Córdoba Oficina de Información de los Obispos del Sur de España https://www.odisur.es Sat, 08 May 2021 00:48:11 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es San Juan de Ávila https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/63370-san-juan-de-ávila.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/63370-san-juan-de-ávila.html San Juan de Ávila

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Llegamos al 10 de mayo, día de la partida de san Juan de Ávila de este mundo a la casa del Padre desde su casita de Montilla. Nos reuniremos en la Basílica de Montilla, a los pies de su sepulcro, para venerar su memoria y volver a escuchar sus enseñanzas, siempre actuales. Este año presididos por el Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Auza. En la fiesta de san Juan de Ávila recordamos a los hermanos sacerdotes difuntos en el pasado año, y hacemos fiesta con los sacerdotes que cumplen veinticinco y cincuenta años de ordenación sacerdotal, dando gracias a Dios por su vida y su servicio ministerial.

Él es patrono del clero diocesano secular en España. Precisamente este año se cumplen 75 años de la declaración por parte del Papa Pio XII como ““principal patrono ante Dios del clero secular de España” (2 julio 1946). Y con este motivo celebraremos el III Congreso Internacional en Córdoba y Montilla del 29 de junio al 2 de julio próximos. Ya se puede consultar el programa detallado, que culminará con la Eucaristía del 2 de julio en Montilla, presidida por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, presidente de la Conferencia Episcopal Española, transmitida por TRECE TV para toda España.

La figura de san Juan de Ávila nos es cada vez más familiar, a medida que conocemos sus escritos y su estilo de vida. Nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el 6 de enero de 1500 y murió en Montilla (Córdoba) el 10 de mayo de 1569. Él abre camino a una serie de místicos españoles de esa época, el siglo de oro de la mística española. Su obra principal Audi filia está escrita para todos los públicos, es un tratado de vida cristiana, que presenta el panorama de la vida espiritual, explicado en todos sus aspectos. “Ha convertido más almas que letras tiene”, decía el cardenal Astorga de esta obra, escrita desde los fervores de la noche oscura en la cárcel y muy difundida en su tiempo.

Otra obra, pequeña pero densa y sublime, es el Tratado del Amor de Dios, donde el santo doctor del amor divino, expone con resonancias místicas el amor de Dios como único motor de la redención. Sólo el amor ha sido el motor del corazón de Dios para realizar la obra de la redención. “Amó más que padeció”, afirma al contemplar la pasión del Señor. Ni venganza, ni justicia vindicativa, ni ira. Sólo el amor, en Dios no hay otra cosa. La novedad de san Juan de Ávila consiste en acentuar esta profunda convicción, propia de la Escritura y de toda la tradición de la Iglesia, en un contexto luterano, que nos presentaba un dios justiciero. La postura de Lutero ha dado lugar posteriormente al ateísmo, mientras que la postura católica que san Juan de Ávila proclama en este tratado es el que ha puesto delante de los ojos la misericordia de Dios, que tomará formas diferentes en el futuro, como la devoción al Corazón de Jesús, la divina misericordia, etc.

Y la doctrina abundante sobre el sacerdocio ministerial. En un contexto de relajación de las costumbres del clero, san Juan de Ávila urge a la santidad de los sacerdotes, viviendo en primera persona un estilo de vida, que suscita seguidores, la “escuela sacerdotal avilista”, como una oleada de santidad, que reforma la Iglesia en sus cimientos. Hace caer en la cuenta de la grandeza y alta dignidad del sacerdote por su trato con la Eucaristía. Le invita a vivir pobre, como Cristo, erradicando toda codicia y amor al dinero. Y presenta la realidad sacerdotal atrayente de una vida pura, que suscita el atractivo del amor más grande. San Juan de Ávila proyecta una reforma de la Iglesia, que comienza por la santidad de los sacerdotes y el fervor en los seminarios.
Cuando hoy vivimos una profunda crisis a todos los niveles, sobre todo en la fe del pueblo santo de Dios, la vida y la doctrina del santo doctor Juan de Ávila, se hace más actual que nunca. El proyecto pastoral no es el de unas cuantas acciones inmediatas, sino el de procurar la santidad de los sacerdotes, cuyo ejemplo de vida suscitará abundantes vocaciones y estimulará la santidad de todos los cristianos.

La diócesis de Córdoba tiene en san Juan de Ávila un filón precioso de santidad y de estímulo a la santidad, sobre todo para los sacerdotes. La diócesis de este clericus cordubensis está llamada a brillar en el mundo “por la santidad de la Iglesia y por el celo ejemplar de sus ministros” (or. Colecta).


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 06 May 2021 11:34:59 +0000
San José obrero https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/63240-san-josé-obrero.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/63240-san-josé-obrero.html San José obrero

Carta pastoral del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El 1 de mayo celebramos en la Iglesia la fiesta de san José obrero. Fue el Papa Pío XII el que “bautizó” esta fiesta del trabajo, cuyo origen viene del día internacional del trabajo, con reivindicaciones por parte del mundo obrero de sus legítimos derechos. Todas esas reivindicaciones, en lugar de ser propuestas por el odio y la lucha de clases, vengan propuestas por el amor cristiano, que siembra la paz en todos sus entornos.

