Este domingo la Iglesia celebra la Jornada por los afectados de la pandemia Destacado

La iglesia en España celebra este domingo una Jornada por los afectados de la pandemia. Se trata de una propuesta de la Comisión Ejecutiva de la CEE, que se reunió los días 5 y 6 de julio en Madrid, para todas las diócesis españolas.

La fecha que se ha escogido para esta jornada ha sido la del domingo 26 de julio, por ser la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, patronos de los ancianos, el grupo social más golpeado por la enfermedad. En algunos lugares se adelantará esta celebración al 25 de julio, fiesta de Santiago Apóstol.

En la diócesis de Guadix se va a celebrar esa Jornada con una Misa funeral por todos los fallecidos en la pandemia. Será en la catedral, a las 12 de la mañana y estará presidida por el obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco. Además, será una celebración para dar gracias por todo el trabajo y el sacrificio realizado por tantas personas y colectivos que han luchado en primera línea para combatir la enfermedad durante el tiempo de la pandemia: sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad, trabajadores esenciales…, pero también instituciones sociales como Cáritas, residencias de ancianos,… que tanto se han esforzado y se siguen esforzando por atender a enfermos, mayores y afectados por la crisis económica que está provocando la crisis sanitaria.

Con motivo de esta Jornada por los afectado de la pandemia, la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la Subcomisión de Familia y Defensa de la Vida han hecho público un mensaje en el que se invita a todos a celebrarla y a tomar conciencia y valorar el papel tan importante que juegan los mayores en la sociedad y en las familias: “allí donde no hay respeto, reconocimiento y honor para los mayores, no puede haber futuro para los jóvenes”. Este es el texto del mensaje:


Mensaje para la Jornada de afectados por la pandemia

El próximo día 26 de julio, la Iglesia celebra la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen, día que dedicamos de una forma especial a los mayores, puesto que son los patronos de los abuelos.

Desde el pasado mes de marzo que se decretó el estado de alarma en nuestro país, por motivo de la pandemia de la Covid- 19, hemos podido contemplar cómo los más afectados por este virus han sido los mayores, falleciendo un gran número de ellos en residencias, hospitales y en sus propios domicilios. También, nuestros mayores, debido a las circunstancias tan excepcionales, son los que más han sufrido el drama de la soledad, de la distancia de sus seres queridos. Todo esto nos debe llevar a pensar, como Iglesia y como sociedad, que “una emergencia como la del Covid es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (Pandemia y fraternidad universal, Nota sobre la emergencia Covid-19, Pontificia Academia para la Vida, 30/03/2020).

En una sociedad, en la que muchas veces se reivindica una libertad sin límites y sin verdad en la que se da excesiva importancia a lo joven, los mayores nos ayudan a valorar lo esencial y a renunciar a lo transitorio. La vida les ha enseñado que el amor y el servicio a los suyos y a los restantes miembros de la sociedad son el verdadero fundamento en el que todos deberíamos apoyarnos para acoger, levantar y ofrecer esperanza a nuestros semejantes en medio de las dificultades de la vida. Como afirma el papa Francisco: “la desorientación social y, en muchos casos, la indiferencia y el rechazo que nuestras sociedades muestran hacia las personas mayores, llaman no sólo a la Iglesia, sino a todo el mundo, a una reflexión seria para aprender a captar y apreciar el valor de la vejez” (Audiencia del papa Francisco a los participantes en el Congreso Internacional “La riqueza de los años”, Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida, 31/01/2020).

Pero no basta contemplar el pasado, aunque haya sido en ciertos momentos muy doloroso, hemos de pensar en el futuro. No deberíamos olvidar nunca aquellas palabras del Papa Francisco en las que afirmaba que una sociedad que abandona a sus mayores y prescinde de su sabiduría es una sociedad enferma y sin futuro, porque le falta la memoria. Allí donde no hay respeto, reconocimiento y honor para los mayores, no puede haber futuro para los jóvenes, por eso hay que evitar que se produzca una ruptura generacional entre niños, jóvenes y mayores.

“Conscientes de ese papel irremplazable de los ancianos, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos. Los ancianos no son sólo el pasado, sino también el presente y el mañana de la Iglesia”


Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Subcomisión de Familia y Defensa de la Vida.

Antonio Gómez

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