Jaén Oficina de Información de los Obispos del Sur de España https://www.odisur.es Sat, 08 May 2021 02:12:54 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Confidencias de la Virgen de la Cabeza https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/63174-confidencias-de-la-virgen-de-la-cabeza.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/63174-confidencias-de-la-virgen-de-la-cabeza.html Confidencias de la Virgen de la Cabeza

Homilía de Mons. Amadeo Rodríguez en la Fiesta de la Virgen de la Cabeza 2021

Querida Madre:

También este año me voy a permitir comenzar la homilía, hablando contigo en oración. Si lo hago es porque no puedo dejar de preguntarte cómo te fue en tu camino como Virgen Peregrina. Todos recordamos con cariño que tu salida fue entre aplausos. Te aplaudimos con calor porque queríamos que supieras lo felices que nos hacía tu presencia entre nosotros. Con todos los que hoy estamos celebrado la Eucaristía de tu gran fiesta - los pocos de aquí – y los muchísimos que lo hacen a través de Canal Sur y otros medios, quiero preguntarte: ¿Cómo te sentiste acogida? ¿Vuelves enternecida por lo que escuchaste en la oración de tus hijos e hijas?

Como a lo largo de este año los dos hemos hablado mucho entre nosotros, sé por ti misma lo que has ido haciendo a tu paso por la vida y por los hogares de tus hijos. Según me has ido comentando, me consta que has podido responder a muchas preguntas, sobre todo sin palabras, porque utilizabas tu mejor lenguaje, un abrazo maternal y amoroso; sé que has mirado con mucha compasión todo lo que veías con tus ojos misericordiosos; te has enternecido ante la actitud de servicio, de entrega, de generosidad de cuantos atendían los servicios sanitarios; has llorado ante la impotencia que reflejaban los ojos de muchos; has guardado en tu corazón multitud de confidencias; has acompañado la soledad de los enfermos; has fortalecido la inseguridad de los que sentían que la vida se les iba. Con todos has estado, Madre Santísima.
Gracias, porque has sido la imagen del verdadero Amor; has sido el amor que comparte el dolor; que es el amor más bello que se pueda ofrecer, porque es el que pone belleza hasta en las situaciones más dolorosas y trágicas de la vida. Por eso hoy, Tú apareces ante nosotros tan bella y te vemos como el verdadero reflejo del amor de Dios. No has dejado de caminar por los caminos de los corazones de esta tierra de Jaén, de Andalucía o de Castilla la Mancha, de España de todos los que te veneran y te quieren en el mundo entero. Con todos has estado y con todos has llorado cuando el virus imponía su ley, que era y es de dolor y de muerte.
Como un año después tampoco habrá peregrinación (¡y bien que lo sentimos!), Tú sigues incansablemente poniendo cercanía materna a todos los que sufren, también en los males sobrevenidos por las otras pandemias derivadas, que están creciendo entre nosotros. Mientras tanto, es mucho lo que hay que aprender y son muchas las propuestas que Tú nos tienes que hacer, después de haberte acercado a tantas y tan dolorosas situaciones de vida. Si no te importa, me convertiré en tu intérprete y contaré para todos todo lo que hemos hablado entre nosotros.
Queridos hermanos y hermanas, querido fieles hijos de María Santísima de la Cabeza. Siento que la Virgen me pide que os diga que no echéis en saco roto todo lo que nos está enseñando este tiempo de pandemia. Nuestra querida Madre, en su peregrinar entre nosotros, ha visto mucha bondad, a pesar de que han sido tiempos de difícil control emocional para todos. Muchos han abandonado el “sálvese quien pueda” y han aparcado el individualismo como forma de vida. Ella ha visto la multitud y diversidad de servicios que tantos han realizado, con una generosidad sin límites. Por todo ello, la Virgen nos recuerda que ser persona es ser responsable, que el ser humano es imagen de Dios y, por eso, hermanos todos.
La Virgen ha visto embellecida la convivencia entre nosotros con sensibilidades ricas en todas sus expresiones; muchos han puesto lo mejor de sí mismos para compartir sus capacidades en favor de la salud, el bienestar, la paz o la alegría de los demás. ¡Cuántos han adornado, con los mejores valores, lo que ha sido un tiempo solo de dolor y de muerte! En los hospitales se pasaba del sudor y las lágrimas, a la generosidad sin límites, a veces incluso a costa de la propia vida, y, por eso, la Virgen se ha unido a los aplausos y oraciones y les ha reconocido, también Ella, como los héroes de una batalla cruenta con un enemigo descontrolado. Algunos, con cariño, gracia a raudales y sentido del humor, han adornado el rostro de los seres humanos, poniendo lo mejor de sí mismos entre los confinados, los hospitalizados, los aislados o los cuidados en las UCIS; esos espacios que ya todos hemos aprendido a ver como lugares de esperanza, porque en ellos estaba la Virgen de la Cabeza mostrándonos la salvación de su Hijo.
También, la ternura ha acompañado a la Virgen en su camino entre nosotros: se sentó junto a los ancianos en tantas residencias de mayores, muchas de ellas azotadas por este contagioso asesino; se ha puesto la mascarilla con los niños, ha sonreído ante su oración sencilla, en la que le pedían que se fuera el bicho malo cuanto antes; se ha sentido madre de los camioneros, de los militares, de los tenderos, y de todos los que han prestados servicios esenciales; se ha emocionado mientras escuchaba la oración sentida del sacerdote en los servicios funerarios; ha llorado de emoción con esos sanitarios que se han convertido en madres, hermanas, amigos y amigas que llenaban de sonrisa e ilusión la mirada perdida de los enfermos en soledad. La Virgen ha aplaudido la ternura de una sociedad que ha llorado a los muertos, ha alentado y sanado a los enfermos, ha valorado el esfuerzo titánico de cuantos tenían que trabajar para que no faltara nada esencial en las necesidades sanitarias, sociales y espirituales.
Lo que sí me ha costado que comentara conmigo, y siempre lo hizo evitando la condena, han sido sus disgustos, sus tristezas y sus dolores, sobre todo por la irresponsabilidad de tantos grupos sociales; por los que se han negado a aceptar una realidad que es incuestionable y por los que siguen manteniendo comportamientos grupal es de una gran insensibilidad. ¿Cómo decirles que un mundo que ha experimentado un mal que nos ha hechos a todos igualmente vulnerables y frágiles, necesita ahora de la solidaridad de todos en la defensa común de lo que nos perjudica y daña?
Entiendo, hermanos, que todas estas cosas que acabo de deciros, la Virgen quiere que las tengamos en cuenta. Pero también quiere que os indique, en su nombre, a quién hemos de acudir en el camino de la esperanza que ahora estamos recorriendo y que a todos nos gustaría que fuera más rápido. Procuraré hacerlo sin que mis palabras dejen de sonar con el mismo tono de anuncio que ella habla de su Hijo. Como bien sabéis, María es una adelantada de la evangelización. Su vida no tiene otra razón de ser que mostrarnos a Jesús como “el amor de Dios con nosotros”. El dulce nombre de Jesús es la verdad que María lleva grabada en su corazón, desde que se la escuchó a Gabriel, el Arcángel.
La Virgen de la Cabeza quiere que hoy suene con claridad lo que Jesús dice de sí mismo: “Yo soy el Buen Pastor”. Con ese símbolo Jesús nos está manifestando un ofrecimiento: aquí estoy yo y soy para vosotros. He venido de parte de mi Padre y Padre vuestro a daros la vida. Para Jesús no hay otra razón en su vivir que cuidar al ser humano; para Él no hay nada más importante que todos nosotros, ni siquiera Él mismo; por eso, da la vida por sus ovejas.
Jesús viene a decirnos, de parte de Dios: me importáis, me importáis mucho. Permitidme que os diga: este ha sido un precioso mensaje que hemos recibido en este año difícil de COVID; con el amor maternal de María hemos podido reconocer entre nosotros a Jesús el Buen Pastor de unas ovejas frágiles y heridas. ¡Ojalá el Buen Pastor haya entrado en nuestro corazón como entró en el de los primeros cristianos! Ellos lo representaron como un pastor que lleva sobre sus hombros a cada una de sus ovejas perdidas o heridas.
El Pastor ha estado con sus ovejas, las enfermas y las sanas; ha tenido un conocimiento íntimo de su situación y de todas sus necesidades. Él no ha faltado nunca ante la fatiga, el cansancio, el sufrimiento, la soledad, o la muerte; también en ella nos acompañan los ojos del Pastor. Jesús ha llevado a todos su pastoreo humilde, amoroso, cercano y generoso.
Por esa labor callada y penetrante que el Espíritu hace en el mundo, son muchos los que hoy saben por su fe que Jesús, Buen Pastor, ama al ser humano. Esa convicción esencial de la fe de un cristiano es la motivación que nos mueve también a nosotros a dar la vida por los demás. Todos nosotros tenemos la responsabilidad de custodiar a otros; estamos llamados a ser pastores los unos de los otros. Sembrar en el mundo esa confianza en Dios, que refuerza la confianza entre nosotros, es vital para la vida diaria y para el destino de los seres humanos.
Como nos ha dicho hoy San Juan: ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos, seremos semejantes a Él. En el camino entre lo que somos y lo que seremos, el Buen Pastor cuidará con total delicadeza de nosotros; nos hará comprender que estamos en las mejores manos, en las de Dios. Esa es la gran certeza de nuestras vidas: que las manos de Dios no nos dejarán caer. En cada pasión y crucifixión hemos de repetir: “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. Las manos de Dios, nuestro Pastor en Cristo, nos defenderán de tantos lobos como nos ponen dificultades en el camino de la vida; y lo hará, sobre todo, haciendo de cada uno de nosotros un buen pastor para sus hermanos.
Este es el Evangelio que María ha ido dejando en el corazón herido de todos. ¡Cuántos han visto en ella el paso del Buen Pastor por sus vidas! ¡Cuántos han descubierto también a San José en las palabras y en los gestos de Jesús! De parte de los dos, Madre y Padre, os invito a lo que hoy nos han dicho los apóstoles: Quede bien claro que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, el que siempre sana y salva; por su nombre habéis encontrado la salud, la esperanza y la vida (eterna siempre) y especialmente eterna para los que nos han dejado. AMEN


