Málaga Oficina de Información de los Obispos del Sur de España https://www.odisur.es Tue, 02 Mar 2021 11:06:55 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Rito de Elección de los Catecúmenos https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61940-rito-de-elección-de-los-catecúmenos.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61940-rito-de-elección-de-los-catecúmenos.html Rito de Elección de los Catecúmenos

Homilía del Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Rito de Elección de los Catecúmenos celebrado en la Catedral de Málaga el 21 de febrero de 2021.

RITO DE ELECCIÓN DE LOS CATECÚMENOS

(Catedral-Málaga, 21 febrero 2021)

Lecturas: Gn 9, 8-15; Sal 24, 4-9; 1 Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.

(Domingo Cuaresma I -B)


1.- En este primer domingo de Cuaresma celebramos el rito de la «elección» o «inscripción del nombre» de los catecúmenos, a quienes hemos recibido en la puerta del templo al comenzar la celebración (cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos [RICA], n. 133-142).

Oído el testimonio de los padrinos y de los catequistas, los catecúmenos reafirman su voluntad libre de prepararse de manera más inmediata durante la cuaresma para recibir los sacramentos pascuales de la iniciación cristiana.

Con esta ceremonia concluís el catecumenado, caracterizado por un largo aprendizaje y conversión de la mente y del corazón a Jesucristo y os comprometéis a seguirle con mayor empeño.

Los padrinos comenzáis a ejercitar públicamente vuestro oficio y los acompañaréis en la Vigilia pascual, quedando unidos con ellos para siempre por un vínculo de fraternidad; entre vosotros habrá una relación espiritual especial.

El obispo, en nombre de Cristo y de la Iglesia, admite a los «elegidos» y os exhorta a responder gozosamente a la llamada de la Iglesia y a vivir este camino cuaresmal como preparación inmediata de las solemnidades pascuales.


2.- Hemos escuchado en el libro del Génesis que Dios hizo un pacto con Noé, a quien salvó del diluvio (cf. Gn 9, 9.11). Ser salvado de las aguas significa la salvación por el bautismo, como recuerda san Pedro: aquello «era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando» (1 Pe 3, 21). Al igual que el agua tiene la virtud de limpiar, las aguas bautismales limpian y purifican; pero no de manera física, sino espiritual.

El bautismo es el comienzo de una vida nueva, que implica un proceso de conversión y conduce a la salvación. Jesús dijo a sus discípulos: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16,15-16).

Queridos catecúmenos, habéis sido llamados por el Señor a la vida nueva que os proporcionará el bautismo; os convertiréis en hijos adoptivos de Dios; seréis purificados y sanados por las aguas bautismales.

El Señor hará una alianza de amor con vosotros, que responderéis con un compromiso de fidelidad. Dios es siempre fiel a sus promesas, a su palabra, a su amor y a su alianza; a nosotros nos toca corresponder gozosa y libremente a su amor. Estáis llamados a vivir un proceso de amor esponsal con Dios. Por todo ello damos gracias.


3.- El evangelista Marcos nos dice que Jesús fue al desierto empujado por el Espíritu; y allí soportó las tentaciones (cf. Mc 1, 12-13); pero no las describe.

Tres palabras nos ayudan ayudar a entender el texto evangélico de hoy: desierto, tentación y llamada. El desierto implica apartarse de la vida cotidiana, retirarse de la actividad social, desprenderse de muchas cosas que no son necesarias, vivir con lo esencial renunciando a lo superfluo, entrar en la propia intimidad, hacer silencio y estar a la escucha de Dios.

El desierto fue la experiencia del antiguo pueblo de Israel al salir de Egipto, donde Dios fue purificando su corazón y su fe para que viviera dependiente solo de Él. Es la experiencia profundamente humana de Jesús, que vive solo del diálogo con su Padre.

El Señor nos invita a hacer “desierto” para disponer nuestro corazón a su Palabra, para purificar nuestra alma de las adherencias y del lastre que nos impide seguir a Jesús.

En este camino la Iglesia nos invita a renunciar a muchas cosas, que no son necesarias o que van en contra de lo que nos pide el Señor; no se trata de una renuncia negativa, sino desprenderse de algo por un bien mayor. Todo el mundo es capaz de renunciar a ciertos alimentos por cuidar su salud.


4.- Retirado Jesús en el desierto sufrió las tentaciones del diablo. El poder, la gloria y las necesidades básicas son tentaciones que acechan siempre al hombre; los pecados capitales son siempre una tentación. Jesús sufrió las tentaciones y las venció. La culminación de estas tentaciones vendría al final de su vida en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46); ésta fue la tentación más fuerte que tuvo que sufrir Jesús.

Nosotros somos invitados a vivir nuestro desierto unidos al de Jesucristo y combatir con él las tentaciones, que siempre tienen la misma raíz: buscar el bien propio descartando a los demás, optar por lo fácil y con el menor esfuerzo, huir de lo que nos pesa, desear el goce personal a cualquier precio, buscar el goce inmediato, aunque después uno se quede más vacío que antes.

Unidos al Señor, que venció todas las tentaciones, también nosotros podemos vencer la tentación sin sucumbir al pecado con su fuerza y con su presencia. En la oración del “Padrenuestro” le pedimos a Dios que “no nos deje caer en la tentación”.


5. Después que Jesús fue tentado «marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios» (Mc 1, 14). Comienza su vida pública anunciando la buena nueva del Reino: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1, 15). La misión por la que Jesús ha venido al mundo es anunciar la salvación al hombre e invitarlo a participar del reino del cielo, que se manifiesta en su persona; es el reino del amor de Dios entre los hombres.

Caminando con Jesús en esta cuaresma podemos oír su llamada: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). Merece la pena creer en esta gran noticia; vale la pena convertirse a Dios abandonando los ídolos; merece la pena cambiar el modo de pensar, para ser más felices; vale la pena cambiar la manera de vivir, uniéndonos a Jesús que nos llama.

Queridos catecúmenos, estáis llamados por el Señor que os ha invitado a seguirle. Vuestro corazón ha sido iluminado por su presencia y por su amor. Hoy manifestáis ante la Iglesia vuestra voluntad de seguir a Cristo, como Dios y Señor.

¡Que el Espíritu, que empujó a Jesús al desierto, y estuvo con Él para vencer las tentaciones, os acompañe en el proceso personal de conversión y en el camino cuaresmal hacia la Pascua! Y a todos nosotros, que hemos iniciado la Cuaresma, nos prepare para renovar las promesas bautismales.

Pedimos al Señor que nos mantenga unidos a Él; y a la Santísima Virgen María que nos acompañe en este camino cuaresmal. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 25 Feb 2021 13:39:51 +0000
«La Cuaresma es una llamada a volver a Dios» https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61861-la-cuaresma-es-una-llamada-a-volver-a-dios.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61861-la-cuaresma-es-una-llamada-a-volver-a-dios.html «La Cuaresma es una llamada a volver a Dios»

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa del Miércoles de Ceniza de 2021, en la Catedral de Málaga.

MIÉRCOLES DE CENIZA

(Catedral-Málaga, 17 febrero 2021)

Lecturas: Jl 2,12-18; Sal 50,3-6.12-14.17; 2 Co 5,20 − 6,2; Mt 6,1-6.16-18.


Cuaresma, tiempo para renovar la fe

1.- Comenzamos la Cuaresma con una invitación del profeta Joel a convertirnos al Señor de todo corazón (cf. Jl 2, 12), porque es un «Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor» (Jl 2, 13).

En nuestra vida diaria somos tentados de buscar la felicidad en otras cosas en las que ponemos el corazón, lejos de Dios; pero cuando las perdemos, nos quedamos vacíos. Los dioses de este mundo (poder, riqueza, honor, placeres, gloria) no ofrecen la felicidad que el hombre ansía en su deseo de infinitud y de eternidad.

La Cuaresma es una llamada a volver al Dios de la vida, de la misericordia y del perdón (cf. Jl 2, 18); es una llamada a renovar la fe en el Dios verdadero, que me ama, me salva y me llena de felicidad.

San Pablo nos exhorta: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20). Es tiempo favorable para volver al Señor (cf. 2 Co 6, 2) y pedirle perdón de nuestras infidelidades; es tiempo favorable para nuestra salvación.

