Cartagena Oficina de Información de los Obispos del Sur de España https://www.odisur.es Thu, 06 May 2021 16:42:18 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Jesús es la vid verdadera https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/63297-jesús-es-la-vid-verdadera.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/63297-jesús-es-la-vid-verdadera.html Jesús es la vid verdadera

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

En el Evangelio de este domingo, quinto de pascua, oímos decir con énfasis al Señor que Él es la vid, la verdadera vid y, precisamente por eso, anima a sus discípulos a permanecer unidos a Él de la misma forma que están los sarmientos unidos a la vid si quieren tener vida y dar buen fruto. La figura de la vid y la viña, como recurso para la enseñanza, era conocida en el Antiguo Testamento, especialmente en el lenguaje profético para resaltar la importancia, necesidad y esencia de la unidad del pueblo de Israel con el Señor. La viña es la casa de Israel, el pueblo escogido por el Señor, el pueblo de Dios. Pero, con la venida de Jesús todo ha cambiado, en vez de la imagen de la viña, ahora se centra en la vid, en el Evangelio se nos dice que esa vid es Jesús. La vid, que es Jesús, tiene sarmientos y esos sarmientos somos nosotros. La imagen nueva nos aporta una riqueza de sentido mayor: los miembros del nuevo pueblo de Dios son los sarmientos unidos a Cristo. Cuando dice que Él es la vid, la verdadera, parece como si quisiera llamar nuestra atención y desvelar que todo lo demás son imágenes, figuras y que esta es la verdadera realidad: «Yo soy la vid».

Los sarmientos nacen de la vid, también nosotros nacemos de la vid verdadera, que es Cristo y de la Iglesia, cuyos miembros estamos en unión con el Señor. A esta comunión estamos llamados todas las personas por el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; llamados con un amor gratuito, pues el Señor es el que sale a nuestro encuentro y nos llama, la iniciativa es suya y nos elige. Todos los sarmientos estamos llamados a crecer, para ofrecer el mejor fruto. Esta maravillosa experiencia nos viene desde el Bautismo. La clave está en que el sarmiento sigua unido a Cristo y reciba la sabia del tronco, que es Cristo. Nosotros, en el Bautismo, recibimos la vida divina, la vida de la gracia y crecemos mientras estamos unidos. Si nos separamos de Cristo hemos muerto. Por esta razón nos dice el Señor: «Permaneced en mí», seguid unidos y no cortéis la unión, porque sin mí, no podéis hacer nada.

La palabra y el sentido del verbo permanecer lo tuvo que aprender Israel, porque no estaba en su lenguaje ordinario, puesto que era un pueblo que vivió nómada, siempre había estado en camino, aunque es verdad que ya estaba cansado y su sueño era descansar de las travesías por el desierto, su deseo era instalar ya las tiendas de una manera segura y vivir en paz en la tierra prometida, echar raíces en una ciudad bien fundada (cf. 2 Sa 7, 9-10). El Señor les prometía que este sueño sería una realidad, pero este pueblo no fue fiel, no permaneció en la alianza y volvía al desierto. La experiencia del encuentro con el Resucitado nos ha hecho ver las cosas claras sobre cual es nuestra verdadera patria y san Pablo nos da una pista muy importante: «Caminamos en fe y no en visión. Pero estamos de buen ánimo y preferimos ser desterrados del cuerpo y vivir junto al Señor» (2 Co 5, 7-8). San Pablo nos está diciendo que nuestra verdadera morada está cerca del Señor, porque solo Dios perdura para siempre, es la roca firme donde nos debemos apoyar. Ahora entendemos lo que recoge san Mateo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mt 24, 35). Hoy nos enseña Cristo cómo hemos de permanecer, unidos a Él para siempre en el amor y en fidelidad si queremos dar frutos.


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Tue, 04 May 2021 10:15:11 +0000
El Buen Pastor da la vida por las ovejas https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/63154-el-buen-pastor-da-la-vida-por-las-ovejas.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/63154-el-buen-pastor-da-la-vida-por-las-ovejas.html El Buen Pastor da la vida por las ovejas

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Las lecturas de la liturgia de hoy utilizan la bellísima imagen del Buen Pastor para acercarnos con confianza a Nuestro Señor. Lo que nos aporta esta imagen es de tal importancia y tan rica de contenido que no puede pasar desapercibida, porque hace la mejor foto de Cristo y lo define lleno de ternura y cuidado por ti. En el Antiguo Testamento se esperaba al Mesías con las características de un buen pastor y en Jesús Resucitado se cumple la Sagrada Escritura, porque verdaderamente Jesús es ese Buen Pastor esperado, pero todavía hay un detalle más, ya que en la autodefinición que se da a sí mismo, añade un matiz muy importante: «El Buen Pastor da la vida por las ovejas». Este dar la vida, esa entrega hasta la muerte es un paso adelante que le singulariza al Señor, además de asumir lo propio de este oficio: un pastor que conoce a sus ovejas, que las alimenta, las defiende y protege del enemigo; que no se conforma con el hecho de que una se pierda, sino que sale en su busca, que les importan todas, que las lleva a buenos pastos y, además, es capaz de morir por ellas.

