Huelva Oficina de Información de los Obispos del Sur de España https://www.odisur.es Wed, 24 Feb 2021 20:13:03 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es ‘Contagia solidaridad para acabar con el hambre’ https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/61656-‘contagia-solidaridad-para-acabar-con-el-hambre’.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/61656-‘contagia-solidaridad-para-acabar-con-el-hambre’.html ‘Contagia solidaridad para acabar con el hambre’

Carta del obispo de Huelva, D. Santiago Gómez, con motivo de la Campaña de Manos Unidas 2021
‘Contagia solidaridad para acabar con el hambre’

Queridos hermanos y hermanas:

La Campaña contra el Hambre del Mundo, que Manos Unidas viene llevando a cabo desde hace sesenta y dos años con esta edición, pretende sensibilizarnos sobre esta problemática, el hambre. Este año podríamos tener la idea equivocada de que bastante tenemos nosotros con la COVID 19 como para pensar en este tan acuciante drama, pero hemos de desechar ese pensamiento, porque, ahora, más que nunca, es necesario que contagiemos solidaridad para acabar con el hambre. El drama nuestro no puede hacernos insolidarios y no pensar (y actuar) frente al drama del hambre en el mundo.

1.- Solidaridad: colaborar para construir un mundo mejor.

Si el amor de Cristo nos urge (cfr. II Cor 5, 14), tenemos que pensar que la pandemia puede y, de hecho lo está haciendo, endurecer aún más las condiciones de los hambrientos. Una primera postura será tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, o dicho con otras palabras, com-padecer con los hermanos que, sin rostro y sin nombres para nosotros, padecen hambre y con más fuerza en aquellos países que menos cuentan en el concierto internacional. Para los seguidores de Cristo nada de esto puede ser indiferente, como nos recuerda el Papa Francisco: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común” (Laudato Sí, 13). Esa capacidad de colaboración se ha de resolver primero en un sentimiento de solidaridad. Indudablemente ese sentimiento lo puede potenciar en nuestros corazones el Señor, que cambia el corazón más duro.

2. Solidaridad: actuar.

Pero la solidaridad no puede quedar en un sentimiento estéril. Manos Unidas nos enseña que la solidaridad tiene un nombre: actuar. Concretamente, la Delegación Diocesana de Manos Unidas en Huelva, entre sus proyectos para hacer efectiva nuestra solidaridad mantiene el refuerzo de la asistencia sanitaria de calidad, con énfasis materno-infantil en Tanzania, en la ciudad de Mbinga: compra de equipamientos médicos y mobiliarios de las instalaciones de la Congregación de Hermanas de San Vicente de Paúl. También trabaja para el desarrollo del derecho al agua y saneamiento en catorce colegios rurales de educación primaria en la zona de Nellore (India). Y en la lucha contra la vulnerabilidad socioambiental a través del fortalecimiento productivo en cinco comunidades en el Corredor Seco de El Salvador, mejorando los rendimientos agrícolas, la cría de especies menores y el fortalecimiento de los procesos organizativos que generen mayores niveles de participación y capacidades.

3. Solidaridad: compartir.

Ahora es el momento de compartir, incluso cuando estamos acuciados por mil necesidades, porque, como hemos dicho, la pandemia traerá más hambre a los que ya la tienen. Los débiles serán más débiles. Y no lo podemos permitir en la medida de nuestras posibilidades. Bien sabemos que la solución a un problema tan complejo como es el del Hambre en el Mundo, no será total, pero nosotros estamos llamados a poner nuestro granito de arena, a trabajar, como hace Manos Unidas, para tener conciencia de que la Humanidad debe ser una familia, que ve amenazada su unidad por estructuras injustas y por sus prácticas destructivas. Compartir es dar parte del corazón, más allá de las cantidades económicas que nuestra generosidad y nuestros deseos de justicia nos impulsen a ofrecer. Compartir es ayudar al hermano hambriento, que no tiene rostro ni nombre, a restaurar su dignidad. Es entregarles parte de lo que les corresponde en esta herencia de fraternidad que Dios nos ha dado para cuidar del otro. Contagiemos solidaridad para acabar con el Hambre.

Con afecto os bendigo.

✠Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva

Huelva, 2 de febrero de 2020, Fiesta litúrgica de la Presentación del Señor.

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Huelva Fri, 12 Feb 2021 13:34:27 +0000
Decreto del Sr. Obispo sobre la celebración de cultos, estaciones de penitencia y procesiones de las hermandades y cofradías en la Diócesis de Huelva https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/61624-decreto-del-sr-obispo-sobre-la-celebración-de-cultos-estaciones-de-penitencia-y-procesiones-de-las-hermandades-y-cofradías-en-la-diócesis-de-huelva.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/61624-decreto-del-sr-obispo-sobre-la-celebración-de-cultos-estaciones-de-penitencia-y-procesiones-de-las-hermandades-y-cofradías-en-la-diócesis-de-huelva.html Decreto del Sr. Obispo sobre la celebración de cultos, estaciones de penitencia y procesiones de las hermandades y cofradías en la Diócesis de Huelva

Considerando las extraordinarias circunstancias sanitarias que sufrimos por la pandemia del “coronavirus”, que aconsejan evitar actos que den lugar a la concentración y movilidad de grandes grupos de personas, respetando las disposiciones dadas por las autoridades civiles y sanitarias, y oídos los órganos diocesanos competentes, en uso de mi potestad ordinaria según lo preceptuado en el canon 381.1 del Código de Derecho Canónico

DECRETO

1. Quedan suspendidas las estaciones de penitencia y procesiones organizadas por hermandades y cofradías, asociaciones de fieles u otros grupos eclesiales que, estando previstos en sus Reglas, hagan uso de la vía pública, hasta que se decida otra cosa al respecto.
2. Los cultos internos de las hermandades y cofradías y demás asociaciones de fieles deben celebrarse según lo establecido en las Reglas.
3. Los párrocos y directores espirituales, en colaboración con sus hermandades y cofradías, asociaciones de fieles o grupos eclesiales, organizarán el modo en que los hermanos puedan expresar la devoción a sus sagrados titulares de forma personal y comunitaria, especialmente en el día en el que les correspondería celebrar sus estaciones de penitencia.
4. Se exhorta a las hermandades y cofradías, asociaciones de fieles y a todos los fieles cristianos a vivir con especial devoción las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa en sus parroquias y comunidades, especialmente las del Triduo Sacro.
5. En relación a los actos de culto, litúrgicos y de piedad o devoción, que se celebren en las parroquias y otros lugares de culto se seguirá la normativa y disposiciones sanitarias vigentes en cada tiempo y lugar.
Confiamos a la intercesión de la Santísima Virgen María, la Inmaculada Concepción, y de San Leandro, patronos de la diócesis, el final de esta pandemia, pedimos por todos los que sufren y encomendamos el alma de los que han muerto a causa de la misma, para que puedan gozar de la presencia de Dios en la compañía de los santos.