2.- La Cuaresma dispone nuestro corazón y prepara nuestra alma para la celebración de la Pascua. La Iglesia nos anima a una escucha más asidua y atenta de la Palabra de Dios, para que crezca en nosotros como un árbol frondoso y fecundo y desarraigue las plantas malas que crecen en nuestro interior. La lectura y meditación de la Palabra de Dios fomenta la vida espiritual y hacer crecer un amor más intenso al Señor.

Es tiempo de reconciliarse con Dios, pidiendo perdón de nuestras ofensas a su majestad divina; es tiempo de regresar y acercarse a la casa paterna, de recuperar las distancias que nos alejaron de ella y de deshacer los caminos que nos extraviaron. El sacramento de la penitencia es el medio más eficaz para esta reconciliación.

Y es tiempo también de reconciliarse con los hermanos y de pedirles perdón de nuestras faltas y de nuestros desencuentros.

La celebración de la Eucaristía es fuente inagotable de perdón y alimento indispensable para el camino de la vida.

La Iglesia nos anima a practicar con mayor frecuencia las «armas de la penitencia cristiana», que son la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18), como expresión de nuestra conversión.

3.- La Cuaresma, queridos fieles, es tiempo para creer, para fortalecer nuestra fe; para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23).

El papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, nos invita a acoger a Cristo: “Acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación” (Roma, 11.11.2020). La Palabra divina ilumina la mente del hombre cuando es acogida.

El Papa identifica esta Palabra con la Verdad, que es Cristo: “Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino –exigente pero abierto a todos– que lleva a la plenitud de la Vida” (Ibid.).

Ante la saturación de informaciones, muchas veces manipuladas, y ante el reclamo de muchos productos de consumo, el Papa nos invita en tiempo cuaresmal a ayunar de estas cosas, para abrir las puertas de nuestro corazón a Cristo, que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14), como Salvador.

4.- En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro bautismo para renacer como hombres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Toda la cuaresma mira hacia la Pascua; vamos hacia la Pascua, nos preparamos para la Pascua. Las aguas bautismales nos limpiaron del pecado original y nos dieron la gracia de ser hijos de Dios; nos introdujeron en la vida de la Iglesia y fuimos acogidos en esta gran familia.

La Cuaresma, pues, es ocasión para recordar nuestro bautismo, en el que recibimos el don de la fe y profesamos adorar al único Dios verdadero, manifestado en Cristo Jesús como Dios uno y trino.

Es tiempo de conversión, de renovación de la vida cristiana, de memoria agradecida del bautismo y de reafirmación de las promesas bautismales. El camino cuaresmal es camino bautismal.

El itinerario cuaresmal, como todo camino cristiano, está bajo la luz de la resurrección, que ilumina toda la vida del cristiano: los deseos, los sentimientos, las actitudes, las decisiones de quien desea seguir a Jesucristo. El camino hacia la Pascua nos invita a restaurar la figura de Cristo impresa en nuestros corazones, que recibimos el día de nuestro bautismo.

5.- Recomendamos, queridos hermanos, los ejercicios de piedad más propios de este tiempo cuaresmal, como la lectura y meditación de la Pasión del Señor, el ejercicio del “Vía Crucis” y otras prácticas de piedad popular que nos ayuden a vivir mejor la Cuaresma. No hay que desdeñar ciertas prácticas de piedad porque parezcan antiguas; las prácticas de piedad no son antiguas ni nuevas, si ayudan a vivir mejor la vida cristiana.

Como nos ha recordado el evangelista Mateo, se nos exhorta a practicar la limosna sin alardes (cf. Mt 6, 3-4); la oración personal (cf. Mt 6, 6) más intensa, que nos una a la pasión de Cristo y nos ayude a tener los mismos sentimientos que Él; y el ayuno (cf. Mt 6, 16), para privarnos de aquello que nos aparta de Dios y nos ayuda a desprendernos de lo superfluo, ayudando al mismo tiempo a los más necesitados.

Queridos fieles, pedimos la intercesión de la Santísima Virgen María, para que nos acompañe en el camino cuaresmal hacia la Pascua. Que ella nos ayude a renovar la fe y a poner en el centro de nuestra vida a Cristo, abandonando los ídolos que anidan en nuestro corazón. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 17 Feb 2021 13:27:21 +0000
Misa en sufragio de Mons. Juan del Río Martín (Castañón de Mena-Málaga) https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61545-misa-en-sufragio-de-mons-juan-del-río-martín-castañón-de-mena-málaga.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61545-misa-en-sufragio-de-mons-juan-del-río-martín-castañón-de-mena-málaga.html Misa en sufragio de Mons. Juan del Río Martín (Castañón de Mena-Málaga)

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa en sufragio de Mons. Juan del Río Martín, en Castañón de Mena, en Málaga celebrada el 4 de febrero de 2021.

MISA EN SUFRAGIO DE MONS. JUAN DEL RÍO MARTÍN

(Castañón de Mena-Málaga, 4 febrero 2021)

Lecturas: Heb 12, 18-19. 21-24; Sal 47, 2-4.9-11; Mc 6, 7-13.

1.- La carta a los Hebreos, que ha sido proclamada, presenta la diferencia entre la presencia de Dios en el Antiguo Testamento, que se manifestaba a través de elementos naturales como el fuego, la nube, la tormenta, y la presencia de Dios a través de su Hijo Jesús en persona. La diferencia es infinita.

Los cristianos tenemos como mediador y salvador a Jesucristo resucitado: «al Mediador de la nueva alianza» (Heb 12, 24), que ha derramado su sangre en remisión de los pecados de la humanidad.

Estamos llamados a compartir la bienaventuranza de los santos en la «asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo» (Heb 12, 23); estamos llamados a ser ciudadanos de la Jerusalén del cielo, ciudad del Dios vivo (cf. Heb 12, 22).

Esta celebración es una profesión de fe en la vida eterna, en la que pedimos a Dios que acoja en su Reino de inmortalidad a nuestro querido hermano Juan, arzobispo castrense.

2.- Él profesó esta misma fe durante su vida temporal; la predicó con celo y la testimonió con su vida.

En el último escrito que nos ha dejado, titulado “Un plus de humanidad” (2020), nos ofrece sus pensamientos, como un pequeño tesoro, que podemos compartir.

Hablando de “El adiós dolorido” (20.04.2020), que tantas personas han tenido que hacer en este tiempo de pandemia al despedir a un ser querido, nos decía: “La clave con que se vive ese “pasadizo” del duelo es muy diferente para los cristianos que para aquellos que todo termina en las esperanzas intramundanas. La fe en Cristo muerto y resucitado no es ninguna ensoñación o algo por el estilo, sino que es fuerza que nos sostiene y luz que ilumina esos momentos oscuros. Percibimos que Dios no me ha arrebatado a mi ser querido, que su cuerpo corruptible lo ha revestido de incorruptibilidad y que ha sido llamado a la plenitud de la felicidad que es la vida eterna. Esa experiencia produce consuelo y paz interior inenarrable”.

Como dice el himno del acto a los caídos en las Fuerzas Armadas: “Tú nos dijiste que la muerte no es el final del camino…”. La fe nos dice que nuestro hermano Juan sigue viviendo en el Señor, porque creemos que “el amor es más fuerte que la muerte".

3.- Por voluntad del papa Francisco toda la Iglesia se asocia hoy, 4 de febrero, al Día Internacional de la Fraternidad Humana, que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró por unanimidad en diciembre de 2020.

Esta Jornada ha sido fruto de un proceso, que se inició el 4 de febrero de 2019, con el Viaje apostólico del Papa a los Emiratos Árabes Unidos y con la firma conjunta del “Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común” con el Gran Imán de Al-Azhar (El Cairo), Ahmad Al-Tayyeb.

Posteriormente se creó el Comité Superior para la Fraternidad Humana y un proyecto de una Casa de la Familia Abrahámica, con una sinagoga, una iglesia cristiana y una mezquita en el corazón cultural de Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos).

