Piadosa intercesión de los mártires

Javier Sánchez esta semana en Vivir la liturgia nos habla de la veneración a los mártires.

Combatieron bien el combate de la fe y lucharon hasta el final, por lo que fueron coronados con la corona de gloria prometida. Ahora son intercesores ante Dios y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Anclado en el alma humana siempre ha estado el respeto a los propios difuntos y un cierto culto en torno a ellos; así también nació el culto a los mártires, pero cobrando una fisonomía bien distinta. En lugar del círculo restringido de la familia, se asocia la comunidad entera con su obispo.

La piedad de los fieles se manifestó pronto invocando a los mártires, encomendándose a ellos, dirigiéndoles sus oraciones –y más tarde todos los santos en general-. San Ambrosio exhorta a los fieles a dirigir sus plegarias a los mártires, ya que son nuestros intercesores y nos obtienen el perdón de los pecados (cf. De Viduis 9,55).

Sin embargo por los difuntos se reza, se ofrecen sufragios (Misas, oraciones y limosnas) sin canonizarlos o pensar que ya están ante Dios de manera automática: es necesario pedir por las almas que se purifican en “el purgatorio” (CAT 1031) y por ello “la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia a favor de los difuntos” (CAT 1032). Basta ver serenamente los textos litúrgicos del Ritual de Exequias o de las Misas por los difuntos para ver cómo la Iglesia encomienda a Dios las almas de los fieles difuntos, suplicando por su salvación.

San Agustín, por ejemplo, diferencia claramente entre mártires y los demás fieles difuntos: “en la Iglesia católica no se ora por ellos [los mártires]. Se ora por los demás fieles difuntos, por los mártires no se ora. En efecto, salieron de tal forma purificados que no son nuestros protegidos sino nuestros abogados” (Serm. 285,5).

Por los mártires nunca se rezó, sino que se les rezó a ellos, se les invocó y se les veneró.

¡A los mártires los invocamos, por los difuntos rezamos pidiendo por sus almas! “Nos acogemos a las preces de los santos, y oremos para que intercedan por nosotros” (S. Juan Crisóstomo, Hom. in Gen., 44,2).

¿Sabías que un fiel puede ayudar a dar a la comunión sosteniendo el cáliz?

Así lo dice el Misal en su número 284, si no hay otros ministros: “Cuando se distribuye la comunión bajo las dos especies: ... ayuda (...) con el cáliz (...) un fiel a quien, en caso de necesidad, se le encomienda ese oficio para esa determinada ocasión”.

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