Era yo un joven seminarista y recuerdo que en este día entraban los feligreses a la sacristía de mi parroquia para felicitar a Don José, mi párroco. Ese día aprendí que el sacerdote debía ser también un buen pastor para su pueblo, al estilo de Jesús, y cómo los feligreses reconocían su misión, los desvelos y trabajos por servir al pueblo de Dios que le fue encomendado. Hace mucho tiempo que murió Don José, pero no me he olvidado nunca de él, porque derramó sobre mi cabeza las aguas del Bautismo, recibí de sus manos la Primera Comunión y me ayudó a conocer al Buen Pastor y le estoy muy agradecido. Quizás esta costumbre se haya perdido en muchos sitios, hasta es posible que alguno diga que estas cosas ya no se llevan, pero creo que la ternura y el agradecimiento no pierden valor nunca, por eso os pediría que no pase este domingo sin pedirle al Señor por vuestro párroco. Este es el mejor regalo que un sacerdote recibe, que se acuerden de orar a Dios para que nos fortalezca en la vocación recibida y seamos fieles a la tarea de evangelizar, a pesar de nuestras debilidades y flaquezas. Nuestra vida tendrá más sentido cuanto más imitemos al Señor Jesús en ese caminar hacia la cruz, al servicio de los hermanos, para ser merecedores de su misericordia. No nos han tocado tiempos fáciles para cumplir con la tarea de pastores, a nadie le tocan tiempos fáciles, así que es preciso dar la cara, ganarse a pulso cada día la fidelidad, aunque temiendo y temblando, pero en la confianza de que el que nos llamó es fiel.

El sacerdote está llamado a ser pastor según el estilo de Jesucristo; en su ministerio pastoral, debe transparentar el amor a la Iglesia en todas las actividades, porque las ovejas no son suyas, sino de Cristo y el Señor le pedirá cuentas del amor que haya puesto en esta tarea, hasta dar la vida; sabe que tiene que dejar a un lado los protagonismos personales que rompan la unidad del rebaño. El pastoreo es un ejercicio de amor. El sacerdote se entrega a la misión evangelizadora sabiendo que no es el objetivo el pasarlo bien sino cumplir con el encargo del Señor: «¡Ay, de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!» (Ez 34).

Estamos en comunión en esta Jornada de Oración por la Vocaciones.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 23 Apr 2021 12:31:27 +0000
Los primeros pasos de la predicación https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/63036-los-primeros-pasos-de-la-predicación.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/63036-los-primeros-pasos-de-la-predicación.html Los primeros pasos de la predicación

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Estos momentos de la Iglesia son impresionantes, porque la dinámica de la Historia de la Salvación está en ebullición, en un momento que podemos llamar el «centro del tiempo», donde la resurrección de Cristo tiene un protagonismo esencial, porque se pone en marcha con gran coraje la predicación del Evangelio en todos los rincones de la tierra. Tras el encuentro de Jesús con los dos discípulos de Emaús, estos rompen sus miedos y temores y se ponen en marcha al encuentro de los testigos. Se había producido algo extraordinario: los que huían por el miedo se encontraron a Jesús en el camino, al principio no le reconocieron, pero escucharon al Divino Caminante que les explicaba las Escrituras. Ahora, al poco tiempo, con su palabra y con los signos que les había dado el Señor, se les habían abierto los ojos de la fe e inmediatamente salieron en busca de la comunidad para contarle todo lo que les había pasado y cómo lo reconocieron al partir el pan.

En el evangelio de san Lucas nos encontramos con un elemento que no podremos olvidar, que es el Señor el que toma la iniciativa de ir saliendo al encuentro de los suyos, no los podía abandonar en ese mar de dudas en el que andaban y se presenta delante de todos. Son verdaderamente emocionantes las primeras palabras de saludo del Señor: «La paz con vosotros». El Señor crea un ambiente familiar, sencillo, pero admirable para captar su atención y evadir todos sus temores. La primera cosa que hace Jesús es ayudarles a salir de su desconcierto y les dice: «¿Por qué os alarmáis? ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón?». Trata de calmarlos y de que comprendan que es el mismo de siempre, el que ha caminado con ellos, el que los ha acompañado en las horas de dificultad y en las de gozo, el que cargó con la cruz y subió a lo más alto de ella en el Calvario, el que ha vencido la muerte y ¡vive! Nuestro Señor es especialmente delicado y, con la intención de que no pensaran que era un fantasma –como decían algunos–, les pide de comer y les enseña las señales de la pasión invitándoles a tocarlas, para que comprueben que el Crucificado es verdaderamente el Resucitado y tuvieran confianza.

