Huelva Oficina de Información de los Obispos del Sur de España https://www.odisur.es Sat, 30 May 2020 20:53:16 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Nuestra Iglesia «en salida» https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/57104-nuestra-iglesia-en-salida.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/57104-nuestra-iglesia-en-salida.html Nuestra Iglesia «en salida»

Carta pastoral del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:


A la luz de la Pascua, todavía confinados en nuestras casas a causa de la pandemia que estamos sufriendo, deseamos y oramos para que, cuanto antes, el Señor nos conceda superar este momento tan doloroso –especialmente para los que han experimentado la enfermedad y han sufrido la pérdida de sus seres queridos–, y podamos volver, sin restricciones, a la vida ordinaria y a convocar a toda la comunidad cristiana para celebrar juntos la Eucaristía.

Para animaros en este momento, os presento algunas sugerencias que nos ayuden a salir de esta situación con espíritu de “Iglesia en salida” como nos insiste el Papa Francisco.

Como Iglesia diocesana, confiando en la providencia de Dios, hemos de afrontar con generosidad y buen ánimo esta nueva etapa: generosidad para acompañar a los fieles que han pospuesto necesariamente la celebración de los sacramentos, y generosidad para ayudar a los más afectados en su economía.

A todos os pido serenidad, flexibilidad y diálogo sincero. Porque estoy convencido que muchas personas llegarán a las puertas de nuestras parroquias para concretar las fechas de las primeras comuniones, confirmaciones, bodas, funerales para sus difuntos, y también muchos necesitados nos solicitarán ayuda para sus carencias más urgentes. Hemos de estar atentos a las personas que no vienen habitualmente a pedir, y, ahora, de pronto se ven necesitadas; con delicadeza y sensibilidad estemos cerca de ellas para ayudarles.

Será necesaria la participación de todos en la ayuda a los pobres y a la comunidad parroquial. Los sacerdotes, conmigo, hemos querido aportar nuestra contribución personal, ofreciendo una cantidad significativa a la cuenta que Cáritas ha abierto para estas circunstancias, confiando que este gesto os estimulará a muchos a compartir lo que generosamente podéis ofrecer también.

Deseo que esta etapa que vamos a vivir sea una etapa de autenticidad evangélica, que todo lo que hagamos lo realicemos a la luz del Evangelio: que nuestras palabras vayan acompañadas de gestos; que nuestras actitudes reflejen la misericordia y el amor de Cristo hacia todos; que vivamos la experiencia de reforzar los lazos comunitarios y, en definitiva, que todos, sacerdotes, religiosos y laicos, seamos testigos del Resucitado, “llenos de fe y Espíritu Santo” (Cf. Hch 11, 24). Que los “Hechos de los Apóstoles” se hagan visibles en nuestras parroquias. Para ello oremos intensamente preparando este momento de “salida”. No hay misión sin oración. No hay misión sin el impulso del Espíritu Santo.
Durante este tiempo de pandemia, nos hemos dirigido a la Santísima Virgen con la oración del Papa Francisco, confiando en que Ella, como en Caná de Galilea, con su intercesión, hará posible que volvamos a experimentar la fiesta y la alegría después de este momento de prueba.


Con mi afecto y bendición.


✠ José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva

Ver vídeo mensaje Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 22 May 2020 09:57:26 +0000
¡Alegraos! https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/56348-¡alegraos.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/56348-¡alegraos.html ¡Alegraos!

Video mensaje del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Hoy es Domingo de Resurrección.

¡Alegraos!, queridos hermanos y hermanas, porque Cristo ha resucitado. Él es nuestra vida. La resurrección del Señor es la victoria de la vida sobre la muerte, la victoria del amor, que siempre vence. Nosotros somos testigos del resucitado.

Os deseo a todos una feliz Pascua, que la resurrección del Señor acreciente en nosotros la esperanza y que, dondequiera que estemos, seamos testigos de esperanza y servidores generosos, porque el amor de Cristo tiene que reflejarse en nuestras propias vidas y hacernos portadores de alegría. Esto es muy necesario en las circunstancias en que viven tantas personas en este momento de nuestro mundo, entristecido por la pandemia, pero el Señor resucitado nos da a todos luz para mirar esta situación con esa mirada de esperanza que nunca defrauda.

Ver video mensaje

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Tue, 14 Apr 2020 12:35:58 +0000
‘Semana Santa del corazón y la familia’ https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/56072-‘semana-santa-del-corazón-y-la-familia’.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/56072-‘semana-santa-del-corazón-y-la-familia’.html ‘Semana Santa del corazón y la familia’

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:


Me dirijo a vosotros para ayudaros a vivir esta Semana Santa, que celebraremos de manera tan distinta a otros años. Estamos en casa, sin poder salir, cumpliendo las directrices de las autoridades sanitarias, colaborando así a detener la pandemia que estamos sufriendo. Nos cuesta, pero lo hacemos por el bien de todos.

En esta situación, oiremos a veces la expresión “este año no hay Semana Santa”. No es así. Sí hay Semana Santa, aunque la celebraremos de forma diferente: no habrá procesiones en las calles; las celebraciones litúrgicas se realizarán sin presencia de fieles y, sin embargo, “habrá Semana Santa”, porque los cristianos no podemos dejar de hacer memoria de Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros.

La luna de primavera señala la fecha de la Pascua. Los judíos se reunían para cantar la salida de la esclavitud de Egipto, sacrificando el cordero y comiendo el pan ácimo. Jesús, el Señor, celebró la cena de Pascua y como manso cordero fue crucificado, muerto, sepultado y resucitó al tercer día. Desde ese momento, la Iglesia de todos los tiempos se reúne “cada semana, en el día que llamó del Señor, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión en la máxima solemnidad de la Pascua” (Sacrosanctum Concilium, 102).