Dado en Huelva, a diez de febrero de dos mil veintiuno.
+ Santiago Gómez Sierra,
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Huelva Wed, 10 Feb 2021 16:59:36 +0000
Mensaje de Navidad 2020 del obispo de Huelva https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60847-mensaje-de-navidad-2020-del-obispo-de-huelva.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60847-mensaje-de-navidad-2020-del-obispo-de-huelva.html Mensaje de Navidad 2020 del obispo de Huelva

A los diocesanos y conciudadanos de Huelva.

Queridos hermanos y amigos:


¡Feliz Navidad! Aunque este año, por las limitaciones que nos impone la pandemia que sufrimos, no podremos celebrar estas fiestas como lo hemos hecho en otras ocasiones, a pesar de todo: ¡Feliz Navidad! En el Evangelio se proclama: “el Señor está contigo” (Lc 1,28). Esta es la causa de la verdadera alegría navideña. El Dios eterno nos conoce por nuestro nombre, nos ama gratuitamente, quiere establecer una amistad con nosotros y por gracia nos adopta como hijos.

En esta Navidad de 2020 muchos sienten las múltiples amenazas del paro, el miedo al contagio o sufren la tristeza por la pérdida de personas queridas. Han sido más de cien las víctimas de la pandemia en la provincia y más de setenta mil muertos en España. No podemos dejar que los números nos hagan olvidar a estas personas, únicas e irrepetibles, ni el dolor y el sufrimiento de tantas familias. Gracias, también, a cuantos os habéis mostrado disponibles para acompañarlas, y a los cristianos por seguir anunciando y testimoniando el rostro misericordioso de Dios. Que las circunstancias que vivimos no nos impidan encontrar al Enmanuel, Dios con nosotros (cf. Mt 1,23).

Hagamos cuanto podamos por acudir en ayuda de nuestros prójimos, especialmente los que se encuentran más heridos en el camino. Pongamos todos los medios a nuestro alcance para fortalecer los vínculos de nuestras familias y comunidades, de tal forma que las distancias físicas que exigen las circunstancias sanitarias no provoquen una dispersión individualista e insolidaria.

Os deseo una feliz Navidad. Para todos mi abrazo fraterno y bendición,


+ Santiago Gómez
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 23 Dec 2020 11:22:10 +0000
«Los ancianos, valorar sus cualidades, acogerlos y asistirlos» https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60723-los-ancianos-valorar-sus-cualidades-acogerlos-y-asistirlos.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60723-los-ancianos-valorar-sus-cualidades-acogerlos-y-asistirlos.html «Los ancianos, valorar sus cualidades, acogerlos y asistirlos»

Carta del obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez

Queridos hermanos y hermanas:


En el ritmo celebrativo de la Navidad, la liturgia de la Iglesia nos propone, en la contemplación del misterio de la Encarnación, el ejemplo de la Sagrada Familia. El hecho de que Dios se haya hecho hombre en el seno de una familia, que se haya encarnado, nos hace pensar, como decía Benedicto XVI, que “este modo de obrar de Dios es un fuerte estímulo para interrogarnos sobre el realismo de nuestra fe, que no debe limitarse al ámbito del sentimiento, de las emociones, sino que debe entrar en lo concreto de nuestra existencia, debe tocar nuestra vida de cada día y orientarla también de modo práctico” (Audiencia 9-I-2013).

Este año, tan marcado por la pandemia que nos aflige, en esta Jornada de la Sagrada Familia, los obispos hemos querido fijarnos muy concretamente en los miembros de nuestras familias que son más vulnerables, en este caso los ancianos, proponiendo como lema “Los ancianos, tesoro de la Iglesia y de la sociedad”. Sobre todo, porque la vulnerabilidad de los mayores se ha hecho más patente en estos tiempos de la COVID-19, y porque nuestra sociedad, con frecuencia, cae en la insensibilidad con los mismos, como se demuestra en ocasiones incluso a nivel de proyectos legislativos, fruto, sin duda, de la cultura del descarte de la que nos habla tanto el papa Francisco.

Pero ellos son el tesoro de la Iglesia. Ellos nos han transmitido la fe católica y, con ella, el sentimiento de pertenencia a la comunidad cristiana. Generalmente lo han hecho a través de la familia, Iglesia doméstica, en la que nos han enseñado a creer en Dios, invocarlo y testimoniarlo entre los hombres. Mi llamada de atención quiere ir destinada, precisamente, a las iglesias domésticas de la Diócesis, a las familias, para que no se dejen influenciar por la cultura del descarte dominante, que “aparca” a los ancianos como si no tuvieran valor sus vidas y sus enseñanzas. Al contrario, como dice el Santo Padre: “Hoy en día, en las sociedades secularizadas de muchos países, las generaciones actuales de padres no tienen, en su mayoría, la formación cristiana y la fe viva que los abuelos pueden transmitir a sus nietos. Son el eslabón indispensable para educar a los niños y a los jóvenes en la fe.” (Discurso, 30-I-2020). Pues que tengan el lugar que les corresponde y valoremos su experiencia y su servicio. También los ancianos, discípulos misioneros del Señor, participan activamente de la Iglesia que se sabe llamada a una conversión pastoral misionera.

También los ancianos son el tesoro de la sociedad. Los cristianos tenemos que reaccionar, fundamentados en la comprensión de la persona que nos ofrece nuestra fe, a las “ideas mundanas” que ensalzan excesivamente lo joven y quieren prescindir de los ancianos, de su rica aportación y de su benéfica presencia. Animo a la comunidad diocesana a integrar a los ancianos en la familia eclesial, a intensificar las acciones que ya lleva a cabo para atender a los ancianos en sus necesidades espirituales y materiales, y a usar de la creatividad para que nuevas iniciativas den oportunidades a los ancianos para poner a disposición de los demás su propio tiempo, sus capacidades y su experiencia, a la vez, que todos nos esmeremos en la atención y el cuidado de nuestros mayores.

