riesgo de su salud y de su vida, a veces heroicamente. A todos os acompañamos con nuestra plegaria constante y afecto sincero.


Los caminos de Dios son misteriosos (Ecclo 11,5). Nos cuesta ver su voluntad en todo esto, aún reconociendo que la vida humana está jalonada de retos, luchas y combates donde se pone a prueba nuestro valor y nuestra fe, pero donde también crece nuestra unión con Dios y nuestra fraternidad, si hacemos nuestra la historia de la salvación. Ningún mal viene de Dios, al contrario, incluso del mal moral —que tiene su origen en los pecados de los hombres y que a veces tiene consecuencias en males físicos— Dios es capaz de sacar bienes. “Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Rm 8,28). Nos encontramos en lo más profundo con el misterio del sufrimiento y de la muerte que encuentra su única respuesta en Cristo crucificado. La fragilidad y el dolor nos hermana entre nosotros y con Cristo sufriente que no deja de acompañar a su pueblo y de padecer con él, desvelando el amor del Padre que entregó a su Hijo para salvarnos. Recordemos en este momento la llamada del Señor —“venid a mi los cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11.28)— y a acudamos decididamente a Él.


Nos encontramos en lo más profundo con el misterio del sufrimiento y de la muerte que encuentra su única respuesta en Cristo crucificado.


La Cuaresma que estamos viviendo está resultando una dura prueba que puede llevarnos a la conversión en el seguimiento más radical de Cristo. La ceniza sobre nuestras cabezas con que se inició esta peregrinación hacia la vida, en la verdad de las cosas, nos recordaba la fugacidad de la existencia y la inconsistencia de todo lo nuestro, pero también que bajo ciertas cenizas de la amnesia de Dios contemporánea aún puede arder el rescoldo de una fe que, si prende de nuevo, hará que arda de amor nuestro corazón para dar luz y calor al mundo. Miremos de nuevo a Cristo que nos invita a profundizar en su amor y a cargar la cruz. Estoy comprobando que, en nuestro confinamiento cuaresmal, estamos reforzando la experiencia de la comunión de los santos y el firme soporte para nuestra fe de las devociones piadosas más arraigadas, como el Santo Rosario, el Via Crucis, la Liturgia de las Horas, la meditación de la Palabra de Dios. La oración es el lenguaje de la esperanza y esperanza en acción. Sentimos así la fortaleza de la fe y el vigor de la caridad. Además, la limosna que comparte lo nuestro, el ayuno y la privación de tantas cosas, y la oración continuada nos ayudan también a acompañar al prójimo en el sufrimiento, porque responde a la entrega que Cristo ha tenido con nosotros al padecer y morir en la cruz. Es la escuela donde se supera el individualismo, crece la solidaridad, la dependencia filial y el sentido de comunidad.


En nuestro confinamiento cuaresmal, estamos reforzando la experiencia de la comunión de los santos y el firme soporte para nuestra fe de las devociones piadosas más arraigadas, como el Santo Rosario, el Via Crucis, la Liturgia de las Horas, la meditación de la Palabra de Dios.


Han quedado patentes nuestros límites, nuestra fragilidad, que somos caducos y débiles. A la vista están las dificultades para muchas familias, especialmente para los ancianos, y para los más frágiles, pero el dolor, sin embargo, nos une más. “El sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo” (San Juan Pablo II, Salvifici Doloris 30). Todo ello ha de ayudarnos a acrecentar entre nosotros las obras concretas de la caridad, como nos ha recordado el Papa Francisco. Vivamos intensamente, en este momento crítico, la caridad entre nosotros en la convivencia del confinamiento domiciliario, con una especial solicitud por los cercanos y vecinos que necesiten consuelo y atención, cuidando especialmente a los enfermos. La dificultad del contacto físico requiere un especial amor creativo que invente nuevas formas de manifestar el amor, la cercanía y el apoyo afectivo que tantos necesitan, sobre todo con los que viven solos, ayudados por los medios tecnológicos actuales. No olvidemos a los más necesitados, colaborando en lo posible para ayudar a los enfermos e indigentes. Seamos ejemplarmente dóciles y sacrificados cumpliendo rigurosamente las indicaciones cívicas y sanitarias dispuestas por las autoridades.