Celebramos la Pascua de manera solemne y recordamos, paso a paso, los acontecimientos culminantes de nuestra redención, comenzando por el domingo de Ramos, con la entrada de Jesús en Jerusalén, hasta el domingo de su santa resurrección.

Dentro de esa Semana Santa nuestra piedad se concentra en el Triduo Sacro, “punto culminante de todo el año litúrgico”, que comienza el jueves santo por la tarde con la conmemoración de la última cena. El viernes santo, la Iglesia contempla la pasión y muerte de su Señor. El sábado santo, día de silencio, permanece junto a su sepulcro. Y en la noche santa del sábado al domingo, vela en oración para exultar de júbilo por la resurrección de Cristo, “que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida”. La Semana Santa no es sólo recuerdo. El Señor es el viviente, está entre nosotros y actualiza su amor y su salvación.

Otros años nos reunimos en las iglesias para celebrar solemnemente estos santos misterios y salimos a las calles para contemplar los “pasos” del Señor y de su Santa Madre, que nuestras hermandades muestran como una catequesis llena de arte y belleza. Este año no podrá ser así. Soy consciente de lo duro que resulta para todos los creyentes no poder participar en esta liturgia y, especialmente, para los cofrades, no poder vivir como en otras ocasiones lo que preparáis con tanta ilusión y esfuerzo.

Sin embargo, hemos de procurar vivir la Semana Santa como una oportunidad nueva: vivirla desde el corazón, avivando nuestra fe y haciéndolo en familia, como “iglesia doméstica”. Es esta, pues, la Semana Santa del corazón y de la familia.

Como el pueblo de Dios en el exilio, sin templo y sin celebraciones, descubrió que podía agradar a Dios con un culto que tenía como centro su corazón, así nosotros en estas circunstancias reconoceremos que Dios aprecia, sobre todo, un corazón cercano a Él, humilde y obediente (Cf. Dn 3, 38-39).

Nosotros no hemos elegido esta situación que nos llena de preocupación y tristeza, sobre todo a quienes han vivido situaciones más dramáticas en el seno de sus familias. Todos estamos haciendo un gran esfuerzo quedándonos en casa. Los padres estáis cuidando a vuestros pequeños, convirtiendo vuestros hogares en escuela y “patio”. Los mayores deseáis abrazar a vuestros hijos y nietos, mientras permanecéis solos. Los sacerdotes sufrís por celebrar sin la presencia del pueblo y no poder acompañar a las familias como quisierais. Todos los trabajadores que lucháis en primera línea contra esta pandemia estáis sobrecargados, dándonos un ejemplo extraordinario de dedicación, entrega y profesionalidad, que admiramos y agradecemos.

A todos os invito a vivir la Semana Santa en esta situación, poniendo los ojos en el Señor, recordando que Cristo, pobre y humilde, está presente en medio de nosotros porque, cuando dos o más nos reunimos en su Nombre, Él habita en nuestro corazón por la fe. Cristo el Crucificado está al lado del que sufre; Cristo el Resucitado nos da a todos su luz y esperanza.

Estoy seguro de que estáis deseando vivir una intensa Semana Santa en estas nuevas y sorprendentes circunstancias. Pero quizás os preguntáis cómo o qué hacer para poder aprovechar esta nueva oportunidad de acercarnos al Señor estando confinados. Con humildad os escribo esta carta con el deseo de ofreceros unas sencillas sugerencias que os puedan ayudar:

1º. En primer lugar, os invito a seguir por la televisión las celebraciones del Papa, cuyos horarios os envío y podréis consultar en nuestra web www.diocesisdehuelva.es. Una Semana Santa unidos al Sucesor de Pedro en este momento de dolor para la humanidad entera. A las mismas horas que el Papa, yo celebraré los sagrados misterios en casa, unido al Papa y a todos vosotros. Seguid estas retransmisiones, con respeto y devoción, participando con todo el corazón.

2º. Pensando en los más pequeños, procurad poned en vuestras casas un pequeño “altar” con el crucifijo o una reproducción de la imagen del Señor y de la Santísima Virgen, una Biblia y una vela, donde podáis comenzar y terminar la jornada con una sencilla oración, recordando el misterio que contemplamos cada día, ayudados por los textos de la Sagrada Escritura que también os envío. Rezad intensamente por los difuntos, enfermos y familiares afectados por esta enfermedad del coronavirus.

3º. Los cofrades sentiréis una “añoranza” especial el día en que vuestras cofradías tenían previsto salir a la calle. Os sugiero que a la hora de vuestra “salida”, cada uno, desde casa, se una en oración a sus hermanos con el rezo del Vía Crucis u otras oraciones apropiadas. Esta será vuestra estación de penitencia este año.

4º. El viernes santo es día de ayuno y abstinencia. Otros años quedabais dispensados de esta práctica porque resultaba difícil llevarla a cabo. Este año podéis redescubrirla: abstenernos de carne y los adultos (no los mayores de 65 años) hacer una sola comida. Con esta privación nos unimos así a los sufrimientos de Cristo y a las necesidades de nuestros hermanos más pobres. Unamos nuestro ayuno a la limosna que, a través de Cáritas, llegará a las personas vulnerables, no solo en estos momentos, sino también cuando se experimenten las dificultades económicas que seguramente llegarán tras el paso de la pandemia.

Tendremos que hacer un gran esfuerzo para seguir apoyando a los más necesitados. En los momentos de prueba se despierta lo mejor de nosotros mismos. Demostremos nuestras posibilidades de ayudar y comprometámonos aún más para cumplir el mandato nuevo del Señor: Amaos como yo os he amado.