Por último, quiero agradecer a Dios el testimonio que nos dan tantas personas que se dedican al cuidado de los ancianos, tanto a sus familias, como a las comunidades religiosas, parroquias e instituciones que sostienen con grandes esfuerzos y mucho amor sus residencias para mayores. Y quiero destacar el servicio profesional y abnegado de tantas personas que trabajan en el sector sanitario y asistencial y que están volcados con los ancianos, especialmente en estos momentos de pandemia.

En esta fiesta tan entrañable resuena con fuerza el mandamiento del Decálogo: “Honra a tu padre y a tu madre”, que pone de manifiesto el vínculo que existe entre las generaciones. Honrar a los ancianos supone valorar sus cualidades, acogerlos y asistirlos.

Que el Señor nos ayude a todos los diocesanos a hacer realidad esta hermosa forma de vida y de relaciones entre nosotros.


Para todos mi abrazo fraterno y mi bendición,


✠ Santiago Gómez Sierra

Obispo de Huelva

Huelva, 27 de diciembre de 2020, Fiesta de la Sagrada Familia

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 18 Dec 2020 12:36:37 +0000
«Pastores misioneros» https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60483-pastores-misioneros.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60483-pastores-misioneros.html «Pastores misioneros»

Carta del obispo de huelva, Mons. Santiago Gómez, con motivo del Día del Seminario

Querido hermanos y hermanas:


Ya hace varios meses que estoy con vosotros para servir a esta Iglesia diocesana que el Señor me ha encomendado. Os agradezco, sincera y cordialmente, vuestra acogida y colaboración, que os reclamo una vez más con motivo del Día del Seminario, aplazado por la pandemia del coronavirus al próximo día 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción.

El lema propuesto, ‘Pastores misioneros’, expresa el objetivo primordial de la formación en el Seminario de los candidatos al ministerio sacerdotal. En efecto, los sacerdotes en cuanto partícipes del sacerdocio de Cristo, Cabeza, Pastor, Esposo y Siervo, somos en verdad “pastores” y en cuanto enviados por Cristo, como los Apóstoles, somos “misioneros”. Por eso, los futuros sacerdotes –como nos enseña el Papa Francisco– han de prepararse para vivir en una “Iglesia en salida”, en una permanente “conversión pastoral” y “misionera” (Cf. Evangelii Gaudium 24 y 25).

Esta Jornada es una magnífica oportunidad para acercar el Seminario a nuestras comunidades, de modo que se le conozca mejor y se le tenga más afecto, de orar al Señor para que sean más numerosos e idóneos los candidatos al sacerdocio y para solicitaros vuestra colaboración económica. Actualmente contamos con dieciocho seminaristas, de los que tres están en la etapa pastoral del diaconado. Esta gozosa realidad, por la que hemos de dar constantemente gracias a Dios, no puede ocultarnos la dificultad que experimentamos para suscitar nuevas vocaciones, sobre todo, si tenemos en cuenta que el número de los que ingresan y llegan a las ordenaciones es más escaso que el de los sacerdotes que se jubilan y fallecen.

De ahí que para nuestra Diócesis, la promoción de las vocaciones a nuestro Seminario ha de ser una de sus prioridades pastorales, pues la pastoral de la llamada es un aspecto importante de la conversión pastoral a la que estamos llamados (Cf. DFSJ, nn. 139 y 141) y que no podemos olvidar.

Pero, para que la pastoral de la llamada sea fecunda, hace falta que la acompañemos con el testimonio de nuestra propia vida. La historia de no pocas vocaciones suele ir unida al testimonio de sacerdotes que viven con alegría su vocación y son capaces de provocar, en particular en los jóvenes, el vivo deseo de responder generosamente y sin demora a Cristo que llama a seguirlo más de cerca.

Finalmente, la oración de toda la comunidad cristiana es la principal actividad de la pastoral vocacional. Recordad la recomendación de Jesús: “Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 38). Todos unidos, tengamos la humildad, la confianza y la valentía de rezar con insistencia por las vocaciones, de las que estamos tan necesitados.

¡Que María, Madre Inmaculada – Patrona de nuestra Diócesis y de nuestro Seminario– interceda ante el Señor para que nos conceda nuevas y santas vocaciones en la nueva etapa del camino que hemos comenzado!


Para todos mi abrazo fraterno y mi bendición,


+ Santiago Gómez Sierra

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 04 Dec 2020 13:01:08 +0000
«La unión con Cristo, garantía de fecundidad apostólica» https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60225-la-unión-con-cristo-garantía-de-fecundidad-apostólica.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/60225-la-unión-con-cristo-garantía-de-fecundidad-apostólica.html «La unión con Cristo, garantía de fecundidad apostólica»

Carta del obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez

Queridos hermanos y hermanas:


El hecho de que en Pentecostés en nuestra Iglesia diocesana se viva muy intensamente la Romería de Ntra. Sra. del Rocío, motiva que el Día del Apostolado Seglar lo celebremos en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. En la oración colecta de este domingo pedimos “que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin”. El servicio y la glorificación de Dios son precisamente la tarea o misión de los fieles laicos y de todo su apostolado. No en vano, como nos recuerda el Concilio Vaticano II: el Espíritu Santo “distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia” (Lumen Gentium, 12).

Los laicos en la Iglesia han de anunciar el Evangelio en una sociedad en constante cambio, y estar atentos a lo que el Espíritu sugiere para que construyamos una Iglesia sinodal y misionera. Para caminar hacia ese objetivo las diversas realidades del Apostolado Seglar en nuestra Diócesis, siguiendo las pautas del Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en salida”, han de crecer en la comunión, comunión que nace de la unión de todos con Cristo Cabeza y de todos los miembros, en Cristo, entre sí. Animo, por tanto, a la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar a perseverar en este servicio.

Igualmente, deseo expresar mi apoyo a cuantas actividades se encaminen al primer anuncio, acompañamiento y a los procesos formativos y presencia de los cristianos en la vida pública. Por supuesto, todas las acciones referidas han de estar fundamentadas en una fuerte experiencia personal con Cristo. Como decía el día que tomé posesión de la Diócesis: los bautizados no estamos destinados a ser anunciadores de ideas o de valores humanos por nobles que sean, sino testigos de la persona de Jesús, junto a quien permanecemos toda la vida como discípulos aprendiendo el camino del amor. Esta unión con Cristo será la garantía de la fecundidad apostólica, que no es otra cosa que las semillas del Reino de Cristo en un mundo tan necesitado de Él.