Así es calificado san José en el evangelio, como un artesano (Mt 13, 55), y Jesús es conocido en su pueblo como el hijo del carpintero. Uno y otro ganaron el pan de cada día con el sudor de su frente, y por eso pueden arrojar luz a todo el mundo del trabajo, en el que se desenvuelve gran parte de nuestra vida. Lo que el Hijo de Dios ha tocado ha quedado redimido, decían los santos Padres con su argumento soteriológico. Si el Hijo de Dios ha trabajado con sus manos, todo ese mundo ha quedado redimido. Y a Jesús fue san José quien le enseñó el trabajo manual como sustento de sus vidas.

La fiesta de san José obrero, tanto por su origen civil, como por su contenido de dar sentido al trabajo humano, es una nueva ocasión de mirar a este santo singular, San José, “para que el 1 de mayo, acogido por los obreros cristianos, y casi recibiendo el crisma cristiano, lejos de ser un despertar de la discordia, el odio y la violencia, es y será una invitación recurrente a la sociedad moderna a hacer lo que todavía falta a la paz social. Fiesta cristiana, por tanto, un día de júbilo concreto y progresivo de los ideales de la gran familia del trabajo” (Pío XII, 1 mayo 1955).

En la doctrina social de la Iglesia, el trabajo ha venido a constituirse como el centro de la cuestión social. Porque en el mundo del trabajo se encuentran las relaciones sociales de obreros y empresarios, de sindicatos y patronales. Si este mundo es azuzado por el marxismo, la lucha de clases y el odio, el trabajo se convierte en una plataforma de lucha e incluso de violencia y de conflicto. Por eso, es urgente que en este mundo del trabajo entre de lleno el amor cristiano, que construye y edifica la ciudad terrena, y convierte el universo laboral en un clima de concordia y buenas relaciones.

Esa es la tarea de todo cristiano, que está presente en su propio trabajo y se santifica por medio de su propio trabajo. Y es la tarea de los grupos católicos, como son los movimientos especializados de la Acción Católica, que viven su fe en esa frontera del mundo del trabajo, tan agitado en muchas ocasiones por las injusticias que padece. La JOC, la HOAC, la ACO y todos los movimientos obreros católicos tienen constantemente ese reto de hacer presente el amor de Cristo en las periferias existenciales del trabajo cotidiano. Por una parte deben mantener su identidad católica y la comunión eclesial con los demás grupos eclesiales y con los pastores, porque si la sal se vuelve sosa no sirve más que para tirarla y que la pisen. Y por otra parte deben acercarse, encarnarse en el mundo obrero, para hacer presente al “hijo del carpintero” y empapar toda la realidad laboral con un sentido cristiano de justicia, de solidaridad cristiana, que brota del amor.

Celebramos este año el 75 aniversario de la fundación de la HOAC, que el siervo de Dios Guillermo Rovirosa puso en marcha con un gran amor a Cristo y a su Iglesia, y una gran pasión por el mundo obrero. Necesitamos también hoy santos de este calibre, que inmersos en el mundo obrero, trabajen por la paz social y la justicia inmersos en el mundo obrero y apasionados con el amor de Cristo.
La fiesta de san José obrero, en este año josefino, es ocasión de recurrir al Patriarca de la Iglesia universal para que suscite en el mundo del trabajo ese amor con el que él enseñó a Jesús el trabajo de sus manos y nos alcance con su intercesión y nuestra colaboración un trabajo digno para todos, pues el hombre se construye con la acción de Dios y la obra de sus propias manos.


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 29 Apr 2021 11:49:34 +0000
El buen pastor que da la vida https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/63110-el-buen-pastor-que-da-la-vida.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/63110-el-buen-pastor-que-da-la-vida.html El buen pastor que da la vida

Llegados al cuarto domingo de Pascua nos encontramos con la figura atrayente del buen Pastor, Jesucristo. Una imagen que da para mucho, tanto en la antigua tradición bíblica, como en la conciencia de Jesús y en toda la tradición posterior de la Iglesia.

En el Antiguo Testamento, Dios comunica su amor por medio de esta imagen, tan cercana y expresiva para una cultura que vive de sus rebaños y del cuidado de quienes los pastorean. Con esta imagen, los profetas han reclamado la fidelidad de un pueblo que se mareaba con los atractivos de los ídolos y con esta imagen han hostigado a los pastores que buscaban su provecho personal y no el de las ovejas. En un arrebato de celo, Dios llega a decir: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas… para que no anden dispersas en los días de nubarrones y tormentas” (Ez 34).

En este contexto pastoril, Jesús se presenta diciendo: “Yo soy el buen pastor, que conozco a mis ovejas y doy la vida por ellas”, al tiempo que contrapone a los malos pastores, los asalariados, que no les importan las ovejas, sino que se aprovechan de ellas y, cuando viene el lobo, huyen y no defienden a las ovejas.

Esta imagen del buen pastor ha encandilado a los místicos en la larga tradición de la Iglesia. Desde muy pronto, la iconografía cristiana se familiarizó con esta imagen, suscitando comentarios bíblicos y teológicos de la más alta espiritualidad. “Pastor que con tus silbos amorosos / me despertaste del profundo sueño / Tú que hiciste cayado de ese leño, / en que tiendes los brazos poderosos” (Lope de Vega). O este otro: “Un pastorcillo solo está penado / ajeno de placer y de contento / y en su pastora ha puesto el pensamiento / y le pecho del amor muy lastimado" (San Juan de la Cruz).

