Ordenación de diácono a David-Roger Roca Campos

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la ordenación de diácono de David Roca, el 11 de julio, en la Catedral de Málaga.

ORDENACIÓN DE DIÁCONO

A DAVID-ROGER ROCA CAMPOS

(Catedral-Málaga, 11 julio 2020)


Lecturas: Prov 2,1-9; Sal 33,2-11; Mt 19,27-29.


1.- El libro de los Proverbios nos anima a prestar oído a las palabras, consejos y sabiduría de Dios (cf. Prov 2,1-2). Nos apremia a buscarlos con la misma fuerza y ahínco con que buscamos el dinero o un tesoro (cf. Prov 2,4).

La sociedad en la que vivimos está en otra onda, muy lejos de sintonizar con este buen consejo; más bien tiene como objetivo la búsqueda del dinero y de la felicidad terrena, olvidándose de Dios y del destino eterno de su vida. Todo lo contrario a la mentalidad cristiana.

Nosotros hemos de acudir al manantial de la Sabiduría, a la fuente del conocimiento de Dios (cf. Prov 2,5), que nos da la fuerza de seguir buscando la verdad y la auténtica libertad. Del manantial de la Sabiduría brotan el saber, la prudencia, la inteligencia, el recto juicio y la conducta intachable (cf. Prov 2,6-7).

Ese manantial de Sabiduría es Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. El encuentro con él proporciona todo lo que el ser humano necesita y le muestra el camino que lleva a la felicidad (cf. Prov 2,9). Hay que acertar en encontrar el camino y encontrarse con Jesucristo resucitado.

El Concilio Vaticano nos exhorta a aprender del sublime conocimiento de Jesucristo con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. Porque “el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo” (Dei Verbum, 25).


2.- El Señor te ha llamado, querido David, a beber abundantemente de este manantial divino. Y, una vez enriquecido y saciado con esta sabiduría, te pide que la compartas con el hombre actual; con el que busca a Dios sin encontrarlo; con el sediento de felicidad, pero insatisfecho; con el que contempla este mundo solo desde la materialidad; con quien desea la transcendencia, pero no la percibe.

El papa Benedicto XVI nos dijo que es necesario ayudar a nuestros contemporáneos a encontrar a Dios. En nuestro contexto cultural, donde muchos viven al margen de la fe, la urgencia pastoral consiste en mostrar a los hombres la belleza del rostro de Dios manifestado en Cristo Jesús (cf. Rm 8,39); facilitar el encuentro con Dios, abriendo nuevos caminos de acceso a Él (cf. Verbum Domini, 2).

Esta tarea, propia de todo cristiano por misión bautismal, es la que el Señor te confía hoy con el ministerio diaconal, estimado David. Y es la que nos ha confiado a todos los diáconos y sacerdotes, de modo especial en nuestro ministerio.


3.- Hoy es la fiesta litúrgica de san Benito de Nursia, abad de Montecasino, y patrono principal de Europa. Su nacimiento (año 480) coincide con la caída del Imperio Romano de Occidente, después de un largo período de decadencia, por una serie de causas internas y externas. Se derrumbaba un sistema de gobierno y una estructura política que había determinado, casi por un milenio, el desarrollo de la civilización humana en todo el litoral del Mediterráneo. La Roma de los Césares se había desvanecido y quedaba la Roma de los Apóstoles. Caía una cultura, basada en el poder temporal y en la esclavitud; y renacía otra cultura basada en el amor, la misericordia y la libertad.

Existe cierta similitud entre la época de san Benito y la nuestra. Vivimos en una civilización decadente, que agoniza. Las raíces cristianas de Europa se desvanecen para dar paso a otra cosmovisión, marcada por ideologías de diversa índole, que carecen de principios transcendentes y de criterios objetivos, donde reinan el subjetivismo y el relativismo.

Benito de Nursia pone los fundamentos de una sociedad europea basada en el Evangelio, en la fraternidad, en la comunión, colocando en el centro al hombre, al ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26).


4.- Como recordaba el papa Juan Pablo II en su exhortación “Ecclesia in Europa”: “Múltiples son las raíces ideales que han contribuido con su savia al reconocimiento del valor de la persona y de su dignidad inalienable, del carácter sagrado de la vida humana y el papel central de la familia, de la importancia de la educación y la libertad de opinión, de palabra, de religión, así como también a la tutela legal de los individuos y los grupos, a la promoción de la solidaridad y el bien común, al reconocimiento de la dignidad del trabajo (…). Muchos de los grandes paradigmas de referencia antes indicados, que son la base de la civilización europea, hunden sus raíces últimas en la fe trinitaria, en el cristianismo. Ésta fe contiene un extraordinario potencial espiritual, cultural y ético, capaz, entre otras cosas, de iluminar algunas grandes cuestiones que hoy se debaten en Europa, como la disgregación social y la pérdida de una referencia que dé sentido a la vida y a la historia. De ello se desprende la necesidad de una renovada meditación teológica, espiritual y pastoral sobre el misterio trinitario” (N. 19). El Señor pide nuestro testimonio cristiano de fe, esperanza y caridad.

En esta fiesta pedimos a san Benito que nos ayude a construir de nuevo una civilización del amor, donde el ser humano sea el centro, que está siendo desplazado según las edades y las circunstancias vitales. Y rogamos su intercesión para que nuestro testimonio y tu ministerio diaconal, querido

David, ofrezca a los hombres de nuestro tiempo el manantial de la vida, que es Cristo.


5.- Jesús responde a Pedro en el Evangelio que quien lo deja todo por seguirle «recibirá cien veces más y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). Como vemos, la recompensa es grande, es infinita. Damos gracias al Señor por llamarnos a su seguimiento.

Hoy damos gracias a Dios por el regalo que supone para nuestra Diócesis y para la Iglesia la ordenación de un nuevo diácono; un ministro de la Palabra y del servicio. Como hemos dicho en esta fiesta de Benito de Nursia vas a tener como tarea iluminar esta sociedad decadente, como él lo hizo a primeros del siglo VI.

Y pedimos la intercesión de la Virgen María, “Sede de la Sabiduría”, que nos acompañe en nuestro caminar y nos enseñe a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella nos conduzca a su Hijo, el único manantial de vida eterna, que puede satisfacer las esperanzas profundas del corazón del hombre. Amén.

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