A la consecución de ese objetivo deben ir orientadas las ofertas formativas, los encuentros de oración y reflexión, los retiros espirituales, etc., que mantengan vivo y en tensión nuestro espíritu para el servicio de nuestros hermanos. Esos encuentros orantes con el Señor potenciarán en los miembros de las comunidades, movimientos y asociaciones el don del discernimiento, como método, para escudriñar los nuevos signos de los tiempos y vivir la sinodalidad como camino, o lo que es igual, una expresión de la comunión eclesial.

Pido al Señor que dote de fecundidad el apostolado de los todos los fieles, que lo tienen a Él como Cabeza (Cfr. Ef 1, 22). Que María, Reina y Madre, interceda para que los laicos, en unión y comunión con sus Pastores, manifiesten con sus obras de apostolado y con su testimonio personal a Jesucristo, para que todos confiesen la gloria de su Reino.


Para todos mi abrazo fraterno y mi bendición,

+ Santiago Gómez Sierra

Obispo de Huelva

22 de noviembre de 2020, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 20 Nov 2020 13:56:59 +0000
«Que la distancia social que sufrimos no suponga una distancia del corazón https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/59946-que-la-distancia-social-que-sufrimos-no-suponga-una-distancia-del-corazón.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/59946-que-la-distancia-social-que-sufrimos-no-suponga-una-distancia-del-corazón.html «Que la distancia social que sufrimos no suponga una distancia del corazón

Carta del obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez

Queridos hermanos y hermanas:


Doy gracias a Dios que me permite celebrar por primera vez con vosotros el Día de la Iglesia Diocesana como pastor de esta Iglesia particular de Huelva. Hago mías las palabras del lema de la jornada: Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo.

Esta llamada de atención sobre la Iglesia diocesana nos brinda una ocasión propicia para fortalecer nuestra conciencia comunitaria. La vida cristiana tiene necesidad de una experiencia intensa de comunión eclesial; que se expresa en el amor, la amistad, la comunión y la solidaridad entre las tres redes que se integran en la vida de la diócesis: las parroquias, las comunidades de religiosos y religiosas y los diversos movimientos y asociaciones. La misión de evangelizar, que es la razón de ser de la Iglesia, tiene que hacerse desde comunidades eclesiales que viven con fervor y alegría su amor a Jesucristo y la caridad fraterna.

La Iglesia siempre es la familia de Dios. Sin embargo, en estos tiempos recios los cristianos tenemos una necesidad especial de la comunidad cristiana. Sufriendo las inclemencias propias de una cultura secularizada, precisamos una comunidad en la que la experiencia cristiana pueda ser vivida y comunicada con normalidad. Comunidades reales donde los creyentes podamos compartir y celebrar la fe, para testimoniarla en la vida cotidiana.

En nuestras parroquias y comunidades cristianas podemos beber de las fuentes que dan vida a la comunidad cristiana, tal como aparecen en el libro de los Hechos: la enseñanza de los Apóstoles, es decir, la doctrina de la fe y de la moral católica; la oración en común y los sacramentos, particularmente, la Eucaristía, que nos unen a Jesucristo; y el amor fraterno hecho norma de vida, la comunión de bienes y el servicio a los pobres.

Hoy, más que nunca, necesitamos seguir construyendo y fortaleciendo ese tejido comunitario para que la “distancia social” a la que nos hemos sometido para prevenir el contagio no suponga entre nosotros una “distancia del corazón”. Necesitamos reconocernos como Iglesia Diocesana en “esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”, como nos recuerda el papa Francisco (Fratelli Tutti, 32).

Aunque la pandemia que estamos atravesando ha dejado en evidencia la vulnerabilidad social, también hemos visto despertar una corriente de solidaridad en nuestra Iglesia que, en medio de esta situación, ha redoblado sus esfuerzos desde todos su ámbitos y realidades eclesiales para seguir dando respuesta a las necesidades de muchas personas, en especial, de las más vulnerables. ¡Cuántos testimonios de esa diligente entrega hemos podido ver durante estos meses! Ahora, nuestra Iglesia de Huelva tiene que seguir siendo ese “hospital de campaña” donde curar las heridas, dar calor a los corazones y mostrar cercanía. En medio de una sociedad desconcertada, estamos llamados a seguir anunciando el Evangelio de la esperanza y la alegría que “nace y renace en el encuentro con Jesucristo” (Cfr. EG, 1); a propiciar nuevos vínculos de “amistad social” que superen los prejuicios y polarizaciones para buscar juntos el bien común; a permanecer en la opción por los más pobres y excluidos, pues a la emergencia sanitaria que tan fuertemente nos sigue golpeando le acompaña una grave crisis social y económica en la que la pobreza adquiere nuevos rostros.

Somos lo que tú nos ayudas a ser, como nos recuerda el lema de la jornada. Tu parroquia, la diócesis, necesita tu disponibilidad personal para atender alguno de los múltiples servicios que en ella se pueden realizar, tu testimonio y compromiso en la vida familiar y pública, y tu aportación económica para sostener la ingente tarea que la Iglesia lleva adelante.

En estas páginas podrás hacerte cargo de la dimensión de la labor celebrativa, pastoral, evangelizadora, educativa, cultural y social, los recursos personales y materiales con los que contamos, las personas atendidas y los proyectos e instituciones que hacen posible esta atención. Todo esto es posible gracias a tu ayuda que, especialmente en estos momentos, seguimos necesitando.

Os invito a colaborar con vuestra parroquia aportando cuanto podáis de vuestro tiempo, cualidades, colaboración económica y oración.


Para todos mi saludo fraterno y mi bendición,


+ Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva

Huelva, 8 de noviembre de 2020. Día de la Iglesia Diocesana

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 06 Nov 2020 14:32:22 +0000
«Llamados a ser testigos e instrumentos de fraternidad y amistad social» https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/59602-llamados-a-ser-testigos-e-instrumentos-de-fraternidad-y-amistad-social.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/59602-llamados-a-ser-testigos-e-instrumentos-de-fraternidad-y-amistad-social.html «Llamados a ser testigos e instrumentos de fraternidad y amistad social»

Carta del obispo de huelva, Mons. Santiago Gómez

Queridos hermanos y hermanas:


Con alegría y agradecimiento hemos recibido la nueva encíclica del papa Francisco que ha titulado Fratelli Tutti, “Todos hermanos”. Sobre la fraternidad y la amistad social, firmada en Asís el pasado 3 de octubre. Es la tercera de su pontificado, tras Lumen Fidei (29 de junio de 2013) sobre la fe, y Laudato Si' (24 de mayo de 2015) sobre el cuidado de la casa común.

