Una visión autorizada de la situación actual de la Iglesia Universal

George Gänswein

Cómo la Iglesia Católica puede restaurar nuestra cultura

Madrid, Rialp, 2020

En estos tiempos de confusión, de desconciertos y de superficialidad nos resultan especialmente valiosas las oportunas informaciones, los agudos análisis y las hondas reflexiones de Monseñor George Gänswin, el arzobispo alemán, el prefecto de la Casa Pontificia y el secretario del papa Benedicto XVI durante más de 18 años. Escritor sagaz, orador convincente y teólogo riguroso, es un testigo cualificado de los acontecimientos más importantes vividos en la Iglesia Católica durante las dos últimas décadas.

Su estrecha convivencia con el profesor, cardenal y papa Ratzinger lo han convertido en uno de los personajes más influyentes en la Iglesia Católica y en una de las fuentes más acreditadas para enterarnos de las causas, de los motivos y de las circunstancias de unos hechos tan trascendentes como la elección y la renuncia de Benedicto XVI, de las relaciones actuales entre el papa Francisco y su antecesor, y en una autoridad indiscutible para proporcionarnos una visión autorizada de la situación actual de la Iglesia Universal.

Interesantes son sus respuestas al historiador Paul Badde sobre lo que pasó por su cabeza la noche del 11 de febrero de 2013 cuando un rayo cayó sobre la Basílica de San Pedro y, por la mañana, había renunciado el papa Benedicto, sobre el momento más feliz o sobre el más lamentable de los que ha estado a su servicio o sobre la palabra clave que define su pontificado. Sorprendentes son sus contestaciones al periodista Hendrik Groth sobre la vida diaria en el Monasterio Mater Ecclesiae, dentro de los muros del Vaticano. Oportunas son sus manifestaciones al filósofo Martin Rothweiler sobre cómo se encuentra actualmente el Papa emérito, cómo lo conoció, qué impresiones le causaron su elección, sus mensajes y cuál es la clave del pontificado.

A mi juicio, sin embargo, lo más importante de este libro son los análisis teológicos sobre, por ejemplo, María, sobre su Asunción, “sobre la glorificación de la Madre de Dios en alma y cuerpo, y cómo este misterio “viene a mostrar, a través de un ejemplo concreto, que el espíritu es lo que aviva, anima y transfigura la materia desde el principio; que el alma es inmortal; que el cuerpo, junto con el alma, está destinado a alcanzar la felicidad eterna; y que, por lo tanto, la esperanza de otra vida no es vana, sino algo que será verdaderamente realizado, porque con la muerte no todo se acaba; más bien, la vida comienza realmente en ese instante”. (p. 20)

Como él mismo indica en la conferencia que pronunció durante el ciclo Iglesia y Derecho, en el vestíbulo del Tribunal Constitucional de Alemania en Karlsruhe, “Este lugar y esta hora invitan de una manera especial no a seguir buscando nuevos temas, sino a reflexionar, en un diálogo paciente, y encontrando perspectivas nuevas, sobre lo que mantiene unida a nuestra comunidad en su ser más íntimo”.

En esta misma conferencia explicó la clave de sus propuestas: el ser humano como imagen de Dios no es una acumulación de materia causada de acuerdo con un patrón determinado o un grupo de células agrupadas que funcione durante una vida determinada y luego sencillamente se extinga […] sino que “su dignidad radica en esta libertad para buscar a Dios y para conocer a Dios, sin importar dónde y cuándo”.

José Antonio Hernández Guerrero

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