5º Buscad momentos de silencio en cualquier rincón de vuestra casa. Recordad las palabras del Señor, meditad sus gestos, sus sufrimientos: “Me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20). El Resucitado está a nuestro lado para llenarnos de su alegría y abrirnos horizontes de amor y de esperanza. “Cristo vive y nos quiere vivo”, como nos recuerda el papa Francisco (Cf. ChV, 1).

6º Finalmente, el domingo de Resurrección festejad en familia esta victoria que sostiene nuestra esperanza. No olvidéis que es el día central del año cristiano y debe resonar en nosotros la alegría del Aleluya. Os propongo un gesto sencillo: sacad vuestro mejor mantel y decorad la mesa, tal vez con algún adorno que puedan hacer vuestros hijos, y bendecid la comida, aún modesta, con una especial solemnidad.

Estos son sencillos y pequeños consejos que os pueden ayudar. Estad atentos a las indicaciones y sugerencias de vuestros sacerdotes. Sé que están desarrollando muchas iniciativas, a través de las redes sociales, para estar cerca de vosotros. Ellos están rezando por vosotros, celebrando solos y, sin embargo, teniéndoos presentes en el altar. Doy gracias a Dios por nuestros sacerdotes que están viviendo también una nueva forma de celebrar estos santos días.

A todos os deseo una santa semana en casa y, sin embargo, más unidos que nunca en el Señor. Que la Santísima Virgen nos proteja con su manto maternal y el Señor nos bendiga y nos haga sentir su amor y su presencia.

Con todo mi afecto.


Material para ‘Orar en familia esta Semana Santa’ y ‘Horarios de oficios por televisión’.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Thu, 02 Apr 2020 12:11:26 +0000
Mensaje de ánimo y esperanza ante la situación generada por el COVID-19 https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/55832-mensaje-de-ánimo-y-esperanza-ante-la-situación-generada-por-el-covid-19.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/55832-mensaje-de-ánimo-y-esperanza-ante-la-situación-generada-por-el-covid-19.html Mensaje de ánimo y esperanza ante la situación generada por el COVID-19

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días difíciles quiero hacerme presente en vuestros hogares para mantener con vosotros el ánimo y la esperanza para que vivamos estos momentos con serenidad y vayamos respondiendo a las preguntas que nos estamos haciendo: ¿cómo vamos a celebrar esta próxima Semana Santa?

En primer lugar, quiero daros las gracias por todos los signos de solidaridad que se están dando entre vosotros. Continuad así, preguntándoos qué podéis hacer por vuestros vecinos, por las personas que están más necesitadas o están más solas. Pero también, aprovechando el momento de estar en familia, para poder cultivar nuestra fe y vivir unidos al Señor en estas circunstancias.

Me gustaría recordar con vosotros que Charles Chaplin, en su autobiografía, recuerda que en un Viernes Santo, él estaba enfermo con fiebre; era un niño, pero su madre le leyó la Pasión de Cristo. Él nunca se olvidó de aquel texto, que se grabó en su corazón. Tenemos la oportunidad de vivir estos días releyendo con los niños la Pasión del Señor, la institución de la Eucaristía, la alegría de su Resurrección…, mirando en el catecismo o en la Biblia que tengáis en vuestras casas. Podéis seguir las celebraciones de la Eucaristía que se transmiten a través de la televisión y, sobre todo, saber estar juntos para vivir con sentido este momento que no hemos elegido, pero nos toca vivirlo de una manera positiva y esperanzada.

También recuerdo una escena muy hermosa de la película ‘Diálogo de Carmelitas’ en la que esas religiosas y algunos fieles no podían celebrar la Semana Santa porque vivían una situación histórica muy difícil. Pero se reunieron en un establo, cubierto de paja tenían el crucifijo, el sacerdote lo descubrió, lo puso de pie y celebraron la adoración de la Cruz.

Aprovechemos estos momentos; dentro de casa, el Señor está presente. Yo simplemente quiero deciros que cada día en casa, también sin poder salir, ofrezco la Santa Misa por vosotros, por vuestras intenciones y, especialmente, por todos aquellos que están afectados por esta pandemia y por todos los que trabajan duro por resolverla.


Que el Señor os bendiga a todos.

Vídeo mensaje del Obispo de Huelva (16 de marzo de 2020)

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 20 Mar 2020 13:06:04 +0000
‘Conversión permanente’ https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/55356-‘conversión-permanente’.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/55356-‘conversión-permanente’.html ‘Conversión permanente’

Carta pastoral del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana, con motivo del inicio de la Cuaresma 2020.

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestra sociedad se habla frecuentemente de formación permanente. Los profesionales se reúnen a menudo para hacer cursos que les permitan ofrecer sus servicios a la sociedad con mayor competencia, afrontando los retos que se les presentan y adquiriendo nuevos conocimientos y habilidades que les permitan “seguir al día”.

De manera semejante, cada año la Cuaresma nos invita a “ponernos al día” en nuestra vida cristiana, en lo que podemos llamar conversión permanente. El Señor inició su predicación con la expresión: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15). Estas palabras las escucharemos el miércoles de Ceniza, aplicadas a cada uno de nosotros: conviértete. Sí, necesitamos constantemente esa exhortación porque nunca estaremos convertidos del todo. Hay aspectos de nuestra vida que necesitan ser revisados, purificados, renovados. Siempre necesitamos volver a Dios, cambiar de rumbo, darle la cara y no la espalda, porque de manera casi imperceptible nuestra mentalidad se deja seducir por comportamientos que nos alejan del Evangelio. Necesitamos, pues, esa conversión permanente.