+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 26 Apr 2021 11:35:25 +0000
El Obispo se dirige a los internos de la Prisión Provincial https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62791-el-obispo-se-dirige-a-los-internos-de-la-prisión-provincial.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62791-el-obispo-se-dirige-a-los-internos-de-la-prisión-provincial.html El Obispo se dirige a los internos de la Prisión Provincial

Cada año, el Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, celebra la Cena del Señor con los internos de la Prisión Provinicial.


Este año, debido a las estrictas medidas frente a la COVID-19, el Prelado jiennense no ha podido estar presente, pero sí ha querido dirigirse a los internos, a los responsables de la Pastoral Penitenciaria y a los funcionarios de la Prisión para acompañarlos en estos días de Semana Santa. Lo ha hecho a través de un vídeo y de una carta que a continuación reproducimos:

Queridos amigos:

Ante todo, quiero dirigiros mi más afectuoso y cercano saludo. Soy vuestro Obispo Amadeo, ese amigo que de vez en cuando pasa por la que es ahora vuestra casa, para acercaros el afecto de la Iglesia y recordaros el amor de Dios, que es siempre más grande y más fuerte que el que podamos ofrecer cualquier ser humano. De Él aprendemos nosotros a amar. Con los capellanes y todos los que os visitan, en la pastoral penitenciaria, encontráis a unos testigos de la fe y del amor de Jesucristo, que en estos días estamos recordando en su experiencia de Pasión, Muerte y Resurrección.
Yo sé que una prisión no está cerrada nunca a los acontecimientos importantes que se van sucediendo en los días y en los años en los que vosotros vivís en ella. Os aleja físicamente pero no os aísla.
En una prisión siempre hay ventanas para el mundo, sobre todo el más interior. Si abrís la ventana espiritual que todos tenéis, y eso depende de cada uno, comprobaréis que tras ella hay quien nos quiere y espera que le abramos. De este modo os encontraréis, quizás con más luz que cuantos vivimos en la calle, con la verdad de un Misterio que sólo se siente y se vive dentro del nosotros, antes de que se convierta en experiencia de vida. La muerte y la resurrección de Jesucristo o nos conmueve y remueve por dentro, por lo que tiene de amor de Dios, o no es más que un relato histórico sin la fuerza y la verdad que todo lo cambia y lo transforma.
Si me lo permitís, os invito a encontrar en la muerte de Cristo todo lo negativo, lo perjudicial, lo falso y lo sin sentido de vuestra vida; y a encontraros con Jesucristo Resucitado que para todos, pero especialmente para vosotros, es Vida y Libertad.

Un abrazo de hermano.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén


ENLACE VÍDEO: https://youtu.be/TFaIIR4HK_s

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 06 Apr 2021 09:33:24 +0000
«San José, Padre y maestro de los sacerdotes» https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62709-san-josé-padre-y-maestro-de-los-sacerdotes.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62709-san-josé-padre-y-maestro-de-los-sacerdotes.html «San José, Padre y maestro de los sacerdotes»

Homilía Crismal del obispo de Jaén, Mons, Amadeo Rodríguez

Queridos hermanos sacerdotes:

Acentos de la misión de Jesús.
No quiero distraer vuestra atención con algo personal. Es verdad que vuestra vinculación conmigo tiene un valor sacramental; pero no quiero olvidar que nuestra comunión la realizamos en Cristo, Él es nuestro referente espiritual y pastoral.
No sé si para mí es o no la última de las misas crismales que celebro como vuestro obispo titular; pero quisiera deciros que, para el Presbiterio Diocesano, es una más y tiene el mismo alto valor que todas las que habéis celebrado a lo largo de vuestra vida ministerial. En cada una, se renueva (hacemos nuevas) las promesas sacerdotales que luego mantenemos a lo largo de nuestra vida, todos unidos en un mismo presbiterio, en la misma acción pastoral, en la misma Iglesia Diocesana.
Considero, por tanto, que esta homilía la he de centrar en lo que le de unidad a nuestro ser sacerdotal; es decir, a nuestro ser en Cristo, que es lo que importa. Entre las palabras de autodefinición de Jesús, la Iglesia nos propone justamente para hoy, las mismas que leyó en la sinagoga de Nazaret. Jesús, desde la Escritura, elige los destinatarios de su misión: pobres, cautivos, ciegos, oprimidos… Y al terminar, dice: “hoy se cumplen en mí estas palabras que acabáis de oír”. A nosotros nos ha dicho que actualicemos los acentos de nuestro el ministerio en el hoy de una Iglesia servidora de los hombres.
Las Palabras elegidas por Jesús han de conformar la vida en Cristo de un sacerdote y han de enriquecer, cada día, su celo pastoral, ese que nos hace vivir para los demás sin desentendernos de ninguno. Al identificarse con esas palabras, la vida de un presbítero debe de ser el testimonio vivo de una Iglesia al encuentro del ser humano en sus necesidades. Quien aprende a vivir el encuentro con Cristo (en la oración), que este año podríamos hacer con la complicidad intercesora de San José, aprenderá a ver siempre en sus hermanos la presencia del mismo Jesucristo. ¿Cómo no nos vamos a acercar a la vida de las personas, si Jesús nos espera cada día en cada una de ellas?
Las promesas que renovamos esta mañana, con el cuestionario litúrgico que nos ofrece la Iglesia, nos llevan a renovarnos en nuestra caridad pastoral. Este año, si me lo permitís, os propongo, como fondo de estas preguntas y de nuestras respuestas, la biografía espiritual de San José. Será el homenaje que le dediquemos con nuestro cariño y respeto. Intentaré hacer nuestra semblanza sacerdotal teniendo como guía lo que el Papa Francisco nos propone para acercarnos a la figura de San José en la Carta Apostólica Patris Corde. En ella hace un precioso retrato del Patriarca, en el que los sacerdotes haríamos muy bien en reflejarnos.
1. Padre amado. Sería muy pretencioso por nuestra parte ser como José en el afecto que recogemos en nuestro ministerio; seguramente, nunca lograremos que se nos considere así; entre otras razones, porque no siempre a nuestro alrededor se dan las condiciones para que se pueda interpretar nuestra vida como un acto de amor; a veces lo que en nosotros es bien y servicio, recibe incluso el rechazo por tópicos sociales, por falsas interpretaciones o, incluso, por las culpas de unos pocos. Pero con independencia de lo que recojamos, lo que importa es que lo que hagamos sea un don total de nosotros mismos, de nuestro corazón y de toda nuestra capacidad para amar a nuestros hermanos.

