Jornada por la familia y por la vida

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Jornada por la Familia y por la Vida celebrada en la Catedral de Málaga, el 27 de diciembre de 2020.

JORNADA POR LA FAMILIA Y POR LA VIDA

(Catedral-Málaga, 27 diciembre 2020)

Lecturas: Eclo 3,2-6.12-14; Sal 127,1-5; Col 3,12-21; Lc 2,22-40.

(Sagrada Familia)

Los ancianos, tesoro para la Iglesia y para la sociedad

1.- En pleno tiempo navideño celebramos la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia, dando gracias a Dios por la venida al mundo de su Hijo Unigénito en el seno de una familia humana; Dios ha querido encarnarse en una familia. La Virgen María lo acogió en su alma y después en su seno; y José cuidó de Él como un buen padre adoptivo.

Los obispos de la subcomisión para la familia y la vida nos proponen en su mensaje para esta Jornada el lema: “Los ancianos, tesoro para la Iglesia y para la sociedad”.

La Iglesia siempre ha acompañado con afecto a los ancianos, animando a los fieles a la cercanía y al cuidado de las personas en la fase final de su vida (cf. Papa Francisco, Catequesis. 4.03.2015). Son numerosas las congregaciones religiosas y las iniciativas caritativas dedicadas al cuidado de las personas mayores; amén de todas las familias que cuidan con tanto cariño a sus mayores en la casa.

2.- Los ancianos son una gran riqueza para la Iglesia, que hemos de apreciar y saber aprovechar; su experiencia es fuente de sabiduría.

Ellos, además de ser destinatarios de la acción pastoral, son también sujetos activos en la evangelización. En no pocas familias son los abuelos quienes enseñan la fe a sus nietos, los educan en la vida religiosa y les ayudan a crecer como personas; sobre todo cuando los padres no son creyentes o poco practicantes.

Ellos, los ancianos, nos enseñan a valorar la trascendencia y lo eterno en una sociedad que se aferra a lo temporal y caduco, olvidando que somos peregrinos hacia la eternidad. Su presencia es una llamada constante hacia lo eterno.

Los ancianos están presentes en los varios campos de la caridad, el apostolado, la liturgia, las asociaciones y movimientos eclesiales, la familia, la oración, la enfermedad y el sufrimiento que ofrecen por la Iglesia y por todo el mundo, el voluntariado y el compromiso en favor de la vida».

3.- Nuestra sociedad, sin embargo, considera que las personas ancianas no productivas son inútiles y por eso las desecha como algo inservible.

En los días precedentes a la Navidad el Congreso de los diputados aprobaba en España la mal llamada “ley de eutanasia”, que debería llamarse, más bien, “ley de la muerte”.

Nuestra sociedad desprecia la vida humana y ya despenalizó su eliminación en el seno materno en 1985 con la “ley del aborto”. Muchos dijimos entonces que llegaría un momento en que se despenalizaría también el asesinato de los ancianos; y esto acaba de ocurrir.

No se puede entender que una sociedad, que se considera avanzada y progresista, permita matar impunemente al ser humano.

Denunciamos con fuerza esta despenalización y el no cuidado de las personas en fragilidad y ancianidad, tal como hemos ya publicado los obispos españoles en varios documentos. Y proponemos como alternativa los “cuidados paliativos”, que ofrezcan mayor calidad de vida a quienes se encuentran enfermos de gravedad irreversible.

El Niño-Dios hecho hombre, que es la Luz del mundo, nos conceda su sabiduría para saber apreciar y respetar la vida humana en cualquier situación y fase de su proceso vital.

4.- Las familias cristianas debemos estar vigilantes para no dejarse influir por esta mentalidad utilitarista. La ausencia de los ancianos en la familia la empobrece y priva a sus miembros de sus raíces, de su historia y de la sabiduría necesaria para crecer como personas (cf. Papa Francisco, Fratelli tutti, 19).

El libro del Eclesiástico nos ha recordado un deber sagrado respecto a los mayores: «Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y durante su vida no le causes tristeza» (Eclo 3,12). Hay que cuidarles incluso en situaciones de demencia y fragilidad: «Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies» (Eclo 3,13).

A pesar de la pandemia tengamos con nuestros ancianos gestos de afecto, de cercanía y de acompañamiento en sus horas más difíciles y oscuras. La compasión hacia los padres es motivo de recompensa eterna y sirve como reparación de los pecados (cf. Eclo 3,14).

5.- Los ancianos, además de ser un tesoro para la Iglesia, son también un “tesoro para la sociedad”, porque nos enseñan y ayudan a valorar lo esencial, renunciando a lo caduco y transitorio.

Ellos han vivido la entrega y el servicio incondicionado a la sociedad, para ofrecérnosla mejor que la recibieron de sus padres; ellos han aportado su esfuerzo y su trabajo proporcionando un nivel de mayor calidad de vida para nosotros; ellos han sido capaces de renunciar a muchos buenos deseos, para ofrecer a sus hijos lo que ellos no tuvieron ni disfrutaron.

Como decía el papa Francisco, la historia nos enseña que “en una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta civilización lleva consigo el virus de la muerte” (Audiencia general. Vaticano, 4.03.2015).

6.- En el evangelio de Lucas hemos escuchado la narración de la presentación del Señor en el templo. La Sagrada Familia regresó a su ciudad de Nazaret después de cumplir lo que prescribía la ley (cf. Lc 2,39). El Niño Jesús «iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2,40).

La Sagrada Familia de Nazaret es ejemplo para todas las familias, donde los hijos puedan crecer y madurar en un ambiente de amor, respeto y obediencia a sus progenitores.

Rezamos hoy de modo especial por las familias del mundo entero, para que vivan en un ambiente propicio para el crecimiento integral de sus miembros.

Quiero felicitaros a todos vosotros, miembros de las familias cristianas, por vuestro empeño en crear un ambiente familiar donde vuestros hijos crezcan en libertad, en armonía y en la vida de fe, de amor y de esperanza cristiana.

En los medios de comunicación suele ser más noticia lo que va mal (desastres, muertes, asesinatos, robos, estafas) que lo que funciona bien. Aunque no se publicite ni aparezca como noticia, son muchos más los matrimonios y las familias que viven en paz y armonía. Como dice el refrán: “En un capazo de nueces, suena más la que está vacía que todas las demás que están llenas”. Agradezco, pues, vuestro compromiso cristiano y vuestro buen hacer en la familia, que enriquece más a la Iglesia y a la sociedad que las familias rotas y vacías.

Con motivo del Premio Nobel de la Paz a Madre Teresa de Calcuta (1979) un padre de familia le preguntó qué debía hacer para trabajar por la paz en el mundo; y Madre Teresa, con la sencillez que le caracterizaba, le respondió: “Vete a tu casa y ama a tu familia”. Un buen programa: “Ama a tu familia”.

El Papa ha convocado un “Año especial dedicado a la familia”, coincidente con el quinto aniversario de su exhortación apostólica “Amoris laetitia”, cuya lectura y profundización recomiendo. Dará inicio el 19 de marzo de 2021 y terminará el 26 de junio de 2022, en el décimo Encuentro mundial de las Familias en Roma con el Santo Padre, Dios mediante. Aprovechemos ese tiempo jubilar para rezar, proteger y cuidar de las familias.

Pedimos a la Sagrada Familia de Nazaret que interceda por nuestras familias, para que seamos custodios del tesoro que hemos recibido de nuestros mayores.

¡María Santísima, Madre de la Vida, intercede por nosotros! Amén.

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