Es una imagen que suscita ternura, que da seguridad, que lanza a un amor más puro y entregado. La imagen de Jesús cargando con la oveja perdida, que acaba de rescatar, suscita ternura en quien se siente identificado con esa oveja, a la que Jesús no maltrata ni pide cuentas, sino a la que acaricia y trata con cariño.

En este domingo del buen pastor, la Iglesia nos llama la atención acerca de las vocaciones de especial consagración, la de todos aquellos hombres y mujeres que hacen presente en el mundo de hoy la ternura del buen Pastor, tocando las heridas de nuestra humanidad sufriente para sanarlas. Hombres y mujeres dedicados a la atención a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los emigrantes, a los descartados de cualquier tipo. Personas dedicadas a la educación de los niños y los jóvenes. Manos tendidas a los que sufren violencia, maltrato, abusos, injusticia. Corazones entregados a Cristo para hacer presente su ternura de buen pastor hoy entre los hombres. Sacerdotes que prolongan la presencia de Cristo buen pastor en el servicio y con la autoridad de Cristo.

Este domingo es la Jornada mundial de oración por las vocaciones, con el lema “¿Para quién soy yo? Quiere suscitar sobre todo en los jóvenes cuál es el sentido de su vida, para quién quieren vivir su vida, a quién quieren entregarla. Y a todos los fieles recordarnos la necesidad de que todas esas vocaciones vayan acompañadas de nuestro interés y oración. Jesucristo buen pastor sigue llamando para buscar a los que están abatidos y necesita corazones y brazos que lo hagan presente. Toda vocación tiene como fundamento ese encuentro con el Señor. Si la vida se vive para provecho propio, la vocación no tiene sentido, ni siquiera se plantea. Sólo cuando se descubre que la vida es un regalo de Dios con una finalidad, con unos beneficiarios, entonces se plantea la pregunta y para qué, para quién he de vivir. Oremos por las vocaciones consagradas, por los sacerdotes, por todos los que viven su vida para el Señor y para bien de los demás. La vida es muy bonita cuando se vive como el buen Pastor, para dar la vida por los demás.


Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 22 Apr 2021 11:45:19 +0000
Cristo resucitado disipa toda duda https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62968-cristo-resucitado-disipa-toda-duda.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62968-cristo-resucitado-disipa-toda-duda.html Cristo resucitado disipa toda duda

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Tiene Jesús mucho interés en disipar toda duda o vacilación acerca de su resurrección. El evangelio de este domingo tiene ese objetivo. Una vez que los discípulos se han encontrado con Jesús, vuelven a preguntarse; pero, ¿será verdad? O, ¿será una ilusión de mi mente? Esta duda nos asalta a todos antes o después, porque si es verdad, todo cambia en nuestra vida. Y si no es verdad, todo sigue igual y va perdiendo consistencia. Por tanto, si no se nos plantea nunca esta duda es porque quizá no estemos dispuestos a cambiar nada, y para eso mejor ni siquiera dudar.

La resurrección de Jesús es el punto central de nuestra fe cristiana. Incluso la muerte de Cristo y la pasión que le precede adquiere todo su sentido con la luz de la resurrección. Si Cristo no hubiera resucitado, esa pasión y esa muerte, por muy aparatosas que fueran, se quedarían en una expresión de buena voluntad, pero sin ninguna consecuencia en nosotros. Sería un buen ejemplo, sin más.

Por el contrario, como ha sucedido, si la resurrección de Jesucristo es un acontecimiento real e histórico, aunque desborde nuestra mente, se convierte en una luz y una energía potentísimas, que nos hacen entender el significado de la pasión y de la muerte de Jesús, y su victoria sobre la muerte, que nadie más ha alcanzado. Nos cambia el horizonte futuro de nuestra vida, de nuestra muerte y del más allá de la muerte. Porque la resurrección de Jesucristo es anticipo de nuestra propia resurrección, incluso corporal.

La resurrección de Jesucristo certifica que él es Dios, que ha sido constituido Señor para gloria de Dios Padre, que ha resucitado según había dicho. Sus discípulos no le conocen a la primera, porque está cambiado; pero cuando él les descubre quién es, los discípulos le identifican inconfundiblemente. Por tanto, ellos llegan a verle tal cual es, pero sólo son capaces de reconocerle cuando Jesús les desvela su rostro. Ese descubrimiento, por un lado, les lleva a identificarle, pero al mismo tiempo es inapresable, no pueden retenerlo, está en otra dimensión.

El paso de su dimensión a la nuestra se realiza porque él se acerca y entra en contacto con nosotros. El momento más intenso de esa cercanía es la Eucaristía, que contiene a Jesús vivo y resucitado, no sólo durante la celebración, sino quedándose con nosotros para la adoración permanente y para poder llevar la comunión a los enfermos e impedidos. Por eso, la adoración eucarística es la comunicación personal cara a cara con Jesús, aunque él permanece en su dimensión y por eso no podemos verle tal cual es. La fe nos dice: Está aquí, venid a adorarlo. Y cuando entramos en su presencia, antes o después él nos hace percibir su presencia con una paz profunda, que nadie más puede conceder. La fe en la resurrección nos lleva a la Eucaristía, y la misma Eucaristía alimenta en nosotros la fe en la resurrección.