Con frecuencia, al inicio de la Cuaresma hacemos el propósito de ser mejores personas cambiando nuestros comportamientos negativos. Esto está bien, pero necesitamos ir más al fondo de la cuestión. Y es que no es suficiente conformarse con el cumplimiento de las normas sin cuestionarnos cómo está nuestra relación con Dios. La auténtica conversión nos sitúa ante la bondad y la misericordia de Dios, nuestro Padre. Necesitamos restablecer nuestra relación paterno-filial, reconociendo que Dios nos ha amado primero (Cf. I Jn 4, 19), hasta el punto de entregarnos a su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros. Si tomamos conciencia de este amor tan grande y entrañable -“Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles” (Sal 103, 13)- entonces sentiremos la necesidad de corresponder a su amor, con amor de hijos que buscan agradar a Dios en todo, sin quedarse en el cumplimiento frío y superficial de sus mandatos.

La relación filial con Dios Padre nos abrirá los ojos ante nuestros semejantes para reconocerlos como hermanos y restablecer con ellos unas relaciones más auténticas que nos lleven al perdón, a la misericordia y a la ayuda mutua.

Con esta perspectiva adquirirán todo su sentido las prácticas cuaresmales que la Iglesia nos propone: la oración, la limosna y el ayuno. La oración nos ayudará a encontrarnos con Dios para gustar y ver qué bueno es el Señor (Cf. Sal 34, 9). La limosna abrirá nuestro corazón de hermano para compartir nuestros bienes con aquellos que más lo necesitan. El ayuno nos permitirá renunciar a nuestros apegos y egoísmos que nos restan tiempo para Dios y generosidad con los más vulnerables. Estas tres prácticas están interrelacionadas y estarán llenas de autenticidad si las vivimos desde su más profundo sentido. Aprovechemos, queridos hermanos, este tiempo de Cuaresma y no nos detengamos en este camino de conversión que nos ayuda a identificarnos más con Jesús, nuestro Maestro, para ser discípulos cada día más fieles.

Finalmente, os invito a no vivir este tiempo en solitario: la hucha del gesto cuaresmal nos ayudará a vivirlo en familia; en la parroquia, aprovechándonos de las celebraciones penitenciales para hacer una buena confesión, de las charlas, los encuentros, los retiros, los ejercicios piadosos que se nos ofrecen; en nuestras hermandades, viviendo con sinceridad los cultos preparatorios, sin quedarnos en lo externo, sino mirándonos en el espejo de Jesucristo sufriente y de su Santísima Madre, la Virgen fiel; y también en los proyectos diocesanos, como los jueves cuaresmales de oración para jóvenes u otros encuentros que se ofrecerán en las distintas parroquias de todos los arciprestazgos. Cuando nos unimos y aunamos esfuerzos podemos comprobar, gracias a Dios, resultados preciosos, como la Casa Santa María de los Milagros, el Hogar Oasis, la Casa de la Buena Madre, el Refugio de San Sebastián y otros proyectos de solidaridad con los últimos sostenidos por muchos, a quienes agradezco su generosidad.

La Virgen María, sea cual sea la advocación con la que la invoquemos, va a estar muy presente en nuestro camino cuaresmal. Con Ella, sigamos a Cristo hasta la Cruz, para compartir el Don del Espíritu Santo, fruto del Misterio Pascual de Jesucristo, nuestro Señor.

Con todo afecto os bendigo.


+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

Huelva, 12 de febrero de 2020.
Fiesta de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral de Huelva.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Tue, 25 Feb 2020 09:02:36 +0000
El cuidado de la “casa común”: ¿dónde está tu hermano? https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/54954-el-cuidado-de-la-“casa-común”-¿dónde-está-tu-hermano?.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/54954-el-cuidado-de-la-“casa-común”-¿dónde-está-tu-hermano?.html El cuidado de la “casa común”: ¿dónde está tu hermano?

(Campaña de Manos Unidas 2020)

Queridos hermanos y hermanas:


En esta ocasión, la Campaña de Manos Unidas nos propone reflexionar sobre las víctimas más importantes del descuido de la “casa común” que es el planeta en el que vivimos. Por eso, el lema de esta edición pretende inquietarnos con una afirmación: “Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú”. También en este tema, los que salen más mal parados son los más pobres de los pobres, nuestros hermanos del llamado Tercer Mundo.
Es por eso que he querido titular este escrito con una afirmación y una pregunta. La afirmación es la de que hemos de cuidar esta “casa común” que compartimos. Como nos ha recordado el Papa Francisco, esta “casa común clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes” (Laudato Sí, 2).
La interrogación es la misma que Dios hizo a Caín, cuando le preguntó por su hermano Abel, con la consiguiente y conocida respuesta indiferente de Caín: ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano? (Cfr. Gen 4, 9). Por eso debemos preguntarnos ante el descuido de la “casa común”, ante los problemas que tiene planteado el mundo por la contaminación, residuos, basuras y degradación ambiental, si nosotros somos conscientes de que las comunidades más pobres son las que más sufren este maltrato, si somos conscientes de que resuena en nuestras conciencias la pregunta del relato de la historia de Caín y Abel: ¿dónde está tu hermano?
Porque si sabemos que los más pobres entre los pobres sufren estas consecuencias en mayor medida, nosotros debemos saber dónde está nuestro hermano, para ayudarle, para contribuir a hacer mejor sus condiciones de vida, para poner nuestro granito de arena en que la creación entera alabe al Señor y pueda ser disfrutada por todos.
La Delegación Diocesana de Manos Unidas de Huelva, en la medida de sus posibilidades y como fruto de la generosidad de muchos de vosotros, tiene proyectos en Thies (Senegal), Bamenda (Camerún), Kolwezi (República Democrática del Congo), Nador (Marruecos), Ciudad de Guatemala (Guatemala) y Dungripada (India). En esos lugares mantiene talleres, huertos urbanos, labores de formación profesional, tareas educativas, etc... Ahora, en esta Campaña, es el momento de hacer generosos nuestros corazones apoyando económicamente a Manos Unidas. Será nuestra contestación a la pregunta: ¿dónde está tu hermano? Y la respuesta más clara de que no nos es indiferente su situación.

