Alcanzar la sabiduría: Enseñar el arte de vivir

Dios nos guía, nos educa y nos ayuda a encontrar el equilibrio entre el ideal y la realidad.

Ana María Roldán

Delegada Diocesana de Enseñanza

“La sabiduría es la vida misma: la realidad del vivir, la existencia no como tregua, sino como pacto conocido y aceptado en su fascinante y dolorosa totalidad”. “Lo importante es saber, con una seguridad que brota innegociable de lo más honde del alma, si estamos dispuestos a amar la vida tal y como se presenta”.

La vida se nos presenta como un misterio a desvelar, como una amalgama de verdad y sufrimiento, de alegría y de cansancio, de amor y soledad. Somos libres de considerarla cada uno de distintos modos. Podemos verla como algo irrisorio, sin sentido, o podemos interpretarla como una empresa sublime. Podemos llegar hasta a separarnos de nuestra propia vida, tapándola con una muralla de discursos, de angustias, de confusas esperanzas.

Es necesario saber acogerla con toda nuestra fuerza interior, “amarla incondicionalmente por lo que es, muchas veces pura impotencia, pura pérdida, carencia irresoluble”. Acoger la vida “tal como se nos presenta, sin mentiras ni ilusiones; y eso requiere un camino de depuración sin renunciar a la complejidad de la propia existencia, pero aceptando que no se puede desvelar completamente”.

Para que esto sea posible es necesario saber contemplar la vida: prudente y generosamente “mantener los ojos abiertos de par en par sobre el momento presente”. Esto nos ayudará a hacer una alianza con nuestro ahora para, simplemente, ir despojándonos de lo que nos estorba y abandonándonos en el amor real a la vida. Los cristianos tenemos la luz de la fe para iluminar esa mirada. Con esta luz, que ahora se nos ha desbordado en la Pascua, todo cobra sentido. Descubrimos cómo un Dios Padre Providente nos guía a cada paso y nos educa. Nos ayuda a encontrar el equilibrio entre el ideal al que aspiramos y la realidad, a ser unos idealistas con los pies en la tierra.

Para saber mirar la vida de esta manera hay que saber practicar la ley del retiro y del retorno, es decir, separarnos periódicamente de nuestra vida cotidiana y dejarnos limpiar la mirada por el toque de Dios para poder mirar todo con ojos limpios. Después podremos volver a nuestra lucha diaria afrontando la vida con sabiduría.


Tomado de José Tolentino Mendonça

“Pequeña Teología de la lentitud” (Fragmenta Editorial)

Panel de Noticias

Videoteca

 

Noticias relacionadas