La Eucaristía viene a ser “como una fisión nuclear acaecida en lo más íntimo de nuestro ser” (Benedicto XVI, JMJ Colonia 2005). Si la fisión nuclear del átomo es de una intensidad tremenda, la explosión atómica, la entrada de Jesús en nuestra alma por la Eucaristía se asemeja a esa “fisión nuclear”, capaz de transformar nuestra vida y la historia de la humanidad. La Eucaristía es un acontecimiento que sucede continuamente, Jesucristo sigue cumpliendo su promesa y entra continuamente en nuestra dimensión para transformarnos desde dentro y generar en nosotros como una explosión de amor, que lo cambia todo.
Vale la pena detenernos en esta Pascua a considerar la fuerza tan potente de la resurrección de Cristo en cada uno de nosotros y en la humanidad entera, no sea que tengamos reprimida esa energía por nuestra incapacidad o por la obstrucción de nuestro corazón. La Eucaristía es capaz de transformarnos y nos hace capaces de transformar el mundo entero. Abrimos de par en par nuestras puertas para que entre el Resucitado y lo haga todo nuevo en nosotros.


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 15 Apr 2021 12:46:53 +0000
Domingo de la Misericordia https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62858-domingo-de-la-misericordia.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62858-domingo-de-la-misericordia.html Domingo de la Misericordia

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La aparición de Jesús resucitado al apóstol Tomás remata el ciclo de las apariciones del Resucitado en la octava de Pascua. A cual más bonita, cada una de las apariciones nos va presentando a Jesús, que ha vencido la muerte, y vive glorioso y gozoso junto al Padre, tirando de nosotros hacia esa nueva realidad en la que él vive para siempre. La resurrección de Jesús ha introducido una novedad en la historia de la humanidad, un factor de transformación desde dentro, que nos va divinizando por la acción del Espíritu Santo que brota del Corazón traspasado de Cristo.

La aparición a Tomás reviste características especiales, porque se trata de convertir a un incrédulo. Algo de incrédulos tenemos todos, por eso la aparición a Tomás nos dice algo especial a cada uno de nosotros también.

Jesús venía apareciéndose de distintas maneras a diferentes destinatarios, entre ellos al grupo de los Once, entre los que Tomás no se encontraba ese día. Se lo contaron sus compañeros: “Hemos visto al Señor resucitado”, y él respondió: “Si no lo veo, no lo creo”. Y a los ocho días, al domingo siguiente, Jesús vino al Cenáculo donde estaban todos, incluido Tomás. “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente”. Y Tomás contestó: “Señor mío y Dios mío”.

San Gregorio Magno comenta: “Aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe.” (Homilía 26, oficio lectura del santo).

El costado del Señor fue abierto por la lanzada a las tres de la tarde del viernes santo (la hora de la misericordia), y una novena después, el segundo domingo de Pascua, Jesús le muestra a Tomás ese costado abierto como señal de su resurrección. El domingo de la Divina Misericordia es la ocasión para revalidar nuestra fe y afianzarla mucho más al palpar con Tomás ese costado herido por nuestros pecados y que conserva esa herida para mostrarla al que dude de su amor. Él fue traspasado por la lanza del soldado, fue traspasado por nuestros pecados, y reacciona amando a quienes le hemos crucificado. De su costado brota sangre y agua, como signos del bautismo y la eucaristía, con los que alimenta en nosotros la vida divina.

El Corazón de Cristo se muestra como una gran planta de reciclaje, una purificadora, en donde volcamos nuestros pecados, nuestros delitos. Y él nos devuelve purificado un amor más grande, un amor de misericordia que lava nuestras culpas y pecados. “Nadie tendrá disculpa / diciendo que cerrado / halló jamás el cielo, / si el cielo va buscando. / Pues vos, con tantas puertas / en pies, mano y costado, / estáis de puro abierto / casi descuartizado”, dice una preciosa poesía del viernes santo.

La Divina Misericordia no es sólo perdón por parte de Dios a nosotros pecadores, sino que cura nuestras heridas precisamente en las heridas que nosotros le hemos infligido. Sus heridas nos han curado, porque de ellas mana el Espíritu Santo a raudales para que nosotros los bebamos a sorbos y saciemos nuestra sed. El agua de la gracia es el Espíritu Santo, y esa agua sólo la encontramos en las llagas de Cristo, que se prolongan en nuestras heridas y en las heridas de nuestros hermanos. “De lo que era nuestra ruina has hecho nuestra salvación”, reza el prefacio III dominical TO. Encontraremos la salvación allí mismo donde se ha producido la herida, porque Cristo la transforma en fuente de Espíritu Santo para nosotros. Domingo de la Misericordia, acudamos con confianza a la fuente de la gracia.