Con mi afecto y bendición.


✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 07 Feb 2020 10:27:43 +0000
Mensaje de Navidad 2019: «Yo estoy con vosotros» https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/54129-mensaje-de-navidad-2019-yo-estoy-con-vosotros.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/54129-mensaje-de-navidad-2019-yo-estoy-con-vosotros.html Mensaje de Navidad 2019: «Yo estoy con vosotros»

Mensaje de Navidad del obispo de Huelva, D. José Vilaplana

“Despiértate: Dios se ha hecho hombre por ti”. Queridos hermanos y hermanas, esta expresión de uno de los sermones de Navidad de San Agustín, es una invitación a tomar conciencia de que el acontecimiento del nacimiento del Señor nos afecta a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Nos afecta a nosotros, te afecta a ti. Dios se ha hecho hombre por ti, por mí; ha nacido como uno de nosotros, se ha hecho cercano y nos acompaña en el camino de la vida. No estamos solos. Él ha venido para estar con nosotros. La Buena Noticia que anunciaron los ángeles en Belén – “hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”– es una noticia actual para el “hoy” de nuestra sociedad.

La luz, el consuelo y la alegría que irradia el misterio del Nacimiento de Cristo ilumina uno de los dramas preocupantes de nuestro mundo: la soledad. Numerosos estudios detectan con preocupación esta situación que afecta a muchas personas, jóvenes y mayores, y las noticias referentes a personas que mueren sin que nadie lo note ratifican esta situación.
En este mensaje navideño deseo hacer un llamamiento a todos los fieles de la diócesis y a todas las personas de buena voluntad que quieran escuchar estas palabras, para que, al intercambiar nuestras felicitaciones, nos preguntemos cómo hacerlas llegar también a las personas que no reciben habitualmente ningún gesto que les haga sentirse acompañadas. La soledad más radical es no sentirse amado. La percepción de no contar para nadie hace que la persona experimente el más amargo aislamiento y abandono.
Si en la Navidad celebramos que Dios se ha interesado por nosotros hasta el punto de enviarnos a su Hijo, el Enmanuel, el Dios-con-nosotros; si nos ha amado hasta el punto de mostrarnos su ternura en el rostro del Niño Jesús para que nos sintamos mirados por Él, ¿cómo no despertar para buscar la cercanía de los que quizás, cerca de nosotros, no se sienten mirados y acompañados por alguien?
El que está solo parece “invisible” en nuestra sociedad. Dice un salmo: “¿Quién como el Señor Dios nuestro, que habita en las alturas y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo”. ¿Sabemos nosotros mirar al hermano “olvidado” para sentarlo a nuestra mesa? Quiera Dios que en nuestras parroquias, en nuestras familias y en toda nuestra sociedad se produzca la inquietud por buscar a estas personas que están solas para que sean partícipes, no sólo de nuestras fiestas navideñas, sino de nuestro día a día.
La soledad de los ancianos es quizás la que asalta, en primer lugar, nuestra conciencia. Ellos han trabajado duro por nosotros, se han sacrificado generosamente y es muy doloroso para algunos sentirse, como dice el Papa Francisco, “descartados” de nuestras vidas. Correspondamos también generosamente acercándonos a ellos, contando con ellos, aprendiendo de su sabiduría. De ellos hemos recibido la herencia preciosa de nuestra fe cristiana y las tradiciones entrañables de la Navidad. ¿Cómo olvidarnos ahora de ellos dejándolos solos?
Pero no solo muchos de nuestros mayores experimentan la soledad. También en los jóvenes hay situaciones que nos interpelan. El Papa Francisco, en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Panamá al inicio del año que ahora concluimos, nos planteaba algunos interrogantes que debemos releer. Así, aludiendo a las palabras de un joven decía: “cuando uno se descuelga y queda sin trabajo, sin educación, sin comunidad y sin familia, al final del día nos sentimos vacíos y terminamos llenando ese vacío con cualquier cosa, con cualquier verdura. Porque ya no sabemos para quien vivir, luchar y amar”. Y añadía: “muchos jóvenes sienten que, poco a poco, dejaron de existir para otros, se sienten muchas veces invisibles”.
Las fiestas de la Navidad nos estimulan a abrir los ojos, a contemplar al Invisible que se hizo visible en nuestra carne y a descubrir a esos hermanos que no vemos. Hay otras muchas formas de soledad a las que necesitamos acercarnos, para decir al que está aislado: “eres importante para mí; cuenta conmigo; caminemos juntos”. Entre ellos se encuentran los que están en la calle sin hogar; en los hospitales sin compañía; las madres que afrontan solas el cuidado de sus hijos; personas que se sienten solas e indefensas ante cualquier tipo de violencia; quienes viven lejos de sus hogares o de su patria; los que viven la ausencia de sus seres queridos; y otras personas especialmente vulnerables. Que el Niño Dios nos inspire los pasos concretos, sencillos y auténticos, que nos lleven al encuentro con Él en los hermanos, ofreciéndole nuestra humilde compañía.
Con las palabras de este mensaje, he intentado, queridos hermanos y hermanas, haceros llegar mi felicitación navideña con el deseo de que nadie quede excluido de esta experiencia de fraternidad. Que la ternura que recibimos del Niño-Dios la compartamos con todos y nadie deje de percibirla.
Termino este mensaje con las palabras que serán proclamadas en nuestras iglesias en la primera lectura del primer día del año nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja… El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. ¡Feliz Navidad!
✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Huelva Fri, 20 Dec 2019 12:45:43 +0000
Los jóvenes, en el corazón de la Iglesia https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/52868-los-jóvenes-en-el-corazón-de-la-iglesia.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/52868-los-jóvenes-en-el-corazón-de-la-iglesia.html Los jóvenes, en el corazón de la Iglesia