Es evidente que el encuentro con el Resucitado produce alegría, aunque lleve las marcas de la pasión y les haga recordar todo lo vivido junto a Él y cómo lo abandonaron, cómo le negaron… Esta alegría está llamada a permanecer, mejor aún, a crecer hasta llegar a la meta de la eternidad. El regalo de tener la experiencia de haberte encontrado con Jesús Resucitado requiere una inmensa fidelidad para poder guardar en el corazón la frescura de este don del Señor, también una auténtica conversión del corazón mientras somos peregrinos. El Señor nos conoce bien, sabe de nuestras debilidades, por eso nos ha regalado la fuerza del Espíritu para que sigamos adelante como testigos creíbles de la victoria de Cristo.

Otro tema de especial importancia es la necesidad de tomar conciencia de que somos llamados a la misión, como a los primeros, para ir a anunciando a todos lo que hemos visto y oído con la fuerza del Espíritu. Nos encomendamos a la Virgen María para esta tarea y le presentamos las necesidades de todos los testigos.


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 19 Apr 2021 06:31:43 +0000
Es eterna su misericordia https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62899-es-eterna-su-misericordia.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62899-es-eterna-su-misericordia.html Es eterna su misericordia

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Este domingo escucharemos en el Evangelio que «al atardecer del primer día de la semana» (Jn 20, 19) Jesús se apareció a los discípulos, que todavía andaban con el miedo en el cuerpo y se mantenían alejados de todo el mundo, casi escondidos; pero ya veremos en este tiempo de Pascua que la tónica general será poner de manifiesto los encuentros con el Resucitado. En el Evangelio se resalta que, en estas primeras apariciones, el Señor mostró a sus discípulos los signos de la crucifixión, con sus llagas bien visibles en su cuerpo glorioso. Evidentemente, esa era una forma explícita de catequesis para potenciarles la fe y que supieran que el Crucificado es el Resucitado y que está realmente presente en medio de la comunidad.

La primera palabra que oyen sus discípulos es muy significativa: «La paz con vosotros». Este saludo no les sonaría como el Shalom que se daban en la vida ordinaria, seguro que no, porque en esta ocasión está cargado de sentido, ahora se trata de la paz que solo Jesús puede dar, es la paz de la victoria radical sobre el pecado y la muerte, es la paz del que ha vencido el mal. La paz del Cordero que ha vencido en el sacrificio y que solo tiene la explicación del inmenso amor que Dios nos tiene. Esta paz que el Señor nos da en este día es el signo más grande de su misericordia.

La experiencia de haber participado en la liturgia de la resurrección de Nuestro Señor es la razón más grande de nuestra alegría. Este es un tiempo impactante, que nos dará fuerzas para estar alegres, para cantar aleluya muy alto. El aleluya es el grito de alabanza que han cantado los cristianos más de veinte siglos y traspasa los límites de todas las fronteras. ¡Jesucristo ha resucitado y ha vencido el pecado y la muerte! Alegría para todos, para los jóvenes y ancianos, para niños y adultos; alegría para los que rezan en la paz de las iglesias y para los que cantan la victoria del Señor por las calles; alegría para las familias numerosas, porque viven con generosidad la dimensión del amor; alegría para todos, porque nos hemos encontrado con el Señor Resucitado, la fuente de nuestro gozo.

El Domingo de la Divina Misericordia nos anima a mantener la confianza en Dios, porque nos da los resortes para crecer en la fe, que el que conoce al Señor no se detiene, sigue ahondando en el misterio de su amor. También nos da la posibilidad de crecer en esperanza, sin desánimo, a pesar de todos los mensajes ideológicos y nihilistas, que muchas veces son motivo de persecución. Nosotros no debemos caer en la trampa de entrar en luchas o considerar enemigo a nadie, porque tenemos claro que Dios nos invita a ser constructores de la paz, a respetar a todos, aunque no piensen como nosotros. Jesús nos ofrece su paz gratis, nos quiere como a hijos, porque creemos en su divina misericordia, sale a nuestro encuentro, nos ama y nos perdona.