Recibid m afecto y mi bendición;


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 08 Apr 2021 12:10:31 +0000
Cristo ha resucitado, aleluya https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62797-cristo-ha-resucitado-aleluya.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62797-cristo-ha-resucitado-aleluya.html Cristo ha resucitado, aleluya

Carta del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, para Pascua:

Monseñor Demetrio Fernández recuerda que "el acontecimiento de la resurrección de Jesús debe ser el acontecimiento más estudiado de todos los tiempos" y que "mientras no nos encontramos de verdad con Jesucristo, a nivel personal como una experiencia propia, no llegamos a ser existencialmente cristianos".

"Vuelve un año más la celebración de la resurrección del Señor. Un acontecimiento que ha cambiado la historia de la humanidad y ha cambiado el corazón de muchas personas.

Un acontecimiento real, histórico y transcendente.

Los discípulos estaban sumidos en un momento bajo de sus vidas. Habían puesto su esperanza en Jesús, y esa esperanza quedó defraudada con el escándalo de la Cruz. Ver a su Maestro colgado de un madero, como un malhechor, como un maldito de Dios, supuso un escándalo insuperable. Nos pasa a nosotros muchas veces. Cuando las cosas van bien, es fácil descubrir la presencia y la acción de Dios en nuestra vida, en nuestra historia. Pero cuando las cosas van mal, cuando aparece una contrariedad, cuando nos topamos de frente al mal en nosotros o en los demás, viene la oscuridad y no sabemos cómo responder.

Y en esas, corre la noticia de que el muerto sepultado no está allí. Qué ha pasado? Un ángel da la explicación: No está entre los muertos el que vive, ha resucitado. Jesús se aparece a las mujeres y las hace testigos de su resurrección. Y éstas lo comunican a Pedro y a Juan, que van corriendo al sepulcro. El sepulcro no contenía ya el cadáver que allí se había depositado y por la colocación de la sábana y las vendas se veían trazos de algo grande ocurrido esa mañana. Y enseguida vinieron las apariciones, una tras otra: a los apóstoles, a los discípulos de Emaús, en el Cenáculo. Y más adelante, junto al lago, en plena faena de pesca, etc.

A los apóstoles les cambió la vida totalmente. De una situación sin esperanza pasan a una explosión de gozo y entusiasmo, que se va multiplicando a medida que unos y otros lo han visto y concuerdan en el anuncio. Ellos se convirtieron en pregoneros de esa buena noticia para el mundo entero hasta el día de hoy. La Iglesia tiene esta tarea.

El acontecimiento de la resurrección de Jesús debe ser el acontecimiento más estudiado de todos los tiempos. Desde todos los puntos de vista. Es tan fuerte el hecho que ha interrogado a personas de todo tipo, en todas las épocas y en todos los campos de la vida. Y Jesús ha ido mostrando a cada uno aquella certeza que transmiten los primeros: Es verdad, ha resucitado. Uno de ellos fue san Pablo, perseguidor de la Iglesia, que se topó de bruces y sin esperarlo con Jesús resucitado en el camino de Damasco, cayendo del caballo: “Yo soy Jesús a quien tú persigues”, le dijo el Señor.

Esa experiencia cristiana se repite en nuestra vida. Mientras no nos encontramos de verdad con Jesucristo, a nivel personal como una experiencia propia, no llegamos a ser existencialmente cristianos. Hemos sido bautizados de niños, pero Jesucristo no ha entrado en nuestro corazón hasta que no lo descubrimos presente en nuestras vidas, hasta que no experimentamos su misericordia como un efecto benéfico de su redención.

No cabe el engaño ni la ilusión, no cabe la trampa y o la sugestión colectiva. El creyente ve que todo casa al aceptar la resurrección del que ha muerto en la Cruz. Y el no creyente dejará sin explicar lo que los apóstoles nos anuncian. Pero en un caso y en otro la fe será fruto de una gracia del Espíritu Santo en el corazón de quien está abierto a esos dones.

Y cuando uno ha tenido ese encuentro personal con Jesús resucitado, no puede callar. Se convierte en testigo –con su vida y con sus palabras- de esa transformación que va cambiando el mundo en cada generación.

Para los cristianos es la fiesta principal del año, que llena todas las jornadas de nuestra vida y que da sentido pleno a nuestra vida presente y futura. Que llegue a todos la alegría de la Pascua. Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado. Aleluya".


Recibid mi afecto y mi bendición. Santa Pascua:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Tue, 06 Apr 2021 10:31:19 +0000
Custodios de la vida https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62567-custodios-de-la-vida.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62567-custodios-de-la-vida.html Custodios de la vida

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, con motivo de la Jornada por la Vida 2021.

El 25 de marzo celebramos cada año la solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María virgen, nueve meses antes de su nacimiento para el 25 diciembre.
Es la fiesta de la vida, el momento en que el Hijo de Dios se hizo célula viviente, embrión humano. En ese momento recibió un alma creada, que unida a su carne, constituye una naturaleza humana completa: la humanidad en la que se ha expresado Dios por medio de su Hijo. Todo lo que el Verbo ha tocado ha quedado sanado, ha quedado redimido. También esta realidad de la concepción humana, del inicio de la vida humana en el seno materno. También la muerte asumida con amor y como expresión del amor más grande.

