Despedida de Tacoronte y de la diócesis de los sacerdotes Carlos y Rufino Destacado

Este pasado domingo 26 de julio, la Plaza del Cristo de Tacoronte, acogió una misa de acción de gracias, presidida por el obispo Bernardo Álvarez, para despedir a los sacerdotes Rufino Pérez de Leceta y Carlos Arceniega.


Estos presbíteros, naturales del País Vasco, regresarán el 31 de julio a sus tierras natales tras 53 años de servicio en nuestra diócesis.
Tacoronte ha sido su último destino. En este arciprestazgo han desarrollado sus ministerios durante los últimos catorce años.
Al finalizar la Eucaristía, Rufino Pérez pronunció unas palabras de acción de gracias. “En primer lugar, queremos agradecer a Dios”, comenzó haciendo hincapié. “Nuestra ilusión ha sido siempre trabajar y prestar una ayuda donde más necesidad hubiera. Ciertamente, nunca pensamos que el Señor nos pondría en el camino Tenerife, porque no teníamos conocimiento exhaustivo de la isla, ni siquiera teníamos amigos aquí. Sin embargo, Dios quiso que surgiera en nosotros el deseo cuando nos lo presentó nuestro obispo. Y vinimos con toda la ilusión. Esa ilusión no la hemos perdido durante estos 53 años sirviendo en unas parroquias, o en otras. Todo ha sido obra de Dios y sin él no hubiéramos podido realizar lo que humildemente hemos llevado a cabo”.
En segundo lugar, Pérez quiso agradecer a los obispos que durante este tiempo los han acogido en la diócesis. “Luis Franco fue quien nos recibió. Aún recordamos aquel día cuando, nada más llegar, nos invitó a cenar y luego nos llevó a La Orotava, el que sería nuestro primer destino sacerdotal en Tenerife. Fue allí donde empezamos a admirar la belleza de estas islas. Después, vino Damián Iguacen. Él nos siguió acogiendo con todo el cariño. Tenemos muchos recuerdos y vivencias con él. Gracias también a Felipe Fernández, con el que nos sentimos muy arropados. Y, finalmente, gracias a Bernardo Álvarez que nos abrió su corazón y siempre ha querido contar con nuestra labor. Valoramos mucho los detalles que ha tenido en estos últimos momentos para agradecernos el trabajo que hemos podido desarrollar”.
Rufino también tuvo unas palabras de agradecimiento hacia el resto de compañeros sacerdotes. “Con ellos hemos trabajado siempre codo con codo. Si algo nos ha caracterizado a Carlos y a mí, ha sido la implicación con los compañeros en todas las parroquias en las que hemos trabajado”.
Por otro lado, Pérez dedicó unas sentidas palabras a toda la comunidad de fieles por el apoyo recibido durante este más de medio siglo. “Sin ustedes nuestra labor hubiese sido ineficaz. Hemos sentido muy palpable vuestra colaboración y cariño. Esa alegría la llevaremos siempre en el corazón”. Rufino, además, se dirigió expresamente al coro de San Juan Bautista para reconocer su comprometida labor parroquial. “Son como el alma de San Juan. Ellos siempre han estado animándome en todos los momentos de mi vida sacerdotal. Nunca les podré agradecer todo lo que han hecho y el servicio que han prestado en esta comunidad”.
Por último, Pérez también quiso agradecer la concesión del título de Hijos Adoptivos de Tacoronte. “Gracias a los alcaldes con los que hemos trabajado. Siempre nos hemos sentido acompañados por todos ellos”.
Cabe señalar que estos presbíteros también recibieron en 2007 el título de Hijos Adoptivos de Guía de Isora.
Por su parte, Rufino expresó que esta no es solo una despedida de la diócesis, sino de Canarias. “Cada una de las parroquias por las que hemos pasado tiene sus historias y acontecimientos. En algunas hemos sufrido también mucho. Me acuerdo, por ejemplo, de Somosierra cuando tuvimos la pérdida de Bartolomé que pertenecía al coro parroquial y era muy amigo nuestro. También sufrimos por la muerte de gente muy joven a causa de accidentes u otras razones. También de aquel tiempo en Somosierra recuerdo todo lo que se trabajó siendo jóvenes. Aquí, en Tacoronte, hemos trabajado de otra manera, pero siempre queriendo mucho a todos. Hemos intentado estar cerca de los enfermos y de los que lo pasan mal”.
En otro momento de su intervención, Rufino agradeció a todos los compañeros que han tenido a lo largo de estos años. “Nos hemos llevado muy bien. El trabajo del equipo de sacerdotes del arciprestazgo ha sido muy fructífero. Hemos rezado, planificado, profundizado juntos y eso nos ha ayudado mucho. En definitivo, soy muy feliz por haber pasado por Canarias.
Por último, dio las gracias por la labor callada de tantos cristianos como la de los voluntarios de Santa Catalina, los visitadores de enfermos y el grupo encargado de preparar la liturgia. Asimismo, no quiso dejar pasar la oportunidad sin felicitar la labor de Paco el sacristán. “Muchas gracias a todos y hasta siempre”.


TRAYECTORIA
Carlos y Rufino se ordenaron sacerdotes el 1 de agosto de 1965 en el seminario de Vitoria junto a un grupo de 17 presbíteros que engrosarían la lista ya bien nutrida del clero alavés. Por aquel entonces, el obispo Luis Franco Cascón transmitió al obispo de Vitoria, Francisco Peralta Ballabriga, el deseo de contar con sacerdotes de ese lugar en nuestra isla. Deseo que se vio cumplido con la condición de trabajar siempre “in solidum”. De esta forma llegaron a Tenerife en 1967.
En la isla, comenzaron su labor pastoral en La Orotava. Concretamente, en San Antonio María Claret y San Diego, en el Barranco de La Arena. En 1970 fueron destinados a García Escamez y Somosierra, en Santa Cruz de Tenerife, donde permanecieron 16 años. En 1986, se trasladaron a La Gomera para encargarse de las parroquias de La Asunción y María Madre de la Iglesia de Chejelipes, en San Sebastián. En 1991, volvieron a Tenerife donde desarrollaron su actividad pastoral en Guía de Isora, Tejina y Chío. En estas comunidades permanecieron 15 años hasta que recalaron en Tacoronte atendiendo las parroquias de Santa Catalina, San Juan Bautista y el Carmen de Lomo Colorado.

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