El Papa Juan Pablo II decía: «La Iglesia mira ahora a Cristo Resucitado. (…) En el rostro de Cristo, ella, su Esposa, contempla su tesoro y su alegría. (…) La Iglesia, animada por esta experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo en el mundo» (NMI, 28). La Iglesia somos nosotros, todos nosotros y esta es la hora de anunciar a Cristo con alegría. Amigos, animaos y no tengáis miedo, que Jesús va delante. Lo malo del miedo es que paraliza y el que tiene miedo ya está derrotado antes de comenzar a caminar. Si tienes miedo, estás perdiendo la ocasión de vivir: Salid de vuestros miedos y cobardías en las que podéis estar encerrados, como les pasó a los primeros discípulos y atreveos a conocer mejor al Señor, a seguirle, a vivir, a crecer, a amar de verdad.


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 09 Apr 2021 12:05:04 +0000
Domingo de Ramos, puerta de la Semana Santa https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62607-domingo-de-ramos-puerta-de-la-semana-santa.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62607-domingo-de-ramos-puerta-de-la-semana-santa.html Domingo de Ramos, puerta de la Semana Santa

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Celebramos la entrada de Jesús en Jerusalén, montado en un borrico. Con este acto de humildad, nos muestra así el camino de abajamiento que le llevará hasta la muerte y una muerte de cruz. Nosotros sabemos que los caminos del Señor son rectos y por los que se puede andar con seguridad, porque es el mismo Dios el que allana los senderos a los justos. En la liturgia de este Domingo de Ramos se anuncia la Pasión del Señor, pero, al mismo tiempo, abre horizontes de esperanza, porque nos adelanta la victoria de Jesús sobre la muerte.

Nuestro Señor es aclamado a la entrada de Jerusalén; la gente seguía con la admiración hacia Él, creo que lo aclamaban de corazón, reconociendo su grandeza: «¡Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea!». Jesucristo entró en Jerusalén entre los gritos de alabanza de unos, la indiferencia e ignorancia de otros, y la confesión de fe de los creyentes… Me pregunto: ¿Qué ha pasado para que estos que gritan sus alabanzas, a los pocos días pidan que lo crucifiquen?, ¿a qué se debe este cambio de opinión? La respuesta puede encontrarse en algo sencillo, que aquellos cánticos estaban muy influenciados por sus sentimientos de admiración y el juicio les venía de comprobar las obras que hacía Jesús, de la fama que le acompañaba, pero eso es fugaz, ya que cuando vienen los problemas la gente se olvida. Y aquí viene la catequesis que quiere el Señor que aprendan, Jesús les enseñará a hacer la voluntad del Padre, puesto que hacer la voluntad del Padre es su alimento. En la Sagrada Escritura podemos ver su conciencia clara y decidida a hacer la voluntad del Padre, recordad lo que dijo en otro momento de conflicto con los judíos: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que “Yo soy”, y no hago nada por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, hablo. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8, 28-29).

Jesucristo es el fundamento, es la base inamovible de nuestra fe, quien se apoye en Él no vacilará; ha sido la voz del Padre pronunciada para nosotros, para que creamos en Él, para que le escuchemos y le sigamos. Su glorificación pasará por la cruz. El Señor ha cambiado nuestra suerte y nos ha rescatado de las garras de la muerte pagando un precio muy alto, no con bienes efímeros, con oro y plata, sino a precio de su propia sangre. Lo más grande ahora es que no nos pertenecemos, sino que somos propiedad del que nos compró y nos salvó. Creer hoy en Jesucristo, muerto y resucitado, es una experiencia personal y comunitaria muy grande, es un dejarse seducir, mejor, es un dejarse redimir por Dios, a través de su Hijo, que se ha empeñado en ofrecernos la salvación y quiere que abandonemos el mal.

Jesucristo es el Rey justo, nuestro Salvador y Señor, y tomar la decisión firme y preferencial por seguirle es acertar en la elección del Camino, la Verdad y la Vida. Mediante la fe, Cristo habita en el corazón del creyente, por eso el discípulo se asemeja a su Señor y se configura con Él, lo cual es «fruto de la gracia». Le hemos costado caro a Dios, a precio de sangre, y en estos días veremos cómo Jesús pasa por el sufrimiento, con bofetadas e insultos y no abrirá la boca, porque está experimentado en dolores. El Varón de Dolores nos podrá consolar y confortar. Entró en el camino la cruz y escogió como suyos los sufrimientos, no solo físicos, sino morales que le acompañaron hasta la muerte, todo por amor a nosotros, para darnos la prueba decisiva de su amor, para reparar el pecado de los hombres.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 26 Mar 2021 13:28:34 +0000
Por la pasión, a la gloria de la resurrección https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62435-por-la-pasión-a-la-gloria-de-la-resurrección.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62435-por-la-pasión-a-la-gloria-de-la-resurrección.html Por la pasión, a la gloria de la resurrección

