Un apasionante relato de la “con-vivencia” con Jesús y con las gentes

Lograr sencillez en el lenguaje teológico, belleza en las consideraciones ascéticas y, sobre todo, conexión con la actualidad en las explicaciones de las nociones fundamentales del mensaje cristiano son metas necesarias pero difíciles de alcanzar. Por eso a veces los libros sobre asuntos religiosos nos resultan aburridos, incomprensibles y alejados de la vida actual.

Por estas razones me ha sorprendido gratamente este libro en el que Carlos del Valle, sacerdote, misionero y profesor dotado de una profunda preparación teológica, nos cuenta cómo se ha “consagrado” a evangelizar acompañando, conversando y animando a los hermanos en diferentes y en distantes situaciones, y desde variadas misiones pastorales.

Este libro me ha sorprendido por la inusual originalidad con la que nos explica unas nociones que, aunque están en el fondo de los mensajes fundamentales del Evangelio, me resultan notablemente originales y atractivas. Si, por ejemplo, nos preguntamos en qué consiste la sabiduría, él nos responde: “en descubrir lo que uno no necesita”. Fíjense, por ejemplo, cómo nos anima para que nos impliquemos en la vida superando las ideologías que, “más que salvarnos, nos distraen”. Porque, efectivamente, más que las ideas, lo que nos mueve es el amor.

En mi opinión la manera tan lúcida de explicar cómo Jesús -“la imagen del ser humano soñado en el corazón de Dios”- constituye la entraña del Evangelio y el núcleo de la fe que nos lleva a descubrir en la realidad la voluntad de Dios escrita en la vida. Por eso él nos anima para que nos detengamos en lo cotidiano, en lo sencillo que esconde lo maravilloso y para que establezcamos vínculos de amistad con los humildes y, sobre todo, con quienes sufren. ¿Por qué? Porque sólo el amor tiene algo que decir a los que vivimos sedientos de fraternidad.

Estas páginas, como nos confiesa el autor, son memoria y deseo, contienen el relato de su “con-vivencia” con Jesús y con las gentes, vivencias hondas. Nos descubren los ecos hondos de sus experiencias y de sus aspiraciones como creyente, es la reflexión serena y agradecida de quien escucha a Jesús y trabaja para lograr un estilo de vida realmente humanizadora. Nos confiesa su fidelidad al pasado pero con una voluntad irrenunciable a renovar el presente mediante la revolución de la bondad.


José Antonio Hernández Guerrero

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