El 3 de octubre de 2020 el papa Francisco firmó en Asís la encíclica Fratelli tutti (FT) sobre la fraternidad y la amistad social, que recoge y desarrolla los grandes temas planteados sobre la fraternidad humana.

Este año tiene lugar en Abu Dhabi, en el día de hoy, una celebración virtual, que cuenta con la participación del Papa y del card. Miguel-ángel Ayuso, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Nosotros nos unimos a esta importante efeméride mundial en favor de la fraternidad universal.

4.- El Santo Padre destaca la importancia de centrarse en lo que es esencial en el credo de toda fe religiosa: el culto a Dios y el amor al prójimo; insistiendo en que la fraternidad nos lleva a abrirnos al Padre de todos y a ver en el otro un hermano para compartir la vida, para ayudarse, para amar y para conocerse mejor.

La propuesta de una fraternidad universal se fundamenta en afirmar que todos los seres humanos somos hermanos y nos plantea retos que nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas acciones (cf. FT, 128). Sin una apertura al Padre de todos no habrá razones sólidas y estables para la llamada a la fraternidad (cf. FT, 272).

Hay un derecho fundamental que no debe ser olvidado en el camino de la fraternidad y de la paz: el de la libertad religiosa para los creyentes de todas las religiones (cf. FT, 279).

¿Y qué tiene que ver esto con las Fuerzas Armadas? Mucho. Deseo agradecer a las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado su colaboración a la fraternidad universal y a las misiones de paz, que desarrolláis. Vosotros estáis muy comprometidos en esta hermosa tarea. Pedimos al Señor que os sostenga en tan alta misión.

El arzobispo Castrense de España, D. Juan del Río, dijo en su día que hacía suyas las enseñanzas de la encíclica “Fratelli tutti” y que las acogía con espíritu de fe y de comunión: “De esta manera, nos unimos al empeño del Obispo de Roma de promover la causa de la paz y la justicia en todo el mundo, como exigencia de la predicación de la Alegría del Evangelio de Jesucristo, “Príncipe de la paz” (…). Los militares no son “señores de la guerra”, sino “centinelas de la paz” (Un plus de humanidad).

5.- Nuestro hermano Juan fue llamado al ministerio episcopal, como sucesor de los apóstoles, a quienes el Señor dio autoridad para evangelizar, sanar, expulsar espíritus (cf. Mc 6, 7.13) y anunciar la conversión (cf. Mc 6, 12) y la felicidad del Reino. Su vida fue un servicio al Evangelio desde los distintos destinos, que se le confiaron.

Por eso agradecemos a Dios su persona y su ministerio. Y le pedimos que le otorgue la Paz eterna y que lo ilumine con su Luz inmarcesible, acogiéndolo en las moradas celestes con los ángeles y santos.

¡Que la Santísima Virgen María, de la que un fiel devoto, interceda maternalmente por él y le acompañe en el gozo eterno! Amén.

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Málaga Fri, 05 Feb 2021 18:55:24 +0000
Presentación del Señor, Jornada de la Vida Consagrada https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61478-presentación-del-señor-jornada-de-la-vida-consagrada.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61478-presentación-del-señor-jornada-de-la-vida-consagrada.html Presentación del Señor, Jornada de la Vida Consagrada

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, el 2 de febrero de 2021 en la Presentación del Señor, Jornada de la Vida Consagrada, celebrada en la Catedral de Málaga

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PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA

(Catedral-Málaga, 2 febrero 2021)

Lecturas: Ml 3,1-4; Sal 23,7-10; Hb 2,14-18; Lc 2,22-40.

Vivir la fraternidad en un mundo herido

1.- Celebramos en este año el veinticinco Aniversario de la Jornada de la Vida Consagrada, instituida por el papa Juan Pablo II (2.02.1995) para valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo mediante la vivencia de los consejos evangélicos y para rezar por ellos.

Esta Jornada quiere ser para las personas consagradas una ocasión especial para renovar sus compromisos y reavivar la llamada que recibieron del Señor para entregarse totalmente a Él.

Damos gracias en esta Jornada por la riqueza que significa la presencia de las personas de especial consagración en la Iglesia y, de modo concreto, en nuestra Diócesis.

Queridos consagrados, gracias por vuestra entrega al Señor; gracias por ser fieles a la llamada del Señor a seguirle de cerca mediante los consejos evangélicos; gracias por vuestra dedicación a los hermanos más necesitados; gracias por vuestra oración por todos nosotros y por toda la Iglesia; y gracias por poner esperanza y alegría en los corazones de los fieles.

2.- La Jornada se celebra desde su inicio en la fiesta de la Presentación del Señor en el templo. El evangelista Lucas narra este episodio en el que los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor» (Lc 2,22), según la Ley de Moisés.

«Todo varón primogénito será consagrado al Señor» (Lc 2,23) y debían ofrecer la ofrenda prescrita (cf. Lc 2,24), en memoria agradecida de la salida de Egipto, de la liberación del pueblo de Israel. Había en el templo unas personas consagradas al Señor, Simeón y Ana, que desde la luz de la fe descubren la presencia del Salvador del mundo en aquel niño pequeño. Ellos nos dan una gran lección, que hemos de pedir al Señor: que nos ayude a descubrir su presencia en los pequeños, es decir, en las personas más necesitadas.

El justo y piadoso Simeón aguardaba el consuelo de Israel y el Espíritu Santo estaba con él (cf. Lc 2,25); por eso sabía que vería al Mesías (cf. Lc 2,26); era un hombre de esperanza; esperaba al Mesías. Y al tomar en brazos al Niño bendijo a Dios por haber visto la salvación (Lc 2,30-32).

Queridos consagrados, al igual que Simeón y Ana bendecid al Señor por la salvación que nos trae; contad a todo el mundo que Jesucristo es nuestro único Salvador. Con vuestra vida consagrada y vuestra misión sed voceros de Dios, sed presencia sanante en esta sociedad herida.

3.- La XXV Jornada de la Vida Consagrada lleva por lema «La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido», expresando, como la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 33-35), la condición herida del ser humano y al mismo tiempo la misión sanadora de las personas consagradas en la Iglesia y en la sociedad.

Ciertamente vivimos en un “mundo herido”. Las penalidades y sufrimientos de siempre están presentes en todo el planeta: enfermedades, penurias, hambrunas, guerras, desastres naturales. A ello hay que añadir los males que ha traído la pandemia de la Covid-19. Pero la peor herida de todas es el pecado y el alejamiento de Dios; esa es una herida profunda en nuestro mundo.

Las personas de especial consagración estáis poniendo el bálsamo del amor a tantas personas rotas: enfermos, mayores; víctimas de las catástrofes naturales; inmigrantes y refugiados; familias destrozadas; niños abandonados; personas abusadas y violentadas en su dignidad; parados y necesitados de pan y de techo.

Y de modo especial, os acercáis con delicadeza a quien vive en la tiniebla de la lejanía de Dios, para acercarle a su Luz. En esta fiesta de la Presentación del Señor hemos hecho la bendición de las velas y la procesión, llevando en nuestras manos la luz de Cristo que nos ilumina.

Como dicen en su Mensaje de este año los Obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, “en todos esos rostros descartados se miran y se sienten llamados los consagrados; en todas esas cunetas de nuestra sociedad encuentran a Cristo sediento, maltratado, abusado, extranjero, encarcelado; en todos esos abismos de la humanidad se arrodillan y se entregan, haciéndose prójimos de cada uno sin excepción. En su corazón misericordioso y misionero son parábola de la fraternidad humana”. ¡Seguid siendo parábola de fraternidad en este mundo herido, queridos consagrados!

4.- La fiesta de la Presentación nos permite presentar al Señor nuestra alabanza, nuestro trabajo, nuestra oración, nuestro sufrimiento, nuestros anhelos y buenos deseos. Esta fiesta nos impulsa a seguir el camino que comenzamos con la llamada que el Señor nos hizo a cada uno.

Tenemos la esperanza de la cruz en la que hemos sido salvados, sanados y abrazados, para que nadie ni nada nos separe del amor de Cristo (cf. Rm 8, 35). El Señor nos interpela desde su cruz a mirar como hermanos a quienes reclaman nuestra atención y nuestra ayuda.