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

A estas alturas del tiempo de Cuaresma, cuando quedan unos días para vivir la Semana Santa, es conveniente volver de nuevo a actualizar nuestros criterios para afianzarnos en la decisión de vivir en plenitud la madurez de la fe. Partimos del hecho de que Dios nos habló y nos mostró su intención de establecer una alianza nueva con su pueblo. En este domingo volvemos a comprobar que lo viejo ya ha pasado, que nosotros tenemos la dicha de alegrarnos de la nueva alianza, establecida y regada con la Sangre de Cristo; ya no está grabada en piedra, sino escrita en nuestro corazón. El Padre Dios nos ha regalado el don de la fe, cuyo cimiento es la persona de Cristo, el Señor. Cristo es el fundamento de nuestras esperanzas, la roca donde estamos construidos. En Jesucristo, Nuestro Señor, están cumplidas todas las promesas que Dios ha hecho a nuestros antiguos padres, Él es el Redentor universal.

En la segunda lectura, escucharemos un tema esencial, que parece que, queriendo o sin querer, vamos rechazando y Jesús nos lo vuelve a poner delante de nuestros ojos, para que no se nos olvide nunca: la obediencia al proyecto de Dios, el cual incluye la cruz y el sufrimiento. El texto de la Carta a los Hebreos dice expresamente que Jesús, a pesar de ser Hijo, aprendió sufriendo a obedecer y se ha convertido, para todo el que cree, en autor de salvación eterna. La experiencia de Jesús nos cuesta a las personas de este tiempo, porque todo lo que nos rompa la comodidad lo rechazamos y cada vez nos vamos centrando en nuestro interés. La proximidad a la Semana Santa nos ayudará a seguir con la mirada lo que hace Jesús: aceptar la cruz, cargar con ella y subir al calvario. Todos vamos a ser testigos de su amor misericordioso pendiendo de una cruz y con el corazón traspasado.

Jesucristo es la única respuesta de esperanza y salvación que podemos dar a este mundo que se ha apoyado demasiado en lo efímero y que ahora está lamiéndose las heridas de sus fracasos, de las ideologías, del egoísmo y de nuestros pecados. La Palabra de Dios dice que lo viejo ha pasado, que se ha deshecho como el humo la “fuerza” de los que se han montado en el caballo del relativismo y, como Atila, han pretendido destrozar todos los valores cristianos y dejar indefensos a los creyentes, a merced de los manipuladores interesados de este mundo. Jesucristo nos abrirá nuevas posibilidades, nos abre a la vida, a la alegría y dará mayor sentido a la necesidad de la comunión, de la fraternidad universal, como nos pide el Papa Francisco. ¡Qué necesidad tenemos de ponernos en camino, como Jesús, desde el reconocimiento de nuestra fragilidad al encuentro de verdad de Dios!

Jesucristo es el fundamento de nuestra fe, «lo he glorificado y volveré a glorificarlo», ha sido la voz del Padre pronunciada para nosotros, para que creamos en Él, para que le escuchemos y le sigamos. El texto evangélico destaca vivamente el signo que nos da Jesús: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, no puede dar fruto». La glorificación debe pasar por la cruz. Creer hoy en Jesucristo, muerto y resucitado, es una experiencia personal e intransferible, es un dejarse seducir y es un dejarse redimir. Abandonemos el mal, que nos lleva a la perdición y al extravío, y sigamos, cargados con nuestra cruz, a Jesús, que se ha empeñado en ofrecernos la salvación, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 22 Mar 2021 13:53:49 +0000
La misericordia entrañable de Dios https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62208-la-misericordia-entrañable-de-dios.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62208-la-misericordia-entrañable-de-dios.html La misericordia entrañable de Dios