2. San José nos enseña que Dios puede actuar a través de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad, de nuestras miserias e incluso de nuestros miedos, si los hubiere. Él es Padre en la ternura. ¿Qué hacemos con nuestra fragilidad, con nuestra pobreza cuando tenemos la suerte de descubrirla en la humildad? ¿En manos de quién lo ponemos? En principio no hay otras manos que mejor nos traten que las de Dios mismo. Sólo Él saca lo mejor que podemos tener y ofrecer cuando nos parece que no tenemos nada, saca a la luz nuestra ternura. Es la ternura de sentir que Dios nos apoya y no nos condena en nuestra debilidad; pero, también, es una invitación a no condenar; al contrario, nos hace ver que la Verdad que viene de Dios acoge, abraza, sostiene, perdona.

3. Padre de la obediencia. San José no duda en obedecer, aunque lo que se le pidió fuera difícil y no lo entendiera bien. En el segundo sueño escucha: “Levántate… coge al niño y a su Madre y vete a Egipto”. ¿Quién no ha sentido miedo, angustia, quién no ha dudado de sí mismo ante lo que descubría como voluntad de Dios? El sacerdote, en muchas circunstancias de la vida, tiene que pronunciar su fiat apoyado en la confianza en el Señor. Solo confiando en el Señor en cada acto ministerial, seremos, como San José, “ministros de la salvación”.

4. Cuando nos dirigimos a San José como Padre castísimo, no es una indicación meramente afectiva. Es el reconocimiento de una actitud. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Dios mismo nos ama, con amor casto, y nos deja libres incluso para equivocarnos o ponernos en contra suya. La lógica del amor es una lógica de libertad, nunca de posesión. Por eso, la castidad en José es el don de sí mismo. Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo. Sólo en la castidad nuestra vida alcanza su belleza y su alegría. De lo contrario, nos sumiremos en la infelicidad, la tristeza, la frustración y en un largo camino de desajustes.

5. San José, a la hora de acoger a María, supedita todo a la caridad, por eso es padre de la acogida. Cuántas veces nosotros sacerdotes tenemos que hacer opciones sobre qué hacer, cómo valorar la vida de los otros, cómo situarnos ante decisiones, juicios y demandas que nos llegan. Nunca pretendamos tener claras las razones para el rechazo o la condena. Nos dice el Papa Francisco, aludiendo a la reacción de San José, que la vida espiritual, ante esos debates internos en los que nos sitúa la vida pastoral, hemos de optar por la acogida incondicional, sin darle muchas vueltas al qué y cómo hacer. Hemos de elegir no una vía que explica, sino una vía que acoge. Dejémonos ayudar por Dios mismo que siempre, como hizo con José, nos llevará por el camino de su voluntad divina.
Y lo mismo vale también para el juicio que hacemos sobre nosotros mismos cuando estamos en situación de dificultad, de duda, de tropiezo o incluso de infidelidad. ¡Cuántas veces nos puede suceder que no entendamos nada de lo que se nos pide hacer en ese momento! No nos victimicemos echándole las culpas de todo a los demás. José asume su responsabilidad y acepta su propia historia. San José acoge la voluntad de Dios, aunque no la entienda. Por eso se convirtió en un protagonista valiente y fuerte que asume las dificultades y las contradicciones. Acoger la vida como la acogió José nos puede llevar a comenzar de nuevo milagrosamente y a resituarnos en nuestro fiel seguimiento de Cristo. José no buscó atajos fáciles, afrontó la responsabilidad de acoger en su vida a Jesús.
6. Como Padre de la valentía creativa, San José nos enseña a encontrar cada día el sentido de lo que hemos de hacer en nuestro ministerio, aunque, no sea siempre lo que esperamos o deseamos. Las dificultades no nos van a faltar nunca, y mucho menos ahora que lo que somos, lo que damos o lo que hacemos ya no goza de la comprensión y simpatía de un ambiente, que ha dejado de sernos propicio no solo a nosotros, sino también a la misma fe. Ante las dificultades, siempre hay al menos dos opciones: o bajar los brazos y dejarnos ganar por el desánimo; pero también cabe, y es lo que nos hace seguir hacia adelante, la valentía creadora para encontrar el camino del plan salvador de Dios. ¿Cómo nos situamos en este mundo que deconstruye poco a poco nuestra cultura cristiana? Asustados, porque nos parece que Dios no nos ayuda o, por el contrario, somos conscientes de que Dios confía en nosotros para planear, inventar y encontrar nuevos caminos para el anuncio del Evangelio. Pensemos, hermanos sacerdotes, que la Iglesia necesita de nosotros para ser defendida, protegida, cuidada, animada y amada en su misión. De San José hemos de aprender la alerta permanente de nuestro corazón para estar cerca de cada persona necesitada, de cada pobre, de cada persona que sufre, de cada moribundo, de cada extranjero, de cada prisionero, de cada enfermo… y así… de cada persona que busca nuestra ayuda. No olvidemos que somos sacerdotes de una Iglesia en salida.

7. San José era un carpintero que trabajaba honestamente. Esa fue la impronta que dejó en su Hijo. Jesús aprendió de él el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan como el fruto del trabajo. Se puede decir que José fue elegido para plasmar la humanidad en la vida de Jesús, que trabajó con manos de hombre. Hoy, como sabemos muy bien, el concepto de trabajador se ha extendido a las más diversas profesiones. Nuestro ministerio, aunque sea tan específico, tiene todas las características, en dedicación, entrega, sacrificio y servicio, para que nos consideremos y seamos considerados unos trabajadores. Ya no puede existir el viejo y falso concepto de que un cura solo puede ser trabajador si se busca un oficio al margen del ministerio. Aprendamos de San José el sentido del deber en el trabajo y que aparezcamos en nuestro ministerio como persona que trabaja y que, en lo que hace, colabora con Dios creador y renovador del mundo. Pongamos de relieve que nuestro servicio tiene un gran valor social. Con criterios de la Doctrina Social de la Iglesia, siempre hemos de estar alertas a los derechos y deberes de los hombres y mujeres del mundo del trabajo, haciéndolos nuestros e incorporándolos a nuestra misión profética.

8. Nosotros, los pastores, hemos asumido la responsabilidad de la vida de otros. De algún modo, ejercemos la paternidad sobre todos los que nos han sido encomendados. “Cada sacerdote u obispo debería poder decir con el apóstol: fui yo quien os engendré por Cristo al anunciaros el Evangelio”. Pero nuestra paternidad es signo de una paternidad superior, es sombra del Único Padre celestial; y sombra también que sigue al Hijo. Acompañamos para hacer a los otros capaces de elegir, de ser libres en su fe, de salir a la intemperie para el anuncio del Evangelio. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, de descentramiento, de don. San José siempre supo que el niño no era suyo, simplemente había sido encomendado a su cuidado. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. Somos como José, padres en la sombra.
Vivir en este fiat de San José e inspirarnos siempre en el fiat de la Virgen nos situará en el mejor clima espiritual y pastoral que un sacerdote necesita para vivir con pasión el seguimiento de Cristo en fidelidad a su ministerio de salvación de los hombres.


+Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 30 Mar 2021 14:01:25 +0000
"Sacerdote con la biografía espiritual de San José" https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62319-sacerdote-con-la-biografía-espiritual-de-san-josé.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62319-sacerdote-con-la-biografía-espiritual-de-san-josé.html

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Al escribir esta carta con motivo de la fiesta de San José, Patrón del Seminario, no puedo dejar de pensar en el sacerdote que siempre queremos ser, tanto en nuestro periodo de formación, como cuando pasan los días y los años en el ejercicio del ministerio. Seminaristas y sacerdotes estamos incluidos en esta reflexión, que solo pretende que toda la comunidad diocesana sepa lo que soñamos ser: un fiel reflejo de la biografía espiritual de San José.
Siguiendo la invitación-lema de la campaña, que llama nuestra atención sobre el Día del Seminario, el objetivo formativo del seminario es formar “padres y hermanos” como José. Los jóvenes, que ahora se forman y cuantos hemos pasado por esa escuela sacerdotal, somos conscientes de que nos formamos en la “escuela de Nazaret”, bajo el cuidado de San José. Solo cuando él ha dejado su impronta, como la dejó en Jesús, somos enviados a cuidar a los hermanos y hermanas que se nos confían con un corazón de padre, porque nos sentimos un hermano de todos. Lo que fue la misión de José con Jesús, la realiza ahora la Iglesia con los que se forman para continuar la misión de Jesucristo. El que cuida las manos y la persona de Jesús, lo sigue haciendo en los seminarios con los seminaristas. Se puede decir que cada seminario es un Hogar de Nazaret en el que se cuida la vocación sacerdotal que Dios siembra en algunos hombres. Ese don de Dios, a su Iglesia, se custodia y cultiva en el seminario, para que dé frutos maduros, sacerdotes santos.
Esa tarea se hace poco a poco, en un camino de maduración humana, espiritual, intelectual y pastoral, por el que se van haciendo discípulos y seguidores de Jesucristo. Se trata de un camino que se recorre fiándose a ciegas de Dios, con el que tratan asiduamente en la oración y en el que se madura en el seguimiento de Jesucristo. Si nos preguntamos qué hace el seminario con cada uno de los llamados al sacerdocio, podríamos decir, simplificándolo mucho, que conforma con esmero el corazón de los seminaristas con el de Jesucristo, el Buen Pastor.
La vida del sacerdote es siempre una manifestación de Cristo en “la caridad pastoral”. Un sacerdote imita y revive la caridad pastoral de Jesús. Todo lo hace como Él y todo lo hace en su nombre. Cada seminarista y cada sacerdote hacen ciertas, fiables e identificables estas palabras de Jesús: “Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió” (Jn 17, 12). Estas palabras han de conformar la vida en Cristo de un sacerdote y han de enriquecer cada día su celo pastoral, ese que nos hace vivir para los demás, sin desentendernos de ninguno. Al contrario, la vida de un sacerdote debe de ser el testimonio vivo de una Iglesia en salida, al encuentro de sus hermanos. Quien aprende a vivir el encuentro con Cristo ha de ver siempre en sus hermanos, a los que sirve, la presencia del mismo Jesucristo; teniendo, como Él, una opción preferencial con los pobres, con quienes Jesús mismo se identifica. ¿Cómo no nos vamos a acercar a la vida de las personas si Jesús nos espera en ellas?
En esta carta he querido exponeros la biografía espiritual de un sacerdote, que tiene como protector y modelo a San José. Ese es el sacerdote que intentamos formar en nuestro seminario. En esa tarea que realiza el obispo, con los formadores y profesores, necesitamos además la ayuda de todos. La Iglesia Diocesana es la destinataria de los pastores que buscamos y ella ha de ser también la que los cuide con la dedicación amorosa de San José. Os pido a todos vuestra ayuda: en primer lugar, os ruego vuestra oración por las vocaciones y por el Seminario Diocesano. Ojalá el Seminario terminara convirtiéndose, para todos, en lo más querido de la Comunidad Diocesana.
Es muy necesario que crezca el afecto de todos por el que siempre hemos sentido como “el corazón de la Diócesis”. Eso significará que se tiene en muy alta estima el sacerdocio, y que se desea que nuestros niños y jóvenes, (también vuestros hijos y nietos) lleguen a seguir la llamada del Señor. Os aseguro que si son sacerdotes, no harán una carrera de prestigio social y alto sueldo, pero tendrán felicidad, habrán encontrado el sentido para su vida y realizarán una misión, la más alta y noble que se pueda ejercer, la que les confía el mismo Dios, la de servir a los demás. Ya sabéis, como dijo Jesús, que “hay más alegría en dar que en recibir”.
He de deciros también que la ayuda al Seminario pasa por nuestra generosa ayuda económica. Es responsabilidad de todos que nuestros seminaristas tengan, en su periodo de formación, una vida digna, si bien ha de ser pobre. A veces me apena comprobar que cristianos de mucha sensibilidad y práctica religiosa orientan su ayuda a otras causas menos familiares y necesarias, y se olvidan de ser generosos con las necesidades de su Iglesia Diocesana, que siempre son muchas, y en especial en el Seminario. Seamos, cada uno de nosotros, como San José, que tuvo como misión el sostenimiento de Jesús, también en sus necesidades materiales.

Con mi afecto y bendición.


+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 16 Mar 2021 11:45:35 +0000
Nota del Obispo de Jaén sobre las celebraciones de Semana Santa y Pascua 2021 https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62317-nota-del-obispo-de-jaén-sobre-las-celebraciones-de-semana-santa-y-pascua-2021.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62317-nota-del-obispo-de-jaén-sobre-las-celebraciones-de-semana-santa-y-pascua-2021.html Nota del Obispo de Jaén sobre las celebraciones de Semana Santa y Pascua 2021

El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, ha hecho públicas unas notas sobre las celebraciones de Semana Santa y Pascua 2021, que de alguna manera se ven alteradas a causa de la pandemia de la COVID-19.

Por su parte, las indicaciones también comunican que las romerías marianas, así como la de los santos patronos de las localidades de la Diócesis, se limitarán a las actividades litúrgicas y devocionales, respetando siempre el aforo que esté recomendado. Por tanto, se suprimirán las convocatorias de romerías, procesiones o marchas y todo lo que suponga una concentración masiva de personas. Estas orientaciones van dirigidas a todos los files con el ruego de que los presbíteros de la Diócesis las difundan.
Los obispos hemos recibido unas indicaciones sobre las celebraciones de Semana Santa de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y la Comisión Episcopal de Liturgia. Con indicaciones concretas a tener en cuenta. Una vez leídas y estudiadas, las he adaptado a nuestra Diócesis de Jaén, con algún añadido para las celebraciones de las fiestas pascuales: romerías, marchas, encuentros, procesiones, etc. Lo hago como máximo responsable y moderador de la vida litúrgica en la Diócesis y de los actos devocionales de piedad popular que se celebren tanto en los templos como en las calles. Teniendo en cuenta la situación de la pandemia Covid-19, propongo a continuación las siguientes observaciones de carácter general y las de cada una de las celebraciones de la Semana Santa y del Triduo Pascual.

a) Observaciones de carácter general.

1. Siempre que sea posible, desde un discernimiento responsable que ha de hacer cada fiel, se recomienda la participación presencial en la celebración, formando parte activa de la asamblea.
2. Aquellos fieles que, por razón de edad, enfermedad, o de prudencia sanitaria, no puedan participar presencialmente en las celebraciones, síganlas por los medios de comunicación
3. En todas las celebraciones se deberán respetar las normas emanadas de las autoridades sanitarias en la lucha contra el virus: el aforo de los templos, las recomendaciones sanitarias e higiénicas para hacer de los lugares de culto espacios sanos y seguros, el uso de la mascarilla, disponibilidad de gel hidroalcohólico, distancia social, ventilación de los espacios, etc.
4. Prepárense con sumo cuidado las celebraciones, eligiendo bien las alternativas que propone la Liturgia y acogiendo de buen grado las indicaciones para adaptarlas a este tiempo de pandemia.
5. En las distintas celebraciones se ha de reducir al mínimo necesario el numero de ministros que intervienen –acólitos, lectores, etc.–, sin que ello desdiga de la dignidad de la celebración.
6. El canto no está prohibido, siempre y cuando no exista alguna indicación expresa de las autoritarias sanitarias y se haga con las medidas de precaución adecuadas –uso de mascarilla en todo momento y distancia de seguridad entre las personas–. No es aconsejable el canto o la música grabados.
7. Evítese la distribución de subsidios para el canto en soporte de papel, o cualquier tipo de folleto explicativo de la celebración, por el riesgo que conllevan ante un posible contagio.
8. Instrúyase, cuantas veces haga falta, a los fieles para recibir la comunión de manera segura y ordenada, atendiendo a las disposiciones del Obispo diocesano, procurando que este gesto central de la celebración se haga de la mejor manera posible.
9. Para el bien de los fieles, en el caso de que los aforos permitidos en las iglesias sean un grave problema para la participación, el Obispo diocesano puede autorizar a que se hagan varias celebraciones en el mismo templo en horas sucesivas, siempre y cuando esto se haga verdaderamente para utilidad de los fieles y en circunstancias de real necesidad.
10. De cara a que los enfermos y las personas en confinamiento o de alto riesgo puedan seguir las celebraciones desde sus casas, se anima a que sean retransmitidas las presididas por el Obispo en la catedral, como signo de unidad de la diócesis. Procúrese que estas celebraciones sean verdaderamente ejemplares en su preparación y desarrollo. Se excluyen, en cualquier caso, las grabaciones en diferido de las mismas.
11. A las personas que no puedan asistir presencialmente a las celebraciones, ofrézcase la posibilidad de celebrar la Liturgia de las Horas, especialmente las Laudes y las Vísperas de cada día y el Oficio de Lectura. Recuérdese que se puede hacer uso de la aplicación oficial de la Liturgia de las Horas para dispositivos móviles, recientemente publicada por la Conferencia Episcopal.
12. Se recomienda vivamente que se cuide y fomente el Sacramento de la Penitencia. Se ruega a los sacerdotes una total disponibilidad para que los fieles puedan celebrar este Sacramento, con todas las medidas de precaución, distancia social y discreción
13. En lo que se refiere a las celebraciones devocionales en torno a las imágenes, organizadas por las parroquias y sus Hermandades y Cofradías, todo se ha de hacer con el respeto debido al lugar sagrado, teniendo en cuenta las normas sanitarias sobre el aforo y uso de la mascarilla. Todo ha de tener el tono de un acto profundamente religioso y ha de hacerse como una sencilla manifestación de fe.


b) Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

1. Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén se evitará la forma primera descrita por el Misal –procesión–.
2. En las catedrales se utilizará la forma segunda –entrada solemne–, al menos en la misa principal. Los fieles permanecerán en sus lugares y se hará la bendición y la proclamación del evangelio desde un lugar, dentro de la iglesia, en el que los fieles puedan ver el rito. En la procesión al altar puede participar una representación de los fieles junto con el Obispo y los ministros.
3. En las parroquias y demás lugares de culto se utilizará la forma tercera –entrada simple–.


c) Misa crismal.

1. La Misa crismal se celebrará en la Santa Iglesia Catedral de Jaén el Martes Santo. Como no suele ser muy masiva, se invita especialmente a participar a los sacerdotes, diáconos, seminaristas, consagrados, y cuantos fieles lo deseen hasta completar el aforo.

d) Jueves Santo.

1. Ha de omitirse el rito del lavatorio de los pies.
2. Dado que este año la celebración se hará, en la mayor parte de los casos, con alguna participación del pueblo, no se omita el traslado y la reserva del Santísimo Sacramento para la adoración y la comunión al día siguiente. Facilítese, en la medida de lo posible, que los fieles puedan dedicar un tiempo de adoración, respetando siempre los horarios de restricción de la libre circulación de los ciudadanos que se establezcan en cada lugar.

e) Viernes Santo.

1. En la oración universal del Viernes Santo se utilizará el formulario habitual con el añadido de la intención especial que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el pasado año (Decreto Prot. N. 155/20). El texto de la intención, que se añade entre la IX y la X, es el siguiente:

IXb. Por quienes sufren en tiempo de pandemia.
Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno,
singular protector en la enfermedad humana,
mira compasivo la aflicción de tus hijos
que padecen esta pandemia;
alivia el dolor de los enfermos,
da fuerza a quienes los cuidan,
acoge en tu paz a los que han muerto
y, mientras dura esta tribulación,
haz que todos puedan encontrar
alivio en tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

2. En el momento de la adoración de la cruz el celebrante lo hará con una genuflexión o una inclinación profunda. El resto de la asamblea lo hará por medio de una genuflexión o inclinación profunda cuando la cruz sea mostrada, y lo harán cada uno sin moverse de su lugar. Se podría invitar, también, a todos los participantes a la liturgia a que hagan un momento de oración, en silencio, mientras se contempla la cruz. Se evitará, en cualquier caso, la procesión de los fieles en este momento de la celebración.

3. En lo que se refiere a la Colecta Anual Pro Terra Santa, considero que se debe de hacer este año en Viernes Santo y no cambiar de fecha como se hizo el pasado año; a no ser que a última hora se nos recomiende lo contrario desde la Conferencia Episcopal. Ruego, no obstante, que le roguemos a los fieles su especial generosidad, dado que es nuestra aportación para ayudar a los cristianos que viven su fe en los Lugares Santos de la Encarnación redentora de Jesucristo.

f) Vigilia Pascual

1. Dependiendo de las normas civiles que se hayan establecido en cada lugar sobre restricción de la libre circulación de los ciudadanos, elijase una hora adecuada para el comienzo de la celebración que facilite a los fieles la participación en la misma y el regreso a sus casas al finalizar sin violar el toque de queda.
2. El “inicio de la vigilia o lucernario” se puede hacer a la entrada del templo. El celebrante principal deberá́ estar acompañado por un número limitado de ministros, mientras todos los fieles se mantendrán en sus lugares. Se bendice el fuego, se hacen los ritos de preparación y se enciende el cirio tal como indica el Misal. El sacerdote y los ministros, manteniendo la distancia de seguridad, hacen la procesión por el pasillo central y se cantan las tres invocaciones “Luz de Cristo”. No es recomendable repartir entre los fieles las velas y que las vayan encendido del cirio y luego pasen la luz unos a otros. Después de las invocaciones se canta el Pregón Pascual.
3. Sigue la “Liturgia de la palabra”. Por razones de brevedad puede acortarse el numero de las lecturas, pero procúrese darle la relevancia adecuada a este momento de la celebración. En ningún caso se debería reducir a una Liturgia de la Palabra normal de un domingo, únicamente con tres lecturas.
4. La “Liturgia bautismal” se celebra tal y como viene indicada en el Misal. La presencia de la asamblea aconseja no omitir el rito de la aspersión después de la renovación de las promesas bautismales. Tómese la precaución, sin embargo, de evitar el contacto con el agua que se va a bendecir cuando esta se prepare, y que el sacerdote higienice las manos con gel hidroalcohoólico antes de la aspersión.
5. No parece aconsejable, dadas las circunstancias, celebrar el bautismo de niños durante la Vigilia Pascual. Si se han de administrar los sacramentos de la Iniciación Cristiana a adultos o si al final se celebra el bautismo de algún niño, hágase con todas las medidas higiénicas y sanitarias que garanticen que los signos y ritos se hagan adecuadamente, pero de forma segura, especialmente los que implican el contacto, como las unciones.
6. Quienes no puedan participar en la solemne Vigilia Pascual pueden rezar el Oficio de lectura indicado para el Domingo de Pascua en la Resurrección del Señor, con el deseo de unirse a toda la Iglesia en la celebración del misterio pascual.

Romerías Pascuales en honor de la Santísima Virgen y de los Santos Patronos de nuestras localidades diocesanas

1. Como estamos en situación de pandemia y nuestras autoridades sanitarias nos sigan pidiendo prudencia y que se prohíban actividades y reuniones públicas en la calle, las romerías marianas y con otras motivaciones se limitarán a las actividades litúrgicas y devocionales, respetando siempre el aforo que esté recomendado. Por tanto, se suprimirán las convocatorias de romerías, procesiones o marchas y todo lo que suponga una concentración masiva de personas. No obstante, estaremos siempre atentos a lo que nos digan las autoridades, siempre que sus indicaciones sean prudentes y no pongan en peligro la salud pública.
2. En lo que se refiere a los sacramentos que habitualmente se reciben en la Pascua (Bautismo, Eucaristía y Confirmación), si el nivel de los contagios lo permite, se celebrarán, aunque siempre respetando los aforos permitidos.
Esperando que estas orientaciones sean acogidas de buen grado en toda la Diócesis de Jaén, sigamos rezando por el final de la pandemia, por los difuntos, los enfermos y sus familias, y por todos los que dedican su esfuerzo a paliar las consecuencias de esta crisis que estamos todos y juntos viviendo. Espero que la celebración de los días de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor sean un autentico encuentro con Él, que fortalezca la fe, esperanza y caridad de todos los fieles, al mismo tiempo que invocamos la intercesión maternal de la Santísima Virgen en todas las advocaciones diocesanas, y en especial nos encomendamos a la Santísima Virgen de la Cabeza, patrona de nuestra Diócesis. De igual modo pedimos la intercesión de nuestros Santos Patronos.