Una encíclica social

Una encíclica es una carta solemne sobre asuntos de la Iglesia o determinados puntos de la doctrina católica, dirigida por el Papa a los obispos y fieles católicos de todo el mundo. Este tipo de documento es muy relevante entre los escritos del Magisterio pontificio, y los fieles cristianos debemos acogerlo con espíritu de asentimiento, obediencia y respeto.

La encíclica no sólo se dirige a los miembros de la comunidad cristiana, sino que, además, invita a todos los hombres de buena voluntad a profundizar y a abrir un diálogo sincero, porque entiende que los asuntos que trata nos conciernen a todos, especialmente cuando tiene una temática social. Es el caso de Fratelli Tutti, que el mismo Francisco define como encíclica social, “un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras” (n. 6)

Sobre la fraternidad y la amistad social

Tanto la fraternidad como la amistad social son temas tratados a lo largo del pontificado de Francisco en numerosas ocasiones: la cultura del descarte en el marco de la globalización; la inclusión social de los pobres y, en especial, el drama de la migración; la paz y el diálogo social en un mundo polarizado; la autorreferencialidad que nos encierra en nuestra conciencia aislada; la dinámica misionera fruto del alegre encuentro –o reencuentro– con el amor de Dios que nos hace salir al encuentro de los hermanos como discípulos misioneros; todas son llamadas de atención reiteradas por el Papa en su magisterio.

¿Cuáles son los caminos concretos a recorrer para quienes quieren construir un mundo más justo y fraterno en sus relaciones cotidianas, en la vida social, en la política y en las instituciones? Esta es la pregunta que quiere responder la encíclica. El Papa explica que su intención no es “resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos” (n. 6). Se trata, pues, de vencer las sombras del corazón y de un mundo cerrado en el que no se favorece el desarrollo de esa fraternidad universal, y pensar y gestar un mundo abierto fruto de corazones convertidos a la misericordia, capaz de reconocer al prójimo en el extraño.

Desde ahí, Francisco insiste en que la fraternidad debe promoverse no sólo con palabras, sino con hechos. Hechos que se concreten en la “mejor política”, aquella que no está sujeta a los intereses de las finanzas, sino al servicio del bien común; que ponga en el centro la dignidad de cada ser humano y asegure el trabajo a todos, para que cada uno pueda desarrollar sus propias capacidades. Una política que, lejos de los populismos, sepa encontrar soluciones a lo que atenta contra los derechos humanos fundamentales y que esté dirigida a eliminar definitivamente cuestiones tan preocupantes en el mundo como son el hambre o la trata de personas.

Al mismo tiempo, el Papa Francisco subraya que un mundo más justo se logra promoviendo la paz, que no es sólo la ausencia de guerra, sino una verdadera obra “artesanal” que implica a todos. Esta obra debe sostenerse en la verdad y la reconciliación, buscadas de modo proactivo y a través del diálogo, en nombre del desarrollo recíproco. De ahí deriva la condena del Pontífice a la guerra, “negación de todos los derechos” y que ya no es concebible, ni siquiera en una hipotética forma “justa”, porque las armas nucleares, químicas y biológicas tienen enormes repercusiones en los civiles inocentes. Para este diálogo y necesaria amistad social, el Papa indica un dinamismo que resume en una lista de verbos: “acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto…” y así poder reconciliarnos, conectarnos y ponernos juntos en la búsqueda de soluciones reales a los problemas de la humanidad.

El ejemplo del Buen Samaritano

La luz de la encíclica emana de la Palabra de Dios, desde un pasaje que el Papa define como un presagio de esperanza: el del Buen Samaritano. El segundo capítulo, “Un extraño en el camino”, está dedicado a esta figura, y en él Francisco destaca que, en una sociedad enferma que da la espalda al dolor y es “analfabeta” en el cuidado de los débiles y frágiles (nn. 64-65), todos estamos llamados – al igual que el buen samaritano – a estar cerca del otro (n. 81), superando prejuicios, intereses personales, barreras históricas o culturales. Todos, de hecho, somos corresponsables en la construcción de una sociedad que sepa incluir, integrar y levantar a los que han caído o están sufriendo (n. 77). El amor construye puentes y estamos “hechos para el amor” (n. 88), añade el Papa, exhortando en particular a los cristianos a reconocer a Cristo en el rostro de todos los excluidos (n. 85).

El principio de la capacidad de amar según “una dimensión universal” (n. 83) se retoma también en el tercer capítulo, “Pensar y gestar un mundo abierto”: en él, Francisco nos exhorta a “salir de nosotros mismos” para encontrar en los demás “un crecimiento de su ser” (n. 88), abriéndonos al prójimo según el dinamismo de la caridad que nos hace tender a la “comunión universal” (n. 95). Después de todo – recuerda la encíclica – la estatura espiritual de la vida humana está definida por el amor que es siempre “lo primero” y nos lleva a buscar lo mejor para la vida de los demás, lejos de todo egoísmo (nn. 92-93).

Respuestas locales a problemas globales

“Si no logramos recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes, la ilusión global que nos engaña se caerá ruinosamente y dejará a muchos a merced de la náusea y el vacío” (n. 36). Y es que, aunque el Papa señala una problemática de orden global, no podemos desentendernos de nuestra particular responsabilidad en el contexto donde vivimos y entre quienes están a nuestro lado. Responder localmente a estos problemas es, en definitiva, ir superando estas problemáticas globales. De este modo, y al hilo de la pandemia que estamos atravesando, el Papa insiste en que “si todo está conectado, es difícil pensar que este desastre mundial no tenga relación con nuestro modo de enfrentar la realidad, pretendiendo ser señores absolutos de la propia vida y de todo lo que existe” (n. 36).

No vivamos, entonces, de espaldas al dolor del hermano que encontramos en nuestro caminar ordinario por la senda de lo cotidiano, estando “muy concentrados en nuestras propias necesidades”. Miremos, especialmente, a quien se queda al margen de nuestra vida, al que está sufriendo, no como aquel que “nos molesta” o “nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos” (n. 65).