La dificultad del contacto físico requiere un especial amor creativo que invente nuevas formas de manifestar el amor, la cercanía y el apoyo afectivo que tantos necesitan, sobre todo con los que viven solos, ayudados por los medios tecnológicos actuales.


Vivamos ahora la Semana Santa acompañando a Cristo que sufre como Siervo de Dios para cargar con nuestros pecados y dolencias y para vencer la muerte en su triunfante Resurrección, por la que nos hace partícipes de la vida eterna. En nuestra situación actual entendemos mejor su Pasión, el desprecio y la soledad que sufre el Señor, el abandono de los suyos, su entrega consciente y ejemplar para vivir amando con coherencia. Miremos a al Señor Crucificado, a quien otros años hemos contemplado piadosamente en las procesiones de nuestras calles, pero que ahora prolonga su doliente presencia entre nosotros en medio de los que sufren, y reclama nuestra ayuda como cireneos para soportar la cruz y sentir más que nunca a su lado su peso extenuante. “Me amó y se entregó por mi” (Gal 2,20). Son nuestros pecados los que le han crucificado. Él, sin embargo, cura nuestras heridas y nos responde con amor, abriendo un caudal de misericordia de donde brota la salvación del mundo.


En nuestra situación actual entendemos mejor su Pasión, el desprecio y la soledad que sufre el Señor, el abandono de los suyos, su entrega consciente y ejemplar para vivir amando con coherencia.


Os recomiendo seguir las celebraciones de Semana Santa por los medios de comunicación. Pero quisiera algo más: que el impedimento doloroso de no participar comunitariamente no nos impida orar profundamente unidos a toda la Iglesia que celebra el Misterio Pascual. Hacedlo desde vuestra casa con piedad, evitad toda distracción, venerad alguna imagen o estampa que tengáis de Cristo y de María. Siguiendo las indicaciones de la Santa Sede los sacerdotes —cada uno según su prudente criterio pastoral, pero siempre íntimamente unidos a vosotros— podrán celebrar, sin que el pueblo esté presente, en el templo, incluso la Misa en la Cena del Señor. Sintámonos fortalecidos como Iglesia. En las retransmisiones orad con devoción y responded a los sacerdotes como si estuvieseis allí mismo en la iglesia. Gracias a ellos, que os siguen acompañando muy de cerca, tendréis todo cuidado pastoral. Se lo he agradecido personalmente y seguirán pendientes de cuánto necesitéis. Aprovechemos este largo tiempo que hemos de compartir para leer juntos la Pasión del Señor, o para participar a través de los medios de todo aquello que nos adentre en lo que estamos celebrando.


Os recomiendo seguir las celebraciones de Semana Santa por los medios de comunicación. Pero quisiera algo más: que el impedimento doloroso de no participar comunitariamente no nos impida orar profundamente unidos a toda la Iglesia que celebra el Misterio Pascual. Hacedlo desde vuestra casa con piedad, evitad toda distracción, venerad alguna imagen o estampa que tengáis de Cristo y de María.


He tomado la decisión, después de valorarlo con los Vicarios y Arciprestes, de aplazar la Misa Crismal. Como sabéis se trata de una celebración eminentemente comunitaria que nos convoca a sacerdotes y fieles para celebrar que Cristo, el Ungido, nos hace participar de su vida a través de los sacramentos. Allí se consagran y bendicen los Santos Óleos y los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales. Es uno de los momentos privilegiados de la liturgia de la Iglesia que experimenta de modo impresionante la fuerza de la Redención y la profundidad de la comunión que nos une más allá de nosotros, porque viene de Dios. Se trata de un encuentro gozoso en el que, como Pueblo Santo de Dios consagrado a Él, gozamos unidos a nuestros pastores que renuevan entonces sus compromisos sacerdotales. Pues bien, cuando pase esta tribulación, nos reuniremos para dar gracias a Dios y vivirlo con la grandeza litúrgica y espiritual que merece, experimentando juntos de nuevo la presencia victoriosa del Resucitado.


Deseo de corazón que Cristo Resucitado nos llene de su luz para hacer su voluntad y seguir su camino. Os pido que intensifiquemos nuestra oración por los difuntos, por los enfermos, por el personal sanitario, por todos los servidores públicos; por los sacerdotes, consagrados, catequistas, familias y cuantos nos sostienen en la fe.