Como dice el papa Francisco: “Hemos sido hechos para la plenitud que solo se alcanza en el amor. No es una opción posible vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede a un costado de la vida. Esto nos debe indignar, hasta hacernos bajar de nuestra serenidad para alterarnos por el sufrimiento humano” (Fratelli tutti, 68). “Amar al más insignificante de los seres humanos como a un hermano, como si no hubiera más que él en el mundo, no es perder el tiempo” (Fratelli tutti, 193).

5.- Hemos de mirar el futuro con esperanza, contando con la fidelidad de Dios y el poder de su gracia, que obra siempre nuevas maravillas.

Los consagrados aprendéis en la escuela de Cristo cómo asumir la fragilidad humana y las heridas propias y ajenas. En vuestro corazón contemplativo y profético sois parábola de fraternidad.

Hoy damos gracias a Dios por todas las personas de especial consagración, que, como buenos samaritanos, viven la fraternidad en este mundo herido. Y todos estamos llamados por Jesús, el Buen Samaritano, a hacer lo mismo (cf. Lc 10, 37).

En breve renovaréis vuestros compromisos de consagrados ante la comunidad cristiana. Pedimos por vosotros, para que os mantengáis fieles al carisma que el Señor os ha regalado.

Por ello elevamos nuestra súplica con la Oración de esta Jornada: Señor, “ayúdanos a poner los ojos en ti, el Buen Samaritano, para hacernos cargo y caminar humildemente a tu lado como «hermanos y hermanas» de todos”.

Pedimos a la Santísima Virgen María, Madre del Buen Samaritano, que la presencia de los consagrados sea un bálsamo para este mundo herido. Amén.

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Málaga Wed, 03 Feb 2021 20:52:34 +0000
Bautismo del Señor https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61122-bautismo-del-señor.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61122-bautismo-del-señor.html Bautismo del Señor

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración del Bautismo del Señor en la Catedral de Málaga el 10 de enero de 2021.

(Catedral-Málaga, 10 enero 2021)

Lecturas: Is 55,1-11; Sal (Is 12, 2-6); 1 Jn 5,1-9; Mc 1,7-11.

Ungidos por el Espíritu

1.- La liturgia de hoy nos muestra a Jesús en el momento de ser bautizado por Juan en el Jordán: «Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma» (Mc 1,10).

Jesucristo es “ungido por el Espíritu Santo” y proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre desde el cielo: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1,11).

Esta escena presenta un gran contenido teológico trinitario: el Padre revela que Jesús es su Hijo y lo unge con el don del Espíritu. A partir de aquí, Jesús ya puede empezar a llevar a término la misión encomendada por el Padre en medio de los hombres.

En el bautismo de Jesús se oyó la voz del Padre. Cuando bauticemos a vuestros hijos, queridas familias, no escucharemos la voz del Padre de manera física. Pero podemos escuchar en nuestro corazón que el Padre-Dios dice de vuestro hijo: “Ese es hijo mío amado”; porque desde el momento del bautismo vuestros hijos van a ser “hijos adoptivos de Dios”.

La liturgia de la Misa muestra el carácter teofánico de la escena del bautismo de Cristo en el Jordán: Dios quiso revelar solemnemente que Jesús era su Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo (oración colecta); en este día se manifestó el Hijo predilecto (oración de las ofrendas); descendió la voz del Padre desde el cielo, para que el mundo creyese que su Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, fue ungido Jesús, para que los hombres lo reconociesen como Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres (prefacio).

2.- Lo que empuja a Jesús a realizar su misión es la fuerza interior, porque está habitado por el Espíritu de Dios. A diferencia de los maestros de su tiempo, vive y actúa movido por el Espíritu. Los otros maestros actuaban por sus conocimientos y sus doctrinas.

Jesús hace realidad la profecía de Isaías: «Mirad a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones» (Is 42,1).

Las acciones del Ungido revelarán la fidelidad al Espíritu: cuando va al desierto, cuando se presenta en la sinagoga, cuando cura a los enfermos, cuando anuncia su palabra. No son acciones vanas, sino señales de la presencia eficaz del Espíritu.

Nosotros, en cambio, perdemos a veces el sentido de orientación que nos da el Espíritu y nos conformamos con buscar el espíritu del mundo; por

eso no encontramos en ocasiones la salvación divina y permanecemos vacíos y sin sentido, al quedarnos con las cosas superficiales.

La vida que Dios nos regala en el bautismo nos llena de sentido, nos llena de amor, nos llena de esperanza, nos llena de alegría, nos llena de luz. Eso no lo tienen los creyentes ni los no bautizados en Cristo.

3.- Jesús fue ungido en su bautismo como sacerdote, que une al hombre con Dios; como profeta, que conoce e interpreta la historia según Dios y habla en nombre de Dios; y como rey, que vive en libertad victoriosa frente a las fuerzas del mal que esclavizan.

También nosotros somos ungidos en nuestro bautismo como sacerdotes, para ofrecernos a Dios; como profetas, para proclamar su Palabra; y como reyes, para vivir en la libertad de los hijos de Dios (cf. Rm 8,21). Vuestros van a salir de este templo catedralicio siendo sacerdotes, profetas y reyes, con una misión.

Los apóstoles perciben la presencia del Espíritu en Jesús y Pedro lo considera como el fundamento de la misión de Jesús y dice: «Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10,38).

4.- También nosotros hemos sido ungidos por Dios en nuestro bautismo y hemos recibido el Espíritu del Señor para poder “pasar por la vida haciendo el bien”.

Al recordar hoy nuestro bautismo hemos de revisar nuestra fidelidad al Espíritu y cómo realizamos la misión que Dios nos ha encomendado como “ungidos” suyos.

En la literatura bíblica el “ungido” es el elegido de Dios, el enviado, el designado para llevar a término una misión salvadora.

Por el bautismo y la confirmación hemos sido convertimos en “apóstoles”, es decir, enviados. Hemos recibimos de Cristo la misión de pasar haciendo el bien, como Él lo hizo.

Nuestra vida de enviados del Padre y de Cristo arranca de la consagración bautismal y de la "unción del Espíritu", porque se nos ha dado un «Espíritu de hijos de adopción» (Rm 8,15). Hoy renovamos nuestro compromiso bautismal, para asumir con valentía la misión de ungidos por el Espíritu.

5.- Queridos padres, que habéis pedido el bautismo para vuestros hijos; hoy los traéis aquí para que sean bautizados en la fe de la Iglesia. No van a ser bautizados en vuestra fe, porque nuestra fe personal no siempre está en consonancia plena con la fe de la Iglesia, que es perfecta y completa.

Después del regalo de la vida temporal, el bautismo es el mejor regalo que podéis ofrecerles. Jamás les daréis en toda su vida otro regalo como éste. Porque el Señor los reviste con el traje de la inmortalidad, como se simbolizará con la vestidura blanca, y les concede su filiación divina adoptiva. Van a ser desde hoy “hijos de Dios”.

Las aguas bautismales los limpian del pecado original y los regeneran a una vida nueva. Han sigo generados a la vida temporal; y hoy serán “regenerados” para la vida eterna.

Desde ahora su fuerza será el Señor, como dice el profeta Isaías: «Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación» (Is 12,2). La salvación nos viene solo del Señor, no de otras fuentes.

6.- Ningún ser humano puede “salvar” a otro hombre de su pecado, de su condición mortal o de la condenación eterna; aunque haya muchos que se presenten en nuestra sociedad como “salvadores”. ¿Pero, de qué pueden salvar? Pueden salvar de una situación difícil, de algunos problemas, de crisis económicas, de enfermedades, de pandemias.

Tengamos en cuenta que estamos en manos de Dios; y si no morimos ahora de una enfermedad, de un accidente o de una pandemia, ya llegará el momento previsto por el Señor para pasar a la otra vida; pero todos tenemos que dejar esta vida temporal. No es importante que sea antes o después; lo importante es llegar a la salvación plena y definitiva.

7.- En el bautismo los niños recibirán las virtudes teologales de la fe, la esperanza y el amor cristiano y se les concederá la vida divina. Los que creen en Cristo nacen de Dios: «Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios» (1 Jn 5,1).