Respondamos a esta llamada del Papa, revisemos, en primer lugar, nuestros modos de vida, que pueden estar excesivamente vueltos sobre nosotros mismos. Salgamos de “la fiebre consumista y de nuevas formas de autopreservación egoísta”, mirando a los que tenemos realmente cerca, aunque a veces nuestros ojos no hayan sido capaces de descubrirlos. Recorramos caminos de reconciliación en nuestras familias, generando un verdadero clima de acogida, respeto y desarrollo personal entre los miembros de cada hogar. Empecemos por fortalecer las relaciones vecinales, donde muchos que ya atravesaban dificultades, han visto agravada su situación a causa de la pandemia, y despleguemos, con creatividad, redes de solidaridad entre nosotros, en nuestros barrios y en nuestros pueblos. Aquellos que ocupan puestos de responsabilidad, no se olviden de servir al bien común y de poner en el centro de sus preocupaciones a los últimos, aquellos que peor lo están pasando.

Particularmente sangrante es la situación que vive la población inmigrante en nuestra provincia y, de un modo especial, las numerosas personas que habitan en los asentamientos. El Papa fija su mirada en este drama social de nuestro tiempo: “Los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona. Nunca se dirá que no son humanos pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos” (n. 39). No podemos seguir sobrellevando esta realidad en la que nuestros hermanos malviven privados de algunos de los derechos humanos más elementales. Es urgente abordar este drama desde una mirada integral, coordinada y eficaz.

Sé que las parroquias de los pueblos especialmente afectados por esta situación, a través de Cáritas y otras iniciativas, están dando respuestas parciales a las necesidades más perentorias de estos hermanos nuestros. Pero también sé que estas respuestas son vividas, por quienes las protagonizan, como aisladas e insuficientes. Hago un llamamiento especial a todos los agentes sociales y políticos para no evadir la responsabilidad de cada una de las partes y, en un diálogo sincero y permanente, encontrar soluciones más humanas y definitivas.

Conclusión

Quisiera concluir esta carta proponiendo la lectura y estudio de esta nueva encíclica en todos los ámbitos de formación de la Diócesis, en la formación permanente del clero y de los laicos en las parroquias, delegaciones, congregaciones, movimientos y asociaciones públicas y privadas presentes en nuestra Iglesia particular. Ojalá, a partir de la profundización de Fratelli Tutti, encontremos respuestas creativas para fortalecer y ampliar la fraternidad entre nosotros, abriendo nuestro corazón y nuestra vida a quienes aún experimentamos como extraños. Los cristianos de Huelva propongámonos ser verdaderos agentes de amistad social a través de nuestra presencia pública. Del mismo modo, empeñémonos en la fraternidad eclesial, en redescubrir la espiritualidad de la comunión, rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, desconfianza y envidias. Así podremos ser testigos e instrumentos de la fraternidad y amistad social que nuestra sociedad necesita.


Para todos mi saludo fraterno y mi bendición,


+Santiago Gómez Sierra

Obispo de Huelva

Huelva, 22 de octubre de 2020, memoria de San Juan Pablo II

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Thu, 22 Oct 2020 12:53:00 +0000
«Enviados a evangelizar» https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/59473-enviados-a-evangelizar.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/59473-enviados-a-evangelizar.html «Enviados a evangelizar»

Carta del Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez,  con ocasión del Domund 2020


En su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, dice el Santo Padre que ésta es ocasión para “reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia” (nº 9). El Señor ha querido en su providencia que este primer contacto epistolar con mis diocesanos tenga lugar con motivo del DOMUND. Desde el inicio de mi servicio episcopal en Huelva, en la homilía de mi toma de posesión de la Sede onubense, ya decía que no estamos destinados a ser anunciadores de ideas o de valores humanos por nobles que sean, sino testigos de la persona de Jesús, junto a quien permanecemos toda la vida como discípulos aprendiendo el camino del amor. Un testigo, necesariamente, es misionero. En la Iglesia, la misión de evangelizar, nacida del mandato del Señor, antes de subir al cielo, es universal. Por eso, esta campaña del DOMUND pretende hacernos conscientes de nuestra participación en esa misión.


1. La misión de Isaías y la nuestra.

El lema de la campaña del DOMUND de este año está basado en la llamada o vocación del profeta Isaías: “Aquí estoy, envíame” (Is 6, 8), un modelo de toda vocación cristiana. Todos somos llamados a evangelizar, a hablar en nombre del Señor con palabras y obras. Cada uno desde su lugar en la Iglesia, porque la vocación cristiana es llamada universal a la santidad, y la santidad exige anunciar la grandeza de Dios. Por eso la misión no es algo exclusivo de los misioneros que están en la vanguardia de la evangelización en tierras donde no se conoce a Cristo. Sencillamente porque su trabajo por el Reino ha de ser sostenido por nuestra implicación misionera. En este sentido, el DOMUND ha de servir a nuestras comunidades, como señala el Papa, para la reflexión del ser misionero de la Iglesia.

La respuesta de Isaías, ante la pregunta del Señor: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?” (Is 6, 8), es pronta y firme: “Aquí estoy”. ¿No nos recuerda también la respuesta de la Virgen ante el anuncio del ángel? (Lc 1, 38). Todo cristiano es llamado, consagrado y enviado, porque todos tenemos una función profética: la misión de anunciar a Cristo. Hay hermanos y hermanas nuestros que siguen al Señor en la misión “ad gentes”, es decir, allí donde el Señor no es conocido ni amado, y traducen en su vida la respuesta de Isaías, “aquí estoy”, como una concreción radical de una respuesta confiada y puesta en las manos del Señor de la condición de enviados que tenemos todos por nuestro bautismo. Esos miembros del Cuerpo Místico de Cristo que son los misioneros, alargan el brazo de la Iglesia a países y lugares donde no llegamos todos, pero es también, en el misterio de la comunión de los santos, una expresión de la catolicidad del Pueblo de Dios, que no se restringe a determinados lugares, sino que se expande tanto como es el abrazo universal con el que Jesús nos une desde la cruz.

La respuesta de Isaías, la respuesta de María, la respuesta de cada uno de nosotros a la llamada de Dios, cada uno desde el lugar donde Dios lo ha colocado, ha de sentirse también como una respuesta a la vocación católica o universal de la Iglesia, que no conoce fronteras, ni razas, ni color. “Envíame”, esa palabra del profeta es prefiguración también de la respuesta de Cristo, el Verbo encarnado del Padre, cuando entra en el mundo: “He aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Hb 10, 9). La voluntad del Padre es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad (Cfr. Tim 2, 4).