Carta al inicio del Curso Pastoral 2019-2020 del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

(A los párrocos, delegados y agentes pastorales en general)


Queridos hermanos y hermanas:

Con la experiencia gozosa del encuentro que mantuvimos en La Rábida a finales de septiembre, iniciábamos una nueva etapa en la singladura de esta nave que es nuestra Diócesis de Huelva. Qué mejor escenario que aquel donde se gestara la hazaña descubridora que hizo posible llevar el Evangelio a los hermanos del nuevo mundo, para recibir el impulso misionero que nos acerque hoy a esos que aún no conocen la alegre noticia de Jesucristo.

Hoy la Iglesia nos sigue convocando a esa llamada evangelizadora: anunciar al Cristo siempre joven de la eterna novedad, capaz de renovar nuestra vida y nuestra comunidad, aún en medio de nuestras oscuridades y debilidades (Cfr. EG, 11-13). Despleguemos de nuevo las velas y dejemos que el soplo del Espíritu siga conduciendo a la Iglesia de Huelva. Y, como aquellos intrépidos aventureros, atrevámonos a navegar con la seguridad de que Aquel que nos envía llevará a buen puerto la misión.

En esa confianza, ponemos este año nuestra mirada especialmente en los jóvenes, conscientes de que, como nos dice el papa Francisco, son el ahora de Dios. Ellos, que están “en un momento de la vida en que comienzan a tomar distintas responsabilidades, participando con los adultos en el desarrollo de la familia, de la sociedad, de la Iglesia” (CV, 64ss). Ellos que son parte del “nosotros” que formamos como familia diocesana, necesitan redescubrir esa identidad y pertenencia.

El Papa nos invita a despertar la capacidad de encontrar caminos donde otros ven sólo murallas, la habilidad de reconocer posibilidades donde otros ven solamente peligros. Así es la mirada de Dios Padre, capaz de valorar y alimentar las semillas de bien sembradas en los corazones de los jóvenes (Cfr. 67). De este modo, nuestra confianza en Dios vuélvase confianza en los jóvenes, descubriendo en ellos la voz de Quien nos llama y desafía a adentrarnos, con parresía, en el mar incierto que, a menudo, nos parece el joven de hoy. Descubramos en su corazón una “tierra sagrada”, ante quien debemos “descalzarnos” para poder acercarnos y profundizar en el Misterio (Ibídem). Acojámoslo con cercana empatía; démosle un lugar en la comunidad; reconozcamos y recojamos su creativa aportación a la vida y casa común; hagámosle partícipe y protagonista de la tarea evangelizadora. Este es el reto que invito a asumir conjuntamente en todos los ámbitos pastorales, en todos los espacios de nuestra Iglesia y, sobre todo, en el corazón de cada uno.

Por eso, pido a todos que intensifiquéis la oración por los jóvenes, muchos de ellos de rostro conocido, otros aún por conocer. Ojalá encuentren en nuestra Iglesia un hogar de acogida y vida para seguir creciendo, para descubrir la particular llamada que a cada uno Dios dirige y desde donde ser enviados a transformar el rostro de este mundo poniendo al servicio los talentos recibidos.

Finalmente, os invito, por un lado, a leer y profundizar, personal y comunitariamente, la exhortación postsinodal Christus Vivit que el papa Francisco dirige en primer término a los jóvenes, pero también a todo el Pueblo de Dios. Por otro lado, a acoger estas sugerencias pastorales para que todos nos sintamos unidos en una tarea común. Son propuestas que no han de ser tomadas en su literalidad, si no, más bien, servir de inspiración para que cada parroquia, delegación o grupo ponga en marcha sus propias acciones e iniciativas.

Que la Virgen María, la joven del Sí y Estrella de la Evangelización, nos guíe, acompañe y ayude en esta apasionante misión de rejuvenecer el rostro de nuestra Iglesia.

Con afecto, os bendigo


✠ José Vilaplana Blasco


Obispo de Huelva

15 de octubre de 2019, Fiesta lítúrgica de Santa Teresa Jesús.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Tue, 22 Oct 2019 09:19:33 +0000
“Oración, Reflexión, Misión” https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/52801-“oración-reflexión-misión”.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/52801-“oración-reflexión-misión”.html “Oración, Reflexión, Misión”

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

Hace un siglo, el Papa Benedicto XV dijo que desde el momento en que los apóstoles salieron y predicaron por todas partes la palabra divina, -logrando que la voz de su predicación repercutiese en todas las naciones, aun en las más apartadas de la tierra-, ya en adelante nunca jamás la Iglesia, fiel al mandato divino, ha dejado de enviar a todas partes mensajeros de la doctrina revelada por Dios y dispensadores de la salvación eterna, alcanzada por Cristo para el género humano.

Al cumplirse el centenario de esa Carta, documento importantísimo para la Misión, quiero hacer una llamada para que este mes de octubre sea vivido como el Mes Misionero extraordinario, un mes dedicado a la oración y reflexión sobre la Misión, con el sentido que quiere darle nuestro Santo Padre Francisco que lo ha convocado: “Deseo que vuestra asistencia espiritual y material a las iglesias haga que estén cada vez más fundadas en el Evangelio y en la participación bautismal de todos los fieles, laicos y clérigos, en la única misión de la Iglesia: haga el amor de Dios próximo a cada hombre, especialmente a los más necesitados de su misericordia. El mes extraordinario de oración y reflexión sobre la misión como primera evangelización servirá a esta renovación de la fe eclesial, para que su corazón esté y obre siempre la Pascua de Jesucristo, único Salvador, Señor y Esposo de su Iglesia”.