Me permito haceros una sugerencia. Solemos celebrar los aniversarios de algunos acontecimientos: el nacimiento, la graduación universitaria, el primer trabajo, la celebración matrimonial. Pero no se suele celebrar el aniversario del bautismo. Os recomiendo que incluyáis en vuestro calendario celebrativo familiar el aniversario del bautismo propio y de vuestros hijos. No es necesario comerse una tarta. Se pueden hacer otros signos: encender en casa una vela recordando la luz bautismal, recibida del Cirio pascual, hacer una visita al templo donde fuimos bautizados, o al templo parroquial, visitando un santuario mariano. Podéis visitar el santuario de nuestra Patrona, la Virgen de la Victoria, para darle gracias al Señor por el nacimiento del hijo y por su renacimiento a la vida divina.

Al final de la celebración ofreceréis a vuestros niños a la Santísima Virgen María, para que les acompañe en su proceso vital y les conduzca de su mano hasta la contemplación de Dios en la eternidad. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Sun, 10 Jan 2021 12:56:17 +0000
Epifanía del Señor (Catedral-Málaga) https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61048-epifanía-del-señor-catedral-málaga.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/61048-epifanía-del-señor-catedral-málaga.html Epifanía del Señor (Catedral-Málaga)

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, celebrada en la Catedral el 6 de enero de 2021.

EPIFANÍA DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 6 enero 2021)

Lecturas: Is 60,1-6; Sal 71,1-2.7-8.10-13; Ef 3,2-3.5-6; Mt 2,1-12.


Todos los pueblos caminan hacia Cristo

1.- En la solemnidad de Epifanía celebramos la manifestación de Dios a todos los pueblos. El Hijo de Dios se hizo hombre para traer la salvación a la humanidad, que yacía en tinieblas. El profeta Isaías anuncia la presencia iluminadora de Dios: «Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti» (Is 60,2). Pedimos al Señor que su luz amanezca también en nuestros corazones.

La Epifanía, al igual que toda la Navidad, es una fiesta de luz. Llega el Señor como luz de los pueblos, como dice Isaías: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz!» (Is 60,1). La liturgia nos invita hoy a levantarnos de la postración y de la desesperanza, para caminar a la luz del Señor: «Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora» (Is 60,3).

La Iglesia describe con estas palabras del profeta el sentido de la fiesta de epifanía. Ha venido al mundo quien es la Luz verdadera (cf. Jn 8,12); y quien hace que los hombres reflejen su luz (cf. Mt 5,14).

2.- Todos los pueblos de la tierra están llamados a caminar a la luz del Salvador del mundo. Los Magos de Oriente han inaugurado ese camino, que continuará en la historia de la humanidad; será como una gran procesión a lo largo de la historia.

Como dice el profeta: «Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos» (Is 60,4). Los Magos inauguran el camino de los pueblos hacia Jesucristo: el Hijo de Dios, que nació en un pesebre, que murió en la cruz y que, resucitado, está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20).

Quien acoge a Cristo recibe el poder de ser hijo de Dios (cf. Jn 1,9.12). «También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio» (Ef 3,6). Todo el mundo está invitado a proclamar las alabanzas del Señor (cf. Is 60,6).

3.- Los Magos eran unos sabios con un corazón inquieto, que iban en busca de Dios; eran hombres vigilantes, capaces de percibir los signos de Dios y no se conformaban con una vida ordinaria. Ellos percibían el lenguaje callado de Dios; y se preguntan: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2).

A ejemplo de los Magos debemos ser hombres de corazón inquieto y de mente abierta, que no se conforman con las cosas habituales de este mundo; más bien debemos acercarnos interiormente a Dios, encontrar su rostro, conocerlo mejor para poder amarlo cada vez más.

Debemos de ser hombres de corazón vigilante, que perciban el lenguaje callado de Dios y sepan discernir lo verdadero de lo aparente. Hemos de afinar nuestra mente y nuestra mirada para descubrir la estrella que nos lleva al Señor; hay pequeños signos en la vida humana que llevan a descubrir a Dios, pero que muchos no perciben.

4.- Los Magos eran también hombres valientes, a la vez que humildes. No tuvieron miedo de manifestar la verdad de su viaje: Adorar al Rey de reyes que había nacido en Belén.

Herodes, en cambio, quiso engañarles y los llamó en secreto para saber el tiempo en que había aparecido la estrella (cf. Mt 2,7), porque él, con su ceguera, no había reconocido el signo de la estrella ni la humildad del Hijo de Dios, recién nacido; y los mandó a Belén, encargándoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo» (Mt 2,8). Tanto los Magos como Herodes dicen que quieren “adorar al Niño”; pero no tienen la misma intención ni la misma actitud.

Los Magos desdeñaron la burla de Herodes; se enfrentaron a nuevas dificultades en su camino; no dieron importancia a las críticas que recibieron. Solo les importaba la verdad; no la simple opinión de los hombres. Por eso adoraron en Belén al Niño-Dios: “Por eso afrontaron las renuncias y fatigas de un camino largo e inseguro. Su humilde valentía fue la que les permitió postrarse ante un niño de pobre familia y descubrir en él al Rey prometido, cuya búsqueda y reconocimiento había sido el objetivo de su camino exterior e interior” (Benedicto XVI, Homilía en la Epifanía 2012).

5.- Necesitamos recorrer cada el camino que nos lleva a adorar a Dios. Con un corazón valiente no nos debe preocupar a los cristianos la opinión que tengan sobre nosotros; nos debe importar más la verdad de Dios y comprometernos con ella. Debemos recorrer el camino que Dios nos indica, siguiendo los signos que revelan su presencia entre los hombres; debemos aprender a descubrir los signos de los tiempos.

Los Magos se pusieron en camino, siguiendo la estrella y comenzó de nuevo a «guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.» (Mt 2,9).

Lo importante es llegar a Dios por los caminos que Él nos indica. Su estrella no falla nunca y al verla con los ojos de la fe, podemos llenarnos de inmensa alegría como los Magos (cf. Mt 2,10).

El objetivo de nuestro camino es reconocer a Dios en las personas pequeñas e insignificantes para el mundo. Y, finalmente, adorar a Dios como Señor de nuestra vida y ofrecerle lo que somos y tenemos, como los Magos, que «entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2,11).

Que la Virgen María nos ayude con su maternal intercesión a adorar a Dios-Trino, a descubrir su presencia entre los hombres y a proclamar a todos los pueblos de la tierra el camino hacia Cristo. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 06 Jan 2021 13:12:20 +0000
Maternidad de María https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60989-maternidad-de-maría.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60989-maternidad-de-maría.html Maternidad de María

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la solemnidad de María Madre de Dios.

(Catedral-Málaga, 1 enero 2021)

Lecturas: Nm 6, 22-27; Sal 66, 2-8; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

 

Solicitud maternal de María

1.- En la solemnidad litúrgica de “Santa María Madre de Dios” nos alegramos y damos gracias por su maternidad virginal. Cuando plugo a Dios, la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gal 4, 4).

El Hijo de Dios ha querido asumir la naturaleza humana encarnándose en el seno de una mujer, quien con delicada solicitud maternal lo ha acogido y cuidado.

“Madre de Dios” es el título principal y esencial de la Virgen María, que fundamenta todos los demás títulos marianos, y que le reconoció el Concilio de Éfeso (año 431). Así lo ha vivido y experimentado la fe del pueblo cristiano en su genuina y tierna devoción por la madre celestial.

San Pablo nos ha recordado que Jesucristo ha venido al mundo «para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4, 5). Somos de Dios, quien ha «enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!» (Gal 4, 6). Por eso también nosotros podemos llamar a Dios “Padre”.

2.- La Madre de Dios cuidó con solicitud maternal de su Hijo Jesús y cuida de nosotros con inmenso amor.

Como dice el Concilio Vaticano II la Virgen María continúa desempeñando su función maternal en el cielo: “Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia (…). Pues una vez asunta a los cielos no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación” (Lumen gentium, 62).

Los fieles la invocaron como Madre desde los tiempos más remotos de la Iglesia; y ahora es venerada también como “Madre de la Iglesia”.