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Conforme avanzamos en la Cuaresma vamos descubriendo la necesidad de acercarnos más al corazón de Dios, porque lo sentimos cercano y misericordioso. En realidad, es su mismo amor el que nos atrae como un imán, porque la acción de Dios es salvadora, tanto, que nos atrae, nos empuja la bondad de Dios a la maravillosa historia de salvación que ha planteado para cada uno de nosotros. Si hemos tenido la suerte de hacer un alto en el camino, de guardar silencio para oír bien la voz de Dios sentiremos que le necesitamos, que nos urge tenerlo cerca, ir hacia Él, sacar fuerza de nuestra debilidad para decirnos a nosotros mismos: «Me levantaré iré y le diré...», tal como hizo el joven pródigo de la parábola. En la Palabra de este domingo encontramos razones poderosas para levantarnos y caminar tras las huellas del Señor, el evidente tesoro de su misericordia. En la primera lectura vemos la pedagogía de Dios, por una parte, se te hace descubrir que la ruina de Israel es consecuencia de las infidelidades de los jefes de los sacerdotes y del pueblo rebelde, que no escuchan a Dios, se han alejado de protección y pretenden construir su vida lejos del Señor. Es aconsejable detenerse a interiorizar esta Palabra, escucharla con atención en el silencio meditativo, porque es muy realista y lleva connotaciones de una actualidad tan patente, que nos está retratando. Confiamos en llegar a tiempo y evitar multiplicar las infidelidades con una verdadera conversión. En segundo lugar, brilla con luz propia la presencia de Dios en nuestra vida, porque nunca se fue, Él permanece cercano, aunque no lo veamos y nos abre los ojos para conocer su manera de actuar: es misericordioso y se compadece de su pueblo, se llena de paciencia, abre las puertas de su corazón para la reconciliación, perdona siempre y ofrece oportunidades…

En la segunda lectura nos explica san Pablo con detalle hasta dónde llega la misericordia de Dios, que sale a nuestro encuentro para rescatarnos de las garras de la esclavitud del pecado y de la muerte, porque es rico en misericordia. Estamos salvados por su bondad y por su gracia, dice san Pablo, eso sí, mediante la fe. La fe es lo que indica que hemos apostado por Dios, que tenemos tanta seguridad que lo hemos invertido todo en Él. Estando cerca de Dios, estamos como el árbol plantado al borde de la acequia, estamos junto a la fuente de vida que no se apaga nunca…, ya no hay miedos, ni temores… al que se ha entregado a Cristo no le faltará nada, ¡lo tiene todo! Esta es la sabiduría a la que se llega, que fuera de la misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre. Por eso, la mejor respuesta que podemos tener, después de haber recibido tanto, es una verdadera y profunda conversión, volver definitivamente el rostro a Cristo, Nuestro Señor y Salvador.

¡Oíd todos, especialmente los que os sentís perdidos ante las múltiples manifestaciones del mal!¡Invocad la misericordia de Dios! ¡Dios es la fuente infalible de la esperanza! Es «Padre misericordioso y Dios de todo consuelo» (2 Co 1, 3). Para los que comenzáis a andar por el camino que conduce a la salvación os diré, que este no está exento de dificultades, que es estrecho y angosto, que en él os encontraréis de cara con la cruz, pero no temáis, esta es «como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre» (Dives in misericordia, 8). El Evangelio de este domingo desvela la primera lección para el peregrino: Dios, desde el árbol de la cruz, ofrece la salvación al mundo, en ese árbol vemos clavado a Jesucristo: ¡A Él hay que mirar, a Él es a quien hemos de escuchar!


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 12 Mar 2021 12:02:52 +0000
Jesús, Palabra de Dios cumplida https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62104-jesús-palabra-de-dios-cumplida.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62104-jesús-palabra-de-dios-cumplida.html Jesús, Palabra de Dios cumplida

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Cuando escuchemos las lecturas de la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma pasará por delante de nuestros ojos toda la Historia de la Salvación, donde se presta una atención especial a los mandamientos de la ley de Dios; estos vienen a ser los grandes principios que estableció con su pueblo después de la liberación de la esclavitud y en ellos están recogidos los fundamentos de la ley mosaica. Jesús, que no ha venido a destruir la ley, sino a darle cumplimiento, es la Palabra de Dios cumplida y en Él toman cuerpo los mandamientos de la ley de Dios, manteniendo el mismo sentido, abriendo los ojos de sus oyentes para que capten la verdadera fe. El Dios que liberó a su pueblo e hizo después una Alianza con él, el Dios de Israel que cuida y protege a los suyos desde siempre, está cercano a las súplicas y escucha los lamentos de su gente, tanto que les hizo la promesa de enviarles al Mesías. Pues, Cristo es la promesa cumplida, la fuerza de Dios y la sabiduría de Dios, como decía san Pablo.