Nuestra cultura, donde la libertad está exacerbada, quiere disponer de la vida. Utiliza incluso todos los avances de la ciencia para la fecundación artificial, para la manipulación de embriones, para suprimir incluso la vida naciente, cuando puede resultar incómoda. O cortar su final natural mediante la eutanasia, cuando ya no existen cuidados amorosos. El hombre contemporáneo quiere atribuirse el papel de Dios en el campo de la vida.

La Jornada por la Vida viene a recordarnos que el hombre no es dueño absoluto de la vida, porque la vida siempre es un don de Dios y constituye el primero y fundamental derecho de toda persona humana. Cuando Dios ha dado su Ley fundamental, en el quinto mandamiento nos dice: “No matarás”. Nunca hay motivo para suprimir una vida humana, y menos cuando ésta es inocente, o cuando es débil, frágil y vulnerable.

Estamos en el Año de san José. Él recibió una misión en relación con la vida de su esposa María y de su hijo Jesús. Él fue verdadero custodio de la vida, cuidador vigilante de la vida de su esposa y de su hijo, sobre todo cuando éstos estaban en peligro. Toda la ternura de un padre aparece cuando José toma a María y al Niño de su vientre, que viene del Espíritu Santo, y les da la cobertura de su seguridad y de su cuidado. Cuando tiene que huir a país extranjero o regresar a su patria. San José ha puesto su vida entera al servicio de la vida. No pensó si la vida era o no era conveniente, no calculó si los trabajos valían la pena, no adoptó nunca una actitud de egoísmo, sino que puso su vida al servicio de la vida, y eso le hizo feliz, porque cumplió así la voluntad de Dios.

La Jornada por la Vida este año quiere ponernos delante de los ojos a san José, custodio de la vida, para que aprendamos de él a custodiar la vida, la nuestra y la de los demás. El dragón rojo del Apocalipsis está al acecho para devorar al niño cuando nazca (Ap 12,4). Herodes mandó matar a todos los niños de menos de dos años para eliminar a Jesús (Mt 2,16), pero éste ya había huido a Egipto con José y con María.

En España cada año son eliminados más de cien mil niños por el aborto procurado. A partir de ahora tendremos cifras de las personas mayores que han sido eliminadas antes de su fin natural y de todas aquellas que han decidido quitarse la vida, y son ayudados a ello por personal sanitario. La vida está en peligro. Necesitamos urgentemente “custodios de la vida”, que salgan al paso del dragón rojo y de Herodes, como hizo san José.

Cuando Dios está ausente, cuando no se cuenta con Dios para nada, hasta la vida humana corre peligro. Entonces, el hombre se considera dueño absoluto de su vida y de la vida ajena en su origen y en su final, la vida corre peligro. La sociedad y sus leyes se elaboran al servicio de estos intereses. Por eso, los creyentes de cualquier religión, y los cristianos más todavía, somos amantes de la vida, custodios de la vida, como san José. La vida es un don de Dios y nosotros hemos de protegerla, ser “custodios de la vida”.


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 25 Mar 2021 14:01:39 +0000
Año “Familia Amoris laetitia” https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62401-año-“familia-amoris-laetitia”.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62401-año-“familia-amoris-laetitia”.html Año “Familia Amoris laetitia”

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández


“El anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia”


El 19 de marzo 2021 se cumplen cinco años de la publicación de la exhortación apostólica post-sinodal “Amoris laetitia” sobre el amor en la familia. Un documento magisterial, fruto de los dos Sínodos anteriores sobre la familia: el Sínodo extraordinario de 2014 y el Sínodo ordinario de 2015. Con este motivo, el Papa Francisco ha señalado como Año “Familia Amoris laetitia” el presente año, que nos prepara al Encuentro Mundial de las Familias en Roma ( junio 2022).

La familia es el camino más importante de la Iglesia, decía san Juan Pablo II en la Carta a las familias durante el Año de la Familia 1994. Y en esa misma línea repite Amoris laetitia que el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia (n. 31). Con este documento, el Magisterio de la Iglesia se inserta en la gran tradición de enseñanzas de la Iglesia, sobre todo a partir del concilio Vaticano II, seguido del rico magisterio de san Juan Pablo II, y mirando a nuestros días y al futuro de la sociedad y de la Iglesia. “El anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia”, reza el lema de este año “Familia Amoris laetitia”, que comienza el día de san José 2021.

Es momento de volver a leer con calma esta exhortación apostólica, como Magisterio ordinario de la Iglesia, sin polarizarnos en las distintas interpretaciones, algunas contrarias entre sí. El cuerpo doctrinal del documento nos ofrece abundantes pautas para la reflexión y la aplicación pastoral a nuestros días, y todo documento magisterial debe ser leído en el surco de la rica tradición de la Iglesia, que en este campo y durante el último siglo tiene abundantes aportaciones. Quiere el Papa Francisco que este Año de la familia nos prepare al X Encuentro Mundial de las Familias en Roma con el Papa el 26 de junio de 2022.

Nuestra Delegación diocesana de Familia y Vida se ha puesto en marcha para impulsar los objetivos que la Iglesia nos señala en este Año “Familia Amoris laetitia”. Lo ha presentado en el Consejo Diocesano de Pastoral, y destaco entre todas esas iniciativas la “Peregrinación de las reliquias de san Juan Pablo II a las familias. Abrid las puertas a Cristo”, que puede solicitarse desde cada parroquia. Juan Pablo II, el “Papa de la familia”, como le ha titulado Francisco, estará muy presente en todo este Año de la Familia, porque su doctrina sigue aportando grandes luces, sobre todo en la “Teología del cuerpo” y en la aplicación de la encíclica Humanae vitae de Pablo VI.