La devoción filial a la Madre de Jesús no es un mero sentimiento piadoso, sino efecto de la profunda convicción de que Ella tiene amor de madre y solicitud por todos los hermanos de Cristo.

3.- Iniciar un Nuevo Año invita a renovar las esperanzas en un futuro mejor. Siempre nos deseamos lo mejor para el año entrante; aunque la realidad es dura y se impone muchas veces a nuestros deseos y proyectos; y no siempre se realiza lo que deseamos.

Aquí entran en conflicto nuestro deseo y la voluntad de Dios. Pero no olvidemos, queridos hermanos, que estamos en manos de Dios, que es el mejor Padre; y podemos fiarnos plenamente de su amor.

A pesar de las tinieblas que se ciernen sobre nosotros, a causa de nuestro pecado, tenemos confianza plena en la bondad y misericordia de Dios y en la solicitud maternal de María.

La presencia del Hijo de Dios entre los hombres es una luz inextinguible, que alumbra a todo hombre (cf. Jn 1,9) y un fuego purificador que sana las heridas.

Damos gracias a Dios por este nuevo Año que comienza, con la esperanza de vivir con mayor armonía y paz entre los hombres. En esta fiesta se nos invita a promover la fraternidad universal, como hijos de Dios y hermanos en Cristo, cuya Madre nos cuida con solicitud maternal a todos los hombres.

4.- Los cristianos tenemos la hermosa misión de acompañar fraternalmente a una humanidad herida. Nuestro compromiso de caridad debe animar a todas las fuerzas sociales a encontrar los caminos del bien común y de una vida mejor.

Pertenecemos a una Iglesia cuya misión es anunciar la salvación radical y profunda del ser humano. Y esa tarea se traduce en servicio, consuelo, aliento, fuerza que cura heridas, calor que deshace el hielo, agua que fecunda lo árido.

La humanidad, rota por tantas cosas y herida en su naturaleza, necesita ser “re-tejida” y curada. La Iglesia es “en Cristo como sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Gaudium et spes, 42). La Iglesia se hace hermana, compañera y servidora de una humanidad necesitada de sanación; es como una fuerza que fortalece la fragilidad, acompaña en la soledad, fecunda la aridez, esclarece la confusión, reanima la ilusión, supera la desesperación y ofrece esperanza de vida eterna. Este es un hermoso programa para todos nosotros.

5.- En este primer día del año la Iglesia celebra la Jornada por la Paz. El Papa en su Mensaje nos invita a promover “la cultura del cuidado como camino de paz”. Hemos de cuidar de las personas, de la naturaleza, de la creación. “Cuidar” es una tarea que se nos encarga.

La vida de Jesús resulta el punto culminante de la revelación del amor del Padre por la humanidad (cf. Jn 3,16). En la sinagoga de Nazaret se presentó como el ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, proclamar la liberación a los cautivos, dar vista a los ciegos y libertar a los oprimidos (cf. Lc 4,18).

“Estas acciones mesiánicas, típicas de los jubileos, constituyen el testimonio más elocuente de la misión que le confió el Padre. En su compasión, Cristo se acercaba a los enfermos del cuerpo y del espíritu y los curaba; perdonaba a los pecadores y les daba una vida nueva. Jesús era el Buen Pastor que cuidaba de las ovejas (cf. Jn 10,11-18; Ez 34,1-31); era el

Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de él (cf. Lc 10,30-37)” (Mensaje para la Jornada de la Paz, 4. Vaticano, 8.12.2020).

Todas estas acciones son las que podemos realizar en este nuevo año, que el Señor nos regala. Podemos ser “presencia sanante” de Dios entre los hombres.

6.- Al inicio del nuevo año acogemos la bendición divina y damos gracias a Dios por la maternidad de la Virgen María, que cuida de nosotros como a verdaderos hijos.

Pedimos a Santa María, la Madre del Hijo de Dios y madre nuestra que cuide de nosotros y de todos los hombres con solicitud maternal.

Queridos hermanos, ¡que Dios os bendiga, os guarde, vuelva su rostro sobre vosotros, os conceda su paz y os llene de su gracia divina en este nuevo año 2021, que comenzamos hoy! ¡Feliz Año Nuevo! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Fri, 01 Jan 2021 13:44:14 +0000
El Eterno entra en la historia https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60909-el-eterno-entra-en-la-historia.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60909-el-eterno-entra-en-la-historia.html El Eterno entra en la historia

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía de Navidad, celebrada en la Catedral de Málaga el 25 de diciembre de 2020.

NAVIDAD

(Catedral-Málaga, 25 diciembre 2020)

Lecturas: Is 52,7-10; Sal 97,1-6; Hb 1,1-6; Jn 1,1-18.

El Eterno entra en la historia

1.- Este año que está por terminar, queridos hermanos, ha sido azotado duramente por la pandemia del coronavirus; pero el Señor nos ha enseñado cosas muy importantes para nuestra vida.

Habíamos puesto el corazón en cosas caducas: la salud, el trabajo, el dinero, los proyectos, los viajes, las vacaciones y muchas cosas más; y todas ellas han fallado y se han ido al traste.

¿Qué ha permanecido en este tiempo tan duro y difícil? Ha permanecido la amistad, el altruismo, la solidaridad y el amor, en definitiva.

Los bienes terrenales son finitos y pertenecen al tiempo limitado; sin embargo, Dios es eterno y su amor también. Lo temporal caduca, mientras que el Eterno, Dios, permanece.

2.- En Navidad celebramos que Dios ha enviado al mundo a su Hijo, Jesucristo, para mostrarnos lo mucho que nos quiere y para hacer un mundo más fraterno y feliz. Dios viene a nosotros, porque quiere hacernos partícipes de su felicidad eterna.

El amor humano se fundamenta en el amor de Dios. Acoger al Amor eterno implica acoger al hermano necesitado, como dijo Jesús: «Cada vez que lo que hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,30).

Durante este tiempo de pandemia hemos vivido una larga Navidad, porque Dios se ha hecho presente en nuestros hermanos más necesitados a través de nuestro amor y solidaridad, como os decía en mi Mensaje de Navidad.

3.- El evangelista Juan nos recuerda hoy que: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14).

La Navidad nos invita a acoger la Palabra de Amor, que el Padre nos ha enviado. El Verbo eterno ha tomado forma humana, encarnándose en el tiempo y entrando en la historia. Jesucristo ha querido hacerse hombre y habitar entre los hombres, compartiendo su divinidad con nosotros.

Nace el Eterno en el tiempo para hacernos eternos a nosotros, que somos temporales. De otro modo no hubiéramos podido soñar la eternidad, en la que Dios vive en un eterno presente, amándonos, viéndonos, escuchándonos e invitándonos a compartir con Él su divinidad.

Si el Señor ha puesto en nuestro corazón el anhelo de la eternidad y de la felicidad eterna, es porque exista dicha felicidad. No tendría sentido que el ser humano anhelara la eternidad, si no existiera.

San Agustín nos invita a pasar de lo temporal a lo eterno, del mundo visible al mundo invisible: “Jesús yace en el pesebre, pero lleva las riendas del gobierno del mundo; toma el pecho, y alimenta a los ángeles; está envuelto en pañales, y nos viste a nosotros de inmortalidad; está mamando, y lo adoran; no halló lugar en la posada, y Él fabrica templos suyos en los corazones de los creyentes. Para que se hiciera fuerte la debilidad, se hizo débil la fortaleza… Así encendemos nuestra caridad para que lleguemos a su eternidad” (Sermo 190,4).

4.- Ante el misterio del Nacimiento, junto al Niño Jesús acostado en un pesebre (cf. Lc 2,16), demos gracias a Dios por su infinito amor hacia nosotros; por haber querido compartir nuestra miseria, menos en el pecado (cf. Hb 4,15), y haberse acercado a nosotros para hacernos partícipes de su felicidad, de su amor, de su paz y de su eternidad.