2. La oración por las misiones.

Una de las formas de nuestra participación en la misión activa de la Iglesia, como recuerda el Papa, es también la oración. Una oración de intercesión, contemplativa, profunda y sentida, con la que “mantenemos” el fervor de los misioneros, sus trabajos por el Evangelio y, consecuentemente, por la promoción humana de los sujetos de la evangelización. Una oración comunitaria, porque donde dos o más se reúnen en mi nombre allí estoy en medio de ellos (Cfr. Mt 18, 20), una oración litúrgica, desde donde sale el sol hasta su ocaso (Cfr. Sal 113, 3), una oración interpelante que nos lleva a actuar en obras concretas.

Invito a todos los diocesanos a unirnos, de manera especial durante este mes de octubre, en la oración de intercesión por los misioneros y por las misiones, por las vocaciones a la misión, para que aumente nuestra conciencia misionera. Como decía Benedicto XVI: “la oración del creyente se abre también a las dimensiones de la humanidad y de toda la creación, que, «expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rom 8, 19). Esto significa que la oración, sostenida por el Espíritu de Cristo que habla en lo más íntimo de nosotros mismos, no permanece nunca cerrada en sí misma, nunca es sólo oración por mí, sino que se abre a compartir los sufrimientos de nuestro tiempo, de los demás. Se transforma en intercesión por los demás (…), que no acaba en nosotros mismos, sino que se abre a los demás, y así me libera, así ayuda a la redención del mundo” (Audiencia 16-V-2012).


3. Nuestras ofrendas, fruto de nuestro corazón.

Una tercera forma de participación en la condición misionera de la Iglesia son las ofrendas, espirituales y materiales para el sostenimiento de las misiones. Desde aquí hago un llamamiento a todos los diocesanos para que expresen su compromiso con la evangelización de los pueblos mediante el ofrecimiento de sus trabajos, de sus ocupaciones, de sus penas y alegrías por el incremento de la evangelización de aquellas personas que no conocen a Cristo, para el sostenimiento de la labor de los misioneros. La oración unida al sacrificio sube como incienso a la presencia de Dios por estos hijos suyos que esperan que les sea anunciado el Evangelio. Desde su claustro de Lisieux (Francia), Santa Teresa del Niño Jesús, una religiosa contemplativa, ofrendó su vida por las misiones. Su ejemplo sigue siendo un estímulo para nosotros en el misterio de la comunión de la Iglesia.

Os invito a la generosidad de las aportaciones económicas que hacen posible el trabajo de tantos misioneros y misioneras, porque el anuncio del Evangelio se hace con palabras y con obras, las obras de Cristo que ha querido que se realicen por su Iglesia. También de esa manera estaremos respondiendo como Isaías a la vocación misionera: “Aquí estoy, envíame”. Que la Virgen María nos ayude a responder con las ofrendas, fruto de nuestro corazón, para el sostenimiento de aquellos que han sido enviados a evangelizar en la misión. Ellos hacen presente y concretan nuestra misión, la misión de todos nosotros, la misión de la Iglesia.

Con afecto os bendigo,


+ Santiago Gómez Sierra

Obispo de Huelva

Huelva, 1 de octubre de 2020, memoria litúrgica de Santa Teresa del Niño Jesús.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 16 Oct 2020 11:27:10 +0000
En la Solemne Función Votiva del Rocío Chico https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/58501-en-la-solemne-función-votiva-del-rocío-chico.html https://www.odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/58501-en-la-solemne-función-votiva-del-rocío-chico.html En la Solemne Función Votiva del Rocío Chico

Homilía de D. Santiago Gómez, obispo de Huelva, en el Rocío Chico

Homilía de la Solemne Función Votiva del Rocío Chico

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo a los sacerdotes y los diáconos, a los religiosos y religiosas, y a todos los agentes pastorales.

Saludo al señor Presidente y a los miembros de la junta de gobierno de la Hermandad Matriz de Almonte y de las hermandades Filiales.

Doy las gracias por su presencia a las distinguidas autoridades, a la Señora Alcaldesa de Almonte y a las demás autoridades civiles, militares, judiciales y académicas, y a las personas que ostentan la representación de nuestras instituciones sociales más señeras, a cada uno de vosotros os saludo con afecto.

También dirijo un saludo muy especial a los enfermos y ancianos, y a cuantas personas que por la limitación del aforo del templo parroquial en las actuales circunstancias sanitarias se unen a esta celebración a través de la radio, la T.V. y las redes sociales.

Renovamos en esta mañana el Voto de acción de gracias que, como es conocido, realizó el pueblo de Almonte en 1813, cuando en el contexto de la invasión de España por el ejército de Napoleón sus tropas amenazaban al pueblo con el exterminio, como represalia por la resistencia que éste mostró frente al invasor. En esos aprietos los almonteños acudieron con fervor a la Virgen del Rocío y aquella amenaza no llegó a consumarse. El Ayuntamiento, el Clero y la Hermandad Matriz de Almonte acordaron el Voto que hoy cumplimos, celebrando en la mañana del 19 de agosto solemne Misa, normalmente, en la Ermita, en acción de gracias por el favor recibido por mediación de la Santísima Virgen.

El pueblo de Almonte experimentó a la Virgen del Rocío como auxilio de los cristianos. El año siguiente al Voto, en 1814 el papa Pio VII, que había sido sacado de Roma por la fuerza y secuestrado en Fontainebleau, fue liberado y estableció una fiesta en honor de la Virgen María bajo la advocación de “Auxilio de los cristianos”. Una vez más, la Iglesia universal como la de este pueblo experimentó la ayuda de la Madre de Dios en las persecuciones promovidas por los enemigos de la fe cristiana.

La primera lectura de la Misa nos ha recordado la gran batalla que se libra en la historia desde sus orígenes entre la Mujer y el dragón.

En la Mujer la Iglesia contempla a la Virgen María. Llamándola “Mujer” evoca el relato de la creación de Eva. Adán, en medio de la creación, como ser humano se siente solo. Entonces Dios crea a Eva, y en ella Adán encuentra la compañera que buscaba y le da el nombre de "mujer". Así, esta Mujer del Apocalipsis representa a María, la nueva Eva, la mujer definitiva, nuestra Madre, asociada al Redentor.

