Hermandades por la vida Destacado

El 29 de septiembre de 1615, la Hermandad del Silencio incorporaba el voto inmaculista en sus protestaciones de fe. Casi cuatro siglos después, la Madre y maestra añadía a esta fórmula anual la defensa del derecho a la vida, con una cita que recoge el magisterio de la Iglesia en lo concerniente a una materia que no deja de estar de actualidad, a la luz de las distintas iniciativas legislativas dentro y fuera de nuestras fronteras. La decisión del Cabildo General Extraordinario de la corporación de la Madrugada no es la única medida adoptada desde sectores eclesiales en defensa de la vida.

“Proclamar y defender el derecho a la vida de todo ser humano en cada fase de su desarrollo, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural y cualquiera que sea su condición, de conformidad con el Magisterio de la Iglesia y la doctrina emanada de Su Santidad el papa”. Esta es la fórmula que juran los hermanos del Silencio en la protestación de fe que tiene lugar todos los años en la iglesia de San Antonio Abad. Estamos ante una hermandad que en su día marcó el modus operandi del resto de instituciones cofrades, y que en las actuales circunstancias socio políticas, ya se ha situado, sin ambages, del lado de la vida, desde su concepción y hasta la muerte natural.

Todas las hermandades de la Archidiócesis cuentan con una obra social que suele dirigirse a sectores necesitados de su ámbito. Ahora que se habla de ‘las colas del hambre’, parece que la religiosidad popular tiene algo que decir al respecto. Vean, por ejemplo, la labor que desarrolla la Hermandad de Pasión desde el punto de ayuda que ha creado en la céntrica calle Boteros. El pobre sabe que cuenta con las parroquias, congregaciones y hermandades cuando la situación se torna grave en casa. Y saben perfectamente a qué puertas llamar. Pero lo que esta crisis ha removido es el propio concepto de pobreza, qué entendemos por necesidad, y cuáles son los colectivos afectados.

Esperanza y Vida en Triana

Desde hace unos años, estas bolsas de caridad están redefiniéndose para dar respuesta a situaciones que exceden de la tradicional dinámica asistencial. Es el caso de la Hermandad de La O, que en 2007 creó el proyecto Esperanza y Vida coincidiendo con la coronación canónica de su titular. Gracias a la implicación de un equipo de profesionales y voluntarios, la hermandad trianera pone a disposición de mujeres gestantes en situación de marginación o vulnerabilidad los recursos necesarios para favorecer el normal desarrollo del embarazo. Esta fue la apuesta por la vida de los hermanos de La O, un proyecto que el pasado año recibió el premio Semana Santa de Sevilla en la modalidad de obra social.

Esta no es la única propuesta de ayuda que tienen las mujeres que se enfrentan a un embarazo no deseado o encaran el drama del aborto. RedMadre, los proyectos Ángel y Raquel son algunas de las iniciativas que, además, cuentan con el apoyo de sectores cofrades en la Archidiócesis de Sevilla. El pasado año conocimos la decisión de hermandades, como la de la Vera Cruz de Mairena del Alcor, de recoger productos de higiene infantil y maternal con destino a las mujeres atendidas por RedMadre.

Las hermandades rocieras de Sevilla ponen también su grano de arena en esta dinámica. Recordemos la Gala por la Vida ‘Memorial Rafa Serna’ que organizó la corporación de la Colegial del Salvador, y cuya recaudación fue a parar a la Unidad Oncológica-Hematológica del Hospital Virgen del Rocío. Y no podemos pasar por alto una campaña que abarca en la actualidad a buena parte de las hermandades de la Archidiócesis: los cirios por la vida, que forman parte de las candelerías de los pasos de palio y carretas rocieras, con los que se quiere concienciar de la necesidad de donar órganos.

Se trata de la vida, el don más preciado. Y todo lo que se haga en este campo es poco.

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