+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 16 Mar 2021 11:42:04 +0000
Decreto para la fiesta de San José https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62210-decreto-para-la-fiesta-de-san-josé.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/62210-decreto-para-la-fiesta-de-san-josé.html Decreto para la fiesta de San José

La vocación de San José le hizo participar íntimamente en el misterio de Cristo. Fue llamado por Dios para “tomar consigo a María su esposa” que estaba encinta “del que fue engendrado en ella por el Espíritu Santo” (Mt. 1, 20). De este modo, Jesús “llamado Cristo” nace de la esposa de José en la descendencia mesiánica de David (Mt. 1, 16) (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 437).


A partir de ahí, la persona y la vida de San José tienen en la historia de nuestra salvación una importancia que ha sido reconocida siempre por la sagrada liturgia y las leyes canónicas al proponer su fiesta como día de precepto (cf. canon 1246). Tradicionalmente el pueblo cristiano ha secundado esta norma dando un significativo realce familiar y social a la fiesta del 19 de marzo.
Este año celebramos de manera muy especial la fiesta de San José dentro del Año dedicado a San José convocado por el Papa Francisco.
Como el próximo día 19 de marzo, solemnidad de San José, este día ha sido declarado laborable por la autoridad civil de Andalucía.
Ante la necesidad de fijar claramente el tratamiento que dicha fiesta debe tener por parte de la comunidad católica, particularmente este año, los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Granada hemos acordado mantener en las Diócesis respectivas el carácter festivo de este día.
En conformidad con lo cual, en lo que se refiere a la Diócesis de Jaén, por el presente

DISPONGO:
1. Mantener el día de San José como fiesta de precepto con la obligación de participar en la Santa Misa.
2. Dispensar del obligado descanso laboral a los fieles que se vean precisados a desarrollar su trabajo habitual en ese día.
3. Pedir a los párrocos y otros rectores de iglesias que ordenen los horarios de los servicios religiosos de modo que los fieles encuentren la mayor facilidad para participar en la Santa Misa.
4. Pedir igualmente a los párrocos y otros rectores de iglesias que comuniquen a los fieles el contenido de este decreto y los horarios de misas con la debida antelación.
5. EL DÍA DEL SEMINARIO se celebrará en nuestra diócesis el domingo veintiuno de marzo, V Domingo de Cuaresma.

Dado en Jaén, a diez de marzo de dos mil veintiuno.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Fri, 12 Mar 2021 12:06:23 +0000
"Por la Cuaresma a la Pascua" (en tiempo de pandemia) https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61786-por-la-cuaresma-a-la-pascua-en-tiempo-de-pandemia.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61786-por-la-cuaresma-a-la-pascua-en-tiempo-de-pandemia.html

Carta pastoral del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

En el centro del Año Litúrgico

El Año litúrgico orienta los días de un cristiano y le va dando a cada uno el sentido que necesita. El Año Litúrgico es la memoria del misterio del amor de Dios, derramado en el tiempo para cada uno de nosotros, según nuestra necesidad; es un amor personalizado. Esto que acabo de escribir sería la convicción de todo bautizado; esa que a veces se nos olvida y en otras ocasiones se retoma. Ahora nos toca justamente retomarla.

Una Cuaresma de ojos abiertos
Empezamos la Cuaresma, tiempo que sólo tiene sentido si abrimos los ojos del corazón y miramos la luz que todo lo transforma, en la que se suelen encender todos los avisos que hemos de tener en cuenta cuando miramos al interior de nosotros mismos. La Cuaresma empieza por descubrir si aún se nota en nuestra vida algún reflejo de la Presencia de Dios que nunca nos falta y que siempre nos salva. La Cuaresma nos recuerda de dónde venimos y, sobre todo, nos invita a centrarnos en el horizonte hacia el que vamos. Empieza con el miércoles de ceniza, en el que se nos invita a reencontrar lo que hemos perdido, a reconstruir lo que se haya roto, a resucitar lo que se ha convertido en muerte, a vencer en las derrotas, a descubrir de nuevo las señales que aún quedan en nosotros para poder continuar en el camino de la vida.

Bajo la luz de la Resurrección
Este tiempo de Cuaresma es para despertar interiormente a esta pregunta: ¿quién nos podrá dar la vida nueva que anhelamos? Se puede decir que la Cuaresma es para el resurgir de todo lo que ya somos y tenemos; pero que, quizás por el desgaste del tiempo, lo experimentamos ahora con más dificultad. Se hace necesaria la purificación y la iluminación. Hay que decir, que estos cuarenta días, no se pueden caminar si no es bajo la luz de la Resurrección de Jesucristo. Sólo mirándole a él, y dejándonos ilusionar por su transparencia, resurgiremos de nuestras cenizas y el Espíritu Santo nos llevará por el camino de un nuevo renacer. Nos llevará al reencuentro de nuestros mejores sentimientos, a la renovación de nuestras actitudes y a la fortaleza de nuestras decisiones en el seguimiento de Cristo. En efecto, en esto consiste la vida Cuaresmal: en buscar, encontrar y peguntar a Jesús una vez más: “Maestro, ¿dónde vives? Es así como se llega a la vocación de discípulo-misionero, que es nuestro modo de vida cristiana.

Un tiempo de gracia

El camino Cuaresmal es un tiempo intenso de gracia, bajo la guía del Espíritu Santo, porque nada sucede automáticamente. Somos nosotros los que hemos de transitar en conversión del corazón y renovando nuestra forma de vida. Jesús mismo nos dijo que nuestro cambio interior se va expresando por la oración, la limosna y el ayuno. El camino Cuaresmal hay que llenarlo de actitudes y gestos efectivos, con los que se vaya recomponiendo, en cada uno, la vida en Cristo. “La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración, nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante” (Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2021). En resumen, la Cuaresma es un tiempo para reformar nuestra vida cristiana en lo esencial, para una vida santa en la que se manifiesten las virtudes auténticas de una existencia cristiana. Es un tiempo para creer, esperar y amar.

Tiempo de manifestación de fe
Es un tiempo propicio para ir plasmando con el testimonio de vida, manifestado con hechos y con palabras, una clara manifestación de fe. En un clima en el que tantos viven en la irresponsabilidad de ignorar a Dios y no cuidar del mundo y del hombre, el corazón del creyente ha de abrirse, por la escucha de la Palabra y la oración, por el desprendimiento de su vida y por la entrega generosa a los demás, para saber decir: creo en Jesucristo, muerto y resucitado. La Cuaresma, por tanto, es para recuperarnos en el creer.

Tiempo para una vida en esperanza
La espera de la Pasión, Muerte y Resurrección, que es la Cuaresma, sólo se puede mantener en una vida en esperanza. Hemos de ser conscientes, no obstante, de que, en tiempos difíciles, como el que este año tenemos con el coronavirus, lo nuestro puede ser esperar contra toda esperanza. Ahora todo parece frágil e incierto; pero, justamente por eso, es tiempo de poner a prueba nuestra esperanza en Jesucristo. Si Jesús no es nuestro futuro, nunca entenderemos del todo lo que Dios hace en la historia humana. Los cristianos sabemos que, aunque le pongamos tantas dificultades como le ponemos para que crezca el bien, la pureza, la honestidad, la verdad, la paz… el futuro de Dios está abierto de par en par en este mundo, aunque todo esté muy herido en el corazón o en la conciencia de los seres humanos.

Tiempo de descubrir la paciencia de Dios
Esto nos indica que es tiempo de mirar hacia Dios y de descubrir la paciencia de su corazón. Ese es el motivo de nuestra esperanza; y será el descubrimiento de la paciencia de Dios lo que nos lleve a buscar, en este tiempo de gracia, la reconciliación; a pedir y a sembrar el perdón y a soñar con una Pascua que nos haga nuevos a nosotros, para que podamos construir un mundo de fraternidad. En la Cuaresma hay que ponerse a tiro del querer de Dios en el recogimiento y en la oración, porque en el ruido hay tanta confusión que es muy difícil comprender que “Dios hace nuevas todas las cosas”. Lo hace por Cristo, esperanza del mundo, que entrega su vida en la cruz y al que el Padre resucitó, dejando así correr, desde la divinidad, un amor que colma de felicidad al ser humano.