El relato evangélico tiene una actualidad muy grande, el evangelista está queriendo llevar a sus oyentes a que descubran el espíritu de la Nueva Alianza, la vida nueva que está brotando. El relato de la expulsión de los mercaderes del templo es un gesto mesiánico y con este gesto Jesús nos exige una vida nueva, lejana a nuestros “jaleos” personales, nuestras mentiras, falsedades y de toda injusticia e impiedad, de nuestros “negocios”, para liberarnos de toda clase de esclavitudes. Jesús nos dice que no podemos tratar a Dios como tratamos a los demás, que nuestras vidas deben ser respuesta de agradecimiento a Dios por liberarnos de la esclavitud, de amor y alabanzas, que dejemos paso a la luz, a las manos limpias de sangre y de robos. El signo de Jesús en el templo está diciéndonos que donde está Dios hay verdad, libertad, paz, humildad, bondad, compasión, misericordia y perdón. Piensa un momento en esto, si queremos que Dios permanezca en medio de nosotros necesita limpieza y transparencia. Esta es la intención de la Iglesia para este tiempo de Cuaresma, que nos convirtamos de verdad, que volvamos el rostro a Dios y que nos dejemos iluminar por su luz para entrar en su descanso.

La experiencia de vida después de haber escuchado la Palabra es muy positiva, tal como nos narra el salmo 18, que nos dice que la ley del Señor es perfecta, descanso del alma; que sus mandatos son fieles, que instruyen al ignorante, que son rectos y alegran el corazón, que dan luz a los ojos, y que son verdaderos y justos… ¿No os parece que este tiempo de Cuaresma será una buena oportunidad para valorar la Palabra y los mandatos del Señor, puesto que son más preciosos que el oro fino y más dulces que la miel? En el mundo no vamos a encontrar el consuelo, porque pretende echar a Dios, ¡menos mal que nos queda la fe! Y, esta nos dice que la Palabra de Dios nos habla de parecernos al árbol plantado al borde de la acequia, si queremos dar fruto en medio de tanta sequía. Pero, para llegar a eso necesitamos abrirnos más y fiarnos de Dios, hacer silencio y decisión para limpiar nuestro interior de ruidos, negocios, intereses y cadenas; quiere el Señor que desaparezcan los deseos vanos e inútiles, que dejemos de perseguir las intenciones imperfectas y mundanas, las distracciones y pensamientos que te impiden poder escuchar la voz de Dios.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 05 Mar 2021 12:33:04 +0000
Nadie nos podrá separar del amor de Dios https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62004-nadie-nos-podrá-separar-del-amor-de-dios.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/62004-nadie-nos-podrá-separar-del-amor-de-dios.html Nadie nos podrá separar del amor de Dios

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Siempre me ha resultado impresionante el misterio de amor que encierra esta escena de los evangelios, especialmente, cuando hilas la primera lectura del Génesis, que narra la petición que le hace Dios a Abraham de ofrecer en sacrificio a su único hijo, con el relato de la Transfiguración. Este es uno de los textos que hay que escuchar en silencio, porque es intenso y te muestra la mano de Dios en toda la obra de la historia de la salvación. El protagonista es Dios, que lleva por delante la delicadeza, el respeto a su Palabra, la misericordia entrañable, el amor y la valoración de todos nosotros, que estamos en su pensamiento ocupando un puesto esencial. Por eso mismo, san Pablo puede decir: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?... Dios es el que justifica, ¿quién condenará?». La voz de Dios se dirige a nosotros en este caso, quiere que escuchemos bien sus palabras. En este diálogo de amor con Dios salimos fortalecidos, porque hallas seguridad, el Señor te anima a seguir adelante, aunque nuestro peregrinaje recorra senderos difíciles y escabrosos. El tiempo de Cuaresma va a ser una oportunidad maravillosa para poder gozar al escuchar de nuevo a Dios, será necesario prestarle atención, porque es presente, y fortalece nuestra vida y nuestra voluntad.

En la Cuaresma, vestidos de saco y con la ceniza sobre nuestras cabezas, nos prepararemos con fuerza para seguir los pasos de Jesús, aprovecharemos para guardar silencio y entrar en oración, para hablar con Dios y escuchar a Dios. Nuestra tarea es predicar, anunciar el Reino de Dios, llevar la Palabra a todo el mundo, mostrando el camino para que la gente se acerque a Dios, sí, al Señor de la vida, porque solo Él tiene en abundancia lo que el hombre ha perdido y busca desesperadamente: la seguridad, la confianza, la gracia, el perdón, la vida. Por otra parte, el Señor se encarga de calmarnos cuando nos reconocemos pequeños al ser enviados a la misión, porque nos dice con fuerza: «no temas». Recordemos la tormenta en el mar de Galilea que llevó a los discípulos a recurrir angustiados al Señor y pedirle que les salvara, porque iban a perecer… y Jesús les contestó: «¿De qué teméis, hombres de poca fe?». Otra ocasión más para comprobar que si están con Jesús no deben temer nada.