La liturgia del tiempo navideño, donde se contemplan los misterios del nacimiento y de la infancia de Jesús, nos ofrece una gran lección: el amor y la fraternidad. Los personajes bíblicos, María, José, los pastores, los magos y muchos otros, ofrecieron su fraternidad y su amor para que el Verbo hecho hombre fuera acogido en las tinieblas de la historia (cf. Jn 1,14) (cf. Papa Francisco, Discurso a la Curia Romana, 4. Vaticano, 21.12.2020). No todos reciben al Eterno que se encarna en la historia; porque hay gente que lo rechaza (cf. Jn 1,5). A nosotros se nos invita a acogerle y aceptarle.

5.- La Virgen María, la Madre de Jesús, hizo posible con su “sí” que el Verbo eterno entrara en la historia y se encarnara como hombre. Ella nos anima a acoger en el corazón al Verbo de la vida.

Como dice el evangelista Juan, hay gente que no acoge al “Dios-con-nosotros” (cf. Jn 1,11); pero a cuantos lo reciben, les da poder de ser hijos de Dios (cf. Jn 1,12). ¡Que todos nosotros seamos de aquellos que acogen al Hijo de Dios en su corazón, para poder ser hijos de Dios!

La Virgen María supo prescindir de muchas cosas temporales para acoger en su alma y en su seno al Dios-Eterno. María es nuestra Madre en la fe, que nos ayuda a distinguir lo caduco de lo eterno, lo temporal de lo que no pasa nunca, la falsa felicidad de la verdadera. Aprendamos de Ella a vivir bien la Navidad.

Pido al Señor que la celebración del Nacimiento de Jesús nos llene de alegría profunda, de paz y de esperanza.

¡Feliz Navidad a todos! Amén

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Málaga Tue, 29 Dec 2020 12:51:41 +0000
Jornada por la familia y por la vida https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60880-jornada-por-la-familia-y-por-la-vida.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60880-jornada-por-la-familia-y-por-la-vida.html Jornada por la familia y por la vida

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Jornada por la Familia y por la Vida celebrada en la Catedral de Málaga, el 27 de diciembre de 2020.

JORNADA POR LA FAMILIA Y POR LA VIDA

(Catedral-Málaga, 27 diciembre 2020)

Lecturas: Eclo 3,2-6.12-14; Sal 127,1-5; Col 3,12-21; Lc 2,22-40.

(Sagrada Familia)

Los ancianos, tesoro para la Iglesia y para la sociedad

1.- En pleno tiempo navideño celebramos la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia, dando gracias a Dios por la venida al mundo de su Hijo Unigénito en el seno de una familia humana; Dios ha querido encarnarse en una familia. La Virgen María lo acogió en su alma y después en su seno; y José cuidó de Él como un buen padre adoptivo.

Los obispos de la subcomisión para la familia y la vida nos proponen en su mensaje para esta Jornada el lema: “Los ancianos, tesoro para la Iglesia y para la sociedad”.

La Iglesia siempre ha acompañado con afecto a los ancianos, animando a los fieles a la cercanía y al cuidado de las personas en la fase final de su vida (cf. Papa Francisco, Catequesis. 4.03.2015). Son numerosas las congregaciones religiosas y las iniciativas caritativas dedicadas al cuidado de las personas mayores; amén de todas las familias que cuidan con tanto cariño a sus mayores en la casa.

2.- Los ancianos son una gran riqueza para la Iglesia, que hemos de apreciar y saber aprovechar; su experiencia es fuente de sabiduría.

Ellos, además de ser destinatarios de la acción pastoral, son también sujetos activos en la evangelización. En no pocas familias son los abuelos quienes enseñan la fe a sus nietos, los educan en la vida religiosa y les ayudan a crecer como personas; sobre todo cuando los padres no son creyentes o poco practicantes.

Ellos, los ancianos, nos enseñan a valorar la trascendencia y lo eterno en una sociedad que se aferra a lo temporal y caduco, olvidando que somos peregrinos hacia la eternidad. Su presencia es una llamada constante hacia lo eterno.

Los ancianos están presentes en los varios campos de la caridad, el apostolado, la liturgia, las asociaciones y movimientos eclesiales, la familia, la oración, la enfermedad y el sufrimiento que ofrecen por la Iglesia y por todo el mundo, el voluntariado y el compromiso en favor de la vida».

3.- Nuestra sociedad, sin embargo, considera que las personas ancianas no productivas son inútiles y por eso las desecha como algo inservible.

En los días precedentes a la Navidad el Congreso de los diputados aprobaba en España la mal llamada “ley de eutanasia”, que debería llamarse, más bien, “ley de la muerte”.

Nuestra sociedad desprecia la vida humana y ya despenalizó su eliminación en el seno materno en 1985 con la “ley del aborto”. Muchos dijimos entonces que llegaría un momento en que se despenalizaría también el asesinato de los ancianos; y esto acaba de ocurrir.

No se puede entender que una sociedad, que se considera avanzada y progresista, permita matar impunemente al ser humano.

Denunciamos con fuerza esta despenalización y el no cuidado de las personas en fragilidad y ancianidad, tal como hemos ya publicado los obispos españoles en varios documentos. Y proponemos como alternativa los “cuidados paliativos”, que ofrezcan mayor calidad de vida a quienes se encuentran enfermos de gravedad irreversible.

El Niño-Dios hecho hombre, que es la Luz del mundo, nos conceda su sabiduría para saber apreciar y respetar la vida humana en cualquier situación y fase de su proceso vital.

4.- Las familias cristianas debemos estar vigilantes para no dejarse influir por esta mentalidad utilitarista. La ausencia de los ancianos en la familia la empobrece y priva a sus miembros de sus raíces, de su historia y de la sabiduría necesaria para crecer como personas (cf. Papa Francisco, Fratelli tutti, 19).

El libro del Eclesiástico nos ha recordado un deber sagrado respecto a los mayores: «Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y durante su vida no le causes tristeza» (Eclo 3,12). Hay que cuidarles incluso en situaciones de demencia y fragilidad: «Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies» (Eclo 3,13).

A pesar de la pandemia tengamos con nuestros ancianos gestos de afecto, de cercanía y de acompañamiento en sus horas más difíciles y oscuras. La compasión hacia los padres es motivo de recompensa eterna y sirve como reparación de los pecados (cf. Eclo 3,14).

5.- Los ancianos, además de ser un tesoro para la Iglesia, son también un “tesoro para la sociedad”, porque nos enseñan y ayudan a valorar lo esencial, renunciando a lo caduco y transitorio.

Ellos han vivido la entrega y el servicio incondicionado a la sociedad, para ofrecérnosla mejor que la recibieron de sus padres; ellos han aportado su esfuerzo y su trabajo proporcionando un nivel de mayor calidad de vida para nosotros; ellos han sido capaces de renunciar a muchos buenos deseos, para ofrecer a sus hijos lo que ellos no tuvieron ni disfrutaron.

Como decía el papa Francisco, la historia nos enseña que “en una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta civilización lleva consigo el virus de la muerte” (Audiencia general. Vaticano, 4.03.2015).

6.- En el evangelio de Lucas hemos escuchado la narración de la presentación del Señor en el templo. La Sagrada Familia regresó a su ciudad de Nazaret después de cumplir lo que prescribía la ley (cf. Lc 2,39). El Niño Jesús «iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40).

La Sagrada Familia de Nazaret es ejemplo para todas las familias, donde los hijos puedan crecer y madurar en un ambiente de amor, respeto y obediencia a sus progenitores.

Rezamos hoy de modo especial por las familias del mundo entero, para que vivan en un ambiente propicio para el crecimiento integral de sus miembros.

Quiero felicitaros a todos vosotros, miembros de las familias cristianas, por vuestro empeño en crear un ambiente familiar donde vuestros hijos crezcan en libertad, en armonía y en la vida de fe, de amor y de esperanza cristiana.

En los medios de comunicación suele ser más noticia lo que va mal (desastres, muertes, asesinatos, robos, estafas) que lo que funciona bien. Aunque no se publicite ni aparezca como noticia, son muchos más los matrimonios y las familias que viven en paz y armonía. Como dice el refrán: “En un capazo de nueces, suena más la que está vacía que todas las demás que están llenas”. Agradezco, pues, vuestro compromiso cristiano y vuestro buen hacer en la familia, que enriquece más a la Iglesia y a la sociedad que las familias rotas y vacías.