La Cuaresma es tiempo de caridad
“La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión” (Papa Francisco, Mensaje Cuaresma 2021). Eso significa que la caridad nos invita a construir la civilización del amor. El don de la caridad, que se recibe para darlo con gozo y sencillez, será nuestro estilo y herramienta más eficaz. La Cuaresma es tiempo de la caridad, por eso el horizonte que nos mueve y nos transforma ha de ser una Pascua en caridad. Hagamos de la Cuaresma el tiempo del cuidado de los unos hacia los otros; hagamos verdad eso que se ha convertido en una recomendación constante de los unos hacia los otros: “CUÍDATE”. Hemos de cuidar a los que por tantas razones se ven afectados por el sufrimiento, las carencias, los dolores, los temores e incluso por la misma muerte; para todos hay obras de misericordia inspiradas en el ser y en el hacer de Jesús.

Cuidemos lo esencial de la Cuaresma y la Pascua
Lo que acabo de escribir hasta ahora nos acerca a lo esencial de la vida Cuaresmal y de la celebración de Semana Santa. No he hablado prácticamente de lo que hay que hacer, sino de lo que hay que cultivar. Sin embargo, nuestra Cuaresma por tradición religiosa y eclesial, se vive, además, en las celebraciones litúrgicas, en actos de devoción y en manifestaciones de piedad popular, en las que muchos, especialmente en Andalucía, expresan con fervor y belleza los misterios de la Muerte y Resurrección de Cristo y los dolores de su Santísima Madre. Lo que acabo deciros es para prepararse a todo ello.

El Señor no está sujeto a nuestros modos de hacer
Este año, sin embargo, los actos públicos de piedad no se podrán celebrar por recomendaciones sanitarias, y a pesar de eso, la Cuaresma y la Semana Santa se celebran en lo que son y significan, aunque las circunstancias nos obliguen a modificar los modos de celebrarlo. El cuándo y el cómo no son decisivos en lo que celebramos. El Señor, para ofrecernos su gracia, no está sujeto a nuestros modos de hacer, aunque los bendiga y los valore como una oportunidad para manifestarse en su bondad y misericordia salvadora.

Una Cuaresma singular
Recomiendo, para este año tan singular, todo lo que las parroquias ofrezcan tanto en actos litúrgicos como en los devocionales. De un modo especial, recuerdo y recomiendo el cultivo de la oración personal y comunitaria, en cuantas formas sea posible. Sobre todo invito al cumplimiento pascual, en el Sacramento de la Reconciliación, que me consta está previsto y preparado por los sacerdotes en todas las parroquias. Como bien sabéis, por este sacramento pasa nuestra conversión interior, naturalmente siempre que suceda como un encuentro feliz con el amor misericordioso de Dios.


Cuaresma para fomentar la caridad

La Cuaresma es tiempo de fomentar la caridad de un modo concreto y con mayor ahínco y generosidad si cabe. Será una Cuaresma para seguir las recomendaciones de nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Seamos ricos en generosidad fraterna a través de la acción de Cáritas en nuestras comunidades parroquiales. El rostro de Cáritas en nuestra Diócesis es el de todos los cristianos y de todas las instituciones diocesanas y parroquiales.

Cómo vivir los acontecimientos pascuales
Recomiendo, especialmente, que sigáis durante la Cuaresma el itinerario de escucha de la Palabra de Dios, y la participación, si es posible presencial, en las celebración de la Eucaristía en los domingos de Cuaresma. Recomiendo la lectio divina con los textos de la liturgia. En lo que se refiere a la Semana Santa deberíamos de centrarnos en participar en las celebraciones litúrgicas del Triduo Sacro, con una mención especial a la Vigilia Pascual. En ellas acontece para nosotros la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y tiene lugar también nuestra identificación con el Misterio de Cristo. Cuando decimos “es Cristo quien viven en mí”, afirmamos que su vida, y todos sus misterios de salvación, se han hecho realidad viva en nosotros. Tenemos que dejar que esos acontecimientos se instalen en nuestro corazón y se conviertan en vida. No importa, aunque sea lo que más deseemos, que no podamos asistir por alguna circunstancia, lo que importa es que vivamos en la fe de ese alimento que es pura gracia de Nuestro Señor y Salvador.
Os recomiendo que este año pongamos todos en Semana Santa, como intención primera, el pedirle al Señor, por intercesión de María Santísima, de San José su esposo, el cese de la pandemia. También hemos de comprometernos en la recuperación de la caridad social, para que se encuentren pronto soluciones a las consecuencias económicas, laborales y sociales que este mal global está generando. Recemos los unos por los otros.

Con mi afecto y bendición.


+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Wed, 17 Feb 2021 09:57:06 +0000
Cuidémonos mutuamente https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61618-cuidémonos-mutuamente.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61618-cuidémonos-mutuamente.html Cuidémonos mutuamente

Carta Pastoral de D. Amadeo Rodríguez, obispo de Jaén, en la Jornada Mundial del Enfermo


Queridos hermanos y hermanas enfermos:
Seguramente, muchos de vosotros sabéis, sobre todo los que padecen una larga enfermedad, que el día de la Santísima Virgen de Lourdes, 11 de febrero, la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Como bien conocéis, vosotros sois los predilectos de Jesús: a curar enfermos dedicó la mayor parte de su paso por la tierra; la compasión de Dios la puso siempre a vuestra disposición. El Evangelio lo testimonia muchas veces, mostrando que las curaciones que hacía Jesús nunca son gestos mágicos, sino que siempre son fruto de un encuentro, de una relación interpersonal, en la que al don de Dios que ofrece Jesús le corresponde la fe de quien lo acoge, como resume la palabra que Jesús repite a menudo: “Tu fe te ha salvado”.
La Iglesia, que tiene como misión continuar mostrando al mundo los sentimientos de Cristo, sigue ofreciendo su cariño y aliento a todos los enfermos sin excepción, aunque quiere tener muy en cuenta a aquellos que han vivido desde su Bautismo en Cristo Jesús. Es por eso que os recuerda, especialmente, en una fecha tan significativa para vosotros y en la que evocamos a Nuestra Madre la Virgen, en su aparición en Lourdes, desde donde muestra una especial predilección por los enfermos y es símbolo de esperanza y de gracia.
Cada año el Santo Padre dirige un mensaje con motivo de la Jornada del enfermo, en el que recuerda lo que la Iglesia le quiere decir a la sociedad en su favor. Con su magisterio llama, una vez y otra, la atención de los católicos y a la de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que ofrezcan lo mejor que tengan en sus manos en cualquier lugar del mundo,-tan desigual en recursos- a los que son imagen de la debilidad del ser humano necesitado de protección. Siempre ofrece un mensaje que conforte y fortalezca.
En esta ocasión recurre al Evangelio y nos invita a leer Mateo 23, 1-12. En este texto Jesús quiere que sus oyentes rompan con un tipo de relación basado en la hipocresía, la injusticia o la falta de empatía con el otro, sobre todo con el más débil. Pero, además de criticar y corregir, propone un nuevo modelo de relación con el enfermo, nuestro hermano, centrado en el servicio y en la fraternidad de los hijos de Dios.
Una consecuencia lógica es que con el enfermo se ha de crear un tipo especial de relación basada, sobre todo, en una profunda confianza de los unos hacia los otros y, sobre todo del más débil hacia quien le puede ofrecer en cada momento lo que necesita; esa confianza es algo que es esencial para el enfermo. El entorno del enfermo, tanto sanitario como familiar, social y religioso, le ha de saber prestar una especial atención, no solamente física sino también en todas las necesidades que le sobrevienen en esa situación de fragilidad y dependencia.
Por eso, es tan importante que todos nosotros descubramos en cada enfermo el rostro y, si es posible, también la historia, de cada persona para atenderla según sus necesidades. En especial, habrá que estar atentos a los que se sientan más ignorados, excluidos o son víctimas de injusticias o de abandono social y familiar. La Iglesia, por su parte, ha de cuidar una pastoral de atención a los enfermos en sus necesidades espirituales afectivas o económicas, promoviendo siempre en sus comunidades cristianas y en las conciencias de sanitarios, familiares o voluntarios actitudes de cercanía.
Así nos lo recuerda el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada de este año: “Deseo recordar la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al prójimo. «Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo» (Homilía en La Habana, 20 septiembre 2015).
La asistencia religiosa, además, es totalmente imprescindible; en ella hay que poner una especial dedicación por parte de la pastoral de la Iglesia. Cuidemos al hermano enfermo y hagámoslo porque nos motiva y nos da fuerza la caridad de Cristo. No olvidemos que del misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo brota el amor mutuo que se produce entre el paciente y quien lo cuida. Por eso, se nos dice sabiamente, para que salgamos enriquecidos de este servicio al enfermo: “Cuidémonos mutuamente”.
Por mi parte, quiero hacer llegar mi afecto pastoral, y el de toda la Iglesia diocesana, a todos los enfermos y afectados por la Pandemia de la COVID-19. Sobre todo, queremos tener muy presentes a los ancianos, a los que les deseamos que no les falte de nada, en recursos y cuidados, por parte de quienes tengan que tomar decisiones en la sociedad, en los ámbitos sanitarios y en sus entornos familiares.
En la Iglesia, siempre atenta a las necesidades de todos, encomendamos a María, Madre de misericordia y Salud de los enfermos, a todas las personas enfermas, a los agentes sanitarios y a quienes se prodigan al lado de los que sufren. Que Ella, desde la Gruta de Lourdes y desde los innumerables santuarios que se le han dedicado en tantos lugares de nuestra Diócesis de Jaén, y en especial desde el de la Santísima Virgen de la Cabeza, sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, y nos ayude a cuidarnos unos a otros con amor fraterno. A todos les envío de corazón mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Jaén Tue, 09 Feb 2021 13:26:43 +0000
"Contagia solidaridad para acabar con el hambre" https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61529-contagia-solidaridad-para-acabar-con-el-hambre.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61529-contagia-solidaridad-para-acabar-con-el-hambre.html