Deseo de corazón que Cristo Resucitado nos llene de su luz para hacer su voluntad y seguir su camino. Os pido que intensifiquemos nuestra oración por los difuntos, por los enfermos, por el personal sanitario, por todos los servidores públicos; por los sacerdotes, consagrados, catequistas, familias y cuantos nos sostienen en la fe.


Imploremos con toda Iglesia al Señor Crucificado y Resucitado para que la humanidad sea liberada del flagelo de esta pandemia, e invoquemos la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la Misericordia y Salud de los Enfermos, Auxilio de los Cristianos, Abogada nuestra, para que socorra a la humanidad doliente y nos obtenga todo bien necesario para nuestra salvación y santificación.


+ Rafael Zornoza Boy

Obispo de Cádiz y Ceuta

En Cádiz a 27 de marzo de 2020

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 27 Mar 2020 12:26:36 +0000
Con Motivo de la Jornada de Manos Unidas https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/54955-con-motivo-de-la-jornada-de-manos-unidas.html https://www.odisur.es/diocesis/cadiz-y-ceuta/documentos/item/54955-con-motivo-de-la-jornada-de-manos-unidas.html Con Motivo de la Jornada de Manos Unidas

Mensaje del Obispo de Cádiz- Ceuta, Mons. D. Rafael Zornoza Boy, con Motivo de la Jornada de Manos Unidas.


Queridos amigos:

Próximo ya el día de la Campaña de Manos Unidas contra el hambre, que lleva como lema “Quien más sufre el maltrato del planeta no eres tú”, escribo estas palabras para llamar a vuestra colaboración después de tomar conciencia de los problemas que nos presenta. Mi agradecimiento, ante todo, a tantos voluntarios que siguen con empeño entregando su vida y tiempo a los más necesitados, en los países en vías de desarrollo y sensibilizando nuestra sociedad: doy gracias a Dios por vuestro testimonio, que sigue iluminando el mundo con el amor de Dios.
Este año Manos Unidas se centra este año en el “cuidado de la casa común”, poniendo en evidencia que, si la crisis medioambiental nos afecta a todos, más a aquellos que viven en regiones vulnerables. Los cambios medioambientales están entre las causas más destacables para el aumento del hambre en el mundo, ya que dificultan la obtención de recursos necesarios para la subsistencia y en algunos casos hacen inviable lavida de las personas. El resultado es el incremento de la pobreza y del fenómeno migratorio, debido a que más personas se ven obligadas a abandonar sus hogares en la búsqueda de un futuro incierto.

Constatamos aquí fácilmente como la “cultura del descarte” acaba afectando al planeta entero. Tanto las personas como las cosas creadas rápidamente se convierten en “basura” desechable (Cf. LS 22.). El hombre actual, ensimismado con el materialismo y su supuesta capacidad ilimitada de transformación técnica de la realidad, ha de interrogarse sobre la ejemplaridad de los ecosistemas naturales, en cuanto a eficiencia y aprovechamiento de los recursos. “El sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos.” No estamos dispuestos a tolerar, al parecer, un “modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras”, sobre todo en lo referente a moderar el consumo y limitar el uso de recursos no renovables, pues supondría un cambio de hábitos de vida en las sociedades del bienestar –bienestar de unos pocos a costa de muchos—. De algún modo, se nos ha convencido de que el desarrollo económico, y el bienestar social, dependen exclusivamente del nivel de consumo y la capacidad de explotación de lo real, sin más criterio casi que el de tener cada vez más.

Manos Unidas, junto diversos socios locales, ha asumido multitud de proyectos en todo el mundo para mejorar la capacidad de aprovechamiento de los recursos, y educar en su gestión integral, en sintonía con el medio ambiente y las características ambientales de cada territorio. Este viernes 7 de febrero celebramos el Día del Ayuno Voluntario, y después, el Domingo de la Jornada de Manos Unidas. Quiero invitar a todos los fieles de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a participar y ser muy generosos, al tiempo que agradecidos por la labor ingente que realizan. El hambre en el mundo es un escándalo que no podemos tolerar con indiferencia, como si no fuera con nosotros, y una lacra que no tiene por qué existir, con tal de que nos pongamos en marcha con entrega y audacia.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cádiz y Ceuta Fri, 07 Feb 2020 10:32:29 +0000