Con motivo del Premio Nobel de la Paz a Madre Teresa de Calcuta (1979) un padre de familia le preguntó qué debía hacer para trabajar por la paz en el mundo; y Madre Teresa, con la sencillez que le caracterizaba, le respondió: “Vete a tu casa y ama a tu familia”. Un buen programa: “Ama a tu familia”.

El Papa ha convocado un “Año especial dedicado a la familia”, coincidente con el quinto aniversario de su exhortación apostólica “Amoris laetitia”, cuya lectura y profundización recomiendo. Dará inicio el 19 de marzo de 2021 y terminará el 26 de junio de 2022, en el décimo Encuentro mundial de las Familias en Roma con el Santo Padre, Dios mediante. Aprovechemos ese tiempo jubilar para rezar, proteger y cuidar de las familias.

Pedimos a la Sagrada Familia de Nazaret que interceda por nuestras familias, para que seamos custodios del tesoro que hemos recibido de nuestros mayores.

¡María Santísima, Madre de la Vida, intercede por nosotros! Amén.

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Málaga Mon, 28 Dec 2020 20:20:44 +0000
Profetas que enardecen https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60834-profetas-que-enardecen.html https://www.odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/60834-profetas-que-enardecen.html Profetas que enardecen

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración de ordenaciones de presbíteros en la Catedral de Málaga, el 12 de diciembre de 2020.

ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS

(Catedral-Málaga, 12 diciembre 2020)

Lecturas: Eclo 48,1-4.9-11; Sal 79,2-315-16.18-19; Mt 17,10-13.


Profetas que enardecen


1.- La liturgia de hoy nos ofrece la figura de Elías, el profeta que luchó por la pureza de la fe y la fidelidad del pueblo de Israel al Dios de la alianza. Por llevar a cabo su misión fue perseguido a muerte.

Los tiempos que le tocó vivir no fueron fáciles para los israelitas piadosos, fieles a la fe en el Dios vivo y verdadero. Multitud de falsos dioses llenaban los templos oficiales y muchos falsos profetas, apoyados por la autoridad, ocupaban cargos de responsabilidad en las estructuras sociales.

El pueblo, bajo la égida de estas directrices socio-religiosas, ofrecía culto a dioses que nada tenían que ver con el Dios de Israel, que les había salvado de la esclavitud y les había regalado la tierra que mana leche y miel (cf. Ex 13,5).

2.- En esas circunstancias «surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha» (Eclo 48,1). Su celo por el Señor le quemaba las entrañas y le enardecía el corazón.

Su palabra, su fe y su oración eran capaces de cerrar el cielo para que no lloviese y hacer caer fuego a la tierra (cf. Eclo 48,3).

Su misión queda reflejada en estas palabras: «Tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros, para aplacar la ira antes de que estallara, para reconciliar a los padres con los hijos y restablecer las tribus de Jacob» (Eclo 48,10). ¡Una hermosa tarea!

3.- Queridos David y Fernando, vais a recibir la ordenación presbiteral y diaconal, respectivamente.

La misión del diácono sobre todo es “servir” en la proclamación de la Palabra y en la caridad hacia los más necesitados. La tarea del presbítero es pastorear, al estilo del Buen Pastor, en el triple “munus” sacerdotal de enseñanza, gobierno y santificación.

El Señor os llama a la misión de ser profetas y pastores, como Elías y como Jesús. Como Buen Pastor, el Señor nos enseña a cuidar el rebaño confiado a vosotros con la alegría de encontrar la oveja perdida (cf. Lc 15,4-6); a vendar las heridas de nuestro pueblo, como el buen samaritano (cf. Lc 10,33-35); a reconciliar al hijo con su padre misericordioso (cf. Lc 15,20); a servir con delicadeza y ternura como las hermanas Marta y María en Betania (cf. Jn 12,1-3). Y hacer como otros muchos personajes del evangelio que sirven al Reino.

Como dice el papa Francisco: “Que sean las manos llagadas del Resucitado las que consuelen nuestras tristezas, pongan de pie nuestra esperanza y nos impulsen a buscar el Reino de Dios más allá de nuestros refugios convencionales” (Carta del Papa a los sacerdotes de la Diócesis de Roma. San Juan de Letrán-Roma, 31 mayo 2020). ¡Intentad vivir así vuestro ministerio!

4.- Cuando los discípulos preguntan a Jesús por el regreso del profeta Elías, responde refiriéndose a Juan Bautista: «Os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido» (Mt 17,12). Los profetas de Israel suelen ser maltratados por las autoridades y por el pueblo, porque su profecía denuncia las injusticias y defiende a los más vulnerables y pobres. Esta actitud contra los profetas ha ocurrido en toda la historia hasta nuestros días.

Las palabras proféticas se clavan como flecha bruñida (cf. Is 49,2) y como espada afilada (cf. Ez 21,14) en el corazón de los oyentes. Son palabras que anuncian y proclaman la bondad de Dios, pero denuncian las injusticias y maldades de los hombres.

Ayer mismo los obispos españoles hemos denunciado la ley sobre la mal llamada “Eutanasia”, que se votará en el Congreso de Diputados el próximo día 17 de diciembre, y que va contra la vida humana. La denuncia profética no gusta a los legisladores.

A Jesús de Nazaret también le ardía el corazón por anunciar al Reino de Dios entre los hombres: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!» (Lc 12,49). Existe una cierta similitud entre Elías, el profeta del fuego, y Jesús.

También él, como profeta, fue rechazado por su pueblo y por las autoridades, sabiendo que lo iban a condenar a muerte, según sus mismas palabras: «Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos» (Mt 17,12). Pero con su muerte y resurrección nos trajo la victoria sobre el pecado y sobre la misma muerte.

5.- Queridos ordenandos, imitad a Jesucristo; contemplad al Pastor, al Sacerdote, al Profeta, al Maestro, para imitarle, seguirle y continuar su obra en el tiempo, en este siglo XXI que nos toca vivir. Él os invita hoy a ser sus discípulos en el ministerio diaconal y sacerdotal.

Sed fieles, como Elías, a la misión que el Señor hoy os encomienda. Enardeced el corazón de vuestros contemporáneos. Buscad la pureza de la fe en el Dios verdadero, desechando los falsos ídolos que nuestra sociedad nos presenta de manera engañosa, prometiendo felicidad, pero dejando vacío el corazón.

Sed profetas de la verdad revelada de Dios y de la visión cristiana del hombre, sin concesiones a ideologías o modas de turno; no os calléis por miedo o por miras humanas; no os avergoncéis nunca del Evangelio de Jesucristo. Esto va por todos los cristianos. Vivid, queridos ordenandos, la comunión sincera con la Iglesia en sintonía con vuestros pastores (obispo, obispos y papa), tanto en lo doctrinal como en lo disciplinar.

En una época como la nuestra en la que se niega o se prescinde de la existencia de Dios, se arrincona la presencia religiosa en la vida pública y se intenta imponer una visión errada y falsa del ser humano, es necesario el servicio del profeta de Dios, del pregonero del Evangelio, del defensor de los derechos humanos, tantas veces pisoteados. Esa es vuestra gran e importante misión, que la Iglesia os confía hoy; o mejor, el Buen Pastor, Jesucristo, os confía a través de la Iglesia.

Con el salmista nos dirigimos al Señor para pedirle que dirija su mirada sobre nosotros y que nos ayude a cuidar de su viña: «Dios del universo, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña» (Sal 79,15). Esta viña está siendo pisoteada y destrozada; pero Tú, Señor, eres el dueño de la viña; manda obreros a tu mies, que cultiven esta viña tuya.

Pedimos a Jesucristo, Buen Pastor, Profeta y Maestro, que fortalezca con su gracia a nuestros hermanos David y Fernando, llamados al presbiterado y al diaconado, respectivamente; que los ilumine con la luz del Espíritu Santo para que ésta resplandezca en nuestra sociedad.

Santa María de la Victoria sea vuestra intercesora, junto con todos los santos a quienes vamos a pedir su intercesión ahora en la Letanía; y que os acompañen en el camino de servicio y de pastoreo que emprendéis hoy. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Sat, 12 Dec 2020 10:07:14 +0000