En este domingo de Cuaresma nos dice la Palabra que no somos tan autosuficientes como creemos ya que ante las dificultades nos puede el miedo, somos como niños que seguimos necesitando la ayuda de Dios. La misma situación por la que estamos pasando nos hace pensar que no se nos ha ido el susto, pero somos tan orgullosos que no pedimos ayuda al que puede sacarnos de ahí… El orgullo y la autosuficiencia son terribles, y lo que están indicando es nuestra falta de fe. La soberbia y el orgullo son los indicadores externos de una persona sin fe que anda desorientada; de una persona que está sola, porque no se fía de nadie… Reconozcamos que tenemos urgencia en despertar, en recuperar la fe y poder decir: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?», como leemos en la carta a los Romanos. La persona que se enfrenta al mundo apoyada en la fe en el Señor no tiene miedo, sabe que Dios no duerme ni reposa, no llegará nunca tarde en su ayuda, no te puedes figurar de dónde te vendrá el auxilio del Señor, porque sus caminos son irrastreables, solo tienes una cosa segura, que estará contigo cuando le necesites.


Que Dios os bendiga.


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 26 Feb 2021 14:09:15 +0000
La Cuaresma, para renovar la fe, la esperanza y la caridad https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/61834-la-cuaresma-para-renovar-la-fe-la-esperanza-y-la-caridad.html https://www.odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/61834-la-cuaresma-para-renovar-la-fe-la-esperanza-y-la-caridad.html La Cuaresma, para renovar la fe, la esperanza y la caridad

Escrito del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

En esta semana comenzamos la Cuaresma, tiempo especial de conversión y purificación, que nos prepara la Iglesia, para poder acercarnos con el corazón más transparente a Dios. Conviene estar atentos a esta nueva oportunidad para escuchar a Dios en el silencio de nuestro interior y dar el paso adelante para convertirnos con voluntad y decisión. Este año volveremos a contar también con mediaciones que la Iglesia nos propone y que han dado siempre un eficaz resultado, como la Palabra de Dios, los ejercicios de piedad, la recepción del sacramento de la Reconciliación, la oración, el ayuno y la limosna. El Papa nos lo recuerda así en su mensaje: «El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante». El ofrecimiento de nuestras mortificaciones, el ejercicio de la caridad y el ayuno, tal como lo hemos aprendido de las enseñanzas del Señor, nos ayudarán mucho para poder cumplir la voluntad del Padre celestial.

Hace mucho tiempo me contaron un bello ejemplo para interpretar adecuadamente lo que significa el ayuno que Dios quiere y, aunque lo expresara maravillosamente el profeta Isaías (Is. 58,1-8), esta forma de contarlo se hace más asequible: «Un rabino que ayunaba todos los sábados, se ausentaba a la hora de la comida, desapareciendo de la vista de todos. Esto despertó la curiosidad de su gente, que se preguntaban a dónde iría el rabino. Todos imaginaban que, en su tiempo de ayuno, se encontraría secretamente con Dios y como deseaban averiguarlo designaron a un miembro del grupo para que lo siguiera. El espía lo siguió y vio como el rabino se disfrazaba de campesino y atendía a una mujer pagana paralítica, limpiando su casa y preparando para ella la comida del sábado... Cuando el espía regresó, los otros le preguntaron: “¿Qué ha hecho el rabino en sus horas de ayuno? ¿A dónde ha ido? ¿Le has visto ascender al cielo?”. Este les respondió: “No, ha subido aún más arriba”».

Acoged en el corazón la Palabra de Dios y aplicadla a la situación de los que viven cerca de vosotros, en vuestra casa, en la comunidad parroquial, en el trabajo, con los vecinos… y veréis cómo surge inmediatamente la pregunta decisiva para la conversión y para el compromiso vital: «¿Qué tenemos que hacer?» (Hch 2, 37). La Palabra de Dios conduce a la práctica de la caridad fraterna y la caridad te abre las puertas de la santidad. La Iglesia nos pide que valoremos este tiempo, que no dejemos que pasen los días y las horas sin mirar a Dios y a los hermanos, sin distraernos en lo que es esencial para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Sinceramente, creo que tenemos por delante una aventura apasionante, más, cuando sabemos que el ayuno que quiere Dios es «desatar los lazos de la maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los oprimidos…» (Is 58,6); porque, quien ayuna, dice el Papa Francisco, «se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido…; ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba».

La Cuaresma es un tiempo para activar la fe, por si acaso andábamos un tanto “dormidos”, será la ocasión para sentarnos junto a Dios y confiar con la misma fuerza que la Santísima Virgen, diciéndole, «aquí me tienes, Señor, para hacer tu voluntad».


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 19 Feb 2021 12:47:18 +0000