1. La Misión, obra de todos, fruto del Espíritu.
Es necesario que tomemos conciencia de que la Misión existe para que el Señor sea conocido y amado, y para que todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque la vida eterna consiste en que conozcan al Padre y a quien Él ha enviado3. El envío del Señor afecta a toda la comunidad cristiana. Es más, es una exigencia de nuestro compromiso bautismal, cuando somos hechos uno con Cristo: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo”4. El Señor nos sigue enviando, como Iglesia hemos de ser conscientes de que el trabajo de los misioneros también es nuestro, que sus obras son las de la Iglesia. Hemos de ser conscientes de que el anuncio de Jesús en tierras de misión es fruto de un impulso del Espíritu, que es el alma de la evangelización5.
Teniendo esto en cuenta, ensancharemos nuestro corazón y nuestra mente, se abrirá nuestra conciencia eclesial y todo lo que hagamos por las misiones tendrá un sentido nuevo, más pleno, más integrado en nuestro ser como Iglesia. Se nos pide que nuestra colaboración con las misiones esté cada vez más fundada en el Evangelio y en nuestra fe bautismal.


2. Sostener la Misión desde el amor.
Decía Santa Teresa del Niño Jesús, Patrona de las Misiones: “En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor”6. Hemos de reflexionar sobre el aspecto contemplativo de la misión. La oración es poderosa, mueve montañas. Acompañemos la Misión y a los misioneros desde la oración. La oración de adoración, de intercesión... Dediquemos tiempo a orar por la Misión y los misioneros, tanto en la oración litúrgica, como en la adoración eucarística, el rezo del Rosario, y en tantas otras formas de orar. En este mes, especialmente, sostengamos la oración desde el amor, desde el corazón de la Iglesia. Allí donde no podemos llegar físicamente, llega nuestra plegaria en la comunión de los santos. Dice el Señor: “No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos”7. Las palabras del Señor ensanchan nuestra oración y la abren a los misioneros y a los que ellos anuncian el Evangelio.

3. Para anunciar, darse.
El primer anuncio del Evangelio se hace con la predicación y con las obras de amor. Los misioneros anuncian con palabras y con obras. Esas obras no son otras que las de Cristo, que en su momento dijo: “El que cree en mí , también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre”8. Por eso las obras de los misioneros, y nuestras, que las apoyamos, no son fruto de una simple ONG, reconociendo todo el bien que hacen, sino fruto de la expresión de Dios que nos ama con generosidad y gratuidad. Un corazón consciente de la gratuidad y de la generosidad de Dios se expande y comunica generosidad y gratuidad. Como decía Santa Teresa de Calcuta: “No es cuánto das sino cuánto amor pones en aquello que das”.
Nuestros bienes materiales, nuestro dinero, al servicio de la misión en la medida de nuestras posibilidades, como expresión de nuestra generosidad. Somos impulsados a dar gratis lo que gratis hemos recibido. Nuestro dar así no es “contribuir”, sino“darse". Los pozos que los misioneros abren, las escuelas que levantan, las iglesias que edifican, los dispensarios médicos que abren, etc., son las obras que hacen visible el Evangelio, son anuncio de un Dios que ama, que se entrega, que se da.
Que María, Estrella de la Evangelización, y Reina de las Misiones, nos ayude a crecer en nuestra conciencia misionera en este Mes Misionero Extraordinario.

Con mi afecto y bendición.

✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 18 Oct 2019 13:42:00 +0000
Con motivo del Año Jubilar Mariano de Nuestra Señora del Rocío https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/50776-con-motivo-del-año-jubilar-mariano-de-nuestra-señora-del-rocío.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/50776-con-motivo-del-año-jubilar-mariano-de-nuestra-señora-del-rocío.html Con motivo del Año Jubilar Mariano de Nuestra Señora del Rocío

Mensaje a los rocieros y peregrinos del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

 

El Santo Padre, nuestro querido Papa Francisco, nos ha concedido un Año Jubilar con motivo del Centenario de la Coronación canónica de nuestra Madre, la Virgen del Rocío. Iniciamos, pues, un tiempo de gracia para crecer en nuestra vida cristiana. El lema de este año es “Reina del Rocío: caminar con María hacia Cristo”. Este lema es como un faro que nos ayudará a profundizar y dar sentido a todos los actos en los que participemos: romerías, peregrinaciones, visitas a la Virgen, sea en el Santuario o en la Parroquia de Almonte, donde podremos obtener las gracias del Jubileo.

En este sencillo mensaje que os ofrezco pretendo ayudaros a cumplir los requisitos para alcanzar la indulgencia plenaria –confesión, Credo, oración por la Iglesia y celebración de la Eucaristía– a la luz del lema de este Año. Contemplamos a María como Reina, coronada por Dios con la corona de gloria que no se marchita y coronada por el cariño de sus fieles que la acogen como Madre y como Reina de sus corazones. Con Ella queremos caminar hacia el encuentro con su Hijo, el Pastor divino, el único Salvador del mundo.

Caminar:

La vida siempre es un camino. O mejor, una encrucijada de caminos. Nos preguntamos constantemente por dónde ir, cómo acertar, dónde está el camino que nos lleva a la felicidad auténtica. Decía San Agustín: “Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que descanse en ti”. En este caminar hay avances y retrocesos, hay caídas y tropiezos; hay cansancios y desánimos… A veces hacemos el camino guiados por los mandatos de Dios y a veces en la oscuridad de nuestros egoísmos experimentando nuestra debilidad y la necesidad de purificar nuestras almas.