Carta pastoral de D. Amadeo Rodríguez, Obispo de Jaén.


Carta Pastoral- Manos Unidas 2021"Contagia solidaridad
para acabar con el hambre"

Hermanas y hermanos:
Invitar a contagiar en tiempo de pandemia resulta, a primera vista, un tanto inoportuno; sobre todo cuando la sociedad en general, con excepción de los negacionistas, no quieren ni oír hablar de contagio. Tampoco nosotros, en efecto, lo queremos; al contrario, empezaremos pidiendo solidaridad para que este mal universal se aleje porque lo hemos venido venciendo con todos los medios a nuestro alcance: espirituales, sanitarios, científicos, políticos y, sobre todo, con una conciencia social común.
No obstante, todos sabemos que si bien hay un contagio malo, el que enferma y mata; hay también en este excepcional tiempo de nuestra sociedad un contagio bueno, muy bueno, el de la solidaridad. Si algo hemos descubierto es que la COVID-19 o se le vence entre todos o no seremos capaces de vencerlo. Por muchos recursos sanitarios que tengamos está visto que no son suficientes. Se necesita la solidaridad del cuidado, de que todos nos convirtamos en cuidadores de todos.
Ha hecho muy bien Manos Unidas en promover este contagio positivo; sobre todo para que no nos olvidemos de esos otros males que la sociedad mundial tiene aún muy estancados en diversos lugares del mundo y que necesitan de un contagio moral positivo para que se vayan dando pequeños pasos en su solución.
Manos Unidas, como todos sabemos, está en la lucha contra todos esos males, manteniendo como prioritario el lucha contra el hambre, día a día, mes a mes y año a año. Con una constancia ejemplar siguen con planes y proyectos muy precisos, por su conocimiento de la realidad de la injusticia y la pobreza en este mundo. Este año el admirable equipo de nuestra Diócesis de Jaén nos anima a colaborar en tres proyectos, de distinto carácter, en el Salvador, Camboya y la India.
Contantemente llaman nuestra atención a que nos dejemos contagiar de la solidaridad con quienes, de un modo especialmente arraigado, viven en zonas en las que el hambre y el conjunto de muchos males es una realidad para muchos millones de seres humanos. Hay un mundo que nos debería de avergonzar en lo más íntimo de nuestra dignidad, en el que el descarte social se ha instalado como una forma habitual de vida. También, nos debería de avergonzar que, a pesar de sus muchas carencias, sean más felices que nosotros, que tenemos tanto a mano.
Justamente por eso, porque la injusticia es el peor de los contagios, ahora toca contagiar el único camino, el único sentimiento, la única forma efectiva de curar esa terrible enfermedad social. La solidaridad ha de ser contagiada entre todos para acabar con el hambre, con sus causas y consecuencias. Con ese lema nos convoca Manos Unidas este año para esta Campaña; nos dice que está en nuestras manos ir poco a poco, proyecto a proyecto, mejorando la situación de descarte que aún persisten en muchas partes del mundo. Con lo que hace este colectivo solidario, nacido en la Iglesia Católica hace, sumado a tantas otras iniciativas y modos de abordar la situación del tercer mundo, podemos ir invirtiendo lo que es injusticia patente en una siembra constante de solidaridad, que contagia y transforma la vida de los más pobres de la tierra.
Os invito, por tanto, queridos hermanos y hermanas a colaborar en esta campaña de 2021. Los católicos, guiados por el Evangelio y por la Doctrina Social de la Iglesia, no podemos permanecer impasibles. Al contrario, hemos de ser conscientes de que, si bien es verdad que no somos mejores que los que no comparte con nosotros la misma fe, nuestras convicciones religiosas inexorablemente nos llevan a ser profundamente solidarios. La solidaridad es para nosotros un impulso divino: nos ocupamos de los más débiles, vulnerables y descartados, porque esos son los predilectos del mismos Dios y a esos fue enviado especialmente Jesucristo, como el mismo recordó, al leer la Escritura, en la Sinagoga de Nazaret.
Seamos generosos con la generosidad que nace de ser amados y elegidos por el corazón amoroso de Dios.
Con mi afecto y bendición.

X Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Jaén Fri, 05 Feb 2021 15:29:37 +0000
Día Internacional de la Fraternidad Humana https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61497-día-internacional-de-la-fraternidad-humana.html https://www.odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/61497-día-internacional-de-la-fraternidad-humana.html Día Internacional de la Fraternidad Humana

Carta Pastoral de D. Amadeo Rodríguez, obispo de Jaén

Día Internacional de la Fraternidad Humana


Hoy, 4 de febrero, celebramos el Día Internacional de la Fraternidad Humana. Ha sido declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es evidente que este deseo universal que se propone a todos lo asumiremos con convicción los hombres y mujeres del mundo más sensibles a este bien universal.


Los católicos nos sentimos especialmente motivados por el Papa Francisco, tras haber recibido como don la Encíclica Fratelli tutti, que también está dirigida a hombres y mujeres de buena voluntad. Por eso, os invito a vivir esta jornada como una suma de deseos con otros hombres y mujeres del mundo y con los de otras religiones, para que aumente y se consolide la toma de conciencia de que todos somos hermanos y, sobre todo, para que se fomente el compromiso de participar en la construcción de un mundo cada vez más fraterno.
La lectura y la reflexión de Fratelli tuti es para todos nosotros una preciosa fuente en la que cultivar la fraternidad de todo el género humano. Es por eso que el obispo os invita a todos a no dejar pasar este día sin un pensamiento, una oración o un propósito en orden a cultivar la fraternidad y la amistad social. Los católicos lo hacemos con la convicción de que la dignidad humana tiene sus claves de interpretación en la paternidad de Dios y en la fraternidad de todos en Cristo.
Os animo especialmente a que sigáis el encuentro que se que se retransmitirá en diferentes idiomas, a partir de las 14,30 horas, en la página web Vatican News; en el participará el Papa Francisco y el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Jaén Thu, 04 Feb 2021 15:51:35 +0000