Juan introduce un nuevo personaje en la escena: "Un enorme dragón rojo", que identifica el mismo texto sagrado un poco más adelante diciendo que es: "El gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás" (Ap 12:9) (Ap 20:2) De aquí proviene la enemistad entre Satanás y el descendiente prometido a Eva, que no es otro que Nuestro Señor Jesucristo.

La batalla ha sido ganada por el Hijo que ha dado a luz la Mujer, Cristo, pues desde su Pascua la Iglesia puede decir “ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo”. Sin embargo, la guerra sigue en la tierra, pues “despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.”

Por su parte el evangelio que hemos escuchado muestra el auxilio que la santísima Virgen presta sin cesar a la Iglesia. María se da cuenta de una carencia: “no les queda vino”. En las sencillas palabras de la Madre de Jesús podemos apreciar su preocupación por los hombres, la atención propia de la Madre que la lleva a percibir los problemas de los demás. Vemos su bondad y su disponibilidad para ayudar. Esta es la Madre a la que nuestros antepasados acudieron y a la que tantos devotos rocieros visitan en peregrinación. A ella confiamos nuestras preocupaciones, nuestras necesidades y nuestras fatigas.

Y la Virgen hace de su descubrimiento una petición a su Hijo e invita a los sirvientes a escuchar esa Palabra de Jesús: "Haced lo que Él diga". Les propone a los sirvientes, en el fondo, lo que ha sido su vida desde que libremente respondió al ángel Gabriel: "hágase en mí según tu Palabra". Ella propone a los otros algo que no le es extraño, su propia experiencia de relación con Dios.

La Virgen María nos enseña a rezar, a acudir a su Hijo en nuestras penurias. Ella no quiere afirmar su voluntad y deseos, por muy razonables que le parecieran, sólo presenta la necesidad y deja que Jesús decida lo que quiera hacer. De este modo aprendemos de María la bondad y la disposición a ayudar, pero también la humildad para aceptar la voluntad de Dios, confiando en él, convencidos de que su respuesta, sea cual sea, será lo mejor para nosotros.

Así la Virgen María socorrió en sus necesidades a los que participaban en aquella boda en Caná y propició que creciera la fe de los discípulos de Jesús. Así siempre, la Virgen María nos socorre en nuestras necesidades y fortalece nuestra fe.

Nosotros estamos ante la Santísima Virgen del Rocío cumpliendo una promesa de nuestros antepasados, pero desde nuestra experiencia actual, que nos trae ante Ella para pedirle, hoy también, que sea nuestro auxilio, auxilio de los cristianos. Porque nuestro tiempo no es fácil, como en las bodas de Caná, parece que falta el vino de la fiesta. No estamos celebrando este Rocío chico en la Aldea, no pueden estar presentes todos los que quisieran, la alegría de la devoción rociera no ha podido manifestarse exteriormente, seguimos viviendo la amenaza del virus que azota al mundo desde hace meses y se extiende un velo de incertidumbre sobre el futuro.

Sin embargo, no se trata sólo de la tragedia sobrevenida de improviso por la pandemia que padecemos. Falta el vino y la alegría de la fiesta también a una cultura que tiende a prescindir de criterios morales claros. No escuchamos la indicación de la Virgen "Haced lo que Él diga". Su

voluntad está expresada en los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, y éstos con frecuencia no son referencias para orientar y juzgar nuestras acciones, a veces, ni entre los propios bautizados, instalados como muchos de nuestros conciudadanos en un relativismo moral, en el que cada cual se rige por su propia opinión sin mayor discernimiento. También los proyectos de vida se vuelven provisionales, expuestas a ser revocados cuando a cada uno le parezca, y esto a menudo se considera expresión de libertad, mientras que señala más bien la esclavitud del capricho. Una cultura privada del vino y la alegría de la fiesta, también, cuando aparentemente exalta el cuerpo, pero en realidad banaliza la sexualidad y tiende a vivirla fuera de un contexto de comunión de vida y de amor.

Falta el vino y la alegría de la fiesta cuando nuestra sociedad tiende a ver como natural la exclusión social severa y la pobreza, conviviendo con esta realidad, cruzándonos en la calle con personas que sufren estas situaciones de exclusión y de precariedad, asumiendo que esta realidad es natural y que poco se puede hacer para cambiarla. En nuestra cultura actual se ensalzan los valores de la solidaridad, pero se defiende por encima de todo el propio bienestar. Por eso no se habla de deberes, ni de renuncias, ni de sacrificios, para favorecer el bien de los demás. Sin embargo, como hemos escuchado en la lectura del Apocalipsis, en la batalla contra el mal en el mundo “ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.”

Con frecuencia, a nuestro mundo le falta el vino y la alegría de la paz, de la ternura; de la fe, de la esperanza y del amor, de la verdad, de la búsqueda sincera y compartida del bien común. Cuando faltan estos vinos, la vida se "avinagra". Surgen los intereses personales y partidistas, la corrupción económica, la mentira como herramienta de comunicación que traslada interesadamente un mundo ficticio, la búsqueda de dinero abundante y fácil –¡que cerca de nosotros se producen noticias sobre tráfico de drogas! -, la violencia.

La Virgen María vio la carencia en la boda, la hizo suya, y se puso manos a la obra. No se quedó en contar y lamentase por lo que falta o va mal. María nos enseña a tomar conciencia de lo que nos falta, a arrimar el hombro en lo que de nosotros depende, a obedecer a la Palabra de Jesús, que es nuestra fuerza y nuestra luz. Termina el Evangelio diciendo que "creció la fe de sus discípulos en él” (Jn 2,11) El final es que habiendo vino, hubo fiesta, y los discípulos viendo el signo, el milagro, creyeron en Jesús.

Necesitamos acudir, como lo hacemos hoy, a la Virgen del Rocío para que venga en nuestro auxilio intercediendo ante su Hijo. El amor a la Virgen nos llevará a Cristo. Él será capaz de despertar en nosotros una mayor entrega, nos hará obediente a su Palabra y perseverante en su seguimiento, y nos impulsará a servir a los demás con el ejercicio continuo de la caridad.

Virgen del Rocío, al cumplir el Voto de nuestros antepasados, ¡Santa Madre de Dios, ruega por nosotros, como rogaste en Caná por los aquellos esposos! Auxílianos en nuestras necesidades y guíanos siempre a tu Hijo, el Pastorcito Divino, nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina inmortal y glorioso por los siglos de los siglos. Amén.

+ Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva

19 de agosto de 2020 Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, Almonte

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Huelva Fri, 21 Aug 2020 11:17:20 +0000