En este año jubilar la peregrinación al Rocío se convierte en una invitación a realizar un camino de purificación. Tomamos conciencia de nuestros errores y de nuestras miserias, pero también de la misericordia de Dios que nos perdona siempre y nos da la oportunidad de nacer de nuevo.

Recordemos al hijo pródigo que recapacitó y se dijo: me levantaré y me pondré en camino hacia mi Padre. Contemplemos el costado abierto del Señor como manantial que purifica todo lo que toca. Sus heridas nos han curado. Caminemos con esta confianza y dejémonos renovar por la gracia de Dios. Redescubramos la alegría de llamar Padre a Dios y reconozcamos que la sangre de Cristo, derramada por nosotros, nos da nueva vida.

Vivamos también la peregrinación jubilar como un camino de reconciliación con los hermanos. Muchas veces en el camino de la vida aparecen divisiones y conflictos, que nos separan de nuestros prójimos. Si estas divisiones se enquistan, anidan en nuestros corazones el odio y el rencor. En ocasiones, estos problemas entre nosotros proceden de injusticias y explotación de los hermanos más débiles, generando una sociedad tensa y deshumanizada. El año jubilar en la historia de la Salvación siempre es una llamada a reconstruir nuestras relaciones humanas de acuerdo con el plan de Dios sobre nosotros: hacer de la humanidad una auténtica familia reconciliada en el amor fraterno y en la paz, compartiendo los dones que Dios nos ha regalado a todos para que vivamos en las alegría.

Si caminamos con este deseo de purificación y reconciliación, podremos celebrar el Sacramento de la Penitencia, como abrazo del Padre que nos permite comenzar de nuevo una vida llena de alegría en Cristo. Así se vive auténticamente la gracia del jubileo y así se mostrarán los auténticos valores del Rocío: la alegría y la fraternidad.

Con María.

Este camino lo hacemos siempre con María, acompañados por su maternal protección y deseosos de llegar a su casa, nuestra casa, para disfrutar de su presencia para contarle nuestras cosas y para descansar en Ella nuestras preocupaciones, cumplirle nuestras promesas y sentir el consuelo de su mirada que nos acaricia.

Estando con Ella aprendemos de Ella. ¿Qué necesitamos hoy aprender del ejemplo de tan buena Madre? Necesitamos aprender a creer. Ella es la mujer creyente por excelencia. A Ella le dijo su prima Isabel: “Dichosa porque has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Caminemos con María conscientes de la crisis de fe que vive nuestro mundo y que nos afecta a todos. Necesitamos decir lo mismo que aquel hombre que tenía un hijo enfermo y le suplicó al Señor: “Creo Señor, pero aumenta mi fe”. Que la Virgen María nos acompañe en esta petición y podamos ser creyentes como Ella, que se mantuvo siempre fiel a Dios en medio de las pruebas: la pobreza, el destierro, la Cruz de su Hijo.

Caminar con María es caminar con la Madre de la Iglesia. Ella está siempre unida a su Hijo y a los discípulos de su Hijo, que nos la regaló como Madre. Estar con María es aprender a ser Iglesia, a ser comunidad. Ella abre nuestros oídos a lo que su Hijo nos dice: “que sean uno para que el mundo crea”. Vivimos una profunda crisis de individualismo, que nos lleva a la indiferencia hacia nuestros hermanos y a olvidarnos de la dimensión comunitaria de nuestra fe. María nos enseña que la Iglesia es nuestro hogar. Si no descubrimos este hogar vivimos en la intemperie y nos perdemos.

Para obtener la gracia jubilar la Iglesia nos pide que recitemos el Credo y oremos por las intenciones del Papa. Con María pronunciemos las palabras del Símbolo de nuestra fe y unámonos al Sucesor de Pedro, cuya misión es custodiar la fe y la unidad de la Iglesia.

Hacia Cristo.

Todo buen camino conduce a una buena meta. Mientras avanzamos por el camino le rezamos a la Virgen: “Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. Muéstranos a Jesús porque la meta del camino es Él: el Buen Pastor, que la Virgen nos muestra entre sus manos como un niño.

A veces el camino se hace difícil y necesitamos un guía. Cristo, como Buen Pastor, va con nosotros, por eso podemos decir: “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan”. Cristo es camino y meta porque siguiendo sus pasos encontramos el camino de la vida. “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

La Virgen María nos acompaña al encuentro con Cristo, la perla preciosa y el tesoro por el que vale la pena dejarlo todo. San Pablo en el camino de Damasco, cuando perseguía a los cristianos, se encontró con Cristo resucitado. Después de este encuentro, decía: “Todo lo considero pérdida comparado con el conocimiento de Cristo, mi Señor”.

Avancemos siempre hacia Cristo, crezcamos como discípulos suyos, alimentándonos con la Eucaristía. Cristo se hace alimento por nosotros y nos ofrece su Cuerpo como Pan de Vida. El que come su carne habita en Él, nunca está solo. Redescubramos a Cristo como compañero de camino. Él nos ayudará a superar otra crisis que afecta a nuestra sociedad: la soledad y la falta de sentido. Con Él todo se ilumina porque Él es la luz del mundo. Y Él nos abrirá los ojos para que sepamos ser compañeros — que significa los que comparten el pan– de los pobres y necesitados que encontremos en las cunetas de la vida o al margen del camino.

Para obtener la gracia jubilar hemos de celebrar y participar de la Eucaristía, encuentro y comunión con Cristo. Quiera Dios que no sólo la celebremos con motivo de la peregrinación, sino que pongamos la Eucaristía en el centro de nuestra vida cotidiana. Con afecto os bendigo.

 

✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 05 Jun 2019 13:41:36 +0000