Este año largo fija como 12 propuestas, a concretar en cada diócesis y parroquia: 1) la preparación al matrimonio con nuevos itinerarios catecumenales (AL 205-222); 2) que los matrimonios caigan en la cuenta de la riqueza del sacramento nupcial, a través de acompañamiento, retiros, ejercicios, etc. (AL 58ss y 223-230); 3) encuentros con los padres sobre la educación de sus hijos (AL 172ss y 259-290); 4) reflexión sobre la belleza y las dificultades de la vida familiar (AL 32ss y 89ss); 5) acompañar a parejas en crisis para reforzar (AL 232ss); 6) insertar a las familias en las instituciones de Iglesia, preparar agentes, sacerdotes, seminaristas; y valorar iglesia doméstica (AL 86-88, 200-202); 7) promover la vocación misionera (AL 201, 230 y 324); 8) desarrollar una pastoral de las personas mayores (AL 191-193); 9) involucrar a la pastoral juvenil en este año, con puntos que interesan: familias, matrimonio, castidad, ecología, pobres. Incluir a los niños; 10) Preparar el Encuentro Mundial de las Familias en Roma (junio 2022); 11) iniciativas de acompañamiento a familias heridas (AL 50, 241ss, 291ss); 12) grupos de lectura y profundización en Amoris laetitia (AL 199ss).

Un amplio programa que abarca todos los sectores de pastoral. La familia no es el problema, la familia es la solución. En el proyecto de Dios, la familia constituida por el varón y la mujer, de donde brota la vida, sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy. Vale la pena apoyarla y difundir sus beneficios. Oramos por los frutos de este año.


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 18 Mar 2021 09:41:42 +0000
Padre y hermano, como san José https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62196-padre-y-hermano-como-san-josé.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62196-padre-y-hermano-como-san-josé.html Padre y hermano, como san José

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Todos los años san José tiene un protagonismo especial en el Día del Seminario, pues en su fiesta celebramos el Día del Seminario y nos encomendamos especialmente a él como patrono de las vocaciones sacerdotales. Dios le encargó de proteger y formar a Jesús, sumo y eterno Sacerdote, y a él recurre la Iglesia en tantos asuntos, y especialmente en éste de las vocaciones sacerdotales, que provean el servicio a la Iglesia, de manera que no falten esos sacerdotes que celebren la Eucaristía y los demás santos misterios.

Este año, además como Año josefino, san José ocupa el titular del lema: “Padre y hermano, como san José”, para reclamar la atención de la Iglesia sobre las vocaciones sacerdotales. No creo que le moleste, porque él suele hacer las cosas discretamente, sin que se note. Es de esas personas sumamente eficaces, pero cuya presencia apenas se nota si no te detienes en ella. Lo hace con tal eficiencia que ni siquiera se percibe que sea él. Sin embargo, nos dice santa Teresa de Jesús, “tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él… No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido” (Vida 6,6).

San José tiene mucho que decirles hoy al sacerdote y al seminarista aspirante al sacerdocio. Al sacerdote como a san José se le pide la entrega de toda su vida para asumir como propio un proyecto que le viene dado, un proyecto que él no construye, un proyecto que le desborda. San José acogió en su casa a María, que llevaba en su vientre virginal al Hijo de Dios hecho hombre. Al sacerdote se le pide que acoja en su corazón todo el misterio de Cristo para llevárselo a los hombres en la Iglesia, por medio de los sacramentos –sobre todo de la Eucaristía y el perdón-, por medio de la Palabra anunciada y predicada, por medio de una vida entregada completamente y cuyo testimonio será el ingrediente esencial de la tarea encomendada.

San José obedeció a Dios e hizo lo que el ángel le fue indicando en aquellos cuatro sueños sucesivos. Vivió en la obediencia y entrega de toda su vida, como el sacerdote. Este no tiene proyecto ni destino propio, vive disponible a lo que Dios le vaya marcando, según las necesidades de la Iglesia. El sacerdote, como san José, vive de la fe, se sitúa en ese plano que el mundo no entiende, pero que trae tantos bienes a la humanidad. Es imposible responder a la vocación sacerdotal o perseverar en ella, si la fe no es alimentada constantemente. Cualquier otro proyecto humano se vive desde Dios o no, pero tiene un sentido visible y constatable. La vocación sacerdotal, no. O se vive desde la fe y con una fe desarrollada, o se abandona. Querido san José, guárdanos en tu obediencia a Dios como fruto de la fe. Guarda a los sacerdotes y a los seminaristas, porque Dios no los llama para un proyecto de ellos, sino para un plan divino de redención, que les tomará toda su vida, como a ti. Y eso es imposible vivirlo, si no es en la fe madura y creciente, como tú.

San José ejerció una verdadera paternidad con Jesús y fue una seguridad permanente para su esposa María. El sacerdote es llamado para ser padre de verdad, pero sin sentirse nunca dueño de sus hijos. Sabe que sus hijos son de Dios, pero es verdadero padre, porque da la vida por ellos, comparte sus preocupaciones, gasta sus energías. Su alegría y su gozo están en ver crecer a sus hijos para que se parezcan a Jesús. El sacerdote es llamado para proteger a la Iglesia su esposa, para ofrecerle la seguridad de la fe, para alimentarla con los sacramentos y con la Palabra, para protegerla de todos los peligros con que la acecha el Maligno. La Iglesia necesita esa protección, como la necesitó María en aquel momento y se la prestó san José. Sin sacerdotes la Iglesia no puede subsistir, le faltaría la Eucaristía como alimento esencial, y todo lo demás que sólo el sacerdote puede aportarle.

Se necesitan hoy hombres como san José. Con una virilidad a prueba de fuego, que no se encojan ante las dificultades, sino que sean capaces de proteger a la Iglesia y de hacer que Jesús crezca en el corazón de las personas. Obedientes, castísimos, pobres, como san José. A él se lo pedimos en el Día del Seminario para nuestra diócesis y para la Iglesia universal.

Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 11 Mar 2021 13:28:21 +0000
Con María, unidos en la tribulación https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62066-con-maría-unidos-en-la-tribulación.html https://www.odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/62066-con-maría-unidos-en-la-tribulación.html Con María, unidos en la tribulación

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

A lo largo del año van jalonándose distintas fechas misioneras, que nos mantienen alerta el espíritu misionero, el recuerdo del mandato de Cristo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc 16,15). El primer domingo de marzo es el día de Hispanoamérica, este año bajo el lema “Con María, unidos en la tribulación”.

España está unida a Hispanoamérica por lazos de fe, de cultura, de lengua, etc. desde hace siglos. El descubrimiento de América por Cristóbal Colón vinculó aquellas tierras hermanas con España y han sido miles de hombres y mujeres los que han gastado su vida en la evangelización de tales países hermanos. La gesta de la evangelización de América ha sido una de las más grandes hazañas de la humanidad a lo largo de la historia. Partía de un afán misionero y con la precariedad de la época han dado su vida miles de misioneros, o en el mismo viaje naufragando, o en el agotamiento de las fuerzas al recorrer extensos territorios, siempre sometidos a privaciones, falta de medios humanos, sanitarios, culturales, etc. Llevaban consigo la alegría del Evangelio.

La Iglesia que peregrina en España no quiere olvidar esa gesta para motivar la tarea misionera del presente. En Hispanoamérica hay todavía mucho por hacer y a día de hoy son muchos hispanoamericanos los que vienen a España con una inmigración que rejuvenece nuestra población. Son 178 sacerdotes españoles actualmente los que trabajan en aquellas tierras, 3 de ellos cordobeses. Constituyen la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana). Y junto a ellos, más religiosas y multitud de fieles laicos, que han respondido a la llamada de evangelizar América. El primer domingo de marzo hacemos memoria de esta rica realidad misionera, que tiene en España sus raíces y repercute beneficiosamente en nuestra Iglesia española.

La pandemia afecta al mundo entero, también a estos países más pobres, también a nuestros misioneros españoles destacados allí. Nuestros misioneros experimentan en estas ocasiones más que nunca el respaldo de España en todos los sentidos. Existe un lazo fuerte entre aquellas comunidades y las nuestras. La intercesión de la Virgen María, que en estos momentos de tribulación ejerce más todavía como madre de todos, sea un recurso común para continuar la tarea de evangelización. Ayudar a tantas familias contagiadas, ofrecer medidas especiales para superar la pandemia, proporcionales oxígeno, darles medicamentos. Son tareas que van anejas a los trabajos de catequesis de niños, jóvenes y adultos, coordinación con los responsables de comunidades, sacramentos de iniciación cristiana y matrimonios canónicos, la Santa Misa cuando se llega, etc. Ajustándonos todos el cinturón, podemos expresar nuestra solidaridad con los misioneros españoles que trabajan en Hispanoamérica, dándoles nuestro apoyo eclesial, afectivo y económico.

La Misión Picota es una parroquia de la Prelatura de Moyobamba/Perú, que la diócesis de Córdoba ha asumido en convenio con el obispo del lugar. Dos sacerdotes, Rafael y Antonio, trabajando a pleno rendimiento, dos comunidades religiosas, las Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús y las Obreras del Corazón de Jesús, que atienden el hogar de las niñas y múltiples tareas parroquiales, sanitarias, asistenciales. Varios miembros del Movimiento Misionero “Sagrada Familia”, de origen norteamericano. Miles de catequistas nativos, más de un centenar de responsables de comunidades. Aquella parroquia, con más de cien comunidades, que se extiende por un territorio casi como media Andalucía, es una bendición de Dios para nosotros. Se trata como de una prolongación de la diócesis de Córdoba en territorio de misión. Y hacia allí se canalizan muchas energías espirituales y económicas de muchos cordobeses. Sigamos apoyando.

El Día de Hispanoamérica nos hace más cercanos a nuestros hermanos hispanoamericanos. “Con María, unidos en la tribulación” para salir adelante con la misión encomendada: anunciar al mundo entero el Evangelio de Jesucristo.


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 04 Mar 2021 13:42:30 +0000